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CAPITULO 7 Hornero Bandurrita común Meneacola Siete cuchillas Arañero Chicli Todavoz Choto Trepadorcito Coludo boliviano Coludo Garganta amarilla Coludo de Patagonia Cola aguda Coludo enano Leñatero Pajera pico curvo Añumbi rojo Coperote HORNERO Furnarius rufus Arriba marrón terroso, con un ligero tinte leonado; plumas del ala negruzcas; ribeteadas de marrón claro; secundarias externas marrón claro, como la espalda; cola y cobijas superiores de la cola marrón ferruginoso claro; abajo blanco; pecho, flancos y cobijas inferiores del ala, marrón arena pálido; superficie inferior del ala con una ancha barra color arena, a través de la porción basal; largo de 20 a 22,5 centímetros. El Hornero es una especie perfectamente bien conocida en la Argentina y, cuando se la encuentra, es una gran favorita, debido a su familiaridad con el hombre, su voz fuerte, tintineante y animosa, y su hermoso nido de barro, que prefiere edificar cerca de una habitación humana, a menudo en una cornisa, una viga sobresaliente o en el mismo techo de la casa. Es una avecita fornida, con el pico delgado y apenas curvo, de cerca de 2,5 centímetros, y con fuertes patas convenientes a sus hábitos terrestres. El plumaje de la parte superior es un color marrón leonado uniforme, más claro en la cola. Se extiende a través de la República Argentina, llegando, hacia el Sud, hasta Bahía Blanca. Por lo general se lo llama Hornero o Casera; en Brasil, Joáo dos barrios, o John Clay (Juan Arcilla), según la traducción de Richard Burton. En Paraguay y Corrientes es Alonzo García o también Alonzito, el cariñoso diminutivo. Azara, ese razonable naturalista, perdiendo su imaginación por un instante, dice, solemnemente: ¡que no puede dar razón por tal nombre! El podría haber encontrado la razón en su propio país, en Europa, en donde de muchacho, conoció la vida salvaje de las aves y en donde un ave que inspira una afectuosa admiración en la gente de campo, a veces es designada con nombre de persona. Por lo general, es nombre cristiano, como en el caso de nuestro Robin, en Inglaterra, que es llamado Peter en Noruega, y nuestro Jack tenemos varios Jack- y nuestra Margaret o Mag, y nuestra Peggy y Kitty y Jenny. El Alonzo García ha sido favorecido especialmente, pues tiene nombre y apellido. Los lugareños con frecuencia me han asegurado que el Hornero es un ave religiosa y que siempre suspende su trabajo los domingos y los días sagrados. Es residente; se aparea por toda la vida y encuentra su alimento, que consiste en larvas y gusanos, sólo en el suelo Goza de los sitios abiertos, en donde puede moverse por el suelo con libertad. Siente predilección por los patios, limpios caminos de los jardines, etcétera, donde con la cabeza echada hacia atrás y el pecho saliente, se pavonea con aires de gran gravedad, alzando mucho su pata a cada paso y manteniéndola en el aire por un momento, antes de asentarla con firmeza en el piso. Una vez vi uno volar a un estrecho tablón de alrededor de tres metros de largo, que yacía en el pasto húmedo. Caminó con gravedad hasta el final del tablón, luego dio vuelta y, con deliberación, caminó hasta el Otro extremo, repitiendo esto unas veinte veces, y pareciendo sentir el mayor placer en el mero acto de pasear por una superficie lisa y plana. Cuando se lo molesta, el Hornero emite una nota fuerte y monótona de alarma o curiosidad, que siempre atrae a todos sus compañeros que la oyen. Siempre se saben los movimientos de un zorro, comadreja o gato en una arboleda, por el ruidoso tumulto que se produce entre los Horneros. El macho y la hembra se encuentran a frecuentes intervalos durante el día, y expresan su alegría con un concierto de notas claras, resonantes; hábito común a numerosos Dendrocolaptinae, inclusive, creo, todas aquellas especies que se aparean por toda la vida. En la mayoría de las especies, esta exhibición vocal constante, meramente, en una sucesión de notas o gritos confusos, emitidos con gran espíritu y énfasis; en el Hornero, se ha desarrollado en una especie de canto armonioso. Así, la primera de las aves, ante la aparición de su pareja en el lugar de encuentro, emite notas fuertes y medidas, a veces un trino continuo con un sonido algo metálico y profundo; pero inmediatamente después del encuentro, esta introducción se cambia en rápidos tresillos, que se acentúan con fuerza en la primera y última nota, mientras que la segunda ave emite una serie de notas fuertes y medidas, que están en perfecto acuerdo con los tresillos del primero. Mientras cantan así, permanecen parados uno enfrente del otro, con los cuellos extendidos, las alas colgando y las colas abiertas, temblando la primera por las rápidas emisiones de voz y la segunda golpeando la rama con las alas. El final consiste en tres o cuatro notas emitidas por la segunda ave sola, y volviéndose sucesivamente más fuertes y penetrantes, hasta terminar. Hay una variedad infinita en el tono en que cantan las distintas parejas, así también como en el orden en que las diferentes notas son emitidas y aun la misma pareja no repite su dúo de la misma manera; pero siempre es rítmico y, en cierto grado, una hazaña armoniosa y como las voces tienen un carácter tintineante y alegre, producen un efecto agradable sobre la mente. En épocas favorables, el Hornero comienza a edificar en otoño, y el trabajo es reanudado durante el invierno, cada vez que hay un periodo de tiempo tranquilo y húmedo. Algunas de las construcciones son terminadas a principios de invierno, otras, en cambio, sólo lo son en primavera, dependiendo todo del tiempo y de la condición de las aves. No trabajan para nada durante el tiempo frío y seco, o cuando el alimento escasea. El lugar elegido es una firme rama horizontal o la cima de un poste, eligiendo también con frecuencia el techo de una casa; y a veces, aunque esto sucede rara vez, el suelo. El material usado es barro, con el agregado de pelo de caballo o delgadas raicillas fibrosas, que hacen la construcción más dura y le evitan romperse. A menudo he visto un ave, ocupada en construir, tomar primero una hebra o pelo, luego llevarlo a un charco en donde lo trabajaba convirtiéndolo en una pelotita de barro del tamaño de una avellana, para cargarlo hasta el nido. Una vez terminado, el nido tiene, por afuera, el aspecto de un horno de panadero, sólo que con una entrada más profunda y estrecha. Siempre se halla en un sitio muy visible, con la entrada en frente de un edificio, si es que hay uno cerca, o si está al lado de un camino, mira hacia éste. La razón de esto es, sin duda, el hecho de que, mientras construye su nido, el ave no pierde de vista a la gente que se halla cerca, y por ello deja el nido abierto e inconcluso de ese lado hasta el final, y ahí queda por fuerza, la entrada. Cuando la obra ha alcanzado su forma globular con sólo una estrecha abertura, la pared de un lado es curvada hacia adentro, alcanzando el suelo desde la cúpula, quedando una abertura en la extremidad inferior, para permitir el paso de! ave al interior o segunda cámara, en