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Continuación:
La
vuelta de Martín Fierro
EL
HIJO SEGUNDO DE MARTÍN FIERRO
XIII
719
Lo
que les voy a decir
Ninguno lo ponga en duda:
Y aunque la cosa es peluda,
Haré la resolución;
Es ladino el corazón,
Pero la lengua no ayuda.
720
El
rigor de las desdichas
Hemos soportado diez años,
Pelegrinando entre estraños,
Sin tener dónde vivir,
Y obligados a sufrir
Una máquina de daños.
721
El
que vive de ese modo
De todos es tributario;
Falta la cabeza primario
Y los hijos que él sustenta
Se dispersan como cuentas
Cuando se corta el rosario.
722
Yo
anduve ansí como todos,
Hasta que al fin de sus días
Supo mi suerte una tía
Y me recogió a su lado;
Allí viví sosegado
Y de nada carecía.
723
No
tenía cuidado alguno
Ni que trabajar tampoco,
Y como muchacho loco
Lo pasaba de holgazán;
Con razón dice el refrán
Que lo güeno dura poco.
724
En
mí todo su cuidado
Y su cariño ponía;
Como a un hijo me quería
Con cariño verdadero,
Y me nombró de heredero
De los bienes que tenía.
725
El
juez vino sin tardanza
Cuanto falleció la vieja.
"De los bienes que te deja",
Me dijo, "yo he de cuidar:
Es un rodeo regular
Y dos majadas de ovejas".
726
Era
hombre de mucha labia,
Con mas leyes que un dotor,
Me dijo: "Vos sos menor,
Y por los años que tienes
No podés manejar bienes;
Voy a nombrarte un tutor."
727
Tomó
un recuento de todo,
Porque entendía su papel,
Y después que aquel pastel
Lo tuvo bien amasao,
Puso al frente un encargao,
Y a mí me llevó con él.
728
Muy
pronto estuvo mi poncho
Lo mismo que cernidor;
El chiripá estaba pior,
Y aunque para el frío soy guapo
Ya no me quedaba un trapo
Ni pa el frío, ni pa el calor.
729
En
tan triste desabrigo
Tras de un mes, iba otro mes;
Guardaba silencio el Juez,
La miseria me invadía,
Me acordaba de mi tía
Al verme en tal desnudez.
730
No sé decir con fijeza
El tiempo que pasé allí;
Y después de andar ansí
Como moro sin señor,
Pasé a poder del tutor
Que debía cuidar de mí.

XIV
731
Me
llevó consigo un viejo
Que pronto mostró la hilacha,
Dejaba ver por la facha
Que era medio cimarrón,
Muy renegao, muy ladrón,
Y le llamaban Vizcacha.
732
Lo
que el Juez iba buscando
Sospecho, y no me equivoco;
Pero este punto no toco
Ni su secreto aviriguo;
Mi tutor era un antiguo
De los que ya quedan pocos;
733
Viejo
lleno de camándulas,
Con un empaque a lo toro,
Andaba siempre en un moro
Metido no sé en qué enriedos,
Con las patas como loro
De estribar entre los dedos.
734
Andaba
rodiao de perros
Que eran todo su placer,
Jamás dejó de tener
Menos de media docena,
Mataba vacas ajenas
Para darles de comer.
735
Carniábamos
noche a noche
Alguna res en el pago,
Y dejando allí el rezago
Alzaba en ancas el cuero,
Que se lo vendía a un pulpero
Por yerba, tabaco y trago.
736
¡Ah!,
viejo más comerciante
En mi vida lo he encontrado.
Con ese cuero robao
El arreglaba el pastel,
Y allí entre el pulpero y él,
Se estendía el certificao.
737
La
echaba de comedido;
En las transquilas, lo viera,
Se ponía como una fiera
Si cortaban una oveja;
Pero de alzarse no deja
Un vellón o unas tijeras.
738
Una
vez me dio una soba
Que me hizo pedir socorro,
Porque lastimé a un cachorro
En el rancho de unas vascas;
Y al irse se alzó unas guascas:
Para eso era como zorro.
739
"!Ahijuna!",
dije entre mí,
"Me has dao esta pesadumbre;
Ya verás; cuanto vislumbre
Una ocasión medio güena,
Te he quitar la costumbre
De cerdiar yeguas ajenas."
740
Porque
maté una vizcacha
Otra vez me reprendió;
Se lo vine a contar yo,
Y no bien se lo hube dicho:
"Ni me nuembres ese bicho",
Me dijo, y se me enojó.
741
Al
verlo tan irritao
Hallé prudente callar.
"Este me va a castigar",
Dije entre mí, "si se agravia."
Ya vi que les tenía rabia,
Y no las volví a nombrar.
742
Una
tarde halló una punta
De yeguas medio bichocas;
Después que voltió unas pocas,
Las cerdiaba con empeño:
Yo vide venir al dueño,
Pero me callé la boca.
743
El
hombre venía jurioso
Y nos cayó como un rayo;
Se descolgó del caballo
Revoliando el arriador,
Y lo cruzó de un lazazo
Ahi no más a mi tutor.
744
No
atinaba don Vizcacha
A qué lado disparar,
Hasta que logró montar,
Y, de miedo del chicote,
Se lo apretó hasta el cogote,
Sin pararse a contestar.
745
Ustedes
creerán tal vez
Que el viejo se curaría...
