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Omar Khayyam Rubaiyat I Todos saben que jamás murmuré una oración. Todos saben también que jamás traté de disimular mis defectos. Ignoro si existen una Justicia y una Misericordia. Si las hay, estoy en paz, porque siempre fui sincero. II ¿Qué vale más? ¿examinar nuestra conciencia sentados en una taberna o posternarnos en una mezquita con el alma ausente? No me preocupa saber si tenemos un Dios ni el destino que nos reserva. III Sé compasivo con los bebedores. No olvides que tú tienes otros defectos. Si quieres alcanzar la paz y la serenidad, piensa en los desheredados de la vida y en los pobres que viven en el infortunio. Entonces te sentirás feliz. IV Procede en forma tal que tu prójimo no se sienta humillado con tu sabiduría. Domínate, domínate. Jamás te abandones a la ira. Si quieres conquistar la paz definitiva, sonríe al Destino que se ensaña contigo y nunca te ensañes con nadie. V Puesto que ignoras lo que te reserva el mañana, esfuérzate por ser feliz hoy. Toma un cántaro de vino, siéntate a la luz de la luna y bebe pensando en que mañana quizá la luna te busque inútilmente. VI De cuando en cuando los hombres leen el Corán, el libro por excelencia, ¿Pero quién es el que a diario se deleita con su lectura? En el borde de todos los cálices colmados de vino, triunfa cincelada una secreta verdad que debemos saborear. VII Nuestro tesoro es el vino y nuestro palacio la taberna. La sed y la embriaguez son nuestras fieles compañeras. Ignoramos el miedo porque sabemos que nuestras almas, nuestros corazones, nuestros cálices y nuestras vestes manchadas, nada tienen que temer del polvo, del agua ni del fuego. VIII Confórmate en este mundo con pocos amigos. No busques propiciar la simpatía que alguien te inspiró Antes de estrechar la mano de un hombre, piensa si ella no ha de golpearte un día. IX Antaño, este jarrón era un pobre enamorado que sufría ante la indiferencia de una mujer. El asa del borde era el brazo que ceñía el cuello de su bienamada. X ¡Cuan pobre el corazón que no sabe amar, que no puede embriagarse de amor! Si no amas, ¿Cómo te explicas la luz enceguecedora del sol y la más leve claridad que trae la luna. XI Toda mi juventud retoña hoy.¡Sírveme vino! No importa cuál...¡No soy exigente! En verdad, al mejor lo encontraré tan amargo como la vida. XII Sabes que no tienes poder sobre tu destino. Por qué esa incertidumbre del mañana ha de causarte miedo? Si eres sabio, goza del momento presente. El porvenir? qué te puede traer el porvenir? XIII He aquí la estación inefable, la estación de la esperanza, la estación en que las almas sedientas de otras almas buscan una quietud perfumada. Cada flor, es acaso la blanca mano de Moisés? Cada brisa, es acaso el tibio aliento de Jesús? XIV No anda seguro por el Sendero el hombre que no ha recogido el fruto de la verdad. Si pudo cosecharlo del árbol de la Ciencia, sabe que los días pasados y los días por venir en nada se distinguen del alucinante primer día de la Creación. XV Más allá de los límites de la Tierra, más allá del límite Infinito, buscaba yo el Cielo y el Infierno. Pero una voz severa me advirtió: "El Cielo y el Infierno están en ti." XVI Nada me aflige ya ¡Levántate para ofrecerme vino! Tu boca esta noche, es la más bella rosa del mundo... ¡Escancia vino! ¡Que sea carmín como tus mejillas y haga leves movimientos como ligeros son tus bucles. XVII La brisa de la primavera refresca el cuerpo de las rosas. Y en la sombra azulada del jardín, acaricia también el cuerpo de mi amada. A pesar de la plenitud que gozamos, olvido nuestro pasado. ¡Tan seductora es la caricia del Presente! XVIII ¿Insistiré aún en colmar de piedras el Océano? Solo desprecio siento por los libertinos y los devotos. Khayyám: ¿Quién puede afirmarte que irás al Cielo o al Infierno? Ante todo: ¿Qué entenderemos por tales palabras? ¿Conoces a alguien que haya visitado estas regiones misteriosas? XIX ¡Aunque bebedor, ignoro quien te modeló, ánfora inmensa! Solo sé que eres capaz de contener tres medidas de vino y que un día la Muerte te romperá. Entonces me preguntaré largo tiempo por qué fuiste creada, por qué fuiste feliz y porqué no eres más que polvo. XX Fugaces son nuestros días y huyen como el agua de los ríos y los vientos del desierto. Empero, dos días me dejan indiferentes: El que ayer murió y el que mañana no ha nacido. XXI ¿Cuándo nací?