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Capítulo
II Los
principios de un conocimiento pertinente 1. De la
pertinencia en el conocimiento El
conocimiento de los problemas claves del mundo, de las
informaciones claves concernientes al mundo, por aleatorio y
difícil que sea, debe ser tratado so pena de imperfección
cognitiva, más aún cuando el contexto actual de cualquier
conocimiento político, económico, antropológico, ecológico...
es el mundo mismo. La era planetaria necesita situar todo en
el contexto y en la complejidad planetaria. El conocimiento
del mundo, en tanto que mundo, se vuelve una necesidad
intelectual y vital al mismo tiempo. Es el problema
universal para todo ciudadano del nuevo milenio :
¿ cómo lograr el acceso a la información sobre el mundo y cómo lograr
la posibilidad de articularla y organizarla? ¿Cómo
percibir y concebir el Contexto, lo Global (la relación
todo/partes), lo Multidimensional, lo Complejo ? Para
articular y organizar los conocimientos y así reconocer y
conocer los problemas del mundo, es necesaria una reforma de
pensamiento. Ahora bien, esta reforma es paradigmática y no
programática :
es la pregunta fundamental para la educación ya que tiene
que ver con nuestra aptitud para organizar el conocimiento. A
este problema universal está enfrentada la educación del futuro porque hay una inadecuación cada vez más
amplia, profunda y grave por un lado entre nuestros saberes
desunidos, divididos, compartimentados y por el otro,
realidades o problemas cada vez más poli disciplinarios,
transversales, multidimensionales, transnacionales,
globales, planetarios. En
esta inadecuación devienen invisibles : ¨
El
contexto ¨
Lo
global ¨
Lo
multidimensional ¨
Lo
complejo Para
que un conocimiento sea pertinente, la educación deberá
entonces evidenciar : 1.1 El contexto El
conocimiento de las informaciones o elementos aislados es
insuficiente. Hay que ubicar las informaciones y los
elementos en su contexto para que adquieran sentido. Para
tener sentido la palabra necesita del texto que es su propio
contexto y el texto necesita del contexto donde se enuncia.
Por ejemplo, la palabra « amor »
cambia de sentido en un contexto religioso y en uno profano;
y una declaración de amor no tiene el mismo sentido de
verdad si está enunciada por un seductor o por un seducido. Claude
Bastien anota que « la evolución cognitiva no se dirige hacia la elaboración de
conocimientos cada vez más abstractos, sino por el
contrario, hacia su contextualización »
[1]
la cual determina las condiciones de su inserción y los límites
de su validez. Bastien agrega que « la contextualización es una condición esencial de la eficacia (del
funcionamiento cognitivo) ». 1.2 Lo global (las relaciones entre todo y partes) Lo
global es más que el contexto, es el conjunto que contiene
partes diversas ligadas de manera inter-retroactiva u
organizacional. De esa manera, una sociedad es más que un
contexto, es un todo organizador del cual hacemos parte
nosotros. El Planeta Tierra es más que un contexto, es un
todo a la vez organizador y desorganizador del cual hacemos
parte. El todo tiene cualidades o propiedades que no se
encontrarían en las partes si éstas se separaran las unas
de las otras y ciertas cualidades o propiedades de las
partes pueden ser inhibidas por las fuerzas que salen del
todo. Marcel Mauss decía : « Hay
que recomponer el todo ». Efectivamente, hay que
recomponer el todo para conocer las partes. De
allí viene la virtud cognitiva del principio de Pascal del
cual deberá inspirarse la educación del futuro : «todas las cosas siendo causadas y causantes, ayudadas y ayudantes,
mediatas e inmediatas y todas sostenidas por una unión
natural e insensible que liga las más alejadas y las más
diferentes, creo imposible conocer las partes sin conocer el
todo y tampoco conocer el todo sin conocer particularmente
las partes» [2]
Además,
tanto en el ser humano como en los demás seres vivos, hay