No, señores, lo que hacía,
Con más cuidao dende entonces,
Era maniarlas de día
Para cerdiar a la noche.
746
Ese
jué el hombre que estuvo
Encargao de mi destino;
Siempre anduvo en mal camino,
Y todo aquel vecindario
Decía que era un perdulario,
Insufrible de dañino.
747
Cuando
el juez me lo nombró,
Al dármelo de tutor,
Me dijo que era un señor
El que me debía cuidar,
Enseñarme a trabajar
Y darme la educación.
748
¡Pero
que había de aprender
Al lao de ese viejo paco;
Que vivía como un chuncaco
En los bañaos, como el tero;
Un haragán, un ratero,
Y más chillón que un barraco.
749
Tampoco
tenía más bienes
Ni propiedad conocida
Que una carreta podrida,
Y las paredes sin techo
De un rancho medio deshecho
Que le servía de guarida.
750
Después
de las trasnochadas
Allí venía a descansar;
Yo desiaba aviriguar
Lo que tuviera escondido,
Pero nunca había podido,
Pues no me dejaba entrar.
751
Yo
tenía unas jergas viejas,
Que habían sido mas peludas;
Y con mis carnes desnudas,
El viejo, que era una fiera,
Me echaba a dormir ajuera
Con unas heladas crudas.
752
Cuando
mozo jué casao,
Aunque yo lo desconfío,
Y decía un amigo mío
Que, de arrebatao y malo,
Mató a su mujer de un palo
Porque le dio un mate frío.
753
Y
viudo por tal motivo
Nunca se volvió a casar;
No era fácil encontrar
Ninguna que lo quisiera:
Todas temerían llevar
La suerte de la primera.
754
Soñaba
siempre con ella,
Sin duda por su delito,
Y decía el viejo maldito,
El tiempo que estuvo enfermo,
Que ella dende el mesmo infierno
Lo estaba llamando a gritos.

XV
755
Siempre
andaba retobao:
Con ninguno solía hablar;
Se divertía en escarbar
Y hacer marcas con el dedo,
Y en cuanto se ponía en pedo
Me empezaba a aconsejar.
756
Me
parece que lo veo
Con su poncho calamaco,
Después de echar un güen taco,
Ansí principiaba a hablar:
"Jamás llegues a parar
Ande veas perros flacos."
757
"El
primer cuidao del hombre
Es defender el pellejo.
Lleváte de mi consejo,
Fijáte bien en lo que hablo:
El diablo sabe por diablo,
Pero más sabe por viejo."
758
"Hacéte
amigo del juez;
No le des de que quejarse;
Y cuando quiera enojarse
Vos te debés encoger,
Pues siempre es güeno tener
Palenque ande ir a rascarse."
759
"Nunca
le llevés la contra,
Porque él manda la gavilla:
Allí sentao en su silla,
Ningún güey le sale bravo;
A uno le da con el clavo
Y a otro con la cantramilla."
760
"El
hombre, hasta el más soberbio,
Con más espinas que un tala,
Aflueja andando en la mala
Y es blando como manteca:
Hasta la hacienda baguala
Cai al jagüel con la seca."
761
"No
andés cambiando de cueva;
Hacé las que hace el ratón.
Conserváte en el rincón
En que empezó tu esistencia:
Vaca que cambia querencia
Se atrasa en la parición."
762
Y
menudiando los tragos
Aquel viejo, como cerro,
No "olvidés", me decía,"Fierro,
Que el hombre no debe crer
En lágrimas de mujer
Ni en la renguera del perro."
763
"No
te debes afligir
Aunque el mundo se desplome.
Lo que más precisa el hombre
Tener, según yo discurro,
Es la memoria del burro,
Que nunca olvida ande come."
764
"Deja
que caliente el horno
El dueño del amasijo;
Lo que es yo, nunca me aflijo
Y a todito me hago el sordo:
El cerdo vive tan gordo,
Y se come hasta los hijos."
765
"El
zorro que ya es corrido
Dende lejos la olfatea;
No se apure quien desea
Hacer lo que le aproveche
La vaca que más rumea
Es la que da mejor leche."
766
"El
que gana su comida
Güeno es que en silencio coma;
Ansina, vos, ni por broma
Querás llamar la atención:
Nunca escapa el cimarrón
Si dispara por la loma."
767
"Yo
voy donde me conviene
Y jamás me descarrío;
Lleváte el ejemplo mío,
Y llenarás la barriga:
Aprendé de las hormigas:
No van a un noque vacío."
768
"A
naides tengás envidia:
Es muy triste el envidiar;
Cuando veás a otro ganar,
A estorbarlo no te metas:
Cada lechón en su teta
Es el modo de mamar."
769
"Ansí
se alimentan muchos
Mientras los pobres lo pagan;
Como el cordero hay quien lo haga
En la puntita, no niego;
Pero otros, como el borrego,
Todo entera se la tragan."
770
"Si
buscás vivir tranquilo
Dedicate a solteriar
Más si te querés casar,
Con esta alvertencia sea:
Que es muy difícil guardar
Prenda que otros codicean."
771
"Es
un bicho la mujer
Que yo aquí no lo destapo,
Siempre quiere al hombre guapo;
Más fijate en la eleción,
Porque tiene el corazón
Como barriga de sapo."
772
Y
gangoso con la tranca,
Me solía decir: "Potrillo,
Recién te apunta el cormillo,
Mas te lo dice un toruno:
No dejés que hombre ninguno
Te gane el lao del cuchillo."
