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Capítulo I
Las cegueras del conocimiento :
EL ERROR Y LA
ILUSIÓN
Todo
conocimiento conlleva el riesgo del error y de la ilusión.
La educación del futuro debe afrontar el problema desde
estos dos aspectos :
error e ilusión. El mayor error sería subestimar el
problema del error ;
la mayor ilusión sería subestimar el problema de la ilusión.
El reconocimiento del error y de la ilusión es tan difícil
que el error y la ilusión no se reconocen en absoluto. Error
e ilusión parasitan la mente humana desde la aparición del
homo sapiens.
Cuando consideramos el pasado, incluyendo el reciente,
sentimos que ha sufrido el dominio de innumerables errores e
ilusiones. Marx y Engels enunciaron justamente en La
Ideología Alemana que los hombres siempre han elaborado
falsas concepciones de ellos mismos, de lo que hacen, de lo
que deben hacer, del mundo donde viven. Pero ni Marx ni
Engels escaparon a estos errores. 1. El talón de
AquilEs del conocimiento La
educación debe mostrar que no hay conocimiento que no esté,
en algún grado, amenazado por el error y por la ilusión.
La teoría de la información muestra que hay un riesgo de
error bajo el efecto de perturbaciones aleatorias o ruidos (noise),
en cualquier transmisión de información, en cualquier
comunicación de mensajes. Un
conocimiento no es el espejo de las cosas o del mundo
exterior. Todas las percepciones son a la vez traducciones y
reconstrucciones cerebrales, a partir de estímulos o signos
captados y codificados por los sentidos ;
de ahí, es bien sabido, los innumerables errores de
percepción que sin embargo nos llegan de nuestro sentido más
fiable, el de la visión. Al error de percepción se agrega
el error intelectual. El conocimiento en forma de palabra,
de idea, de teoría, es el fruto de una traducción/reconstrucción
mediada por el lenguaje y el pensamiento y por ende conoce
el riesgo de error. Este conocimiento en tanto que traducción
y reconstrucción implica la interpretación, lo que
introduce el riesgo de error al interior de la subjetividad
del conociente, de su visión del mundo, de sus principios
de conocimiento. De ahí provienen los innumerables errores
de concepción y de ideas que sobrevienen a pesar de
nuestros controles racionales. La proyección de nuestros
deseos o de nuestros miedos, las perturbaciones mentales que
aportan nuestras emociones multiplican los riesgos de error. Se
podría creer en la posibilidad de eliminar el riesgo de
error rechazando cualquier afectividad. De hecho, el
sentimiento, el odio, el amor y la amistad pueden
enceguecernos ;
pero también hay que decir que ya en el mundo mamífero, y
sobre todo en el mundo humano, el desarrollo de la
inteligencia es inseparable del de la afectividad, es decir
de la curiosidad, de la pasión, que son, a su vez, de la
competencia de la investigación filosófica o científica.
La afectividad puede asfixiar el conocimiento pero también
puede fortalecerlo. Existe una relación estrecha entre la
inteligencia y la afectividad :
la facultad de razonamiento puede ser disminuida y hasta
destruida por un déficit de emoción ;
el debilitamiento de la capacidad para reaccionar
emocionalmente puede llegar a ser la causa de
comportamientos irracionales. Así
pues, no hay un estado superior de la razón que domine la
emoción sino un bucle intellect
«
affect ;
y de cierta manera la capacidad de emoción es indispensable
para el establecimiento de comportamientos racionales. El
desarrollo del conocimiento científico es un medio poderoso
de detección de errores y de lucha contra las ilusiones. No
obstante, los paradigmas que controlan la ciencia pueden
desarrollar ilusiones y ninguna teoría científica está
inmunizada para siempre contra el error. Además, el
conocimiento científico no puede tratar únicamente los
problemas epistemológicos, filosóficos y éticos. La
educación debe entonces dedicarse a la identificación de
los orígenes de errores, de ilusiones y de cegueras. Ningún
dispositivo cerebral permite distinguir la alucinación de
la percepción, el sueño de la vigilia, lo imaginario de lo
real, lo subjetivo de lo objetivo. La
importancia del fantasma y del imaginario en el ser humano
es inimaginable ; dado que las vías de entrada y de
salida del sistema neuro-cerebral que conectan el organismo
con el mundo exterior representan sólo el 2% de todo el
conjunto, mientras que el 98% implica al funcionamiento
interior, se ha constituido en un mundo síquico
relativamente independiente donde se fermentan necesidades,
sueños, deseos, ideas, imágenes, fantasmas,
y
este mundo se infiltra en nuestra visión o concepción del
mundo exterior. También
existe en cada mente una posibilidad de mentira a sí mismo
(self-deception)
que es fuente permanente de error y de ilusión.