¿Cuándo moriré? Nadie recuerda el día de su nacimiento ni es capaz de prever el de su muerte. ¡Ven dócil bienamada! Quiero olvidar en la embriaguez el dolor de nuestra ignorancia. XXII Khayyám, cosiendo las tiendas de la sabiduría, cayó en la hoguera del Dolor y fue convertido en cenizas. El ángel Azraël separó las cuerdas de su tienda. La Muerte le ofrendó su gloria por una canción. XXIII ¿Por qué te angustia, Khayyám, el excesivo pecar? Inútil es tu tristeza. ¿Qué hay después de la Muerte? La Nada o la Misericordia. XXIV En los monasterios , las sinagogas y las mezquitas hallan refugio los débiles temerosos del Infierno. Pero el hombre que ha experimentado el poder de Dios, no cultiva en su corazón las malas semillas del miedo y de la súplica. XXV Suelo ir a sentarme en primavera, a la riba de un campo florecido. Cuando una esbelta doncella me ofrece su cáliz de vino, no pienso para nada en mi salud. En verdad, valdría menos que un perro si tuviese tan grosera preocupación. XXVI El mundo inabarcable: Un grano de polvo en el espacio. Toda la ciencia del hombre: Las palabras. Los pueblos, las bestias y las flores de siete climas son sombras. La Nada es el fruto de tu constante meditación. XXVII Demos por supuesto que hayas resuelto el enigma de la Creación. Pero, ¿conoces tu destino? Demos por supuesto que hayas despojado de todas sus vestes a la Verdad Pero, ¿conoces tu destino? Demos por supuesto que hayas sido feliz durante cien años y que cien otros te esperen todavía. Pero, ¿conoces tu destino? XXVIII Convéncete bien de esto: Un día tu alma dejará el cuerpo y serás arrastrado tras un velo fluctuante entre el mundo y lo incognoscible. Mientras esperas ¡sé feliz!. No sabes cuál es tu origen e ignoras cuál es tu destino. XXIX Los mayores sabios y filósofos caminaron en las tinieblas de la ignorancia. Con todo fueron la lumbre de su época. Pero , ¿que hicieron? Pronunciar algunas frases y luego dormitar. XXX Me dijo el corazón: " Quiero conocer, quiero aprender. ¡Instrúyeme tú Khayyám, que tanto has estudiado!" Al pronunciar la primera letra del alfabeto, me replicó el corazón: "Ahora ya sé, Uno es la primera cifra del número que nunca tiene fin. XXXI Nadie puede comprender lo inefable. Nadie es capaz de ver lo que se oculta detrás de lo aparente. Todas nuestras moradas son provisionales, salvo la última: La morada de la tierra.¡Bebe vino! ¡Basta de inútiles palabras! XXXII La vida no es mas que un juego monótono en el que con certeza encontrarás dos premios: El dolor y la muerte. ¡Feliz el niño que murió al poco de nacer! ¡Más feliz aún aquel que no tocó el mundo! XXXIII En la feria que atraviesas, no procures encontrar algún amigo. Tampoco busques sólido refugio. Con ánimo valiente, acepta el dolor sin la esperanza de un remedio inexistente. Sonríe ante la desgracia y no le pidas a nadie que te sonría: perderás el tiempo. XXXIV Gira la rueda de la fortuna sin reparar en los pronósticos de los sabios. Renuncia a la vanidad de contar los astros y medita mejor sobre ésta certeza: Has de morir, no volverás a soñar y los gusanos del sepulcro o los perros vagabundos devorarán lo que quede de tu cuerpo. XXXV Cuando tuve sueño, la Sabiduría me dijo: Las rosas de la Felicidad no perfuman el sueño de nadie. En vez de abandonarte a este hermano de la Muerte, ¡Bebe vino! ¡Tienes la eternidad para dormir! XXXVI El Creador del mundo y las estrellas se excedió cuando determinó, que el dolor habría de existir entre los hombres. Labios como rubíes, guedejas embalsamadas: ¿Que número alcanzasteis en la tierra? XXXVII Imposible observar el cielo.¡Llevo en los ojos un cendal de lágrimas! Gráciles chispas son las hogueras del Infierno frente a las llamas que me consumen. El Paraíso para mí, no es más que un instante de paz. XXXVIII Sueño sobre la tierra, sueño bajo la tierra, cuerpos que yacen. Por doquiera es la nada. Desierto de la nada. Seres que llegan. Seres que se extinguen. XXIX Viejo mundo cruzado al galope por el caballo blanco del día y el caballo negro de la Noche: ¡Eres el lúgubre palacio donde cien Djemchids soñaron con la gloria y cien Bahrâms con el amor soñaron, para despertar todos con dolor y en llanto! XL El viento sur secó la rosa a la que el ruiseñor cantaba sus alabanzas ¿Debemos llorar por su muerte o por nuestra supervivencia? cuando la Muerte seque nuestras faces, otras rosas lucirán sus gracias. XLI Renuncia a la recompensa que merecías. Sé feliz. No te lamentes por nada. No anheles nada. Lo que te ha de suceder, escrito está en el Libro que hojea al azar el viento de la Eternidad. XLII Cuando oigo que divagan acerca de los gozos reservados