773
"Las
armas son necesarias,
Pero naides sabe cuándo;
Ansina, si andás pasiando,
Y de noche sobre todo,
Debés llevarlo de modo
Que al salir, salga cortando."
774
"Los
que no saben guardar
Son pobres aunque trabajen;
Nunca, por más que se atajen,
Se librarán del cimbrón:
Al que nace barrigón
Es al ñudo que lo fajen."
775
"Donde
los vientos me llevan
Allí estoy como en mi centro;
Cuando una tristeza encuentro
Tomo un trago pa alegrarme:
A mí me gusta mojarme
Por ajuera y por adentro."
776
"Vos
sos pollo, y te convienen
Toditas estas razones;
Mis consejos y leciones
No echés nunca en el olvido:
En las riñas he aprendido
A no peliar sin puyones."
777
Con
estos consejos y otros
Que yo en mi memoria encierro,
Y que aquí no desentierro,
Educándome seguía,
Hasta que al fin se dormía
Mesturao entre los perros.

XVI
778
Cuando
el viejo cayó enfermo,
Viendo yo que se empioraba
Y que esperanza no daba
De mejorarse siquiera,
Le truje una culandrera
A ver si lo mejoraba.
779
En
cuanto lo vio, me dijo:
"Este no aguanta el sogazo:
Muy poco le doy de plazo;
Nos van ha dar un espetáculo,
Porque debajo del brazo
Le ha salido un tabernáculo."
780
Dice
el refrán que en la tropa
Nunca falta un güey corneta:
Uno que estaba en la puerta
Le pegó el grito ahí no más:
"Tabernáculo,... !que bruto!
Un tubérculo dirás."
781
Al
verse ansí interrumpido,
Al punto dijo el cantor:
"No me parece ocasión
De meterse los de ajuera;
Tabernáculo, senor,
Le decía la culandrera."
782
El
de ajuera repitió,
Dándole otro chaguarazo:
"Allá va un nuevo bolazo
Copo y se la gano en puerta
A las mujeres que curan
Se las llama curanderas."
783
No
es güeno -dijo el cantor-
Muchas manos en un plato
Y diré al que ese barato
Ha tomao de entrometido,
Que no creía haber venido
A hablar entre literatos.
784
Y
para seguir contando
La historia de mi tutor,
Le pediré a ese dotor
Que en mi inorancia me deje,
Pues siempre encuentra el que teje
Otro mejor tejedor.
785
Seguía
enfermo, como digo,
Cada vez más emperrao;
Yo estaba ya acobardao
Y lo espiaba dende lejos;
Era la boca del viejo
La boca de un condenao.
786
Allá
pasamos los dos
Noches terribles de invierno:
El maldecía al Padre Eterno
Como a los Santos benditos,
Pidiendolé al diablo a gritos
Que lo llevara al infierno.
787
Debe
ser grande la culpa
Que a tal punto mortifica;
Cuando vía una reliquia
Se ponía como azogado,
Como si a un endemoniado
Le echaran agua bendita.
788
Nunca
me le puse a tiro,
Pues era de mala entraña;
Y viendo herejía tamaña,
Si alguna cosa le daba,
De lejos se la alcanzaba
En la punta de una caña.
789
"Será
mejor", decía yo,
"Que abandonado lo deje,
Que blasfeme y que se queje,
Y que siga de esta suerte,
Hasta que venga la muerte
Y cargue con este hereje."
790
Cuando
ya no pudo hablar
Le até en la mano un cencerro,
Y al ver cercano su entierro,
Arañando las paredes,
espiró allí entre los perros
Y este servidor de ustedes.

XVII
791
Le
cobré un miedo terrible
Después que lo vi dijunto;
Llamé al alcalde, y al punto
Acompañado se vino
De tres o cuatro vecinos
A arreglar aquel asunto.
792
"Anima
bendita", dijo
Un viejo medio ladiao
"Que Dios lo haiga perdonao,
Es todo cuanto deseo,
Le conocí un pastoreo
De terneritos robaos."
793
"Ansina
es", dijo el Alcalde;
"Con eso empezó a poblar;
Yo nunca podré olvidar
Las travesuras que hizo;
Hasta que al fin fue preciso
Que le privasen carniar.
794
"De
mozo fue muy jinete:
No lo bajaba un bagual;
Pa ensillar un animal
Sin necesitar de otro,
Se encerraba en el corral,
Y allí golpiaba el potro."
795
"Se
llevaba mal con todos:
Era su costumbre vieja
El mesturar las ovejas,
Pues al hacer el aparte
Sacaba la mejor parte,
Y después venía con quejas."
796
"Dios
lo ampare al pobrecito",
Dijo en seguida un tercero.
"Siempre robaba carneros;
En eso tenía destreza:
Enterraba las cabezas
Y después vendía los cueros.
797
"!Y
qué costumbre tenía
Cuando en el jogón estaba!
Con el mate se agarraba
estando los piones juntos.
-Yo tallo -decía-y apunto-
Y a ninguno convidaba."
798
"Si
ensartaba algún asao
-!Pobre! !como si lo viese!-,
Poco antes de que estuviese
primero lo maldecía,
Luego después lo escupía
Para que naides comiese."
799
"Quien
le quitó esa costumbre
De escupir el asador
Fue un mulato resertor
Que andaba de amigo suyo:
Un diablo muy peliador
Que le llamaban barullo."