presencia del todo al interior de las partes :
cada célula contiene la totalidad del patrimonio genético
de un organismo policelular; la sociedad como un todo está
presente en el interior de cada individuo en su lenguaje, su
saber, sus obligaciones, sus normas. Así mismo, como cada
punto singular de un holograma contiene la totalidad de la
información de lo que representa, cada célula singular,
cada individuo singular contiene de manera holográmica el
todo del cual hace parte y que al mismo tiempo hace parte de
él. 1.3 Lo multidimensional Las unidades complejas, como el ser humano o la sociedad, son multidimensionales; el ser humano es a la vez biológico, síquico, social, afectivo, racional. La sociedad comporta dimensiones históricas, económicas, sociológicas, religiosas... El conocimiento pertinente debe reconocer esta multidimensionalidad e insertar allí sus informaciones : se podría no solamente aislar una parte del todo sino las partes unas de otras; la dimensión económica, por ejemplo, está en inter-retroacciones permanentes con todas las otras dimensiones humanas; es más, la economía conlleva en sí, de manera holográmica : necesidades, deseos, pasiones humanas, que sobrepasan los meros intereses económicos. 1.4
Lo complejo El
conocimiento pertinente debe enfrentar la complejidad. Complexus
significa lo que está tejido junto; en efecto, hay
complejidad cuando son inseparables los elementos diferentes
que constituyen un todo (como el económico, el político,
el sociológico, el sicológico, el afectivo, el mitológico)
y que existe un tejido interdependiente, interactivo e inter-retroactivo
entre el objeto de conocimiento y su contexto, las partes y
el todo, el todo y las partes, las partes entre ellas. Por
esto, la complejidad es la unión entre la unidad y la
multiplicidad. Los desarrollos propios a nuestra era
planetaria nos enfrentan cada vez más y de manera cada vez
más ineluctable a los desafíos de la complejidad. En
consecuencia, la educación debe promover una « inteligencia
general » apta para referirse, de manera
multidimensional, a lo complejo, al contexto en una concepción
global. 2. LA INTELIGENCIA GENERAL La
mente humana, como decía H. Simon, es un G.P.S., « General
Problems Setting and Solving ». Contrario a la
opinión difundida de que el desarrollo de las aptitudes
generales de la mente permite un mejor desarrollo de las
competencias particulares o especializadas. Entre más
poderosa sea la inteligencia general más grande es su
facultad para tratar problemas especiales. La comprensión
de elementos particulares necesita, así, la activación de
la inteligencia general que opera y organiza la movilización
de los conocimientos de conjunto en cada caso particular. El
conocimiento, buscando su construcción en relación con el
contexto, con lo global, con lo complejo, debe movilizar lo
que el conociente sabe del mundo. François Recanati decía :
« La comprensión de los enunciados, lejos de reducirse a una mera y
simple decodificación, es un proceso no modular de
interpretación que moviliza la inteligencia general y apela
ampliamente al conocimiento del mundo ». De esta
manera, existe correlación entre la movilización de los
conocimientos de conjunto y la activación de la
inteligencia general. La
educación debe favorecer la aptitud natural de la mente
para hacer y resolver preguntas esenciales y
correlativamente estimular el empleo total de la
inteligencia general. Este empleo máximo necesita el libre
ejercicio de la facultad más expandida y más viva en la
infancia y en la adolescencia :
la curiosidad, la cual, muy a menudo, es extinguida por la
instrucción, cuando se trata por el contrario, de
estimularla o, si está dormida, de despertarla. En
la misión de promover la inteligencia general de los
individuos, la educación del futuro debe utilizar los
conocimientos existentes, superar las antinomias provocadas
por el progreso en los conocimientos especializados (cf.
