|
|
 |

Lucas
Capítulo 1
- 1
- HABIENDO muchos tentado á poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas,
-
2
- Como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron por sus ojos, y fueron ministros de la palabra;
- 3
- Me ha parecido también á mí, después de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escribírtelas por orden, oh muy buen Teófilo,
- 4
- Para que conozcas la verdad de las cosas en las cuales has sido enseñado.
- 5
- HUBO en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la suerte de Abías; y su mujer, de las hijas de Aarón, llamada Elisabet.
- 6
- Y eran ambos justos delante de Dios, andando sin reprensión en todos los mandamientos y estatutos del Señor.
- 7
- Y no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran avanzados en días.
- 8
- Y aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios por el orden de su vez,
- 9
- Conforme á la costumbre del sacerdocio, salió en suerte á poner el incienso, entrando en el templo del Señor.
- 10
- Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando á la hora del incienso.
- 11
- Y se le apareció el ángel del Señor puesto en pie á la derecha del altar del incienso.
- 12
- Y se turbó Zacarías viéndo le, y cayó temor sobre él.
- 13
- Mas el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te parirá un hijo, y llamarás su nombre Juan.
- 14
- Y tendrás gozo y alegría, y muchos se gozarán de su nacimiento.
- 15
- Porque será grande delante de Dios, y no beberá vino ni sidra; y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el seno de su madre.
- 16
- Y á muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor Dios de ellos.
- 17
- Porque él irá delante de él con el espíritu y virtud de Elías, para convertir los corazones de los padres á los hijos, y los rebeldes á la prudencia de los justos, para aparejar al Señor un pueblo apercibido.
- 18
- Y dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? porque yo soy viejo, y mi mujer avanzada en días.
- 19
- Y respondiendo el ángel le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y soy enviado á hablarte, y á darte estas buenas nuevas.
- 20
- Y he aquí estarás mudo y no podrás hablar, hasta el día que esto sea hecho, por cuanto no creíste á mis palabras, las cuales se cumplirán á su tiempo.
- 21
- Y el pueblo estaba esperando á Zacarías, y se maravillaban de que él se detuviese en el templo.
- 22
- Y saliendo, no les podía hablar: y entendieron que había visto visión en el templo: y él les hablaba por señas, y quedó mudo.
- 23
- Y fué, que cumplidos los días de su oficio, se vino á su casa.
- 24
- Y después de aquellos días concibió su mujer Elisabet, y se encubrió por cinco meses, diciendo:
- 25
- Porque el Señor me ha hecho así en los días en que miró para quitar mi afrenta entre los hombres.
- 26
- Y al sexto mes, el ángel Gabriel fué enviado de Dios á una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
- 27
- A una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David: y el nombre de la virgen era María.
- 28
- Y entrando el ángel á donde estaba, dijo, ¡Salve, muy favorecida! el Señor es contigo: bendita tú entre las mujeres.
- 29
- Mas ella, cuando le vió, se turbó de sus palabras, y pensaba qué salutación fuese ésta.
- 30
- Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia cerca de Dios.
- 31
- Y he aquí, concebirás en tu seno, y parirás un hijo, y llamarás su nombre JESUS.
- 32
- Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo: y le dará el Señor Dios el trono de David su padre:
- 33
- Y reinará en la casa de Jacob por siempre; y de su reino no habrá fin.
- 34
- Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? porque no conozco varón.
- 35
- Y respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra; por lo cual también lo Santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios.
- 36
- Y he aquí, Elisabet tu parienta, también ella ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes á ella que es llamada la estéril:
- 37
- Porque ninguna cosa es imposible para Dios.
- 38
- Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase á mí conforme á tu palabra. Y el ángel partió de ella.
- 39
- En aquellos días levantándose María, fué á la montaña con priesa, á una ciudad de Judá;
- 40
- Y entró en casa de Zacarías, y saludó á Elisabet.
- 41
- Y aconteció, que como oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fué llena del Espíritu Santo,
- 42
- Y exclamó á gran voz, y dijo. Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.
- 43
- ¿Y de dónde esto á mí, que la madre de mi Señor venga á mí?
- 44
- Porque he aquí, como llegó la voz de tu salutación á mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.
- 45
- Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor.
- 46
- Entonces María dijo: engrandece mi alma al Señor;
- 47
- Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador,
- 48
- Porque ha mirado á la bajeza de su criada; Porque he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.
- 49
- Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Y santo es su nombre.
- 50
- Y su misericordia de generación á generación A los que le temen.
- 51
- Hizo valentía con su brazo: Esparció los soberbios del pensamiento de su corazón.
- 52
- Quitó los poderosos de los tronos, Y levantó á los humildes.
- 53
- A los hambrientos hinchió de bienes; Y á los ricos envió vacíos.
- 54
- Recibió á Israel su siervo, Acordandose de la misericordia.
- 55
- Como habló á nuestros padres A Abraham y á su simiente para siempre.
- 56
- Y se quedó María con ella como tres meses: después se volvió á su casa.
- 57
- Y á Elisabet se le cumplió el tiempo de parir, y parió un hijo.
- 58
- Y oyeron los vecinos y los parientes que Dios había hecho con ella grande misericordia, y se alegraron con ella.
- 59
- Y aconteció, que al octavo día vinieron para circuncidar al niño; y le llamaban del nombre de su padre, Zacarías.
- 60
- Y respondiendo su madre, dijo: No; sino Juan será llamado.
- 61
- Y le dijeron: ¿Por qué? nadie hay en tu parentela que se llame de este nombre.
- 62
- Y hablaron por señas á su padre, cómo le quería llamar.
- 63
- Y demandando la tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron.
- 64
- Y luego fué abierta su boca y su lengua, y habló bendiciendo á Dios.
- 65
- Y fué un temor sobre todos los vecinos de ellos; y en todas las montañas de Judea fueron divulgadas todas estas cosas.
- 66
- Y todos los que las oían, las conservaban en su corazón, diciendo: ¿Quién será este niño? Y la mano del Señor estaba con él.
- 67
- Y Zacarías su padre fué lleno de Espíritu Santo, y profetizó, diciendo:
- 68
- Bendito el Señor Dios de Israel, Que ha visitado y hecho redención á su pueblo,
- 69
- Y nos alzó un cuerno de salvación En la casa de David su siervo,
- 70
- Como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio:
- 71
- Salvación de nuestros enemigos, y de mano de todos los que nos aborrecieron;
- 72
- Para hacer misericordia con nuestros padres, Y acordándose de su santo pacto;
- 73
- Del juramento que juró á Abraham nuestro padre, Que nos había de dar,
- 74
- Que sin temor librados de nuestros enemigos, Le serviríamos
- 75
- En santidad y en justicia delante de él, todos los días nuestros.
- 76
- Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; Porque irás ante la faz del Señor, para aparejar sus caminos;
- 77
- Dando conocimiento de salud á su pueblo, Para remisión de sus pecados,
- 78
- Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, Con que nos visitó de lo alto el Oriente,
- 79
- Para dar luz á los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; Para encaminar nuestros pies por camino de paz.
- 80
- Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu: y estuvo en los desiertos hasta el día que se mostró á Israel.

Capítulo 2
- 1
- Y ACONTECIO en aquellos días que salió edicto de parte de Augusto César, que toda la tierra fuese empadronada.
- 2
- Este empadronamiento primero fué hecho siendo Cirenio gobernador de la Siria.
- 3
- E iban todos para ser empadronados, cada uno á su ciudad.
- 4
- Y subió José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, á Judea, á la ciudad de David, que se llama Bethlehem, por cuanto era de la casa y familia de David;
- 5
- Para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta.
- 6
- Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días en que ella había de parir.
- 7
- Y parió á su hijo primogénito, y le envolvió en pañales, y acostóle en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.
- 8
- Y había pastores en la misma tierra, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su ganado.
- 9
- Y he aquí el ángel del Señor vino sobre ellos, y la claridad de Dios los cercó de resplandor; y tuvieron gran temor.
- 10
- Mas el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:
- 11
- Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.
- 12
- Y esto os será por señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, echado en un pesebre.
