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VIII.
ESCRITORES NATIVOS a) SIGLO XVI El gran número de hombres ilustrados que la ciudad
de Santo Domingo albergó en el siglo XVI preparó el ambiente para
la aparición de escritores nativos. Juan de Castellanos, para
explicar las dificultades que creó la rebelión del cacique
Enriquillo (1519-1533), dice que la causa fue la vida regalada. por faltar, pues, entonces
fuerte gente Abundaba la poesía, aunque difícilmente podían
haber llegado a los sonetos cuando Boscán y Garcilaso los estaban
ensayando apenas, ni las canciones, si se quiere hablar de las de
corte italiano. Los aficionados a versos compondrían, según la
tradición castellana, octosílabos y hexasílabos; compondrían
versos de arte mayor, como los que en el Perú se escribieron sobre
la conquista: en América alcanzamos las postrimerías del arte
mayor en poesía, como alcanzamos —y prolongamos— las de la
arquitectura ojival, donunante en la estructura interna de las
iglesias de Santo Domingo. Pero con poetas como Lázaro Bejarano,
hacia 1535, sí debieron de llegar los sonetos, ya en boga en el círculo
sevillano a que perteneció Cetina. La afición persistió, como se ve muchos años
después cuando el médico Méndez Nieto cuenta que, al hacer
circular Bejarano, anónimamente, una sátira contra la Real
Audiencia, “prendieron todos los poetas” para averiguar —sin
lograrlo— quién la habría escrito, de Santo Domingo hacia 1570: Porque todos los más, allí
nacidos, A principios del siglo XVII, igual cuadro: Tirso nos habla del certamen que se celebró en honor de la Virgen de la Merced, en 1616, “autorizando la solemnidad con el crédito de los ingenios de aquel nuevo orbe”. Si el ambiente saturado de letras favorecía la aparición de escritores y poetas nativos,,la falta de imprenta los condenaba a permanecer ignorados: inutilidad que de seguro cortaba su vuelo. Poco sabemos de ellos. De los que nombra Castellanos —Liendo, Arce de Quirós, Juan y Diego de Guzmán— nada se conserva. Tenemos noticia de que el canónigo Francisco de Liendo(1) (1527-1584) fue quizás el primer sacerdote nativo de Santo Domingo. Su padre. el arquitecto montañés Rodrigo de Liendo 105 , construyó la hermosa Iglesia de la Merced y probablemente la fachada plateresca de la Catedral. Nada importante sabemos de Arce de Quirós, ni de Diego de Guzmán, ni de Juan de Guzmán 106 . Como predicador tuvo fama en el Perú Fray Alonso
Pacheco 107
, agustino, primer nativo de Doña Elvira y Doña Leonor son las primeras
poetisas del Nuevo Mundo. Nada conocemos de la Mendoza, y sólo
podemos suponer, dado su apellido, que pertenecía a una de las
familias hidalgas; de la Madre Ovando poseemos los cinco sonetos y
los versos blancos con que respondió a las composiciones del poeta
de Madrid. Son, afortunadamente para tales principios, buenos
versos: si unas veces inexpresivos y faltos de soltura, o pueriles
en su intento de escribir en “estilo culto” a fuerza de juegos
verbales, otras veces vivaces, con donaire femenino, o delicados en
imagen o sentimiento. Hay hallazgos de expresión como el énfasis,
primor de la escritura,
o
cuadros como este retablo de Nochebuena: El Niño Dios, la Virgen y
Parida, Y hasta nos sorprende la monja de Regina con tres
extraordinarios versos del más afinado conceptismo místico: Y sé que por mí sola
padeciera Al siglo XVI pertenece Fray
Alonso de Espinosa 112 . Gil González Dávila, en su Teatro eclesiástico, dice: “Fué hijo desta ciudad (la de Santo
Domingo) el Reverendo Padre Fray Aceptándola, y aceptando el año de 1541 como
fecha de la publicación del libro sobre la Y pertenece al siglo XVI, por fin, Cristóbal de
Llerena 113
, canónigo de la Catedral y Según la costumbre medieval, que se perpetuaba en
América, arcaizante en todo, en las iglesias De la producción de Llerena sólo conocemos hoy el
entremés que, insertó en uno de los Cordellate, bobo del tipo tradicional en el teatro,
es el pueblo antes próspero, ahora hambriento, que trata de mantenerse con la pesca improvisada.
