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Los Lanchares Rey

JESÚS LANCHARES REY

Reside en Carlos Casares hasta 1940 a cargo del “Instituto Incorporado Lanchares Rey”, en donde imparte enseñanza a nivel secundario junto a su esposa; Jesús Lanchares Rey publicó en diversos órganos periodísticos locales el producto de su labor poética, en especial en la revista “Sarmiento”.

Sus poemas “Campanas”, “Saudade”, “Sueño”, “Maese farandulero”, “Fugacidad”, “Poema de primavera”, en general de métrica irregular y arrítmicos, evidencian su inclinación hacia la poesía  de tono grave y meditativo, de la que se desprende cierta melancolía vital y una constante preocupación por la fugacidad de las cosas terrenas. En medio de esa melancolía el autor prefiere sumergirse en el mundo de la fantasía y el ensueño y toda su poesía revela una tendencia hacia la evasión de la realidad en busca de lo exótico.

Hombre de vasta formación literaria, Jesús Lanchares  Rey incursionó también n la composición de poemas en francés, idioma que manejaba con fluidez, tal como se muestra en su poesía “Pauvre cigale!...”

María del Pilar FERNÁNDEZ de Lanchares Rey

Nació en Gualeguay (Entre Ríos) el 20 de junio de 1900; se graduó de maestra en su ciudad natal donde ejerció  en varias escuelas. Luego fue profesora en Nueve de Julio (Bs.As.) y dirigió junto a su esposo Jesús Lanchares Rey el “Instituto Incorporado Lanchares Rey” de Carlos Casares.

En 1917 la revista “Para Ti” la presentó como la única poetisa entrerriana. Obtuvo un segundo premio de poesía en Córdoba  y en Chivilcoy por  su libro de poemas “Como un lago de plata”. Colaboró en revistas y diarios del país y del exterior y escribió varias novelas, una de las cuales, “Para luego morir y cambiar” fue publicada en Buenos Aires en octubre de 1957. Fue su primer libro editado.

Durante su estadía en nuestra ciudad la autora publicó varios poemas en órganos periodísticos locales, así como su esposo.

La característica más sobresaliente de su poesía de mayor relieve  que la de Jesús Lanchares Rey, es su concepción de la vida como angustia constante, de la que el hombre sólo puede librarse con la muerte. Es una poesía desgarrada y patética, donde el tema de la vida como angustia y de la muerte como liberación, revela un pensamiento de carácter existencial. Representativos de esta filosofía son sus poemas “Canciones sin palabras”, “Cuando ya no sea”, “El otoño” y sus cuatro “Poemitas en prosa”.

Este clima de amargura y desazón vital se logra a través de un lenguaje pleno de sugerencias y simbolismo, donde imperan imágenes faltas de color y movimientos, correspondiéndose plenamente al estado de ánimo de la autora, quien obtiene así poemas de acertada composición.

“Para luego morir y cambiar”:

El tono profundamente triste y la angustia permanente de la poesía de Pilar F. de Lanchares Rey se acentúan en esta novela, que narra una extraña y compleja historia y una intención más perceptible en la búsqueda de un sentido para la vida. Sólo esta búsqueda de sentido justifica para la autora el sufrimiento y la soledad inherentes a la existencia humana.

Un personaje inefable, Sabrina, anciana de 80 años, invita al lector a seguirla en esa búsqueda en la que está empeñada, para luego poder morir en paz. En apariencia esta mujer va a  relatar la historia de su vida signada por el fracaso, siempre a la espera de un hijo ausente desde hace varios años; sin embargo, inmediatamente advertimos que no se trata de un relato lineal y simple sino de una complicada y misteriosa narración fantástica que debe ser  entendida como símbolo: este mismo personaje muere y renace constantemente, asumiendo cada vez distintas personalidades y viviendo experiencias impuestas por los diferentes ambientes. Cada una de estas “vidas” deja un sabor de fracaso en la búsqueda del significado último de la existencia; sólo la muerte es la única certeza, sólo desde lo eterno puede encontrar la paz. Sin embargo, para la autora el destino del hombre es vivir, soportar la vida emprendida como dolor constante. En la quinta y última parte de la novela, la protagonista decide afrontar la existencia que, en definitiva, es la entrega total a lo relativo del mundo y a la pérdida de la visión totalizadora: se acepta como ser humano en un tiempo y en un espacio determinados. Pero, al hacerlo, todas las humillaciones, el dolor, la amargura y la angustia son sólo lo que ofrece la vida: la esperanza de dicha, concluye la autora, es mera ilusión de los hombres, tal como lo había advertido en su poesía.