a los elegidos, me limito a exclamar:" Yo sólo confío en el vino. ¡Moneda constante y nada de promesas! El ruido del tambor, sólo a la distancia se hace agradable..." XLIII ¡Bebe vino! Lograrás la vida eterna. El vino es el único capaz de restituirte la juventud. ¡Divina estación de las rosas, del vino y de los buenos amigos! ¡Goza del instante fugitivo de tu vida! XLIV ¡Bebe vino! Largo será el tiempo que habrás de dormir bajo tierra sin compañía de mujer y sin amigo. Oye este secreto: Los tulipanes secos ya no resucitan. XLV En voz baja dijo la arcilla al alfarero que la amasaba: "No olvides que alguna vez fui como tú. ¡No me maltrates!" XLVI Alfarero si eres prudente, ¡cuídate de no estropear la arcilla con que fue amasado Adán! Adivino sobre tu torno la mano de Féridun y el corazón de Khosrou ¿Que pretendes hacer? XLVII El tulipán extrae su púrpura de la sangre de un emperador muerto. Y la violeta nace del lunar que adornaba las facciones de un adolescente. XLVIII Hace infinidad de siglos que se suceden crepúsculos y auroras. Hace infinidad de siglos que los astros trazan su ronda. Amasa la tierra con cuidado, acaso el terrón que vas a aplastar fue antaño el ojo lánguido de un adolescente. XLIX Acaso brotan de los labios yertos de una mujer las raíces del narciso tembloroso al borde del arroyo. ¡Roza con leve pie el césped que hunden tus pasos! Quizá nació de las cenizas de hermosos rostros donde triunfó el brillo de rojos tulipanes. L Ví ayer a un alfarero trabajando. Modelaba los flancos y las asas de un cántaro. El barro amasado eran cráneos de sultanes y manos de mendigos. LI El bien y el mal luchan por obtener la primacía en este mundo. El cielo no es responsable de la gloria o la desgracia que el destino nos depara Ni le agradezcas ni le acuses. Está lejos tanto de tus goces como de tus penas. LII Si sembraste en tu corazón la semilla del Amor, no fue inútil tu vida. Tampoco si intentaste escuchar la voz de Dios. Y menos aún, si con sonrisa ligera ofrendaste al placer tu cáliz. LIII ¡Actúa con prudencia, viajero! Peligroso es el camino que transitas y afilada la daga del Destino. No te hartes con las almendras dulces. Contienen veneno. LIV Un jardín, una cimbreante doncella, un cántaro de vino, mi deseo y mi amargura: He aquí mi Paraíso y mi Infierno. Pero ¿ quién ha recorrido el Cielo o el Infierno? LV Tú cuyas mejillas eclipsan a la eglantina de los campos; tú cuyo rostro finge un ídolo chino: ¿Sabes acaso que tu mirar aterciopelado trocó al rey de Babilonia en alfil que huye de la reina? LVI La vida continúa ¿Qué queda de Balk y de Bagdad? El menor toque es fatal a la rosa demasiado vivaz. Bebe vino y contempla la luna; trata si puedes, de evocar las muertas civilizaciones que alumbró en su apogeo. LVII Escucha lo que la sabiduría te repite día tras día: La vida es breve. En nada eres semejante a las plantas que retoñan luego de podadas. LVIII Los retóricos y los sabios silenciosos murieron sin poder entender sobre la cuestiones del ser y el no ser. ¿Qué nos importa ser ignorantes? Sigamos saboreando el zumo del racimo y dejemos a estos grandes personajes consolarse con las pasas. LIX Mi nacimiento no trajo ningún bien al mundo. Mi muerte no disminuirá ni su esplendor ni su grandeza. Nadie pudo jamás explicarme para qué he venido, ni por qué he venido ni por qué me iré. LX Caeremos en el camino del Amor y el Destino nos aplastará. ¡Oh doncella, oh mi cáliz encantado, levántate y dame tus labios antes de que llegue el fin y me convierta en polvo! LXI De la Felicidad sólo conocemos la palabra. Nuestro compañero más viejo es el vino nuevo. Acaricia con los ojos y con los dedos el único bien que no falla: el ánfora viva de sangre de la vid. LXII El palacio de Bahrâm es ahora refugio de gacelas. Merodean leones por los jardines donde antaño cantaban los músicos. Bahrâm, que cazaba asnos salvajes, duerme ahora en un otero donde pastan asnos domésticos. LXIII No luches por la felicidad. La vida es breve como un suspiro. Cenizas de Djemchid y de Kaî Bobad ruedan en la tolvanera roja que contemplas. LXIV Siéntate y bebe: gozarás de la felicidad que Mamhud no conoció. Escucha los armónicos laúdes de los amantes: son los verdaderos salmos de David. No te abismes en el pasado ni te angusties por el futuro. Que tu pensamiento no vaya más allá de lo presente. He aquí el secreto de la paz. LXV Los mediocres y los orgullosos establecen diferencias entre el cuerpo y el alma. Yo sólo puedo afirmar esto: El vino destruye nuestro miedo y nos