donde pone los huevos. La mano humana llega con facilidad a la primera cámara o cámara de entrada; pero no puede torcerse tanto como para alcanzar los huevos de la cavidad interior, pues la entrada es muy pequeña v está muy alta. El interior está revestido con suave pasto seco. El ave pone cuatro huevos blancos con forma de pera. El horno tiene 30 centímetros o más de diámetro; a veces es muy pesado, pesando de 4 a 4,5 kilogramos y tan fuerte que salvo que se caiga por el vaivén de la rama, a menudo permanece ileso durante dos o tres años. Las aves incuban por turno y cuando una regresa de tomar su alimento, lanza sus fuertes notas, con lo cual, la que se encuentra en el nido se apura para unírsele en alegre coro y luego se aleja, mientras que la otra ocupa su lugar sobre los huevos. Los pichones son muy locuaces, y cuando sólo tienen unas pocas plumas, se los oye practicar trinos y dúos en su seguro horno, con voces agudas y trémulas, que cambian en el usual grito de hambre de los pichones, cada vez que los padres entran con alimento. Después de dejar el nido, los jóvenes y los adultos viven juntos por dos o tres meses, criándose sólo una pollada por año. Todos los años hacen un nuevo nido, y más de una vez he visto un segundo nido construido encima del primero, cuando éste había sido ubicado ventajosamente, como ser en una saliente y contra una pared. Una cosa muy curiosa sucedió en la estancia de un vecino mío en Buenos Aires, una primavera. Una pareja de Horneros había construido su horno en el extremo de una viga que salía de la pared de un rancho. Cierta mañana una de las aves amaneció apresada en una trampa de acero, que se había puesto la noche anterior para las ratas, con ambas patas aplastadas arriba de la rodilla. Al ser liberada, voló y entró en el horno, en donde, sin duda, se desangró hasta morir, pues no volvió a aparecer. Su compañera permaneció dos días llamándola sin cesar, pero no había en el lugar otras aves de su clase, y al fin, desapareció. Tres días después regresó con una nueva compañera, y de inmediato, los dos comenzaron a acarrear bolas de barro, con las que taponaron la entrada. Después de esto, construyeron un segundo nido, usando el sepulcro del ave muerta, como cimiento, y allí criaron sus pichones. Mi vecino, un viejo nativo, había observado las aves desde el momento que habían comenzado el primer nido, sintiéndose muy interesado en sus diligencias, y pensando que su presencia era un buen agüero. No resulta extraño que, después de ver la sepultura de la que había muerto, quedó más convencido que nunca que los Horneros son "aves piadosas". BANDURRITA COMUN Upucerthia dumetaria Arriba marrón terroso; raya larga superciliar ocre pálido; alas negruzcas, con una ancha barra canela transversal; cola negruzca, rectrices laterales salpicadas de canela claro; abajo blanco sucio; blanco claro en la garganta y medio del vientre; plumas del pecho ribeteadas de negruzco; cobijas de abajo del ala, canela claro; pico color cuerno oscuro; pálido en la base; patas color cuerno; largo 22,5 centímetros. Estas aves son comunes en Patagonia, en donde son residentes. Sin embargo, algunos individuos emigran hacia el Norte en verano, y yo una vez obtuve una pareja, macho y hembra, cerca de la ciudad de Buenos Aires, en el mes de junio. Sus patas son cortas, pero en el suelo sus movimientos son muy rápidos y como la Caminera del Este (Geositta), ya descripta, vuelan con lentitud, prefiriendo escapar corriendo cuando una persona se acerca a caballo o a pie, y en estas ocasiones parecen Chorlitos pigmeos, con un extravagante pico largo. Son activas, vivaces, viven en parejas, uniéndose a veces en bandadas pequeñas, diseminadas. Prefieren lugares donde crecen arbustos aislados en un suelo seco, estéril y tienen un vuelo bajo y veloz. Cuando vuelan, emiten con frecuencia una nota aguda, trinante y repetida con rapidez, semejante a una risa en su sonido. En maneras, vuelo, lenguaje y colorido, se asemeja a la pequeña Geositta cunicularia, de pico corto, y como esta especie, también anida en hondos huecos en los barrancos; pero no puedo decir si excava el agujero en que anida o toma posesión de uno ya hecho. Durnford la encontró anidando en un hueco de 1,20 metros de profundidad, en las barrancas de una laguna seca. El nido era de pasto seco y estaba revestido con pelos de un roedor. Contenía tres huevos blancos. MENEACOLA Cinclodes fuscus Arriba marrón terroso oscuro; supraorbitales y superciliares blancuzcos; alas negruzcas con una ancha barra transversal canela; plumas externas de la cola negruzcas, muy salpicadas con blanco canela claro; abajo ceniza pálido con un tinte canela; garganta blanca ligeramente salpicada de negruzco; pico y patas color cuerno; largo 18 centímetros. Esta pequeña especie casera, se diferencia mucho de la mayoría de los Dendrocolaptinae, en color y hábitos. Su apariencia no es muy llamativa, pues es de un tono leonado oscuro uniforme. Habita Patagonia, pero es migratoria, poseyendo, lo que es raro en esta familia, un vuelo poderoso. En invierno es común en las pampas y el distrito del Plata, extendiéndose, al Norte, hasta el Paraguay. Siempre se la encuentra cerca del agua, siendo su lugar de caza favorito las orillas de un arroyo. En el suelo, sus movimientos son rápidos y vivaces pero, cuando se posa en un árbol, permanece inmóvil en una posición y cuando intenta un movimiento, parece que perdiera el equilibrio. Si se habla estrictamente, a estas aves no se las puede llamar gregarias, pero en los sitios en donde abundan, les gusta reunirse en bandadas dispersas, que a veces comprenden de 200 a 300 individuos. Cuando se asocian así, son muy juguetonas, persiguiéndose entre sí mientras emiten un trino agudo. Durante los días cálidos de invierno, a veces se las oye en un intento de canto, proyectándose verticalmente hacia lo alto, en el aire, y lanzando, con gran energía, un confuso torrente de sonidos nada melodiosos. Sus hábitos, mucho menos tranquilos y notables, en contraste con los de la mayoría de los miembros de esta familia, se deben, sin duda, al vuelo poderoso que posee el Cinclodes. SIETE CUCHILLAS Phloeocryptes melanops Arriba, frente marrón, coronilla negruzca; anchas superciliares blanco anteado; mitad superior de la espalda negra; marcada con unas pocas rayas grises; parte inferior y rabadilla, así como los lados del cuello y espalda, marrón claro; alas negruzcas, moteadas de castaño claro en las cobijas; y una ancha banda del mismo color, ocupando la mitad basal de las plumas del ala; cola negruzca, las dos plumas del medio gris pardusco, las otras ligeramente salpicadas del mismo color; abajo blanco, más o menos teñido en la garganta, flancos y cobijas inferiores de la cola, de marrón pálido; cobijas de abajo del ala, leonadas; largo 14,5 centímetros. Esta es una de las pocas especies estrictamente migratorias de la familia de los Dendrocolaptinae. Es probable que inverne en el Sud del Brasil, pues en las regiones del Norte del territorio argentino, se dice que es un visitante estival. En las pampas, aparece