800
"Una
noche que les hizo
Como estaba acostumbrao,
Se alzó el mulato enojao
Y le gritó: -¡viejo indino,
Yo te he de enseñar, cochino,
A echar saliva al asao!-"
801
"Lo
saltó por sobre el juego
Con el cuchillo en la mano;
¡La pucha el pardo liviano!
En la mesma atropellada
Le largó una puñalada
que la quitó otro paisano.
802
"Y
ya caliente barullo,
Quiso seguir la chacota;
Se le había erizao la mota
Lo que empezó la reyerta:
el viejo ganó la puerta
Y apeló a las de gaviota."
803
"De
esa costumbre maldita
dende entonces se curó;
A las casas no volvió:
Se metió en un cicutal
Y allí escondido pasó
Esa noche sin cenar."
804
Esto
hablaban los presentes,
Y yo, que estaba a su lao
Al oír lo que he relatao,
Aunque él era un perdulario,
Dije entre mí: "¡Que rosario
Le están rezando al finao!."
805
Luego
comenzó el Alcalde
A registrar cuanto había,
Sacando mil chucherías
Y guascas y trapos viejos,
Temeridá de trebejos
Que para nada servían.
806
Salieron
lazos, cabrestos,
Coyundas y maniadores,
Una punta de arriadores,
Cinchones, maneas, torzales
Una porción de bozales
Y un montón de tiradores.
807
Había riendas de domar
frenos, estribos quebraos;
Bolas, espuelas, recaos,
Unas pavas, unas ollas,
Y un gran manojo de argollas
De cinchas que había cortao.
808
Salieron
varios cencerros,
Alesnas, lonjas, cuchillos,
Unos cuantos cojinillos
Un alto de jergas viejas,
Muchas botas desparejas
Y una infinidá de anillos.
809
Había
tarros de sardinas,
Unos cueros de venao,
Unos ponchos aujeriaos,
Y en tan tremendo entrevero
Apareció hasta un tintero
que se perdió en el Juzgao.
810
Decía
el alcalde muy serio:
"es poco cunato se diga;
Había sido como hormiga.
He de darle parte al Juez.
¡Y que me venga después
Con que no se los persiga!"
811
Yo
estaba medio azorao
De ver lo que sucedía;
Entre ellos mesmos decían
Que unas prendas eran suyas,
Pero a mi me parecía
que estas eran aleluyas.
812
Y
cuando ya no tuvieron
Rincón donde registrar,
Cansaos de tanto huroniar
Y de trabajar en balde,
"Vámosnos", dijo el Alcalde,
"Luego lo haré sepultar."
813
Y
aunque mi padre no era
El dueño de ese hormiguero,
Él, allí muy cariñero,
Me dijo con muy buen modo:
"Vos serás heredero
Y te harás cargo de todo."
814
"Se
ha de arreglar este asunto
Como es preciso que sea;
Voy a nombrar albacea
Uno de los circustantes;
Las cosas no son como antes
Tan enredadas y feas."
815
"!Bendito
Dios!', pensé yo,
"Ando como un pordiosero,
Y me nuembran heredero
De toditas estas guascas.
¡Quisiera saber primero
Lo que se han hecho mis vacas!"

XVIII
816
Se
largaron, como he dicho,
A disponer el entierro;
Cuando me acuerdo me aterro:
Me puse a llorar a gritos
Al verme allí tan solito
Con el finao y los perros.
817
Me
saqué el escapulario,
Se lo colgué al pecador,
Y como hay en el señor
Misericordia infinita,
Rogué por la alma bendita
Del que antes jué mi tutor.
818
No
se calmaba mi duelo
De verme tan solitario;
Ahí le champurrié un rosario
Como si juera mi padre,
besando el escapulario
Que me había puesto mi madre.
819
"Madre
mía", gritaba yo,
¿"Donde estarás padeciendo?
El llanto que estoy virtiendo
Lo redamarías por mí,
Si vieras a tu hijo aquí
Todo lo que está sufriendo."
820
Y
mientras ansí clamaba
Sin poderme consolar,
Los perros, para aumentar
Mas mi miedo y mi tormento,
En aquel mesmo momento
Se pusieron a llorar.
821
Libre
Dios a los presentes
De que sufran otro tanto;
Con el muerto y esos llantos
Les juro que faltó poco
Para que me vuelva loco
En medio de tanto espanto.
822
Decían
entonces las viejas,
Como que eran sabedoras,
Que los perros cuando lloran
Es porque ven al demonio;
Yo creía en el testimonio
Como cré siempre el que inora.
823
Ahi
dejé que los ratones
Comieran el guasquerío
Y como anda a su albedrío
Todo el que güérfano queda,
Alzando lo que era mío
Abandoné aquella cueva.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . .
824
Supe
después que esa tarde
Vino un pión y lo enterró;
Ninguno lo acompañó
Ni lo velaron siquiera;
Y al otro día amaneció
Con una mano dejuera.
825
Y
me ha contao además
El gaucho que hizo el entierro
-Al recordarlo me aterro,
Me da pavor este asunto-
Que la mano del dijunto
Se la había comido un perro.
826
Tal
vez yo tuve la culpa
Porque de asustao me fui;
Supe, después que volví,
Y asigurárselos puedo,
Que los vecinos, de miedo,
No pasaban por allí.
