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Capítulo II

CAPITULO 2

Golondrina de rabadilla parda

Golondrina común de cejas blancas

Golondrina barranquera

Cardenal azul

Reina mora chica o azulejo

Corbatita

Cardenal

Monterita

Siete vestidos

Yal

Cardenal amarillo

Diuca

Chingolo

Juan chiviro de las pajas

 

GOLONDRINA DE RABADILLA PARDA

Petrochelidon pyrrhonota

Arriba de un lustroso azul acero oscuro; parte baja de la espalda y rabadilla pardo canela; cobijas superiores de la cola marrones; alas negras; cola negra lustrada de verde; coronilla azul acero; frente, color ante arenoso; mejillas y costados del rostro castaños; barba castaña; parte inferior de la garganta azul acero; parte anterior del cuello, pecho y flancos marrón ceniza; mitad del pecho y abdomen blancos teñidos de marrón; largo, unos 13 centímetros. Sexos semejantes.

Esta especie no se reproduce en el distrito del Plata. Allí sólo se la ve en primavera, volando al Sud o Sudoeste y también, pero en mayor número, en su viaje de regreso en otoño. Según lo que nosotros sabemos, tampoco lo hace en ninguna parte de Sud América, sino que elige para ello a Arizona y otros distritos del norte del continente. Tiene una migración similar a la de muchas especie de los Limicolae. De este modo, volando hacia el Sud durante el otoño del hemisferio boreal, cruza los trópicos y extiende su enorme viaje hasta las partes más australes de Sud América. En el Río Negro, Patagonia, no la encontré, y supongo que su lugar de veraneo debe hallarse al Sud de esta región. Juzgando por el gran número de ellas que es visible en algunas épocas pienso que, el lugar que frecuentan en Patagonia, debe tener una gran extensión.. Aquí no parecen ser tan regulares en sus movimientos como otras Golondrinas, Algunos años las he visto pasar solas o en pequeños grupos, durante toda la época del calor. Por lo general comienzan a aparecer, volando hacia el Norte, en febrero, pero algunos años no lo hacen hasta marzo. No se las ve pasar en bandadas, con rápido vuelo, sino que se diseminan persiguiendo moscas. Primero pasa una, luego dos o tres, un minuto o dos más tarde, seis, y así continúan durante la mayor parte del día. Mientras el tiempo continúa templado, ellas siguen pasando de esa descansada manera; pero yo las he visto pasar hasta abril, cuando ya todos nuestros inmigrantes veraniegos nos habían abandonado. Todas estas aves retrasadas volaban, en pequeñas bandadas con gran rapidez en dirección al Norte, como si su vuelo fuera guiado por una brújula.

Mientras vuela, esta especie emite sin cesar agudos gorjeos y chillidos, como de molienda, de distinta longitud.

GOLONDRINA COMUN DE CEJAS BLANCAS

Tachycineta leucorrhoa

Arriba verde lustroso oscuro; rabadilla blanca; plumas negras con un tinte verde; cola negra con lustre verdoso; base de la frente, mejillas y toda la superficie inferior blancas; blanco y costados bañados de marrón ahumado; largo 14 centímetros.

Esta es la más abundante y la mejor conocida de nuestras Golondrinas. Es un ave hermosa, con su lustroso traje verde oscuro y rabadilla y superficie de la parte inferior blancas. Es de disposición en exceso tranquila, de movimientos rápidos y graciosos, sociable, algo peleadora, locuaz, con un canto bastante musical que comienza con notas largas, suaves y trémulas seguidas de otras más cortas y apuradas que acaban en un murmullo. De todas las inmigrantes, son las últimas en dejarnos en otoño e invariablemente reaparecen en pequeños números cerca de las casas, durante los días templados de invierno. Es probable que muchos individuos en Buenos Aires, permanezcan durante el invierno en sitios abrigados, para diseminarse por los lugares de los alrededores cada vez que llega un día cálido y brillante. Una vez vi tres juntas volando a ras del suelo sobre las llanuras, en uno de los días más fríos de los que tuve conocimiento en las pampas, pues el termómetro había marcado casi dos grados centígrados bajo cero aquella mañana.

Más al Sud su migración es más estricta y en el Río Negro, Patagonia, no encontré ni un solo ejemplar de marzo a agosto. En Buenos Aires, la migración otoñal de los Hirundínidos comienza alrededor de mediados de febrero y a partir de esta fecha se ven grandes números de estas Golondrinas volando hacia el Norte y, en algunas épocas, se las ve pasar durante más de un mes. Durante un otoño, en abril varios días después que todas las Golondrinas habían desaparecido, comenzaron a aparecer de nuevo bandadas de Golondrinas de rabadilla y cejas blancas que volaban para el Norte. Por diez días consecutivos siguieron pasando en grandes números. Cuando las observé se habían parado para sumergirse en un charco de agua, posándose luego en las cañas y juncos para descansar. Parecían muy cansadas por su largo viaje, elevándose con lentitud cuando me aproximaba y algunas, permitiéndome acercar a un brazo de distancia sin moverse. Nunca pude ver, después, una migración tardía o suplementaria como la que relato, pues por regla general, las causas que algunos años retardan la partida de las aves, parecen afectarías a todas por igual. Es posible que estas retrasadas llegaran de algún remoto distrito en donde un frío excepcional hubiera demorado las operaciones de reproducción.

