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OGUM
(Del libro "Orixás
- Pierre Fatumbi Verger - Editora Corrupio")
Ogum como
personaje histórico, habría sido el hijo mayor de Odùduà, el fundador de Ifé.
Era un temible guerrero que luchaba sin cesar contra los reinos vecinos. De esas
expediciones, él traía siempre un rico botín y numerosos esclavos. Guerreó
contra la ciudad de Ará y la destruyó. Saqueó y devastó muchos otros Estados y
se apoderó de la ciudad de Irê, mató al rey, instaló a su propio hijo en el
trono y regresó glorioso, usando el título de Oníìré, "Rey de Irê". Por razones
que ignoramos, Ogum nunca tuvo el derecho a usar una corona (adé), hecha con
pequeñas cuentas de vidrio y adornada por franjas de canutillos, disimulando el
rostro, emblema de realeza para los yorubas. Fue autorizado a usar apenas una
simple diadema, llamada àkòró, y eso le valió ser saludado, hasta hoy, con los
nombres de Ògún Oníìré y Ògún Aláàkòró inclusive en el Nuevo Mundo, tanto en
Brasil como en Cuba, por los descendientes de los yorubas traídos para esos
lugares. Ogum habría sido el más enérgico de los hijos de Odùduà y fue el que se
convirtió en regente del reino de Ifé cuando Odùduà quedó temporaria mente ciego
(información personal del Óòni (rey) de Ifé en 1949). Ogum decidió, después de
numerosos años ausente de Irê, volver para visitar su hijo (información personal
del Oníìré en 1952). Infelizmente, las personas de la ciudad celebraban, en el
día de su llegada, una ceremonia en que los participantes no podían hablar bajo
ningún pretexto. Ogum tenía hambre y sed; vio varias vasijas de vino de palma,
pero ignoraba que estuviesen vacíos. Nadie lo había saludado o respondido a sus
preguntas. Él no era reconocido en el lugar por haber estado ausente durante
mucho tiempo. Ogum, cuya paciencia es pequeña, se enfureció con el silencio
general, por él considerado ofensivo. Comenzó a romper con golpes de sable las
vasijas e, inmediatamente, sin poder contenerse, pasó a cortar las cabezas de
las personas más próximas, hasta que su hijo apareció, ofreciéndole sus comidas
predilectas, como perros y cangrejos, porotos regados con aceite de palmera y
vasijas de vino de palma. Mientras saciaba su hambre y su sed, los habitantes de
Irê cantaban loores donde no faltaba la mención a Ògúnjajá, que proviene de la
frase ògún je ajá (Ogum come perro), lo que le valió el nombre de ògúnjá.
Satisfecho y calmado, Ogum lamentó sus actos de violencia y declaró que ya había
vivido mucho. Bajó la punta de su sable en dirección al suelo y desapareció por
la tierra adentro con un estruendo asustador. Antes de desaparecer, entretanto,
el pronunció algunas palabras. A esas palabras, dichas durante una batalla, Ogum
aparece inmediatamente en auxilio de aquel que lo convocó. Pero ellas no pueden
ser usadas en otras circunstancias, pues, si no hay enemigos delante de si, es
sobre el imprudente que Ogum se lanzará. Como Orixá, Ogum es el dios del hierro,
de los herreros y de todos aquellos que utilizan ese metal: agricultores,
cazadores, carniceros, barberos, mercenarios, carpinteros, escultores. Desde el
inicio del siglo, los mecánicos, los conductores de automóviles o de trenes, los
reparadores de bicicletas y de máquinas de costura se vinieron a unir al grupo
de sus fieles. Ogum es único, aunque, en Irê, se dice que él es compuesto de
siete partes. Ògún méjeje lóòde Iré, frase que hace alusión a las siete aldeas,
hoy desaparecidas, que existían cerca de Irê. El número 7 es, pues, asociado a
Ogum y es representado, en los lugares que le son consagrados, por instrumentos
de hierro, en número de siete, catorce o veintiuno, colgados en una asta
horizontal, también de hierro: lanza, espada, carpín, alicates, cuchillo, punta
de flecha, símbolos de sus actividades.
ARQUETIPO
El arquetipo de Ogum es el de las personas violentas, peleadoras
e impulsivas, incapaces de perdonar las ofensas de que fueran víctimas. De las
personas que persiguen enérgicamente sus objetivos y no se desaniman fácilmente.
De aquellas que en los momentos difíciles triunfan donde cualquier otro habría
abandonado el combate y perdido toda la esperanza. De las que poseen humor
mutable, pasando de furiosos accesos de rabia al más tranquilo de los
comportamientos. Finalmente, es el arquetipo de las personas impetuosas y
arrogantes, de aquellas que se arriesgan a ofender a los otros por una cierta
falta de discreción cuando les prestan servicios, pero que, debido a la
sinceridad y franqueza de sus intenciones, se vuelven difíciles de ser odiadas.
(Del libro "Orixás - Pierre Fatumbi Verger - Editora Corrupio")
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