- 13
- Y repentinamente fué con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales, que alababan á Dios, y decían:
- 14
- Gloria en las alturas á Dios, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres.
- 15
- Y aconteció que como los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores dijeron los unos á los otros: Pasemos pues hasta Bethlehem, y veamos esto que ha sucedido, que el Señor nos ha manifestado.
- 16
- Y vinieron apriesa, y hallaron á María, y á José, y al niño acostado en el pesebre.
- 17
- Y viéndolo, hicieron notorio lo que les había sido dicho del niño.
- 18
- Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían.
- 19
- Mas María guardaba todas estas cosas, confiriéndolas en su corazón.
- 20
- Y se volvieron los pastores glorificando y alabando á Dios de todas las cosas que habían oído y visto, como les había sido dicho.
- 21
- Y pasados los ocho días para circuncidar al niño, llamaron su nombre JESUS; el cual le fué puesto por el ángel antes que él fuese concebido en el vientre.
- 22
- Y como se cumplieron los días de la purificación de ella, conforme á la ley de Moisés, le trajeron á Jerusalem para presentarle al Señor,
- 23
- (Como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz, será llamado santo al Señor),
- 24
- Y para dar la ofrenda, conforme á lo que está dicho en la ley del Señor: un par de tórtolas, ó dos palominos.
- 25
- Y he aquí, había un hombre en Jerusalem, llamado Simeón, y este hombre, justo y pío, esperaba la consolación de Israel: y el Espíritu Santo era sobre él.
- 26
- Y había recibido respuesta del Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Cristo del Señor.
- 27
- Y vino por Espíritu al templo. Y cuando metieron al niño Jesús sus padres en el templo, para hacer por él conforme á la costumbre de la ley.
- 28
- Entonces él le tomó en sus brazos, y bendijo á Dios, y dijo:
- 29
- Ahora despides, Señor, á tu siervo, Conforme á tu palabra, en paz;
- 30
- Porque han visto mis ojos tu salvación,
- 31
- La cual has aparejado en presencia de todos los pueblos;
- 32
- Luz para ser revelada á los Gentiles, Y la gloria de tu pueblo Israel.
- 33
- Y José y su madre estaban maravillados de las cosas que se decían de él.
- 34
- Y los bendijo Simeón, y dijo á su madre María: He aquí, éste es puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel; y para señal á la que será contradicho;
- 35
- Y una espada traspasará tu alma de ti misma, para que sean manifestados los pensamientos de muchos corazones.
- 36
- Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Phanuel, de la tribu de Aser; la cual había venido en grande edad, y había vivido con su marido siete años desde su virginidad;
- 37
- Y era viuda de hasta ochenta y cuatro años, que no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones.
- 38
- Y ésta, sobreviniendo en la misma hora, juntamente confesaba al Señor, y hablaba de él á todos los que esperaban la redención en Jerusalem.
- 39
- Mas como cumplieron todas las cosas según la ley del Señor, se volvieron á Galilea, á su ciudad de Nazaret.
- 40
- Y el niño crecía, y fortalecíase, y se henchía de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él.
- 41
- E iban sus padres todos los años á Jerusalem en la fiesta de la Pascua.
- 42
- Y cuando fué de doce años, subieron ellos á Jerusalem conforme á la costumbre del día de la fiesta.
- 43
- Y acabados los días, volviendo ellos, se quedó el niño Jesús en Jerusalem, sin saberlo José y su madre.
- 44
- Y pensando que estaba en la compañía, anduvieron camino de un día; y le buscaban entre los parientes y entre los conocidos:
- 45
- Mas como no le hallasen, volvieron á Jerusalem buscándole.
- 46
- Y aconteció, que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, oyéndoles y preguntándoles.
- 47
- Y todos los que le oían, se pasmaban de su entendimiento y de sus respuestas.
- 48
- Y cuando le vieron, se maravillaron; y díjole su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con dolor.
- 49
- Entonces él les dice: ¿Qué hay? ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me conviene estar?
- 50
- Mas ellos no entendieron las palabras que les habló.
- 51
- Y descendió con ellos, y vino á Nazaret, y estaba sujeto á ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.
- 52
- Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres.

Capítulo 3
- 1
- Y EN el año quince del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia,
- 2
- Siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra del Señor sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
- 3
- Y él vino por toda la tierra al rededor del Jordán predicando el bautismo del arrepentimiento para la remisión de pecados;
- 4
- Como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías que dice: Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, Haced derechas sus sendas.
- 5
- Todo valle se henchirá, Y bajaráse todo monte y collado; Y los caminos torcidos serán enderezados, Y los caminos ásperos allanados;
- 6
- Y verá toda carne la salvación de Dios.
- 7
- Y decía á las gentes que salían para ser bautizadas de él: ¡Oh generación de víboras, quién os enseñó á huir de la ira que vendrá?
- 8
- Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis á decir en vosotros mismos: Tenemos á Abraham por padre: porque os digo que puede Dios, aun de estas piedras, levantar hijos á Abraham.
- 9
- Y ya también el hacha está puesta á la raíz de los árboles: todo árbol pues que no hace buen fruto, es cortado, y echado en el fuego.
- 10
- Y las gentes le preguntaban, diciendo: ¿Pues qué haremos?
- 11
- Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.
- 12
- Y vinieron también publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos?
- 13
- Y él les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado.
- 14
- Y le preguntaron también los soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dice: No hagáis extorsión á nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestras pagas.
- 15
- Y estando el pueblo esperando, y pensando todos de Juan en sus corazones, si él fuese el Cristo,
- 16
- Respondió Juan, diciendo á todos: Yo, á la verdad, os bautizo en agua; mas viene quien es más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de sus zapatos: él os bautizará en Espíritu Santo y fuego;
- 17
- Cuyo bieldo está en su mano, y limpiará su era, y juntará el trigo en su alfolí, y la paja quemará en fuego que nunca se apagará.
- 18
- Y amonestando, otras muchas cosas también anunciaba al pueblo.
- 19
- Entonces Herodes el tetrarca, siendo reprendido por él á causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano, y de todas las maldades que había hecho Herodes,
- 20
- Añadió también esto sobre todo, que encerró á Juan en la cárcel.
- 21
- Y aconteció que, como todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fué bautizado; y orando, el cielo se abrió,
- 22
- Y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y fué hecha una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido.
- 23
- Y el mismo Jesús comenzaba á ser como de treinta años, hijo de José, como se creía; que fué hijo de Elí,
- 24
- Que fué de Mathat, que fué de Leví, que fué Melchî, que fué de Janna, que fué de José,
- 25
- Que fué de Mattathías, que fué de Amós, que fué de Nahum, que fué de Esli,
- 26
- Que fué de Naggai, que fué de Maat, que fué de Matthathías, que fué de Semei, que fué de José, que fué de Judá,
- 27
- Que fué de Joanna, que fué de Rhesa, que fué de Zorobabel, que fué de Salathiel,
- 28
- Que fué de Neri, que fué de Melchî, que fué de Abdi, que fué de Cosam, que fué de Elmodam, que fué de Er,
- 29
- Que fué de Josué, que fué de Eliezer, que fué de Joreim, que fué de Mathat,
- 30
- Que fué de Leví, que fué de Simeón, que fué de Judá, que fué de José, que fué de Jonán, que fué de Eliachîm,
- 31
- Que fué de Melea, que fué de Mainán, que fué de Mattatha, que fué de Nathán,
- 32
- Que fué de David, que fué de Jessé, que fué de Obed, que fué de Booz, que fué de Salmón, que fué de Naassón,
- 33
- Que fué de Aminadab, que fué de Aram, que fué de Esrom, que fué de Phares,
- 34
- Que fué de Judá, que fué de Jacob, que fué de Isaac, que fué de Abraham, que fué de Thara, que fué de Nachôr,
- 35
- Que fué de Saruch, que fué de Ragau, que fué de Phalec, que fué de Heber,
- 36
- Que fué de Sala, que fué de Cainán, Arphaxad, que fué de Sem, que fué de Noé, que fué de Lamech,
- 37
- Que fué de Mathusala, que fué de Enoch, que fué de Jared, que fué de Maleleel,
- 38
- Que fué de Cainán, que fué de Enós, que fué de Seth, que fué de Adam, que fué de Dios.