2.1) a la vez que identificar la falsa racionalidad (cf. 3.3). 2.1
La antinomia Progresos
gigantescos en los conocimientos han sido efectuados en el
marco de las especializaciones disciplinarias en el
transcurso del siglo XX. Pero estos progresos están
dispersos, desunidos, debido justamente a esta especialización
que a menudo quebranta los contextos, las globalidades, las
complejidades. Por esta razón, enormes obstáculos se han
acumulado para impedir el ejercicio del conocimiento
pertinente en el seno mismo de nuestros sistemas de enseñanza. Estos
sistemas operan la disyunción entre las humanidades y las
ciencias y la separación de las ciencias en disciplinas
hiper-especializadas concentradas en sí mismas. Las
realidades globales, complejas, se han quebrantado; lo
humano se ha dislocado; su dimensión biológica, incluyendo
el cerebro, está encerrada en los departamentos biológicos;
sus dimensiones síquica, social, religiosa, económica están
relegadas y separadas las unas de las otras en los
departamentos de ciencias humanas; sus caracteres
subjetivos, existenciales, poéticos se encuentran
acantonados en los departamentos de literatura y poesía. La
filosofía que es, por naturaleza, una reflexión sobre
todos los problemas humanos se volvió a su vez un campo
encerrado en sí mismo. Los
problemas fundamentales y los problemas globales son
evacuados de las ciencias disciplinarias. Sólo son
protegidos por la filosofía pero dejan de alimentarse de
los aportes de las ciencias. En
estas condiciones, las mentes formadas por las disciplinas
pierden sus aptitudes naturales para contextualizar los
saberes tanto como para integrarlos en sus conjuntos
naturales. El debilitamiento de la percepción de lo global
conduce al debilitamiento de la responsabilidad (cada uno
tiende a responsabilizarse solamente de su tarea
especializada) y al debilitamiento de la solidaridad (ya
nadie siente vínculos con sus conciudadanos). 3. LOS PROBLEMAS ESENCIALES 3.1 Disyunción y especialización cerrada De
hecho, la hiper-especialización[3]
impide ver tanto lo global (que fragmenta en parcelas) como
lo esencial (que disuelve); impide inclusive, tratar
correctamente los problemas particulares que sólo pueden
ser planteados y pensados en un contexto. Los problemas
esenciales nunca son parcelados y los problemas globales son
cada vez más esenciales. Mientras que la cultura general
incita a la búsqueda de la contextualización de cualquier
información o de cualquier idea, la cultura científica y técnica
disciplinaria parcela, desune y compartimenta los saberes
haciendo cada vez más difícil su contextualización. Al
mismo tiempo, la división de las disciplinas imposibilita
coger « lo que está tejido en conjunto », es
decir, según el sentido original del término, lo complejo. El
conocimiento especializado es una forma particular de
abstracción. La especialización « abs-trae »,
en otras palabras, extrae un objeto de su contexto y de su
conjunto, rechaza los lazos y las intercomunicaciones con su
medio, lo inserta en un sector conceptual abstracto que es
el de la disciplina compartimentada cuyas fronteras
resquebrajan arbitrariamente la sistemicidad (relación de
una parte con el todo) y la multidimensionalidad de los fenómenos;
conduce a una abstracción matemática que opera en sí
misma una escisión con lo concreto, privilegiando todo
cuanto es calculable y formalizable. La
economía, por ejemplo, que es la ciencia social matemáticamente
más avanzada, es la ciencia social y humanamente más atrasada
puesto que se ha abstraído de las condiciones sociales,
históricas, políticas, sicológicas, ecológicas
inseparables de las actividades económicas. Por eso sus
expertos son cada vez más incapaces de interpretar las
causas y consecuencias de las perturbaciones monetarias y
bursátiles, de prever y predecir el curso económico
incluso a corto plazo. El error económico se convierte,
entonces, en la primera consecuencia de la ciencia económica. 3.2 Reducción y disyunción Hasta
mediados del siglo XX, la mayoría de las ciencias obedecían
al principio de reducción que disminuye el conocimiento de
un todo al conocimiento de sus partes, como si la organización
de un todo no produjese cualidades o propiedades nuevas con
relación a las partes consideradas aisladamente. El
principio de reducción conduce naturalmente a restringir lo
complejo a lo simple. Aplica a las complejidades vivas y
humanas la lógica mecánica y determinista de la máquina
artificial. También puede enceguecer y conducir a la
eliminación de todo aquello que no sea cuantificable ni
medible, suprimiendo así lo humano de lo humano, es decir
las pasiones, emociones, dolores y alegrías. Igualmente,
cuando obedece estrictamente al postulado determinista, el
principio de reducción oculta el riesgo, la novedad, la
invención. Como
nuestra educación nos ha enseñado a separar,
compartimentar, aislar y no a ligar los conocimientos, el
conjunto de estos constituye un rompecabezas ininteligible.
