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Capítulo XIV

CAPITULO XIV

Sistema de numeración do los Chibchas- Significación de las voces numéricas, según el doctor Duquesne, y cifras que dice que las representaban-Opinión contraria del barón de Humboldt-Cómo dividían el tiempo-Años de 20 y de 37 lunas que les atribuye el doctor Duquesne-El supuesto calendario chibcha-Las piedras con figuras realzadas no sirvieron de calendarios-Los trabajos del doctor Duquesne carecen de valor científico.

El sistema de numeración usado por los Chibchas era el vigesimal, pues contaban por los dedos de las manos y de los pies. Los diez primeros números son: ata, bosa, mica, muyhica, hisca, ta, cuhupcua, suhusa, aca, ubchihica. Para contar de once a veinte anteponían la palabra quihicha (que significa pie, y equivale a decir diez) a las cifras citadas; veinte se decía quihicha ubchihica o gueta; veintiuno, guetas asaquí ata (veinte más uno); treinta, guetas asaquí ubchihica; cuarenta, gue bosa (veinte dos), etc. Contaban, pues, hasta veinte y multiplicaban este número cuantas veces lo necesitaban.

El doctor Duquesne afirma que las voces numerales tenían diferentes significados, "todos alusivos a las fases de la luna, a las labores de sus sementeras y a las supersticiones de su idolatría." Presenta como descubrimiento propio las cifras con las que él dice que expresaban los números, dando los diferentes sentidos que les atribuye, y va hasta suponer, lo que no es exacto, "que verosímilmente estas cifras son las mismas que usaban los peruanos."

Nos vemos obligados a impugnar las fantasías del doctor Duquesne, llevadas hasta lo inverosímil, aceptadas y popularizadas por Humboldt, Ternaux-Compans, Acosta, Uricoechea, Plaza, Bollaert, Codazzi, Zerda y otros autores colombianos y extranjeros.

He aquí la representación de los símbolos numéricos aplicados a los meses (que no tenían otro nombre que el de los números), con la explicación y los significados que les da:

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"Ata. Los bienes - otra cosa.
Ata:  Un sapo en acción de bricar, que caracteriza la entrada del año.

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Bosa. Alrededor.
Bosa:  Unas narices y las dos ventanas.

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Mica.  Parar, hallar, abrir, buscar, coger, cosa varia.
Mica:  Dos ojos abiertos y las narices.

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Muihica.  Piedra de la casa, cosa negra, crecer.
Muihica:  Dos ojos cerrados.

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Hisca.  Cosa verde, alegría, echarse uno sobre otro, medicina.
Hisca:  La unión de dos figuras: era símbolo de la fecundidad.

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Ta.  Labranza, cosecha.
Ta:  El palo y la cuerda con que formaban el círculo de sus casas y de sus labranzas.

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Cuhupcua.  Sordo.
Cuhupcua:  Las dos orejas tapadas.

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Suhusa.  No tirar de otra cosa.  La raíz significa tender, extender.
Suhusa:  El palo y la cuerda.

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Aca.  Los bienes.
Aca:  El sapo de cuya cola principia a formarse otro.

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Ubchihica.  Luna resplandeciente, casa pintada, pintar.
Ubchihica:  Una oreja, para significar las fases de la luna.

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Gueta.  Casa y semetera, tocar.
Gueta:  Un sapo extendido o echado.

Nota: La verdadera sinonimia no es la que da el autor en este cuadro, sino la siguiente:
Bosa, dos, cerca o cercado, a la redonda.
Mica, tres, diferente, escogido.
Muyhica, cuatro, trenza, cosa negra, cabo o ramal.
Hisca, cinco, bebedizo, medicina.
Ta, seis, labranza.

