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CAPITULO 6 Piojito de vientre amarillo Piojito gris Cuernito Siete colores de laguna Benteveo Churrinche Tuquito gris Benteveo real Tijereta Cortarrama Caminera del este PIOJITO DE VIENTRE AMARILLENTO Serpophaga subcristata Arriba ceniciento. por 10 general con un ligero tinte oliva en la rabadilla; plumas de la cresta blancas en la base, salpicadas de ceniza y ligeramente entremezclada con negro; alas negruzcas; cobijas del ala manchadas de blanquecinos; formando dos hermosas bandas; secundarias externas bordeadas, por el lado externo, del mismo color; cola ceniza oscura; abajo blanco ceniciento; con un tinte más o menos amarillento en el vientre y cobijas inferiores del ala; pico color cuerno; patas negras; largo 11,3 centímetros. Esta especie es uno de los miembros más pequeños de nuestros Tiránidos. Su largo total es de sólo 11,3 centímetros. Los sexos son iguales; el plumaje de la parte superior es gris, con un tinte verdoso en la espalda; el pecho es gris pálido, volviéndose amarillo pálido en el vientre. Hay una mancha blanca escondida bajo las plumas sueltas de la coronilla. Es bastante común en Buenos Aires. Es probable que tenga una migración parcial, siendo más abundante en verano. En hábitos, se asemeja mucho a la especie recién descripta. Siempre se la encuentra en parejas, viviendo en espesuras, en donde salta sin cesar, explorando las hojas en busca de gusanitos, mientras conversa con bajos chirridos y piídos. También cantan juntos una canción corta y confusa. Sujetan el nido a las delgadas ramitas de un arbusto bajo. Es una construcción profunda y hermosa, en forma de copa. Está compuesta de una gran variedad de materiales suaves, unidos con tela de araña, estando el interior revestido de plumas o pelusas vegetales y el exterior cubierto de líquenes. Pone dos huevos romos y color crema. PIOJITO GRIS Serpophaga nigricans Arriba marrón ceniciento oscuro; alas y cola negruzcos, las cobijas y secundarias externas con bordes ligeros como la espalda; cresta corta, con una bien marcada mancha blanca en la base; abajo más pálido y casi ceniciento puro; cobijas inferiores del ala ceniza claro; pico y patas color cuerno oscuro; largo 12 centímetros. Esta especie se diferencia muchísimo de la anterior en hábitos, lenguaje y aspecto. En ambos sexos el color es de un uniforme gris pizarra; la cola, que el ave abre sin cesar y agita como un abanico, es negra; como en el S. subcristata, hay una mancha blanca escondida debajo de las plumas sueltas de la cresta. Frecuenta las orillas de los arroyos y rara vez se lo encuentra lejos de los cursos de agua. Se posa en las piedras y en el suelo desnudo tanto como en los árboles. Siempre se ven juntos al macho y a la hembra, pues se aparean por toda la vida y la migración, si es que existe, es sólo parcial. Revolotea sin cesar a lo largo de las orillas del arroyo que frecuenta, haciendo repetidas excursiones tras los pequeños insectos alados, cazándolos en el aire o alzándose de la superficie del agua, retornando, con frecuencia, al mismo sitio de donde partió. Mientras hace esto, emite sin cesar un cloqueo fuerte y lastimero; a intervalos, las dos aves se encuentran, y con las crestas erguidas y moviendo las alas y cola, lanzan una serie de trinos y notas ásperas y apuradas, en concierto. El nido está, por lo general, ubicado sobre un barranco que sobresale, sujeto a raíces o pastos colgantes a pocas pulgadas del agua; pero a veces se halla en un arbusto que crece a orillas del arroyo. Es prolijo, en forma de copa, pero poco profundo, espesamente revestido en su interior con plumas. Pone cuatro huevos puntiagudos, blancos o crema pálido, con manchas negras y grises en el extremo grande. CUERNITO Anaeretes parulas Arriba ceniciento, con un finta oliváceo en la porción baja de la espalda; cabeza negra, frente mezclado con blanco; cresta vertical alargada negra, a veces mezclada con blanco; alas negruzcas, con ligeras manchas blancuzcas en las cobijas y bordes blanquecinos en las secundarias externas; cola negruzca, barbas externas de las rectrices exteriores blanquecinas; garganta y pecho con numerosas estrías negras bien marcadas; pico y patas negros; largo 10 centímetros. Esta avecita llega a medir unos 11 centímetros de largo. En ambos sexos el color de las partes superiores es gris oscuro, con color ceniza en la garganta y el pecho; vientre amarillo pálido. Tiene el distintivo de una cresta delgada y curva, semejante a la del Tero, compuesta de unas pocas plumas estrechas, largas y negras. El ojo es blanco. Se encuentra en las espinosas espesuras de los llanos secos de Mendoza, siendo también común en Patagonia. En sus hábitos, se asemeja mucho al Serpopliaga subcristata. Siempre vive en pareja, se mueve sin cesar de un modo singular y deliberado, mientras busca pequeños insectos en los arbustos. Las dos aves siempre conversan con chirridos y, en ocasiones, en un agudo dúo. Construye un nido profundo con fino pasto seco, revestido de plumas, ubicándolo en una espina baja. Pone dos huevos blancos. Este diminuto Tiránido se extiende ampliamente en el lado Oeste del continente, encontrándose desde Patagonia hasta los Andes ecuatorianos. SIETE COLORES DE LAGUNA Cyanotis azarae Arriba verde bronceado oscuro; cabeza