da la quietud perfecta. LXVI ¡Qué misterio el de esos astros que ruedan en el espacio! Khayyám: aférrate con fuerza a la cuerda de la Sabiduría. ¡Cuidado con el vértigo que, a tu alrededor, derriba a tus compañeros! LXVII No tengo miedo a la muerte. Prefiero este hecho ineluctable al que me impusieron el día que nací. ¿Qué es la vida? Un bien que yo no elegí y que devolveré con indiferencia. LXVIII La vida huye cual rápida caravana. Detén tu corcel y procura ser feliz , joven doncella: ¿Por qué estás triste ? escancia un poco de vino. Lucen ya los primeros signos de la noche LXIX Escucho decir que los amantes del vino serán condenados. No existen verdades comprobadas, pero hay mentiras evidentes. Si quienes aman el vino y el amor van al Infierno, vacío tiene que estar el Paraíso. LXX Soy viejo ya y la pasión que me inspiraste, me lleva a la muerte. No ceso de colmar de vino mi gran cáliz. Mi pasión por ti anuló el discernimiento de mi razón. Y el tiempo marchita sin piedad la fresca rosa que lucía... LXXI Puedes torturarme imagen de una nueva felicidad Podéis modular vuestros arrullos, voces del amor .Contemplo a mi querida y sólo escucho su voz acariciante, me dice: "Dios te perdonará".Pero yo no acepto éste perdón y tampoco lo imploraré. LXXII Un poco de pan, un poco de agua fresca La sombra de un árbol y tus ojos. Ningún sultán más feliz que yo. Ningún mendigo más triste que yo. LXXIII ¿Por qué tanta delicadeza, tanta ternura al comienzo de nuestro amor? ¿Por qué tantos cariños, tantas delicias después? y por que hoy tu único placer es desgarrar mi corazón ¿ Por qué? LXXIV Cuando tu alma y mi alma abandonen nuestros cuerpos, se colocará un ladrillo bajo nuestra testa. Un alarife, luego, amasará tus cenizas con las mías. LXXV Vino. Único consuelo para mi corazón que sufre. Vino perfumado con almizcle, vino de color de rosa Escancia vino para apagar las llamas de mi tristeza. Vino y tu laúd de cuerdas de seda, ¡Qh mi adorada! LXXVI Se habla de un Creador , que creó a los seres para destruirlos ¿Por qué los feos? ¿Por qué los hermosos? ¿Quién es el responsable de estas diferencias? No sé nada, no comprendo nada... LXXVII Todos los seres tratan de recorrer el camino del conocimiento: Aún lo buscan unos; otros afirman que ya lo encontraron. Sin embargo, aún no se ha levantado la voz que un día clamará: "No hay camino; no hay sendero". LXXVIII Ofrece a los límites de la aurora el vino de tu cáliz. Rojo tulipán de primavera. Ofrece a la sonrisa de un mancebo el vino de tu cáliz, rojo como tus labios. Bebe y no recuerdes que el puño del dolor te golpeará bien pronto. LXXIX ¡Vino! ¡Vino en torrentes!! ¡Que explote en mis venas! ¡Que bulla en mis sienes! Cálices...Silencio...Nada es verdad... Cálices... ¡Pronto!...Envejecí mucho... LXXX Tal aroma de vino emanará de mi tumba que los transeúntes se embriagarán. Tal serenidad rodeará mi fosa, que los amantes no se podrán alejar. LXXXI En el vértigo de la vida sólo son felices los que presumen de sabios y los que no tratan de educarse. Me incliné sobre todos los secretos del Cosmos y retorné a la soledad envidiando a los ciegos que hallé por el camino. LXXXII Me dicen: "Deja de beber Khayyam" Yo respondo: "Cuando bebo; escucho a las rosas y jazmines También escucho lo que no me puede decir mi bienamada" LXXXIII ¿ En qué meditas amigo?¿En tus antepasados? Polvo son en el polvo.¿En sus valores? Deja que me sonría. Toma éste cántaro y bebamos escuchando sin temor el gran silencio del Cosmos. LXXXIV El alba colma de rosas la bóveda del cielo. En el aire cristalino se apaga el canto del ultimo ruiseñor. El perfume del vino es más leve. ¡ Y pensar que en éste instante hay alucinados que sueñan con gloria y honores! ¡Cuan suaves son tus cabellos amada mía! LXXXV Amigo mío ;no forjes proyectos para el futuro. ¿Estás seguro de poder concluir la frase que empezaste? Mañana quizás estemos tan distantes de esta caravana como lejos están los que partieron hace siete mil años. LXXXVI ¡ Oh reciario de corazones ; toma un cántaro y un cáliz! Sentémonos a la orilla de este arroyo. Esbelto adolescente de luminoso rostro. Te miro y adivino el cántaro y el cáliz que serás un día. LXXXVII Hace tiempo que mi juventud yace entre las cosas muertas. Primavera de mi vida; te pierdes hoy donde se pierden las pasada primaveras. ¡Oh juventud; partiste inadvertida! Partiste como día a día se debilita el dulzor de primavera LXXXVIII Embriágate hermano mío , con todos los perfumes, músicas y colores. Da tus caricias a todas