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CAPITULO 12 Aves del plata Gallareta de escudete amarillo Carao Jacana Teru-teru Chorlo dorado Chorlo de pecho colorado Chorlo de doble collar Chorlo cabezón Chorlo aperdizado menor Tero real Becasina común Dormilón Chorlito manchado Chorlo mayor de patas amarillas GALLARETA DE ESCUDETE AMARILLO Fulica leucoptera Pizarra oscuro; cabeza y cuello negros; rabadilla blanca con un parche negro en el medio; comba de las alas y margen externo de la primaria externa, así como las puntas de algunas secundarias, blancos; pico amarillo; escudete de la cabeza redondeado atrás; patas olivaceas; largo 37,5, ala 19 centímetros. Hembra similar. Esta es, tal vez, la especie de Fulica más abundante en la región del Plata y se congrega, por cierto, en mayor número. El color del pico y del escudete es de un delicado amarillo; las patas, verde oscuras; la cabeza, cuello y parte de la espalda, negro aterciopelado; todo el resto del plumaje color pizarra oscuro, con excepción de las cobijas inferiores de la cola, que son blancas y hacen al ave muy notable cuando se aleja nadando con la cola alzada verticalmente. En las grandes lagunas pantanosas de las pampas se ve, a veces, a esta Gallareta en grandes números; miles de aves reunidas en una bandada esparciéndose sobre las costas bajas para alimentarse; parecen una gran reunión de Cornejas. Pero son extremadamente tímidas y, a la vista de un ave de presa u otro enemigo, todas se apresuran a dirigirse hacia el agua, tumbándose una sobre otra en su apuro por alcanzarla. Se elevan de una manera peculiar golpeando con rapidez la superficie del agua con sus grandes patas lobuladas, a menudo por una distancia de veinte o treinta metros, antes de estar por completo en el aire. Son aves locuaces. Cuando nadan, escondidas entre los espesos juncos, se las oye responderse en una variedad de curiosos tonos, algunos de ellos altos, huecos, y como gritos reiterados que semejan risotadas. El nido es una descuidada construcción de juncos que yace sobre el agua, con una muy ligera depresión para los huevos que se hallan en número de diez o doce. Son largos, puntiagudos en un extremo, color crema sucio, marcados en toda su superficie con pequeñas manchas negruzcas y púrpuras. Hay otras dos especies de Gallaretas en Argentina: la Gallareta de ligas rojas, F. armillata, la especie más grande que, como la anterior, tiene un escudete amarillo pero bordeado de rojo y las porciones desnudas de la libia, carmesí, de aquí su nombre; y la Gallareta de escudete grande rojizo, F. leucopyga, con pico y escudete escarlata. En conjunto la familia Rallidae comprende trece especies en Argentina: ocho Gallinetas, dos Pollas de agua y tres Gallaretas. CARAO Aramus scolopaceus Arriba marrón; frente, preorbitales y barba blanco grisáceas; cuello rayado con blanco; abajo similar; pico pardo; patas gris verdosas; largo 60, ala 32,5 centímetros. Hembra similar. Esta curiosa ave tiene un plumaje marrón negruzco, con un lustre bronceado en las partes superiores. Su largo total es de alrededor de setenta y cinco centímetros, y las alas, extendidas, miden cerca de un metro veinte centímetros de punta a punta. Ha sido llamada "a lo sumo, un pariente anormal de los Rallidae", y en su peculiar vuelo y muchos de sus hábitos difiere, por cierto mucho de los Rallidae. Tiene un pariente conocido, el Carao gigante del Norte de Sudamérica, una especie rara sobre cuyos hábitos poco se conoce. El pico de esta ave mide cerca de 12,5 centímetros de largo, es recto y de una dureza de hierro, el extremo está apenas curvado hacia un lado, en la mandíbula inferior algo más que en la superior. La lengua se extiende hasta la extremidad del pico; al final es de una resistencia córnea y raída o hendida en filamentos. Este pico es el instrumento más efectivo para abrir conchas, pues donde abundan moluscos, el Carao se alimenta sólo de ellos. Es así que las márgenes de los arroyos que esta ave frecuenta, están llenos de innumerables valvas abiertas las que han sido despojadas de su contenido. Cada concha tiene una pieza angular, de 1,3 centímetros de largo, quitada del borde de una de las valvas. Los mejillones y las almejas cierran las valvas tan estrechamente que seria imposible para un ave insertar su pico entre ellas para obligarlas a abrirse, por más parecido que fuera a un cuchillo en forma y dureza. Sin embargo, yo creo que el Carao siente primero la concha con su pata, mientras vadea; luego, con gran destreza y rapidez introduce su pico en ella antes de que la cierre, y así la conduce hasta la costa. De otra manera, sería más difícil para el ave sacar la concha cerrada del agua y llevarla a tierra, pero suponiendo que pudiera hacer esto y que luego tuviera éxito en taladrar, a través de ella, un agujero con su pico, el hueco hecho de este modo, tendría bordes mellados y seria de forma irregular. Pero, como ya he dicho, el borde es nítido y el agujero angular, lo que demuestra que el Carao ha introducido su pico justo uno y medio o dos centímetros y medio entre las valvas; luego las forzó a abrirse rompiendo la pieza durante el acto y manteniendo tal vez la concha firme, con la presión de su pata. Durante el día es un ave apagada, escondiéndose en densos lechos de juncos en arroyos y pantanos. Cuando se lo echa se eleva trabajosamente con las patas colgando, y se alza en línea vertical hasta una considerable altura. Vuela alto, las alas curvadas hacia arriba y golpeándolas, con violencia, a intervalos irregulares. Al descender, se deja caer bruscamente sobre la tierra, las alas quietas, erguidas y el cuerpo balanceándose de un lado a otro de modo que el ave tiene el aspecto de un paracaídas. En el suelo liso camina más rápido que el hombre, golpeando sus