negra; superciliares amarillas; mancha vertical carmesí; alas negras; puntas anchas en las cobijas más pequeñas del ala y anchos bordes de algunas de las secundarias, blancos; formando una gran banda blanca en el ala; cola negra, con la mayor parte del par externo de rectrices, barbas externas, mancha ancha del par siguiente y manchas estrechas del tercer par, blancos; abajo amarillo ocre vivo; barba blanquecina; cobijas inferiores carmesí; banda negra incompleta a través de la parte baja del pecho; cobijas inferiores del ala blancas; largo 12 centímetros. Esta encantadora avecita tiene varios nombres que le da la gente de campo: Todo color o Siete colores. Azara la llamó "El rey": nombre que esta especie merece, dice, no sólo por la corona de plumas sueltas que tiene en la cabeza, sino porque pocas aves le ganan en belleza. Gay dice que es el ave más hermosa que se encuentra en Chile; y Darwin, que rara vez expresa admiración, la llama "avecita exquisitamente hermosa". Hay muchas especies que poseen plumaje más brillante, pero ninguna con una variedad de distintos colores tan grande; pues en su cuerpo diminuto, que es menor que el de la Tacuara, se ven el negro, blanco, verde, azul, naranja, amarillo y escarlata, estando todos estos matices dispuestos y contrastando de tal modo, que producen un efecto muy agradable. Predominan el verde oliva y el delicado amarillo, mientras que el vívido escarlata es una mera mancha, como la brillante gema u ornamento que sirve para fijar y realzar la belleza del traje. Todo el plumaje de la parte inferior es de un hermoso amarillo puro, mientras que una mancha de negro aterciopelado se extiende, a manera de cinturón, desde la comba de cada ala, pero sin llegar a encontrarse en el centro del pecho. Los costados de la cabeza son de un azul profundo; sobre el azul hay una raya amarilla brillante; coronada con las plumas sueltas, delgadas, casi parecidas a cabello de la coronilla, que se mantienen parcialmente erguidas y son negras mezcladas con negro y con escarlata vivo en el centro. Arriba, desde la parte posterior de la cabeza hasta la cola, el color es verde profundo. Las alas son negras, cruzadas por una raya blanca. La cola, también negra, con los dos cañones exteriores de un blanco puro y las dos siguientes, que lo son sólo en parte, apareciendo el color blanco cuando el ave vuela. Además, como si esta diversidad de colores no fuera suficiente, las bases de las patas negras son de un naranja vivo y el ojo del macho es de un delicado azul cielo, mientras que la hembra tiene ojos blancos. Hablando del colorido de esta especie, mencionaré un curioso fenómeno que he observado muchas veces. Cuando el ave se aleja volando del que la mira, y hay una fuerte luz solar, a una distancia de 20 a 30 metros, el plumaje de la parte superior, que es verde oscuro, a veces parece azul. En un principio pensé que existía una especie distinta de Cyanotis, de color azul cerúleo, pero al fin me convencí de que las plumas verdes del C. azarae parecen azules según la luz que reciben. Esto es curioso, pues las plumas de la espalda no tienen lustre. El Siete colores es, en apariencia, de vuelo poco resistente. Cuando se lo asusta, se eleva de entre los juncos con lentitud y se aleja a unos pocos metros, dejándose caer de nuevo. Sin embargo es estrictamente migratorio. Darwin lo encontró en Maldonado, en el mes de junio, y de allí sacó la conclusión de que no emigra, pero dice que era muy raro. También yo he visto a veces uno en invierno en las pampas, pero muchas especies migratorias dejan unos pocos rezagados, de esa misma manera. A fines de septiembre aparecen de pronto en las pampas, en todos los pantanos y arroyos en donde hayan lechos de juncos. El ave se encuentra sólo en esos lugares, extendiéndose su migración lejos, hasta Patagonia. Siempre se los ve en parejas, entre los densos juncos, en donde se posan en los lisos tallos, lejos de la cima y cerca de la superficie del agua. Saltan sin cesar de un tallo a otro, alzando pequeños insectos de la superficie del agua. También a veces abandonan los juncos y buscan insectos en las hierbas y pastos que crecen en las orillas. Son muy curiosos y si una persona se acerca al lecho de juncos, ellos salen de su escondite en seguida, emitiendo sus singulares notas: un sonido argentino y modulado, que en apariencia no pretende ser un canto y que, sin embargo, no conozco un sonido de naturaleza más pura y dulce que el de éste. A través de los juncos oscuros y apretados, los hermosos y pequeños músicos se oyen llamándose entre sí con sus notas delicadas y borboteantes. El nido es una maravilla de destreza y belleza. Por lo general, está unido a un solo junco bien pulido de 60 a 90 centímetros del agua y en la mitad del tallo. En el interior tiene forma de copa, es más o menos de 10 centímetros de largo, circular en la cúspide, pero comprimiéndose en la extremidad inferior para terminar en una punta aguda. Está hecho, en su totalidad, de trozos suaves de juncos amarillos, pegados de modo tan uniforme, que parece hecho con molde. Pone dos huevos ovalados, blanco cremoso oscuros, a veces con un anillo de color en el extremo más grande. BENTEVEO Pitangus bolivianus Arriba marrón; cabeza negra; frente, superciliares y línea alrededor de la