En su diálogo con el gracioso se censuran la El valeroso arzobispo López de
Ávila pinta así a
Cristóbal de Llerena, defendiéndolo b) EL SIGLO XVII Los años iniciales del siglo XVII son todavía
interesantes: es la época de los gobiernos Después todo languidece. La languidez no es sólo
nuestra: fluye de la metrópoli, ya en franca Los datos sobre la vida literaria se hacen más
escasos que en el siglo XVI. Sabemos de Que para sus once mil o nuestros cuatrocientos, según otra versión. Los
Anti-axiomas
del sevillano Díez de Leiva
(1682) revelan, en los preliminares De ellos, escriben en latín Martínez, Fernández
de Castro y Doña Tomasina. El P. Scribens in veteres, super
illos Leiva, sapisti: El P. Fernández de Castro: Siste, hospes. gressus, cerne
haec miracula, siste. c) EL SIGLO XVIII En el siglo XVII, durante breve tiempo, Santo
Domingo se reanima, como su metrópoli. Pero no alcanza el esplendor de gran parte de América,
y el movimiento favorable de la época de Dominicanos que se distinguen en las letras,
durante el siglo XVIII, son Antonio Meléndez
Bazán, Pedro Agustín Morell de Santa Cruz,
Antonio Sánchez Valverde, Antonio y Jacobo de Antonio Meléndez Bazán 129 , abogado, rector de la Universidad de Méjico,
escribió sobre
Pedro Agustín Morell de
Santa Cruz 130 , fue obispo de Nicaragua, después, obispo de Cuba, “el obispo” cuyo nombre llevaba —y oralmente
lleva todavía— una de las más famosas calles de Antonio Sánchez Valverde 131 fue escritor fecundo, que publicó ocho volúmenes
por lo
De los hermanos Villaurrutia
132 , Antonio escribe sobre asuntos de derecho. Jacobo
es
hombre múltiple, “muy siglo XVIII, especie de
breve y pálida copia de Jovellanos. Comenzó su
Sobre
ellos, consúltese: M. Menéndez y Pelayo, Historia de la poesía hispano-americana, I, 224-228; José Maria Chacón
y Calvo, notas a Las
cien mejores poesías cubanas, Madrid,
1922 ;Max Henríquez Ureña, La
literatura cubana, en
la revista Archipiélago,
de Santiago de
Cuba, 1928-1929, y Antología
cubana de las escuelas, tomo
1 (único publicado), Santiago de Cuba, 1930 (pueden consultarse también para Arango y Urrutia); Calcagno, Diccionario
biográfico cubano. No
conozco el trabajo de Sergio Cuevas Zequeira, Manuel de Zeque ira y A rango y los albores de la
literatura cubana.. 105 Fray
Cipriano de Utrera publicó en la revista Panfilia. de Santo
Domingo, abril de 1922, una biografía de Don Francisco de Liendo,
canónigo de la catedral de Santo Domingo, primer sacerdote
dominicano (1527-1584). Murió el 24 de abril de 1584: y. Utrera,
Universidades, 68. De paso: en las fechas de 1510-1550 que se dan
para el padre del sacerdote, Rodrigo de Liendo, o Rodrigo Gil de
Liendo, debe de haber error; el arquitecto ha de haber nacido mucho
antes. Hay datos curiosos sobre
sacerdotes nacidos en Santo Domingo, y residentes en Nueva España,
en la Relación que el arzobispo de Méjico Pedro Moya de Contreras
envió al rey en marzo de 1575: Gonzalo Martel, nacido en 1534,
“virtuoso, y lengua mexicana, y poco gramático”, es decir, que
sabía bien el náhuatl, el idioma de los aztecas y mal el latín;
Diego Caballero de Bazán, nacido en 1537: “no es muy latino, pero
entiende lo que lee; lengua mexicana, y predica en ella; es
cuidadoso y solícito, tiene buen entendimiento, y es honesto y
virtuoso”. Se creía que hubiera nacido
en Santo Domingo (Nouel, Historia eclesiástica, I, 155) el P.
Rodrigo de Bastidas (e. 1498-e. 1570), hijo del conquistador
sevillano de igual nombre, fundador de Santa Marta (v. Oviedo,
Historia, libro XXVI, caps. 2-5; Juan de Castellanos, Elegías,
Parte II, Historia de Santa Marta, canto 1. Págs. 258-259; Fray
Pedro de Aguado, Historia de Santa Marta y Nuevo Reino de Granada,
1, 31-61): ahora se supone que nació en España; si es así, debió
de pasar a Santo Domingo en la infancia, Deán de la Catedral de
Santo Domingo; obispo de Venezuela (1531) y de Puerto Rico
(1541-1568), procuraba vivir siempre en Santo Domingo, donde poseía
grandes riquezas, y gobernó la diócesis en interregnos (entre 1531
y 1539). Consultar: Oviedo, Historia, libro XXV, capa. 1, 21 y 22; Juan de Castellanos, Elegías, Parte II, Elegía I, final del canto IV; Fray Cipriano de Utrera, Don Rodrigo de Bastidas, Santo Domingo, 1930; Nicolás E. Navarro, Don Rodrigo de Bastidas, primer obispo de Venezuela. 106 El
poeta Diego de Guzmán es probablemente el cuñado del alguacil Luis
de Angulo; según Méndez Nieto, “noble y virtuoso” cuando el
otro “facineroso y malvado”, Juan de Guzmán, su primo, es homónimo
del prosaico traductor de las Geórgicas de Virgilio y autor de una
mediocre Retórica (Alcalá, 1589), pero no es probable que tenga
que ver con él. Es curioso que el escritor español indique, en la notación
28 a la Geórgica I, que la palabra baquiano procede. de la