Capítulo 4
- 1
- Y JESUS, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fué llevado por el Espíritu al desierto
- 2
- Por cuarenta días, y era tentado del diablo. Y no comió cosa en aquellos días: los cuales pasados, tuvo hambre.
- 3
- Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di á esta piedra que se haga pan.
- 4
- Y Jesús respondiéndole, dijo: Escrito está: Que no con pan solo vivirá el hombre, mas con toda palabra de Dios.
- 5
- Y le llevó el diablo á un alto monte, y le mostró en un momento de tiempo todos los reinos de la tierra.
- 6
- Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque á mí es entregada, y á quien quiero la doy:
- 7
- Pues si tú adorares delante de mí, serán todos tuyos.
- 8
- Y respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: A tu Señor Dios adorarás, y á él solo servirás.
- 9
- Y le llevó á Jerusalem, y púsole sobre las almenas del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo:
- 10
- Porque escrito está: Que á sus ángeles mandará de ti, que te guarden;
- 11
- Y En las manos te llevarán, Porque no dañes tu pie en piedra.
- 12
- Y respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.
- 13
- Y acabada toda tentación, el diablo se fué de él por un tiempo.
- 14
- Y Jesús volvió en virtud del Espíritu á Galilea, y salió la fama de él por toda la tierra de alrededor,
- 15
- Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado de todos.
- 16
- Y vino á Nazaret, donde había sido criado; y entró, conforme á su costumbre, el día del sábado en la sinagoga, y se levantó á leer.
- 17
- Y fuéle dado el libro del profeta Isaías; y como abrió el libro, halló el lugar donde estaba escrito:
- 18
- El Espíritu del Señor es sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas á los pobres: Me ha enviado para sanar á los quebrantados de corazón; Para pregonar á los cautivos libertad, Y á los ciegos vista; Para poner en libertad á los quebrantados:
- 19
- Para predicar el año agradable del Señor.
- 20
- Y rollando el libro, lo dió al ministro, y sentóse: y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.
- 21
- Y comenzó á decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos.
- 22
- Y todos le daban testimonio, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?
- 23
- Y les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate á ti mismo: de tantas cosas que hemos oído haber sido hechas en Capernaum, haz también aquí en tu tierra.
- 24
- Y dijo: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su tierra.
- 25
- Mas en verdad os digo, que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fué cerrado por tres años y seis meses, que hubo una grande hambre en toda la tierra;
- 26
- Pero á ninguna de ellas fué enviado Elías, sino á Sarepta de Sidón, á una mujer viuda.
- 27
- Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; mas ninguno de ellos fué limpio, sino Naamán el Siro.
- 28
- Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas cosas;
- 29
- Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada, para despeñarle.
- 30
- Mas él, pasando por medio de ellos, se fué.
- 31
- Y descendió á Capernaum, ciudad de Galilea. Y los enseñaba en los sábados.
- 32
- Y se maravillaban de su doctrina, porque su palabra era con potestad.
- 33
- Y estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de un demonio inmundo, el cual exclamó á gran voz,
- 34
- Diciendo: Déjanos, ¿qué tenemos contigo Jesús Nazareno? ¿has venido á destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios.
- 35
- Y Jesús le increpó, diciendo: Enmudece, y sal de él. Entonces el demonio, derribándole en medio, salió de él, y no le hizo daño alguno.
- 36
- Y hubo espanto en todos, y hablaban unos á otros, diciendo: ¿Qué palabra es ésta, que con autoridad y potencia manda á los espíritus inmundos, y salen?
- 37
- Y la fama de él se divulgaba de todas partes por todos los lugares de la comarca.
- 38
- Y levantándose Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón: y la suegra de Simón estaba con una grande fiebre; y le rogaron por ella.
- 39
- E inclinándose hacia ella, riñó á la fiebre; y la fiebre la dejó; y ella levantándose luego, les servía.
- 40
- Y poniéndose el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades, los traían á él; y él poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba.
- 41
- Y salían también demonios de muchos, dando voces, y diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. Mas riñéndolos no les dejaba hablar; porque sabían que él era el Cristo.
- 42
- Y siendo ya de día salió, y se fué á un lugar desierto: y las gentes le buscaban, y vinieron hasta él; y le detenían para que no se apartase de ellos.
- 43
- Mas él les dijo: Que también á otras ciudades es necesario que anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto soy enviado.
- 44
- Y predicaba en las sinagogas de Galilea.

Capítulo 5
- 1
- Y ACONTECIO, que estando él junto al lago de Genezaret, las gentes se agolpaban sobre él para oir la palabra de Dios.
- 2
- Y vió dos barcos que estaban cerca de la orilla del lago: y los pescadores, habiendo descendido de ellos, lavaban sus redes.
- 3
- Y entrado en uno de estos barcos, el cual era de Simón, le rogó que lo desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde el barco á las gentes.
- 4
- Y como cesó de hablar, dijo á Simón: Tira á alta mar, y echad vuestras redes para pescar.
- 5
- Y respondiendo Simón, le dijo: Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; mas en tu palabra echaré la red.
- 6
- Y habiéndolo hecho, encerraron gran multitud de pescado, que su red se rompía.
- 7
- E hicieron señas á los compañeros que estaban en el otro barco, que viniesen á ayudarles; y vinieron, y llenaron ambos barcos, de tal manera que se anegaban.
- 8
- Lo cual viendo Simón Pedro, se derribó de rodillas á Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.
- 9
- Porque temor le había rodeado, y á todos los que estaban con él, de la presa de los peces que habían tomado;
- 10
- Y asimismo á Jacobo y á Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo á Simón: No temas: desde ahora pescarás hombres.
- 11
- Y como llegaron á tierra los barcos, dejándolo todo, le siguieron.
- 12
- Y aconteció que estando en una ciudad, he aquí un hombre lleno de lepra, el cual viendo á Jesús, postrándose sobre el rostro, le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.
- 13
- Entonces, extendiendo la mano, le tocó diciendo: Quiero: sé limpio. Y luego la lepra se fué de él.
- 14
- Y él le mandó que no lo dijese á nadie: Mas ve, díjole, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza, como mandó Moisés, para testimonio á ellos.
- 15
- Empero tanto más se extendía su fama: y se juntaban muchas gentes á oir y ser sanadas de sus enfermedades.
- 16
- Mas él se apartaba á los desiertos, y oraba.
- 17
- Y aconteció un día, que él estaba enseñando, y los Fariseos y doctores de la ley estaban sentados, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalem: y la virtud del Señor estaba allí para sanarlos.
- 18
- Y he aquí unos hombres, que traían sobre un lecho un hombre que estaba paralítico; y buscaban meterle, y ponerle delante de él.
- 19
- Y no hallando por donde meterle á causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho en medio, delante de Jesús;
- 20
- El cual, viendo la fe de ellos, le dice: Hombre, tus pecados te son perdonados.
- 21
- Entonces los escribas y los Fariseos comenzaron á pensar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?
- 22
- Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué pensáis en vuestros corazones?
- 23
- ¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, ó decir: Levántate y anda?
- 24
- Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice al paralítico): A ti digo, levántate, toma tu lecho, y vete á tu casa.
- 25
- Y luego, levantándose en presencia de ellos, y tomando aquel en que estaba echado, se fué á su casa, glorificando á Dios.
- 26
- Y tomó espanto á todos, y glorificaban á Dios; y fueron llenos del temor, diciendo: Hemos visto maravillas hoy.
- 27
- Y después de estas cosas salió, y vió á un publicano llamado Leví, sentado al banco de los públicos tributos, y le dijo: Sígueme.
- 28
- Y dejadas todas las cosas, levantándose, le siguió.
- 29
- E hizo Leví gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros, los cuales estaban á la mesa con ellos.
- 30
- Y los escribas y los Fariseos murmuraban contra sus discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?
- 31
- Y respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no necesitan médico, sino los que están enfermos.
- 32
- No he venido á llamar justos, sino pecadores á arrepentimiento.
- 33
- Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo los de los Fariseos, y tus discípulos comen y beben?
