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Literatura en la escuela

“... como si fuera un mago que desaparece”

Lic. Alicia Esther Pereyra

Los escritos que vamos a compartir fueron elaborados por chicos y chicas voluntariosos e interesados en dar a conocer cómo entienden y significan las propuestas literarias en la escuela, a través del relato de una experiencia pedagógica desarrollada en el ciclo lectivo 2.005, por parte de los sextos años de una escuela pública ubicada en Caleta Olivia, provincia de Santa Cruz. Este relato integra uno de los capítulos de “Entre Mundos: literatura en la escuela”.

La última propuesta hunde sus raíces en el fantástico como género discursivo literario, atendiendo las posibilidades que lo trascienden, en tanto y tal como manifestara Tzvetan Todorov (1.972), autor de la ya clásica “Introducción a la literatura fantástica”, es susceptible de un abordaje a partir de “el tiempo de la incertidumbre” como vacilación, en esa cierta distancia entre lo insólito y lo maravilloso, esa tensión sentida entre lo racional y lo sobrenatural, desde la inquietud ante lo poco preciso y perturbador. Otros aportes nos indican que la fantasía implica una transgresión del mundo real en el que habita el personaje, con el que nos sentimos  familiarizados, como desconcierto y sorpresa ante un hecho inesperado; de allí que se definiría en la capacidad de provocar extrañamiento tanto en el personaje como en el lector.

Intentando el establecimiento de ciertos elementos básicos para su caracterización, podemos retomar su especificidad, que reside, siguiendo a Valeria Sardi (2.003), en la representación de aquello que no podría haber sucedido en nuestro mundo cotidiano, rompiendo el orden conocido, y en simultáneo, dialogando con él. Sin resolución de la incertidumbre que genera, promueve una percepción que se ubica en las grietas y los intersticios, aquellos márgenes que permiten la transformación de lo conocido en desconocido. 

Para el desarrollo de la propuesta, inicialmente incluí a los chicos y chicas en una búsqueda de imágenes y textos diversos que remitieran a la cultura oriental en general, y japonés en particular. Elementos múltiples, como templos y pagodas, sus lánguidas mujeres con kimonos de seda, ciudades increíbles, dotadas de cerezos en flor y grullas hacia el horizonte, espadas samuráis, música que embelesaba, los rasgos ideográficos de su caligrafía, fueron conformando un marco que contenía y otorgaba nuevos sentidos orientados a pensar la cultura y el arte japonés, agregándose temáticas y escenas traídas de películas, como también referencias en torno de programas infantiles. A partir de su degustación, con sus  apreciaciones, estábamos listos para iniciarnos en la aventura de la lectura del cuento de Agutagawa, “Sennin”[1], en el que interesaba explorar el carácter ficcional, para detenernos en el desdoblamiento en distintos niveles, y así repensar las propias valoraciones respecto de la literatura y su rasgo distintivo. Entendía como sumamente valioso el quiebre de la lógica narrativa en la que se encuentra instalado, ya que se despliega en la aceptación de una situación factible, para concluir en lo insólito y desconcertante, avanzando en un final abierto, susceptible de múltiples interpretaciones. Es que lo que se cuenta trata de mostrarse como posible, utilizando las convenciones del género realista, y hacia el final rompe con este supuesto para invitarnos a ahondar en aquello que resulta manifiestamente irreal.