isla de Santo Domingo, como es la verdad (v. Aufino José Cuervo,
Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano, sexta edición,
Paría, 1914, p. 841). El poeta a que se refiere Juan de Castellanos hacia 1570 no es, de seguro, el Diego de Guzmán que hacia 1525, no sabemos con qué carácter, escribe unas interesantes instrucciones sobre las cosas que hay que pedir al Emperador en favor de la ciudad de La Vega: Colección de documentos.., del Archivo de Indias, 1, 456470. 107 Sobre Fray Alonso Pacheco: Manuel de Mendiburu, Diccionario histórico-biográfico del Perú; contradice a Calancha, quien suponía que Pacheco hubiera nacido en el Perú. El agustino de Santo Domingo debió de nacer hacia 1540 y murió en 1615. Profesó en Lima, 1561; fue definidor en la provincia limeña durante veinte y seis años; prior de los conventos de Parma, Trujillo, el Cuzco y Lima; en 1579 se le eligió provincial en Lima y lo fue tres veces: la última, en 1602. Felipe II lo presentó para el obispado de Tucumán, según Mendiburu. En la obra de D. Roberto Levillier, Organización de la Iglesia y órdenes religiosas en el virreinato del Perú en el siglo XVII, dos yola,, Madrid, 1919, hay una carta de Pacheco, de 1595 (tomo 1, pág. 588), una del virrey Marqués de Cañete al rey, en abril de 1594, en que lo propone para algún obispado, ala vez que al ecuatoriano Fray Domingo de Valderrama, futuro arzobispo de Santo Domingo (tomo 1, pág. 604), y una del virrey Velasco, 2 de mayo de 1599, en que lo elogia, suponiéndolo nacido en Lima (tomo I, pág. 654): estas dos cartas las ha incluido también el Sr. Levillier en Gobernantes del Perú: Cartas y papeles, tomo XIII, págs. 146-150, y tomo XIV, págs. 165-180. 108 En su artículo De re histórica: Los primeros libros escritos en la Española (cit. en la nota 6 del capítulo II de este estudio), Fray Cipriano de Utrera habla de Diego Ramíres, a quien considera criollo, “supuesto que este nombre no se halla entre los nombres de mercedarios que pasaron a las Indias”. Parte de su proceso, como ya indiqué al hablar de Bejarano, esta publicado por Medina en La primitiva Inquisición americana. iba a enviársele a España, pero se le retuvo en espera del nuevo arzobispo Fray Andrés de Carvajal, quien al llegar se encontró con una Real Audiencia que no se permitía perseguir a los herejes. Ramírez permaneció en Santo Domingo, puesto que en 1568 -diez años después de su proceso— enseñaba en la Universidad de Gorjón (y. Utrera, Universidades, 514: “Diego Ramírez, Lic., Pbro., ex mercedario”). 109 Medina, en su Diccionario biográfico colonial de Chile, da noticia de Pedro de Ledesma, natural de La Vega, que fue oidor de las Audiencias de Guatemala y de Chile. 110 Los versos de Doña Leonor de Ovando los transcribió Menéndez Pelayo en su Introducción a la Antología de poetas hispano-americanos, de la Academia Española, Madrid, 1892; Introducción reimpresa en 1911-1913 con el título de Historia de la poesía hispanoamericana. Hace referencia a la poetisa Manuel Serrano y Sanz en sus Apuntes para una biblioteca de escritoras españolas, dos yola., Madrid, 1903-1905. Doña Leonor ¿estaría emparentada con el comendador Ovando? 111 Sobre Francisco Tostado de la
Peña, consultar: Utrera, Universidades, 45, 54, 55,58, 92, 514 y
527. Era hijo, probablemente, de Francisco Tostado, escribió en
1514, que poseyó uno de los primeros ingenios de azúcar de la isla
(Oviedo, Historia; libro IV, cap. 8). El soneto con que Eugenio de
Salazar le contestó el de bienvenida repite los consonantes del de
Tostado: Heroico ingenio del subtil
Tostado, 112 El
Fray Alonso de Espinosa que escribió el libro sobre la Candelaria
habla, en los preliminares, de “las remotas partes de las Indias
(en la provincia de Guatemala, donde me vistieron el hábito de la
religión)”. Fray Juan de Marieta, en la
Historia eclesiástica de España, en tres vois., Cuenca, 1594-1596,
dice (libro XIV): “Fray Alonso de Espinosa,
naturai de Alcalá de Henares, que vive este año de mil y
quinientos y noventa y cinco. Ha escrito en lengua materna
sobre el Psalmo Quem ad modum un libro, y otro del descubrimiento de
las Islas de Canaria, y otras cosas denotas”. Nicolás Antonio, en la
Bibliotbeca hispana noua, Roma, 1672: “F. Alphonsus de Espinosa,
Compluti apud nos natus, eius rei testis est loannes Marieta, Sancti
Dominici amplexatus est apud guatemalenses Americanos regulare
institutum; at aliquando in Fortunatas Insulas, potioremque illarum
Tenerifam aduectus, non sine Superiorum auctoritate scripsit. “Del origen y milagros de la
imagen de Nuestra Señora de Candelaria, Anno 1541.8. “Eodem tempore pro facultate
impetranda typorum, & publicae lucis, ad Regium Senatum detulit,
ut moris est, de Interpretatione Hispanica Psalmi XLI, Quemadmodum
