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KAHLIL
GIBRÁN
ALAS ROTAS
(1912)
II
LA MANO DEL DESTINO
En la primavera de aquel maravilloso año,
estaba yo en Beirut. Los jardines estaban llenos de flores de
Nisán, y la tierra tenía una alfombra de verde césped; y era
como un secreto de la tierra revelado al Cielo. Los naranjos y
los manzanos, que parecían huríes, o novias enviadas por la
Naturaleza para inspirar a los poetas y excitar la
imaginación, llevaban blancas vestes de perfumados capullos.
La primavera es hermosa en todas partes, pero
es más hermosa en el Líbano. Es un espíritu que vaga por toda
la Tierra, pero que hace su morada en el Líbano, conversando
con reyes y profetas, cantando con los ríos los Cantares de
Salomón, y repitiendo con los sagrados cedros del Líbano los
recuerdos de las antiguas glorias. Beirut, libre de los lodos
del invierno y del polvo del verano, en la primavera es como
una novia, o como una sirena que se sienta a orillas de un
arroyo, y que se seca la suave piel a los rayos del sol.
Un día, en el mes de Nisán, fui a visitar a un
amigo cuya casa estaba algo apartada de la brillante y hermosa
ciudad. Mientras charlábamos, un hombre de aspecto digno, como
de unos sesenta años de edad, entró en la casa. Al levantarme
para saludarlo, mi amigo me lo presentó como Farris Efendi
Karamy, y luego mi amigo pronunció mi
nombre, con palabras elogiosas. El anciano me miró un momento,
y se tocó la frente con las puntas de los dedos, como si
estuviera tratando de recordar algo.
Luego, se acercó a mí sonriente, y me dijo:
-Es usted hijo de un amigo mío muy querido y me
da mucho gusto ver a ese amigo en la persona de usted.
Muy conmovido por las palabras del anciano, me
sentí atraído hacia él como un pájaro cuyo instinto lo lleva a
su nido antes de la inminente tormenta. Al sentarnos, me contó
su amistad con mi padre, y recordó el tiempo que habían pasado
juntos. Los ancianos gustan de remontar sus recuerdos a los
días de su juventud, tal como los extranjeros que ansían
volver a su propio país. Se complacen en referir anécdotas del
pasado, así como el poeta se complace en recitar su mejor
poema. El anciano vive espiritualmente en el pasado, porque el
presente pasa para él velozmente, y el futuro le parece una
aproximación al olvido de la tumba. Así transcurrió una hora
llena de viejos recuerdos, como las sombras de los árboles
sobre el césped. Cuando Farris Efendi se levantó para
marcharse, me puso la mano izquierda en el hombro y estrechó
mi mano derecha, diciendo:
-No he visto a tu padre desde hace veinte años.
Espero que lo sustituyas, con frecuentes visitas a mi casa.
Agradecido, le 'prometí cumplir ese deber de
amistad hacia un querido amigo de mi padre.
Al salir el anciano, le pedí a mi amigo que me
contara algo más acerca de él.
-No conozco a ningún hombre en Beirut cuya
riqueza lo haya hecho amable, y cuya bondad lo haya hecho rico
-me dijo-. Es uno de esos raros hombres que vienen a este
mundo y se van de él sin hacer daño a nadie, pero las personas
de esa clase generalmente sufren mucho, y son víctimas de la
opresión, porque no son lo suficientemente hábiles para
salvarse de la maldad de los demás. Farris Efendi tiene una
hija, de carácter muy parecido al suyo, cuya belleza y
gentileza están más allá de toda descripción; y también ella
sufrirá mucho, porque la riqueza de su padre ya la está
colocando al borde un horrible precipicio. -Al pronunciar mi
amigo estas palabras, noté que su rostro se ensombrecía.
Luego, mi amigo continuó: -Farris Efendi es un
buen anciano, de noble corazón, pero le falta fuerza de
voluntad. La gente lo maneja como a un ciego. Su hija le
obedece, a pesar de ser orgullosa e inteligente, y tal es el
secreto que gravita en la vida de padre e hija. Este secreto
lo descubrió un mal hombre, que también es obispo, y cuya
maldad se cobija a la sombra del Evangelio. Este prelado tiene
apariencia de ser amable y noble. Es la cabeza religiosa de
esta tierra de gente piadosa. La gente le rinde obediencia y
lo venera. Y conduce a esta gente como un rebaño de ovejas
hacia el matadero.
Este obispo tiene un sobrino, lleno de odio y
de corrupción. Más tarde o más temprano, día llegará en que
colocará a su sobrino a su derecha, y a la hija de Farris
Efendi a su izquierda, y, al alzar su impura mano y al
pronunciar los votos del matrimonio sobre las cabezas de estos
dos jóvenes, unirá una virgen pura a un sucio degenerado,
colocando el corazón del día en las entrañas de la noche.
"Es todo lo que puedo decirte acerca de Farris
Efendi y de su hija, así que te ruego que no me hagas más
preguntas al respecto.
Al decir esto, mi amigo volvió la cabeza hacia
la ventana, como si estuviera tratando de resolver los
problemas de la existencia humana y de concentrarse en la
belleza del universo.
Al salir de esa casa, le dije que pensaba
visitar a Farris Efendi unos días después, con el propósito de
cumplir mi promesa, y por la amistad, que había unido a él y a
mi padre. Se quedó mirándome un momento y noté un cambio en la
expresión de su rostro, como si mis escasas y simples palabras
le hubieran dado una nueva idea. Luego, me miró a los os de
extraña manera, con una mirada en que se mezclaban amor, la
piedad y el temor; con la mirada de un profeta que prevé lo
que nadie más puede anticipar. Luego, sus labios temblaron
levemente, pero mi amigo no dijo nada al dirigirme yo a la
puerta. Esa extraña mirada se grabó en mí, y no pude
comprender su significado hasta que maduré en el mundo de la
experiencia, donde los corazones se comprenden uno a otro
intuitivamente, y donde los espíritus maduran con el
conocimiento.
Prefacio | I-Callada Tristeza | II-La Mano del Destino | III-La Entrada al Santuario | IV-La Antorcha Blanca | V-La Tempestad | VI-El Lago de Fuego | VII-Ante el trono... | VIII-Entre Cristo e Ishtar | IX-El Sacrificio | X-La Libertadora
Alas Rotas | Jesús, el Hijo del Hombre | Jesús, el Hijo del Hombre(Cont) | El Profeta | El Jardín del Profeta | La Voz del Maestro

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