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Compadre Mon (Cont. III)

Compadre Mon  (Continúa)

Manuel del Cabral (Dominicano, 1907-1999)

POEMA 30

Ya ves, Compadre Mon, esta es la tierra
que despertaste. Todavía pierdo
más lo que vivo que lo que recuerdo.
Nunca vi negra, viejo Mon, aquella
tempestad de relámpagos: tu vida,
¡ siempre tan peligrosamente bella!
Tú la tierra parada
lo mismo que un cuchillo con la punta enterrada.
Por eso, aunque sencillo, tu gesto, todo encierra:
si a tu cuerpo lo oprimen, le dolerá a la tierra;
si a la tierra la pisan, lo sentirá el cuchillo.

POEMA 31

Bajo tu potro es un juguete el llano,
bajo tu potro tan dominicano
que le sirve de espuela la corneta,
y vuela más que la guinea inquieta
que en las plumas se pinta municiones
para robarle el blanco a la escopeta.
Mucho más me penetras y perduras
cuando desgranas tus aventuras
ante el espanto de la llanera
que puso al cuello de los soldados
el amuleto como trinchera.
¡Qué bien recuerdo tu apretón lejano:
un corazón se te volvió la manol
Se me quedó tu azúcar en la hiel,
como a los negros cuando cortan cañas
que se les queda en el machete, miel.
Y se agiganta mucho más tu historia
en la alcancía de mi memoria,
loro de los refranes, triunfo de las mujeres,
cuando volando las cabalgaduras,
eran sobre las lomas y las llanuras
un tiroteo los amaneceres.
Hoy lo que rueda, viejo Mon, es rueda;
asoma la vitrina en las vitrinas
de los ojazos de las campesinas,
y bajo la moneda.el alba de su falda se les queda...
Mira una cruz como se pierde al vuelo:
enredada en la hélice
se va la carretera por el cielo.
Mas hoy, Compadre Mon, también se va tu llano,
míralo en el bolsillo dcl norteamericano...
Pero no todo se te va... se queda
como el cielo en el río lo tuyo, lo sencillo.
Porque no todo cabe en el bolsillo...
Porque no tiene todo tamaño de moneda.

POEMA 32

Mira el gringo presente:
se ve aquí todavía la huella de su diente,
desde el hueco del fruto
que siempre sufre lo que no se avisa,
basta aquella sonrisa:
¡blanco tan triste que parece luto!
Mira el gringo sencillo,
el que sin botas, ni fusil, ni grillos,
entró en tu pecho ancho como en el mar el río:
el mismo aquél que disfrazando bríos...
ante el asombro azul de los muchachos,
iba sobre tu potro a los bohíos
con tu revólver: capitán de machos.
El mismo aquél que en donde puso el ala
de fiesta de su plomo,
creció la duda como yerba mala. Hablo ya del jinete
que con la tierra
quiso jugar como con un juguete.
Y a ti, ¡que ciego enlazas hasta la crin del viento!
enlazarte no pudo los pies del pensamiento.
Hallo de aquel jinete, de aquel instinto rubio:
(falsa aurora en las ancas de tu negro trotón).
Mas también hablo ahora, de una cosa muy tuya:
tu pantalón.
Y metiéndote el niño que sacaste del pecho,
con un tiro sin sobra, se despidió tu sangre
del sajón.
Ahora,
lava tu pensamiento la mañana
al compás soñoliento de la hamaca del rancho
donde siempre te sientes el corazón tan ancho
como tu casa grande: la sabana.
Ya sé, don Mon, que aquello que tú sabes,
te lo enseñó tu escuela: la llanura:
novia mayor de tu cabalgadura.
Por eso ya entre faldas o ya entre cosas graves,
alma de seda y fuerza de novillo,
bajo el azul de tu cantar sencillo,
alto de sueño y tibio de aguardiente,
con la guitarra y sobre tu caballo
libre como las brisas de tu cielo caliente,
tendrás siempre a tu tierra,
como la tiene a veces el viento de tu equino,
que una invisible sangre
le da a la vena seca del camino.