desiderat cernus ad fontes aquarum c, & a se versibus facta. “Alphonso Spínosae in
insula Sancti Dominici-nato, huiusmet Instituti Dominicanorum,
tribuit Aegidius González Dávila in Theatro Indico-Eclasiástico
elegantem Commentarium super Psal. XLIV Eructauit cor meum uerbum
bonum, quem cura superiore distinguam, non video, uti nee distinguit
Alphonsus Fernandez”. Fray Alonso Fernández no
habla de este Fray Alonso de Espinosa en su Historia eclesiástica
de nuestros tiempos, Toledo, 1611; donde sí debe de mencionarlo es
en la Noticia scriptorum Pruedicatoriae.Familiae. No he podido
consultar la obra de Altamura, Bihliotheca Dominicana, Roma, 1677. Quétif y Echard, en su obra
monumental Scriptores Ordinis Praedicatorum recensiti (II, 111), dan
nueva y confusa interpretación a los datos: “F. Alphonsus de
Espinosa Hispanus in insula 5. Dominici sen Hispaniola natus, in
provincia vero Beticae ordinem amplexus, ut habet Fernandez p. 319,
& excipiunt Davilh Teat. Eccí. de las Indias p. 258, &
Altamura ad 1584, quem contra Compluto actum, & Guatemala in
America ordini adscriptum prodit Antonius Bibí. Hisp. Testem
producens Marietam sed loco non citado: ut ut sit, quod indigenarum
diligentine disquirendum permittimus, ut & an duo sint eiusdem
nominis, an unicus ut illi videntur statuere, florebat cedo anno
MDXLI, quemuis non negem quin & ad annum MDLXXXIV peruenire
potuerit, ut vult Fernandez. Hace ei opuscul a tribuntur: “Del origen y milagros de la
imagen de Nuestra Señora de Calendaria (sic), 1541 in 8. “Hane
opellam in lucem edidit, cum in insulam Teneriffam Fortunatarum
primanam aliquando traiecisset, ibique aliguandin moratus fuisset. “Psalmun
XLI Quemadmodum desiderat cervus adfontes aquorum Hispanis versibus
redidit, typis edendifacultatuma regio senatu habuit.
“Commentarium elegantem in psalmum XLIV Eructauit cor meum
sctiptsis sed an hi duo ultimi foetus typisprodierint, silent, nec
ubi feruentur addunt”. Como se ve, los bibliógrafos
franceses no habían visto el libro sobre la Candelaria; de otro
modo, no discutirían la profesión del autor en Guatemala. Beraistáin, en su Biblioteca
hispano-americana septentrional, sostiene que Fray Alonso era
“natural de la isla de Santo Domingo, como dice Gil González Dávila
en el Teatro de la Iglesia de Santo Domingo, y no de Alcalá, como
escribió Marieta. Tomó el hábito de la Orden de Predicadores en
la provincia de Guatemala, como asegura Remesal, y no en Andalucía,
como dijo Altamuro. Hizo un viaje a España, y a su vuelta estuvo en
las Islas Canarias...” Pero Remesal no se Imita a
afirmar que Espinosa profesó en Guatemala; en su Historia de
general de las Indias Occidentales..., libro IX, cap. XVI, dice:
“Y porque el P. Fray Alonso de Espinosa, natural de Guatemala, que
hizo profesión año de 1564, no murió en esta provincia, no se deja
de saber que escribió el libro de Nuestra Señora de Candelaria en
las islas de Canadá, de quien fue muy devoto, por haber vivido
muchos años en su convento”. Hay, pues, tres patrias posibles. En los datos de Beristáin
hay, además, una errata de imprenta: donde él escribió, copiando
la errata de Nicolás Antonio, 1541, la imprenta puso 1545. Eso hizo
suponer al Sr. Trelles, en sus apuntes de bibliografía dominicana,
tres ediciones: la de 1541, que daba a Espinosa una singular primacía,
la de 1545 y la verdadera de 1594. En realidad, el libro no tuvo
segunda edición hasta 1848, en Santa Cruz de Tenerife (Biblioteca
Isleña). El investigador español D. Agustín Millares Carlo
prepara nueva edición. Sir Clements Robert Markham lo tradujo al
inglés con el título de The Guanches of Tenerife, Londres, 1907 (Hakluyt
Society). Hay artículo reciente de D.B. Bonet, La obra del P. Fray
Alonso de Espinosa, en la Revista de Historia, de la Laguna de
Tenerife, 1932. Traté el problema de la identificación en mi artículo
El primer libro de escritor americano, en la Romanic Review, Nueva
York, 1916. Algún eco del libro hay
probablemente, a través del poema Antiguedades de las Islas
Afortunadas de la Gran Canaria, del isleño Antonio de Viana
(Sevilla, 1604), en la comedia de Lope de Vega Los guanches de
Tenerife y conquista de Canaria: y. el comentario de Menéndez
Pelayo en el tomo Xl de la edicion académica del dramaturgo,
reimpreso en sus Estudios sobre Lope de Vega. Hay otro Fray Alonso de Espinosa (1560-1616), dominico, escritor, mejicano de Oajaca, que estuvo en España, pero no vivió en Canarias ni en Guatemala: Beristáin lo menciona, pero separándolo claramente del autor de la Candelaria. De él habla el P. Antonio Remesal, en su Historia.., de las Indias Occidentales: supongo que es el oajaqueño mencionado en el capítulo 16 del libro 113
Sobre Llerena: y. Francisco A.