El egocentrismo, la
necesidad de auto-justificación, la tendencia a proyectar
sobre el otro la causa del mal hacen que cada uno se mienta
a sí mismo sin detectar esa mentira de la cual, no
obstante, es el autor. Nuestra
memoria misma está sujeta a numerosas fuentes de error. Una
memoria no regenerada con la remembranza tiende a degradarse ;
pero cada remembranza la puede adornar o desfigurar. Nuestra
mente, de manera inconsciente, tiende a seleccionar los
recuerdos que nos convienen y a rechazar, incluso a borrar,
los desfavorables ;
y cada uno puede allí adjudicarse un rol adulador. También
tiende a deformar los recuerdos por proyecciones o
confusiones inconscientes. Existen, a veces, falsos
recuerdos con la persuasión de haberlos vivido y también
recuerdos que rechazamos porque estamos persuadidos de no
haberlos vivido jamás. Así, la memoria, fuente
irremplazable de verdad, puede estar sujeta a los errores y
a las ilusiones. Nuestros
sistemas de ideas (teorías, doctrinas, ideologías) no sólo
están sujetos al error sino que también protegen los
errores e ilusiones que están inscritos en ellos. Forma
parte de la lógica organizadora de cualquier sistema de
ideas el hecho de resistir a la información que no conviene
o que no se puede integrar.
Las teorías resisten a
la agresión de las teorías enemigas o de los argumentos
adversos. Aunque las teorías científicas sean las únicas
en aceptar la posibilidad de ser refutadas, tienden a
manifestar esta resistencia. En cuanto a las doctrinas, que
son teorías encerradas en sí mismas y absolutamente
convencidas de su verdad, éstas son invulnerables a
cualquier crítica que denuncie sus errores. Lo
que permite la distinción entre vigilia y sueño,
imaginario y real, subjetivo y objetivo, es la actividad
racional de la mente que apela al control del entorno
(resistencia física del medio al deseo y al imaginario), al
control de la práctica (actividad verificadora), al control
de la cultura (referencia al saber común), al control del
prójimo (¿es que usted ve lo mismo que yo?), al control
cerebral (memoria, operaciones lógicas). Dicho de otra
manera, es la racionalidad la que corrige. La
racionalidad es el mejor pretil contra el error y la ilusión.
Por una parte, está la racionalidad constructiva que
elabora teorías coherentes verificando el carácter lógico
de la organización teórica, la compatibilidad entre las
ideas que componen la teoría, el acuerdo entre sus
afirmaciones y los elementos empíricos a los cuales se
dedica :
esta racionalidad debe permanecer abierta a la discusión
para evitar que se vuelva a encerrar en una doctrina y se
convierta en racionalización ;
por otra parte, está la racionalidad crítica que se ejerce
particularmente sobre los errores e ilusiones de las
creencias, doctrinas y teorías. Pero la racionalidad también
lleva en su seno una posibilidad de error y de ilusión
cuando se pervierte en racionalización como se acaba de
indicar. La racionalización se cree racional porque
constituye un sistema lógico perfecto basado en la deducción
o la inducción ;
pero ella se funda sobre bases mutiladas o falsas y se niega
a la discusión de argumentos y a la verificación empírica.