las mujeres. Recuerda que la vida es breve y que pronto volverás a hundirte en la tierra como el agua del Zemzem y Selsebil. LXXXIX Buscar la paz en este mundo es una locura. Creer en el reposo eterno, también. Después de muerto, breve será tu sueño: renacerás en el césped que todos pisotean o en la flor que el sol marchita. XC Me pregunto sobre lo que en verdad es mío. Me pregunto que es lo que quedará de mí después de muerto. Breve es la vida como un incendio; llamas que el romero olvida. Cenizas que esparce el viento. Tal la existencia de la Humanidad. XCI Certezas y dudas, error y verdad palabras vacías como burbujas. Irisada u opaca, ésta burbuja es la imagen de la vida. XCII Al poderío de Kaî-Kaous, a la gloria de Kaî-Kobad a las riquezas del Korasán, prefiero un ánfora de vino. Aprecio al mancebo que gime de dolor. Desprecio al hipócrita que murmura una oración. XCIII Escucha este profundo secreto: Cuando la primera aurora iluminó el mundo, Adán era ya una criatura doliente que anhelaba la noche y pedía la muerte. XCIV Brilla la luna del Ramadán. Mañana el sol inundará de luz una ciudad silente. Dormirán los vinos en los cántaros y las jóvenes doncellas en la sombra de los bosques. XCV A nadie le pedí la vida. Me esfuerzo por aceptar sin júbilo y sin rabia, lo que la vida ofrece. Partiré sin preguntar al prójimo sobre mi extraña permanencia en este mundo. XCVI No te olvides de recoger todos los frutos de la vida. Corre a todos los festines y elige los cálices más grandes. Dios no lleva cuenta de nuestros vicios y virtudes. XCVII Noche. Silencio. Follaje detenido como mi pensamiento. De una rosa, Imagen de tu fugaz esplendor, cae un pétalo.¿Dónde estás ahora, tú, que me brindaste el cáliz por el cual suspiro? Tal vez ninguna rosa se deshoja cerca de quien auxilias con tu cántaro. Pero sé que ya no tienes la amarga felicidad con la que supe embriagarte. XCVIII ¡Si supieras cuán poco me interesan los cuatro elementos de la naturaleza y las cinco facultades de los hombres! Ciertos filósofos griegos -dices- podían plantear cien problemas a su gente. Total es mi indiferencia en ese sentido. ¡Escancia vino, pulsa el laúd, y que sus notas me evoquen las de la brisa que huye rauda como nuestra vida. XCIX Cuando me borre la sombra de la muerte y se endurezca el manojo de mis días he de llamaros amigos míos, para ser conducido al sepulcro. En polvo convertido, moldearéis un ánfora que colmaréis de vino. Acaso entonces me veréis resucitar. C No ansío saber donde podré adquirir el manto de la Astucia y la Mentira. Ando siempre en busca de buen vino. Blanco es mi cabello. Tengo setenta años. Me aferro hoy a la ocasión de ser feliz. Mañana tal vez me falten las fuerzas. CI ¿Donde están nuestros amigos? ¿Los derribó y pisoteó la Muerte? ¿Dónde están? Oigo aún sus báquicas cantigas. ¿Están muertos o están ebrios de haber vivido? CII Cuando muera habrán muerto las rosas, los cipreses, los sabios bermejos y el vino perfumado. No habrá más albas ni crepúsculos, ni penas ni alegrías. El mundo habrá dejado de existir. El mundo es real; sólo en función del pensamiento. CIII Esta es la única certeza: Peones somos de la misteriosa partida de ajedrez que juega Dios. Nos mueve, nos detiene, nos eleva y nos arroja después uno a uno al abismo de la Nada. CIV La bóveda celeste simula un cáliz invertido bajo el cual se agitan en vano los discretos. Sea el amor por tu bienamada, como el del ánfora por el cáliz. Mira; labio con labio, ambos se ofrendan su sangre. CV Los sabios nada te enseñaron pero las caricias de las suaves pestañas de una mujer te descubrirán la felicidad. No olvides que tus días están contados y que presa serás en breve ; de la tierra. Compra vino y apartado busca en él, aférrate a lo que no tienes. CVI El calor del vino te liberará de las nieves del pasado y de las brumas del porvenir; al inundarte de luz, romperá tus obscuras cadenas de galeote. CVII Antaño, cuando frecuentaba las mezquitas, no rezaba oración alguna mas, volvía rico de esperanzas. Hogareño, cuando me siento en ellas, busco la sombra más propicia del sueño. CVIII En la tierra abigarrada alguien camina que no es infiel ni musulmán, ni rico ni pobre. No invoca a Dios ni hace caso de las leyes. No cree en la verdad ni afirma nunca nada. En la tierra abigarrada ¿Quién es este hombre triste y valeroso? CIX Antes que sepas acariciar un rostro de suavidad de rosa ¡Cuantas espinas deberás arrancar de tu propia carne! Mira ese peine, era un pedazo de madera, cuando lo cortaron inmenso