de Icaza, Cristóbal de Llerena y los orígenes del teatro en la América
española, en la Revista de Filología Española, 1921, VIII,
121-130 (Icaza descubrió el entremés y lo publica); Utrera,
Universidades, 45, 5 3-56, 61-64,68-73 (reproduce el entremés), 82,
92-96, 120 y 514. Llerena había nacido en Santo
Domingo hacia 1540; vivió hasta el siglo XVII: en 1627 (Utrera,
Universidades, 95) lo mencionan como difunto; estaba vivo en 1610
(Utrera, Universidades, 64). En 1571 era ya sacerdote, organista de
la Catedral y catedrático de gramática latina en la Universidad de
Gorjón (Utrera, 68); en 1575, capellán menor del Hospital de San
Nicolás (Utrera, 61-62); en 1576, capellán mayor y aspirante a
canonjía: el arzobispo Fray Andrés de Carvajal lo llamaba “muy
buen latino, músico de tecla y voz, virtuoso y hombre de bien”
(Icaza, 123; Utrera, 68). En 1583, ya canónigo, lo hace
prender y lo destituye de su cátedra Rodrigo de Ribero, visitador
del Colego de Gorjón, porque aconsejó a dos estudiantes no decir
verdad en las investigaciones (Utrera, 68), pero aquel año mismo
vuelve a su cátedra (Utrera, 62); en 1588, con motivo del entremés,
los oidores lo embarcan para el Río de la Hacha, en Nueva Granada;
al año siguiente estaba de regreso en Santo Domingo (Utrera, 64).
Después fue maestrescuela de la Catedral; el arzobispo Dávila
Padilla lo hizo provisor (Utrera, 64). En el Colegio de Gorjón llegó
a ser rector por muchos anos. En Méjico
hubo teatro público desde 1597; en Lima, desde 1602.. 114 La
despoblación de Santo Domingo, en el siglo XVI, nace de causas
locales, o peculiares al Nuevo Mundo: primero, la ruina de la
población indígena, que empobrecía a los conquistadores; después,
el descubrimiento de tierras nuevas, que atraía a los audaces. Pero
en el siglo XVII la despoblación procede de causas generales en
España y América: España decae y se despuebla, sólo se libran
del proceso países como Méjico y el Perú. Consultar: Ángel Rosenblat, El desarrollo de la población indígena en América, en Tierra Firme, II, 125-127. 115 El
Licenciado Diego de Alvarado fue catedrático de gramática latina en
el Colegio de Gorjón, probablemente desde fines del siglo XVI;
consta que enseñaba e. él de 1610 a 1623, cuando se le había
convertido en seminario. Consultar: Utrera, Universidades, 53, 82, 95, 96 y 514; Apolinar Tejera, Literatura dominicana, 49: dice que en el 1623 era cura de Santiago de los Caballeros y que había sido “infatigable predicador por más de cinco lustros”. 116
Muy digno de atención por su
vida es Tomás Rodríguez de Sosa. Se le menciona, desde mancebo,
enseñando niños. En 1662, el arzobispo Cueba Maldonado lo describe
“virtuoso y sagaz; es de los que más saben, y predica...; nació
esclavo, después lo libertó su señor; aplicóse a estudiar, un
prelado le ordenó por verle aplicado; es de color pardo”. Tenía
entonces la capellanía de la fortaleza. En 1658, el arzobispo
Francisco Pío de Guadalupe y Téllez lo llama “sujeto docto, teólogo,
virtuoso, de gran fruto en el púlpito, en la cátedra, en el
confesionario, con aprobación de los arzobispos mis antecesores...,
de los presidentes y oidores de esta Real Audiencia, que le convidan
sermones en su capilla las cuaresmas, y las fiestas reales que hacen
en la Catedral, porque en ella y en cualquier parte luce con su
doctrina y ejemplo incansablemente, y sin que se cansen de oírle
doctos y no doctos”. Agrega que convirtió al catolicismo a
ingleses y franceses protestantes prisioneros en la Fuerza. Cuando
el gobernador Montemayor Cuenca le quitó el puesto de cura
castrense, no se quejó. Probablemente obtuvo después otro cargo. Consultar: Utrera, Universidades, 158, 159, 192, 194, 515, 529 y 541-542. 117
El Licenciado Antonio Girón
de Castellanos nació en 1645 y murió en 1700 siendo canónigo
magistral de la Catedral Primada. En 1681 estaba sin cargo; en 1688
era prebendado; en 1697 canónigo magistral. Consultar: Utrera, Universidades, 196, 198, 201 y 516. 118 El Presbítero Licenciado Luis
Jerónimo de Alcocer nació en 1598 y murió después de 1664. Fue
catedrático superior de latín y capellán en el colegio de Gorjón.