La racionalización es cerrada, la racionalidad es abierta.
La racionalización toma las mismas fuentes de la
racionalidad, pero constituye una de las fuentes de errores
y de ilusiones más poderosa. De esta manera, una doctrina
que obedece a un modelo mecanicista y determinista para
considerar el mundo no es racional sino racionalizadora. La
verdadera racionalidad, abierta por naturaleza, dialoga con
una realidad que se le resiste. Ella opera un ir y venir
incesante entre la instancia lógica y la instancia empírica ;
es el fruto del debate argumentado de las ideas y no la
propiedad de un sistema de ideas. Un racionalismo que ignora
los seres, la subjetividad, la afectividad, la vida es
irracional. La racionalidad debe reconocer el lado del
afecto, del amor, del arrepentimiento. La verdadera
racionalidad conoce los límites de la lógica, del
determinismo, del mecanismo; sabe que la mente humana no
podría ser omnisciente, que la realidad comporta misterio;
ella negocia con lo irracionalizado, lo oscuro, lo
irracionalizable; no sólo es crítica sino autocrítica. Se
reconoce la verdadera racionalidad por la capacidad de
reconocer sus insuficiencias. La racionalidad no es una cualidad con la que están dotadas las mentes de los científicos y técnicos y de la cual están desprovistos los demás. Los sabios atomistas, racionales en su área de competencia y bajo la coacción del laboratorio, pueden ser completamente irracionales en política o en su vida privada. Así
mismo, la racionalidad no es una cualidad de la cual
dispondría en monopolio la civilización occidental.
Durante mucho tiempo, el Occidente europeo se creyó dueño
de la racionalidad, sólo veía errores, ilusiones y
retrazos en las otras culturas y juzgaba cualquier cultura
en la medida de sus resultados tecnológicos. Ahora bien,
debemos saber que en toda sociedad, comprendida la arcaica,
hay racionalidad tanto en la confección de herramientas,
estrategia para la caza, conocimiento de las plantas, de los
animales, del terreno como la hay en el mito, la magia, la
religión. En nuestras sociedades occidentales también hay
presencia de mitos, de magia, de religión, incluyendo el
mito de una razón providencial e incluyendo también una
religión del progreso. Comenzamos a ser verdaderamente
racionales cuando reconocemos la racionalización incluida
en nuestra racionalidad y cuando reconocemos nuestros
propios mitos entre los cuales el mito de nuestra razón
todopoderosa y el del progreso garantizado. Es
necesario entonces, reconocer en la educación para el
futuro un principio de
incertidumbre racional :
si no mantiene su vigilante autocrítica, la racionalidad
arriesga permanentemente a caer en la ilusión
racionalizadora; es decir que la verdadera racionalidad no
es solamente teórica ni crítica sino también autocrítica. 1.4 Las cegueras paradigmáticas El
juego de la verdad y del error no sólo se juega en la
verificación empírica y la coherencia lógica de las teorías;
también se juega a fondo en la zona invisible de los
paradigmas. Esto lo debe tener bien en cuenta la educación. Un
paradigma puede ser definido por : ¨
La
promoción/selección de los conceptos maestros de la
inteligibilidad. Así,
el Orden en las
concepciones deterministas, la Materia
en las concepciones materialistas, el Espíritu
en las concepciones espiritualistas, la Estructura
en las concepciones estructuralistas son los conceptos
maestros seleccionados/ seleccionantes que excluyen o
subordinan los conceptos que les son antinómicos (el
desorden, el espíritu, la materia, el acontecimiento). De
este modo, el nivel paradigmático es el del principio de
selección de las ideas que están integradas en el discurso
o en la teoría o que son apartadas y rechazadas. ¨
La
determinación de las operaciones lógicas maestras. El
paradigma está oculto bajo la lógica y selecciona las
operaciones lógicas que se vuelven a la vez preponderantes,
pertinentes y evidentes bajo su imperio (exclusión-inclusión,
disyunción-conjunción, implicación-negación). Es el
paradigma quien otorga el privilegio a ciertas operaciones lógicas
a expensas de otras como la disyunción, en detrimento de la
conjunción; es él quien da validez y universalidad a la lógica
que ha elegido. Por eso mismo, da a los discursos y a las
teorías que controla las características de necesidad y
verdad. Por su prescripción y su proscripción, el
paradigma funda el axioma y se expresa en el axioma (« todo
fenómeno natural obedece al determinismo», «todo fenómeno
propiamente humano se define por oposición a la naturaleza »...). Así
pues, el paradigma efectúa la selección y la determinación
de la conceptualización y de las operaciones lógicas.