POEMA 33

Ya ves, tierra que asciendes por los graves
pantalones de Mon, su potro aún vuela:
hoy lo monta mi voz —ella es la espuela—
Mas como en busca de hacer luz lo frío,
tú saldrás por mi voz, como en su plomo
Mon volando besaba a ras tus ríos.
Isla que estás allí como una ñapa
de geografía. Pero tú no cabes
en la limosna que te ha dado el mapa.
Con tu tamaño nacional tirado
sobre el Caribe, como si tiraran
sobre la mano del ladrón un dado.
En la carta marina para escala
cuando te clavan una banderita,
siempre yo veo que te ponen ala...
Y aunque Dios con relámpagos te escribe,
también él mismo te cincela a golpes
de olas de viento y ola.s del Caribe.
Déjame ver así lo que te vuela,
-no lo que el gringo ve con la pupila.
¡Sé del tamaño que te vi en la escuela!
Yo te daré lavado el pensamiento
que fue de viaje por mi corazón.
Mi corazón es una alondra, al viento
que cantará bajo tus truenos locos,
con la frescura y con la transparencia
del agua prisionera de tus cocos.
Con tu cara de ingenua y de beata,
pisan tu voz Pitágoras del dólar,
se derrite tu terruño en plata.
Sobre tu piel de azúcar y de sol,
va el batallón de tus cañaverales .
hacia los puertos en un mar de alcol.
Te das como la gracia y la verbena,
al calor de pascuales campanadas:
tu terruño está hecho en Nochebuena.
Con la epidermis siempre en Primavera,
tierra entre olas: gritaré en el viento,
que tú no cabes ni en el pensamiento...
Pero quédate aquí... que aquí tú cabes.
No te me vayas en los telegramas
vestida de West ludies y de claves...
Quédate con tu falda hasta los pies,
y sobre el chisme de tus chanclas chuecas
vuélvete a tu pilón y a tu café.
Por tu refrán de loma y tierra llana,
por el Nacimiento de tu caserío:
égloga de madera y de mañana.
Por tu hamaca: morfina de la siesta;
por el sudor de tu canción de pala,
tan tuyo como el vuelo de la bala.
Por el repique de tus madrugadas
hechas con misas y con griteríos,
quédate como el cielo de tus ríos.
Ya te me vas como quien va de viaje,
(yo que vuelo en el humo de tus pipas
y ruedo en la canción de tu lenguaje).
Oigo un
yes polizón del comadreo:
te compra la sajona compañía
y en un cheque te manda por correo.
Tierra que te me vas por una herida,
en la carita de tu fiel centavo
te doy el beso de la despedida.

POEMA 34

Y allá, cuando con ritmos de goleta
iba como enfermiza bajo cañas
la honrada lentitud de una carreta.
Allá, cuando con sueño y aire abuelo
los santos bueyes de pesados pasos
hacen blanda la tierra como el cielo.
Allá, bajo la fuga de la escuela,
cuando en la fiesta de la Candelaria
se te iba la patria en la candela.
Mas hoy perdiendo su actitud de ave
aquí se encorva tu estatura ahora,
raíz del tiempo que en la carne cabe.
Pero, Compadre Mon, oigo neblinas...
Todavía se mancha el viento criollo
más con revólver que con golondrinas.
Todavía yo sé que huracanado
soplas la tierra, cuando en la montaña
plagia el viento tus barbas de nublado.
Allá el árbol también es tu esqueleto...
Es que tal vez allá, no te enterraron...
Te sepultaron, pero no estás quieto.
Algo, quizá, se te quedó en el ala
del colibrí de plomo de tu bala.

SEGUNDA PARTE

Qué más quisiera yo que
escribir para el pueblo.
Antonio Machado.

HABLA COMPADRE MON

Lo que ayer dije aquí yo
a gritarlo vuelvo ya:
¿tierra en el mar?
No señor,
aquí la isla soy yo.
Algo yo tengo en el cinto
que estoy como está la isla
rodeada de peligro.
Sí, señor, mi cinturón:
ola de pólvora y plomo.
Aquí la isla soy yo.
Cabe, lo que dije ya,
siempre aquí, como le cabe
el día en el pico al ave.
Qué bien me llevan la voz
las balas que suelto yo!
Y no está lejos del hombre
de tierra adentro y dormido
la verde fiera que siempre
nos pone. un rabioso anillo...
Estoy hablando del mar
porque en él hay algo mio...
¿Pero estoy hablando yo
de una Antilla, tierra en agua?
No señor,
con la cintura entre balas,
al mapa le digo no.
Aquí la isla soy yo.