En 1627-1635 era racionero de la Catedral. El Arzobispo Fray Facundo
de Torres dice, escribiendo al rey en 1635, que Alcocer “está muy
recogido y estudioso; y en teología moral hace en esta tierra
ventaja a todos los que V.M. puede hacer merced”. Tenía en la
Catedral dignidad de tesorero en 1662. Era maestrescuela en
1662-1664. Escribió, según León Pinelo, sobre el Estado de la
Isla Española, sus poblaciones, frutos y sucesos, y de su
arzobispado, con la noticia de sus prelados desde la erección de
aquella Iglesia basta 1650. Este manuscrito, que se hallaba en la
biblioteca de Andrés González de Barcia en el siglo XVIII, es el
que hoy se halla en la Nacional de Madrid bajo el número 3000 y que
Sánchez Alonso, en sus Fuentes de la historia española e hispanoamericana,
Madrid, 1927, registra con el título de Historia
eclesiástica de la Isla Española de Santo Domingo hasta el año
1650. Consultar: Utrera, Universidades, 113, 120, 129, 192, 193, 195, 514 y 528. 119
Los dos versos de Francisco
Morillas están citados en la Idea del valor de la Isla Española,
de Sánchez Valverde, y en la Historia de Santo Domingo, de Antonio
Del Monte y Tejada (y. capítulos VIII, e, y IX de este estudio). Utrera, Universidades, 473-474, trata de establecer su parentesco con los Jiménez de Morillas: en 1728 era catedrático de la Universidad de Santo Tomás Francisco Jiménez de Morillas, nacido en 1749, hijo de su homónimo y de Rosa Franco de Medina; el P. Utrera lo supone nieto del poeta (pág. 474); pero luego (pág. 535) indica que el padre del catedrático, y de otro a quien se llama Tomás Morillas y Franco de Medina, era natural de Cartagena y murió en 1760. El libro del P. Utrera sobre Agustín Franco de Medina, Santo Domingo, 1929, trata de otro antepasado de los Jiménez de Morillas y Franco de Medina. 120 Doña Tomasina de Leiva y Mosquera debió de nacer en 1663: sus padres se casaron en 1662. Los dos versos finales de su Epigrama son difíciles: o la autora flaqueaba en su latín, o los impresores los maltrataron. La docta latinista señorita María Rosa Lida propone tres retoques que he indicado en el texto. Así retocados, los versos significarían: “Oh señor, elegante en tus escritos avanzas (es decir, te elevas) hasta las estrellas; mezclando en ellos cosas agradables, das lo útil en forma sabrosa. A la vez cautivas (encantas) con tu prosa y cantas en tu verso, pero si cautivas (hechizas) lo bueno, empero con él (con el verso) lo renuevas”. 121 El
arcediano Doctor Baltasar Femández de Castro, de la distinguida
familia de su apellido, murió en 1705. Era deán desde 1692, por lo
menos: y. Utrera, Universidades, 201 (datos de 1697), 516 y 530. Hay otro sacerdote dominicano
de igual nombre (1621-1688), con título de licenciado, canónigo y
catedrático de prima de gramática latina en el Seminario: en 1662 y
1663 decía de él el arzobispo Cueba Maldonado: “teólogo
moralista"...;”sabe y predica con acierto” (Utrera,
Universidades, 159, 190, 192, 193, 197 y 530). En el siglo XVIII se repite el nombre —frecuente en la familia— en el prebendado, con título de doctor, que aparece relacionado con la Universidad de Santo Tomás en 1742 (Utrera, Universidades, 518 y 532): había nacido en 1667 y descendía, por línea materna, del cronista Oviedo. 122 El Licenciado Francisco Melgarejo Ponce de León murió siendo canónigo maestro escuela de la Catedral en octubre de 1683: y. Utrera, Universidades, 516. ¿Es el Presbítero Francisco Melgarejo nacido en 1635? 123 El dominico Fray Diego Martínez, que escribe versos en elogio de Diez Leiva ¿será el Diego Martínez que escribió un soneto a la memoria de Sor Juana Inés de la Cruz, como parte del homenaje de todo el mundo hispánico que aparece en el tomo de Fama y obras póstumas de la poetisa mejicana, Madrid, 1700? 124
El maestro José Clavijo había
nacido en 1604, según partida de bautismo; en 1685 era todavía
“maestro de niños”, a pesar de los ochenta y un años que él
mismo declaraba. Quizás profesara en la vejez y fuera el lego
dominico que aparece en documento de 1696 (Utrera, Universidades,
528-529). Su padre, Francisco Clavijo, había sido “maestro de
escuela de niños”. La escuela era particular y dio nombre al
trecho de calle donde se hallaba situada. No sabemos si todavía estaba la enseñanza exclusivamente en manos de hombres o si ya habían comenzado a dar enseñanza elemental las mujeres: en Méjico la daban ya (y. los datos autobiográficos de Sor Juana Inés de la Cruz en su Carta a Sor Filotea), como en España, en las pequeñas escuelas que llamaban amigas. En Santo Domingo existía este tipo femenino de escuela desde principios del siglo XIX, durante cuyo transcurso se multiplicó prolíficamente. 125