Durante la instancia de lectura compartida, me apabullaba la empatía que los chicos y chicas manifestaban hacia el personaje central, Gonsuké - quien desea convertirse en un sennin, ermitaño sagrado que tiene, entre otros poderes, el de volar y una extrema longevidad-. Postulaban un rechazo absoluto a la astucia de aquellos que, aprovechándose de su ingenuidad o excesiva buena fe, lo explotaban colocándolo en una situación de esclavitud. Así, hacia el final, el personaje aparecía degradado en su vida, para luego ser elevado – en su doble sentido – en su conversión, abriendo un final como ese “algo más” que no termina de explicarse. En este marco, orienté la tarea escritural hacia un futuro posible de Gonsuké luego de su ascensión a sennin, que consistía en superponer al relato original algunos elementos que prefiguraran otro final, como una propuesta metaficcional que recupere aspectos retrabajados del cuento, así como aquellos que habían ido apareciendo en la lectura. Nuevamente retomamos papel y lápiz y empezamos a idear un bosquejo general, que iba siendo leído y comentado entre todos aquellos que quisieron así participar. Las versiones finales se vieron engalanadas con dibujos y recortes de revistas, en los que se destacaban como personajes antagónicos la mujer perversa y el ingenuo principiante. Aquello que había surgido durante la instancia final de la lectura, como asombro ante la ascensión de un personaje tan terrenal, marcó ciertas resistencias a pactar con una estrategia narrativa que se aleja de las formas  convencionales a las que están escolarmente habituados. Se plantearon como dificultades para fantasear e inventar al interior de este género, haciéndose palpable cierta reticencia a explorar ese costado lúdico, que desembocó en distintas formas de resolución de la consigna.

A través de los escritos, se detectan situaciones pendulares, que configuran escenarios meritorios para el personaje. Por una parte, el interés por proponerlo como un superhéroe en algunos casos, en general, relativos a la recreación de imágenes ligadas a personajes propios del comic o historietas, el dibujo animado y las películas de extracción oriental. Así, se destacan las voces de Mario, que incluye un comentario acerca del sacrificio necesario para la obtención de importantes logros; de Gustavo, que recupera aspectos vinculados con la posibilidad cierta del personaje de trascender las malas artes que lo habían humillado durante su vida terrenal,  convirtiéndose en “un verdadero sabio”; de Orlando, inventando una tarea acorde a los poderes conquistados; de Fernanda, refugiándolo en una isla, al amparo y protección de las maldades del mundo “y no fue más esclavo de otras personas”; y de Maida, entre otros, quien explora una versión cinematográfica, e incluye un final que lo trasciende, a través de la aparición de un objeto mágico.

Después de desaparecer entre las nubes, se transportó a la montaña, donde aprendería a utilizar sus poderes, y además obtendría la longevidad que esperó durante veinte años de trabajo y sudor.

   Gonsuké era un sennin novato, hasta que puso en práctica sus poderes; desde entonces fue progresando, hasta ser un sennin con mucha experiencia. Así ya podría ayudar a los sennin principiantes. (Mario Casas)

Gonsuké se internó en las montañas luego de desaparecer en las nubes; construyó un templo para aprendices sennin, y en poco tiempo era un verdadero sabio.

   Él estaba muy feliz, ya tenía su templo, enseñó a otras personas a ser sennin, pero sentía que le faltaba algo. Necesitaba compañía para no estar solo. Después consiguió una compañera, quien tampoco tenía con quién vivir. Él y ella vivieron juntos para siempre. (Gustavo Brunel)

 

Después volvió al suelo y le agradeció de nuevo, se despidió y fue volando hacia el corazón de la montaña.

   Cuando la gente se enteró de que había un sennin, fueron hasta allí para ver si era verdad, y lo vieron volando. Cuando bajó,  la gente le dijo:

-      Oye, tú ¿cómo lograste ser un sennin?

-      Lo hice con esfuerzo y paciencia.

   Días después, el gobernador habló con él y le pidió que sea el protector de la ciudad. (Orlando Sánchez)

 

Gonsuké fue volando hacia el cielo; se guió de una luz muy intensa que se dirigía a una extraña isla que flotaba en el aire, así que fue a averiguar qué pasaba.

   Al día siguiente, se despertó con un dolor en la cabeza, en un lugar muy hermoso: había animales, plantas, muchas montañas y sennin. Gonsuké se fue a vivir a la isla, que llamaban la Isla de los Sennin, lo recibieron con mucha alegría y no fue más esclavo de otras personas como la Vieja Zorra. (Fernanda Soria)

 

Gonsuké se convirtió en sennin y voló por los cielos, se fue a un país muy lejano, más allá del horizonte. Ahí había muchos hombres con poderes. De pronto se le acercó un niño y le dio una cadenita que tenía un diamante. El niño era extraño, nunca hablaba.

