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Aves del Plata

GUILLERMO HUDSON

AVES DEL PLATA

INTRODUCCIÓN

El material contenido en este trabajo, ha sido sacado de los dos volúmenes de la Ornitología Argentina, publicada en 1888-9, que fue mi primer libro sobre la vida de las aves. El ya fallecido Philip Lutley Sclater que era, en aquella época, la más alta autoridad de la ornitología sudamericana en ese país, colaboró conmigo, hasta el punto de arreglar el material de acuerdo con el sistema de clasificación más popular, y agregando también, descripciones, sinonimias, etcétera, de las especies que me eran desconocidas. Todo este material al que él contribuyó a fin de hacer del trabajo una lista completa, lo he excluido de la sinonimia de las especies descriptas por mí. Una buena razón para esta exclusión, fue el ver que no podemos tener una lista completa debido al hecho de que los coleccionistas agregan sin cesar nuevas especies; siendo la mayoría de ella, nuevas para la lista, intrusas o visitantes encontradas en los límites subtropicales del norte del país. El trabajo original (Ornitología Argentina) resultaba, de esta manera, anticuado apenas acababa de aparecer; y el único interés que aun mantiene para el lector, es el relato, con el que yo contribuí, relativo a las costumbres de las aves. Por lo tanto, no siendo más el trabajo lo que era, o intentaba ser, fue preciso hallar un título diferente, y no pude encontrar ninguno que me pareciera más conveniente que el de "Aves del Plata". Este nombre indica que las especies aquí tratadas son de la región del Plata, distrito de la Argentina. Además, le da al libro el sitio que le corresponde al lado de "El naturalista del Plata". Este libro, ahora también viejo en años, ha ganado un lugar permanente en las bibliotecas de Historia Natural. Trata de todas las formas de vida por mí observadas; pero como fue escrito después de la Ornitología Argentina, traté, en lo posible, de evitar todo lo relativo a aves, a fin de que ambos trabajos no se superpusieran. Debo agregar que, de la Ornitología Argentina, se ha hecho una edición limitada y que ahora no se pueden obtener ejemplares.

Uno podría suponer que, durante los largos treinta años que han pasado desde que aparecieron por primera vez estos cortos relatos sobre la vida de las aves, podrían haber visto la luz otros libros relativos al mismo asunto; pues desde entonces, en este mismo terreno han aparecido muchos trabajadores, se han formado Sociedades de Historia Natural, y entre ellas hay una que se ocupa exclusivamente de aves, que edita una publicación periódica titulada "El Hornero", y que lo hace tomando como modelo al "Ibis".

Esto es, al menos, lo que yo supongo. Pero he oído decir que esto no es verdad y que los naturalistas de allá cuentan que mi libro, aparecido en 1889, y el de Azara -"Aves del Paraguay y del Río de la Plata"-, hecho un siglo antes, son los únicos trabajos publicados que tratan de las costumbres de las aves en esa región.

Considero que esta es una razón lo suficientemente buena como para reeditar trabajo tan antiguo. La vida de las aves es un tema de perenne interés para un gran número de lectores que aumenta sin cesar, para todos aquellos, en fin, que aman un ave, o mejor dicho un ave viva y no el ejemplar muerto y relleno de paja de un gabinete.

El profesor Mivart, en su gran trabajo anatómico, dijo muy bien y con mucha sabiduría "que un ave muerta ya no es nada". Pues el cuerpo es sólo el estuche, el traje, y cuando se han ido la vida y el alma, lo único que queda es polvo.

Volvamos, por unos instantes, al escrito sobre aves que me precedió hace tanto tiempo. Don Félix de Azara, caballero español, persona de importancia en su época, viajero y autor de varios trabajos, era, sin embargo, capaz de encontrar su mayor placer "en conversar con animales salvajes, en sitios desérticos en una remota tierra".

La vida de las aves de los países poco conocidos tenían, para él, un atractivo especial. Era un observador excelente y las describía con cuidado. Sus breves notas sobre las costumbres de las aves son muy fáciles de leer, debido al lenguaje natural y simple, lo cual es raro de encontrar en la lengua española pues su riqueza y sonoridad arrastran al escritor a un estilo prolijo y florido.