Esta Golondrina a veces pone huevos en un árbol, en el gran nido ya abandonado del Leñatero (Anunbius acuticaudatus). Sin embargo, su sitio favorito en un hueco en la pared, protegido por las tejas o bardas sobresalientes. Aunque no va mucho a las ciudades, como Azara observó, es muy doméstica y no hay una casa en la pampa, por humilde que sea, en la que no haya alguna de estas aves que rozan, por jugar, los techos o que espían con curiosidad bajo los aleros emitiendo sin cesar sus notas alegres y gorgoteantes.

Durante un período de cuatro a seis semanas antes de que comiencen a construir, parecen empeñadas en una incesante disputa recordándonos, por sus tonos refunfuñantes, una colonia de contenciosos Gorriones ingleses. La única diferencia es que la Golondrina tiene una voz más variada y suave y con frecuencia, aunque esté peleando acaloradamente, se interrumpe para emitir su hermoso cantito, de sonido semejante al del agua qué corre. Por más grietas y agujeros convenientes que haya, la disputa es siempre grande entre ellas y se debe, sin duda, a las distintas reclamaciones de los mejores sitios. El excitado gorjeo, la pugna incesante de dos aves por posarse en la misma pulgada cuadrada de pared, la perpetua persecución del otro alrededor de la casa, que siempre termina en el mismo sitio en que comenzó, demuestran los intereses opuestos y la falta de razón de algunas de ellas. De pronto la disputa adquiere un carácter más serio. Amigos y vecinos, en apariencia han intervenido en vano. Todos los argumentos de que son capaces las Golondrinas han sido agotados y siendo imposibles nuevos reclamos, comienza la pelea. Más por venganza, los dos pequeños seres se agarran y caen al suelo veinte veces en una hora, permaneciendo a menudo sacudiéndose por largo tiempo, desatentos a los gritos de alarma que sus amigas lanzan desde arriba de ellas, pues por lo general, mientras yacen de este modo en el suelo, castigándose mutuamente, constituyen una presa fácil para algún gato astuto que se ha familiarizado con sus costumbres.

Cuando estas luchas están al fin solucionadas, se dedican con diligencia al gran trabajo y construyen un nido bastante grande.

No son trabajadoras diestras y pulcras, sino que se limitan a rellenar el hueco con paja y otros materiales livianos, revistiendo el nido de plumas y pelo de caballo. En este lecho suave pero desordenado, la hembra pone desde cinco hasta siete huevos de un blanco puro.

Todas las especies que en cualquier momento están expuestas a convertirse en víctimas de las aves de rapiña, deben estar muy agradecidas a esta Golondrina, pues es el más vigilante centinela que poseen. Cuando el apurado Halcón está aún lejos y las otras aves no sospechan su proximidad, las Golondrinas se elevan con rapidez en el cielo, con un vuelo rápido y salvaje para anunciar las malas noticias con aturdidos chillidos. La alarma cunde rápida como la luz por las tribus aladas que en todas partes están en asustada conmoción, amontonándose en el pasto, sumergiéndose en las espesuras o elevándose en el aire para escapar volando. A mentido he pensado en esto, desde que esta avecita veloz y que se remonta con rapidez es la menos indicada para presa de un ave de rapiña.

Posee otro hábito que resulta muy grato a cualquier madrugador. Al primer indicio del alba y antes que cualquier otra ave rompa el silencio de la noche, grandes cantidades de estas Golondrinas, como si obedecieran las indicaciones de un líder, comienzan a cantar y gorjear mientras se elevan en el cielo tranquilo y oscuro. Sus notas, en estos momentos, difieren de los apurados gorjeos que emiten durante el día, siendo más suaves y prolongados, y como suenan a gran altura en el cielo y parten de tantas gargantas, el concierto posee un carácter encantador, estando en armonía con la sombría media luz de la madrugada.

GOLONDRINA BARRANQUERA

Attícora cyanoleuca

Arriba azul lustroso oscuro; cañones y plumas de la cola negros; mejillas y superficie inferior blanco puro; costados del cuello color azul que desciende en medias lunas a los lados del pecho; largo 12 centímetros.

Esta diminuta especie de plumaje oscuro, es la más pequeña de nuestros Hirundínidos. Aparece en Buenos Aires a principios de septiembre, llegando antes que las cuatro especies descriptas en primer término, pero siendo precedida por la Golondrina común de cejas blancas. Son aves barranqueras, que anidan en huecos y madrigueras abandonadas, pues ellas nunca cavan en la tierra. En consecuencia no se las ve mucho alrededor de las habitaciones humanas. A veces encuentran los huecos para anidar en los barrancos de los arroyos o, en distritos cultivados, en los lados de las zanjas y aun en las pendientes de los pozos. Pero si sólo estos sitios fueran convenientes para depositar sus huevo, no seria, como es en realidad, una de las especies más comunes. pues en las pampas llanas la mayoría de los cursos de agua tienen bordes pantanosos o, a lo sumo, barrancas bajas y con suaves declives. Pero los hábitos cavadores de otros dos animales -la Vizcacha (Lagostomus maximus) el gran roedor común de las pampas, y la curiosa avecita llamada Minera (Geositta cunicularia)- han provisto por doquier a las Golondrinas de abundantes sitios de cría en las llanuras, aun en los lugares en donde no hay arroyos u otras irregularidades en la lisa superficie del suelo.