827
Hizo
del rancho guarida
La sabandija mas sucia
-El cuerpo se despeluza
Y hasta la razón se altera-;
Pasaba la noche entera
Chillando allí una lechuza.
828
Por
mucho tiempo no pude
Saber lo que me pasaba;
Los trapitos con que andaba
Eran puras hojarascas;
Todas las noches soñaba
Con viejos, perros y guascas.

XIX
829
Anduve
a mi voluntá,
Como moro sin señor;
Ese jué el tiempo mejor
Que yo he pasado tal vez;
De miedo de otro tutor,
Ni aporté por lo del Juez.
830
"Yo
cuidaré", me había dicho,
"De lo de tu propiedá:
Todo se conservará,
El vacuno y los rebaños,
Hasta que cumplas 30 años,
En que seás mayor de edá."
831
Y
aguardando que llegase
El tiempo que la ley fija,
Pobre como lagartija
Y sin respetar a naides,
Anduve cruzando el aire
Como bola sin manija.
832
Me
hice hombre de esa manera
Bajo el más duro rigor;
Sufriendo tanto dolor
Muchas cosas aprendí;
Y, por fin, vítima fuí
Del mas desdichado amor.
833
De
tantas alternativas
Esta es la parte peluda
Infeliz y sin ayuda,
Fue estremado mi delirio,
Y causaban mi martirio
Los desdenes de una viuda.
834
Llora
el hombre ingratitudes
Sin tener un jundamento;
Acusa sin miramiento
A la que el mal le ocasiona,
Y tal vez en su persona
No hay ningún merecimiento.
835
Cuando
yo más padecía
La crueldá de mi destino,
Rogando al poder divino
Que del dolor me separe,
Me hablaron de un adivino
Que curaba esos pesares.
836
Tuve
recelos y miedos,
Pero al fin me disolví:
Hice coraje y me fui
Donde el adivino estaba,
Y por ver si me curaba,
Cuanto llevaba le di.
837
Me
puse, al contar mis penas,
Mas colorao que un tomate,
Y se me añudó el gaznate
Cuando dijo el ermitaño:
"Hermano, le han hecho daño
Y se lo han hecho en un mate.
838
"Por
verse libre de usté
Lo habrán querido embrujar."
Después me empezó a pasar
Una pluma de avestruz,
Y me dijo:"De la Cruz
Recebí el don de curar."
839
"Debés
maldecir", me dijo,
"A todos tus conocidos;
Ansina el que te ha ofendido
Pronto estará decubierto,
Y deben ser maldecidos
Tanto vivos como muertos."
840
Y
me recetó un hincao
En un trapo de la viuda,
Frente a una planta de ruda,
Hiciera mis oraciones,
Diciendo: "No tengás duda;
Eso cura las pasiones."
841
A
la viuda, en cuanto pude,
Un trapo le manotié;
Busqué la ruda y al pie,
Puesto en cruz, hice mi rezo;
Pero, amigos, ni por eso
De mis males me curé.
842
Me
recetó otra ocasión
Que comiera abrojo chico;
El remedio no me esplico,
Mas, por desechar el mal,
Al ñudo en un abrojal
Fui a ensangrentarme el hocico.
843
Y
con tanta medecina
Me parecía que sanaba;
Por momentos se aliviaba
Un poco mi padecer,
Mas si a la viuda encontraba,
Volvía la pasión a arder.
844
Otra
vez que consulté
Su saber estrordinario,
Recibió bien su salario,
Y me recetó aquel pillo
Que me colgase tres grillos
Ensartaos como rosario.
845
Por
fin la última ocasión
Que por mi mal lo fui a ver,
Me dijo: "No, mi saber
No ha perdido su virtú;
Yo te daré la salú:
No triunfará esa mujer.
846
"Y
tené fe en el remedio,
Pues la cencia no es chacota;
De esto no entendés ni jota.
Sin que ninguno sospeche,
Cortále a un negro tres motas
Y hacélas hervir en leche."
847
Yo
andaba ya desconfiando
De la curación maldita,
Y dije: "Este no me quita
La pasión que me domina;
Pues que viva la gallina,
Aunque sea con la pepita."
848
Ansí
me dejaba andar,
Hasta que, en una ocasión,
El cura me echó un sermón,
Para curarme sin duda,
Diciendo que aquella viuda
Era hija de confisión.
849
Y
me dijo estas palabras
Que nunca las he olvidao:
"Has de saber que el finao
Ordenó en su testamento
Que naides de casamiento
Le hablara en lo sucesivo;
Y ella prestó el juramento
Mientras él estaba vivo."
850
"Y
es preciso que lo cumpla,
Porque ansí lo manda Dios;
Es necesario que vos
No la vuelvas a buscar,
Porque si llega a faltar
Se condenarán los dos."
851
Con
semejante alvertencia
Se completó mi redota;
Le vi los pies a la sota,
Y me le alejé a la viuda,
Más curao que con la ruda,
Con los grillos y las motas.
852
Después me contó un amigo
Que al Juez le había dicho el cura
Que yo era un cabeza dura
Y que era un mozo perdido;
Que me echaran del partido,
Que no tenía compostura.
853
Tal
vez por ese consejo
Y sin que más causa hubiera,
Ni que otro motivo diera,
Me agarraron redepente
Y en el primer contingente
Me echaron a la frontera.