- 34
- Y él les dijo: ¿Podéis hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos?
- 35
- Empero vendrán días cuando el esposo les será quitado: entonces ayunarán en aquellos días.
- 36
- Y les decía también una parábola: Nadie mete remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera el nuevo rompe, y al viejo no conviene remiendo nuevo.
- 37
- Y nadie echa vino nuevo en cueros viejos; de otra manera el vino nuevo romperá los cueros, y el vino se derramará, y los cueros se perderán.
- 38
- Mas el vino nuevo en cueros nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conserva.
- 39
- Y ninguno que bebiere del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor.

Capítulo 6
- 1
- Y ACONTECIO que pasando él por los sembrados en un sábado segundo del primero, sus discípulos arrancaban espigas, y comían, restregándolas con las manos.
- 2
- Y algunos de los Fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los sábados?
- 3
- Y respondiendo Jesús les dijo: ¿Ni aun esto habéis leído, qué hizo David cuando tuvo hambre, él, y los que con él estaban;
- 4
- Cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, y comió, y dió también á los que estaban con él, los cuales no era lícito comer, sino á solos los sacerdotes?
- 5
- Y les decía. El Hijo del hombre es Señor aun del sábado.
- 6
- Y aconteció también en otro sábado, que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía la mano derecha seca.
- 7
- Y le acechaban los escribas y los Fariseos, si sanaría en sábado, por hallar de qué le acusasen.
- 8
- Mas él sabía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él levantándose, se puso en pie.
- 9
- Entonces Jesús les dice: Os preguntaré un cosa: ¿Es lícito en sábados hacer bien, ó hacer mal? ¿salvar la vida, ó quitarla?
- 10
- Y mirándolos á todos alrededor, dice al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano fué restaurada.
- 11
- Y ellos se llenaron de rabia; y hablaban los unos á los otros qué harían á Jesús.
- 12
- Y aconteció en aquellos días, que fué al monte á orar, y pasó la noche orando á Dios.
- 13
- Y como fué de día, llamó á sus discípulos, y escogió doce de ellos, á los cuales también llamó apóstoles:
- 14
- A Simón, al cual también llamó Pedro, y á Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé,
- 15
- Mateo y Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, y Simón el que se llama Celador,
- 16
- Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que también fué el traidor.
- 17
- Y descendió con ellos, y se paró en un lugar llano, y la compañía de sus discípulos, y una grande multitud de pueblo de toda Judea y de Jerusalem, y de la costa de Tiro y de Sidón, que habían venido á oirle, y para ser sanados de sus enfermedades;
- 18
- Y los que habían sido atormentados de espíritus inmundos: y estaban curados.
- 19
- Y toda la gente procuraba tocarle; porque salía de él virtud, y sanaba á todos.
- 20
- Y alzando él los ojos á sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres; porque vuestro es el reino de Dios.
- 21
- Bienaventurados los que ahora tenéis hambre; porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.
- 22
- Bienaventurados seréis, cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os apartaren de sí, y os denostaren, y desecharen vuestro nombre como malo, por el Hijo del hombre.
- 23
- Gozaos en aquel día, y alegraos; porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres á los profetas.
- 24
- Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque tenéis vuestro consuelo.
- 25
- ¡Ay de vosotros, los que estáis hartos! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis.
- 26
- ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros! porque así hacían sus padres á los falsos profetas.
- 27
- Mas á vosotros los que oís, digo: Amad á vuestros enemigos, haced bien á los que os aborrecen;
- 28
- Bendecid á los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.
- 29
- Y al que te hiriere en la mejilla, dale también la otra; y al que te quitare la capa, ni aun el sayo le defiendas.
- 30
- Y á cualquiera que te pidiere, da; y al que tomare lo que es tuyo, no vuelvas á pedir.
- 31
- Y como queréis que os hagan los hombres, así hacedles también vosotros:
- 32
- Porque si amáis á los que os aman, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores aman á los que los aman.
- 33
- Y si hiciereis bien á los que os hacen bien, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores hacen lo mismo.
- 34
- Y si prestareis á aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores prestan á los pecadores, para recibir otro tanto.
- 35
- Amad, pués, á vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo: porque él es benigno para con los ingratos y malos.
- 36
- Sed pues misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.
- 37
- No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados: perdonad, y seréis perdonados.
- 38
- Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en vuestro seno: porque con la misma medida que midiereis, os será vuelto á medir.
- 39
- Y les decía una parábola: ¿Puede el ciego guiar al ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?
- 40
- El discípulo no es sobre su maestro; mas cualquiera que fuere como el maestro, será perfecto.
- 41
- ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y la viga que está en tu propio ojo no consideras?
- 42
- ¿O cómo puedes decir á tu hermano: Hermano, deja, echaré fuera la paja que está en tu ojo, no mirando tú la viga, que está en tu ojo? Hipócrita, echa primero fuera de tu ojo la viga, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano.
- 43
- Porque no es buen árbol el que da malos frutos; ni árbol malo el que da buen fruto.
- 44
- Porque cada árbol por su fruto es conocido: que no cogen higos de los espinos, ni vendimian uvas de las zarzas.
- 45
- El buen hombre del buen tesoro de su corazón saca bien; y el mal hombre del mal tesoro de su corazón saca mal; porque de la abundancia del corazón habla su boca.
- 46
- ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que digo?
- 47
- Todo aquel que viene á mí, y oye mis palabras, y las hace, os enseñaré á quién es semejante:
- 48
- Semejante es al hombre que edifica una casa, el cual cavó y ahondó, y puso el fundamento sobre la peña; y cuando vino una avenida, el río dió con ímpetu en aquella casa, mas no la pudo menear: porque estaba fundada sobre la peña.
- 49
- Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; en la cual el río dió con ímpetu, y luego cayó; y fué grande la ruina de aquella casa.

Capítulo 7
- 1
- Y COMO acabó todas sus palabras oyéndole el pueblo, entró en Capernaum.
- 2
- Y el siervo de un centurión, al cual tenía él en estima, estaba enfermo y á punto de morir.
- 3
- Y como oyó hablar de Jesús, envió á él los ancianos de los Judíos, rogándole que viniese y librase á su siervo.
- 4
- Y viniendo ellos á Jesús, rogáronle con diligencia, diciéndole: Porque es digno de concederle esto;
- 5
- Que ama nuestra nación, y él nos edificó una sinagoga.
- 6
- Y Jesús fué con ellos. Mas como ya no estuviesen lejos de su casa, envió el centurión amigos á él, diciéndole: Señor, no te incomodes, que no soy digno que entres debajo de mi tejado;
- 7
- Por lo cual ni aun me tuve por digno de venir á ti; mas di la palabra, y mi siervo será sano.
- 8
- Porque también yo soy hombre puesto en potestad, que tengo debajo de mí soldados; y digo á éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi siervo: Haz esto, y lo hace.
- 9
- Lo cual oyendo Jesús, se maravilló de él, y vuelto, dijo á las gentes que le seguían: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.
- 10
- Y vueltos á casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.
- 11
- Y aconteció después, que él iba á la ciudad que se llama Naín, é iban con él muchos de sus discípulos, y gran compañía.
- 12
- Y como llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que sacaban fuera á un difunto, unigénito de su madre, la cual también era viuda: y había con ella grande compañía de la ciudad.
- 13
- Y como el Señor la vió, compadecióse de ella, y le dice: No llores.
- 14
- Y acercándose, tocó el féretro: y los que lo llevaban, pararon. Y dice: Mancebo, á ti digo, levántate.
- 15
- Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó á hablar. Y dióle á su madre.
- 16
- Y todos tuvieron miedo, y glorificaban á Dios, diciendo: Que un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y que Dios ha visitado á su pueblo.
- 17
- Y salió esta fama de él por toda Judea, y por toda la tierra de alrededor.
- 18
- Y sus discípulos dieron á Juan las nuevas de todas estas cosas: y llamó Juan á dos de sus discípulos,
- 19
- Y envió á Jesús, diciendo: ¿Eres tú aquél que había de venir, ó esperaremos á otro?