La Minera cava su agujero a los lados de la gran cueva de la Vizcacha y, en este hueco dentro de otro hueco, la Golondrina pone sus huevos y cría sus pichones, siendo huésped de la Vizcacha de la que depende tanto como la Tacuara y la Golondrina doméstica dependen del Hombre, de modo que, cuando en primavera, esta especie regresa a las llanuras, las vemos en las poblaciones de las Vizcachas.

Allí viven y pasan el día jugando alrededor de las cuevas, del mismo modo que la Golondrina de cejas blancas lo hace alrededor de nuestras casas. Para un extranjero en las pampas, una de estas poblaciones con sus incongruentes aves y habitantes mamíferos, debe resultar un espectáculo curioso al anochecer. Antes de la puesta del sol, las grandes Vizcachas machos se sientan gravemente a la entrada de su gran madriguera, alrededor de la cual se ve siempre correr, por el espacio vacío que la rodea, una o dos parejas de Mineras, sus pequeños y pardos inquilinos alados. A intervalos se paran a descansar, moviendo con lentitud sus colas arriba y abajo, emitiendo a veces su agudo grito parecido a una risa. A menudo, una pareja de Lechucitas de las vizcacheras vive también en la población, ocupando una de las cuevas más pequeñas que está fuera de uso.

Alrededor de ellas revolotean media docena de Golondrinas, que parecen polillas crepusculares con largas alas negras. Sin embargo no es una familia muy feliz, pues las Lechuzas siempre sisean y hacen chasquidos si la Vizcacha se acerca mucho, mientras que las Golondrinas nunca se reconcilian con las Lechuzas, sino que se mueven sin cesar a su alrededor, protestando por su presencia con notas largas y quejumbrosas.

El nido está hecho con pasto seco revestido con plumas y se halla ubicado en el extremo de la larga cueva derecha y cilíndrica. Contiene cinco o seis huevos blancos y puntiagudos. Nunca he visto que estas aves peleen con las Mineras para tomar posesión de las cuevas, pues estas industriosas avecitas se construyen una nueva cada primavera, de modo que siempre hay casas suficientes para las Golondrinas. Después que los pichones han volado , se amontonan todos juntos en las malezas o en la cima de un cardo, y los padres continúan alimentándolos durante varios días.

La Golondrina barranquera de pecho blanco es inferior a otras especies en tamaño esplendor del plumaje y en lenguaje. Su único canto es una sola nota débil y trémula, muy prolongada, que el ave repite con mucha frecuencia mientras vuela.

Su voz tiene un sonido triste y monótono, y hasta en los momentos en que está muy excitada y alarmada, como en los casos en que se acerca un zorro o un halcón, sus notas no son ni mas fuertes ni más penetrantes. Cuando vuelan, planean muy pegadas a tierra, y con frecuencia se posan a descansar en el suelo, lo que es contrario a la costumbre de las otras Golondrinas. Como otras especies de esta familia, posee el hábito de volar de acá para allá delante del caballo de los viajeros, a fin de cazar las polillas crepusculares que se alzan del pasto. Una persona que cabalga en las pampas, tiene por lo general un cierto número de Golondrinas que vuelan a su alrededor. A menudo he pensado que había más de cien delante de mi caballo, pero es imposible contarlas debido a la rapidez de sus movimientos. Con frecuencia he notado que me seguían individuos de las cuatro especies más comunes; pero luego de la puesta del sol, cuando las otras especies han olvidado las herbosas llanuras abiertas por el abrigo de árboles y casas, la diminuta Golondrina de pecho blanco continúa ofreciendo su compañía al viajero. En estos momentos, como se deslizan en la oscuridad del anochecer, conversando entre sí en tonos bajos y trémulos, tienen una apariencia particularmente tristona semejando, en las grandes llanuras, pequeños vagabundos sin hogar.

Cuando se acerca la época de emigrar, comienzan a congregarse en grupos no muy grandes, aunque a veces se ven hasta cien o doscientos individuos juntos. Estos grupos pasan la mayor parte del tiempo posados juntos en malezas, árboles bajos, cercas u otros sitios de escasa altura. Prestan poca atención a cualquier persona que se aproxime y parecen preocupadas o agobiadas por algún inconveniente que no tiene origen visible.

La época que precede a la partida de las Golondrinas es, en realidad, de gran interés para el observador de la naturaleza. Las aves, en muchos casos, parecen olvidar la unión de los sexos y sus cantos y recreaciones aéreas. Comienzan a sentir las advertencias de ese maravilloso instinto que las empuja de aquí y que no es todavía un impulso irresistible, sino un sentimiento vago de inquietud.

Pero su influencia se manifiesta en su lenguaje y gestos, el modo salvaje de volar y sus intervalos indiferentes.

La pequeña Golondrina de pecho blanco desaparece inmediatamente después que la Golondrina negra doméstica. Muchas rezagadas se siguen viendo después de la partida del grupo principal, pero la migración de esta especie es muy regular y antes de mediados de marzo no queda ninguna.