fue su dolor. Pero hoy acicala los perfumados cabellos de un adolescente. CX Cuando la brisa del amanecer entreabre las rosas y les susurra que ya las violetas desplegaron sus vestes, solo es digno de vivir aquel que contempla el sueño de una doncella toma su cáliz, lo apura y finalmente lo arroja. CXI ¿Temes lo que pueda ocurrirte mañana? Ten confianza. De otro modo; el infortunio no dejará de justificar tus aprensiones. No te adhieras a nada. No interrogues los libros ni a tu prójimo. Nuestro destino es incierto. Indescifrable. CXII ¡Señor, Señor; respóndenos! nos distes ojos y permitiste que la belleza de tus criaturas nos deslumbrase. Nos diste el don de ser felices. ¿Y pretendes que renunciemos al goce de los bienes terrenales? Tan imposible es esto, como dar la vuelta a un cáliz sin derramar el vino que contiene. CXIII En una taberna pedí a un anciano discreto noticias de los que se fueron: "No volverán. Es todo lo que sé. ¡Bebe vino!" -me respondió. CXIV ¡Mira! ¡Escucha! Vacila una rosa al soplo de la brisa. Le entona el ruiseñor ardiente epitalamio. Se ha dormido una nube. Bebamos vino. Olvidemos que luego esta brisa deshojará a la rosa, se llevará el canto del ruiseñor y a la nube que nos regala preciosa sombra. CXV La bóveda celeste bajo la cual vagamos, finge una linterna mágica de la que el sol es la lámpara. Y el mundo es el telón donde vacilan nuestras imágenes. CXVI Decía la rosa:"Soy la delicia del mundo. ¿Es posible que un perfumista me haga sufrir?" Cantaba un ruiseñor: "Un día de felicidad, engendra un año de lágrimas. CXVII Esta noche, o mañana, ya no existirás. Este es el instante de pedir un vino color rubí. ¡Ah demente! ¿Te comparas a un tesoro y piensas que los ladrones han de venir a violar tu tumba para huir con tu cadáver? CXVIII Sultán: tu glorioso destino estaba escrito en las constelaciones donde brilla el nombre de Khosrou. Desde el amanecer de los tiempos, tu caballo de áureos cascos galopa entre los astros. Cuando pasas, un vértigo de estrellas te oculta a nuestros ojos. CXIX No es amor el sentimiento que no arrasa. ¿Brinda acaso un tizón el calor de una hoguera? Noche y día y durante el resto de su vida, el amante verdadero se consume de dolor y de placer. CXX Puedes penetrar la noche que nos cerca. Puedes ir hasta el último límite.¡Todo en vano! Adán y Eva ¡Cuán amargo debió ser vuestro primer beso para engendrarnos tan desesperados! CXXI Las estrellas dejan caer sus pétalos de oro. Más, ¿Porqué todavía no esmaltaron mi jardín? Como el cielo derrama sus flores por la tierra, vierto dentro de mi cáliz negro un vino color de rubí. CXXII Bebo vino como la raíz del sauce bebe el agua cristalina del arroyo. Solo Dios es Dios y Dios todo lo sabe-¿eso dices?- Cuando me creó, sabía que bebería vino. Si me negara a beber, la ciencia de Dios fracasaría. CXXIII Solo el vino te librará de tus dudas. Solo el vino te impedirá vacilar entre las setenta y dos sectas. No abandones nunca al poderoso mago que puede transportarte a la región del olvido. CXXIV Pesa el rocío cada mañana sobre tulipanes, jacintos y violetas, pero el sol los descarga de su brillante peso. Pesa más, cada mañana, mi corazón en el pecho, pero tu mirada lo alivia de su tristeza. CXXV Si quieres gozar la soledad magnífica de las estrellas y las flores, sepárate de todos los hombres, aléjate de todas las mujeres. No te avengas con nadie. No te inclines sobre ninguna llaga ni participes de ningún festejo. CXXVI El vino tiene el color de las rosas. Tal vez no sea sangre de viñas, sino de rosas. Quizás no sea cristal éste cáliz, sino azul de mar profundo. Tal vez no haya noche sino párpado del día. CXXVII El vino brinda a los prudentes una embriaguez semejante a la de los Elegidos. Nos da la juventud, nos da lo que perdimos y nos da lo que anhelamos. Nos quema como un torrente de fuego, pero puede también trocar nuestra tristeza en agua refrescante. CXXVIII Cierra tu Corán. Piensa en libertad y encara sin miedo el cielo y la tierra. Al pobre que pasa, entrégale la mitad de lo que posees. Perdona a todos los culpables. No entristezcas a nadie y escóndete cuando sientas deseo de sonreír. CXXIX ¡Cuán débil el hombre y cuán implacable su destino! Prestamos juramentos que no cumplimos y nuestra deshonra nos deja indiferentes. Yo mismo procedo a veces como si hubiera perdido mis facultades. Pero tengo la excusa de estar ebrio de amor. CXXX Escucha: Si este mundo no es más que una ilusión.