854
De
andar persiguiendo viudas
Me he curao el deseo;
En mil penurias me veo,
Mas pienso volver tal vez
A ver si sabe aquel Juez
Lo que se ha hecho de mi rodeo.

XX
855
Martín
Fierro y sus dos hijos,
Entre tanta concurrencia,
Siguieron con alegría
Celebrando aquella fiesta.
Diez años, los más terribles,
Había durado la ausencia,
Y al hallarse nuevamente
Era su alegría completa.
En ese mesmo momento
Uno que vino de ajuera,
A tomar parte con ellos
Suplicó que lo almitieran.
Era un mozo forastero
De muy regular presencia,
Y hacía poco que en le pago
Andaba dando sus güeltas.
Asiguraban algunos
Que venía de la frontera;
Que había pelao a un pulpero
En las últimas carreras;
Pero andaba despilchao,
No traía una prenda güena:
Un recadito cantor
Daba fe de sus pobrezas.
Le pidió la bendición
Al que causaba la fiesta
Y, sin decirles su nombre,
Les declaró con franqueza
Que el nombre de Picardía
Es el único que lleva.
Y para contar su historia
A todos pide licencia,
Diciéndoles que en seguida
Iban a saber quién era.
Tomó al punto la guitarra,
La gente se puso atenta,
Y ansí cantó Picardía
En cuanto templó las cuerdas:

PICARDÍA
XXI
856
-
Voy a contarles mi historia
(Perdónenme tanta charla) ,
y les diré al principiarla,
Aunque es triste hacerlo ansí:
A mi madre la perdí
Antes de saber llorarla.
857
Me
quedé en el desamparo,
Y al hombre que me dio el ser
No lo pude conocer;
Ansí, pues, dende chiquito,
Volé como el pajarito
En busca de qué comer.
858
O por causa del servicio
Que tanta gente destierra,
O por causa de la guerra,
Que es causa bastante seria,
Los hijos de la miseria
Son muchos en esta tierra.
859
Ansí,
por ella empujado,
No sé las cosas que haría,
Y aunque con vergüenza mía,
Debo hacer esta alvertencia:
Siendo mi madre Inocencia,
Me llamaban Picardía.
860
Me
llevó a su lado un hombre
Para cuidar las ovejas,
Pero todo el día eran quejas
Y guascazos a lo loco,
Y no me daba tampoco
Siquiera unas jergas viejas.
861
Dende
la alba hasta la noche,
En el campo me tenía;
Cordero que se moría
-Mil veces me sucedió-
Los caranchos lo comían,
Pero lo pagaba yo.
862
De
trato tan rigoroso
Muy pronto me acobardé;
El bonete me apreté
Buscando los mejores fines,
Y con unos volantines
Me fuí para Santa Fe.
863
El
pruebista principal
A enseñarme me tomó,
Y ya iba aprendiendo yo
A bailar en la maroma,
Mas me hicieron una broma
Y aquello me indijustó.
864
Una
vez que iba bailando,
Porque estaba el calzón roto,
Armaron tanto alboroto
Que me hicieron perder pie;
De la cuerda me largué
Y casi me descogotó.
865
Ansí
me encontré de nuevo
Sin saber dónde meterme,
Y ya pensaba volverme
Cuando, por fortuna mía,
Me salieron unas tías
Que quisieron recogerme.
866
Con
aquella parentela,
Para mí desconocida,
Me acomodé ya en seguida,
Y eran muy buenas señoras;
Pero las más rezadoras
Que he visto en toda mi vida.
867
Con
el toque de oración
Ya principiaba el rosario;
Noche a noche un calendario
Tenían ellas que decir,
Y a rezar solían venir
Muchas de aquel vecindario.
868
Lo
que allí me aconteció
Siempre lo he de recordar,
Pues me empiezo a equivocar
Y a cada paso refalo,
Como si me entrara el Malo
Cuanto me hincaba a rezar.
869
Era
como tentación
Lo que yo esperimenté,
Y jamás olvidaré
Cuanto tuve que sufrir,
Porque no podía decir
"Artículos de la Fe".
870
Tenía
al lao una mulata
Que era nativa de allí;
Se hincaba cerca de mí
Como el ángel de la guarda;
¡Pícara!, y era la parda
La que me tentaba ansí.
871
"Rezá",
me dijo mi tía,
"Artículos de la Fe".
Quise hablar y me atoré;
La dificultá me aflige;
Miré a la parda, y ya dije:
"Artículos de Santa Fe".
872
Me
acomodó el coscorrón
Que estaba viendo venir,
Yo me quise corregir,
A la mulata miré
Y otra vez volví a decir:
"Artículos de Santa Fe".
873
Sin
dificultá ninguna
Rezaba todito el día,
Y a la noche no podía
Ni con un trabajo inmenso;
Es por eso que yo pienso
Que alguno me tentaría.
874
Una
noche de tormenta
Vi a la parda y me entró chucho;
Los ojos -me asusté mucho-
Eran como refocilo:
Al nombrar a San Camilo,
Le dije San Camilucho.
875
Ésta
me da con el pie,
Aquella otra con el codo:
¡Ah, viejas, por ese modo,
Aunque de corazón tierno,
Yo las mandaba al infierno
Con oraciones y todo!
876
Otra
vez, que como siempre
La parda me perseguía,
Cuando yo acordé, mis tías
Me habían sacao un mechón
Al pedir la estirpación
De todas las herejías.