CARDENAL AZUL

Stephanophorus leucocephalus

Azul oscuro uniforme; casquete blanco plateado con una pequeña costra carmesí arriba de la frente; largo 17,5 centímetros. Hembra menos brillante.

Esta hermosa ave es una de las tres especies de Tangara (o Tangará) que se extienden, al Sud, hasta Buenos Aires. Las Taugaras, sin embargo, son una familia numerosa (Tanágridos) que comprenden alrededor de cuatrocientas especies, la mayoría de las cuales se ve restringida a las regiones boscosas de Centro y Sud América, comprendidas entre los trópicos. Constituyen una familia americana cercanamente relacionada con los Fringílidos. Esta relación es tan íntima, por lo menos en uno de los géneros, que resulta difícil a los naturalistas ubicaría en su verdadero lugar es decir, en la familia de los Fringílidos o en la de los Tanágridos. En forma y tamaño se asemejan bastante a los Pinzones europeos, pudiéndose decir de la mayoría que es tan grande como el Pinzón amarillo o el de los cereales. Pero en el colorido difieren mucho de sus parientes -por lo menos de la familia de la cual suponemos que proviene. Hay muchos Fringílidos de colores brillantes, pero salvo unas pocas excepciones, no igualan en este respecto a los Tanágridos. Otra diferencia consiste en que, aunque poseen una vestimenta más brillante, son menos musicales. No han olvidado del todo que son aves cantoras: en cierto modo, todos cantan, pero es raro encontrar una especie que tenga un canto que sea comparable, en belleza, al de los mejores cantores de la familia de los Fringílidos.

Azara dio a los Tangaras el nombre genérico de Lindos, llamando a esta especie "Lindo azul cabeza blanca". Todo el plumaje es de un color azul oscuro muy hermoso, con excepción de un casquete de plumas blanco plateado en la cabeza y una mancha carmesí en la frente, que semeja una gota de sangre.

En Buenos Aires es un ave estival. Aparece en primavera en los montes que bordean el Río de la Plata y por lo general se lo ve solo o en pareja.

Construyen el nido en un árbol a tres o cuatro metros del suelo; es poco profundo y está revestido de pasto seco y suave. La hembra pone cuatro huevos blancos salpicados de rojo oscuro. Durante la incubación, el macho se agacha escondiéndose en el espeso follaje cercano, divirtiéndose con su canto. Su hazaña consiste en parlotear notas inconexas, emitidas en un tono tan bajo que le hace a uno suponer que está tratando de recordar alguna melodía que ha olvidado, o empeñado en construir una nueva, lanzando al azar gran variedad de sonidos Sin embargo, nunca sale de este estado poco satisfactorio y sólo debe ser admirado por su hermoso colorido.

La segunda de las tres especies que conozco es el Frutero azulejo, Tanagra sayaca, cuyo entero plumaje es de un pálido azul glauco. Unas pocas de estas aves emigran hacia el sur hasta Buenos Aires, y se las ve en pequeños grupos de cuatro o cinco en los montes de las orillas del Plata. A modo de canto el macho emite una serie de agudos chillidos.

La tercera especie es el Naranjero azul y amarillo, Tanagra bonariensis. El plumaje es de un rico azul en la parte superior y amarillo brillante abajo. La hembra es verde oliva arriba y color ante abajo. También esta especie visita Buenos Aires en pequeños números en primavera (octubre). Ambos sexos tienen un reclamo largo y agudo. El macho posee un canto compuesto de una sucesión de sonidos como los balidos de un cabrito.

Hay once especies más de Tangaras en Argentina y todas ellas están confinadas a la parte norte del territorio.

REINA MORA CHICA O AZULEJO

Guiraca glaucocaerulea

Azul glauco uniforme; alas y cola negruzcas con las plumas ribeteadas de azul claro; largo 14 centímetros.

En Argentina, los Fringílidos ascienden, más o menos, a cincuenta especies.

La mayoría pertenece a formas peculiares del Nuevo mundo, siendo la principal excepción el género Chrysomitris que tiene, tal vez, el mayor alcance entre los Fringílidos. Por mis observaciones personales, yo sólo puedo hablar de quince especies.

El Azulejo era, para mí, un ave rara cuyos sólido pico y rico plumaje azul le dan una apariencia en extremo interesante. Tengo poco que decir relativo a sus costumbres pues es en esencia, un ave de los bosques silvestres, acercándose rara vez a la morada del hombre y como es, sobre todo, de disposición tímida, resulta difícil observarla aun en sus dominios. Es migratorio; por lo general se lo ve solo, en pareja o bien en grupos de cuatro o cinco individuos. El macho canta, pero su actuación es una mera melodía confusa de notas parloteadas, emitidas en un tono tan bajo, que apenas pueden oírse a unos doce metros de distancia.

Otra especie de Guraca, La Reina mora, G. Cyanea, se encuentra en la provincia norteña de Catamarca.

CORBATITA

Spermophila caerulescens

Arriba marrón humo pálido; frente y preorbitales negros; abajo: parte superior de la garganta negra con una raya blanca a cada lado; parte anterior del cuello blanca; ancha faja negra a través del pecho; abdomen y cobijas inferiores de las alas blancas; largo 12 centímetros. Hembra, marrón oliva pálido; abajo más claro teñido de ocre.