Con razón dice el barón de Humboldt:
"Hecho notabilísimo de la historia filosófica de las lenguas sería que las palabras chibchas con que se designan los números tuvieran, corno pretende Duquesne, raíces comunes con otras voces que expresan las fases de la luna u objetos campestres. Fácilmente se concibe que una semejanza accidental de sonidos se manifieste en ocasiones entre palabras numéricas y cosas que nada tienen que ver con números, como nueve y nuevo; ach, en alemán ocho, y achtung, estima;.... pero no cabo decir que cuando siente el hombre inculto la primera necesidad de contar, llame cuatro a una cosa negra, muyhica; seis, recolección, ta; veinte, casa, gue o gueta, porque en el arreglo de un almanaque lunar preceda el término cuatro un día a la conjunción de la luna, por la vuelta de los diez términos de una serie periódica; o porque la recolección se haga seis meses después del solsticio de invierno.

Obsérvase en todas las lenguas cierta independencia entre las raíces que designan números y las que expresan otros objetos de mundo físico, ¿y hemos de suponer que existen allí, donde dicha independencia desaparece, dos sistemas de numeración, posterior el uno al otro; o que tales afinidades etimológicas sólo son aparentes, porque descansan en significaciones figuradas?"
Dice también que como no existe diccionario de la lengua chibcha, no se puede comprobar la exactitud del aserto; pero que toda desconfianza es poca tratándose de investigaciones etimológicas.
Ignoraba el barón de Humboldt que existe un vocabulario de esta lengua, que hemos consultado detenidamente sin hallar en él las pruebas de lo que asegura el doctor Duquesne. Nos bastará examinar el significado de dos o tres números. Ata dice que es sinónimo de los bienes y de otra cosa, pero lo primero se traduce por sipcua y lo segundo por uchas. En otra parte dice que ata y aca "representaban las aguas en el sapo." Mas, ¿de dónde puede traer esta etimología si agua se dice sie y sapo hiba?

Al sexto mes, ta, que corresponde a Junio, lo llama el mes de la cosecha, cuando leemos en Oviedo:
"La cosecha de su sementera viene a ser por Septiembre, porque no siembran más de una vez en el año."

No vemos ninguna relación ni sinonimia entre los números y las prácticas idolátricas de los chibchas; no hallamos en el vocabulario ni una sola de las palabras que se refieren a las fases de la luna, ni las crónicas traen la noticia de que los indios figuraran éstas pintando las facciones del rostro.
En vano hemos buscado estos signos, o siquiera alguno de ellos, en una de tantas pictografías que hemos tenido la vista, así como en las muchas piedras grabadas y en los objetos de oro, cobre y arcilla que nos han llegado a las manos: no los hemos reparado en ninguna parte. Aún más: hemos observado que representaban a las ranas siempre en muy distinta forma, y que pintaban las orejas en figura de espiral. El autor dice que el símbolo de Suhusa es un palo con una cuerda, y el de Hisca, dos figuras unidas. En lugar de estos emblemas, lo que se ve es una R mal hecha y un garabato.

¿Cómo pudiéramos creer que los indios llegaran a hacer uso de las cifras numéricas, cuando no puede presentarse un indicio siquiera que haga esto probable?

Los Chibchas dividían el tiempo en días, meses y años; contaban los días por soles, viendo que este astro es la causa de ellos, de manera que usaban el mismo vocablo, sua, para nombrar el sol y el día. Llamaban la mañana sua mena; el medio día, sua meca; la tarde, sasca y la noche sa. Contaban los meses por lunas con sus menguantes y crecientes, dividiendo cada una de éstas en otras dos, con lo que hacían cuatro partes o semanas del mes. Su año, socam, era de doce lunaciones, y comenzaba como el nuestro en Enero, por ser el tiempo de empezar a labrar y disponer la tierra para las siembras, y terminaba en Diciembre, fin de las labores agrícolas.

Era costumbre bastante general entre ellos dividir en tres partes de a diez días el empleo del mes. Pasaban los diez primeros separados de sus mujeres, mascando hayo, que los sustentaba, mezclado con una yerba que los purgaba de sus indisposiciones. Los siguientes se ocupaban en sus labranzas, y en los últimos se quedaban en sus casas holgándose y conversando con sus mujeres. Esta distribución del tiempo variaba en algunas partes en duración.

No conocieron probablemente otro ciclo o período de años que el de veinte.