¿Por qué te angustias? ¿Por qué piensas día y noche en tu miserable estado? Abandona tu alma a la fantasía de las horas. Escrito está en tu destino. Ningún borrón será capaz de corregirlo. CXXXI El halo que envuelve esta rosa, ¿es un arabesco de su aroma o la frágil defensa que le abandonó la bruma?. La cabellera sobre tu rostro,¿es la noche que tu mirada ha de disipar? ¡Despierta bienamada! El sol dora nuestros cálices.¡Bebamos! CXXXII Decídete a no ver mas el cielo. Cuida que te rodeen gráciles doncellas y acarícialas. ¿Tienes dudas?¿Conservas aún la tentación de suplicar a Dios? Antes de ti, otros seres le elevaron fervientes oraciones. Todos partieron ya y tú no sabes si Dios les escuchó. CXXXIII La aurora: felicidad y pureza. Un inmenso rubí brilla en cada cáliz. Coge dos gajos de sándalo: transforma uno en laúd y quema el otro para que uno en el otro nos perfumemos. CXXXIV Cansado de consultar inútilmente a los hombres y a los libros, he querido dialogar con el ánfora. Posé mis labios sobre sus labios y murmuré: ¿A dónde iré cuando muera? -el ánfora me contestó- ¡Bebe en mi boca!¡Bebe largamente!¡No retornarás jamás! CXXXV Si estás ebrio, Khayyám , eres feliz. Si contemplas a tu bienamada de rosadas mejillas, eres feliz. Si sueñas que no existes, eres feliz, porque la muerte es igual a la nada. CXXXVI Atravesaba yo el desierto taller de un alfarero donde había alrededor de dos mil cántaros. Hablaban apenas en un susurro. De pronto alguien clamó: "Permitid a este caminante la evocación de los alfareros y mercaderes que antaño fuimos". CXXXVII ¿Dices que el vino es el mejor bálsamo? ¡Tráeme todo el vino del mundo! ¡Son tantas las heridas que punzan mi corazón!... ¡Todo el vino del mundo y que guarde el corazón todas sus heridas! CXXXVIII ¡Que alma tan grácil la del vino! Alfareros: Modelad para esta alma delicada cántaros de paredes tersas Cinceladores de cálices: Redondeadles con primor para que ésta alma voluptuosa pueda saciarse en el mar azul de su cristal. CXXXIX Ignorante que presumes de sabio: preocupado te veo entre el infinito del pasado y el infinito del porvenir. Quisieras poner límite entre estos dos infinitos y detenerte... Siéntate antes bajo un árbol con un cántaro de vino y olvidarás tu impotencia. CXL ¡Una aurora más! Día tras día descubro el esplendor del mundo y lamento no poder agradecerle a su Creador; pero tantas son las rosas que me consuelan y tantos los labios que se brindan a los míos. Deja tu laúd mi bienamada ,los pájaros gorjean... CXLI Conténtate con saber que todo es misterio: la creación del orbe y la tuya, el destino del orbe y el tuyo. Sonríe a estos misterios como a un peligro que desprecias. Nada sabrás al franquear la puerta de la Muerte. ¡Paz a los hombres en el negro silencio del Más Allá! CXLII En el verde prado, la sombra de este árbol parece una isla. Caminante: detén tu paso. Entre la ruta que llevas y esta sombra que gira con lentitud hay quizás un infranqueable abismo. CXLIII ¿Qué haré hoy? ¿Iré a la taberna? ¿Iré a sentarme al jardín y meditaré sobre un libro? Cruza un avecilla. ¿A dónde va?... Ya no la veo. ¡Oh embriaguez de un ave en el azur tropical! ¡Oh aflicción de un hombre en la fresca sombra de una mezquita! CXLIV ¡Un poco más de vino, amada mía! Tus faces no tienen aún el brillo de las rosas. ¡Un poco más de tristeza, Khayyám! Va a sonreírte tu bien-amada. CXLV Este mundo es un rosedal. Nuestros visitantes son las mariposas; nuestros músicos los ruiseñores. Cuando no hay ni rosas ni frondas, las estrellas son mis rosas y tus guedejas, mi selva. CXLVI Coperos: no traigáis las lámparas. Extenuados, mis huéspedes se durmieron. Veo lo bastante para observar su palidez. Yertos están y fríos como en la noche de la tumba. No traigáis las lámparas: no hay aurora entre los muertos. CXLVII Cuando te tambalees bajo el peso del dolor, y cuando agotes el manantial del llanto, piensa en las silvestres yerbas que la lluvia como espejo bruñe. Cuando te exaspere el resplandor del día, y cuando anheles que una noche eterna se abata sobre el mundo, piensa en el despertar de un niño. CXLVIII ¡Disimulo mi tristeza como las aves heridas se ocultan para morir! ¡Escancia vino! ¡Escucha mis chanzas! ¡Quiero vino, rosas, cantos al son del laúd y tu indiferencia por mi tristeza, oh bien-amada! CXLIX Señor: mil celadas invisibles armaste en la ruta que recorremos y nos dijiste: "Miserable de aquel que no las salve!" Tú ves todo y lo sabes todo. Nada acontece sin tu licencia. ¿Somos responsables de nuestros pecados? ¿Puedes tú censurar mi rebeldía? CL Mucho aprendí y mucho