Esta especie es un visitante estival de Buenos Aires. Es uno de los últimos en llegar y de los primeros en partir. Siempre abundan más en las plantaciones, prefiriendo los durazneros, pero no se asocian en bandadas. Son en extremo rápidos y activos, desbordando vida y energía. Sus notas y movimientos impetuosos le sugieren a uno que siempre está en un estado de violenta excitación. El macho tiene un fuerte chirrido que alarma. Posee también un canto compuesto de ocho o diez notas emitidas con tal vehemencia y rapidez que se atropellan unas con otras y suena más como alarido que como canto. No hay arquitecto más inteligente que esta especie y mientras muchos otros pájaros trabajan laboriosamente para mostrar como un avecita puede levantar una mansión de astillas tan firme, el Corbatita ha resuelto con éxito el problema de construir el nido más perfecto con la menor cantidad posible de materiales y que, al mismo tiempo, sea liviano, resistente y simétrico. Es una pequeña estructura en forma de copa, suspendida como si fuera una hamaca y de modo muy inteligente, de dos delgadas ramas derechas a las que se halla bien atado con pelos y lazos finos. Esta hecho de raíces delgadas, fibrosas de color pálido, entretejidas con ingenio, siendo a veces reemplazadas por crin de caballo rojizo o de colores claros. Se emplea tan poco material, que una persona parada debajo de un árbol, puede contar con facilidad los huevos a través del fondo del nido.

Su aparente fragilidad es, sin embargo, su mejor protección contra los rapaces ojos de las aves y mamíferos que hacen su presa en los huevos y pichones de las avecitas, pues resulta difícil descubrir esta ligera construcción a través de la cual el sol y la lluvia pasan con tanta libertad. Este nidito en forma de canasta es tan liviano que puede colocarse en la mano abierta y ser quitado de ahí soplando, como si fuera paja; pero al mismo tiempo es tan resistente, que un hombre puede colgarse de él, sin romperlo. Pone tres huevos blancos, salpicados de negro, aunque a veces manchas castaño azuladas se mezclan con las negras.

En Argentina se encuentran otras dos especies de Spermophila-S. palustris y S. melanocephala.

CARDENAL

Paroaria cucullata

Arriba gris claro; alas y cola gris oscuro; cabeza, cresta y garganta escarlata brillante, extendiéndose el escarlata hacia abajo hasta el pecho; abajo blanco puro; largo 20 centímetros.

Esta bien conocida especie es, tal vez, la más hermosa de las que posee Argentina. El plumaje superior es en su totalidad gris claro, la superficie inferior blanco puro, pero su gloria principal es su cresta la que, con la parte anterior de la cabeza y garganta, es del más vivo escarlata. El canto tiene poca variedad pero es remarcablemente fuerte ese tono que la mayoría de la gente admira en sus enjaulados preferidos, tal vez porque al que escucha le parece que el cantor está contento de ser prisionero. Como pájaro de jaula, este Fringílido goza de extraordinaria popularidad. Cualquier extraño en Buenos Aires, viendo el gran número que exponen a la venta los comerciantes de aves en los mercados de esta ciudad, debe pensar que un Cardenal en una jaula es considerado parte necesaria del menaje de todas las casas del país. Tal gran provisión de aves enjauladas proviene del sud del Brasil, Paraguay y la parte noroeste del territorio argentino, en donde los Cardenales son más abundantes y se reúnen en grandes bandadas. Por lo general no se los caza con trampas, sino que se los toma del nido mientras son pichones; debido a esto es que, la mayoría de las aves, cuando se las expone a la venta por primera vez, tienen un plumaje imperfecto.

El Cardenal, en estado salvaje, se encuentra hacia el Sud, hasta en la provincia de Buenos Aires, en donde escasea. Anida a fines de octubre; construye un nido poco profundo hecho de ramitas, zarcillos de vides y crin de caballo. Pone cuatro huevos color blanco o teñido de marrón pálido o verduzco, salpicados con marrón en forma más densa en el extremo más grande.

El Cardenal sin copete, P. capitata, común en Bolivia y Paraguay, también se encuentra en el norte de Argentina.

MONTERITA

Donacospiza albifrons

Arriba gris amarillento con la espalda rayada de negro; cobijas más pequeñas de las alas gris claro; cobijas más grandes y barbas negras; cabeza como la espalda; mejillas grisáceas; raya del ojo y superficie inferior color ante; largo 15 centímetros.

El cuerpo delgado, el gran largo de la cola y el tono del plumaje, semejante al de la vegetación seca y marchita, llevan con facilidad a confundir este Fringílido con un Synallaxis, en los sitios en donde estas aves abundan.

Las encontré en los montes pantanosos y lechos de cañas de las orillas del Plata, pero es un ave tímida y rara en Buenos Aires. La seguí, esperando oírle emitir un canto o alguna nota melodiosa, pero sólo tiene un pequeño pudo. Sin embargo, como el conocimiento que de ella tengo es tan escaso, no estoy en condiciones de decir si es el miembro silencioso de una familia con voz.