   Gonsuké se anotó en una competencia de peleas, y al rato peleó con alguien muy poderoso y fuerte. El diamante comenzó a brillar, y Gonsuké peleó y peleó hasta que al final ganó. El niño desapareció, y Gonsuké se fue.

   En ese instante, Gonsuké no sabía que iba a morir, pero él le dijo el niño: “Tú vas a ser el poseedor de mis poderes.” Y Gonsuké murió y se convirtió en un cristal. (Maida Allamilla)

            De este interés resurge la intención de pensarlo como personaje cargado de iniciativa y deseo de evitar que otros, en situaciones similares, padezcan maltratos; en este sentido, le otorgan cualidades como enseñante, y desde allí, actitud de entrega, como en las versiones de Jorge; de Antonella y de Franco, quien adosa la clave de la felicidad a esas cualidades.

 

Gonsuké, después de unos años, se había ido a vivir a una montaña muy alta. Él quería hacerse un maestro sennin; después de un tiempo consiguió lo que más quería, ser un ermitaño. También consiguió un templo sagrado, y tener muchos alumnos. (Jorge Mansilla)

Creo que a Gonsuké le salieron alas y se fue volando, pensando en su sueño, que ya se había cumplido. Se habrá dedicado a ayudar a la gente a compartir sus cosas con los demás; se habrá ido a un pueblo tranquilo y seguro de que nadie lo tendría que mandonear como en su antiguo trabajo. (Antonella Díaz)

Gonsuké vivía en la montaña, muy alejado de la ciudad. Después tuvo que bajar hasta ella, para cumplir un sueño. Al fin, se convirtió en maestro sennin en tres años. Enseñó a un alumno en un gran templo.

   Pero él no se aprovechaba de los alumnos. Tenía una satisfacción,  estaba feliz. (Franco Cooper)

En otros escritos resurge en tanto sujeto común, con proyectos de vida similares a los de cualquiera: amor, familia, hijos, vinculados estrechamente con su conversión, como en las versiones de Esteban, quien piensa el destino desde la trascendencia de los poderes ganados, incluyendo además la participación de personajes de un conocido videojuego; de Macarena, que recupera el lento aprendizaje de Gonsuké y lo convierte en experiencia para sus descendientes; de Daniela, quien agrega un enunciado propio de los cuentos maravillosos para obtener ese final feliz; de Carla, estableciendo una progresión en la vida como sennin y como esposo y padre; de Aldana, ideando nombres propios para los nuevos afectos; y de Flavia, que lo ubica en el corolario de una historia de encuentros y desencuentros.

Gonsuké, cuando se fue volando por el cielo, vio a unos dragones con cara de worm. Los dragones estaban muy enojados y le dijeron al hombre que intente volar más bajo porque “es territorio suyo”. Entonces echaron fuego por la boca y le quemaron las alas. Cayó, cayó. Al caer lo ayudó un doni y lo dejó en la tierra.

   El hombre se impresionó por las cosas raras que le pasaron; había llegado a un paraíso de sennin y allí vivió feliz, con su familia, y murió en paz heredando a sus hijos sus poderes. FIN  (Esteban Días)

 

Gonsuké, luego de desaparecer, llegó a un lugar donde sólo estaban los que se habían convertido en sennin.

   Después fue aprendiendo muchas cosas más interesantes; tres años más tarde conoció a una mujer con la que él tuvo una familia. A los hijos los crió de la misma manera en que a él lo criaron. Fue un padre que les enseñó cómo ser un sennin. (Macarena Segura)

 

Gonsuké, después de desaparecer en las nubes, se fue a la cima de la montaña, en donde construyó un templo sagrado, ahí les enseñaba a chicos y adultos a ser un sennin.

   Después de tres años enseñando conoció a una hermosa mujer, se casaron y tuvieron hijos, y vivieron felices para siempre. (Daniela González Alvarado)

 

Él se fue al mundo de los sennin; era principiante, tenía que encontrar algunos poderes. Luego pasaría al intermedio, después pasaría al sennin experto.