en septiembre, y de golpe, se vuelve abundante en los lechos de juncos que crecen en el agua, que es el único sitio en donde se lo encuentra. Sin duda la migración es muy extensa, pues en primavera lo encontré en grandes cantidades en los lechos de juncos del valle del Río Negro, y Durnford lo halló más al Sud, en el río Sanguelen (Senguer), tributario del Chupat (Chubut). Las aves migratorias son, por regla general, muy poco dadas al vagabundaje, es decir, que no traspasan mucho los limites del pequeño soto, lecho de cañas o terreno del cual hacen su casa veraniega, y esta especie no constituye una excepción en ese sentido. Pasa la época de calor recluida en su lecho de juncos y, cuando se la molesta, vuela con gran lentitud, aleteando débilmente hasta una distancia de unos pocos metros, para luego descender de nuevo entre los juncos, en apariencia incapaz de un vuelo sostenido. Resulta un gran misterio el hecho de cómo un ave de vuelo tan poco resistente y hábitos tan retraídos, puede realizar una larga migración anual, durante la cual, al atravesar vastos tramos de campo abierto, está en gran peligro de caer en las garras de especies rapaces. No hay duda de que muchos mueren durante la travesía, pero existe esta circunstancia en su favor: un increíble número de aves de diversas clases, muchos de ellos tan débiles y expuestos al ataque, como el Phloeocryptes, emigran en forma simultánea. Los Halcones se encuentran diseminados a lo largo de su ruta, y por lo general, estas aves se alimentan sólo una o dos veces por día, siempre que las comidas sean suficientes para llenar sus estómagos, de modo que mientras el Halcón está inactivo, digiriendo su comida, miles de viajeros han adelantado ya en su viaje, y están, para siempre, fuera de su alcance. El Siete cuchillas se aventura muy pocas veces fuera de su lecho de juncos, pero en ocasiones, se lo ve alimentándose en el pasto y en las hierbas, a pocos metros del agua. Su lenguaje es peculiar, consistiendo en una larga nota parecida a la de la cigarra, seguida de una serie de sonidos semejantes a ligeros golpes sobre un pedazo de madera seca. Frecuenta los mismos sitios que el pequeño Siete colores (Cyanotis azarae) y estos vecinitos, siendo por igual curiosos, cada vez que una persona se acerca a los juncos, es frecuente que emerjan juntos de entre ellos, emitiendo unos sonidos parecidos a golpes y chirridos de madera, y el otro, a un líquido que gotea: un avecita marrón y una con muchos colores brillantes, ambas en diferentes tonos, pidiendo conocer la causa de la intrusión. El nido es una construcción maravillosa, atada, por lo general, a tres tallos rectos. Tiene forma de cúpula, ovalado, de alrededor de 22,5 centímetros de profundidad, y la pequeña abertura circular que está cerca de la cúspide, se halla protegida por una saliente en forma de tejado. Está hecho de hojas de pastos duros que, en apariencia, están primero untadas con arcilla húmeda y luego entrelazadas con ingenio, con el agregado, según me parece, de una especie de mucilago. Una vez terminado, el nido es liviano, pero muy resistente e impermeable a la humedad. Hasta que los juncos se marchitan y caen, el nido permanece unido a ellos y seguro, y en invierno constituyen un refugio salvo y confortable para las pequeñas ranas de los juncos o de las cañas, que a veces en número de tres o cuatro se encuentran viviendo juntas en un nido. El interior está bien revestido con plumas. Pone tres huevos con forma de pera y de color azul claro, muy hermoso, en ocasiones con un ligero tinte verdoso. Abunda tanto en los pantanos extensos que, en muchas ocasiones, durante paseos de medio día, encontré de 40 a 50 nidos, hallándose a veces, hasta doce o más juntos. Pero nunca saqué más de tres huevos de un nido. Menciono esto, pues he visto que algunos dicen que han encontrado cuatro o cinco huevos. Creo que ninguno de los que lea esto imaginará que robé todos los huevos contenidos en tantos nidos. No cometí tal barbaridad, aunque es posible que "este fuera de moda" el decir eso; pero no simpatizo con la posesión destructiva e inútil de coleccionar huevos. Torciendo hacia abajo los flexibles juncos, se pueden hacer rodar los huevos hasta las manos; y todos los que yo tomé de este modo, fueron devueltos a sus hermosas cunas. Yo tenia un objetivo especial al examinar tantos nidos. Un gauchito me había llevado una vez un nido que contenía un taponcito circular, hecho de la misma manera que el resto del nido, atado al lado de la abertura, a la que se adaptaba tan perfectamente como la tela de la tramposa araña se adapta a la madriguera. No tengo ninguna duda de que se usaba para tapar el nido, cuando el ave salía, tal vez para evitar la intrusión de las ranas de las cañas o de otra avecita; pero nunca encontré otro nido como éste, ni tampoco oí hablar de que alguien encontrara otro semejante. Ese nido, con su tapón que se adaptaba perfectamente, ha sido un rompecabezas para mi, desde que lo vi. ARAÑERO Leptasthenura aegithaloides Arriba marrón terroso pálido; coronilla negra, rayada de marrón claro; preorbitales, lado de la cabeza y garganta blancos, con diminutos puntos negros; alas negruzcas, bordes de las barbas externas de las primarias y parte basal de las secundarias marrón leonado claro; cola negra, rectrices laterales terminadas y ribeteadas de gris claro; abajo gris claro; garganta blanca; largo 17 centímetros. Esta es una avecita inquieta, que se ve sola o en grupos de tres o cuatro. En modos y aspecto, se asemeja al Paro de cola larga (Parus), pues con diligencia busca pequeños insectos en los árboles y arbustos, a menudo colgando con la cabeza para abajo, a fin de explorar la superficie inferior de una hoja o ramita y, mientras se ocupa de esto, emite sin cesar una notita áspera y quejumbrosa. No son migratorios, pero en invierno parecen errar muchísimo de un sitio a otro; y en Patagonia, en la época del frío, los he visto con frecuencia unidos en bandadas de 30 a 40 individuos y asociados con numerosos Synallaxis de otras especies, en especial con el S. sordida, avanzando todos juntos a través de la espesura, explorando con cuidado todos los arbustos que hallaban en su camino. D'Orbiguy dice que hacen su nido de raicillas y musgos, ubicándolo en un arbusto; pero en los sitios en que yo lo he observado, siempre lo construye en el hueco de un árbol, o usa el de alguna otra ave; con frecuencia, la construcción arcillosa del Hornero. Pero en Patagonia, donde no se conoce al Hornero, elige casi siempre el del Synallaxis sordida, al que conduce gran cantidad de materiales suaves -pasto blando, lana y plumas- para volver a revestir la cavidad. Pone de 5 a 6 huevos blancos y puntiagudos. CHICLI Synallaris spixi Arriba, coronilla marrón; preorbitales y costados de la cabeza ceniza oscuros; parte trasera del cuello, espalda, así como las plumas del ala y de la cola, marrón olivas; cobijas superiores de las alas castañas; abajo, ceniza oscuro, que se vuelve blancuzco en el vientre; garganta negruzca; cobijas inferiores de las alas castaño leonado; largo 