El doctor Duquesne les atribuye un año de veinte meses y otro de treinta y siete, de cuyo enlace y exacta coincidencia resulta un ciclo de sesenta años nuestros. Examinemos las razones baladíes en que funda sus aseveraciones:
"Ya hemos dicho muchas veces que los Moscas miraban como sagrado el número 20.

No podían menos que ajustar por él el año, porque de otra suerte se hubieran confundido en todas sus cuentas. Los plazos para los pagos en su comercio, las convenciones solemnes entre sus jefes, el orden de los sucesos y la cronología de su nación, todo se debía gobernar por este número: Gueta era el símbolo de la felicidad, y entre esta gente supersticiosa hubieran sido menguados e infelices los años que no se hubiesen sellado con este carácter; era, pues, inexcusable, entre ellos el año de veinte lunas."

Mas ¿por qué motivo gozaba el número 20 de tan raros privilegios?

"El círculo fue la figura más usada de los Moscas; daban esta figura a los cercados y palacios de los zipas y zaques, a sus casas particulares, a sus labranzas, sus templos, en una palabra, a todas sus cosas. Fijaban en la tierra un palo, de que hacían centro; y con una cuerda describían alrededor el círculo.

" Este parece haber sido el origen de los números: como entre ellos la casa y la labranza hacían todos sus bienes, el círculo con que describían una y otra fue la medida más propia para expresarlos."

Veamos si la premisa que sienta el autor es exacta; si es cierto que el círculo fue tan usado entre los Chibchas como él lo asegura.

Aunque en algunos pueblos los edificios eran cómicos, en la generalidad de los casos los hacían de forma rectangular. Según Oviedo "sus moradas son casas de madera, cubiertas de paja a dos aguas.... y las muy principales es cada una como un alcázar cercado y con muchos aposentos dentro." El Padre Simón dice que los cercados eran cuadrados, y repite lo mismo de la casa fuerte de Cajicá. El error del doctor Duquesne consistió en haber dado sentido general a lo que dice Piedrahita de los edificios que servían de palacio al zipa, que "eran unas casas grandes y redondas, que remataban en forma piramidal."

Si el círculo fue la figura más usada entre los Chibchas, ¿por qué lo trazaban tan raras veces en sus pictografías, en las que son tan frecuentes los cuadrados, los rectángulos y las espirales?
Así son todos los que el doctor Duquesne tuvo por descubrimientos propios; a poco que se les examina, se observa que no tienen fundamento.

Respecto del origen del año de treinta y siete meses lunares, dice lo que sigue:
" Nada hay tan natural como creer que los hijos de Noé, extendidos en las vastas llanuras de Senaar, convinieron entre sí en algunos reglamentos cómodos para medir el tiempo, arreglando por ellos las operaciones de la labranza y los negocios de la sociedad.

"Cuando el pueblo hebreo se halló en su libertad, usó de dos años de doce lunas y al tercero de trece. Este plan nos recuerda la primera forma de aquellos años antiguos del tiempo de Noé, cuya tradición es muy natural que guardasen. Como quiera que sea, los Moscas no tuvieron alteraciones ni variaciones en el gobierno del año; su fundador lo arregló sobre el pie que recibieron de los hijos de Noé todos los hombres cuando la tierra era de un solo labio; y cuando tuvo una lengua distinta le acomodó según sus ideas y el genio de su idioma, dándole tanta regularidad, y tomando tantas precauciones, que aseguró su perpetuidad por largos siglos entre sus hijos...."

En verdad que a fuerza de cavilar sobre estos asuntos, el sabio se volvió visionario.

El objeto principal de los trabajos arqueológicos del doctor Duquesne fue la interpretación de los grabados de una piedra pequeña que dice "se puede mirar como un pedazo del alfabeto chibcha, con cuyas notas se podría imponer y aun adelantar en otros semejantes."

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Ya que tanto Ernesto Restrepo como nosotros hemos publicado una crítica razonada de esta pieza, no repetiremos lo que está dicho, y nos limitaremos a hacer unas breves observaciones sobre este supuesto calendario cuyo grabado ponemos a la vista del lector.