Designa las categorías fundamentales de la inteligibilidad
y efectúa el control de su empleo. Los individuos conocen,
piensan y actúan según los paradigmas inscritos
culturalmente en ellos. Tomemos
un ejemplo :
Hay dos paradigmas opuestos concernientes a la relación hombre
«
naturaleza.
El primero incluye lo humano en la naturaleza y cualquier discurso que
obedezca a este paradigma hace del hombre un ser natural y
reconoce la « naturaleza
humana ». El
segundo paradigma prescribe la disyunción entre estos dos términos
y determina lo que hay de específico en el hombre por
exclusión a la idea de naturaleza. Estos
dos paradigmas opuestos tienen en común la obediencia de
ambos a un paradigma aún más profundo que es el paradigma
de simplificación, el cual, ante cualquier complejidad
conceptual, prescribe bien sea la reducción (aquí de lo
humano a lo natural) o la disyunción (aquí entre lo humano
y lo natural). Uno y otro paradigma impiden concebir la unidualidad
(natural «
cultural, cerebral
«
síquica) de la realidad
humana e impiden igualmente concebir la relación a la vez
de implicación y de separación entre el hombre y la
naturaleza. Sólo un paradigma complejo de implicación/distinción/conjunción
permitiría tal concepción; pero ese aún no está inscrito
en la cultura científica. El
paradigma juega un rol al mismo tiempo subterráneo y
soberano en cualquier teoría, doctrina o ideología. El
paradigma es inconsciente pero irriga el pensamiento
consciente, lo controla y, en ese sentido, es también
sur-consciente. En
resumen, el paradigma instaura las relaciones primordiales
que constituyen los axiomas, determina los conceptos, impone
los discursos y/o las teorías, organiza la organización de
los mismos y genera la generación o la regeneración. Se
debe evocar aquí el «gran paradigma de Occidente»
formulado por Descartes e impuesto por los desarrollos de la
historia europea desde el siglo XVII. El paradigma
cartesiano separa al sujeto del objeto con una esfera propia
para cada uno :
la filosofía y la investigación reflexiva por un lado, la
ciencia y la investigación objetiva por el otro. Esta
disociación atraviesa el universo de un extremo al otro : Sujeto
/ Objeto Alma
/ Cuerpo Espíritu
/ Materia Calidad
/ Cantidad Finalidad
/ Causalidad Sentimiento
/ Razón Libertad/Determinismo Existencia/Esencia Se
trata perfectamente de un paradigma : él determina los
Conceptos soberanos y prescribe la relación lógica :
la disyunción. La no-obediencia a esta disyunción sólo
puede ser clandestina, marginada, desviada. Este paradigma
determina una doble visión del mundo, en realidad, un
desdoblamiento del mismo mundo :
por
un lado, un mundo de objetos sometidos a observaciones,
experimentaciones, manipulaciones; por el otro, un mundo de
sujetos planteándose problemas de existencia, de comunicación,
de conciencia, de destino. Así, un paradigma puede al mismo
tiempo dilucidar y cegar, revelar y ocultar. Es en su seno
donde se encuentra escondido el problema clave del juego de
la verdad y del error. 2.