nuca, negros; gran cresta vertical amarilla, salpicada de negro; alas y cola marrón con márgenes leonado; abajo amarillo azufre; bordes internos de las plumas de la cola y alas leonado claro; pico y patas negros; largo 22,5 centímetros. El Bienteveo o Benteveo es, en sus hábitos el miembro más interesante de la familia de los Tíránidos. Seria difícil encontrar dos especies de disposición más distinta que el Pico de plata recién descripto y el Bienteveo. El primero es como un autómata, tiene sólo unos pocos movimientos, gestos e instintos ya establecidos, mientras que el segundo es versátil en grado extraordinario y parece haber estudiado, con ventaja, los variados hábitos del Cernícalo, Papamoscas, Martín pescador, Buitre y Zorzal comedor de fruta; y cuando sus armas resultan débiles, las completa con su astucia. ¡Qué extraño resulta el que estas dos especies, mentalmente tan separadas como el Picaflor y el Cuervo, pertenezcan a la misma familia! El Bienteveo tiene una amplia distribución en Sud América. Habita todo el territorio argentino, hasta Buenos Aires, en donde es muy común. Es resistente, vive en parejas y los sexos son siempre fieles. El cuerpo es macizo, algo grande para un Tiránido. El largo es de 24 centímetros, incluyendo el pico, que mide un poco más de 2,5 centímetros. Las alas son romas y, en comparación, cortas, midiendo cuando están extendidas 35 centímetros. La cabeza es grande. Una ancha banda negra, partiendo del pico, se extiende en toda su longitud, y encima de ella hay una raya de un blanco puro. La coronilla es negra, escondiendo entre sus plumas abundantes y sueltas una cresta amarillo brillante, que muestra sólo cuando está excitado. El plumaje de la parte superior, incluso el de las alas y cola, es marrón claro; mientras que el de la región inferior es amarillo azufre. En ambos sexos el plumaje es igual. En Buenos Aires, el Bienteveo se encuentra en todas las huertas y plantaciones. Es familiar al hombre y siempre lo recibe con fuertes notas, especialmente con un poderoso grito de 3 sílabas, en el que la gente cree encontrar una semejanza con las palabras Bien-te-veo; mientras que su gran cabeza y pico, y sus muy contrastantes colores (en especial las rayas blancas y negras de la cabeza), parecen darle una mirada como de quien en realidad reconoce, mientras mueve la cabeza de un lado a Otro, para examinar al intruso. Es un ave locuaz, de voz fuerte, que posee gran variedad de sonidos que van desde chillidos que raspan, hasta reclamos largos, claros, casi melodiosos. Tiene una linda costumbre que demuestra un rasgo agradable de su carácter. Aunque el macho y la hembra están siempre unidos, no 'van a cazar juntos, como el Picabuey, sino que se separan para encontrarse a intervalos durante el día. Uno de los miembros de la pareja (supongamos la hembra) regresa a los árboles en donde acostumbran reunirse y, luego de un tiempo, volviéndose impaciente o ansiosa por el retardo de su consorte emite un reclamo largo y claro. Tal vez él se halla a tres o cuatro campos de distancia, espiando una rana al lado de un charco o revolviendo, como un ave de rapiña, un lecho de cardos; pero al oír la nota, responde al instante con otra de igual poder. Luego, tal vez durante media hora y a intervalos de medio minuto, se responden mutuamente, aunque el poderoso reclamo de uno se interfiera con su caza. Al fin regresa; las dos aves se posan juntas, con sus pechos amarillos casi tocándose, las crestas erguidas, golpeando la rama con sus alas y lanzando sus fuertes notas en concierto: ruido confuso y alegre que resuena por toda la arboleda. Su alegría al encontrarse es manifiesta, y su acción corresponde al cálido abrazo de una enamorada pareja humana. Con frecuencia he permanecido por espacio de medía hora escondido entre los árboles en donde un Benteveo llamaba a su pareja, animado a intervalos por la débil y lejana respuesta, sólo por el placer de observar, al fin, la jubilosa reunión de las dos aves. Con excepción de cuando anida, el Bienteveo es pacífico, no se desvía nunca de su camino para atacar a individuos de su propia o de otra especie; pero en la persecución de su presa es astuto, osado y fiero. Como los verdaderos Tiránidos, caza muchos grandes insectos, cuando éstos abundan en la época de calor, y con frecuencia se lo ve cazando su presa en el aire. Siempre golpea, antes de comerlos, a los escarabajos grandes y langostas contra una rama. Pero aun en verano, cuando los insectos son más abundantes, prefiere un alimento más sustancioso, siempre que pueda conseguirlo. Con frecuencia roba los pichones de las aves más pequeñas, quitándolos de los nidos a pesar de la brava defensa de los padres. También le encanta pescar y se lo puede ver posado en un barranco o rama sobresaliente sobre el arroyo, vigilando el agua como un Martín pescador y arremetiendo a intervalos para capturar pequeños pececillos. En charcos poco profundos, en los que hay renacuajos y otras presas, al Bienteveo no le importa mojarse un poco, y se posa en el agua, introduciéndose hasta el vientre en ella para observar mejor a su presa. Yo he visto a una de estas aves parada en el agua en medio de una bandada de Bandurrias. Como Darwin hace notar, se los ve a menudo revoloteando como un Cernícalo sobre el pasto, para luego abalanzarse