- 20
- Y como los hombres vinieron á él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado á ti, diciendo: ¿Eres tú aquél que había de venir, ó esperaremos á otro?
- 21
- Y en la misma hora sanó á muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos; y á muchos ciegos dió la vista.
- 22
- Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, dad las nuevas á Juan de lo que habéis visto y oído: que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, á los pobres es anunciado el evangelio:
- 23
- Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí.
- 24
- Y como se fueron los mensajeros de Juan, comenzó á hablar de Juan á las gentes: ¿Qué salisteis á ver al desierto? ¿una caña que es agitada por el viento?
- 25
- Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un hombre cubierto de vestidos delicados? He aquí, los que están en vestido precioso, y viven en delicias, en los palacios de los reyes están.
- 26
- Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un profeta? También os digo, y aun más que profeta.
- 27
- Este es de quien está escrito: He aquí, envío mi mensajero delante de tu faz, El cual aparejará tu camino delante de ti.
- 28
- Porque os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista: mas el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él.
- 29
- Y todo el pueblo oyéndole, y los publicanos, justificaron á Dios, bautizándose con el bautismo de Juan.
- 30
- Mas los Fariseos y los sabios de la ley, desecharon el consejo de Dios contra sí mismos, no siendo bautizados de él.
- 31
- Y dice el Señor: ¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación, y á qué son semejantes?
- 32
- Semejantes son á los muchachos sentados en la plaza, y que dan voces los unos á los otros, y dicen: Os tañimos con flautas, y no bailasteis: os endechamos, y no llorasteis.
- 33
- Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan, ni bebía vino, y decís: Demonio tiene.
- 34
- Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.
- 35
- Mas la sabiduría es justificada de todos sus hijos.
- 36
- Y le rogó uno de los Fariseos, que comiese con él. Y entrado en casa del Fariseo, sentóse á la mesa.
- 37
- Y he aquí una mujer que había sido pecadora en la ciudad, como entendió que estaba á la mesa en casa de aquel Fariseo, trajo un alabastro de ungüento,
- 38
- Y estando detrás á sus pies, comenzó llorando á regar con lágrimas sus pies, y los limpiaba con los cabellos de su cabeza; y besaba sus pies, y los ungía con el ungüento.
- 39
- Y como vió esto el Fariseo que le había convidado, habló entre sí, diciendo: Este, si fuera profeta, conocería quién y cuál es la mujer que le toca, que es pecadora.
- 40
- Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él dice: Di, Maestro.
- 41
- Un acredor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta;
- 42
- Y no teniendo ellos de qué pagar, perdonó á ambos. Di, pues, ¿cuál de éstos le amará más?
- 43
- Y respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquél al cual perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.
- 44
- Y vuelto á la mujer, dijo á Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, no diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha limpiado con los cabellos.
- 45
- No me diste beso, mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.
- 46
- No ungiste mi cabeza con óleo; mas ésta ha ungido con ungüento mis pies.
- 47
- Por lo cual te digo que sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho; mas al que se perdona poco, poco ama.
- 48
- Y á ella dijo: Los pecados te son perdonados.
- 49
- Y los que estaban juntamente sentados á la mesa, comenzaron á decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados?
- 50
- Y dijo á la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.

Capítulo 8
- 1
- Y ACONTECIO después, que él caminaba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él,
- 2
- Y algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la cual habían salido siete demonios,
- 3
- Y Juana, mujer de Chuza, procurador de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus haciendas.
- 4
- Ycomo se juntó una grande compañía, y los que estaban en cada ciudad vinieron á él, dijo por una parábola:
- 5
- Uno que sembraba, salió á sembrar su simiente; y sembrando, una parte cayó junto al camino, y fué hollada; y las aves del cielo la comieron.
- 6
- Y otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad.
- 7
- Y otra parte cayó entre las espinas; y naciendo las espinas juntamente, la ahogaron.
- 8
- Y otra parte cayó en buena tierra, y cuando fué nacida, llevó fruto á ciento por uno. Diciendo estas cosas clamaba: El que tiene oídos para oir, oiga.
- 9
- Y sus discípulos le preguntaron, diciendo, qué era está parábola.
- 10
- Y él dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios; mas á los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.
- 11
- Es pues ésta la parábola: La simiente es la palabra de Dios.
- 12
- Y los de junto al camino, éstos son los que oyen; y luego viene el diablo, y quita la palabra de su corazón, porque no crean y se salven.
- 13
- Y los de sobre la piedra, son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; mas éstos no tienen raíces; que á tiempo creen, y en el tiempo de la tentación se apartan.
- 14
- Y la que cayó entre las espinas, éstos son los que oyeron; mas yéndose, son ahogados de los cuidados y de las riquezas y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto.
- 15
- Mas la que en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y llevan fruto en paciencia.
- 16
- Ninguno que enciende la antorcha la cubre con vasija, ó la pone debajo de la cama; mas la pone en un candelero, para que los que entran vean la luz.
- 17
- Porque no hay cosa oculta, que no haya de ser manifestada; ni cosa escondida, que no haya de ser entendida, y de venir á luz.
- 18
- Mirad pues cómo oís; porque á cualquiera que tuviere, le será dado; y á cualquiera que no tuviere, aun lo que parece tener le será quitado.
- 19
- Y vinieron á él su madre y hermanos; y no podían llegar á el por causa de la multitud.
- 20
- Y le fué dado aviso, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera, que quieren verte.
- 21
- El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la ejecutan.
- 22
- Y aconteció un día que él entró en un barco con sus discípulos, y les dijo: Pasemos á la otra parte del lago. Y partieron.
- 23
- Pero mientras ellos navegaban, él se durmió. Y sobrevino una tempestad de viento en el lago; y henchían de agua, y peligraban.
- 24
- Y llegándose á él, le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Y despertado él increpó al viento y á la tempestad del agua; y cesaron, y fué hecha bonanza.
- 25
- Y les dijo: ¿Qué es de vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, diciendo los unos á los otros: ¿Quién es éste, que aun á los vientos y al agua manda, y le obedecen?
- 26
- Y navegaron á la tierra de los Gadarenos, que está delante de Galilea.
- 27
- Y saliendo él á tierra, le vino al encuentro de la ciudad un hombre que tenía demonios ya de mucho tiempo; y no vestía vestido, ni estaba en casa, sino por los sepulcros.
- 28
- El cual, como vió á Jesús, exclamó y se postró delante de él, y dijo á gran voz: ¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Ruégote que no me atormentes.
- 29
- (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre: porque ya de mucho tiempo le arrebataba; y le guardaban preso con cadenas y grillos; mas rompiendo las prisiones, era agitado del demonio por los desiertos.)
- 30
- Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Qué nombre tienes? Y él dijo: Legión. Porque muchos demonios habían entrado en él.
- 31
- Y le rogaban que no les mandase ir al abismo.
- 32
- Y había allí un hato de muchos puercos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y los dejó.
- 33
- Y salidos los demonios del hombre, entraron en los puercos; y el hato se arrojó de un despeñadero en el lago, y ahogóse.
- 34
- Y los pastores, como vieron lo que había acontecido, huyeron, y yendo dieron aviso en la ciudad y por las heredades.
- 35
- Y salieron á ver lo que había acontecido; y vinieron á Jesús, y hallaron sentado al hombre de quien habían salido los demonios, vestido, y en su juicio, á los pies de Jesús; y tuvieron miedo.
- 36
- Y les contaron los que lo habían visto, cómo había sido salvado aquel endemoniado.
- 37
- Entonces toda la multitud de la tierra de los Gadarenos alrededor, le rogaron que se fuese de ellos; porque tenían gran temor. Y él, subiendo en el barco, volvióse.
- 38
- Y aquel hombre, de quien habían salido los demonios, le rogó para estar con él; mas Jesús le despidió, diciendo:
- 39
- Vuélvete á tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fué, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas habiá hecho Jesús con él.
- 40
- Y aconteció que volviendo Jesús, recibióle la gente; porque todos le esperaban.
- 41
- Y he aquí un varón, llamado Jairo, y que era príncipe de la sinagoga, vino, y cayendo á los pies de Jesús, le rogaba que entrase en su casa;
- 42
- Porque tenía una hija única, como de doce años, y ella se estaba muriendo. Y yendo, le apretaba la compañía.