SIETE VESTIDOS

Poospiza nigrorufa

Arriba negro con un ligero tinte oliva; raya del ojo de un pálido amarillo paja; dos plumas externas de cada lado de la cola terminadas de blanco; abajo castaño vivo; cobijas inferiores da la cola color pálido; largo 4,5 centímetros. Hembra: arriba no tan oscura como en el macho; abajo color ante pálido rayado de negro.

Este pequeño cantor de voz dulce, aparece en Buenos Aires a fines de septiembre.

Es común en los campos, abundando en los arbustos y árboles dispersos. Por el rojo vivo del pecho y oscuro plumaje de la parte superior, tiene alguna semejanza con el Petirrojo inglés sólo que tiene una línea amarillo paja muy visible arriba del ojo. También su voz, en dulzura y pureza de tono, se parece a la del Petirrojo pero el canto, compuesto de seis notas invariables, es emitido a cortos intervalos de una manera deliberada y seria, resultando monótono. Nunca se ven más de dos aves juntas. Se alimentan en el suelo, en sitios húmedos. El macho, con frecuencia, busca una percha para cantar. Hacen el nido en el suelo, o bien en un arbusto cerca de la tierra. Los huevos son de color azulado pálido manchados, de modo irregular, con negro o marrón muy oscuro, y en algunos casos oscurecidos con un gris claro.

En Argentina se encuentran seis especies más de Poospiza, hallándose todas ellas en las regiones del norte.

El nombre general inglés de Fringílidos canoros (Warbling Finches), fue ideado, para este grupo, por el ya desaparecido doctor P. L. Sclater y, aunque yo lo mantengo aquí, no estoy muy convencido de que sea el más apropiado. Sólo conocemos el canto de una de las siete especies argentinas -el Siete vestidos- y su canto no es exactamente un gorjeo en el sentido en que usamos la palabra al referirnos a la hazaña del Cerrojo de jardín, la Alondra, el Reyezuelo del sauce y otras especies europeas.

YAL

Phrygilus fruticeti

Gris con diminutas marcas negras en la cabeza y cuello y rayas más anchas en la espalda; cobijas mayores y alas negras con una banda blanca a través de las cobijas; cola negra; abajo: garganta y parte superior del pecho negros, débilmente salpicados de gris; parte baja del pecho y vientre grises con unas pocas pintas negras; pico amarillo; patas color carne; largo unos 18 centímetros. Hembra gris oscuro sin la garganta y el pecho negros.

Este Fringílido es común en las cuestas orientales de los Andes, llegando al norte, hasta Perú. También se encuentra en el distrito de Mendoza y a través de la Patagonia. Abunda mucho en el Río Negro, en especial en las inmediaciones de las poblaciones del Carmen (Carmen de Patagones), pues como el Chingolo y otras especies de Fringílidos, es afectado beneficiosamente por los cultivos. Aunque no posee tonos brillantes, es un ave muy bella, armoniosa, de forma elegante, de movimientos vivaces y graciosos. Cuando se le acercan emite una serie de sonidos bajos parecidos a un tic-tac y, a intervalos, un chillido largo y peculiar. El canto del macho es muy agradable, pareciéndose mucho al de la Cachila (Anthus correndera). Por lo general se posa en una ramita cerca del suelo; a intervalos vuela a una altura de diez o veinte metros y emite su canto mientras planea con lentitud hacia abajo, con las alas deprimidas y la cola abierta. Canta durante todo el año. Cuando el tiempo es claro, se la oye todo el día, pero en los días fríos, nublados o húmedos sólo se la escucha después de la puesta del sol, cuando se retira a descansar. En la época de calor vive en parejas; en Otoño se une en bandadas de doscientos o trescientos individuos y tienen un vuelo fuerte y ondulado.

En Argentina hay cinco especies más de Phrygilus.

CARDENAL AMARILLO

Gubernatrix cristatella

Arriba verde oliva claro, con la espalda marcada con unas pocas rayas negras; cuatro plumas del medio de la cola negras ribeteadas de oliva; todas las otras amarillo brillante con extremo oliva; superciliares y parte baja de la cabeza amarillo brillante; corona, cresta y garganta negro aterciopelado, extendiéndose el color negro hasta el pecho; abajo amarillo con una tonalidad verde olivo en el pecho y los costados; largo 20 centímetros. Hembra de colores menos brillantes, con blanco en la cabeza en los sitios donde el macho es amarillo; pecho gris.

El Cardenal amarillo es uno de los Fringílidos argentinos más hermosos. Es un ave vivaz y graciosa, encantadora con su traje amarillo y negro, y con una voz fuerte y musical. Por desgracia, estas cualidades han hecho de él uno de los favoritos para estar enjaulados. Los pichones son muy buscados en las florestas del norte de Argentina y Paraguay, y sacados del nido para ser educados con destreza. En Buenos Aires es algo raro. Es un visitante estival llegando en parejas o pequeñas bandadas. Su canto se compone de cuatro o cinco notas de gran poder y dulzura.

DIUCA

Diuca minor

Gris claro; cabeza, cuello y espalda débilmente lavados de marrón; alas negruzcas con las plumas ribeteadas de gris; plumas de la cola negras salpicadas de blanco en las barbas internas; abajo blanco con la parte superior del pecho gris; un parche castaño vivo en los flancos; largo 16 centímetros. Hembra similar pero menos brillante.