Las interacciones, las retroacciones, los contextos, las
complejidades que se encuentran en el
no man’s land entre las disciplinas se vuelven
invisibles. Los grandes problemas humanos desaparecen para
el beneficio de los problemas técnicos y particulares. La
incapacidad de organizar el saber disperso y compartimentado
conduce a la atrofia de la disposición mental natural para
contextualizar y globalizar. La
inteligencia parcelada, compartimentada, mecanicista,
disyuntiva, reduccionista, rompe lo complejo del mundo en
fragmentos separados, fracciona los problemas, separa lo que
esta unido, unidimensionaliza lo multidimensional. Es una
inteligencia miope que termina normalmente por enceguecerse.
Destruye desde el óvulo las posibilidades de comprensión y
de reflexión; reduce las oportunidades de un juicio
correctivo o de una visión a largo plazo. Por ello, entre más
multidimensionales se vuelven los problemas más incapacidad
hay de pensar su multidimensionalidad; más progresa la
crisis; más progresa la incapacidad para pensar la crisis;
entre más planetarios se vuelven los problemas, más
impensables son. Incapaz de proyectar el contexto y el
complejo planetario, la inteligencia ciega se vuelve
inconsciente e irresponsable. 3.3 La falsa racionalidad Dan
Simmons supone en su tetralogía de ciencia ficción (en Hypérion
y su continuación) que un tecno-centro proveniente de la
emancipación de las técnicas y dominado por las I.A.
(inteligencias artificiales), se esfuerza por controlar a
los humanos. El problema de los humanos es el de aprovechar
las técnicas pero no de subordinarse a ellas. Ahora
bien, estamos en vía de una subordinación a las I.A.
instaladas profundamente en las mentes en forma de
pensamiento tecnocrático; este pensamiento, pertinente para
todo lo relacionado con máquinas artificiales, es
impertinente para comprender lo vivo y lo humano, creyéndose
además el único racional. De
hecho, la falsa racionalidad, es decir la racionalización
abstracta y unidimensional triunfa sobre las tierras[4].
Por todas partes y durante decenas de años, soluciones
presuntamente racionales, sugeridas por expertos convencidos
de estar obrando en bien de la razón y el progreso, y de no
encontrar más que supersticiones en las costumbres y miedos
de las poblaciones, han empobrecido enriqueciendo, han
destruido creando. Por todo el planeta, el hecho de roturar
y arrasar árboles en millones de hectáreas contribuye al
desequilibrio hídrico y a la desertización de las tierras.
Si no se regulan las talas enceguecidas, éstas podrían
transfomar, por ejemplo, las fuentes tropicales del Nilo en
cursos de aguas secas las tres cuartas partes del año y
agotar la Amazonía. Los grandes monocultivos han eliminado
los pequeños policultivos de subsistencia agravando la escasez
y determinando el éxodo rural y los asentamientos urbanos.
Como dice François Garczynski, « esa
agricultura crea desiertos en el doble sentido del término
-erosión de los suelos y éxodo rural ».
