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SAÚL SCHAPIRA A bordo del “Petrópolis” y junto con Boris Garfunkel, llega a la Argentina en 1891 Saúl Schapira, que provenía de una pequeña población campesina de Ucrania, donde naciera en 1875. Dedicado durante toda la vida a la labor agrícola, Schapira, a diferencia de Garfunkel, permanece en Carlos Casares, aplicado al trabajo de la tierra hasta 1960, año de su fallecimiento. Como Alpersohn y Garfunkel, era Schapira un autodidacta munido de una cultura casi exclusivamente religiosa característica de la educación judía imperante. Y también él recogió sus experiencias de colono en la Argentina, escribiendo una serie de relatos y vivencias con el título de “Memorias”. Dichas Memorias no están publicadas ni traducidas al castellano y sólo hemos podido obtener la versión castellana de algunos fragmentos realizados por su hija Estela Schapira. LA OBRA Como Saúl Schapira era ante todo un campesino que sentía una profunda atracción por la vida y las tareas rurales, los fragmentos traducidos revelan esta inclinación. Uno de ellos, titulado “Del campamento a la chacra” narra el período previo a la entrega de la tierra para los colonos y reconoce su deseo de trabajar en el campo, aspiración acariciada ya en Europa. En general estos capítulos contemplan especialmente todo lo relacionado con las tareas rurales y los elementos necesarios para esa tarea. El titulado “De la rastra al carro” narra las dificultades de los colonos para realizar los trabajos de campo, como así también las rencillas intergrupales derivadas de la labor comunitaria. En “Horticultura” se detiene en explicar las primeras ocupaciones de los colonos, que antes de obtener las tierras que se les había prometido, se dedicaron al trabajo de la huerta: “Sembramos cebollas, ajos, rábanos, zanahorias y arvejas. Era todo lo que estaba a nuestra disposición. Aún era invierno. Con la primavera comenzó a brotar lo plantado. Tal como lo hicimos, los hicieron también nuestros vecinos. Llegadas las fiestas el huerto florecía, y cada colono junto a su mujer, hacía una breve excursión por su huerto. Para judíos provenientes de puebluchos el huerto resultó ser un verdadero descubrimiento.” Con respecto a la visión de los problemas administrativos que motivaron las mejores páginas de Alpersohn, Schapira dedica su atención a la figura del coronel Goldsmith, pero en especial obtenemos de su lectura un aspecto diferente del que muestran los demás autores: la tierra como posibilidad de trabajo, que se constituye en una constante de su obra. En este sentido, “Girasol”, otro de los capítulos, es ilustrativo de sus inquietudes. El autor relata aquí la historia del arribo de este producto a nuestro país, que atribuye al judío ruso Abraham Pep, oriundo de Kiev, donde había sido fabricante de aceite de girasol. Estas “Memorias” fueron escritas por Schapira alrededor de los setenta años; en ellas es evidente la emoción que las inspira, pero donde no ha sido posible, a causa de su carácter fragmentario, considerar en profundidad las cualidades literarias del autor.
Fragmentos de la obra de Saúl Schapira – MEMORIAS Traducción de Estela Schapira “Cierto atardecer, víspera de Año Nuevo judío, nos anunciaron que estuviéramos listos en la próxima madrugada. Para mí, joven de dieciséis años fue un anuncio festivo. ¡Vaya novedad! ¡Transformarse en dueños!¡Tierra propia! Yo que nací y crecí en una aldea, entre campesinos, amaba la tierra, los árboles, los huertos. Vivía allí amargado, pensando en mi porvenir.¿Qué sería de mí?
Y cuando cundió la colonización en la Argentina y mi padre decidió abandonar su aldea Berhotka junto con el pueblucho Kopaigarod para incorporarse al torrente inmigratorio, fui dichoso”.
“Pep no quiere seguir viviendo en Rusia en un ghetto. Resuelve emigrar a la Argentina donde se había iniciado la colonización del Barón Hirsch. Precavido y pensando en el futuro, agrega a su equipaje varias bolsas de girasol. Dios dirá. Tal vez pueda allí continuar con mi industria – piensa.
El tiempo era propicio. Lluvioso. Apropiado para la siembra del girasol. Y efectivamente, pronto comenzó a brotar la semilla.
De pronto se oscureció el cielo y una nube negra de pequeños pajaritos bajó a la tierra. ¿Qué es esto? se preguntaron los judíos. ¡Langosta! Nunca la habían visto antes pero bien pronto comprobaron la fatal destrucción causada por ellas.”
“Los criollos, que desconocían ese cultivo, y el uso de las semillas, apodaron a los judíos con el nombre de ‘rusos girasoleros’ pero cuando probaron a imitarlos y vieron que esto era bueno, comenzaron a hacer lo mismo: ‘cascar girasol’. Pronto esta costumbre traspasó los límites de la colonia. Llegó al pueblo y hasta Buenos Aires, que ofrecía buen mercado para la venta de girasol. En vista de ello, judíos ya chacareros, aportaban parcelas de 5 a 10 Ha. para siembra de girasol y hubo quienes se dedicaban exclusivamente a la siembra y venta del mismo.”
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