Este pequeño Fringílido gris y blanco, es común en el lado chileno de los Andes, a través de Patagonia y también en Mendoza. Es un ave armoniosa, vivaz, sociable y juguetona. En otoño e invierno se reúne en bandadas de cincuenta a trescientos o cuatrocientos individuos. De vuelo ligero, mientras vuela le encanta perseguir a sus compañeros y trabarse en una lucha aparente. El canto del macho es muy agradable; la voz tiene más profundidad y melodía de la que es común en los pequeños Fringílidos cantores los que, por lo general, poseen notas finas, agudas y trémulas. En verano comienzan a cantar muy temprano, aun antes que sea visible la más leve indicación de la llegada del día. En esta hora silenciosa y oscura, el canto puede oírse a gran distancia Y suena maravillosamente dulce e impresionante. Durante la época de frío, cuando viven en grupos, el momento de cantar es al atardecer. Las aves están reunidas en algún árbol o arbusto de espeso follaje al que han elegido como sitio de descanso invernal. Este canto de los atardeceres de invierno es un gorjeo apurado, emitido de modo distinto a la nota serena del macho que se oye en las mañanas estivales. Poco después de la puesta del sol la bandada irrumpe en un concierto que dura vanos minutos, cuya intensidad disminuye y aumenta en forma alternada y durante el cual resulta casi imposible distinguir las notas de los individuos. Luego sigue un intervalo de silencio, después del cual el canto se reanuda de pronto, terminando también de una manera súbita. Por una hora después de la puesta del sol y cuando todos los demás cantantes tardíos, como el Mimus, hace rato que se han callado, este espasmódico canto caprichoso continúa. Cercanos a una casa del Río Negro en donde pasé varios meses, había tres grandes chañares en los que una multitud de Diucas acostumbraba descansar y nunca dejaron de cantar al atardecer, por más frío y lluvioso que el tiempo estuviese. Eran tan amantes de esta encantadora costumbre que cuando me aproximaba a los arbustos o permanecía directamente debajo de ellos, la alarma causada por mi presencia interrumpía la exhibición sólo por unos pocos minutos, y reanudaban enseguida su canto de nuevo, mientras se perseguían sin cesar entre el follaje, a menudo a medio metro de mi cabeza.

Darwin dice que los huevos son puntiagudos, ovalados, de un verde sucio pálido, muy salpicados de marrón sucio claro. Estas manchas se unen y forman un solo color en el extremo más ancho.

CHINGOLO

Zonotrichia pileata

Arriba gris parduzco rayado de marrón negruzco; una raya blanca va del ojo a la nuca; entre la raya y el gris de la corona, negro; estrecho anillo castaño alrededor del cuello ensanchándose en un gran parche a los lados del pecho, este parche está bordeado de negro en su parte inferior; abajo blanco ceniciento; largo 14 centímetros. Hembra de color más oscuro y un poco más pequeña.

El Chingolo es similar al Gorrión común, familiar y favorito de una gran porción del continente sudamericano. Darwin dice que "prefieren los lugares poblados, pero que no han alcanzado el grado de domesticidad del Gorrión inglés, al que se asemeja en hábitos y apariencia general". Como se cría en los campos, tampoco es muy confiado con 4 hombre, pero su aspecto es como una copia refinada del corpulento Gorrión inglés. Tiene un tinte más delicado, siendo la garganta castaña en lugar de negra; la cabeza más pequeña y mejor proporcionada, con la distinción de una cresta que baja y eleva en todos los ángulos, para expresar los distintos sentimientos que afectan su ocupada cabecita.

El Chingolo se ve rara vez en las desiertas pampas sin árboles; pero en dondequiera que el hombre construye una casa y planta un árbol, aparece enseguida a ofrecerle compañía; mientras que en los distritos cultivados y muy poblados, es abundante en exceso. En los campos y plantaciones de los alrededores de Buenos Aires forman verdaderos enjambres. Estrictamente hablando no son gregarios, pero en donde hay alimento que los atraiga, o un seto que los abriga en un día frío y ventoso se los ve con frecuencia congregar de a cientos en un lugar. Sin embargo, cuando se los molesta, estas bandadas accidentales se rompen de inmediato y las aves se dispersan en diferentes direcciones.

El Chingolo es un cantor constante. Su canto comienza con el alba, en primavera, y continúa hasta el atardecer. Es muy corto; está compuesto de un preludio chirriado formado de cuatro notas largas, tres emitidas con una voz fina y delgada y la última es un gorjeo. Repiten este canto a breves intervalos, mientras el ave permanece inmóvil posada en el disco de una flor de cardo, la cima de una caña u otra elevación. En las claras mañanas primaverales, en los sitios en que los Chingolos abundan, todo el aire está lleno con su delicada melodía. Lo que sí, uno debe hacer una pausa y escuchar antes de llegar a enterarse de que dicha melodía existe, pues de otra manera no se notará debido a su carácter delicado y etéreo, ya que las numerosas notas no se mezclan sino que flotan como si en realidad fueran, sueltas y desimanadas, meros artificios sutiles de sonidos que impresionan los sentidos de una manera muy débil. Durante la noche cantan también con frecuencia y en estos momentos, oscuros y silenciosos, su pequeña melodía suena extrañamente dulce y expresiva.