   Conoció una mujer hermosa, tuvo hijos, estuvo muy contento de estar ahí. Siempre le estaría agradecido al doctor y a la Zorra de su esposa.  Sus hijos se convirtieron en hombres e hicieron su vida.

   Él terminó feliz y volando alto. (Carla Jara)

Gonsuké, cuando desapareció entre las nubes, fue a un mundo lleno de deseos, y de allí tuvo a su mujer, NIA, y a sus hijos, AROK y TAGUANA. Él quería que sepan lo que es ser un “sennin”; entonces estuvo cuatro años para que se ejerciten y puedan ser como él quería. A pesar de que le habían pasado tantas cosas para ser un sennin, él pensaba que le iba a ser muy difícil para sus hijos, pero AROK y TAGUANA estaban muy orgullosos de lo que su padre les enseñó. (Aldana Sosa)

Gonsuké se fue entre las nubes viendo el sol, gaviotas; él estaba contento. De repente vio un mundo donde todos volaban igual que él. Entonces fue, y era como si lo estuvieran esperando.

   Le dijeron: - ¡Bienvenido, amigo!

   Dos meses después, él iba pasando por un callejón, oyó unos chillidos y encontró una chica entre las paredes. Se acercó y le dijo: - ¿Qué te pasa, chica?

   Ella dijo: - ¡No puedo volar! ¡No sé qué me pasó!

   Él respondió: -¡Te ayudo!

   - Bueno- dijo la chica.

   Se conocieron, salieron; había pasado un año. Llegó un día en el que Gonsuké quería casarse, y dijo la chica: - Está bien. Va a ser el día 1 de octubre.

   Pasó el mes y llegó el día. Se casaron y tuvieron dos hijos, que se llamaron JEIJEI y TOTO. (Flavia Toledo)

 Podría pensarse que el final feliz que supone la completitud de la vida en esa reunión con una compañera incorpora algunos matices propios del género maravilloso, y a la vez, le adscribe un cierre que trasciende en la figura de los hijos; asimismo, resulta interesante destacar que ambos casos remiten a representaciones socialmente construidas en torno del hombre maduro, adulto, sus intereses y  posibilidades.

Un punto de contacto entre diversas versiones residió en ubicar en un lugar privilegiado el castigo a quienes, deliberadamente, habían abusado del deseo de superación de Gonsuké, además de que las características de la “Vieja Zorra”, mujer malintencionada, impactaron de distinta manera en la lectura. De allí que se estableció un final merecido para ella y su pareja, como lo hicieron Hernán, quien plantea además la posibilidad de venganza; Maxi, creando otro ser superior que aplica la justicia; Ezequiel, quien imagina un cierre “de efecto”, manteniendo la lógica narrativa; Emanuel, revistiendo su escrito con una moraleja; y un destino basado en la vergüenza, a través de las palabras de Miguel.

Cuando Gonsuké se elevó por el cielo desapareció como un fantasma. Pasaron dos años y volvió para vengarse de la malvada Vieja Zorra y el doctor.

   -  Pero ellos ya murieron – le dijo un señor.

   En cuanto Gonsuké se enteró de que habían muerto se puso feliz de que ya no estaban para seguir maltratando, ni maldiciendo a otras personas. Pero él se acercó a la casa  y miró por la ventana, y vio una pareja abrazada; se sorprendió porque en realidad no estaban muertos.

   Entró a la casa y la Vieja Zorra dijo: - Has vuelto, Gonsuké. ¿Cómo te ha ido en estos dos años?

   Gonsuké le dijo: - Así que no has muerto.

-      ¡No! Nunca moriré. Ja, ja, ja!!!!!!! Nunca!!!!!!!

-      Ahora sí vas a morir – dijo Gonsuké arrojándole un gran rayo rojo.

     Pero de pronto se apareció el doctor con un cuchillo en la mano, arrojándoselo.

-      Se lo has clavado en la espalda – dijo la Vieja Zorra.

