![]() |
![]() |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
APÉNDICE DOCUMENTAL CORRESPONDENCIA “Enrique Banchs saluda cordialmente a Don Gerardo Mario Goloboff con motivo de su libro “Entre la Diáspora y Octubre” en el que armonizan con igual acento lírico una idea central generosamente humana y la ternura nostálgica del sentimiento individual”. (Carta de Enrique Banchs a Gerardo Mario Goloboff, junio 27 de 1967)
“Celebro su presencia de poesía por el ajuste del lenguaje y la precisión sencilla de la imagen, valores insustituibles en el medio expresivo y creador. En estos días de incertidumbre poética su libro prevalece como una experiencia sincera, sensata y trascendente en su deseo de comunicación humana.” (Carta de Luis Ricardo Burlan a Gerardo Mario Goloboff, acerca de “Entre la Diáspora y Octubre”, 1967)
“Me sorprende que un libro de tan intensiva y poderosa poesía como el suyo no haya sido más comentado, más celebrado. A mí me pareció más que importante. Un primer libro que honra a una estirpe y a un país. En medio de los trofeos de una literatura sin destino, se yergue de pronto su “canción del crecimiento y del orgullo”. ¡Enhorabuena! Pero el silencio que rodea a “Entre la Diáspora y Octubre” no puede aceptarse en silencio.” (Carta de César Tiempo a G.M. Goloboff, 1967)
OBRA INÉDITA Lujos de la memoria para no arder en el tiempo. Por qué tan atrás? ¿Por qué tan lejos? Pudo ser después y el rastro estar más cerca, en otro espacio del mapa, en otro reloj. Pero claro, en alguno. “Una historia, Estela, debe ocurrir en un lugar y en un tiempo” nos leían en tercer año. “Lugar será el pueblo, el que mejor conozco. El tiempo, la tarde, para que acabe la historia.” El sitio y la hora en que son más nítidos (los hilos que pueden atarse, no están tan adelgazados, se entremezclan con otros, pero se salvan). Puede llegarse en un hoy de dos trenes diarios, de calles con luz de mercurio, de estancieros con Torino. Es falso, así es falso. Hay que volver de otro modo, en el antes. A partir de Mercedes aguantar la tierra y el barro con el Plymouth y tardar casi diez horas hasta empezar a ver desde cerca las pocas luces prendidas detrás de las parvas, la tarde poniéndose quieta, peones de don Otto Bemberg haciendo la changa de desencajar el coche con sus carros, esperando todavía el momento en que los convoque a saltar alambres un hombre que cambiará sus caras ya que no del todo sus vidas. ……………………………………………………………………………………………. A veces es bueno detenerse es esas pequeñas cosas, mirar un cielo y compararlo con otro más oscuro, seguir el despacioso movimiento de un sulki y la serenidad del cuerpo que va arriba, entrometerse en charlas de paseantes sobre la frialdad de la mañana o la persistente sequía. No hacen, es cierto, al empuje del mundo, pero lo intuyen. ¿Qué es, en fin, verdadero? ¿La suelta de globos o el aire que llevan? Hace mucho tiempo que multitudes de hombres sencillos vienen hablando de eso: la lluvia, el sol, las heladas. Desde que la pequeña tierra que hoy pisa tuvo sobre su lomo un zapato o un pie descalzo. ……………………………………………………………………………………………. Habrá que construir el coraje del habla, fundar las vocales y los silencios. Una cosa que sea lo que quiere decirse pero que no se diluya en los labios. Que no sea esa tierra y sólo la “tierra”, que también sea tierra, materia que vale, que pesa. La palabra en su ser, con toda su música. Igual sólo a ella. La única, la incanjeable, la más rica entre todas las voces. Irreemplazable en toda su extensión y en su profundidad. Una lengua para unir, para olvidar, para empezar a creer en lo nuevo. Llenando vacíos, conociéndose en su resistencia y en su dificultad para que el hombre se conozca y conozca. Y sepa que doblegar un hábito casi eterno es más difícil que alzar un mundo. (Fragmentos de la novela inédita (En el momento de escribir este libro) “Caballos por el fondo de los ojos”, de los capítulos I, II y III) EVA A veces todas las voces callan. Tiene un braceo pálido y menudo
como si la asustaran los silencios Aparta la piel en que me visto Abre mi cuerpo y levanta las
redes de mi sueño, los peces de mi torre. Yo escondo mis armas para no
rozarla. Ella me entiende. Sabe que mi
dolor se ha consagrado a velar las sementeras El espejismo de la herencia me ha turbado y vuelvo para que me reciba, pero la comba se insinúa y no soy yo ni ella la que crece, sino un helecho mágico y nupcial, una tibieza que forjará calores y destinos. Amándola he transpuesto el umbral de la boda y lo he poblado de vigilias. Amándola he convertido en Tiempo lo que no quiso ser fatiga y apagarse. Amándola he comenzado a nutrir la savia de los árboles, la leche de las cabras. Amándola he florado de parejas las próximas jornadas, he alzado un horizonte adonde había una muralla, he dado porvenir al polvo, cadencia al vuelo, espacio a la memoria. Amándola he destruido el
silencio. (De “Galerías”) Nosotros A ustedes también les tocará