patas de una manera majestuosa y sacudiendo la cola, y corre con rapidez diez o doce metros antes de alzar vuelo. Al anochecer se vuelve activo, emitiendo gritos largos, claros y penetrantes que repite muchas veces y que se oyen con toda claridad a tres kilómetros y medio de distancia. Estos gritos son muy melancólicos y, sumados a su fúnebre plumaje y hábitos de reclusión, le han ganado, al Carao, algunos bonitos nombres vernáculos. Se lo llama "Pájaro llorón" y "Viuda loca", pero se lo conoce más familiarmente como Carau. Cerca de la puesta del sol, dejan los lechos de juncos y comienzan a remontar los arroyos para visitar sus sitios de pesca favoritos. Son muy activos durante la noche, retirándose de nuevo al aproximarse la madrugada. A veces pasan el día posados en árboles, pero con más frecuencia se esconden entre los espesos lechos de juncos. Cuando se acerca la época del celo se vuelven muy barullentos, haciendo resonar los pantanos, de día y de noche, con sus gritos largos y quejumbrosos. Construyen el nido entre los juncos y depositan diez o doce huevos grandes como los del Pavo y muy grandes si se tiene en cuenta el tamaño del ave. Son un poco elípticos, aquí y allá manchados con pintas marrón pálido y púrpura sobre un fondo blanco oscuro, teniendo todo el huevo una apariencia empolvada o enharinada. Cuando alguien se acerca al nido, los padres emiten notas duras e indignadas, mientras caminan a cierta distancia. Los pichones y los adultos viven en una bandada hasta la primavera siguiente. El Carao es mas nocturno que las verdaderas Rallidae, y como tiene un vuelo más poderoso, se eleva con mayor rapidez. Se asemeja a ellas en sus gestos y movimientos en el suelo, pero difiere muchísimo en la costumbre que tiene de volar, cuando se la molesta, a un espacio abierto en donde camina con ostentación, mirando al intruso. JACANA Parra jacana Cabeza y cuello negro purpúreos; espalda y alas castaño claro; primarias y secundarias amarillo verdoso pálidas con extremo marrón; flancos castaño oscuro; pecho negro oscuro; abdomen purpúreo; cola castaña con ápice negro; escudo frontal y base del pico rojos, resto del pico amarillo; patas oliva; largo 26,5, ala 14,5 centímetros. Hembra similar. El hermoso Jacana -a veces pronunciado Yasaná- también llamado Alas amarillas en lengua vernácul, difiere muchísimo de todos los otros miembros del orden Limicolinae, en el cual se halla ubicado, por sus dedos enormemente alargados que le permiten correr sobre las hojas flotantes de las plantas acuáticas. Se lo supone cercano a los Chorlos pero en su apariencia, que es muy singular, se asemeja más a las Gallaretas. El colorido de su plumaje realza lo singular de su apariencia: la cabeza, el cuello y las partes inferiores son negras; los hombros, espalda y cobijas de las alas, castañas; mientras que las plumas, que tienen un vivo lustre satinado, son de color verde manzana y, en ciertos momentos, parecen amarillo doradas. En la parte Sud del distrito del Plata, el Jacana es migratorio. A comienzos de octubre llega a Buenos Aires, proveniente del Norte, solo o en pequeños grupos. En sus migraciones parece seguir el curso del Plata, y aunque se han encontrado algunos anidando tierra adentro, la mayoría están confinados a los pantanos litorales. Los Jacanas viajan haciendo etapas fáciles. Con frecuencia descienden en el camino para descansar, pues son tan incapaces de sostener un largo vuelo que los muchachos de las pampas los cazan, en ocasiones, persiguiéndolos a caballo hasta que caen exhaustos. Yo creo que los Rallidae migratorios viajan de la misma manera -esto no se puede determinar con facilidad pues viajan de noche; pero son seres de alas débiles y cuando se los obliga a elevarse, se sacuden como si estuvieran heridos. He observado a los Jacanas emigrando de día, pero por esta razón, no afirmaría que no lo hacen de noche pues los Chorlos y otras especies viajan tanto de día como de noche. El Jacana vuela con rapidez, en línea recta y pegado a la tierra. Sacude las alas con velocidad y planea con frecuencia. Cuando se eleva presenta un aspecto nuevo, pues el hermoso verde dorado de las alas está casi escondido mientras el ave descansa. La belleza de su vuelo se ve así muy acrecentada por el súbito despliegue de un tono tan raro y delicado. A cierta distancia del observador y con fuerte luz solar, las alas parecen de un brillante amarillo dorado. No sólo cuando vuela el Jacana hace despliegue de sus hermosas alas; sin elevarse tiene un modo de exhibirías, deleitándose con ellas tanto como la Cacatúa lo hace con su cresta y el Pavo real con su cola. Cuando varias de estas aves viven juntas, a veces todas dejan momentáneamente su comida y con rápidas y excitadas notas se amontonan en un grupo cerrado para realizar una singular y hermosa exhibición, manteniendo todas sus alas extendidas y agitadas, algunas con un sacudimiento rápido, otras con un lento movimiento deliberado, como el de una mariposa asoleándose. Una vez terminada la exhibición, las aves se dispersan de nuevo con tranquilidad. Nunca he visto pelearse a los Jacanas. Poco después de llegar se aparean y construyen un simple nido con pocos materiales, ubicándolo por lo general sobre las hierbas flotantes. Pone cuatro huevos de forma igual a la de las Barcinas, con manchas castañas sobre un fondo marrón amarillento pálido. Durante la incubación el macho monta guardia a cierta distancia del nido y emite un grito de aviso al aproximarse un intruso. La hembra, al instante vuela fuera del nido, pero al elevarse se torna muy visible. Cuando alguien se acerca al nido, los padres revolotean alrededor, sacudiéndose a veces como si estuvieran heridos y alzando, sin cesar, un clamor de notas apresuradas y de enojo, algo semejantes a los