Azara poseía una gran ventaja sobre mí. Tenía a su amigo Noseda, sacerdote de un pueblo del Paraguay, que compartía su interés por la vida de las aves de la región. Tomaba abundantes notas de sus observaciones, que luego podían ser consultadas por Azara. Noseda fue, sin duda, una especie de Gilbert White (su contemporáneo) y tuvo su "parroquia de Selborne" en un país bárbaro, rico en aves. Yo no tuve un Noseda con quien comparar mis notas; ni tampoco tuve, durante los años de mi vida en las pampas, la felicidad de encontrar a alguien que compartiera mi interés por la vida de las aves salvajes de mi país natal.

Hasta acá el libro y su historia. Pero queda por agregar algo concerniente a este asunto: el carácter de la vida de las aves del distrito en donde realicé mis observaciones. Es, en general, como la de Sud América, pero se diferencia en la ausencia, casi total de formas tropicales tales como Quetzales, Tucanos, Momótidos, Todis, Guacamayos.

El mundo de las aves ha sido dividido por los ornitólogos, en varias regiones geográficas. Sin duda las aves que habitan porciones de tierra muy separadas entre sí, se diferencian y, como ocurre con las razas humanas, llevan estampada la marca de su país o de su continente. Pero el ave es un ser alado, y muchas de ellas rehúsan pertenecer a una zona determinada. Algunas son migratorias; viajan a tierras distantes, fuera de la comarca que les ha sido asignada, cubriendo a menudo, el viaje de regreso, una distancia de doscientos veinte kilómetros.

Parece casi increíble que un ave tenga sus puntos de cría y de alimentación, o sus áreas de verano r de invierno, separadas ciento diez kilómetros entre sí.

Así en Sud América, que es llamada la Región Neotropical, hay numerosas especies que llegan de la zona norteamericana, vecina a ella. Entre éstas, hay varias especies que se reproducen en la zona ártica, a unos 800 u 840 de latitud Norte y que, después de reproducirse, vuelan hacia el Sud llegando hasta el extremo austral de la Patagonia.

Además de las aves estrictamente migratorias hay muchas de una disposición vagabunda, como el Piquituerto europeo, la Picotera, el Buho de orejas cortas.

Tienen el hábito gitano o el espíritu colombino de la cigüeña del poeta, que se fue adelante a explorar cielos que no fueran el suyo y mundos hasta ese entonces desconocidos.

Finalmente, tenemos una gran cantidad de especies, sedentarias y migratorias, pertenecientes a familias que tienen una amplia distribución en el mundo. Entre ellas están los Tordos, Reyezuelos, Alondras, Golondrinas, Pinzones, Cuervos, Vencejos, Chotacabras, Carpinteros, Cuclillos, Lechuzas, Halcones, Buitres, Garzas, Cigueñas Chorlos, Becasinas, Patos, Gallinetas, Gaviotas, Cormoranes y Macáes.

Estas familias distribuidas por todo el universo, son siempre, en relación con el número total de especies, más numerosas en las zonas templadas que en los trópicos. Relativamente, abundan más en el distrito templado del Plata que en la región de los bosques brasileños.

Sin duda Sud América es, en aves, más rica que cualquier otra zona de igual superficie. Las especies son más de dos mil, y la mitad, o algo más de la mitad, pertenecen a un solo orden:

Passeriformes, o pájaros propiamente dichos. La mitad de estas últimas están incluidas en el suborden Oscines, o aves con un órgano vocal desarrollado -aves cantoras-. De esta manera, vemos qué rica en aves es esta región, en donde sólo las aves cantoras igualan, si no sobrepasan, en número a todas las especies de aves europeas juntas.

Alrededor de un cuarto de todas las especies sudamericanas, habita la Argentina; y más o menos la mitad de esta cantidad se encuentra en el distrito del Plata, que pertenece a la subregión patagónica de la región Neotropical.

Las especies que yo, en persona, conocí suman doscientos treinta y tres, pero desde que abandoné el país, muchas más han sido agregadas. Las formas exclusivamente neotropicales de mi lista incluyen los Traúpidos, Ictéridos, Tiránidos, Fitotómídos, Dendrocoláptidos. Formicáridos, Rinocriptidos, Troquilidos, Palamedeidos, Arámidos, Páridos, Tinocóridos, Tinámidos y Reídas, ochenta y cuatro especies en total.