sobre su presa. Pequeñas víboras, ranas, ratones y lagartos, todos satisfacen su apetito, y con un prisionero de esta clase, siempre vuela a la piedra o rama más cercana, en donde golpea a su víctima hasta matarla antes de devorarla. Una vez vi a uno salir volando de una maleza con una brillante víbora de alrededor de 20 centímetros de largo, que se retorcía en su pico. Posándose en un portal procedió a matarla, rompiéndose la serpiente en dos pedazos al primer golpe en la madera. Un ratón le da muchísimo trabajo, pues después de matarlo, no lo puede comer si no lo reduce antes a papilla por medio de golpes sucesivos, después de lo cual le resulta muy trabajoso partirlo en pedazos y comerlo. También picotea los Caracoles y Ampullariae, hasta que el caparazón se rompe. En primavera, a veces se une a la comitiva de Gaviotas, Pirinchos, Renegridos y varios otros que siguen los arados para alzar gusanos y larvas. En el suelo el Bienteveo es torpe en sus movimientos, pues no puede correr como los Tiránidos de hábitos terrestres, sino que sólo salta. En las estancias, cuando una vaca es carneada, se acerca con las aves de corral, Chimangos y perros, en busca de bocaditos, siendo loco por la carne fresca. Es común ver un Bienteveo siguiendo un carro de carnicero rural y esperando cualquier oportunidad para abalanzarse y robar un trocito de carne o grasa. En otoño se alimenta mucho de fruta madura, prefiriendo uvas, que puede tragar enteras, e higos, que son blandos y fáciles de devorar. En el nido, el Bienteveo también se aparta mucho, por así decirlo, de los hábitos tradicionales de sus congéneres; pues mientras la mayoría de los Tiránidos hacen nidos poco profundos, esta especie hace una trabajosa construcción muy grande y en forma de cúpula, tardando a veces de 5 a 6 semanas para terminarla. Lo ubica en un árbol sin ninguna intención de esconderlo. Es de alrededor de 30 centímetros de profundidad y de 20 a 22,5 centímetros de ancho. Está hecho de varios materiales suaves, en especial lana. La entrada se halla cerca de la cúspide. Por el lado de afuera, el nido tiene un aspecto muy desordenado, pues siempre hay largas pajas y a veces trapos colgando. La cavidad está muy revestida con plumas, y es el nido más caliente que conozco. Pone cinco huevos muy largos, puntiagudos, color crema, salpicados de chocolate y púrpura principalmente en el extremo más grande. Son valientes en la defensa de su nido. Una pareja que todos los años anidaba en mi huerta, siempre me atacaba con gran furia, cada vez que yo me aventuraba cerca del duraznero en el que tenían su gran nido de lana. Arremetían repetidas 'veces contra mí, golpeándome la cabeza con picos y alas. CHURRINCHE Pyrocepnalus rubinus Arriba ceniza oscuro; cabeza encopetada y parte inferior del cuerpo, escarlata; pico y patas negros; largo 13 centímetros. Hembra: arriba ceniza claro; abajo blanco: pecho estriado de carmesí; vientre más o menos rojo rosado. El Churrinche mide alrededor de 14 centímetros de largo. El cuello, espalda, alas y cola son negros; todo el resto del plumaje, es del escarlata más vivo que se pueda imaginar. Las plumas sueltas de la coronilla, que forman una cresta, son especialmente brillantes, pareciendo un ascua encendida entre el verde follaje. Al lado de este brillante Tiránido, aun los Tangarás arco iris parecen pálidos y los Picaflores, vistos en la sombra, son, sin ninguna duda, de colores tristes. Por tanto, no resulta extraño que en Sud América, en donde tiene un amplio habitat, sea una especie bien conocida por la gente de campo, que le ha puesto muchos nombres hermosos, la mayoría de los cuales hacen referencia a su espléndido color escarlata. En la República Argentina, por lo general se lo llama Churrinche, debido a su nota, y también Federal y Fueguero; en otros países se lo designa con el nombre de Sangre de toro y mejor aún, Sangre pura. Entre sus nombres figuran también, Soldadito y Brasita de fuego. Las tribus Guaraníes, lo llaman Guira-pitá (ave roja), pero mejor otro nombre indio, mencionado por D'Orbigny: Quarhí-rahí, que significa Hijo del sol. El Churrinche aparece en Buenos Aires a fines de septiembre, viéndoselo primero, por lo general, en las localidades preferidas por los Tiránidos, tales como suelos bajos y con pastos, con una paja o arbusto acá y allá, y cerca de un bosque o arboleda. Los insectos son más abundantes en tales lugares, y aquí se ve al Churrinche posado en una ramita, abalanzándose a intervalos para cazar una mosca al modo de los Papamoscas, y emitiendo, con frecuencia, su nota baja y lastimera. Es muy común en los bosques a lo largo del Plata. Todas las huertas de las pampas son visitadas por unos pocos de ellos, y son muy abundantes en los alrededores de la ciudad de Buenos Aires. Hacia el Sud se vuelven más raros, pero, lo que resulta extraño, unos pocos individuos encuentran su camino hasta las costas del Río Negro, aunque para llegar allí deban atravesar regiones altas y estériles, muy poco convenientes para ellos. Los nativos de Carmen de Patagones, no tienen nombre para el Churrinche, pero hablan de él como un ave hermosa por su plumaje y que se ve rara vez. No hay duda de que, entre las especies patagónicas de plumaje oscuro, resalta por su aspecto brillante. Pocos días después de su