AIRE DURANDO

¿Quién ha matado este hombre
que su voz no está enterrada?
Hay muertos que van subiendo
cuánto más su ataúd baja...
Este sudor... ¿por quién muere?
¿Por qué cosa muere un pobre?
¿Quién ha matado estas manos?
¡ No cabe en la muerte un hombre!
Hay muertos que van subiendo
cuanto más su ataúd baja...
¿Quién acostó su estatura
que su voz está parada?
Hay muertos como raíces
que hundidas... dan fruto al ala.
¿Quién ha matado estas manos,
este sudor, esta cara?
Hay muertos que van subiendo
cuanto más su ataúd baja...

CANCIONES CON UNIFORME

1

Tú que estás bajo la tierra,
¿por qué ahora te oigo más?
Ha terminado la guerra
y hemos perdido la paz.

2

Soldado que estás sin rifle,
porque ya estamos en paz:
no me alimentes el cuerpo,
que mi voz quiere engordar.

3

Soldado que paz fabricas,
con todo lo que me das:
en esta paz tengo hambre
más de aire que de pan.

4

Si vas al frente, soldado,
y vuelves, vas a venir
como te fuiste, pensando
que no peleaste por ti...

5

No ves, soldado, que es otro
que gobierna tu fusil...
Que tú defiendes el oro
que te pone pobre a ti.

SOLDADO

No vayas, soldado, al frente,
deja el rifle y el obús.
Que todos ganan la guerra,
menos tú.
El soldado lleva el peso
de la batalla en la tierra.
Muere el soldado, y el peso...
se queda haciendo la guerra.
No vayas, soldado, al frente,
quédate aquí.
Que tú defiendes a todos,
menos a tí...

NO LE TIRE...

No le tire, policía;
no lo mate, no;
no ve
que tiene la misma cara
que tiene usted.
Corre roto,
sin zapatos.
¿No lo ve?
Corre tal vez
con una honradez tan seria
que corre en busca del juez...
Acérquese, policía,
pero guardando el fusil.
Acérquese.
¿No lo ve?
se parece a usted,
y a mí....Mírelo bien.
Huye de la tierra y siempre
se va con ella al partir...
Acérquese... No le hiera
ni con el ojo
su dril...
Mire sus pies...
Mírelo bien...
Policía, no le tire.
Fíjese
que corre como la sed...

AIRE

En una esquina está el aire
de rodillas...
Dos sables analfabetos
lo vigilan.
Pero yo sé que es el pueblo
mi voz desarrodillada.
pone a hablar muertos sin cruces
mi guitarra.
Pecho se llaman los huesos
de aquel que cruz no le hicieron.
Pero ya toda la tierra
se llama Pedro.
Aquí está el aire en su sitio,
y está entero...
Aquí...
Madera de carne alta,
tierra suelta:
mi guitarra.

CAMINA

Camina el jefe del pueblo
después de beber café.
Y una voz que no se ve,
grita al oído:
—Mire, jefe, que hay un hombre
que allí está herido.
—Lo sé.
Camina el jefe del pueblo
después de beber café.
Y vuelve la voz y dice:
—jefe, que un hombre no ve;
tiene llanto entre los ojos,
y tiene plomo en los pies.
—Lo sé.
Sigue caminando el jefe
después de beber café.
Y la misma voz le grita:
—Murió un hombre allí de sed.
¿Qué haremos, ahora, jefe?
—Que haga pronto el hoyo usted.
Y el jefe sigue su rumbo,
pero también
el jefe sigue pensando...
Piensa sólo a qué hora es
la otra taza
de café...

PANCHO

Que aquí no metan comprado
el ojo chismoso, no.
Que no se traigan el ojo
como una voz...
Qué más que para los gringos
Pancho cortó
tres casi Antillas de cañas,
tres Antillas... Sí, señor.
¡No cabrá en el ataúd,
ha crecido Pancho hoy!
Soldado, no cuide al muerto;
no meta el ojo, doctor.
Ganaba un cobre por día;
¡sabemos de qué murió!
Quítenle el jipi y la ropa,
pero aquello.., aquello no.
¡Qué serio es un hombre pobre
que no quiere ser ladrón!
La muerte aquí tiene cara
de cosa que no murió...
Cuando muere, ¡ cómo vive
lo que tiene pantalón!
Soldado, no cuide al muerto:
que de pie lo veo yo.
Pancho está aquí como Pancho...
Se llama... no se llamó.
No vengan ya a preguntar
de qué murió.
Vengan a mirar a Pancho
como hago yo.
Quitenle todo del cuerpo,
todo,
pero aquello no.
Con un pedazo de caña
entre la boca murió.
Le quiso poner azúcar
a su voz...
Déjenlo que endulce ahora
su silencio sin reloj...
Que nadie revise a Pancho.
¡Sabemos de qué murió!