17 centímetros. Me agrada el nombre que Azara le dio: Chicli, el que, para el que conoce los hábitos de esta especie y de las siguientes, parece muy apropiado, sugiriendo, como yo me imagino que hace, una pequeña criatura que posee un áspera nota de dos sílabas. Aunque Hartlaub, en su Nomenclatura de Azara, da la S. ruficapilla, como la especie correspondiente al nombre de Cichlí, la narración de sus hábitos, hecha en Pájaros del Paraguay, parece señalar al S. spixi o al S. albescens. Azara dice: "Le doy este nombre, porque lo canta con claridad en tono alto y agudo, oyéndose de muy lejos, y repitiéndolo de modo que las pausas no duran más que los cantares. Es estacionario (en Paraguay) y solitario sin abundan Habita entre los caraguatás o áloes y matorrales espesos, sin subir jamás a dos varas de altura, ni dejarse ver a descubierto. Está en movimiento continuo, sin salir a los campos, ni internarse en bosques grandes, y sin duda come arañas e insectos. Sus vuelos se reducen a pasar de un matorral a otro inmediato; y aunque no conoce esquivez, es difícil verle en sus guaridas, y al oírle se figurará el que no le conozca que está en lo alto del árbol ó matorral, cuando se halla al pie entre la ramazon ó caraguatás." Esta costumbre de esconderse con tanto cuidado, me inclina a pensar que esta especie, más bien que S. albescens, era el ave descripta por Azara, aunque en ambas especies el lenguaje es casi el mismo. No tengo nada que agregar al relato de Azara, excepto que en la época del celo, esta especie tiene un cantito bajo, de extraño sonido, emitido de manera distinta a su estridente grito acostumbrado. Cuando canta, permanece inmóvil en la cima de un matorral bajo, en actitud abatida con la cabeza caída y murmurando a intervalos de medio minuto, su pequeña melodía. TODAVOZ Synallaxís albescens Arriba, frente gris, coronilla castaño claro; costados de la cabeza y cuello, espalda y cola marrón terroso pálido; cobijas de arriba de las alas, castaño claras; plumas de las alas marrón oliva; abajo blanco con un débil tinte marrón terroso; cobijas de abajo de las alas amarillo rojizas; largo 13 centímetros. Esta especie, aunque no abunda de ningún modo en Buenos Aires, se encuentra con mucha más frecuencia que el S. spixi, al que se asemeja mucho en tamaño, color, hábitos y lenguaje. Es en realidad algo muy poco usual, el que dos especies tan cercanamente emparentadas, se encuentren habitando el mismo distrito. En ambas aves los colores están dispuestos del mismo modo; pero el tinte castaño del S. albescens, no es tan profundo, los marrones y grises son más pálidos, y hay menos negro en la garganta. Estoy casi seguro de que en Buenos Aires es migratorio, y tan pronto llega en primavera, anuncia su arribo por su reclamo áspero, persistente y de dos sílabas, asombrosamente fuerte para un ave tan pequeña, y que repite a intervalos de 2 a 3 segundos durante el periodo de media hora, sin interrupción. Cuando se lo toma en la mano, es casi tan lastimero como el chirriante canto de la Cigarra. Este lastimero ruido es emitido mientras el ave permanece escondida entre el follaje de un árbol, se renueva a frecuentes intervalos y continúa todos los días hasta que el Todavoz encuentra pareja, momento a partir del cual se vuelve silencioso. Ubica el nido en un bajo arbusto espinoso, a veces a sólo sesenta o noventa centímetros del suelo. Es una construcción oblonga, hecha de palitos, de 30 a 35 centímetros de profundidad, con la entrada cerca de la cima, a la que se llega por un pasaje tubular hecho de astillas delgadas, de 15 a 17,5 centímetros de largo. Desde la cima del nido, un curvo pasaje conduce a la cavidad que está cerca del fondo, y que se halla revestida con pastito menudo. Pone nueve huevos de forma de pera, y color blanco azulado. Encontré muchos nidos con nueve huevos, y por eso deduje que ése era el número de la nidada, aunque confieso que me parece muy sorprendente que ponga tantos huevos. Cuando alguien se acerca al nido, los padres permanecen silenciosos y escondidos a cierta distancia. Cuando tocan o sacuden el nido, los pichones si ya poseen casi todas sus plumas, tienen la singular costumbre de abandonarlo y, saltando al suelo, se esconden en el pasto. No tengo ninguna duda de que los hábitos de esta especie varían mucho en los distintos distritos, siendo también probable que esta diferencia exista en el número de huevos que ponen. Barrows, excelente observador, dice que pone tres o cuatro huevos azul claro. Lo encontró en Concepción, en la parte Norte de la República Argentina, y escribe que: "es una especie abundante en las cerca, espinosas, o entre los macizos de arbustos enanos y espinosos, que se aferran entre sí con tanta tenacidad, entre la general desolación de la esterilidad arenosa". Los nidos que él describe, se diferencian también en algunos detalles de los que yo ví. El dice: "La entrada es ganada por el ave a través de un largo tubo que está construído sobre el nido, en un punto que se halla en la mitad de arriba del costado. Este tubo está hecho por el entrecruzamiento de ramitas espinosas, y es sostenido por las ramas y ramitas que están encima de él. Puede ser recto o curvo; su diámetro externo varia de 5 a 10 centímetros y su longitud de 30 a 60 centímetros. El pasaje mismo, es lo suficientemente ancho como para permitir el paso de un ave a la vez, y siempre ha sido un misterio para mi cómo un ave del tamaño del Gorrión puede encontrar su camino a través de uno de estos delgados tubos erizados de espinas, y a lo largo del cual me resultó difícil hacer pasar una ramita delgada y lisa, a más de 12,5 a 15 centímetros. Además ellos no sólo entran y salen con facilidad, sino que lo hacen con tanta facilidad, que hasta ahora nunca me ha sido posible descubrir uno en el nido, o en él ver la menor perturbación producida por la rápida salida del ave." Esta ave tiene una amplia extensión en Sud América. Salmon observó sus hábitos reproductivos en Antioquía, Colombia. Allá también, el ave varía la forma de su nido, haciéndolo tan grande como el de una Urraca inglesa, y techando la cima con una masa de grandes hojas, para protegerlo de las fuertes lluvias. El dice que los huevos son de un azul verdoso muy pálido, casi blancos; pero no indica el número. CHOTO Synallaxis phryganophila Arriba, frente marrón, coronilla castaña, superciliares blancas; costados de la cabeza, cuello, espalda y cola marrón leonado pálido, con anchas estrías negruzcas en el cuello y espalda; cobijas superiores de las alas castaño claras. plumas de las alas negruzcas, con las barbas externas ribeteadas de marrón leonado claro; abajo, mitad superior de la garganta amarillo azufre, mitad inferior negra con un parche blanco a cada lado del negro; pecho y vientre blancuzcos con un ligero tinte marrón terroso, apenas leonado en el pecho y flancos; cobijas inferiores de las alas blanco leonadas; largo 21 centímetros. Esta hermosa ave no es común en ninguna parte del territorio argentino, siendo excesivamente escasa en Buenos Aires. Es bastante grande para un Synallaxis, alcanzando