llegada, los Churrinches se aparean. El macho elige un lugar para el nido: una horqueta en un árbol a dos o cerca de cuatro metros del suelo, o, a veces, una rama horizontal. El macho visita este sitio alrededor de una vez por minuto, se acomoda en él con su espléndida cresta elevada, cola extendida y las alas agitándolas sin cesar, mientras lanza una continua sucesión de notas argentinas y borboteantes, tan bajas, que a duras penas pueden ser oídas a 20 pasos de distancia; algo semejantes al sonido del agua corriente de una esclusa de cuello estrecho, pero más musical e infinitamente más rápido. El observador apenas podrá echar una ojeada a la compañera casera, gris y silenciosa de esta avecita, pues parece no tener ninguno o muy poco interés en los asuntos que tanto atraen la atención de su consorte y lo mantienen en estado de tan violenta excitación. Es en extremo peleador, de manera que cuando no está revoloteando en el sitio de su futuro nido, o cazando algunos insectos al vuelo se halla persiguiendo con empeño otros Churrinches machos, en apariencia solteros, de un árbol a otro. A intervalos repite su notable cancioncita, compuesta de una sucesión de trinos metálicos, modulados con dulzura, que emite mientras vuela. Por lo general se eleva de 27 a 30 metros y, con las alas muy levantadas y vibrando con rapidez, asciende y desciende casi perpendicularmente 50 centímetros, cinco o seis veces, pareciendo que con estos movimientos, lleva el compás de sus notas. Con frecuencia lanza su canto en la noche, pero sin abandonar su percha. En estos momentos, el efecto es más agradable, pues es menos apurado y las notas parecen más suaves y prolongadas que cuando las emite durante el día. Comienzan el nido alrededor de una semana después de llegar, cuando los árboles apenas empiezan a desplegar sus tiernas hojas. Lo que resulta extraño es que la hembra sea la única que construye. Deja de lado su aire indiferente y el arte e industria que despliega la compensan de la ausencia de aquellas bellezas y prendas que hacen al macho tan agradable a la vista y al oído. Casi todos los materiales de que está hecho el nido, los junta de los árboles; son líquenes, papos de cardo y telas de araña, y la destreza y rapidez con que los reúne, la habilidad con que los dispone, la incansable industriosidad de esta avecita, que visita su nido cien veces por hora, con invisibles telas de araña en el pico, resultan muy interesantes para el que observa. Los líquenes, mantenidos juntos con firmeza por medio de telas de araña, y dispuestos de una manera lisa con los extremos puestos hacia afuera, le dan al nido el color de la corteza sobre la cual está construido. Una vez que el nido está hecho, el Bienteveo (Pitangus bouvianus) y el Renegrido (Molothrus bonarienris) llegan a turbar su paz. El primero de los nombrados se lo lleva todo a fin de usarlo como material para construir el suyo; mientras que la hembra del Renegrido, se halla siempre a la busca de un receptáculo para sus huevos. Sin embargo, son raras las veces en que consigue ser admitida en el nido del Churrinche, pues éste es extremadamente vigilante y violento para repeler a los intrusos. Pero a veces la vigilancia es burlada; la astuta ave observa y espera hasta que. eligiendo un momento en que el pequeño Tiránido descuida su guardia, deja caer subrepticiamente un huevo en su nido. Cuando esto sucede, los Churrinches lo abandonan en seguida. A veces revisten el nido con plumas, pero por lo general lo hacen con pelusa de cardo. Pone cuatro huevos puntiagudos, salpicados de negro en el extremo más grande, siendo también común que tengan unas pocas manchas grises. Los pichones son grises en un principio, con manchas leonado pálido, pero pronto se vuelven todos grises como las hembras. Al cabo de más o menos un mes, el vientre de los machos comienza a adquirir un color rojo malva pálido, que se va extendiendo hacia arriba, hasta el pecho y garganta; al final, también la cresta toma este color. El Churrinche cría dos polladas en una estación; pero si el nido es destruido, pone hasta cuatro veces. Es el primero de nuestros visitantes estivales que nos abandona. A fines de enero y tan pronto como los pichones de la segunda nidada son capaces de alimentarse por su propia cuenta, los adultos desaparecen. Su ida no es gradual sino que todos desaparecen de golpe. La partida de todas las otras especies migratorias, tiene lugar después de un cambio de temperatura muy sensible; pero a fines de enero, el calor aún no se ha mitigado, siendo, en realidad, mayor que durante diciembre. Cuando los adultos se han ido, permanecen los pichones silenciosos. Dentro del mes, los sexos pueden distinguirse. Al cabo de otro mes, los machos comienzan a cantar y con frecuencia se los ve persiguiéndose por los campos. Es sólo a fines de abril, tres meses después que los adultos han desaparecido, que los pichones también parten. Este es uno de los hechos más extraños que he encontrado en lo relativo a la migración de estas aves. Las causas inmediatas de la partida de los jóvenes, parecen ser el frío otoñal y el tiempo húmedo; pero en los adultos, la migración parece ser un instinto independiente de los cambios atmosféricos. TUQUITO GRIS Empidonomus aurantio-atro-cristatus Arriba ceniciento; caperuza con una corta