gañidos del Tero real. TERU-TERU Vanellus cayennensis Arriba gris; ancha frente y cresta vertical negra; en las escapulares, parche bronce purpúreo; cobijas superiores de la cola blanca; primarias negro purpúreas; cobijas más grandes blancas; cobijas más pequeñas de las alas verde bronceadas; cola: mitad de la base blanca, la otra mitad negro purpúreo con extremo blanco; abajo: barba y línea descendente por el medio de la garganta y pecho, negro brillante; costados del cuello grises, pasando a blanco en el rostro; abdomen y cobijas inferiores de las alas blancas; pico, púa de las alas y patas rojas; ojos carmesí; largo 32,5, ala 21 centímetros. Hembra similar. El "Frailecillo" del Plata es mucho más grande que el "Frailecillo" del Viejo Mundo, pero se asemeja a esta ave en el color general del plumaje, en la cresta larga, fina y negra y en su apariencia general. A través del territorio argentino se lo llama Teru-teru, a raíz de su grito de dos sílabas que repite sin cesar. Al Oeste de los Andes el nombre vernáculo es Queltregua, que es también una imitación de sus notas. Tiene patas rojas, iris carmesí, pico rosado con punta terminal negra y púas de las alas rojo coral; estas manchas de color se agregan a su apariencia atrevida y llamativa. En tamaño, belleza y espíritu es un rey entre los Chorlos, mientras que su disposición celosa y agresiva le da un carácter de tirano entre las aves en general. En las pampas herbosas (el distrito del cual han desaparecido los pastos gigantes), el Teru-teru es (o era) muy abundante. Es allí sedentario, aunque algunos individuos emigran, así como ocurre con la mayoría de especies sedentarias de alas fuertes y, a veces, se ven pequeños grupos, en primavera y otoño, volando con constancia a gran altura y realizando, en apariencia, un largo viaje. Por lo general, forman pareja para siempre y permanecen en el sitio en que se reproducen. Pueden ser perseguidos por los cazadores, sus huevos tomados año tras ano, la tierra dada vuelta con el arado y ellos, sin embargo, aún rehúsan irse. En regiones que tienen una superficie quebrada -colinas, bosques y huecos abrigados- las aves, es natural, se atan a un sitio pues cada localidad posee su propia fisonomía y los seres que la frecuentan adquieren un conocimiento de sus ventajas. Se ven abrasadas por la sequía e inundadas por las lluvias en forma alternada, barridas por tormentas polvorientas en verano y fríos ventarrones en invierno; lo bastante violentos uno imaginaría, como para arrastrar toda criatura alada y borrar todo rastro de habitación. Repito, el poderoso vuelo de esta especie le permitiría realizar largos viajes, y si bien no se ven afectados por los cambios atmosféricos, la escasez de alimentos y de agua debería ser una tentación para lanzarlos en la búsqueda de nuevas regiones. Pero a pesar de todas las vicisitudes, el Teru-teru se aferra a su pedazo de tierra elegido. En defensa de su territorio sostiene perpetuas guerras contra todas las criaturas vivientes; siendo los objetos de un aborrecimiento especial: el hombre, los perros, Ñandúes y aves de presa en general. Su ruidoso grito y temperamento irascible son comentados por muchos viajeros y naturalistas, pues nadie que cabalgue a través de las pampas podría pasar por alto al ave con sus chillantes protestas contra los transgresores resonando sin cesar en sus oídos. Pero todos ellos omitieron mencionar el singular hábito que posee esta ave, de asociarse en grupos de tres con el propósito de diversión o juego. Cada pareja, como ya he dicho, vive siempre junta en su sitio de tierra propio, lindo y bien definido, al que guarda con celo de los intrusos. Sin embargo. si se observa una pareja por un rato se verá otra ave -de una pareja vecina- elevarse y volar hacia ellos, dejando a su propia compañera que cuide la casa y, los otros, en lugar de resentirse por esta visita como si se tratara de una intrusión, le dan la bienvenida con notas y signos de manifiesto placer. Avanzando hacia el visitante, se ubican detrás de él. Luego los tres, manteniendo el paso, inician una rápida marcha emitiendo fuertes y tamborileantes notas, rítmicas, de acuerdo con sus movimientos. Las notas de las aves de atrás fluyen en un rápido torrente, mientras que la que dirige lanza notas fuertes y únicas, a intervalos regulares. La marcha cesa; el guía extiende sus alas mientras continúa emitiendo fuertes notas, en tanto que los otros dos, con el plumaje esponjado, parados justo de frente, se agachan hacia adelante hasta que las puntas de sus picos tocan el suelo y, disminuyendo sus voces hasta un murmullo, permanecen, por un instante, en esta singular postura. Luego la función termina; las aves retoman sus actitudes naturales y el visitante se va. No hay ninguna duda de que este despliegue no tiene ninguna relación con el instinto sexual, pues es gustado durante todo el año, a todas horas del día y también durante las noches de luna. Es simplemente el modo que tiene el ave de expresar su espíritu alegre, pues la mayoría de las criaturas vivientes -las aves en especial- tienen métodos de juego más o menos bien definidos; para el Teru-teru, las horas de juego consisten en breves intervalos que tienen lugar todos los días. Sin embargo, su aire grave y pomposo y la precisión militar de sus movimientos, llevarían fácilmente al observador a atribuir todo este despliegue a algún motivo más importante. El juego no lo disfrutan sólo con los vecinos. Hay muchos Teros solitarios que yerran sin cesar de un sitio a otro -tal vez son Teros jóvenes que aún no se han establecido y cuando uno de estos vagabundos pasa cerca de una pareja, se lo invita en seguida a unirse y, cuando se posa, todos inician la exhibición con gran gusto. Sin embargo, en este caso, tan pronto termina, el