El imprinting
y la normalización Al
determinismo de los paradigmas y modelos explicativos se
asocia el determinismo de las convicciones y creencias que,
cuando reinan en una sociedad, imponen a todos y a cada uno
la fuerza imperativa de lo sagrado, la fuerza normalizadora
del dogma, la fuerza prohibitiva del tabú. Las doctrinas e
ideologías dominantes disponen igualmente de la fuerza
imperativa que anuncia la evidencia a los convencidos y la
fuerza coercitiva que suscita el miedo inhibidor en los
otros. El
poder imperativo y prohibitivo de los paradigmas, creencias
oficiales, doctrinas reinantes, verdades establecidas
determina los estereotipos cognitivos, ideas recibidas sin
examen, creencias estúpidas no discutidas, absurdos
triunfantes, rechazos de evidencias en nombre de la
evidencia y hace reinar bajo los cielos conformismos
cognitivos e intelectuales. Todas
las determinaciones sociales-económicas-políticas (poder,
jerarquía, división de clases, especialización y, en
nuestros tiempos modernos, tecno-burocratización del
trabajo) y todas las determinaciones culturales convergen y
se sinergizan para encarcelar al conocimiento en un multi-determinismo
de imperativos, normas, prohibiciones, rigideces, bloqueos. Bajo
el conformismo cognitivo hay mucho más que conformismo. Hay
un imprinting
cultural, huella matricial que inscribe a fondo el
conformismo y hay una normalización que elimina lo que ha de discutirse. El imprinting
es un término que Konrad Lorentz propuso para dar cuenta de
la marca sin retorno que imponen las primeras experiencias
del joven animal (como en el pajarillo que saliendo del
huevo toma al primer ser viviente a su alcance como madre;
es lo que ya nos había contado Andersen a su manera en la
historia de El Patito Feo). El imprinting cultural
marca los humanos desde su nacimiento, primero con el sello
de la cultura familiar, luego con el de la escolar, y después
con la universidad o en el desempeño profesional. Así,
la selección sociológica y cultural de las ideas raramente
obedece a su verdad; o, por el contrario, puede ser
implacable con la búsqueda de verdad. Marx
decía justamente :
« los productos del cerebro humano tienen el aspecto de seres
independientes dotados con cuerpos particulares en
comunicación con los humanos y entre ellos ». Es
más, las creencias y las ideas no sólo son productos de la
mente, también son seres mentales que tienen vida y poder.
De esta manera, ellas pueden poseernos. Debemos
ser bien conscientes que desde el comienzo de la humanidad
nació la noósfera -esfera de las cosas del espíritu- con
el desplegamiento de los mitos, de los dioses; la formidable
sublevación de estos seres espirituales impulsó y arrastró
al homo sapiens
hacia delirios, masacres, crueldades, adoraciones, éxtasis,
sublimidades desconocidas en el mundo animal. Desde
entonces, vivimos en medio de una selva de mitos que
enriquecen las culturas. Procedente
por completo de nuestras almas y de nuestras mentes, la noósfera
está en nosotros y nosotros estamos en la noósfera. Los
mitos han tomado forma, consistencia, realidad a partir de
fantasmas formados por nuestros sueños y nuestras
imaginaciones. Las ideas han tomado forma, consistencia,
realidad a partir de los símbolos y de los pensamientos de
nuestras inteligencias. Mitos e Ideas han vuelto a nosotros,
nos han invadido, nos han dado emoción, amor, odio, éxtasis,
furor. Los humanos poseídos son capaces de morir o de matar
por un dios, por una idea. Todavía al comienzo del tercer
milenio, como los daimons
de los Griegos y a veces como los demonios del Evangelio,