- 43
- Y una mujer, que tenía flujo de sangre hacía ya doce años, la cual había gastado en médicos toda su hacienda, y por ninguno había podido ser curada,
- 44
- Llegándose por las espaldas, tocó el borde de su vestido; y luego se estancó el flujo de su sangre.
- 45
- Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que estaban con él: Maestro, la compañía te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado?
- 46
- Y Jesús dijo: Me ha tocado alguien; porque yo he conocido que ha salido virtud de mí.
- 47
- Entonces, como la mujer vió que no se había ocultado, vino temblando, y postrándose delante de él declaróle delante de todo el pueblo la causa por qué le había tocado, y cómo luego había sido sana.
- 48
- Y él dijo: Hija, tu fe te ha salvado: ve en paz.
- 49
- Estando aún él hablando, vino uno del príncipe de la sinagoga á decirle: Tu hija es muerta, no des trabajo al Maestro.
- 50
- Y oyéndolo Jesús, le respondió: No temas: cree solamente, y será salva.
- 51
- Y entrado en casa, no dejó entrar á nadie consigo, sino á Pedro, y á Jacobo, y á Juan, y al padre y á la madre de la moza.
- 52
- Y lloraban todos, y la plañían. Y él dijo: No lloréis; no es muerta, sino que duerme.
- 53
- Y hacían burla de él, sabiendo que estaba muerta.
- 54
- Mas él, tomándola de la mano, clamó, diciendo: Muchacha, levántate.
- 55
- Entonces su espíritu volvió, y se levantó luego: y él mando que le diesen de comer.
- 56
- Y sus padres estaban atónitos; á los cuales él mandó, que á nadie dijesen lo que había sido hecho.

Capítulo 9
- 1
- Y JUNTANDO á sus doce discípulos, les dió virtud y potestad sobre todos los demonios, y que sanasen enfermedades.
- 2
- Y los envió á que predicasen el reino de Dios, y que sanasen á los enfermos.
- 3
- Y les dice: No toméis nada para el camino, ni báculo, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni tengáis dos vestidos cada uno.
- 4
- Y en cualquiera casa en que entrareis, quedad allí, y de allí salid.
- 5
- Y todos los que no os recibieren, saliéndoos de aquella ciudad, aun el polvo sacudid de vuestros pies en testimonio contra ellos.
- 6
- Y saliendo, rodeaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio, y sanando por todas partes.
- 7
- Y oyó Herodes el tetrarca todas las cosas que hacía; y estaba en duda, porque decían algunos: Juan ha resucitado de los muertos;
- 8
- Y otros: Elías ha aparecido; y otros: Algún profeta de los antiguos ha resucitado.
- 9
- Y dijo Herodes: A Juan yo degollé: ¿quién pues será éste, de quien yo oigo tales cosas? Y procuraba verle.
- 10
- Y vueltos los apóstoles, le contaron todas las cosas que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte á un lugar desierto de la ciudad que se llama Bethsaida.
- 11
- Y como lo entendieron las gentes, le siguieron; y él las recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba á los que tenían necesidad de cura.
- 12
- Y el día había comenzado á declinar; y llegándose los doce, le dijeron: Despide á las gentes, para que yendo á las aldeas y heredades de alrededor, procedan á alojarse y hallen viandas; porque aquí estamos en lugar desierto.
- 13
- Y les dice: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, si no vamos nosotros á comprar viandas para toda esta compañía.
- 14
- Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo á sus discípulos: Hacedlos sentar en ranchos, de cincuenta en cincuenta.
- 15
- Y así lo hicieron, haciéndolos sentar á todos.
- 16
- Y tomando los cinco panes y los dos pescados, mirando al cielo los bendijo, y partió, y dió á sus discípulos para que pusiesen delante de las gentes.
- 17
- Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que les sobró, doce cestos de pedazos.
- 18
- Y aconteció que estando él solo orando, estaban con él los discípulos; y les preguntó diciendo: ¿Quién dicen las gentes que soy?
- 19
- Y ellos respondieron, y dijeron: Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado.
- 20
- Y les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Simón Pedro, dijo: El Cristo de Dios.
- 21
- Mas él, conminándolos, mandó que á nadie dijesen esto;
- 22
- Diciendo: Es necesario que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y sea desechado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día.
- 23
- Y decía á todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame.
- 24
- Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, éste la salvará.
- 25
- Porque ¿qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y sé pierda él á sí mismo, ó corra peligro de sí?
- 26
- Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este tal el Hijo del hombre se avergonzará cuando viniere en su gloria, y del Padre, y de los santos ángeles.
- 27
- Y os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean el reino de Dios.
- 28
- Y aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó á Pedro y á Juan y á Jacobo, y subió al monte á orar.
- 29
- Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente.
- 30
- Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías;
- 31
- Que aparecieron en majestad, y hablaban de su salida, la cual había de cumplir en Jerusalem.
- 32
- Y Pedro y los que estaban con él, estaban cargados de sueño: y como despertaron, vieron su majestad, y á aquellos dos varones que estaban con él.
- 33
- Y aconteció, que apartándose ellos de él, Pedro dice á Jesús: Maestro, bien es que nos quedemos aquí: y hagamos tres pabellones, uno para ti, y uno para Moisés, y uno para Elías; no sabiendo lo que se decía.
- 34
- Y estando él hablando esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor entrando ellos en la nube.
- 35
- Y vino una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; á él oid.
- 36
- Y pasada aquella voz, Jesús fué hallado solo: y ellos callaron; y por aquellos días no dijeron nada á nadie de lo que habían visto.
- 37
- Y aconteció al día siguiente, que apartándose ellos del monte, gran compañía les salió al encuentro.
- 38
- Y he aquí, un hombre de la compañía clamó, diciendo: Maestro, ruégote que veas á mi hijo; que es el único que tengo:
- 39
- Y he aquí un espíritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza y hace echar espuma, y apenas se aparta de él quebrantándole.
- 40
- Y rogué á tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.
- 41
- Y respondiendo Jesús, dice: ¡Oh generación infiel y perversa! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros, y os sufriré? Trae tu hijo acá.
- 42
- Y como aun se acercaba, el demonio le derribó y despedazó: mas Jesús increpó al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y se lo volvió á su padre.
- 43
- Y todos estaban atónitos de la grandeza de Dios. Y maravillándose todos de todas las cosas que hacía, dijo á sus discípulos:
- 44
- Poned vosotros en vuestros oídos estas palabras; porque ha de acontecer que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres.
- 45
- Mas ellos no entendían esta palabra, y les era encubierta para que no la entendiesen; y temían preguntarle de esta palabra.
- 46
- Entonces entraron en disputa, cuál de ellos sería el mayor.
- 47
- Mas Jesús, viendo los pensamientos del corazón de ellos, tomó un niño, y púsole junto á sí,
- 48
- Y les dice: Cualquiera que recibiere este niño en mí nombre, á mí recibe; y cualquiera que me recibiere á mí, recibe al que me envió; porque el que fuere el menor entre todos vosotros, éste será el grande.
- 49
- Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto á uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros.
- 50
- Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.
- 51
- Y aconteció que, como se cumplió el tiempo en que había de ser recibido arriba, él afirmó su rostro para ir á Jerusalem.
- 52
- Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron y entraron en una ciudad de los Samaritanos, para prevenirle.
- 53
- Mas no le recibieron, porque era su traza de ir á Jerusalem.
- 54
- Y viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como hizo Elías?
- 55
- Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois;
- 56
- Porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron á otra aldea.
- 57
- Y aconteció que yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré donde quiera que fueres.
- 58
- Y le dijo Jesús: Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza.
- 59
- Y dijo á otro: Sígueme. Y él dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre á mi padre.
- 60
- Y Jesús le dijo: Deja los muertos que entierren á sus muertos; y tú, ve, y anuncia el reino de Dios.
- 61
- Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; mas déjame que me despida primero de los que están en mi casa.
- 62
- Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano al arado mira atrás, es apto para el reino de Dios.