ave extraña es atacada con gran animosidad y arrojada del lugar. Si por casualidad el intruso se acerca de nuevo, se apresuran a echarlo con aumentada furia. Es bien recibido por cinco o seis minutos, pero no debe prolongar su estada. Mientras observaba sus bailoteos, que los gauchos llaman cuadrillas, se me ocurrió una curiosa pregunta. Me pareció que su manera de jugar había tenido un efecto lo bastante fuerte como para marcar todo su carácter -estando influenciados por ella el lenguaje, porte, hábitos y aun las relaciones domésticas-. Con la atención puesta en el último punto, aunque es la regla general que cada macho tenga sólo una hembra, he conocido varios ejemplos de un macho con dos hembras, las que ponían los huevos en un mismo nido y se turnaban para incubarlos. También encontré casos de dos machos para una hembra y, una vez, mientras los observaba noté que cuando la hembra estaba en el nido, los machos permanecían sobre ella, uno a cada lado. Una vez, una gran reunión de Teru-terus atrajo mi atención, debido a la extraña conducta de dos individuos que se hallaban entre ellos, y decidí permanecer para observar sus procedimientos. Era en el tiempo seco y caluroso y muchas aves se habían congregado para beber en una laguna. Algunos cientos de ellos estaban parados, arreglando con tranquilidad sus plumas. En el medio de la bandada, dos aves marchaban en forma bien visible, tiesas y erguidas como una pareja de soldados entregados a un ejercicio militar, y emitiendo fuertes notas llenas de autoridad. Cada pocos minutos, un recién llegado arribaba y se posaba a alguna distancia del agua, sobre la que los dos barullentos se meneaban. Estos, ubicándose detrás de él, lo corrían hasta la margen con notas fuertes y resonantes. Luego, permaneciendo a su lado esperaban hasta que saciara su sed, después de lo cual lo corrían hasta cierta distancia del agua, de la que parecían ser los dispensadores. Continué observándolos por más de una hora, y a cada ave que llegaba, la acercaban y alejaban del agua de esa manera ceremoniosa. A veces, varias parejas se unían y volaban en una compacta bandada. Se dividían en grupos de a tres, Lego revoloteaban por algún tiempo batiendo todos sus alas al mismo compás y gritando sus notas al unísono. Estos movimientos parecían ser, en el aire, una imitación de las acostumbradas marchas y tamborileos del suelo. La época de reproducción de los Teru-terus comienza temprano, en el mes de junio, cuando la estación es favorable. Fuertes fríos, sequías u otras causas, a veces la dilatan hasta agosto. El nido es un hoyo circular poco profundo, hecho por el ave en la tierra lisa y tapizado con hierbas quebradas y pequeños fragmentos de tallos de cardos. Pone cuatro huevos casi aguzados en un extremo, color verde oliva (como el del suelo) salpicado de negro. Los huevos de nidos diferentes varían mucho en tamaño, color y en la cantidad de negro con que están salpicados. Dos aves nunca ponen huevos exactamente iguales. Mientras la hembra está en el nido, el macho vigila a una distancia de veinte o treinta metros y, en caso de peligro, emite un potente grito de aviso. La hembra, a veces deja el nido corriendo, pero más a menudo vuela resultando fácil encontrar el nido en la pampa abierta, con sólo marcar el sitio del cual se ha elevado. En el transcurso de una cabalgata matinal levanté sesenta y cuatro huevos. Durante la incubación las aves son extremadamente celosas y vigilantes, acrecentándose su irritabilidad con el aumento del pollo en el cascarón. En esta época atacarán, con gran furia, a cualquier ave de presa que se acerque al nido. Cuando se aproxima algún ser humano, vuelan a su encuentro cuando aún está lejos y, revoloteando sobre él con fuertes gritos, se arrojan a intervalos llegando muy cerca de su cabeza y tratando de golpearlo con las púas de sus alas. Incapaz de intimidar al enemigo con estas muestras de violencia cambia sus tácticas y, posándose a cierta distancia, simula que está buscando su nido. Con bien supuesta precaución y cautela en sus maneras, corre en silencio, agachándose mucho. Cuando encuentra en la superficie, una ligera depresión parecida a un nido, se echa sobre ella, abre un poco las alas y comienza a juntar todas las pajitas y palitos a su alcance, con las que arregla cuidadosamente el hueco, como lo hace la mayoría de las aves que anidan en el suelo, cuando incuban. También a veces, como muchas otras especies, trata de alejarlo a uno del nido fingiéndose cojo. Pero el instinto de buscar y sentarse en un nido imaginario, que no vi en ninguna otra ave, me parece mucho más complejo y admirable. Cuando una majada de ovejas pasa encima del nido, el ave se para sobre él para defender los huevos, y sus fuertes gritos y alas extendidas sirven, a menudo, para atraer las ovejas por simple curiosidad. Aun con una docena de ovejas agrupadas a su alrededor, permanece sin desanimarse golpeándoles la cabeza con las alas. Pero para desgracia suya, si el pastor las sigue, sus fuertes gritos lo atraerán al lugar y tomará los huevos defendidos con tanta bravura. CHORLO DORADO Charadrius dominicus Arriba negro amarronado, con numerosos puntos amarillos irregulares; frente, faja superior y costados del cuello, blancos; abajo negro; rabadilla blanquecina; axilares gris humo; pico negro; patas gris oscuro; largo 20,5, ala 17,5 centímetros. Hembra similar Pichones: abajo blanco sucio con pecas grisáceas. Este cercano representante del Avefría dorada europea, de la que se distingue principalmente por su tamaño más grande y axilares gris humo, visita Sudamérica después de la época de la reproducción en el Norte. El Chorlo es abundante y muy conocido por todos por su nombre nativo, Chorlo, a través del Sud argentino. Sus notas salvajes y claras se