877
Aquella
parda maldita
Me tenía medio afligido,
Y ansí; me había sucedido
Que, al decir "estirpación",
Le acomodé "entripación"
Y me cayeron sin ruido.
878
El
recuerdo y el dolor
Me duraron muchos días;
Soñé con las herejías
Que andaban por estirpar
Y pedía siempre al rezar
La estirpación de mis tías.
879
Y
dale siempre rosarios,
Noche a noche sin cesar;
Dale siempre barajar
Salves, trisagios y credos;
Me aburrí de esos enriedos
Y al fin me mandé mudar.

XXII
880
Anduve
como pelota,
Y más pobre que una rata:
Cuando empecé a ganar plata
Se armó no sé qué barullo:
Yo dije: A tu tierra, grullo,
Aunque sea con una pata.
881
Eran
duros y bastantes
Los años que allá pasaron;
Con lo que ellos me enseñaron
Formaba mi capital;
Cuanto vine, me enrolaron
En la Guardia Nacional.
882
Me había ejercitao al naipe,
El juego era mi carrera;
Hice alianza verdadera
Y arreglé una trapisonda
Con el dueño de una fonda
Que entraba en la peladera.
883
Me
ocupaba con esmero
En floriar una baraja;
Él la guardaba en la caja
En paquetes, como nueva;
Y la media arroba lleva
Quien conoce la ventaja.
884
Comete
un error inmenso
Quien de la suerte presuma;
Otro mas hábil lo fuma,
En un dos por tres lo pela,
Y lo larga que no vuela,
Porque le falta una pluma.
885
Con
un socio que lo entiende
Se arman partidas muy güenas;
Queda allí la plata ajena,
Quedan prendas y botones:
Siempre cain a esas riuniones
Zonzos con las manos llenas.
886
Hay
muchas trampas legales,
Recursos del jugador;
No cualquiera es sabedor
A lo que un naipe se presta:
Con una cincha bien puesta
Se la pega uno al mejor.
887
Deja
a veces ver la boca,
Haciendo el que se descuida;
Juega el otro hasta la vida
Y es siguro que se ensarta,
Porque uno muestra una carta
Y tiene otra prevenida.
888
Al
monte, las precauciones
No han de olvidarse jamás;
Debe afirmarse además
Los dedos para el trabajo,
Y buscar asiento bajo
Que le dé la luz de atrás.
889
Pa
tallar, tome la luz;
Dé la sombra al alversario;
Acomódese al contrario
En todo juego cartiao:
Tener ojo ejercitao
Es siempre muy necesario.
890
El
contrario abre los suyos,
Pero nada ve el que es ciego:
Dándole soga, muy luego
Se deja pescar el tonto;
Todo chapetón cre pronto
Que sabe mucho en el juego.
891
Hay
hombres muy inocentes
Y que a las carpetas van;
Cuando azariados están
-Les pasa infinitas veces-
Pierden en puertas y en treses,
Y dándoles mamarán.
892
El
que no sabe no gana
Aunque ruegue a Santa Rita;
En la carpeta a un mulita
Se le conoce al sentarse,
Y conmigo era matarse:
No podían ni a la manchita.
893
En
el nueve y otros juegos
Llevo ventaja y no poca,
Y siempre que dar me toca
El mal no tiene remedio,
Porque sé sacar del medio
Y sentar la de la boca.
894
En
el truco, al más pintao
Solía ponerlo en apuro;
Cuando aventajar procuro,
Sé tener, como fajadas,
Tiro a tiro el as de espadas,
O flor, o envite siguro.
895
Yo
sé defender mi plata
Y lo hago como el primero:
El que ha de jugar dinero
Preciso es que no se atonte;
Si se armaba una de monte,
Tomaba parte el fondero.
896
Un
pastel, como un paquete,
Sé llevarlo con limpieza;
Dende que a salir empiezan
No hay carta que no recuerde;
Sé cuál se gana o se pierde
En cuanto cain en la mesa.
897
También
por estas jugadas
Suele uno verse en aprietos;
Mas yo no me comprometo
Porque sé hacerlo con arte,
Y aunque les corra el descarte
No se descubre el secreto.
898
Si
me llamaban al dao,
Nunca me solía faltar
Un cargado que largar,
Un cruzao para el más vivo,
Y hasta atracarles un chivo
Sin dejarlos maliciar.
899
Cargaba
bien una taba,
Porque la sé manejar;
No era manco en el billar,
Y por fin de lo que esplico,
Digo que hasta con pichicos
Era capaz de jugar.
900
Es
un vicio de mal fin
El de jugar, no lo niego;
Todo el que vive del juego
Anda a la pesca de un bobo,
Y es sabido que es un robo
Ponerse a jugarle a un ciego.
901
Y
esto digo claramente
Porque he dejao de jugar;
Y le puedo asigurar,
Como que fuí del oficio:
Más cuesta aprender un vicio
Que aprender a trabajar.

XXIII
902
Un
nápoles mercachifle
Que andaba con un arpista,
Cayó también en la lista
Sin dificultá ninguna:
Lo agarré a la treinta y una
Y le daba bola vista.
903
Se
vino haciendo el chiquito,
Por sacarme esa ventaja;
En el pantano se encaja,
Aunque robo se le hacía;
Lo cegó Santa Lucía
Y desocupó las cajas.
904
¡Lo
hubieran visto afligido
Llorar por las chucherías!
