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CAPITULO IX a - EL PLATA (1873) Un solo autor, J. Sapiña, en el «Diccionario de Autores», tomo II p.270, menciona el diario «El Plata». Dice, refiriéndose a Hernández: ... Sigue en la prensa y en la acción a López Jordán en la revolución de 1873 y tiene que expatriarse. Funda después el diario «El Plata», no habiéndose encontrado confirmación alguna al dato. Por lo tanto simplemente se deja constancia a Los efectos de una ulterior verificación. b - LA LIBERTAD (1875) A mediados de 1875 Hernández publicó la segunda edición de su «Vida del Chacho», recopilación de sus notas periodísticas aparecidas en «El Argentino» de Paraná, en 1863. El diario «La Tribuna», de los hermanos Héctor y Mariano Varela, publicó en su edición del 18 de setiembre de 1875 un comentario crítico en el que calificaba la obra de Hernández de «notablemente reaccionaria». Tres días después, «La Tribuna» también acusaba a Hernández de jordanista y de «partidario de la situación», como prosélito de Avellaneda. (Chávez, ibid., p. 75). El autor respondió entonces el ataque el día 23 de setiembre, desde las columnas de «La Libertad», diario porteño que redactaba para entonces el chileno Manuel Bilbao. «La Libertad» era un diario político, noticioso, literario y comercial que apareciera en Buenos Aires el 1° de julio de 1873, con dirección de Gregorio Aráoz y se tiraba por la Imprenta del Mercurio. Era una continuidad, según lo expresaba en su primer número, del diario «La República» de 1867. Sostenía en su prédica la candidatura a la presidencia del doctor Manuel Quintana (8) en las elecciones de 1874. Era un periódico de gran tamaño, a siete columnas, con agentes en el interior de la República encargados de su difusión. En el número 27 del viernes 1° de agosto de 1873 cambió el editor, que resultó ser J. M. Portillo. En el número 39, se da cuenta de la proclamación de la candidatura del doctor Quintana para la presidencia. El último número aparecería en abril de 1886. (Piccirilli, ibid., voz Libertad). Como se dijo, el 23 de setiembre de 1875 José Hernández publicaba en «La Libertad» su respuesta a «La Tribuna»; lo hacía bajo el título «Señor Sarmiento»: ¿por qué mataron?» y decía: "Empecemos nuestra contestación a «La Tribuna» con un recuerdo oportuno, que nos servirá de introducción y de punto de partida. Hace aproximadamente quince años, tuvo lugar en Santa Fe una Convención Nacional para considerar las reformas que Buenos Aires presentaba a la Constitución. Ocupábamos en ella el puesto de taquígrafo. En la fila derecha, en el primer asiento, se encontraba un convencional que se revolvía agitándose continuamente en su silla. Miraba a todas partes como un desaforado, manifestando en todos sus movimientos una agitación y algo de un malestar que no le permitía permanecer tranquilo. De pronto hace un movimiento rápido y se saca un botín, a pocos minutos el otro, coloca los pies cubiertos sólo con las medias sobre aquellos zapatos que tanto le habían mortificado y respirando fuertemente como quien se libra de una gran incomodidad, permanece muy tranquilo, como en el retiro de su casa, delante de la respetable Asamblea. Ese hombre era el Sr. Sarmiento y ese fue el día y las circunstancias en que lo conocí, bajo la impresión que cada uno de los lectores puede calcular que produciría en el observador aquel hecho de intimidad y confianza con la Convención y con el público. De allí parten mis relaciones de vista con el Sr. Sarmiento, por quien después he sido perseguido sin tregua. ...el Sr. Sarmiento me persiguió en Corrientes cometiendo una injusticia y una violación de la Constitución, por la que fue acusado ante el Congreso al principio de su presidencia y esa acusación tiene mi firma al pie. Cuando él era candidato, yo había combatido su candidatura y él se vengaba. Más tarde, siendo él Presidente, tango noticias de cinco o seis órdenes de prisión dictadas contra mi, pero he tenido la satisfacción de verlo bajar del gobierno, sin que él tuviera la de meterme en la cárcel. ....................................... Cuando los que mataban, los que aplaudían la matanza y los que la predicaban como justicia, me llamaban a mi «mazorquero», porque condenaba aquellos excesos y defendía en tantos desgraciados el derecho de vivir, yo no podía, no debía quedarme sin retribuir el sangriento apóstrofe. Era una injuria recíproca. Recibía una y devolvía otra que le era correlativa. Pero los que mataron, Sr. Sarmiento, los que mataron son más culpables, cualesquiera que sean las formas en que lo hicieron, que los que condenaron a los matadores, cualesquiera que sean los términos que escribieron. Fínjase muerto y oirá la opinión de la posteridad respecto de usted." (Chávez, ibid., p. 76 ss). Al día siguiente «La Tribuna» publicaba un artículo en el que, entre otras cosas, acusaba a Hernández de haberse vengado con «crueldad refinada» de Urquiza, Mitre y Sarmiento, a lo que el poeta respondía en la edición del 26 de setiembre de 1875 de «La Libertad»: "Rechazo esa afirmación, con la dignidad del patriota, del hombre de convicciones políticas y del verdadero republicano. Yo no me he vengado de Urquiza, ni con crueldad ni sin ella y olvidé pronto el mal que alguna vez me hizo. No me he vengado de Mitre, de quien jamás recibí agravio ni ofensa personal alguna y a quien sólo he combatido por los sucesos públicos que bajo su dirección y su influencia se han producido en las Repúblicas del Plata. No me he vengado de Sarmiento, no porque no tuviera de que, sino porque en mi espíritu no tiene cabida