oyen primero, alrededor de la última semana de agosto; y entre los recién llegados se ven muchos usando todavía su traje nupcial. Después de su largo viaje desde las regiones árticas, están flacos y no valen la pena de ser cazados; dos meses más tarde se ponen muy gordos y son más apreciados por los "gourmets". Pero no obstante ser tan regulares en sus llegadas, no visitan con regularidad las mismas localidades todas las estaciones; pueden abundar en un sitio un año y escasear o estar ausentes al siguiente. Durante la primavera, de septiembre a diciembre, prefieren los campos abiertos con pastos cortos y en la vecindad de suelos húmedos o pantanosos. Al finalizar diciembre, cuando el cardo gigante (Carduus mariana) que a menudo cubre grandes áreas de terreno, ha sido quemado por el sol y tirado al suelo, se diseminan en bandadas de cien a cuatrocientos o quinientos. Sin embargo, al anochecer todos convergen a una laguna o sitio pantanoso que contenga agua, congregándose día tras día en tal número que ennegrecen el suelo en una superficie de varias áreas de extensión y, a una distancia de quinientos metros, el estrépito de sus voces unidas semeja el rugido de una catarata. A medida que la población aumenta en las pampas, estas estupendas reuniones se vuelven más y más raras. Veinticinco años atrás era algo excepcional para un hombre el poseer una escopeta, o el usarla en caso de que la tuviera. Si quería un Chorlo, un gauchito, con una cuerda de un metro de largo y una bola de plomo atada a un extremo, podía voltear todos los que quisiera. Yo también los he matado de esta manera con la "bola perdida": una bola en el extremo de una larga cuerda, tirada al azar en una nube de aves. Los hábitos, vuelo y lenguaje del Chorlo no necesitan ser descriptos acá, pues de esta ave han hablado muy a menudo, hasta agotar el tema, los ornitólogos americanos. La única peculiaridad que posee y que no la he visto mencionada, es su facultad de producir un fuerte sonido, como de un cuerno, cuando unos pocos, al pasar y ver otros de su clase en el suelo, descienden con violencia y casi verticalmente hacia la tierra, con las alas inmóviles. Sin embargo, este hecho se puede ver rara vez y, en la primera ocasión en que oí el sonido arriba de mi y alcé la vista para ver media docena de Chorlos arremetiendo desde el cielo, la visión me dejó casi sin aliento por el asombro. Los Chorlos parecen abundar más en las pampas, entre los paralelos 340 y 360 de latitud; pero aún no ha sido determinado hasta dónde se extiende hacia el Sud. Las migraciones de retorno comienzan temprano, en marzo y aún Barrows los encontró en la vecindad de Bahía Blanca y en Sierra de la Ventana, desde el 8 de febrero hasta el 19 de marzo. Dice que durante la mayor parte de este tiempo, abundaba en bandadas de veinte a doscientos individuos que parecían moverse uniformemente hacia el Sud o Sudeste. CHORLO DE PECHO COLORADO Rudromias modesta Arriba marrón ceniciento; banda frontal y faja superciliar blancas; alas y plumas centrales de le cola negruzcas; plumas laterales de la cola blancas, las más internas con una imperfecta banda subterminal negra; abajo: garganta cenicienta; pecho castaño claro con una banda negra abajo; vientre blanco; pico negro con la base de la mandíbula inferior amarillenta; patas marrones; largo 19, ala 13,5 centímetros. Hembra similar. Pichones sin el pecho leonado. Esta especie se asemeja mucho al Chorlo dorado en su porte, vuelo y apariencia general; pero es más pequeño y su sobrio plumaje superior no está realzado con manchas doradas. Anida en Sudamérica y las Malvinas. Emigra al Norte en otoño, apareciendo en abril en las pampas y encontrándoselo allí durante el invierno, de aquí el nombre vernáculo Chorlito de invierno. En su traje de invierno el plumaje superior es gris pardusco; el pecho marrón oscuro; el vientre blanco. Es timido y activo, nene un vuelo muy rápido y se lo ve en bandadas en número variable, de doce a trescientos individuos. Cuando se alimentan se diseminan mucho, corriendo con gran velocidad en todas direcciones. Al volar emite con frecuencia su grito, que no tiene el mismo tono melodioso del Chorlo dorado, pero que es maravillosamente claro y se oye desde lejos, impresionando al que lo oye por su rusticidad y melancolía. Su migración de retorno tiene lugar en otoño. CHORLO DE DOBLE COLLAR Aegialitis falklandicus Arriba marrón; frente blanca; banda a través de la frente y costados de la cabeza negros ribeteados de bermejo; alas negras con saetas claras y bordes blancos en la base de algunas de las primarias internas; plumas centrales de la cola negras, laterales, blancas, con una banda subterminal negruzca más o menos clara, excepto en el par más externo; abajo blanco rayado con dos anchas bandas negruzcas en el pecho; pico y patas negras; largo 17,5, ala 12,5 centímetros. Hembra similar El hermoso Chorlito de doble collar habita las Malvinas y el Sud de Patagonia. En invierno emigra hacia el Norte llegando hasta Paraguay, pero no abunda en ninguna parte y rara vez se lo ve en grupos que excedan la media docena. Es sumamente activo. Prefiere siempre los suelos húmedos a los secos, y corre con rapidez sobre el barro en busca de alimento, como una Tringa. Su único lenguaje es una nota baja y seca que emite en el momento de alzar el vuelo. Algunos ejemplares permanecen, para anidar, hacia el Norte, hasta en las pampas de Buenos Aires. Gibson dice que el nido está siempre ubicado cerca del agua, y consiste en una ligera raspadura en el suelo, rellena de pasto seco. Pone tres huevos oliva con manchas negras y de forma semejante a la de los Teros. Durnford también lo encontró anidando en el valle del Chupat (Chubut), en septiembre de 1877. Hay una segunda especie de Chorlo de collar (el