cresta, negra, con una gran mancha vertical amarillo vivo; alas y cola negro amarronado, cobijas del ala y secundarias ligeramente ribeteadas de blancuzco; abajo como arriba, pero un poco más pálido y con un ligero tinte amarillo en las cobijas inferiores; pico y patas negros; largo 16 centímetros. Alcide D'Orbigny se encontró con esta hermosa especie en Corrientes y el doctor Burmeister en Entre Ríos y cerca de Mendoza. En la vecindad de Concepción, Barrows habla de ella como de "un residente estival no muy abundante, pero difícil de pasar por alto, debido a sus hábitos de posarse en la ramita más alta de los árboles, desde donde hace correrías de tiempo en tiempo, cada vez que lo tienta una presa alada". En la vecindad de Buenos Aires, que puede ser considerada el límite Sud de su habitat, está lejos de ser común, siendo siempre dos o tres pares, el mayor número que encontré, durante una estación estival. Como otras aves de su género, tiene un vuelo fácil y veloz; se posa en los árboles u otros sitios elevados, desde los que hace ocasionales arremetidas contra los insectos que pasan. El nido, como el del T. melancholicus, es una ligera construcción de delgados palitos. Pone cuatro huevos color pergamino, salpicados de marrón oscuro o chocolate en el extremo más grande. Barrows encontró un huevo de Renegrido en un nido de esta especie, lo cual me hace pensar que es menos vigilante y belicoso que el T. melancholicus. Este Tiránido se distingue (en los libros), por el nombre científico más largo dado por los ornitólogos a una especie Sudamericana. BENTEVEO REAL Tyrannus melancholicus Arriba gris con un ligero tinte verdoso; cabeza con una cresta vertical escarlata y amarilla, escondida; preorbitales y cobijas del oído negruzcas; alas y cola negro amarronadas con márgenes más o menos pálidos; abajo amarillo; garganta blanco grisáceo; pecho más o menos grisáceo; cobijas inferiores del ala amarillo pálido; pico y patas negros; primarias externas atenuadas, cola muy bifurcada; largo 21 centímetros. El temperamento violento y combativo, mostrado por la mayoría de los Tiránidos durante la época de la reproducción, cualidad de la cual deriva el nombre de la familia, ha sido tal vez llevado a su más alto grado en esta especie, más que en cualquier otra. Cuando uno pasa varios días o semanas en los bosques pantanosos del litoral, en donde esta ave es más abundante y oye sus gritos incesantes y lastimeros, no piensa que es muy inapropiado el nombre específico de melancholicus: siendo esto lo más que se puede decir de un nombre específico inventado por la ciencia, que no describe meramente alguna peculiaridad de forma o color. No obstante, no es el nombre apropiado, y cuando el naturalista francés se lo adjudicó es probable que en su mente tuviera en cuenta el temperamento del ave, antes que el efecto que la voz produce en el que escucha. Mejor que melancolía hubiera sido belicoso, violento, furioso, guerrero, o algo así. Por eso me parece mejor en éste, como en otros casos, alterar el nombre que di en la "Argentine Ornithology" (1888). Allá lo llamaba Tiránido melancólico, y ahora le he cambiado el nombre por el de Tiránido belicoso. Espero que futuros naturalistas anglo-argentinos encuentren una designación para ésta y para muchas otras de los cientos de especies para las que he inventado nombres. Este Tiránido es uno de los más grandes de su clase, llegando su largo total a casi 22,5 centímetros. Las alas son largas y adaptadas a una vida aérea; las patas son muy cortas, y usa los pies sólo para posarse, pues esta especie nunca se para en el suelo. La garganta y las partes superiores son grises, teñidos de oliva en la espalda; las alas y cola, oscuras; el pecho amarillo teñido de verde; el vientre amarillo puro. Debajo de las plumas grises sueltas de la coronilla hay una fiera cresta anaranjada, que despliega en momentos de excitación. En Buenos Aires, esta ave llega en septiembre, después de lo cual, sus gritos agudos y enojados se oyen sin cesar, mientras se las ve persiguiéndose mutuamente en el aire, o entre los árboles; dejándose siempre llevar por las encontradas pasiones de amor, celos y rabia. Tan pronto como terminan sus riñas domésticas, una nueva guerra contra toda la raza alada comienza y no termina hasta que la tarea de la propagación cesa. Con frecuencia he pasado horas observando al macho, atacando sin cesar, con escasos intervalos de descanso, a toda ave, grande o pequeña, que se acercara al árbol sagrado en donde estaba ubicado su nido. Resultaba maravilloso ver su indignación a la vista de un cobarde Chimango (Milvago) merodeando en busca de nidos de avecitas y la furia sin límites de su arremetida. Son extremadamente activos y cuando no están ocupados en sus aéreas batallas sin fin, están persiguiendo grandes insectos al vuelo, regresando por lo general a su percha, después de cada captura, desde donde vigilan celosamente los movimientos de todos los seres alados de su alrededor. Son locos por los lugares pantanosos y los cursos de agua, donde se posan en altas pajas para observar insectos. También con frecuencia pasan rozando el agua, como las Golondrinas, para beber y mojar sus plumas. Para el nido, eligen por lo general un árbol alto, y es frecuente que lo ubiquen en las ramitas de la