   Gonsuké cayó al suelo y murió desangrado. El doctor y la vieja fueron apresados, y Gonsuké enterrado al otro día. (Hernán Décima)

Gonsuké siguió para arriba, hasta llegar a un castillo gigante, donde estaban todos los sennin. Unos días después, bajó a la tierra a ver a la Vieja Zorra y su marido el doctor, para agradecerles porque le habían dicho el secreto para que él pueda ser sennin, inmortal. Les dio más años de vida a cada uno, pero después se enteró de que la Vieja Zorra le había mentido, que no sabía el secreto; le había dicho eso para que se rinda y sea esclavo veinte años más. Entonces un dios enorme apareció para castigarlos por haber traicionado a Gonsuké, y se los llevó al calabozo, por veinte años. (Maximiliano Flores)

Gonsuké desapareció y se fue al cielo muy emocionado; se había ido a la montaña volando y vio todas las ciudades. Cuando llegó a la cima, había unos cuantos sennin más que estaban usando sus poderes contra unas rocas grandes.

   Después de mucho tiempo, el doctor y su esposa Zorra vinieron a visitarlo, estuvieron comiendo con los otros también, y se fueron.

   Los sennin estuvieron practicando las artes marciales y empezaron a hacer cosas para ellos, hasta que un día les llegó una carta donde decía que el rey, el doctor y la señora Zorra se habían hecho cenizas. (Ezequiel Reynoso)    

                                    

Gonsuké agradeció a la Vieja Zorra y al doctor, mientras se elevaba por el cielo. La Vieja Zorra se desmayó, y el esposo sorprendido miraba al empleado.

   Gonsuké desapareció entre las nubes, como un ave, cuando el doctor despertaba a su mujer. Los dos aprendieron la lección que jamás van a olvidar, nunca. (Emanuel Hernández)

 

Cuando Gonsuké se elevó por el cielo, Vieja Zorra se puso a gritar. Ella decía:

   - ¡Mal hombre, ven aquí, yo soy tu patrona! ¡No busques la libertad, podemos conversar!

   Pero él, desafiante, saludaba con una sonrisa de triunfo.

   Sin más que hacer, la mujer rompió en llanto. Entonces su marido, mirándola a la cara le dijo:

-  ¡Esto te servirá para cambiar! (Miguel Torres)

 

Miradas que se regodean en el ridículo nos ofrecen Fabricio, en tanto “ellos intentaron hacer lo mismo que había hecho el joven”, con un final poco feliz, por cierto; y Brenda y Carla, quienes proponen la humillación como el más atroz de los castigos.

Después, el doctor y la Vieja Zorra pensaron que lo ocurrido fue gracias a ellos, pero había sido una casualidad.

   Y ellos intentaron hacer lo mismo que había hecho el joven: trabajaron 20 años, y se subieron al pino, se soltaron y no les funcionó. Supieron lo feo que era mentir a las personas. Después de unas semanas se fueron de la ciudad y nadie supo cosas de ellos. (Fabricio Mercau)

 

El doctor y la Vieja Zorra quedaron verdaderamente sorprendidos al ver que su engaño había funcionado, se miraron horrorizados, y luego hacia arriba vieron que Gonsuké ya se había ido. Se dieron cuenta de que Gonsuké estaba totalmente agradecido por su mentira.

   Con una tranquilidad, el doctor, al ver que Gonsuké no había caído a la roca, al soltar las dos manos del pino, le dijo a su querida esposa: - ¿Viste lo que yo vi? – Sí – respondió sorprendida la Vieja Zorra. - ¿Puedes creer que funcionó?- dijo tranquilamente el doctor. – Sí – volvió a responder fríamente, se volvieron a mirar, fueron adentro y olvidaron todo. (Brenda Casado)

 

 Gonsuké subió como si caminara por una escalera que conducía a los cielos. Se esfumó como si fuera un mago que desaparece. Desde abajo, los patrones ya no podían visualizarlo; quedaron con gran bronca al pensar que eso no sucedería.

   Gonsuké llegó a las alturas y allí caminó sobre las nubes más hermosas, se dio cuenta de que estaba con los demás sennin que habían sido de generación en generación; desde ese momento fueron inmortales para siempre, en las alturas de los cielos. (Carla Chaile)

            Los intentos por explicar el prodigio se despliegan una y otra vez desde diferentes ángulos. Así, Enzo imagina un motivo que trasciende el explícito, a través de la intervención de un sennin que tiene la capacidad de observarlo todo; Nelson incorpora seres celestiales que actúan sobre la vida de los hombres, así como Cristian hace aparecer un gobernante poderoso que da a conocer a Gonsuké los verdaderos motivos de su ascensión. 

