Los
días se volvieron largos de golpe
como esos adolescentes desgarbados que se odian
(a sí mismos)
y no importó la dirección electrónica
a la que escribí a medias hoy
con menos ganas todavía que ayer:
el todo sigue a oscuras aunque amanezca el día
en el mismo rutinario monólogo de siempre.
El graffiti me despabila amor
pero el horror en realidad me circula y me anochece
en un ir y volver a ir que se destraba
que desencaja recuerdos y los rearma
(a sí mismos)
perdí algunas piezas del rompecabezas cursi
que se caen por los lados de mis lados
y se distraen en el suelo de mi suelo
donde maltrato con pisadas uniformes
una base que no es firme y se destroza
tan rápido como la torre de babel que cae
enmascarada de World Trade Center
en el día del maestro
(Sarmiento supo morir)
y hoy los laureles ahora son eternos en mi medio de anarquías.