Chorlo de collar de Azara, Ae. collaris) que se extiende por toda Sudamérica y al que vi ocasionalmente en una migración en las pampas. CHORLO CABEZÓN Oreophilus ruficollis Arriba gris, mezclado con marrón amarillento y rayado con negro en la espalda y cobijas de las alas; frente y superciliares marrón amarillentas; faja negruzca a través del ojo; alas negruzcas con saetas blancas y con la superficie interna blanca. Cola gris con una barra subterminal negra en las plumas laterales; abajo gris; garganta rojo herrumbre; abajo del pecho una banda negra o parche; pico oscuro; patas rojas; largo 25, ala 16,5 centímetros. Este hermoso y singular Chorlo, con el pico como el de un Chorlito, habita el Sud de Patagonia y las Malvinas. Emigra hacia el Norte en otoño y, durante la época fría, se lo ve distribuido aquí y allá, por todo el territorio argentino, pasando a Bolivia y Perú. En las pampas es más abundante en abril, pero la mayoría de las aves que se ven durante este mes, son viajeras que se dirigen a latitudes más templadas. Es un ave tímida y muy activa; de tamaño un poco más grande que el del Chorlo dorado. En el distrito del Plata se lo llama por lo general Chorlo canela, por el rojo canela que prevalece en su plumaje. Se lo distingue, en la familia a la cual pertenece, por la gran longitud de su pico recto, delgado, parecido a una cánula y nada semejante al de ningún otro Chorlo. Tiene también otras peculiaridades en la estructura; los dedos son excepcionalmente cortos y gruesos; el hueso frontal está modificado en una forma curiosa y los ojos son muy grandes, como los de una especie nocturna. Sin embargo, no creo que emigra de noche, pues nunca he oído su peculiar grito de viaje, después del anochecer. Una bandada se compone, por lo general, de doce a treinta individuos. Cuando están en el suelo se dispersan mucho, corriendo con más rapidez que cualquier otro de los Chorlos que conozco. Cuando viajan, el vuelo es rápido y alto y las aves van muy separadas. No poseen notas melodiosas o resonantes como Otros miembros de la familia de los Chorlos. En el suelo son silenciosos, pero cuando alzan el vuelo, siempre emiten una nota larga, trémula y de tono fino y agudo, con una inflexión descendente, canto que repiten, por lo general, tres o cuatro veces. El sonido puede imitarse golpeando las cuerdas flojas de una guitarra. Este grito lo lanzan con frecuencia cuando emigran. En el Río Negro, Patagonia, sólo observé este Chorlo en la época invernal, pero Durnford lo halló anidando en el valle del Sengel (Senguer), en Chupat (Chubut), en el mes de diciembre. CHORLO APERDIZADO MENOR Thinocorus rumicivorus Arriba marrón anteado, jaspeado y rayado en forma irregular, de negro; plumas de las alas negras ribeteadas de blanco; secundarias externa como la espalda; cola negra con ancho borde terminal blanco, rectrices centrales como la espalda; abajo blanco; ancha línea negra a cada lado de la garganta uniéndose en el centro del cuello y expandiéndose en un collar en el pecho; costados del cuello grisáceos; pico marrón oscuro, patas amarillas; largo 16,5, ala 10 centímetros. Hembra similar, pero con sólo trazos ligeros de la barra negra. Esta curiosa ave tiene el plumaje superior gris y las alas estrechas, largas, con el extremo aguzado de las de un Chorlo, con el cuerpo pesado y corto y el pico fuerte y curvo de una Perdiz. Pero el pico gallináceo no está en relación en estas especies, como sucede en las Perdices, con fuertes patas gallináceas. Por el contrario, las patas son en extremo pequeñas y débiles, y apenas pueden sostener el peso del cuerpo. Cuando se posa en el suelo deja caer su cuerpo directamente en la tierra, sobre la que se echa bien pegado, como un Chotocabras. Cuando se eleva en el aire lo hace de pronto con el vuelo salvaje y apurado y el grito de alarma, agudo y discordante de un Chorlo. Se alimenta sólo de vegetales. Yo he abierto la molleja de muchos ejemplares, para asegurarme de que nunca comen insectos, y siempre encontré en ellas nada más que semillas (por lo general semillas de trébol) y brotes tiernos y hojas mezcladas con partículas diminutas de grava. Estas aves habitan Patagonia, emigrando hacia el Norte (las pampas) en invierno y arribando en abril. Por lo común van en bandadas de alrededor de cuarenta o cincuenta individuos y vuelan con mucha rapidez, manteniéndose muy juntas. En el suelo, sin embargo, están siempre muy separadas y son tan lentas para elevarse, que permiten a una persona caminar o cabalgar a través de las bandadas sin que ellas lleguen a volar, arrastrándose cada una a un pequeño hueco en la superficie o detrás de un manojo de pastos, para escapar a la observación. Durante su estada invernal en las pampas, la bandada elige siempre, como lugar para alimentarse, un parche de tierra blanca arcillosa con vegetación escasa y marchita. Aquí, cuando el ave se agacha inmóvil en el suelo, al que su plumaje gris se asimila tanto, es más difícil descubrirla. Si una persona está quieta cerca o en medio de una bandada, las aves revelarán su presencia contestándose con una variedad de extrañas notas, que semejan el arrullo de las Palomas, golpes fuertes en el suelo hueco y otros ruidos misteriosos que parecen venir de bajo tierra. En el valle del río Negro encontré unas pocas de estas aves en verano, pero no puede hallar sus nidos. Duruford, que los encontró anidando en Chupat (Chubut) a fines de octubre, nos cuenta que su nido es una ligera depresión en el suelo, a veces tapizada con unas pocas briznas de hierbas. "Los huevos tienen un pálido color terroso, salpicado, espesa pero muy finamente, con manchas chocolate claro y oscuro; tienen un aspecto pulido y miden 3,5 por 2 centímetros". (Ibis, 1878, pág. 403.) TERO REAL Himantopus brasiliensis