construir (Del libro “Militante soledad”)
APRECIACIONES CRÍTICAS El primer libro de un poeta joven provoca siempre un movimiento de curiosidad y simpatía. Pero dicho movimiento se acrecienta en un caso como el de Goloboff, porque aquí nos encontramos con el estreno de un autor que asume la poesía con dolorosa responsabilidad. Lo que más impresiona de “Entre la Diáspora y Octubre” es la sobria contención de su escritura y la dilatada ambición de su temática. Porque podríamos decir que pretende nada menos que enlazar el pasado con el futuro, fundiéndolos en una síntesis de redención humana no discernible en ningún dogma y sí, acaso, en un vasto empeño de auténtico y entrañable humanismo. Para transmitir ese mensaje, para evocar un dolor pasado que viene del fondo de sus progenitores, para describir un presente que se le muestra hostigado por mortificantes contradicciones, para imaginar el ancho futuro de la fraternidad universal, Goloboff no se ha dejado tentar por la oratoria o el desenfreno retórico. Le ha torcido el pescuezo a la elocuencia, según el consejo famoso, para darnos un verso descarnado y, acaso por ello mismo, más estremecedoramente humano. (“Clarín” 2/2/67)
Una poesía joven todavía, pero que como primera etapa ya se vislumbra la búsqueda de un estilo y una necesidad de comunicación e integración con su contexto social, dirigiendo la mirada hacia un nosotros, hoy ineludible, y que pocos poetas jóvenes logran transmitir. ( “El día” 2/4/67)
Desde la intención de realizar un esbozo reminiscente de la epopeya inmigratoria de quien se siente igual – profunda y auténticamente - un judío que un argentino, Gerardo M. Goloboff nos entrega en su libro “Entre la Diáspora y Octubre” un cuadro vívido, de recordación, nostalgia y convencimiento, de lo absorbido de un pueblo provinciano que fue antigua colonia judía: un cuadro de las vicisitudes de los hombres que una diáspora particular pero implacable dispersó hacia todos los caminos de la vida y hacia muchos del mundo.
Con seguridad y firmeza, el autor encara la traslación de su tema a la forma poética; con fórmulas simples, con acento claro y límpido estilo, en tres divisiones: ayer, hoy y mañana, cumple Goloboff su ciclo de rapsoda y profeta incorporando una temática y un acento de sincera convicción a la poesía de esta hora, hoy y aquí. (“El Mundo” 5/3/67)
Meditados poemas permiten a Goloboff cantar tanto a los sentimientos abstractos como a la interminable tierra y las populosas ciudades. (Revista “Confirmado” 23/2/67)
La voz de una raza que conoce de peregrinajes, dolores y esperanzas, aflora en los poemas que, con melancólicas metáforas, construye Gerardo Mario Goloboff, a lo largo de un canto que habla de puertos y distancias, de campos y leyendas, de incertidumbres y nostalgia.
En la última parte denota cierta ingenuidad temática, cierta inclinación al esquematismo que sin embargo no empaña la excelente impresión que provoca este primer libro, que descubre a un poeta espontáneo y talentoso. (Revista “Análisis” 10/4/67)
Gerardo Mario Goloboff, joven poeta argentino, que logra el difícil arte de musicar el verso libre con el ritmo interior de las dolencias y las desgarraduras en el éxodo y la angustia.
Hay en Goloboff una reiterada amargura que le comunica a su poesía una fuerza humana de intenso dramatismo. (Revista “Letras de Ayer y de Hoy” de México, 1967)
En esta obra Goloboff realiza un cuadro reminiscente de la inmigración judía y enlaza este tema, que lo preocupa vivamente, con imágenes de su vida en Carlos Casares y con su personal concepción del presente y el futuro de la humanidad. Así, entre la Diáspora (la dispersión de los judíos) y Octubre (el tiempo en que se abolirán todas las desesperanzas del hombre) se ubica el autor, íntimamente ligado a ese pasado y comprometido con ese porvenir. Pero lo que principalmente nos lo hace considerar cercano a nuestro pueblo es que Casares, su ciudad natal, es evocada siempre en toda su obra, y esta evocación se realiza con versos plenos de ternura y emotividad. (Diario “La Calle” de Carlos Casares 19/4/72)
TODO EL MATERIAL DOCUMENTAL HA SIDO CONSULTADO Y EXTRAÍDO DEL ARCHIVO HISTÓRICO “ANTONIO MAYA” DEL CENTRO CULTURAL “JOSÉ INGENIEROS” DE CARLOS CASARES, PROVINCIA DE BUENOS AIRES. LAS AUTORAS: Prof.
Susana Florinda Ramírez - Prof Nidia Mabel Cobiella
|
|
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
|
| Los textos acá colocados son en su gran mayoría de dominio público y/o sus autores han autorizado su colocación. Algunos fragmentos de obras comerciales pueden estar presentes con fines educativos. El respeto al derecho de autor es una parte central de la actividad literaria. Si alguien considera que se vulneran sus derechos o que se hace uso inadecuado de algún contenido o material, favor contáctarnos para retirarlo de inmediato. | ||
| Ciudades Virtuales Latinas - CIVILA.com y Educar.org (c) 1996 - 2006 | ||