La seudo-funcionalidad que no tiene en cuenta necesidades no
cuantificables y no identificables ha multiplicado los
suburbios y las ciudades nuevas convirtiéndolos rápidamente
en lugares aislados, aburridos, sucios, degradados,
abandonados, despersonalizados y de delincuencia. Las obras
maestras más monumentales de esta racionalidad tecno-burocrática
han sido realizadas por la ex-URSS :
allí, por ejemplo, se ha desviado el cauce de los ríos
para irrigar, incluso en las horas más cálidas, hectáreas
sin árboles de cultivos de algodón, lo que ha hecho subir
al suelo la sal de la tierra, volatilizar las aguas subterráneas
y desecar el mar de Aral. Las degradaciones fueron más
graves en la URSS que en el Oeste debido a que en la URSS
las tecno-burocracias no tuvieron que sufrir la reacción de
los ciudadanos. Desafortunadamente, después de la caída
del imperio, los dirigentes de los nuevos Estados llamaron a
expertos liberales del Oeste que ignoran de manera
deliberada que una economía competitiva de mercado necesita
instituciones, leyes y reglas; e incapaces de elaborar la
indispensable estrategia compleja provocaron nuevos
desastres ya que como ya lo había indicado Maurice Allais
-no obstante, economista liberal- implicaba planificar la
desplanificación y programar la desprogramación. De
todo esto resultan catástrofes humanas cuyas víctimas y
consecuencias no son reconocidas ni contabilizadas como lo
son las víctimas de las catástrofes naturales. Así,
el siglo XX ha vivido bajo el reino de una
seudo-racionalidad que ha presumido ser la única, pero que
ha atrofiado la comprensión, la reflexión y la visión a
largo plazo. Su insuficiencia para tratar los problemas más
graves ha constituido uno de los problemas más graves para
la humanidad. De
allí la paradoja : el siglo XX ha producido progresos
gigantescos en todos los campos del conocimiento científico,
así como en todos los campos de la técnica; al mismo
tiempo, ha producido una nueva ceguera hacia los problemas
globales, fundamentales y complejos, y esta ceguera ha
generado innumerables errores e ilusiones comenzando por los
de los científicos, técnicos y especialistas. ¿Por
qué ? Porque se desconocen los principios mayores de
un conocimiento pertinente. La parcelación y la
compartimentación de los saberes impide coger « lo
que está tejido en conjunto ». ¿No
debería el nuevo siglo superar el control de la
racionalidad mutilada y mutilante con el fin de que la mente
humana pudiera controlarla ? Se trata de comprender un pensamiento que separa y que reduce junto con un pensamiento que distingue y que religa. No se trata de abandonar el conocimiento de las partes por el Conocimiento de las totalidades ni el análisis por la síntesis, hay que conjugarlos. Existen los desafíos de la complejidad a los cuales los desarrollos propios de nuestra era planetaria nos confrontan ineluctablemente.
[1]
Claude Bastien Le
décalage entre logique et connaissance, en Courrier
du CNRS, N° 79 Ciencias cognitivas, octubre de 1992. [2]
Pascal, Pensamientos,
texto producido por
Léon Brunschwicg,
ed. Garnier-Flammarion, París, 1976. [3]
Es decir la especialización que se encierra en sí
misma sin permitir su integración en una problemática
global o una concepción de conjunto del objeto del cual
no considera sino un aspecto o una parte. [4]
Ha habido buenas intenciones en ese triunfo de la
racionalidad, las cuales producen a largo plazo efectos
nocivos que contrarrestan, y hasta sobrepasan, los
efectos benéficos. Así, La
Revolución Verde promovida para conservar el Tercer
Mundo ha incrementado considerablemente las fuentes
alimenticias y ha permitido evitar de manera notable la
escasez; sin embargo, se ha tenido que revisar la idea
inicial, aparentemente racional pero de manera abstracta
maximizante, de seleccionar y multiplicar sobre vastas
superficies un solo genoma vegetal -el más productivo
cuantitativamente-. Resulto que la ausencia de variedad
genética permitía al agente patógeno, el cual no podía
resistir este genoma, aniquilar toda una cosecha en la
misma temporada. Entonces, ha habido que reestablecer
una cierta variedad genética con el fin de optimizar
los rendimientos y no de maximizarlos. Por otra parte,
los derrames masivos de abonos que degradan los suelos,
las irrigaciones que no tienen en cuenta el tipo de
terreno provocando su erosión, la acumulación de
pesticidas, destruyen la regulación entre las especies,
eliminando lo útil al mismo tiempo que lo perjudicial,
provocando incluso a veces la multiplicación
desenfrenada de una especie nociva inmune a los
pesticidas; además, las substancias toxicas contenidas
en los pesticidas pasan a los alimentos y alteran la
salud de los consumidores.
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