cima, expuestos a la vista de toda criatura viviente que pase por arriba, y como un desafío a las aves de presa. Con un temperamento tan agresivo como el que posee esta ave, no es extraño que edifique en los sitios más expuestos desde donde la hembra, en ausencia de su vigilante consorte, puede estar atenta a los movimientos de sus alados vecinos. A menudo he pensado que es singular que no hagan un receptáculo más hondo para los huevos, pues el nido es sólo una ligera plataforma de palitos delgados, y muy mal adaptado para retener su carga durante los ventarrones. El parásito Renegrido no penetra nunca en este nido, lo cual no es extraño. Pone cuatro huevos pequeños, si se tiene en cuenta el tamaño del ave, puntiagudos, blanco apergaminados, salpicados de marrón oscuro en el extremo más grande. TIJERETA Milvulus tyrannus Arriba ceniciento; rabadilla negruzca; casquete negro como el azabache, con la cresta vertical amarilla escondida; alas marrón oscura; cola negra, barba externa de la rectriz externa, blanca; pico y patas negros; tres primarias externas, cortadas en los extremos; largo 35 centímetros. Hembra: similar pero con las plumas externas de la cola no tan largas. La Tijereta -nombre derivado del hábito que tiene el ave de abrir y cerrar las largas plumas externas de la cola mientras vuela- se encuentra a través de Sud América, y en el verano del hemisferio Sud, se extiende hasta Patagonia. La cola es hendida, las dos plumas externas exceden, en más de 10 centímetros de largo, las otras dos. El largo total del macho adulto es de 35 centímetros, de los cuales 25 pertenecen a la cola. Esta especie es una de las de cola más larga que conozco. La cola de la hembra es de alrededor de 5 centímetros más corta que la del macho. La cabeza es de un negro intenso; el plumaje de la coronilla es bastante largo y suelto, y cuando se eleva despliega una cresta amarillo vivo. El cuello y las partes superiores son de un gris claro, brillante; la porción inferior, de un blanco puro; la cola negra. Durante el vuelo, las dos plumas largas de la cola, flotan atrás como un par de cintas negras. Con frecuencia el ave hace una pausa en el vuelo, y entonces, las dos largas plumas se abren formando la letra V. La Tijereta es migratoria y llega, ya apareada, a Buenos Aires a fines de septiembre, partiendo a fines de febrero en familias -viejos y jóvenes juntos-. En disposición y hábitos generales, se asemeja a los verdaderos Tiránidos, de los que se diferencia en el lenguaje, teniendo sus variados chirridos y gorjeos un sonido duro y percusivo, que Azara compara bien con el de las castañuelas. Prefiere lugares abiertos, con árboles y arbustos diseminados; también le agradan los suelos pantanosos, en donde loma posesión en una paja elevada, para observar insectos, que caza en el aire como los Papamoscas. También devora, de buen grado, bayas de saúco y otros frutos pequeños. El nido no es profundo, pero es de construcción mucho más cuidadosa de lo que es usual en los Tiránidos. Prefiere los materiales suaves, y en muchos casos, los nidos están hechos, casi exclusivamente, de lana. El interior tiene forma de copa, con un fondo liso, plano y duro, estando unido con goma el papo de cardo con el cual se halla revestido. Pone 4 huevos puntiagudos, color crema claro, salpicados de chocolate principalmente en el extremo más grande. En la época de la reproducción, estos Tiránidos atacan con gran espíritu a cualquier otra ave que se acerque al nido, y tienen un odio especial por el Chimango, persiguiéndolo con gran violencia por el aire mientras emiten notas de enojo, que semejan en sonido al golpe de una guadaña, pero lanzadas con gran rapidez y énfasis. En mi relato sobre el Renegrido, se acaba de ver cómo esta especie es engañada por dicha ave, no obstante su temperamento combativo. Las Tijeretas tienen un hábito digno de destacar, no son gregarias, pero una vez al día, justo antes de la puesta del sol, todas las que viven cerca, se elevan a las cimas de los árboles, llamándose entre sí con fuertes chirridos excitados, y luego se lanzan a gran altura, como cohetes. Después de revolotear en círculos durante unos pocos minutos, se precipitan hacia abajo con la mayor violencia, abriendo y cerrando sus colas durante el salvaje vuelo en zigzag, y emitiendo una sucesión de notas agudas y chirriantes. Después de esta curiosa exhibición, se separan en parejas y posándose en las cimas de los árboles, cada pareja emite junta sus notas parecidas al sonido de unas castañuelas, después de lo cual el grupo se disuelve. CORTARRAMA Phytotoma rutila Arriba plomizo, con un matiz oliva; frente de la cabeza y toda la parte inferior rojo brillante; alas y cola negruzcas, con dos barras bien marcadas en las alas y manchas en las rectrices laterales blancas; largo l7,5 centímetros. Hembra: arriba gris con estrías negras; abajo color ante claro con densas estrías negras. Hay cuatro especies conocidas de este curioso grupo sudamericano, los Cortarramas, únicos miembros de la familia Phytoto-midae. Los viejos naturalistas los asociaban con los Fringílidos, debido a su pico dentado, pero ahora se los ubica a gran distancia de esa familia, bastante fuera del suborden de los Oscines o canoros. El Cortarramas de pecho rojo es la única especie que se encuentra en