… Y Gonsuké siguió flotando hasta llegar a un planeta desconocido, encontrándose con un castillo vacío, sólo con una vela y una esfera que brillaba ante la presencia de él. La esfera mostraba un lugar lleno de flores y grandes hectáreas de pasto, y una montaña inmensa que llegaba hasta las nubes.

   Gonsuké no creía lo que veía, y acercándose más, la esfera brillaba tanto que parecía que iba a explotar. Parpadeó y en ese momento apareció en ese lugar que mostraba la esfera. Miró para todos lados y vio la montaña inmensa donde había un sennin, y le dijo que él lo había atraído con su poder para convertirlo en un verdadero sennin, ya que la vieja lo había estafado. (Enzo Ramos)

 

Gonsuké subió al cielo lentamente, y llegando al destino se cruzó con un ángel de los sennin, quien le dijo que pase, que él lo estaba esperando.

   Con mucha ansiedad, se dirigió hacia la oficina del todopoderoso, el cual le dijo: “Ven, pasa, te estaba esperando para contarte que durante estos años has sido víctima de un engaño que te ha transformado en sennin, pero no es así. Si tú hoy lo eres es porque gracias a tu fe, a tu consistencia por querer serlo, mas la magia divina que despertaste en ese árbol te han convertido en verdadero sennin”. (Nelson Luján)

 

El sabio Gonsuké descendió a las montañas, donde iba a pasar su vida. Cada día le agradecía a la Zorra y al doctor, porque gracias a ellos había conseguido lo que había soñado: ser un sennin.

   Pero la Zorra le contó la verdad, y el sabio Gonsuké no entendía bien cómo había llegado a ser un sennin. De repente se le apareció el gran gobernante Taiko y le dijo que un sennin se convierte por fuerza propia. (Cristian Herrera)

            También quedan márgenes para no encontrar una respuesta acabada; de acuerdo con Jimena, Alejandro, Cristian y Franco, lo importante reside en el logro, en la satisfacción plena del deseo y pedido inicial. Para Leticia, constituye una sinrazón, ya que se siente feliz, y eso es, sin dudas, lo único que cuenta.

Fue a buscarlo al señor que le consiguió el empleo y le dio las gracias por el trabajo; después mientras volaba por los cielos pensaba que él le había dicho que alguna vez iba a ser un sennin, y el sueño se le cumplió. Yendo por las montañas para conocer nuevos amigos y preguntar cómo se habían convertido en sennin. (Jimena Chanampa)

Gonsuké fue por los aires caminando entre las nubes, después de unas horas bajó y le contó a toda la gente.

   Contó que había llegado hasta el cielo y que tocaba las nubes, se sentía un sennin. Todos le preguntaban: ¿Cómo pudiste llegar hasta el cielo? Él les contestó: “Estaba en un árbol y la Zorra me dijo que suelte la mano derecha, la solté, y después la izquierda. Empecé a caminar por el árbol hasta que llegué al cielo, me vieron como una marioneta, y después de unas horas bajé a la tierra.” (Alejandro Ibáñez)

 

Gonsuké fue caminando por las nubes y luego de cuatro horas llegó, y le preguntaron:

- ¿Cómo hiciste para llegar?

-  “Estuve trabajando durante 20 años, y cuando se cumplieron, Vieja Zorra me hizo escalar un pino muy alto, dijo que suelte la mano derecha y luego la izquierda. Cuando solté la mano sentí que volaba. Le agradecí mucho a Vieja Zorra y a su marido el doctor.” (Cristian Villegas)

 

Gonsuké se internó en una montaña gigante, se fue muy pero muy lejos, escalando las sierras, y se quedó a vivir solo, con nadie. Después fue a buscar trabajo.