olvidé también por propia voluntad. En mi memoria, cada cosa ocupaba su lugar. Así, lo que estaba a la derecha no podía pasar a la izquierda. Sólo conocí la tranquilidad el día que repudié todo con desprecio. Comprendí al cabo que no es posible afirmar ni negar nada. CLI Tuve maestros eminentes y me enorgullecí de mis progresos y mis triunfos. Cuando recuerdo al sabio de aquel entonces, le comparo al agua que toma la forma de su cáliz y a la humareda que disipa el viento. CLII Lámparas que se apagan, esperanzas que se encienden: la Aurora. Lámparas que se encienden, esperanzas que se apagan: la noche. CLIII Visto que nuestra suerte es sufrir para después morir ¿anhelaremos que nuestro mísero cuerpo vuelva de prisa a la tierra? ¿Y el alma, que Dios espera para juzgarla según sus méritos?- preguntaréis-. Os contestaré cuando reciba noticias de alguien que torne del otro mundo. CLIV Derviche: ¡despójate de esa veste estampada de que te ufanas y que al nacer no trajiste! ¡Cúbrate el manto de la pobreza! Te negarán el saludo los peregrinos, pero un coro de serafines cantará en tu pecho. CLV Ebrio o sediento, sólo quiero dormir. Renuncio a saber lo que es el bien y lo que es el mal. Para mí, el placer y el dolor son semejantes. Cuando llega un placer, le brindo lugar modesto porque sé que un dolor le sigue. CLVI Tan imposible es incendiar el mar como convencer al hombre de que la felicidad es peligrosa. Sabe, empero, que el menor choque es fatal al ánfora colmada y deja intacta el ánfora vacía. CLVII Mira a tu alrededor. No verás más que aflicciones, desesperación y angustia. Tus mejores amigos fallecieron. La tristeza es tu sola compañera. Pero, ¡yergue la frente! Y abre las manos para coger lo que deseas y los que puedas lograr. ¡Sepulta el cadáver de tu pasado! CLVIII Diviso un caballero que se aleja en la bruma del ocaso. ¿Cruzará florestas embrujadas o áridas llanuras? ¿A dónde va? Lo ignoro. Mañana ¿estaré yo acostado en la tierra o bajo tierra? Lo ignoro. CLIX "¡Dios es grande!" Este grito del muecín parece una profunda queja. ¿Gime la tierra inclinada cinco veces al día, ante su creador indiferente? CLX El Ramadán terminó. Cuerpos agotados, almas marchitas, ¡vuelve el placer! Narran los cronistas nuevas historias. Vinateros ambulantes, mercaderes de ilusiones, lanzan sus pregones. Pero yo sólo escucho el que me restituyó la vida: ¡el de mi bien-amada! CLXI Mira es fuente que brilla en el jardín; imagina como yo que ves el Kausar y que te hallas en el Paraíso. Busca a tu amiga, fresca como una rosa. CLXII Sólo te fijas en las apariencias de los seres y las cosas. Tienes idea de tu ignorancia, pero te niegas a renunciar al amor. Recuerda Dios creó el amor, lo mismo que creó ciertas plantas venenosas. CLXIII ¿Eres infeliz? Si dejas de pensar en tu dolor ; ya no sufrirás. Si es inmensa tu pena, evoca los seres que tan injustamente sufrieron desde la creación del mundo. Elige una mujer de albos senos y cuídate de amarla. Que ella a su vez, sea incapaz de amarte. CLXIV Infeliz ; nunca sabrás nada. Jamás resolverás ni uno solo de los misterios que nos rodean. Desde que las religiones te prometen el Paraíso. Intenta crearte uno en la tierra; porque el otro quizá no exista. CLXV Lámparas que se apagan, esperanzas que se encienden: la aurora. Lámparas que se encienden, esperanzas que se apagan: la noche. CLXVI Todas las riquezas por un cáliz de vino generoso. Todos los libros y toda la sabiduría de los hombres, por un suave aroma de vino. Todos los himnos de amor por la canción del vino que fluye. Toda la gloria de Féridun por los reflejos del vino en este cántaro. CLXVII Recibí el golpe esperado. Mi bienamada acaba de abandonarme. Mientras la tuve, era fácil despreciar el amor y exaltar todos los renunciamientos. Cerca de tu bienamada ¡Ay Khayyám ,que solo estabas! ¿Comprendes? Se fue para que tú pudieras refugiarte en ella... CLXVIII Señor , destrozaste mi felicidad. Señor , una muralla elevaste entre mi corazón y el corazón de mi bienamada Mi hermosa vendimia pisoteaste. Voy a morir. Pero tú te tambaleas borracho. CLXIX Silencio ¡Oh mi dolor! Déjame buscar un consuelo. Es necesario que viva. Los muertos no tienen memoria. Y yo anhelo volver a ver sin cesar a mi bienamada. CLXX Laúdes, cálices y perfumes , bucles y ojos color de almendra , juguetes que el tiempo pudre ; juguetes. Austeridad, labor y meditación , soledad , oración y renunciamiento Cenizas que el tiempo disemina. Cenizas.
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