su largo total a los 22 centímetros. Las dos plumas del medio de la cola hendida, exceden en mucho a las otras en longitud, midiendo 12,5 centímetros. El plumaje es marrón pálido, manchado de leonado; la coronilla y cobijas de las alas son leonadas. La belleza del ave reside en su garganta, que tiene tres colores muy contrastantes, distinguiéndolo de todos los otros Synallaxis. En el ángulo del pico, el colorido es amarillo azufre, debajo del cual hay un parche de negro aterciopelado y a cada lado del amarillo y negro, una mancha de un blanco puro. Barrows tiene la interesante nota siguiente relativa a sus hábitos reproductores: "Un nido conteniendo cuatro huevos blancos, con un débil tinte azul, fue encontrado en un árbol espinoso, a unos 2,40 metros del suelo. El nido era bastante igual al ya descripto (del S. albescens), pero la cavidad en la que se hallaban los huevos, se encontraba cerca de la cima del nido, mientras que el tubo descendía desde ella, hasta la base del nido, desde donde se volvía externo, elevándose en forma gradual hasta nivel de los huevos, a una distancia de casi 90 centímetros." TREPADORCITO Synnallaxis striaticeps Arriba marrón terroso; mas oscuro en la coronilla en la que hay estrías gris claras; anchas superciliares blancas; cobijas superiores de las alas castaño claras; plumas de las alas negruzcas con lustre oliva; cola castaño clara; abajo blanco; cobijas inferiores de las alas amarillo rojizo claro; largo 15 centímetros. Esta especie tiene una amplia distribución al Sud del Ecuador, encontrándosela en Bolivia, Uruguay y a través del territorio argentino, inclusive Patagonia. En sus hábitos se diferencia mucho de otros Synallaxis, ocurriendo lo mismo con su estructura y colorido. El pico es más largo y curvo, las garras más curvas y la cola más tiesa que en otros Synallaxis, y la diferencia en estructura corresponde a un modo de vida de vida distinto. El Trepadorcito trepa en el tronco y las ramas más grandes de los árboles buscando los insectos de los que se alimenta, en los huecos de la corteza. Cuando se lo ve colgando del tronco, soportado por su cola en una posición vertical, con la cabeza echada hacia atrás y adelantando hacia arriba por medio de saltos cortos y rápidos, parece un pequeño Picolaptes, lo que sí con el pico más corto. O podría ser tomado por un visitante europeo, por un pariente muy cercano del Certhia familiaris. Es muy inquieto; mientras busca insectos emite sin cesar un trino corto y quejumbroso. Construye un nido abierto en la horqueta de una rama, empleando pastos suaves y pelos; lo reviste con plumas y pone cuatro o cinco huevos de un blanco puro. COLUDO BOLIVIANO Synallaxis modesta Esta especie se asemeja tanto a la que sigue, en tamaño y color marrón terroso oscuro que, cuando se la ve en las espesuras, resulta imposible distinguirlas. También en costumbres parecen semejantes; pero esta ave es, yo creo, menos retraída, pues la he visto asociada con otras especies de Synallaxis. Sin embargo, al comparar ambos ejemplares, es fácil separar esta ave del S sordida, observando el colorido de las rectrices externas, que son negras, con un ribete exterior leonado, en lugar de ser totalmente leonadas. COLUDO Synallaxis sordida Arriba marrón terroso; plumas de las alas marrón negruzcas, con las partes basales marrón castañas, formando una barra transversal; cola negruzca, con las tres rectrices externas y la barba externa de la cuarta rectriz a cada lado, de un marrón castaño pálido; abajo marrón terroso claro, más claro en el vientre y con una mancha amarilla rojizo claro en la garganta; cobijas inferiores de las alas canela pálido; largo 17 centímetros. Esta especie que, al observarla con detención, se distingue enseguida del S. modesta por la ausencia de color negro en los tres pares exteriores de plumas de la cola, se extiende desde el extremo Norte de la República Argentina hasta Patagonia, donde es bastante común, encontrándosela siempre en lugares secos en los que abunda la vegetación espinosa. No emigra; vive con su pareja en los arbustos espinosos, pero no trata de esconderse y pasa mucho tiempo posada en la cima de uno de ellos, en donde el macho, en primavera, emite a intervalos un reclamo claro y gorgojeante. Se asemeja mucho al Phacellodomus ruber (Añumbí rojo) en su disposición inactiva, movimientos deliberadamente lentos y lenguaje, acercándose también a esta especie por su nidificación. El nido es una gran construcción de astillas, de 45 a 60 centímetros de largo, ubicado derecho entre las ramitas de la cima de un arbusto. Desde la cima en la que se halla la entrada, un pasaje tortuoso conduce a la cámara en la base del nido. Esta cámara se halla recubierta con suave pasto seco y plumas. Pone cuatro huevos de un blanco puro. GARGANTA AMARILLA Synallaxis sulphurifera Arriba marrón ligeramente oliva; alas negruzcas; cobijas más pequeñas del ala, márgenes de las cobijas grandes de las alas y barbas externas de las mitades inferiores de las plumas de las alas castaño claro; plumas de la cola marrón castañas, con los extremos muy alargados y puntiagudos; abajo blanco, garganta y pecho moteados de gris; mancha en el medio de la garganta amarillo azufre; flancos con un tinte marrón; comba del ala cobijas inferiores de la cola amarillo rojizas; largo 16 centímetros. Esta especie que fue descripta por primera vez por el profesor Burmeister, por ejemplares obtenidos cerca de Buenos Aires, la encontré en los pantanos a lo largo del Río de la Plata; así también como en el Río Negro, en Patagonia, en donde, sin embargo, es rara. Habita los densos lechos de totoras y juncos que crecen en el agua, en donde también se encuentra el Limnornis curvirostris (Pajera de pico curvo). Se asemeja mucho a esa especie en lenguaje, colorido y en el pico casi largo y curvo, agudas garras, cuerpo fuerte y corto y cola tiesa. Es sedentario, se aparea por toda su vida; y vive siempre bien escondido en el lecho de espesos juncos que eligió. Cuando una persona se acerca a su escondite las dos aves trepan a la cima de los juncos, protestando con peculiares notas fuertes, airadas y que parecen una matraca. El Limnornis, que también se aparea por toda su vida, tiene precisamente el mismo hábito. Durnford describe el nido, que encontró en un lecho de juncos, como una construcción de pastos circular o en cúpula, con la abertura a un lado. Los huevos son blancos. COLUDO DE PATAGONIA Arriba marrón tierra grisáceo; plumas de las alas marrón negruzcas, con la mitad basal de las secundarias de un marrón muy claro, formando una banda transversal; cola negruzca, ribeteada de marrón grisáceo; barba exterior de la pluma externa de cada lado, marrón pálido; abajo ceniciento, con una mancha negruzco oscura en la garganta; vientre y flancos color ante oscuro; cobijas de abajo de las alas canela; largo 15 centímetros. Esta oscura avecita que se encuentra en Patagonia y también cerca de los Andes en las provincias del Noroeste argentino, es una de esas especies que se diferencia mucho en sus hábitos, de los típicos Synallaxis. El