TRAGO

Me cabe el cañaveral
en cuatro dedos de ron.
Poco paga el gringo ya
por este millón de cañas
que el negro sembró y cortó.
Mas no me trago este trago
porque es trago de sudor.
Aquí el borracho es marino,
pero si se pone a andar
se ve que es de tierra el mar.
La ola suelta de un trago
aquí siempre es de huracán...
Mas si aquello va al hocico
con el instinto del cacho,
es que el ron siempre al borracho
le quema primero el pico.
Y por el pico esta vez
no es mi tufo el que echaré:
le voy a tirar al rico
desde aquí toda mi sed.
Cantando tal vez no pueda
meter algodón por seda...
Mas como quiero cantar
bien claro, me voy a echar
todo el Caribe en un trago.
Y este viaje yo no pago
si ya el viajero es el mar.
Y mataré con mi boca
lo que con balas no mato.
Si un hombre cuerdo es barato
que se me baje a los pies
el trago que no me achata,
que calientes de bachata
con mis pies quiero esta vez
un idioma hablar que diga
que el ron no está en mi barriga,
que bajo este sol mulato
el ron está en mis zapatos,
pero que también sin fiesta,
si está el gringo, se me junta
el ron en aquella punta
con la que mi potro vuela,
porque ante el gringo borracho
se me emborracha la espuela...
Es que poco o mucho ya
me saco lo mío hoy;
me lo saco, porque el mar,
aunque se pone a golpear
puertos que de aquí no son,
siempre con mañas de ron
¡qué criollo camina el mar!
Me saco este grito hoy,
me saco este hueso ya:
que como en olas van rumbas
nunca será gringo el mar.
Pero como el negro suelta
agua-triste como yo.
Mientras el gringo en el bar
duerme su siesta de ron.
Este trago no me trago
porque es trago de sudor.

¿A QUIEN VIENE A VER USTED?

Hoy está el pueblo en mi cuerpo.
¿A quién viene a ver usted?
Usted no ve que esta herida
es como un ojo de juez...
Usted que se trae los grillos,
¿a quién viene a ver usted,
que anda más con el instinto
que con los pies?
Usted que trae el olfato,
pero con luz viene a oler.
Meta la conciencia aquí...
y no la deje en la piel.
Usted que se trae la bala,
viene a saber por qué fue...
Si hay un rico en este lío,
¿a qué viene? ¿Para qué?
Aquí sólo hay una boca,
hay una voz, una sed.
Un trozo de grito sangra.
¡Lo cortaron como res!
Usted que se trae las llaves,
¿a quién viene a ver usted?
Yea estas manos callosas,
ropa rota y sin zapatos
unos pies.
Usted que se trae las manos
pesadas como pared.
¿No ve el hambre?
¿no la ve?
Tápenle el grito a este hombre;
y aunque es más la voz que el pie,
pónganle grillos, que sólo
el pobre cabe en la ley...
No ve que la sangre huye
y no se sabe por qué...
Pero yo sé que hay aquí
quien se la quiere beber...
¿A quién viene a ver usted?

HOMBRE Y PERRO

Hombre que vas con tu perro:
con tu guardián.
Cuida mi voz, como el perro
cuida tu pan.
Perro que vas con un hombre
que amigo tuyo no es...
Acércate un poco al pobre,
huélelo bien.
Fíjate que tengo boca,
fíjate en mí.
Mira que soy hombre, pero...
con estas manos vacías
cómo me parezco a ti.
Perro que vas con tu amo,
fíjate bien:
que al hablar contigo, hablo
conmigo mismo... No ves
que tan cerca del patrón,
no somos tres,
sino dos...
Hombre que vas con tu perro:
tu servidor.
¡Qué grueso que está tu perro,
y qué flaco que estoy yo!
¡Estoy flaco porque tengo
gorda la voz!.                         Continúa en Compadre Mon IV

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