"Me gañao con picardía",
Decía el gringo y lagrimiaba,
Mientras yo en un poncho alzaba
Todita su merchería.
905
Quedó
allí aliviao del peso
Sollozando sin consuelo;
Había caído en el anzuelo,
Tal vez porque era domingo,
Y esa calidá de gringo
No tiene santo en el cielo.
906
Pero
poco aproveché
De fatura tan lucida;
El diablo no se descuida,
Y a mí me seguía la pista
Un ñato muy enredista
Que era Oficial de partida.
907
Se
me presentó a esigir
La multa en que había incurrido,
Que el juego estaba prohibido,
Que iba a llevarme al cuartel
Tuve que partir con él
Todo lo que había alquirido.
908
Empecé
a tomarlo entre ojos
Por esa albitrariedá;
Yo había ganao, es verdá,
Con recursos, eso sí;
Pero él me ganaba a mí
Fundao en su autoridá.
909
Decían
que por un delito
Mucho tiempo anduvo mal;
Un amigo servicial
Lo compuso con el Juez,
Y poco tiempo después
Lo pusieron de Oficial.
910
En
recorrer el partido
Continuamente se empleaba;
Ningún malevo agarraba,
Pero traía en un carguero
Gallinas, pavos, corderos
Que por ahí recoletaba.
911
No
se debía permitir
El abuso a tal estremo.
Mes a mes hacía lo mesmo,
Y ansí decía el vecindario:
"Este ñato perdulario
Ha resucitao el diezmo."
912
La
echaba de guitarrero
Y hasta de concertador:
Sentao en el mostrador
Lo hallé una noche cantando
Y le dije: "Co...mo...quiando
Con ganas de oír un cantor."
913
Me
echó el ñato una mirada
Que me quiso devorar,
Mas no dejó de cantar
Y se hizo el desentendido;
Pero ya había conocido
Que no lo podía pasar.
914
Una
tarde que me hallaba
De visita... vino el ñato,
Y para darle un mal rato
Dije juerte: "Ña...to...ribia,
No cebe con la agua tibia",
Y me la entendió el mulato.
915
Era
todo en el Juzgao,
Y como que se achocó,
Ahí no más me contestó:
"Cuanto el caso se presiente
Te he de hacer tomar caliente,
Y has de saber quién soy yo."
916
Por
causa de una mujer
Se enredó más la cuestión;
Le tenía el ñato afición;
Ella era mujer de ley,
Moza con cuerpo de güey,
Muy blanda de corazón.
917
La
hallé una vez de amasijo;
Estaba hecha un embeleso,
Y le dije: "Me intereso
En aliviar sus quehaceres,
Y ansí, señora, si quiere
Yo le arrimaré los gutildeos."
918
Estaba
el ñato presente
Sentado como de adorno;
Por evitar un trastorno
Ella, al ver que se dijusta,
Me contestó: "Si usté gusta,
Arrímelos junto al horno."
919
Ahi
se enredó la madeja
Y su enemistá conmigo;
Se declaró mi enemigo,
Y, por aquel cumplimiento,
Ya sólo buscó el momento
De hacerme dar un castigo.
920
Yo
vía que aquel maldito
Me miraba con rencor,
Buscando el caso mejor
De poderme echar el pial;
Y no vive más el lial
Que lo que quiere el traidor.
921
No
hay matrero que no caiga,
Ni arisco que no se amanse;
Ansí, yo, dende aquel lance,
No salía de algún rincón,
Tirao como el San Ramón
Después que se pasa el trance.

XXIV
922
Me
le escapé con trabajo
En diversas ocasiones;
Era de los adulones;
Me puso mal con el Juez;
Hasta que al fin una vez
Me agarró en las eleciones.
923
Ricuerdo
que esa ocasión
Andaban listas diversas;
Las opiniones dispersas
No se podían arreglar:
Decían que el Juez, por triunfar,
Hacía cosas muy perversas.
924
Cuando
si riunió la gente
Vino a proclamarla el ñato,
Diciendo con aparato
"Que todo andaría mal,
Si pretendía cada cual
Votar por un candidato."
925
Y
quiso al punto quitarme
La lista que yo llevé,
Mas yo se la mezquiné,
Y ya me gritó: "!Anarquista!
Has de votar por la lista
Que ha mandao el Comiqué."
926
Me dio vergüenza de verme
Tratado de esa manera;
Y como si uno se altera
Ya no es fácil que se ablande,
Le dije: "Mande el que mande,
Yo he de votar por quien quiera."
927
"En
las carpetas de juego
Y en la mesa eletoral,
A todo hombre soy igual,
Respeto al que me respeta,
Pero el naipe y la boleta
Naides me lo ha de tocar."
928
Ahi
no más ya me cayó
A sable la polecía;
Aunque era una picardía
Me decidí a soportar,
Y no los quise peliar
Por no perderme ese día.
929
Atravesao
me agarró
Y se aprovechó aquel ñato;
Dende que sufrí ese trato
No dentro donde no quepo;
Fui a jinetiar en el cepo
Por cuestión de candidatos.
930
Injusticia
tan notoria
No la soporté de flojo;
Una venda de mis ojos
Vino el suceso a voltiar:
Vi que teníamos que andar
Como perro con tramojo.
931
Dende aquellas eleciones
Se siguió el batiburrillo;
Aquél se volvió un ovillo
Del que no había ni noticia,
¡Es |