cuerpo es fuerte; la cola, cuadrada y corta, es llevada verticalmente, como en la Tacuara. El Coludo de Patagonia es residente en el distrito del Río Negro. Es una avecilla silenciosa, tímida y solitaria, que vive en el suelo, buscando su alimento como un Cachalote (Homorus). Sin embargo como es débil y pequeño, no merodea las raíces de los árboles y grandes arbustos, como el más grande y poderoso Homorus, sino que se mantiene bajo las diminutas plantas achaparradas en los lugares estériles y abiertos. En las raíces de estos arbustitos que parecen alambres, de sólo 30 a 45 centímetros de altura, busca pequeños insectos. Cuando se lo molesta tiene un vuelo débil y espasmódico, que lo lleva a una distancia de unos 20 metros. Vuela con gran lentitud pero cuando se le acercan corre velozmente, dejando a la persona en duda de si ha visto un ratón o una oscura avecita. La única nota que le oí emitir es un débil chirrido cuando está alarmado o vuela. COLA AGUDA Synallaxis hudsoni Arriba marrón leonado, moteado de negro, estando cada pluma manchada con una gran mancha negra; en la parte superior de la espalda, las plumas están débilmente ribeteadas de gris blancuzco; alas negruzcas, con las mitades basales de las plumas marrón claro, formando una barra transversal, mientras que las porciones terminales están ribeteadas apenas, en las barbas terminales, de ocre, teniendo pintas del mismo color; cola negruzca, con el par externo de rectrices y anchas manchas de los dos pares siguientes a cada lado, marrón muy claro, las dos plumas del medio con ambas barbas ribeteadas de marrón grisáceo claro; abajo marrón ocre pálido, con una mancha amarillo azufre claro en la garganta; flancos con unas pocas manchas negras; cobijas inferiores de las alas canela claro; largo 19,5 centímetros. Este Synallaxis, que Sclater nombró en mi honor, es el representante argentino del S humicola de Chile. Es común en las pampas. A veces es llamado por los gauchos, Tíru-ríru del campo, debido a la semejanza, en el plumaje superior y el lenguaje con el Anumbius acuticaudatus, que es llamado Tíru-ríru, en imitación de su reclamo. El agregado de "del campo", significa que es un ave de los campos abiertos. Se encuentra sólo en las pampas herbosas; nunca se posa en los árboles; en sus hábitos es algo parecido a una Cachila, confundiéndoselo por lo general, con una de ellas, cuando se lo ve por primera vez. Es común en las pampas, encontrándose también en Córdoba, Uruguay y Patagonia. Es residente, solitario, en extremo tímido y cauteloso en sus movimientos. Vive siempre en el suelo, entre los altos pastos y cardos. A veces su curiosidad sobrepasa su timidez, lanzándose tres o cuatro metros hacia arriba y, moviendo la cola, permanece unos instantes en el aire con el pecho vuelto al intruso, emitiendo agudas notitas de alarma, después de lo cual, se deja caer en el suelo y desaparece en el pasto. Esta es una costumbre común a la mayoría de las Cachilas. Cuando se lo espanta, tiene un salvaje vuelo en zigzag, y después de alcanzar una considerable altura en el aire, se lanza de nuevo hacia abajo con asombrosa velocidad, volviendo al mismo sitio de donde salió. Sin embargo, es incapaz de un vuelo sostenido, y después de haber sido espantado dos o tres veces, rehúsa elevarse de nuevo. En primavera, el macho se posa en la cima de un cardo u otra ligera elevación, y a intervalos regulares emite una especie de canto o reclamo agradable y melancólico, que puede oírse bien a una distancia de mil metros. Ese canto consiste en cuatro notas claras, largas y lastimeras, que aumentan en fuerza y terminan en un trino débil. Cuando alguien está cerca, permanecen silenciosos, y dejándose caer en el suelo, se esconden en el pasto. Debajo de uno o un conjunto de cardos, excava un ligero hueco en el suelo, encima del cual construye una cúpula de fino pasto seco, dejando una pequeña abertura arqueada como la puerta de un horno de panadero. El lecho está revestido con estiércol seco y reducido a polvo. Pone cinco huevos romos, de un color ante muy pálido. El interior del nido es tan pequeño que cuando los cinco pichones tienen plumas, parecen estar empaquetados muy juntos, de tal modo, que resulta difícil concebir cómo la madre entra y sale. El nido siempre está escondido de modo muy astuto y, a menudo, he pasado varios días buscando en un parche de cardos dónde las aves habían anidado, sin poder encontrarlo. Relativo a las costumbres de esta especie, diré algo más en el relato del Chimango, Milvago chimango. COLUDO ENANO Synallaxis maluroides Arriba, frente y medio de la coronilla castañas; parte posterior de la cabeza, cuello y espalda marrón leonado claro, muy manchado con saetas negras longitudinales; preorbitales blancas; alas negruzcas, las plumas ribeteadas de ocre pálido; parte basal de las secundarias marrón muy pálido, formando una barra transversal; cola marrón castaño claro, las dos plumas del medio con una ancha mancha negra en la barba interna; abajo blanco; pecho y flancos con un tinte marrón claro, salpicados de diminutas manchas marrón oscuro; cobijas inferiores de las alas blancas; largo 15 centímetros. D'Orbiguy descubrió a esta pequeña especie de Synallaxis. cerca de la ciudad de Buenos Aires, pero no narró sus costumbres. Abunda en las pampas como la especie recién descripta, pero en hábitos se parece a un Troglodytidae del género Cistothorus más que a una Cachila, prefiriendo los lugares húmedos en donde hay exuberancia de pastos y hierbas. Las alas son muy cortas, y el vuelo tan débil, que el ave rehúsa elevarse aun después de una persecución de cien o doscientos metros. Sin embargo, no estoy en condición de decir que no emigra, pues he encontrado que en primavera se vuelve abundante de pronto, mientras que, en la estación fría, rara vez se lo ve. Es solitario; en primavera se posa en un cardo o estaca, emitiendo, a cortos intervalos, su canto o reclamo parecido al de un saltamontes. El nido es una construcción de pastos, ligera y abierta, revestido con unas pocas plumas, ubicado en un montón de pastos o cañas. Los huevos son de color blanco puro. LEÑATERO Anumbius acuticaudatus Arriba marrón terroso; frente castaña; superciliares blancas; cabeza, cuello y espalda manchados con estrías negras; primarias negruzcas; secundarias marrón castaña claro; cola negra, todas las plumas con excepción del par del Centro, muy salpicadas de crema; abajo marrón ocre pálido; garganta blanca, bordeada a cada lado con numerosas manchas negras; largo: 21 centímetros. Esta es una especie común y muy bien conocida a través del territorio argentino hasta Patagonia, así también como en Uruguay y Paraguay. Se lo llama Espinero, Tíru-ríru, en imitación de su nota, y Añumbí (nombre guaraní); pero su nombre más conocido es Leñatero, debido a la cantidad de astillas que recoge para construír nidos. Es residente en Argentina y forma pareja por toda su vida. A veces, los pichones permanecen con sus padres por un periodo de tres a cuatro meses. Toda la familia anda junta, se alimenta en compañía y descansa en el viejo nido. El