la República Argentina. Encontré que es bastante común en Patagonia, en donde los nativos lo llaman Chingolo grande, debido a la superficial semejanza que existe entre la hembra y el Chingolo (Zonotrichia pileata). El colorido de los sexos difiere ampliamente. La frente y la superficie inferior del macho es de rojo ladrillo intenso; las partes superiores, gris oscuro, con una barra en el ala y manchas en las rectrices, blancas. mientras que en la hembra las partes superiores son gris amarillentas, con manchas oscuras, y el pecho y el vientre son color ante con rayas oscuras. En ambos sexos el ojo es amarillo, y las plumas de la coronilla amontonadas para formar una cresta. Por lo general se lo ve solo, pero a veces anda asociado en pequeñas bandadas. Es sedentario, de vuelo poco resistente y se alimenta de brotes y hojas tiernos, bayas y semillitas. Con frecuencia se ve al macho posado en la cima de un arbusto, y entre las especies de plumaje oscuro que habitan las espesuras grises de Patagonia, el pecho rojo brillante le da un apariencia casi alegre. Cuando canta, o emite sus notas de alarma cada vez que alguien se acerca al nido, su voz semeja los débiles balidos de un cabrito o un corderito. Cuando se le aproximan, se esconde en los arbustos, y cuando vuela, progresa por una serie de cortas ondulaciones espasmódicas, produciendo, con las alas, un fuerte zumbido. El nido está hecho en el interior de un arbusto espinoso, con finas ramitas y revestido con fibras. Pone cuatro huevos 'verde azulados, con manchas parduscas. Esta especie se encuentra a través del territorio argentino, en los lugares abiertos y secos en los que abundan árboles chicos y arbustos. El solitario Cortarrama descripto se halla, en este libro, entre dos numerosas familias de Passeriformes, ambas también peculiares de América y que se diferencian mucho de ella en estructura, aspecto, hábitos y lenguaje; una diferencia mayor que la que existe entre un Verderón y un Papamoscas, por un lado, y un Trepador de árboles, por el otro. Lo asombroso para las personas que no están informadas es cómo tal ubicación es posible en cualquier sistema. Estas preguntas no nos atañen en este libro. Sólo se puede decir, de pasada, que en nuestro sistema de clasificación linear (y todos los sistemas deben ser lineares) toda especie o familia, que no se relacione con ninguna otra, debe tener un lugar en algún sitio de la línea. Los Tiránidos, que se acercan superficialmente a los Papamoscas del Viejo Mundo, aunque en la estructura se diferencien de ellos, son, por lo menos, 350 especies, mientras que la familia a la que ahora llegamos, que es la de los Dendrocolapt¡dae, comprende alrededor de 250. Así, estas dos familias sudamericanas solas, ambas comprendidas en el suborden sin voz de los Passer¡ formes, sobrepasan todas las especies de aves de Europa, desde el Águila hasta los Reyezuelos. En Argentina, los Dendrocolaptidae comprenden alrededor de 50 especies, de las cuales describiré 20 que conozco por observaciones personales. CAMINERA DEL ESTE Geositta cunicularia Arriba de un marrón terroso casi uniforme; plumas del ala rojo canela claro; la mayor parte de las barbas externas, exceptuando las secundarias internas, negruzcas; cola rojo canela claro, con una ancha banda negruzca a través del medio inferior; abajo blanco amarillo-rojizo pálido, pecho más o menos rayado de negruzco; cobijas inferiores del ala, canela claro; largo 14 centímetros. La gente de campo tiene una variedad de nombres para esta especie común y bien conocida. En Buenos Aires se la llama, por lo general, Menea-cola; en Patagonia, Caserita; y en otros sitios Minera o Caminante, por su costumbre de correr con rapidez a lo largo de un camino limpio o de herradura, delante de una persona a caballo o a pie. Es una avecita fornida, con dedos muy cortos y poco apropiados para posarse, y por cierto, que nunca se posa en un árbol aunque se las arregla muy bien para colgarse de un barranco perpendicular, cuando se entrega a la tarea de hacer túneles. Es residente; se aparea por toda la vida; vive en lugares estériles, alimentándose de pequeños insectos y arañas. En sus modos es muy vivaz. Corre con rapidez por el suelo desnudo, parándose de pronto para luego correr de nuevo. A cada pausa, mueve con lentitud su cola medio abierta, para arriba y abajo. Vuela velozmente, pegada al suelo, y siempre, durante su corto vuelo, emite su grito claro tintineante, repetido con rapidez, que semeja, en sonido, la risa de un niño. En las pampas herbosas, se unen invariablemente a las Vizcacheras -nombre que reciben los grupos de grandes cuevas hechas por el gran roedor, la Vizcacha-, pues siempre hay un espacio libre de pastos que rodea las cuevas, en donde las aves pueden correr con libertad. A los lados de la profunda entrada en forma de hoyo, de una de estas madrigueras, la Caminera del Este hace un agujero cilíndrico, de uno a dos metros de largo, que termina en una cámara circular. Esta la reviste con suave pasto seco, y pone cinco huevos blancos. Aunque habita el pueblo de las Vizcachas durante todo el año, parece que siempre hacen un nuevo agujero cada primavera, dejando los agujeros abandonados a la Golondrina de pecho blanco, Atticora cyanoleuca.
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