El capitán Miguel Martínez y
Mosquera quizá fuera pariente, por afinidad, de Díez Leiva, casado
con Doña María Mosquera Montiel. El bachiller Francisco Martínez
de Mosquera desempeñaba el cargo de capellán del Hospital de San
Nicolás en 1697: era hijo de Miguel Martínez y Francisca de Soria
(Utrera, Universidades, 201). ¿El capitán sería su padre o su
hermano?. 126 El dominico Fray Diego de la Maza publicó en Madrid, 1693, un Memorial en que se da cuenta a... Carlos II... del estado en que se halla el Convento Imperial de Santo Domingo, Orden de Predicadores, en la Isla Española, y de lo que han trabajado y trabajan sus religiosos... Este memorial, de 16 hojas en folio, según catálogo de Maggs Brothers (Biblioteca Americana, VI, Londres, 1927, pág. 142), es una historia del Convento Dominico y de la Universidad de Santo Tomás. Fray Diego de la Maza (Utrera, Universidades, 155 y 205) recibió del capítulo general de su Orden en Santo Domingo, en 1686, el título de Presentado; en 1700 aparece en La Habana solicitando de la corona la creación de la Universidad cubana. 127
El Sr. Trelles cita como
escritor dominicano a “Fray Francisco Jarque (1636-1691)”,
atribuyéndole una reseña de las misiones jesuíticas en el Tucumán,
el Paraguay y el Río de la Plata, asunto sobre el cual
efectivamente escribió, y el Tesoro de la lengua guaraní, que es
del limeño Ruiz Montoya. Pero Jarque no es dominicano: es aragonés,
de Oribuela de Albarracín, nadó en 1609 (no en 1636); vivió en
las regiones que constituyen la Argentina actual y escribió, entre
otras obras, Insignes misioneros en la provincia del Paraguay,
Pamplona, 1687, y Vida prodigiosa... del Venerable Padre Antonio
Ruiz de Montoya, Zaragoza, 1662, reimpresa en Madrid, 1900, en
cuatro yola., con el titulo de Ruíz Montoya en Indias. Consultar: Medina, Biblioteca hispano-americana 128 Graves como fueron los males de la isla desde el siglo XVI, todavía hay graves exageraciones al referirlos: la sombra de Las Casas preside. Menéndez y Pelayo, en su Historia de la poesía hispano-americana, I, 295, registra el dato de que toda la colonia española de Santo Domingo tenía seis mil habitantes en 1737. Dato erróneo, porque, sin ayuda de inmigración importante, cuarenta años después, de acuerdo con los padrones parroquiales, se calculaba la población de la colonia en 117,300 habitantes. El censo de 1785 da 142,000, cual indica que los padrones de 1777 se quedaban cortos. Moreau de Saint-Méry, en 1783, calculaba 125,000. En los años finales del siglo, con motivo de la cesión a Francia, 1795, y después en los comienzos del XIX, con motivo de las incursio nes de los haitianos, se calcula en diez mil el número de habitantes que emigraron a Cuba, Puerto Rico, Venezuela, Colombia y Méjico. La emigración debe de haber sido mayor: el censo que el gobierno español levantó en 1819 sólo daba 63,000 habitantes. 129 De Antonio Meléndez Batán los Únicos trabajos impresos que se mencionan son el Memorial jurídico por Doña Mariana Cantabrana sobre derecho a la herencia de su nieto difunto sin testamento, Méjico 1714, y la Exposición del derecho del Tribunal del Consulado de Méjico para exigir ciertas contribuciones, Méjico, 1718. “Murió de avanzada edad en 1741, siendo decano de la Facultad de Leyes en la Universidad, de la que también fue rector”, dice Beristáin. Se había doctorado allí; fue asesor de tres virreyes y del Tribunal del Consulado. 130 Pedro
Agustin Mordí de Santa Cruz nació en Santiago de los Caballeros en
1694 y murió en Santiago de Cuba el 30 de diciembre de 1768. Merece
señalarse, desde el siglo XVIII, la importancia de Santiago de los
Caballeros como ciudad cuita, unida a su importancia como centro
económico: después de Morell, nacerán en ella Andrés López de
Medrano, Antonio Del Monte y Tejada, Francisco Muñoz Del Monte, José
Maria Rojas, el arzobispo Portes. Antes, de 1550 a 1700, la cultura
de la isla estaba concentrada en la ciudad capital, salvo la que había
en los conventos (recuérdese, como prueba, que Las Casas vivio y
escribió en el dominico de Puerto Plata).Moreil, —hijo del
maestro de campo Pedro Morelí de Santa Cruz, emparentado con los
Del Monte y los Pichardo, que tomo parte en la defensa de Santo
Domingo contra los ingleses en l655 (v. Siguenza y Góngora, Trofeo
de la justicia española)—, estudió en la Universidad de Santo
Tomás hasta obtener bachillerato y licenciatura; en la de San Jerónimo,
de La Habana, se doctoró en Cánones (1757). Designado (1715) para
una canonjía de Santo Domingo antes de ordenarse sacerdote (1718),