nido y el árbol en el que se halla ubicado, son un lugar favorito durante todo el año. Aquí las aves permanecen posadas mucho tiempo, repitiendo a intervalos un canto o reclamo, compuesto de cuatro o cinco fuertes chirridos semejantes a un tic tac, seguidos por un largo trino. Buscan su alimento exclusivamente en el suelo, donde se mueven con cautela, llevando el cuerpo horizontal y buscando insectos con atención. Cuando se los molesta, se dirigen con apuro a su refugio acostumbrado, batiendo con rapidez sus débiles alas y abriendo la ancha cola hendida, como un abanico. Cuando el macho y la hembra se encuentran en su nido, después de una corta separación, cantan juntos, como si se regocijaran por estar reunidos. Pero se separan muy pocas veces, y Azara dice que cuando uno incuba, el otro se para a la entrada del nido y que cuando uno regresa al nido con alimento para los pichones, el otro lo acompaña, aunque no haya encontrado nada para llevar. Para edificar, el Añumbí elige un árbol aislado en un lugar abierto, y prefiere un árbol enano con muy escaso follaje; pues las ramitas salientes y las hojas obstaculizan al trabajador cuando acarrea astillas. Esta es una tarea muy trabajosa, pues las astillas son grandes y el vuelo del ave es débil. Si el árbol es de su agrado, no importa que esté muy expuesto a los vientos, o cerca de una habitación humana, pues el ave es por completo indiferente a la presencia del hombre. Con frecuencia he visto un nido en un árbol de sombra o de adorno, a 9 metros de la entrada principal de una casa. También a menudo, he visto varios en las altas y rectas estacas de un corral de caballos, trabajando con tranquilidad, mientras un grupo de caballos medio salvajes arremetían contra el corral, debajo de ellos, perseguidos por hombres con lazos. El Leñatero usa grandes astillas para construir, y deja caer muchas, tantas que con frecuencia se podría llenar una madriguera con las que yacen debajo del árbol. La astilla caída no es alzada de nuevo, pues el ave no puede elevarse verticalmente con su carga y, yo supongo, que no es tan inteligente como para levantar la astilla caída, llevarla a 30 metros del árbol y luego volar en dirección oblicua. En consecuencia, se aleja en busca de otra nueva. Cuando encuentra una de su agrado, la toma con cuidado por el medio, y llevándola como un balancín, regresa al nido en donde, si sucede que uno de los extremos tropieza contra una ramita saliente, cae como la primera. El ave no se desanima, sino que, después de una breve entrevista con su compañera, vuela animosamente en busca de más madera. Durnford escribe maravillado por la predilección que demuestra por anidar sobre álamos, en Buenos Aires, y dice que en un árbol alto, el nido a veces se halla de 15 a 18 metros del suelo. El ave casi siempre se eleva con una astilla a tal distancia del árbol como para que le sea posible llegar justo al nido, pero a veces le falla y se posa algo lejos, viéndose obligado a trepar por las ramitas con su astilla en el pico. El atribuye la elección del alto álamo a la ambición; pero el Añumbí tiene, en realidad, un motivo más simple. En el rico suelo de Buenos Aires, todos los árboles tienen superabundancia de follaje, y sólo en el delgado álamo lombardo, se puede ubicar el nido en un lugar al que el ave pueda llegar con su carga, sin tropezar con largas ramas salientes. El nido del Añumbí es de alrededor de 60 centímetros de profundidad y de 25 a 30 centímetros de diámetro. Se halla en una posición oblicua entre las ramas. La entrada se encuentra en la cima, un pasaje curvo o en espiral, conduce al extremo inferior, donde se encuentra la cámara de reproducción. Esta está revestida con lana y pasto suave. Pone cinco huevos blancos, que varían mucho en forma, siendo algunos más puntiagudos que otros. El nido, como es una residencia tan segura y confortable, es muy deseado por otras varias especies, que lo buscan para reproducirse; pero de esto ya he hablado en el relato del género Molothrus. Cuando se los priva de su nido, comienzan en seguida a construir otro; pero, muy a menudo, sin haber sido arrojados del primero, construyen un segundo nido, demoliendo a veces el primero a fin de usar los materiales. Yo observé una pareja construir tres nidos antes de poner huevos; otra pareja hizo dos y después que el segundo estuvo completo, regresaron al primero, en donde decidieron quedarse. En un árbol, a veces, se ven dos o tres nidos a la vez, y Azara dice que él vio hasta seis. Barrows observó esta ave en Concepción, en donde es muy común, y escribe que en este distrito el nido en ocasiones es de 1,20 metros de largo. con un diámetro aproximado de 60 centímetros, y que, en algunos casos, el mismo nido es usado por varias estaciones sucesivas; también que a veces, se unen varios nidos, siendo todos ocupados al mismo tiempo. PAJERA PICO CURVO Limnornis curvirostris Arriba marrón leonado, más brillante en la rabadilla; preorbitales y superciliares blancos; alas y cola marrón castaños; abajo blanco; flancos y cobijas inferiores de la cola marrón claras; cobijas inferiores de la cola blancas; largo 17 centímetros. Esta especie se encuentra por todos los lugares pantanosos de lo parte Este de la República Argentina, siendo también común en Uruguay, en donde Darwin la descubrió. Habita los densos lechos de juncos que crecen en el agua, y no se encuentra en ningún otro lugar. Se aparea por toda la vida; su vuelo es débil; vuela con gran lentitud; pero vive siempre bien escondida en un sitio. Sin embargo, es muy curiosa, y cuando alguien se acerca, ambas aves trepan a la cima de los juncos y emiten fuertes notas chirriantes, peculiares y parecidas al sonido de una matraca, como si protestaran con ira contra la invasión. Tiene cuerpo fuerte, cola corta que disminuye en forma gradual, garras fuertes y un delgado pico curvo de 2 centímetros de largo. El plumaje de la parte superior es marrón, la cola leonada, el de la parte inferior y una mancha arriba del ojo son blancos. AÑUMBI ROJO Phacellodomus ruber Arriba marrón olivo; frente castaña; coja castaño amarronada; abajo blancuzco; garganta, pecho y flancos con un tinte y manchas marrón rojizo brillante; cobijas inferiores de las alas y márgenes internos de las plumas de las alas canela brillantes; largo 18 centímetros. Esta es una especie común a través de la porción oriental del territorio argentino y se extiende hacia el Sud, hasta el límite austral de la provincia de Buenos Aires. Es residente. Vive en parejas en los lugares en donde hay árboles y arbustos espinosos diseminados, y nunca se lo encuentra en bosques profundos. Nunca intenta esconderse, sino que por el contrario, se posa en un sitio visible en un arbusto, y permite que una persona se acerque a tres o cuatro metros de él. Tampoco posee la modalidad inquieta de la mayoría de los Synallaris que viven en los mismos lugares que él, sino que se mueve de un modo lento y deliberado y pasa la mayor parte del tiempo inmóvil en su percha, emitiendo a veces su canto o reclamo compuesto de una serie de largas notas agudas