Blanco; línea detrás de cada ojo, nuca, parte posterior del cuello, interescapulares y alas negras; una estrecha banda blanca separa el cuello negro de la negra parte superior de la espalda; pico negro, patas naranja; largo 35, ala 21,5 centímetros. Hembra similar. Esta ave es sedentaria y común en el distrito del Plata. En lengua vernácula se la llama Teru-real y también Zancudo. Frecuenta pantanos y lagunas. Vadea cerca de la costa, en el agua poco profunda en busca de alimento. Es de movimientos vivaces y, no obstante la gran longitud de sus patas, tiene una apariencia linda y graciosa cuando está en el suelo. Sin embargo, luce más durante el vuelo, que es notablemente ligero y libre, mientras que las alas de extremos aguzados y color negro lustroso, contrastan finamente con el plumaje blanco nieve del cuerpo, y las patas rojas, extendidas en línea recta hacia atrás, tienen la apariencia de una cola larga y delgada. Los Zancudos son locos por los ejercicios aéreos, persiguiéndose uno al otro con maravillosa velocidad por el aire, de modo tal que, pocos minutos después que el espectador casi los ha perdido de vista en el cielo, se hallan de nuevo abajo a pocos metros de la superficie. Mientras se persiguen, emiten sin cesar sus excitados gañidos que recuerdan, en tono, uno de los musicales ladridos de algunos sabuesos. El nido está hecho en el suelo bajo, cerca del agua, y consiste sólo en un ligero revestimiento de pasto seco y hojas, reunidos en una pequeña depresión de la superficie. Pone cuatro huevos piriformes. color oliva oscuro salpicados de negro amarronado, encontrándose las manchas más amontonadas en el extremo más grande. Durante la incubación es el macho que monta guardia y emite un grito de aviso al aparecer un enemigo, con lo cual la hembra abandona el nido. También simulan cojera para alejar a las personas de la vecindad de los huevos o pichones, pero lo hacen de una manera peculiar a esta especie, pues, debido a la gran longitud de sus patas, no pueden arrastrarse contra el suelo, como hacen los Patos, Avefrías, Perdices y otras aves. Colocándose a una distancia de cuarenta o cincuenta metros del intruso., pero con el pecho hacia él, revolotean a alrededor de treinta centímetros del suelo, con sus largas patas colgando y parece como si pugnaran por elevarse y cayeran repetidamente. Si se les acercan, se retiran con lentitud, revoloteando siempre justo sobre el pasto y sin hacer ningún ruido. Después que los pichones pueden volar, permanecen con los padres hasta la primavera siguiente. A veces dos o tres familias se asocian, elevando el número de aves de la bandada a quince o veinte. Los pichones tienen un grito agudo y quejumbroso de dos notas; el plumaje, marrón y gris pálido; los ojos negros. Después de nueve o diez meses adquieren el plumaje adulto, no por muda sino por un cambio gradual en el color de las plumas. Por ese mismo proceso gradual, el ojo cambia de negro a carmesí; el borde externo del iris asume primero un color rojizo oscuro, que se aclara y ensancha hasta que todo el iris se vuelve de un rojo vivo. BECASINA COMÚN Gallinago paraguaiae Arriba marrón rayado con negro y leonado pálido; alas ceniza oscuro ribeteadas de blanco; cola de dieciséis rectrices, de las cuales, el par externo tiene forma de alfiler; abajo blanco; pecho marmolado con negruzco y marrón; largo 26,5, ala 23 centímetros. Esta ave familiar, llamada Agachona en lengua vernácula por su costumbre de agacharse, pegada al suelo, para no ser vista cuando alguien se acerca, abunda en el distrito del Plata y es sedentaria; no obstante que sus súbitas y totales desapariciones de todos los espacios abiertos y húmedos en los que es común, durante el invierno, dan la impresión de que es migratoria. Sin embargo, sólo se retira para anidar en los extensos y solitarios pantanos. El nido es una ligera depresión en el suelo húmedo, cerca del agua y revestido con pastito seco. Pone cuatro huevos de forma de pera y color oliva con manchas negras. Después que los calores del verano han pasado, las Becasinas aparecen de nuevo de golpe en todo el territorio y, en esta época, se las encuentra con frecuencia en las tierras altas y secas entre los pastos marchitos y los cardos. En épocas secas favorables, a veces se reúnen en grandes bandadas de no menos de quinientas a seiscientas aves. Una bandada de esta clase permanece, en algunas ocasiones, en un sitio durante varios meses sin deshacerse. Frecuentan, por lo general, un lugar abierto de tierra llana en donde el agua apenas cubre las raíces de los pastos cortos. Aquí se mantienen muy cerca una de otra mientras se alimentan, y son visibles desde larga distancia, pero se vuelven demasiado cautas, elevando todas sus cabezas a la menor alarma, de un modo que no parecen Becasinas, y levantan el vuelo con rapidez de los Patos salvajes. Sin embargo, uno no se encuentra a menudo con estas bandadas. Por lo general, la Becasina común es un ave solitaria, que se agacha cuando se le acercan y salta de golpe cuando casi la han pisado, emitiendo con fuerza su agudo y raspante grito de alarma. Después de elevarse a una considerable altura, volando de una manera salvaje y errática, retorna de súbito a la tierra, cayendo a menudo en el pasto dentro de los veinte metros del sitio de donde se elevó. Es en realidad curioso el ver cómo estos hábitos, característicos de las Becasinas de todo el mundo, se dejan de lado de manera tan completa cuando se asocian en grandes bandadas. Temprano y tarde en el día, muchos individuos están por lo general volando ocupados en sus pasatiempos aéreos, siendo perfectamente audibles, a una distancia de cerca de dos kilómetros, los singulares ruidos de molienda o guadañar causados por sus plumas en el violento descenso desde una gran