nuestros demonios «de ideas» nos arrastran, sumergen
nuestra conciencia, nos hacen inconscientes dándonos la
ilusión de ser hiper conscientes. Las
sociedades domestican a los individuos por los mitos y las
ideas, las cuales a su vez domestican las sociedades y los
individuos, pero los individuos podrían recíprocamente
domesticar sus ideas al mismo tiempo que podrían controlar
la sociedad que los controla. En el juego tan complejo
(complementario-antagonista-incierto) de
esclavitud-explotación-parasitismos mutuos entre las tres
instancias (individuo «
sociedad «
noósfera)
tal vez haya lugar para una búsqueda simbiótica. No se
trata de ninguna manera de tener como ideal la reducción de
las ideas a meros instrumentos y a hacer de ellos cosas. Las
ideas existen por y para el hombre, pero el hombre existe
también por y para las ideas; nos podemos servir de ellas sólo
si sabemos también servirles. ¿No sería necesario tomar
conciencia de nuestras enajenaciones para poder dialogar con
nuestras ideas, controlarlas tanto como ellas nos controlan
y aplicarles pruebas de verdad y de error ? Una
idea o una teoría no debería ser pura y simplemente
instrumentalizada, ni imponer sus veredictos de manera
autoritaria; ella debería relativizarse y domesticarse.
Una teoría debe ayudar y orientar las estrategias
cognitivas conducidas por los sujetos humanos. Nos
es muy difícil distinguir el momento de separación y de
oposición entre aquello que ha salido de la misma fuente :
la Idealidad, modo de existencia necesario a la Idea para traducir lo
real, y el Idealismo,
toma de posesión de lo real por la idea; la racionalidad,
dispositivo de diálogo entre la idea y lo real; y la
racionalización que impide este mismo diálogo. Igualmente,
existe una gran dificultad para reconocer el mito oculto
bajo el label de ciencia o razón. Una
vez más, vemos que el principal obstáculo intelectual para
el conocimiento se encuentra en nuestro medio intelectual de
conocimiento. Lenin dijo que los hechos eran inflexibles. El
no había visto que la idea fija y la idea-fuerza, o sea las
suyas, eran aún más inflexibles. El mito y la ideología
destruyen y devoran los hechos. Sin
embargo, son las ideas las que nos permiten concebir las
carencias y los peligros de la idea. De allí, la paradoja
ineludible :
debemos
llevar una lucha crucial contra las ideas, pero no podemos
hacerlo más que con la ayuda de las ideas.
No debemos nunca dejar de mantener el papel mediador de
nuestras ideas y debemos impedirles su identificación con
lo real. Sólo debemos reconocer, como dignas de fe, las
ideas que conllevan la idea de que lo real resiste a la
idea. Esta es la tarea indispensable en la lucha contra la
ilusión. 4. Lo
inesperado… Lo
inesperado nos sorprende porque nos hemos instalado con gran
seguridad en nuestras teorías, en nuestras ideas y, éstas
no tienen ninguna estructura para acoger lo nuevo. Lo nuevo
brota sin cesar; nunca podemos predecir cómo se presentará,
pero debemos contar con su llegada, es decir contar con lo
inesperado (cf. Capítulo V Enfrentar
las incertidumbres). Y, una vez sobrevenga lo
inesperado, habrá que ser capaz de revisar nuestras teorías
e ideas en vez de dejar entrar por la fuerza el hecho nuevo
en la teoría la cual es incapaz de acogerlo verdaderamente.
5. La
incertidumbre del conOcImiento ¡Cuantas
fuentes, causas de error y de ilusión múltiples y
renovadas sin cesar en todos los conocimientos ! Por
eso la necesitad para cualquier educación de despejar los
grandes interrogantes sobre nuestra posibilidad de conocer.