y poderosas en escala descendente, y lanzadas de un modo tranquilo. Construye un gran nido oblongo, hecho de astillas, de alrededor de 60 centímetros de profundidad, y ubicado en forma oblicua entre las ramitas espinosas de un arbusto o árbol bajo. Barrows escribe: "Por lo común hay dos cavidades en el nido; una, medio abierta al tiempo y formando la entrada; la otra, más en la parte posterior, y conectada con la anterior por sólo un corto pasaje, el que, en muchos casos, está reducido a un simple agujero a través de un ancho tabique, que es lo único que los separa". Pone cuatro huevos de un blanco puro. El ave descripta pertenece a un grupo de cuatro especies que se encuentra en Argentina. De éstas, la más pequeña e interesante en sus hábitos nidíferos, es el Espinero chico, Phacellodomus sibilatrix. Habita los bosques espinosos de los distritos del Norte del territorio argentino; pero no tengo razones para sentir el no haber observado personalmente a esta especie desde que, el cuidadoso relato que Barrows hace de sus hábitos nidíferos, no deja nada de desear. El escribe: "Es una especie abundante en los bosques abiertos a lo largo del Uruguay y que a diez pasos de distancia, se distingue con dificultad de media docena de otras especies. Su nido, sin embargo, es inconfundible. Las aves comienzan por fijar unas pocas ramitas curvas y espinosas entre el ramaje terminal de alguna rama delgada que sobresale horizontalmente de un árbol, o se eleva oblicuamente casi desde su base. Alrededor de estas ramitas tomadas como núcleo, se reúnen otras hasta que, cuando el nido ha alcanzado su tamaño apropiado, su peso encorva la rama de modo que su punta apunta en dirección directa a la tierra. Así, nidos que han sido comenzados a una altura de 5 a 6 metros del suelo, se hallan sólo de 60 a 90 centímetros de él, una vez terminados; y, a veces, empapados por una fuerte lluvia, su peso aumenta haciéndolos tocar el piso. Son de forma más o menos ovalada o cilíndrica, y por 10 común, alrededor de 60 centímetros de largo por 30 a 40 centímetros de diámetro y contienen desde 9 decímetros cúbicos hasta 36 decímetros cúbicos de ramitas y espinas. La cavidad es pequeña en relación al nido y ocupa la parte superior. Se llega a ella por un pasaje que sale de abajo, más o menos directo, estando la abertura externa muy cerca de la porción más baja del nido, si bien a veces un pequeño estante, y aun un bolsillo, es construido al costado, formando un sitio de descanso frente a la puerta. El nido varía mucho en forma y tamaño; pero es bastante constante en el material de que está construido, siendo casi siempre ramitas irregulares y espinosas, pertenecientes a árboles que crecen en la vecindad, mientras que el interior está hecho con ramitas menos espinosas, y con alguna lana y pelos. También por lo general si el material está a mano, una cantidad de estiércol viejo y seco de caballo, es desparramado en la cima del nido, volviéndose, de a poco, de la consistencia del fieltro, haciéndolo casi impermeable. En lugar de esto, con frecuencia he encontrado cantidad de pajas rotas, tallitos de malezas, pastos y hasta astillas, sin duda recogidas de las lomitas de residuos que la última creciente del río dejó a mano. Todo el nido es tan compacto, que a menudo dura más de un año, y a veces puede servir a la misma pareja por dos veranos consecutivos. Sin embargo, más frecuente es que construyan un nuevo nido encima del viejo, que sirve como cimiento y así, en ocasiones, se ven hasta tres nidos en el mismo extremo de una rama, estando ocupados, por lo menos, dos de ellos. Cuando otras ramas del mismo árbol tienen la misma carga, y otros árboles cercanos también poseen la misma clase de fruto ,el resultado es muy pintoresco. Los huevos, que son blancos, son puestos desde el primero de octubre al primero de enero, pero muchas de las aves trabajan en la construcción del nido durante todo el invierno, pasando a veces meses en uno solo." COPEROTE Homorus lophotes Arriba marrón brillante, con tinte oliva en la espalda; plumas de la cresta marrón oscuras; cañones negruzcos; cola castaña brillante; abajo marrón más oscuro, garganta leonado; pico azul brillante, ojos blancos; largo 24.5 centímetros. Esta interesante especie habita las partes Norte y Noroeste del territorio argentino. En la provincia de Buenos Aires su presencia se ve confinada a la estrecha faja de bosque subtropical que bordea las costas bajas del río de la Plata. Cuando se lo sorprende, su ojo blanco, pico azul parecido a un puñal y cresta erguida, le dan un aspecto agresivo y airado, efecto que se ve aumentado por el grito áspero, ronco y parecido al del grajo, que emite cuando se lo molesta. Sin embargo, este aspecto resentido es engañoso, pues el ave es la criatura más tímida que uno pueda suponer. Su lenguaje tiene el carácter excitado y penetrante común a las familias más locuaces; y a intervalos, durante el día, las dos aves, macho y hembra, se encuentran y hacen resonar el bosque con sus gritos. El ave era aún para mí sólo una "voz errante", durante muchas semanas después de haberme familiarizado con esas fuertes notas, mientras coleccionaba en los bosques litorales en donde él se encuentra. Pero no abandoné la persecución hasta que lo vi varias veces, y cacé dos o tres ejemplares. Encontré un nido, aunque sin huevos. Era una rústica construcción en forma de cúpula hecho con material suficiente como para llenar una madriguera. También descubrí que el ave se alimenta exclusivamente en el suelo, cerca de los troncos de los árboles de ramas bajas, en donde, por lo general, hay una acumulación de cortezas caídas, hojas muertas y otras basuras. Aquí el ave cava con su agudo pico, en busca de los pequeños insectos de los que se alimenta. Cuando se le aproximan no vuela, sino que corre con rapidez al árbol más cercano, detrás de cuyo tronco se esconde, luego se escurre al árbol siguiente, y así escapa sin mostrarse. Barrows, que observó al "Cachalote" en Concepción, dice que es un ave que no puede ser pasada por alto, pues tiene una disposición y voz desaforadas, y su nido es del tamaño de un barril. Hace el siguiente relato relativo a su nido: "Su nido está construido, en su totalidad, con astillas, muchas de las cuales son de buen tamaño con frecuencia, de un diámetro tan grande como el del dedo meñique y de 60 centímetros o más de largo. Las dispone de tal modo, que forma una construcción de 90 centímetros a 1,20 metros de largo, por más o menos 60 centímetros de ancho en su parte más amplia, asemejándose mucho, en conjunto, a un gigantesco frasco de pólvora, que yace a un lado entre las ramas bajas de un árbol desarrollado. Está hecho de un modo bastante descuidado. La cavidad del nido es bastante indefinida, siendo cualquier porción del piso del nido la que el ave elige para poner sus huevos. Por lo general, pone tres o cuatro huevos de un blanco puro, de octubre a enero. Comúnmente se los puede contar a través del holgado piso del nido, aunque a veces su espesor lo impida"
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