Poema de Jesús Lanchares Rey

POEMA DE PRIMAVERA
(Fragmento)

¡Oh, mujer! Hoy que está el día alegre y siento el placer, rara
vez ocultado, que proporciona
la dulce vida, quiero cantarte.

                    II

En el santuario de mi pecho
luce constantemente
la mística lámpara-luciérnaga en la noche.

                   III

Por el trinar de los pajarillos en la umbría,
por el arrollo de los árboles,
por la albura de los vellones,
por el juguetear de la brisa,
por tu corazón…
¡Óyeme, mujer!

                   IV

Yo sé una canción hecha de silencio
donde son labios los ojos;
un cuento de hadas, con príncipes enamorados, como jamás oíste;
unas palabras tan suaves, tan dulces,
que son como adormecedor beleño…
¡Oh, cuántas cosas sé, mujer!

Fragmentos de la obra de Pilar Fernández de Lanchares Rey

POEMITAS EN PROSA

                    I

Yo quisiera ser tan pequeña,
pequeña, pequeñita, que cupiera
en un puño para estar en tu mano cerrada
sobre tu corazón y saber cómo,
cuánto late por mí! 

                    II

El tiempo pasó por el jardín
de la vida y arrancó su flor
predilecta. Tomó el pétalo
rosado del Amor y lo diluyó
en las aguas del mar; el azul
del Ensueño y  le dio al espacio;
el verde de la Esperanza
y lo arrojó  a la tierra.
Después dijo a la Muerte:
“Toma, ya no tiene perfume!” 

“Sola, con la soledad de las piedras, que también tienen alma. Que también esperan. Mudas, al borde del camino. Atadas al hilo invisible de una sola esperanza. Como la araña pende de su tela.

Porque ya tengo ochenta años y no quiero irme. Y porque aún no he hallado esa voz distinta para expresar lo que llevo dentro de mí. Ni el lamento del río. Ni el ulular del viento. Ni en el ruido ensordecedor del torbellino. En esta casa demasiado grande para mi soledad. Antes de dormirme en el silencio de las sombras, con la certeza de que dormir es descansar. Y morir, es olvidar, para continuar como un tramo de la escala en los mundos.

¿Cómo eran otros días? Voy a ligar el hilo de mis recuerdos antes de dormir. Voy a dictar mis pensamientos a la noche, si puedo. Para que ella los escriba con su tinta de sombras. Imborrable.”

de PARA LUEGO MORIR Y CAMBIAR, Buenos Aires, 1957

CANCIONES SIN PALABRAS

Como un lago de plata
era mi alma…
Inmóvil, en la noche callada,
como un lago de plata.
¿Vino del infinito
la misteriosa ráfaga
que rompió con sus alas
el espejo del agua?
Como un lago de plata
era mi alma…
Inmóvil, en la noche callada:
como un lago de plata. 

“Yo ya sé a qué atenerme respecto de la muerte. Pero ahora le tengo miedo. Porque la muerte no es la liberación. Ni siquiera el descanso. La paz. Porque este cansancio es el peso de la continuidad. Está en los huesos. En la carne. En el cuerpo que transporta los destinos encerrados en el minúsculo átomo del Todo.

Pero el cuerpo y los huesos se disgregan. Se pierden. Se cambian. Y el cansancio está en la vida que viaja a través de los espacios, con su escala transitoria en la escuela del perfeccionamiento. Logrado con dolor.”

de PARA LUEGO MORIR Y CAMBIAR
Buenos Aires, 1957

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