En este distrito, las formas o familias exclusivamente sudamericanas, están en minoría. Pero si consideramos todo el territorio argentino vemos que estas familias y las otras, ampliamente distribuidas, están bien equilibradas. Para terminar, sí consideramos toda la región Neotropical encontramos, en su mayoría, formas sólo sudamericanas. La familia de los Troquilidos solamente comprende más de cuatrocientas especies y lo mismo sucede con los Tanácridos, mientras que otras dos familias de Passeriformes, Tiránidos y Dendrocoláptidos, suman, por lo menos. quinientas.

Debemos considerar también que, en las familias que tienen distribución universal, hay grupos, géneros y sub familias muy modificadas. Así en la familia de los Túrdidos tenemos las Calandrias. Del mismo modo encontramos tipos diferentes en los Troglodítidos, Fringílidos, Cucúlidos y otras familias.

Resumiendo: tenemos en las familias de distribución universal, grupos y géneros que exhiben la marca peculiar de la región que habitan (en este caso el carácter neotropical o sudamericano), que existen al lado de formas sin modificación: un Tordo, un Cabecita negra, una Golondrina; una Lechuza, un Pato, una Paloma, un Chorlo, etcétera, que resultan difíciles, y a veces imposibles, de distinguir de las del viejo mundo. Junto con estas formas modificadas y no modificada- asiáticas, europeas y norteamericanas- se encuentran las características formas neo-tropicales. Entre estas últimas hay algunas especies que tienen un profundo interés para el que estudia la evolución de la vida de las aves del globo. Son sobrevivientes de un período remotísimo de la historia del mundo, cuando la mayor parte del hemisferio Sud era exclusivamente tierra firme; cuando Sud América, Sud África y Australasia formaban parte de un mismo continente. Entre estas especies que tienen parecido con los avestruces y afinidades aún más antiguas, figuran los Ñandúes, las Perdices sudamericanas y los Chajáes, a los que Huxley supone relacionados por descender del Archaeopterix.

Volviendo a la manifestación hecha al comienzo de este prólogo -de que el único interés de este libro está en el relato de las costumbres de las aves-, estoy tentado de agregar una nota puramente personal el recuerdo de un incidente ocurrido hace treinta años.

Más o menos alrededor de la época en que apareció la Ornitología Argentina (1889), publiqué un librito, de estilo distinto, titulado "La tierra purpúrea", que era un relato ficticio de aventuras románticas. Un ejemplar llegó a manos de un hermano mío, mayor que yo, que vivía en la ciudad de Córdoba en la provincia occidental argentina del mismo nombre. Le había sido enviado por otro hermano que residía en Buenos Aires. En conocimiento del libro encargó a nuestro hermano un mensaje para mi; y su carta, escrita en español, me fue mandada a Londres. El mensaje decía lo siguiente:

"¿Por qué permaneces en Inglaterra, qué puedes hacer allá? He visto tu novela y encontré que se puede leer, pero tú debes saber que esa no es tu especialidad, la obra para la cual estás mejor dotado. Vuelve a tu propio país y ven a buscarme a Córdoba. Estos bosques, sierras y ríos, tienen unas aves más abundantes e interesantes que las de las pampas y la Patagonia.

Aquí puedo ayudarte y de este modo estarás en condiciones de dedicar todo tu tiempo a observar las aves nativas y la fauna en general."

Leí su carta con angustia, sintiendo que su razonamiento era acertado; pero el mensaje llegó demasiado tarde, pues ya había hecho mi elección: la de permanecer todo el resto de mi vida en la patria de mis antepasados, que ya era la mía.

Ahora, después de tanto tiempo, la angustia retorna, y cuando pienso en aquella tierra tan rica en aves, aquellos bosques lozanos y aquellas praderas frescas en donde podía haber hecho tanto y luego miro esto -la escasa obra realizada como lo demuestran estos volúmenes-, pienso que, después de todo, tal vez de los dos caminos que se abrieron ante mí, elegí aquél que no me convenía.

W.H.H.

Octubre de 1920

 

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