Practicar estas interrogaciones se constituye en oxígeno
para cualquier empresa de conocimiento. Así como el oxígeno
destruía los seres vivos primitivos hasta que la vida
utilizó este corruptor como desintoxicante, igual la
incertidumbre que destruye el conocimiento simplista, es el
desintoxicante del conocimiento complejo. De todas formas,
el conocimiento queda como una aventura para la cual la
educación debe proveer los viáticos indispensables. El conocimiento del conocimiento que conlleva la integración del conociente en su conocimiento debe aparecer ante le educación como un principio y una necesidad permanente. Debemos
comprender que hay condiciones bio-antropológicas (las
aptitudes del cerebro «
mente
humano), condiciones socio-culturales (la cultura abierta
que permite los diálogos e intercambios de ideas) y
condiciones noológicas (las teorías abiertas) que permiten
«verdaderos» interrogantes, esto es, interrogantes
fundamentales sobre el mundo, sobre el hombre y sobre el
conocimiento mismo. Debemos
comprender que, en la búsqueda de la verdad, las
actividades auto-observadoras deben ser inseparables de las
actividades observadoras, las autocríticas inseparables de
las críticas, los procesos reflexivos inseparables de los
procesos de objetivación. Debemos
aprender que la búsqueda de la verdad necesita la búsqueda
y elaboración de meta-puntos de vista que permitan la
reflexibidad, que conlleven especialmente la integración
del observador-conceptualizador en la observación-concepción
y la ecologización de la observación-concepción en el
contexto mental y cultural que es el suyo. También
podemos aprovechar el enajenamiento que nos hacen
experimentar las ideas para dejarnos poseer justamente por
las ideas de crítica, de autocrítica, de apertura, de
complejidad. Las ideas que argumento aquí no sólo las
poseo, me poseen. En
general, debemos intentar jugar con la doble enajenación,
la de las ideas por nuestra mente, la de nuestra mente por
las ideas para lograr formas donde la esclavitud mutua
mejoraría la convivencia. He
aquí un problema clave : instaurar la convivencia con
nuestras ideas así como con nuestros mitos.
La
mente humana debe desconfiar de sus productos « de
ideas »
los cuales son al mismo tiempo vitalmente necesarios.
Necesitamos un control permanente para evitar idealismo y
racionalización. Necesitamos negociaciones y controles
mutuos entre nuestras mentes y nuestras ideas. Necesitamos
intercambios y comunicaciones entre las diferentes regiones
de nuestra mente. Hay que tomar conciencia del eso
y del se que hablan a través del yo,
y hay que estar alertas permanentemente para tratar de
detectar la mentira a sí mismo.
Necesitamos
civilizar nuestras teorías, o sea una nueva generación de
teorías abiertas, racionales, críticas, reflexivas, autocríticas,
aptas para auto-reformarnos. Necesitamos
encontrar los meta-puntos de vista sobre la noósfera, los
cuales no pueden suceder más que con la ayuda de ideas
complejas, en cooperación con nuestras mismas mentes
buscando los meta-puntos de vista para auto-observarnos y
concebirnos. Necesitamos
que se cristalice y se radique un paradigma que permita el
conocimiento complejo. Las
posibilidades de error y de ilusión son múltiples y
permanentes :
las que vienen del exterior cultural y social inhiben la
autonomía del pensamiento y prohíben la búsqueda de
verdad; aquellas que vienen del interior, encerradas a veces
en el seno de nuestros mejores medios de conocimiento, hacen
que los pensamientos se equivoquen entre ellos y sobre sí
mismos. ¡Cuántos
sufrimientos y desorientaciones se han causado por los
errores y las ilusiones a lo largo de la historia humana y
de manera aterradora en el siglo XX ! Igualmente, el
problema cognitivo tiene importancia antropológica, política,
social e histórica. Si pudiera haber un progreso básico en
el siglo XXI sería que ni los hombres ni las mujeres
siguieran siendo juguetes inconscientes de sus ideas y de
sus propias mentiras. Es un deber importante de la educación
armar a cada uno en el combate vital para la lucidez.
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