el ruin sentimiento de la venganza. En fuentes menos turbias he bebido mis inspiraciones políticas y en más elevadas aspiraciones, en propósitos más generosos y nobles he hallado la energía suficiente para la lucha y el vigor necesario para aceptar los sacrificios que ella me ha impuesto." (Chávez, ibid., p. 79). «La Tribuna» del 28 de setiembre daba por cerradas las lides con un artículo en el que señalaba respecto de Hernández»: "Federalote ultra, entusiasta, admirador y humilde eco de los actos del Chacho y servidor del virtuoso general Dn. Ricardo López Jordán, que no por haber asesinado al general Urquiza fue menos virtuoso ante la moral de Dn. José Hernández, profesa principios incompatibles y de imposible relación con los que forman el credo de la Redacción de «La Tribuna». Es nuestra última palabra." (Chávez, ibid., p. 80). Hernández, con el título de «A la última palabra, las últimas palabras», hizo lo propio en la edición del 29 de setiembre de «La Libertad» en donde dijo: "¿A quién ha elogiado «La Tribuna» que no haya pertenecido a su comunidad política, ni a quién ha elogiado en su vida el Sr. Sarmiento? ¡Recuérdase como acaba de tratar al general Paz y calcúlese como puede tratar a Peñaloza (9). Recuérdese como acaba de tratara ciudadanos, entre los que se comprendía el Sr. Albarracín, pariente suyo, de quienes dijo que había tenido que arrojarlos de la casa de gobierno y calcúlese como podrá tratarme a mi. No, nosotros no hemos pretendido tales elogios, no cabe tanta ceguedad de nuestra parte, ni es honroso el elogio, sino cuando no es buscado. ....................................... Aceptemos posiciones y establezcamos diferencias. Entre la conducta de un ciudadano que se mezcla en una revolución, sin mancharse en ella y la del primer magistrado que dio ante la República y ante el mundo el escándalo de ofrecer cien mil patacones por la cabeza del jefe revolucionario, hay una diferencia fácil de medir. El primero comprometió su individualidad; el segundo escarneció la moral pública, vilipendió la autoridad que investía, escandalizó a la República, infirió un ultraje a la civilización. Yo no inauguré el período de las revoluciones. Y él pretendió inaugurar en el Río de la Plata, un periodo aciago la costumbre inmoral, impía, de poner precio las cabezas (10)." (Chávez, ibid., p. 80s). c - EL BICHO COLORADO (1876) Dice Cutolo (ibid., p. 564) que Hernández «colaboró en 1876, en «El Bicho Colorado», periódico satírico, político y literario...». Coinciden en ello todos los biógrafos hernandianos consultados. «El Bicho Colorado» fue un periódico de carácter humorístico que apareció en Buenos Aires el 1° de febrero de 1876, dirigido por José Hernández. Fue ilustrado por el dibujante francés Carlos Clérice. Con ocho páginas en prosa y verso incluye una sátira contra Juan María Gutiérrez por su rechazo del diploma de la Academia Española (11) y testimonios de la constante crítica de Hernández a la política contra el indio y su oposición a Mitre, Avellaneda, Sarmiento y Adolfo Alsina. (Pagés Larraya, ibid., p. 52). Se ofrecía en la calle y, al por mayor,en Perú 217 de Buenos Aires. Como lo describe Vázquez Lucio (1985, p. 139): "...ilustra su portada con un primerísimo plano del pie de la República hasta más arriba del tobillo, cubierto de forúnculos donde aparecen las caricaturas de Sarmiento, Mitre, Avellaneda, Aneiro e indios; el dibujo lleva por título «Los bichos colorados de la República Argentina»." Sostenía el redactor de «El Bicho Colorado» que al aparecer en la vida periodística con un programa, era costumbre prometer maravilla; pero que un programa, en este caso, era un «letrero mentiroso como el que los charlatanes ponen en sus tiendas ...» Por eso el periódico adoptó este programa: «Sin programa». (*) d- MARTÍN FIERRO (1876) Siguiendo la reseña biográfica de Cutolo (ibid., p. 564) leemos, como se señaló en el punto precedente: «Colaboró en 1876, en «El Bicho Colorado»... como en 'Martín Fierro', otro semanario humorístico». «Martín Fierro» era, en efecto, un semanario humorístico, de política, literatura y noticias que apareció el domingo 13 de agosto de 1876. Figuraban como redactores «Tres gauchos baqueanos» e inserta composiciones en prosa y verso. Dice Pagés Larraya (ibid., p. 53) que «En el primer número se inserta un artículo titulado 'Aquí estoy' que pareciera de la pluma de Hernández porque se citan versos del poema y se expresan algunos juicios coincidentes con su personalidad». Dice, por ejemplo, «... Los más sabios del país, me dieron el diploma de 'dotor' y ahora sí que puedo hablar con la gente que no así nomás no se da ese grano de anís a cualquiera». El 18 de setiembre y el 30 de octubre aparecen sendas colaboraciones con la firma de «El payador Pepe José» que superponen algunas expresiones a Los versos de Hernández. Desde el tercer número aparece en la última página del semanario un aviso de la librería «Martín Fierro» de Ángel Da Ponte (Bolívar 20), en el que se anuncia asimismo la venta de la décima edición del poema gauchesco. Además, en el primer número se anunciaba ya, tres años antes de su aparición, «La vuelta de Martín Fierro», una primicia tal que justifica la afirmación de que uno de Los «tres gauchos baqueanos» fuese José Hernández. (Pagés Larraya, ibid., p. 53s) (**). (*) Un único ejemplar de «El Bicho Colorado» se encuentra en la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional. (**) La
colección de «Martín Fierro» se encuentra en la
Hemeroteca de la Biblioteca Nacional. Reg. 30.563.
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