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Cuentos de Ise

XXII

Una vez, las relaciones entre dos amantes habían quedado rotas por una causa fútil. La mujer, que no había olvidado a su amante, le envió esto:

Aunque detesto
a este hombre, como no puedo
olvidarlo,
lo odio, y al mismo tiempo
lo amo.

Entonces el hombre dijo: "Puesto que es así..." Y respondió:

Sin que nos encontremos,
de nuestros sentimientos el intercambio
no se detendrá, como no se detiene el agua de una corriente
dividida por una isla en un río.

Así habló él, y sin embargo por la noche fue a verla a su casa. Después de hablar del pasado y del porvenir, él dijo:

Si de mil [largas] noches otoñales
pudiera yo hacer
una sola noche
y durmiera [junto a ti] ocho mil noches como ésa
no llegaría a saciarme.

Ella respondió

Si de mil noches de otoño
se hiciera
una sola noche
cosas a decir quedaran
cuando ya el gallo cantara.

Con pasión más ardiente que en el pasado, él continuó frecuentándola.

LI

Una vez un hombre que había plantado crisantemos en el jardín de una persona, dijo:

Como los planté con cuidado,
sólo si no hubiera otoño
de florecer dejarían.
Las flores dispersarían:
las raíces, empero, ¿también morirían?

LXVI

Una vez un hombre que tenía una propiedad en la provincia de Settsu fue con sus hermanos y algunos amigos del lado de Naniwa.
Mientras contemplaba la ribera, vio allí algunos barcos y compuso este poema:

El puerto de Naniwa esta mañana
por primera vez lo observo,
todos esos barcos en su rada
del mundo fatigados [como yo]
¿Por el mar se alejarán?

Embargados de emoción, los otros se volvieron.

LXXIII

Una vez un hombre [ mientras se paseaba] cerca [ de la casa] de una mujer, que él había oído decir que allí habitaba, pero a la que no podía enviar ninguna carta, pensaba:

Sois al igual
que aquella higuera
que en la luna se halla,
con los ojos se contempla,
pero no puede tocarse con las manos.

LXXXVIII

Una vez algunos amigos, que ya no eran muy jóvenes, se habían reunido y contemplaban la Luna. Uno de ellos compuso este poema:

Dicho generalmente,
a la Luna no elogiamos;
cuando las lunas
se acumulan
devienen viejos  los hombres.

CXXV

Una vez un hombre que se sentía enfermo tuvo la impresión de que estaba a punto de morir. Compuso este poema:

Que al final
haya un camino que es obligado seguir
ya lo había oído decir,
pero lo que no pensaba era
que para hoy o mañana fuera.

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