altura. Se lo oye durante el invierno a todas horas del día durante el tiempo moderado y húmedo y, en las noches de luna, a menudo hasta pasada media noche. DORMILÓN flhynchaea semicoliaris Arriba marrón oscuro; cabeza negra con una banda central y dos laterales longitudinales blanco anteado; alas negro cenicientas salpicadas con blanco anteado y rayadas de negro; cobijas con grandes pintas ovaladas blanco claro; abajo: pecho y garganta amarronado oscuro, con un visible collar negro a cada lado del cuello; vientre blanco, flancos teñidos de color ante; pico verdoso con la punta rojiza; patas color carne; largo 20, ala 10,5 centímetros. Hembra similar, pero un poco más grande y de colores más brillantes. En las provincias argentinas a esta ave se la llama Dormilón, en alusión a sus perezosos hábitos semejantes a los de las especies nocturnas. Pasa las horas diurnas escondido entre los densos lechos de cañas, alzándose sólo cuando está a punto de ser pisado. Su vuelo es débil y errático, alternando los rápidos aleteos con intervalos de planeo y, después de volar una corta distancia, se posa de nuevo como una Gallareta. No tengo ninguna duda de que es de hábitos nocturnos o crepusculares, por su comportamiento en el suelo lo mismo que durante el vuelo cuando parece encandilado por la luz. Es solitario y sedentario y se lo puede encontrar en pequeños números en todo pantano o arroyo del distrito del Plata, en donde sus lechos de cañas favoritos, le proporcionan abrigo. Parece no tener grito o nota de ninguna especie, pues aun en el momento de incubar los huevos o cuando teme por su nido, no emite ningún sonido. Nunca pone más de dos huevos. Los coloca sobre el suelo húmedo, a menudo sin ningún revestimiento, entre los pastos juntos y las hierbas, cerca del agua. Son oblongos y bruscamente puntiagudos en el extremo más pequeño. Tienen un color blanco, pero tan marcado y salpicado de negro que, en algunos casos parecen ser por completo de este color, o bien negros salpicados de blanco. CHORLITO MANCHADO Tringa maculata Arriba marrón mezclado con negro; superciliares blanquecinas; rabadilla y cobijas superiores del medio de la cola blancas; abajo: blanco, cuello y pecho grisáceos rayado de negro; largo 21,5, ala 13 centímetros. Hembra similar. El Chorlito manchado es una especie norteamericana bien conocida, que visita el Sud durante sus migraciones. Anida en abundancia en Alaska y, en invierno, desciende hasta Chile y Patagonia atravesando Centro y Sud América. Durnford encontró muchos alrededor de las lagunas saladas de Chupat (Chubut). Cerca de fines de agosto comienza a llegar al Plata, por lo general solo o en pequeñas bandadas. Entre estos primeros viajeros hay algunos tan jóvenes, con rastros de plumón amarillo aún adherido a las plumas de la cabeza y en conjunto débiles en apariencia, que uno apenas puede dar crédito al hecho de que tan pronto después de haber salido del cascarón, han realizado el estupendo viaje desde la extremidad boreal del continente Norteamericano hasta las pampas de Buenos Aires. Esta especie difiere de otros Chorlos en ser de costumbres más solitarias y sedentarias, alimentándose durante horas en un mismo sitio y en su hábito, semejante al de las Becasinas, de agacharse mucho cuando alguien se acerca y permanecer inmóvil observando al intruso. También se diferencia en su lenguaje, pues su trémulo grito, bajo y suave, que emite mientras vuela, es bien distinto de los sonidos agudos y secos de otras especies. Durante los meses de calor, cuando el agua comienza a faltar se reúnen a veces en bandadas, viéndose, en ocasiones, hasta doscientos o trescientos individuos, pero en toda época es más común verlos en grupitos de media docena o solos. Otras dos especies Árticas-americanas de Tringa, bien conocidas, son visitantes anuales de la Argentina: el Chorlito unicolor, T. bairdi y el Chorlito de rabadilla blanca, T. luscicollis. CHORLO MAYOR DE PATAS AMARILLAS Totanus melanoleucus Arriba gris pardusco salpicado de blanco; rabadilla casi blanca; abajo blanco; garganta y cuello con rayas negras; pico negro, patas amarillas; largo 35, ala 19 centímetros. Hembra similar. Esta especie es más conocida como una especie Ártica-americana, descendiendo al Sud durante las migraciones y llegando al Plata a fines de septiembre o a principios de octubre, solo o en parejas y, a veces, en pequeñas bandadas. Sin haber sido nunca muy abundante es bastante común y rara vez se puede uno acercar a un charco o pantano en las pampas, sin ver uno o más individuos vadeando cerca de la orilla y emitiendo su poderoso grito de alarma: una nota larga y clara, repetida tres veces. Estos visitantes estivales nos dejan en marzo y luego, lo que es muy extraño, arriban otros, es probable que del Sud, para invernar en las pampas, en las que permanecen de abril a agosto. De este modo, no obstante que el Chorlo real no anida en las pampas, lo tenemos con nosotros durante todo el año. Las observaciones de Durnford están de acuerdo conmigo, pues dice que se lo encuentra durante todo el año cerca de Buenos Aires. Barrows escribe que esta especie "aparece todos los meses del año (en Concepción, Entre Ríos), pero en número mayor durante agosto, septiembre, octubre y noviembre". El Chorlo menor de patas amarillas, Totanus flavipes, es también una especie común. Proveniente de la región ártica de Norte América, visita Argentina de septiembre a abril. Muchos ejemplares que no anidan, se encuentran también durante los otros meses del año. En hábitos, lenguaje, color y -excepto el tamaño- en toda su apariencia, se asemeja muchísimo al Chorlo mayor de patas amarillas, y las dos especies, atraídas o engañadas por esta semejanza, están siempre juntas.
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