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CAPITULO
XI Dice
Rivera (ibid., p. 326): "José Hernández puede servir
muy bien como paradigma del escritor en el que militancia
política, estilo de vida, quehacer periodístico y creación
literaria forman todavía un sistema perfectamente coherente
y solidario, pero en el que la «faena de la pluma»
(inclusive el oficio abundantemente ejercido) tiene un peso
especifico aun relativo desde el punto de vista de la creación
de medios materiales de subsistencia, acaso por el signo
mismo con que son asumidas esas faenas." Ciertamente,
en Hernández, como en tantos otros precursores del
periodismo en la Argentina, la labor aparece no como profesión
sinónimo de medio de vida, sino como vocación pura al
servicio de los ideales. También esto afirma Rivera (ibid.,
p. 326) cuando asevera que «a pesar de su 'buena pluma',
Hernández no vive exclusivamente de la literatura y de los
trabajos periodísticos» y ya se ha dicho a lo largo del
presente trabajo en cuantas tareas ha incursionado para
subsistir; baste para recordarlo: desde peón de campo,
hasta librero, pasando por múltiples funciones públicas.
Hernández ha sido un batallador que, afirmado en sus íntimas
convicciones, bregó por las causas que consideró justas en
cada momento de su vida. Podría decirse que fue un pragmático
que ajustó su posición y sus actos a cada situación histórica
y tomó partido por la causa que en ese marco vislumbró
como más justa. De este modo, como se desarrolló el los
capítulos precedentes, adhirió al Partido Federal
Reformista y su medio de prensa, «La Reforma Pacífica»,
de Nicolás Calvo, en 1856, haciéndose «chupandino» por
considerar valiosa la incorporación de Buenos Aires a la
Confederación. Cuatro años más tarde, convencido de que
la causa federal hallaba firmeza en Urquiza, obraba desde
Paraná en el órgano oficial, «El Nacional Argentino», y
luego, también en Paraná, apostrofaba a los matadores del
Chacho Peñaloza en las páginas de «El Argentino». En
1868, inmerso siempre en un ideal federal, acompañaba al
gobernador correntino Evaristo López y apoyaba su gestión
con «El Eco de Corrientes». Llevó la problemática
correntina a «La Capital» de Rosario, durante su exilio
provincial y también sostuvo desde el medio de Ovidio Lagos
el apoyo al proyecto del diputado Manuel Quintana para que
esa ciudad fuera capital de la República, con lo cual
entendía se hacía justicia por la ubicación geográfica e
histórica de Rosario y para reducir la problemática de
Buenos Aires. Propuso desde «El Río de la Plata» la
distribución de tierras parceladas para ganar el desierto
mediante la colonización y no por la fuerza depredadora, al
tiempo que fustigó el mecanismo de la leva para la formación
de los contingentes de frontera. Apoyó a López Jordán en
su defensa del concepto republicano federal que entendía
traicionado por Urquiza y desde el exilio, en «La Patria»
de Montevideo, combatió a Mitre y a Sarmiento y confió en
la unión del Autonomismo con el Partido Nacional que
respaldaba a Avellaneda como encuentro reconstitutivo del
cuerpo socio político argentino. Polemizó desde «La
Libertad» con «La Tribuna», defendiendo su apologética
visión del general Peñaloza como baluarte federal y criticó
al fin todo lo que consideró pernicioso en el gobierno
desde «El Bicho Colorado» y el «Martín Fierro», pese a
su adhesión al nuevo Partido Autonomista Nacional. De este
modo, durante veinte de los cincuenta y dos años de su
vida, luchó a través del periodismo, desde sus primeros
pesos en «La Reforma Pacifica» hasta sus últimos y satíricos
intentos conocidos en «El Bicho Colorado» y «Martín
Fierro». La perspectiva de los años transcurridos desde
entonces permite que hoy, como uno de esos toques irónicos
de la vida, pueda definirse sintéticamente la labor
hernandiana tal como se hiciera con la de su enemigo político,
Sarmiento, señalando que ha luchado por su Patria «con la
espada, con la pluma y la palabra». Este trabajo ha
cumplido hasta aquí su objetivo básico. No obstante, deja
por su propia constitución una puerta abierta, cual es la
de su perfeccionamiento con detalles biográficos y la
posibilidad de la realización de una antología de todo el
material periodístico surgido de la pluma de José Hernández.
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