Según el doctor Duquesne las figuras b, c, d, son dedos o especies de dedos, la e es el cuerpo de un sapo de cola y sin patas, la f y la m son culebras, la g es un templo cerrado con el candado h, la k un círculo menor. Se necesita tener una fe ciega en el autor para creer con él que objetos tan vagos e indeterminados en su forma representen lo que vio en ellos. Luego agrega, sin más, prueba que su dicho, que entre los Chibchas la culebra simbolizaba el tiempo; el círculo, el triángulo, y dos figuras unidas, la conjunción del sol y de la luna, y que usaban como los Romanos la cifra V para expresar cinco unidades.

¿Cómo es posible creer que estas piedras sirvieron de calendarios, si entre las muchas que hemos visto no hay dos iguales, si todas difieren en la forma y tamaño, en las figuras realzadas, tan distintas unas de otras, y en el número de las figuras en cada piedra, pues las hay con una sola, con dos, tres, seis, ocho, diez, catorce y hasta diez y nueve?

Uno de los admiradores de este autor, el doctor Zerda, escribió con razón lo siguiente:
"Sin las relaciones íntimas con los indios no se puede comprender cómo Duquesue hubiera podido interpretar el calendario de los Muiscas, y recoger tantos y tan interesantes datos de la antigua y sorprendente civilización muisca. Guardó el secreto del modo como obtuvo estas revelaciones, pero la sospechas de que sin ellas le habría sido imposible escribir las memorias que nos dejó, se convierten en certidumbre haciendo un estudio detenido de ellas, pues muy poco de lo que contienen se encuentra en las relaciones históricas de los antiguos cronistas, y nada, absolutamente, relativo al calendario y al cómputo del tiempo, tal como él lo explica."

Conviene fijarse en que el doctor Duquesne no hace mérito de haber recibido revelaciones de los indios (si se las hubieran hecho, no tenía por qué callarlo); sólo se precia de haberlos tratado con frecuencia y de haber penetrado su genio y su carácter misterioso y enfático.

La conquista española terminó con el sometimiento completo de los Chibchas. Ninguna fracción de éstos logró permanecer en un aislamiento tal que le hubiera permitido conservar su idioma, sus creencias y sus tradiciones. Todos, de grado o por fuerza, adoptaron la lengua y la religión del vencedor. Los jeques, que eran los depositarios de los misterios de su idolatría, fueron la clase más perseguida, y no tuvieron sucesores; los sacerdotes católicos vinieron a reemplazarlos. En tales condiciones, los descendientes de la raza conquistada perdieron pronto la afición a las prácticas de sus padres, a la vez que con el transcurso del tiempo se alteraron y acabaron por caer en olvido sus tradiciones. Cuando el doctor Duquesne sirvió como cura de almas en algunas poblaciones de indios, no encontró en ellas sino pobres gentes ignorantes que nada podían enseñarle de los conocimientos de sus antepasados, que pudiera darle luz sobre las arduas materias que fueron objeto de sus estudios, y que se rozan con la etimología, la epigrafía, la astronomía y la teogonía. Las ocho generaciones que se habían sucedido en el transcurso de dos siglos y medio habían acabado por olvidarlo todo, hasta su propia lengua.

Más no sólo introdujo el doctor Duquesne novedades en lo que dijo de los Chibchas, sino que alteró y desfiguró su historia.

Hizo una descripción quimérica de los Mojas y de su sacrificio, cambiándoles hasta el nombre que les dan los cronistas, por el de guesas.

De Bochica dijo que había sido esposo de la perversa Huitaca (que vino después de él); que había ejercido la suprema autoridad de la nación, y había dejado por heredero a su primogénito.
Redujo la poética leyenda de la formación del Salto de Tequendama a un desagüe artificial hecho bajo la dirección de Bochica...

¡Motivo de admiración será para los escritores venideros que las fantasías del doctor Duquesne hubieran tenido un campeón tan ilustrado como el barón de Humboldt, que las acreditó con el prestigio de su genio, y que durante cerca de un siglo se hayan tenido por verdades comprobadas, sin que ningún autor las impugnara!

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