Capítulo 10
- 1
- Y DESPUÉS de estas cosas, designó el Señor aun otros setenta, los cuales envió de dos en dos delante de sí, á toda ciudad y lugar á donde él había de venir.
- 2
- Y les decía: La mies á la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros á su mies.
- 3
- Andad, he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos.
- 4
- No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y á nadie saludéis en el camino.
- 5
- En cualquiera casa donde entrareis, primeramente decid: Paz sea á esta casa.
- 6
- Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá á vosotros.
- 7
- Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os dieren; porque el obrero digno es de su salario. No os paséis de casa en casa.
- 8
- Y en cualquiera ciudad donde entrareis, y os recibieren, comed lo que os pusieren delante;
- 9
- Y sanad los enfermos que en ella hubiere, y decidles: Se ha llegado á vosotros el reino de Dios.
- 10
- Mas en cualquier ciudad donde entrareis, y no os recibieren, saliendo por sus calles, decid:
- 11
- Aun el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad á nuestros pies, sacudimos en vosotros: esto empero sabed, que el reino de los cielos se ha llegado á vosotros.
- 12
- Y os digo que los de Sodoma tendrán más remisión aquel día, que aquella ciudad.
- 13
- ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Bethsaida! que si en Tiro y en Sidón hubieran sido hechas las maravillas que se han hecho en vosotras, ya días ha que, sentados en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido.
- 14
- Por tanto, Tiro y Sidón tendrán más remisión que vosotras en el juicio.
- 15
- Y tú, Capernaum, que hasta los cielos estás levantada, hasta los infiernos serás abajada.
- 16
- El que á vosotros oye, á mí oye; y el que á vosotros desecha, á mí desecha; y el que á mí desecha, desecha al que me envió.
- 17
- Y volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.
- 18
- Y les dijo: Yo veía á Satanás, como un rayo, que caía del cielo.
- 19
- He aquí os doy potestad de hollar sobre las serpientes y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.
- 20
- Mas no os gocéis de esto, que los espíritus se os sujetan; antes gozaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.
- 21
- En aquella misma hora Jesús se alegró en espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas á los sabios y entendidos, y las has revelado á los pequeños: así, Padre, porque así te agradó.
- 22
- Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie sabe quién sea el Hijo sino el Padre; ni quién sea el Padre, sino el Hijo, y á quien el Hijo lo quisiere revelar.
- 23
- Y vuelto particularmente á los discípulos, dijo: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis:
- 24
- Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oir lo que oís, y no lo oyeron.
- 25
- Y he aquí, un doctor de la ley se levantó, tentándole y diciendo: Maestro, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna?
- 26
- Y él dijo: ¿Qué está escrito de la ley? ¿cómo lees?
- 27
- Y él respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y á tu prójimo como á ti mismo.
- 28
- Y díjole: Bien has respondido: haz esto, y vivirás.
- 29
- Mas él, queriéndose justificar á sí mismo, dijo á Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?
- 30
- Y respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalem á Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; é hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.
- 31
- Y aconteció, que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, se pasó de un lado.
- 32
- Y asimismo un Levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, se pasó de un lado.
- 33
- Mas un Samaritano que transitaba, viniendo cerca de él, y viéndole, fué movido á misericordia;
- 34
- Y llegándose, vendó sus heridas, echándo les aceite y vino; y poniéndole sobre su cabalgadura, llevóle al mesón, y cuidó de él.
- 35
- Y otro día al partir, sacó dos denarios, y diólos al huésped, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que de más gastares, yo cuando vuelva te lo pagaré.
- 36
- ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fué el prójimo de aquél que cayó en manos de los ladrónes?
- 37
- Y él dijo: El que usó con él de misericordia. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.
- 38
- Y aconteció que yendo, entró él en una aldea: y una mujer llamada Marta, le recibió en su casa.
- 39
- Y ésta tenía una hermana que se llamaba María, la cual sentándose á los pies de Jesús, oía su palabra.
- 40
- Empero Marta se distraía en muchos servicios; y sobreviniendo, dice: Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? Dile pues, que me ayude.
- 41
- Pero respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás turbada:
- 42
- Empero una cosa es necesaria; y María escogió la buena parte, la cual no le será quitada.

Capítulo 11
- 1
- Y ACONTECIO que estando él orando en un lugar, como acabó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos á orar, como también Juan enseñó á sus discípulos.
- 2
- Y les dijo: Cuando orareis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos; sea tu nombre santificado. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
- 3
- El pan nuestro de cada día, dános lo hoy.
- 4
- Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos á todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del malo.
- 5
- Díjoles también: ¿Quién de vosotros tendrá un amigo, é irá á él á media noche, y le dirá: Amigo, préstame tres panes,
- 6
- Porque un amigo mío ha venido á mí de camino, y no tengo que ponerle delante;
- 7
- Y el de dentro respondiendo, dijere: No me seas molesto; la puerta está ya cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y darte?
- 8
- Os digo, que aunque no se levante á darle por ser su amigo, cierto por su importunidad se levantará, y le dará todo lo que habrá menester.
- 9
- Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y os será abierto.
- 10
- Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abre.
- 11
- ¿Y cuál padre de vosotros, si su hijo le pidiere pan, le dará una piedra?, ó, si pescado, ¿en lugar de pescado, le dará una serpiente?
- 12
- O, si le pidiere un huevo, ¿le dará un escorpión?
- 13
- Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas á vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo á los que lo pidieren de él?
- 14
- Y estaba él lanzando un demonio, el cual era mudo: y aconteció que salido fuera el demonio, el mudo habló y las gentes se maravillaron.
- 15
- Mas algunos de ellos decían: En Beelzebub, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios.
- 16
- Y otros, tentando, pedían de él señal del cielo.
- 17
- Mas él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae.
- 18
- Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo estará en pie su reino? porque decís que en Beelzebub echo yo fuera los demonios.
- 19
- Pues si yo echo fuera los demonios en Beelzebub, ¿vuestros hijos en quién los echan fuera? Por tanto, ellos serán vuestros jueces.
- 20
- Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, cierto el reino de Dios ha llegado á vosotros.
- 21
- Cuando el fuerte armado guarda su atrio, en paz está lo que posee.
- 22
- Mas si sobreviniendo otro más fuerte que él, le venciere, le toma todas sus armas en que confiaba, y reparte sus despojos.
- 23
- El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.
- 24
- Cuando el espíritu inmundo saliere del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Me volveré á mi casa de donde salí.
- 25
- Y viniendo, la halla barrida y adornada.
- 26
- Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, habitan allí: y lo postrero del tal hombre es peor que lo primero.
- 27
- Y aconteció que diciendo estas cosas, una mujer de la compañía, levantando la voz, le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los pechos que mamaste.
- 28
- Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.
- 29
- Y juntándose las gentes á él, comenzó á decir: Esta generación mala es: señal busca, mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás.
- 30
- Porque como Jonás fué señal á los Ninivitas, así también será el Hijo del hombre á esta generación.
- 31
- La reina del Austro se levantará en juicio con los hombres de esta generación, y los condenará; porque vino de los fines de la tierra á oir la sabiduría de Salomón; y he aquí más que Salomón en este lugar.
- 32
- Los hombres de Nínive se levantarán en juicio con esta generación, y la condenarán; porque á la predicación de Jonás se arrepintieron; y he aquí más que Jonás en este lugar.
- 33
- Nadie pone en oculto la antorcha encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz.
- 34
- La antorcha del cuerpo es el ojo: pues si tu ojo fuere simple, también todo tu cuerpo será resplandeciente; mas si fuere malo, también tu cuerpo será tenebroso.
- 35
- Mira pues, si la lumbre que en ti hay, es tinieblas.
- 36
- Así que, siendo todo tu cuerpo resplandeciente, no teniendo alguna parte de tinieblas, será todo luminoso, como cuando una antorcha de resplandor te alumbra.
- 37
- Y luego que hubo hablado, rogóle un Fariseo que comiese con él: y entrado Jesús, se sentó á la mesa.
- 38
- Y el Fariseo, como lo vió, maravillóse de que no se lavó antes de comer.