Los Chingolos se aparean a fines de septiembre. En esta época sus batallas son frecuentes pues son muy belicosos. Hacen el nido bajo un cardo o una mata de pasto en una depresión del suelo, de tal manera que el tope del nido está a un mismo nivel con la superficie de la tierra. El nido, en su mayor parte, se halla hecho y revestido de crines de caballo. Pone cuatro o cinco huevos azul pálido y muy salpicados de marrón sucio. A veces, aunque no con mucha frecuencia, se encuentra un nido en un arbusto o poste, algunos metros del suelo. Crían dos nidadas por estación: la primera es en octubre, la segunda, en febrero o marzo.

Yo he conocido aves que anidaron en abril o mayo y estos nidos tan tardíos escaparon al castigo de los huevos parásitos. Cuando alguien se acerca al nido, el Chingolo no emite ningún sonido, sino que se agacha en muda ansiedad, con la cola extendida y las alas caídas.

En Argentina hay tres especies más de los encantadores Chingolos: Zonotnchia . Una de ellas, el Chingolo patagónico, Z. canicapilla, encontré que abunda mucho en Bahía Blanca y en el Río Negro. En apariencia y hábitos no se los distingue del Chingolo, pero se diferencia ligeramente en el canto, que no posee el trino final.

JUAN CHIVIRO DE LAS PATAS

Embernagra platensis

Arriba gris oliva oscuro rayado de negruzco; alas de un sedoso verde oliva con las barbas internas de las plumas negras; combas de las alas amarillas; plumas de la cola verde oliva oscuro; abajo gris, vientre color ante; pico rojo brillante; largo 22 centímetros.

En ambos sexos, el plumaje de este Fringílido es semejante. Arriba es de un verde oliva oscuro, abajo, gris, siendo el pico de un delicado rojo brillante.

En Argentina esta ave es más común en las florestas litorales a lo largo del Plata pero se extiende, hacia el sud, hasta el Río Negro, en Patagonia. No emigra ni se reúne en bandadas Los sexos son fieles, el macho y la hembra están siempre juntos y parecen ser muy afectos a la mutua compañía. Tienen un chillido o grito fuerte, agudo y alarmante, que sale del ave con la misma rapidez con que lo hace el estornudo de un hombre. Posee también un canto confuso y poco melodioso, que siempre me recuerda al de un Gallipavo por su apuro, vehemencia y sonido peculiar. No son tímidos, pero cuando alguien se les aproxima se agachan moviendo sus colas y emitiendo fuertes chillidos como si estuvieran muy excitados. Su vuelo es muy curioso: el ave sube de pronto con la cola derecha, las largas patas colgando como las de una Gallineta y avanza con una serie de movimientos irregulares, abriendo y cerrando las alas con violencia. Anida en el suelo, bajo el pasto, escondiendo su nido tan bien que dudo de que el parásito Molothrus (Tordo o Renegrido) lo encuentre alguna vez. Nunca he visto que los pichones del Molothrus lo siguieran pidiéndole alimento.

Por lo general las avecitas comedoras de semillas se ven beneficiadas con la presencia del hombre. Es debido a esto que nuestro Zonotrichia común y otros Fringílidos se han vuelto en exceso numerosos en los distritos más densamente poblados. Sin embargo, con el Juan Chiviro de las pajas ha pasado justo lo contrario. Desde que conozco a esta especie, ha ido desapareciendo de muchas localidades en las que antes abundaba. El nombre que Azara da a esta especie, Habiá de Bañado, significa que es un ave de los pantanos, pero aunque ahora se la encuentra principalmente en lugares pantanosos, antes fue bastante común en toda la región de las pampas, antes que las grandes llanuras fueran pobladas por europeos. La naturaleza ha protegido mal a esta ave contra las especies rapaces, pues tiene un pico rojo muy visible, el hábito de posarse en las plantas altas y otras elevaciones, una voz fuerte e impetuosa que atrae la atención y el vuelo débil y excéntrico que invita a la persecución. Es esencial para su seguridad que, en los campos abiertos que frecuenta, tenga una densa capa de pasto en la cual se pueda sumergir a la menor señal de alarma. Pero en los sitios en donde se introdujo el ganado, los pastos originarios de las pampas que reunían las condiciones necesarias desaparecieron, dando lugar a los suaves y perecederos pastos, tréboles y cardos europeos. En los lugares en que tuvieron lugar estos cambios, el ave no pudo escapar a sus enemigos y pronto desapareció, mientras que muchas especies de los Dendrocolaptinae, que habitan las mismas regiones, se han salvado por su protector colorido poco llamativo, sus agudos cuerpos en forma de cuña y rápidos movimientos por el suelo, parecidos a los de un ratón. En los lugares pantanosos de las pampas, en los que abundan largos pastos acuáticos y lechos de cañas, el Juan Chiviro de las pajas aún subsiste; pero de su antiguo habitat en las abiertas llanuras herbosas, en donde una vez abundó, ha desaparecido por completo.

 


 


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