   Él quería flotar sobre el aire como astronauta, y se fue a la luna. Quería ver todo por arriba, lo que hacían las personas. Quería ser un ángel y un sennin. (Franco Miranda)

 

Luego de que se fue, el doctor y su esposa miraron hacia el cielo y no veían más nada, entonces el doctor sorprendido dijo:

- ¿Qué fue eso?, y su esposa respondió:

 - Yo lo hice ser un sennin, pero no sabía de esto.

   Gonsuké, que estaba volando, se sorprendió y gritó:

- ¡Soy un sennin! Y de repente él empezó a pensar para qué sufrió tanto durante 20 años, sólo para ser un sennin, y decía en su mente: Para eso me subía a un pino y soltaba las manos y listo. Bueno, pero igual – pensó Gonsuké - ya soy un sennin muy feliz. (Leticia Souza)                                                                                                                                                                             

Padre, maestro, ave, ángel, mago, justiciero, marioneta, fantasma y astronauta fueron algunas de las imágenes y futuros deseados. Como dijo Nelson: “gracias a tu fe, a tu consistencia por querer serlo, mas la magia divina que despertaste en ese árbol te han convertido en verdadero sennin”. Y ese es el mejor destino posible.

 

Bibliografía consultada

Blake, Cristina (2.003) La narración en la literatura y en los discursos sociales, Longseller, Bs. As.

Bombini, Gustavo (2.001) “La literatura en la escuela”, Alvarado, M. (coord.) Entre líneas. Teorías y enfoques en la enseñanza de la escritura, la gramática y la literatura, Biblioteca del docente, Flacso- Manantial, Bs. As.

............................... (2.004) “Prácticas de lectura: una perspectiva socio- cultural”, Cátedra UNESCO, Sede Universidad de Catamarca, 7 de octubre. (mimeo)

............................... (2.005) La trama de los textos. Problemas de la enseñanza de la literatura, Colección Relecturas, Lugar Editorial, Bs. As.

Frugoni, Sergio (2.006) Imaginación y escritura- La enseñanza de la escritura en la escuela, Colección Formación Docente - Lengua y Literatura, Libros del Zorzal, Bs. As.

Larrosa, Jorge (2.003) La experiencia de la lectura. Estudios sobre literatura y formación, Fondo de Cultura Económica, México.

Sardi Valeria (2.002) “Otra mirada sobre la enseñanza de la lengua y la literatura”, Revista Novedades Educativas,  Año 14, nro. 136, abril, Bs. As.- México

..................... (2.003) La ficción como creadora de mundos posibles, Longseller, Bs. As.

Todorov, Tzvetan (1.972) Introducción a la literatura fantástica, Tiempo Contemporáneo, Bs. As.

Datos de la autora

Alicia Esther Pereyra es Profesora en Nivel Primario, graduada de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral, Unidad Académica Caleta Olivia, Licenciada en Educación Básica con Orientación en Didáctica de la Lengua y la Literatura, título otorgado por la Escuela de Humanidades de la Universidad Nacional de General San Martín, y Diplomada Superior en Lectura, escritura y educación, título otorgado por FLACSO- Argentina;  actualmente, se encuentra en el tramo final de la  Especialización en Lectura, escritura y educación.

     Se desempeña en la enseñanza básica como maestra desde hace siete años en la Escuela de Enseñanza General Básica N° 43 “Almafuerte”, en la localidad de Caleta Olivia, a cargo del área de Lengua en los sextos años. En el nivel superior, realiza tareas como Asistente de Docencia Ordinaria en la Formación Docente Inicial, y colabora en proyectos de Investigación desarrollados en la Universidad Nacional de la Patagonia Austral, en los campos de Didáctica del Arte e Historia de la Educación. Es co- autora de En el arte no hay inocencia: busca huellas y encontrarás significados”, y autora de “Los saberes del sujeto escolar y su despliegue en la escritura literaria” y “Entre Mundos: literatura en la escuela”.


 

[1] Agutagawa, Ryunosuke (2.003) “Sennin”, Borges, J. L., Casares, A. B. y Ocampo, S. Antología de la literatura fantástica, Sudamericana, Bs. As.

 

 

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