- 39
- Y el Señor le dijo: Ahora vosotros los Fariseos lo de fuera del vaso y del plato limpiáis; mas lo interior de vosotros está lleno de rapiña y de maldad.
- 40
- Necios, ¿el que hizo lo de fuera, no hizo también lo de dentro?
- 41
- Empero de lo que os resta, dad limosna; y he aquí todo os será limpio.
- 42
- Mas ¡ay de vosotros, Fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortliza; mas el juicio y la caridad de Dios pasáis de largo. Pues estas cosas era necesario hacer, y no dejar las otras.
- 43
- ¡Ay de vosotros, Fariseos! que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas.
- 44
- ¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! que sois como sepulcros que no se ven, y los hombres que andan encima no lo saben.
- 45
- Y respondiendo uno de los doctores de la ley, le dice: Maestro, cuando dices esto, también nos afrentas á nosotros.
- 46
- Y él dijo: ¡Ay de vosotros también, doctores de la ley! que cargáis á los hombres con cargas que no pueden llevar; mas vosotros ni aun con un dedo tocáis las cargas.
- 47
- ¡Ay de vosotros! que edificáis los sepulcros de los profetas, y los mataron vuestros padres.
- 48
- De cierto dais testimonio que consentís en los hechos de vuestros padres; porque á la verdad ellos los mataron, mas vosotros edificáis sus sepulcros.
- 49
- Por tanto, la sabiduría de Dios también dijo: Enviaré á ellos profetas y apóstoles; y de ellos á unos matarán y á otros perseguirán;
- 50
- Para que de esta generación sea demandada la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la fundación del mundo;
- 51
- Desde la sangre de Abel, hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo: así os digo, será demandada de esta generación.
- 52
- ¡Ay de vosotros, doctores de la ley! que habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y á los que entraban impedisteis.
- 53
- Y diciéndoles estas cosas, los escribas y los Fariseos comenzaron á apretar le en gran manera, y á provocarle á que hablase de muchas cosas;
- 54
- Acechándole, y procurando cazar algo de su boca para acusarle.

Capítulo 12
- 1
- EN esto, juntándose muchas gentes, tanto que unos á otros se hollaban, comenzó á decir á sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los Fariseos, que es hipocresía.
- 2
- Porque nada hay encubierto, que no haya de ser descubierto; ni oculto, que no haya de ser sabido.
- 3
- Por tanto, las cosas que dijisteis en tinieblas, á la luz serán oídas; y lo que hablasteis al oído en las cámaras, será pregonado en los terrados.
- 4
- Mas os digo, amigos míos: No temáis de los que matan el cuerpo, y después no tienen más que hacer.
- 5
- Mas os enseñaré á quién temáis: temed á aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en la Gehenna: así os digo: á éste temed.
- 6
- ¿No se venden cinco pajarillos por dos blancas? pues ni uno de ellos está olvidado delante de Dios.
- 7
- Y aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis pues: de más estima sois que muchos pajarillos.
- 8
- Y os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del hombre le confesará delante de los ángeles de Dios;
- 9
- Mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios.
- 10
- Y todo aquel que dice palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado; mas al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado.
- 11
- Y cuando os trajeren á las sinagogas, y á los magistrados y potestades, no estéis solícitos cómo ó qué hayáis de responder, ó qué hayáis de decir;
- 12
- Porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que será necesario decir.
- 13
- Y díjole uno de la compañía: Maestro, di á mi hermano que parta conmigo la herencia.
- 14
- Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me puso por juez ó partidor sobre vosotros?
- 15
- Y díjoles: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.
- 16
- Y refirióles una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había llevado mucho;
- 17
- Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿qué haré, porque no tengo donde juntar mis frutos?
- 18
- Y dijo: Esto haré: derribaré mis alfolíes, y los edificaré mayores, y allí juntaré todos mis frutos y mis bienes;
- 19
- Y diré á mi alma: Alma, muchos bienes tienes almacenados para muchos años; repósate, come, bebe, huélgate.
- 20
- Y díjole Dios: Necio, esta noche vuelven á pedir tu alma; y lo que has prevenido, ¿de quién será?
- 21
- Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios.
- 22
- Y dijo á sus discípulos: Por tanto os digo: No estéis afanosos de vuestra vida, qué comeréis; ni del cuerpo, qué vestiréis.
- 23
- La vida más es que la comida, y el cuerpo que el vestido.
- 24
- Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen cillero, ni alfolí; y Dios los alimenta. ¿Cuánto de más estima sois vosotros que las aves?
- 25
- ¿Y quién de vosotros podrá con afán añadir á su estatura un codo?
- 26
- Pues si no podéis aun lo que es menos, ¿para qué estaréis afanosos de lo demás?
- 27
- Considerad los lirios, cómo crecen: no labran, ni hilan; y os digo, que ni Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.
- 28
- Y si así viste Dios á la hierba, que hoy está en el campo, y mañana es echada en el horno; ¿cuánto más á vosotros, hombres de poca fe?
- 29
- Vosotros, pues, no procuréis qué hayáis de comer, ó qué hayáis de beber: ni estéis en ansiosa perplejidad.
- 30
- Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; que vuestro Padre sabe que necesitáis estas cosas.
- 31
- Mas procurad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.
- 32
- No temáis, manada pequeña; porque al Padre ha placido daros el reino.
- 33
- Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejecen, tesoro en los cielos que nunca falta; donde ladrón no llega, ni polilla corrompe.
- 34
- Porque donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón.
- 35
- Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras antorchas encendidas;
- 36
- Y vosotros semejantes á hombres que esperan cuando su señor ha de volver de las bodas; para que cuando viniere, y llamare, luego le abran.
- 37
- Bienaventurados aquellos siervos, á los cuales cuando el Señor viniere, hallare velando: de cierto os digo, que se ceñirá, y hará que se sienten á la mesa, y pasando les servirá.
- 38
- Y aunque venga á la segunda vigilia, y aunque venga á la tercera vigilia, y los hallare así, bienaventurados son los tales siervos.
- 39
- Esto empero sabed, que si supiese el padre de familia á qué hora había de venir el ladrón, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa.
- 40
- Vosotros pues también, estad apercibidos; porque á la hora que no pensáis, el Hijo del hombre vendrá.
- 41
- Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola á nosotros, ó también á todos?
- 42
- Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente, al cual el señor pondrá sobre su familia, para que á tiempo les dé su ración?
- 43
- Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando el señor viniere, hallare haciendo así.
- 44
- En verdad os digo, que él le pondrá sobre todos sus bienes.
- 45
- Mas si el tal siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir: y comenzare á herir á los siervos y á las criadas, y á comer y á beber y á embriagarse;
- 46
- Vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera, y á la hora que no sabe, y le apartará, y pondrá su parte con los infieles.
- 47
- Porque el siervo que entendió la voluntad de su señor, y no se apercibió, ni hizo conforme á su voluntad, será azotado mucho.
- 48
- Mas el que no entendió, é hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco: porque á cualquiera que fué dado mucho, mucho será vuelto á demandar de él; y al que encomendaron mucho, más le será pedido.
- 49
- Fuego vine á meter en la tierra: ¿y qué quiero, si ya está encendido?
- 50
- Empero de bautismo me es necesario ser bautizado: y ¡cómo me angustio hasta que sea cumplido!
- 51
- ¿Pensáis que he venido á la tierra á dar paz? No, os digo; mas disensión.
- 52
- Porque estarán de aquí adelante cinco en una casa divididos; tres contra dos, y dos contra tres.
- 53
- El padre estará dividido contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra.
- 54
- Y decía también á las gentes: Cuando veis la nube que sale del poniente, luego decís: Agua viene; y es así.
- 55
- Y cuando sopla el austro, decís: Habrá calor; y lo hay.
- 56
- ¡Hipócritas! Sabéis examinar la faz del cielo y de la tierra; ¿y cómo no reconocéis este tiempo?
- 57
- ¿Y por qué aun de vosotros mismos no juzgáis lo que es justo?
- 58
- Pues cuando vas al magistrado con tu adversario, procura en el camino librarte de él; porque no te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel.
- 59
- Te digo que no saldrás de allá, hasta que hayas pagado hasta el último maravedí.

Capítulo 13< |