no llegó a tomar posesión del cargo; provisor y vicario en
Santiago deCuba, 1718; deán, 1719-1749;obispo de Nicaragua
(designado, según Calcagno, en 1745) 1751-1753; obispo de Santiago
de Cuba, desde 1753 hasta su muerte (el obispado comprendía
entonces toda Cuba, Jamaica, la Florida y la Luisiana). Su Historia de la isla y
Catedral de Cuba, escrita hacia 1760, se publicó con buen prólogo
de D. Francisco de Paula Coronado, La Habana, 1929, XXVIII m. 305 págs.,
edición de la Academia de la Historia de Cuba. Su Carta pastoral
con motivo del terremoto de Santiago de Cuba se imprimió en La
Habana, 1766, y se reimprimió en Cádiz; se habla de otra Carta
pastoral impresa en La Habana, 1799; la Relación histórica de los
primitivos obispos y gobernadores de Cuba está publicada en las
Memorias de la Sociedad Patriótica, de La Habana, 1841, XII,
215-239; su Visita apostólica de Nicaragua y Costa Rica, en la
Biblioteca del “Diario de Nicaragua"; 1909, con el título de
Documento antipo: en la biblioteca que fue de García Icazbalceta,
en Méjico, existe el manuscrito original, con fecha 8 de septiembre
de 1752, en más de doscientas hojas. Hay noticias, además, de una
Relación de la visita eclesiástica de la ciudad de La Habana y su
partido en la Isla de Cuba, hecha y remitida a Su Majestad (que Dios
guarde) en su Real y Supremo Consejo de Indias, en 1757, que según
se dice existe en el Archivo de Indias, y una Relación de las
tentativas de los ingleses contra los españoles en America, que se
considera perdida. La Relación histórica de los gobernadores de
Cuba desde 1492 hasta 1747, que cita Jacobo de la Pezuela en su
Historia de Cuba, cuatro yola., Madrid, 1868, y que el Sr. Trelles
menciona como obra aparte, debe de ser la Relación.., de los
obispos y gobernadores. Sobre Morell: además del prólogo
de Coronado, Diego de Campos, Relación y diario de la prisión
y.destierro del Ilímo. Sr. D. Pedro Agustín Morelí de Santa Cruz,
en décimas, La Habana, s.a. <1763); José Agustín de Castro
Palomino, Elogio fúnebre (lo anota el Sr. Trelles sin dar fecha de
impresión); Noticia histórica de la vida del Ilímo. Sr. Dr. D. Pedro Agustín Morelí de Santa Cruz..., de autor desconocido, en las Memorias de la Sociedad Patriótica, de La Habana, 1842, XIII, 270-290; José Antonio Echeverría, Historiadores de Cuba, II, Morelí de Santa Cruz, en la revista El Plantel, de La Habana, 1838, págs. 60-63 y 74-79, reproducido en la Revista de Cuba, VII, 381-397, y en la Revista de la Biblioteca Nacional, de La Habana, 1910, III, 3-6 y 135-15 1; José Antonio Saco, Colección de papeles científicos, históricos, políticos.., sobre la Isla de Cuba, tres yola., París, 1858-1858 (y. el tomo II, 397 ss..); Domingo Del Monte, Biblioteca cubana (1846), La Habana, 1882 <y en la Revista de Cuba, Xi, 289-305, 476482 y 527-550); Jacobo de la Pezuela, Diccionario geográfico, estadístico, histórico de la Isla de Cuba, cuatro yola., Madrid, 1863; Calcagno, Diccionario biográfico cubano; Trelles, Ensayo de bibliografía cubana de los siglos XVII y XVIII, Matanzas, 1907, págs. 29, 32, 75, 77-78, 110, 115-116, 121-122, 208; Santiago Saiz de la Mora (Redif), Un obispo desterrado por los ingleses..., en la Revista Habanera, diciembre de 1913, I, núm. 13; José María Chacón y Calvo, El primer poema escrito en Cuba, en la Revista de Filología Española, de Madrid, 1921, VIII; Max Henríquez Ureña, Hacia la nueva Universidad, en la revista Archipiélago, de Saniago de Cuba, 31 de octubre de 1928: recuerda los esfuerzos del obispo por establecer una Universidad en Santiago de Cuba; Cristóbal de La Habana, Recuerdos de antaño: prisión y deportación del obispo Morell en 1762, en la revista Social, de La Habana, noviembre de 1929. 131
Antonio Sánchez Valverde y
Ocaña nació en Santo Domingo en 1729 y murió en Méjico el 9 de
abril de 1790. D. Américo Lugo dice haber leído
en París, en la Sala Mazarín, una buena traducción francesa,
hecha por M. Sorret en Haití, antes de 1802, de la Idea del valor
de la Isla Española: y. Curso oral de historia colonial de Santo
Domingo. Consultar:
Beristáin; Trelles; Medina, Biblioteca hispano-americana, V, 180,
191,216-218 y 250-251; VII, 143; Utrera, Universidades, 348, 472473,
519 y 533.. 132 El
padre de los Villaurrutia, Antonio Bernardino de Villaurrutia y
Salcedo, era mejicano. Thvo un hermano, Francisco, sacerdote y
poeta. Fue oidor en Santo Domingo durante largos años (desde 1746
por lo menos; en 1752 ya era oidor decano: Utrera, Universidades,
212, 213, 228, 263, 309, 313, 317, 319, 320) y allí nacieron sus
hijos: Antonio, el 15 de octubre de 1754 (no en 1755, como dice
Beristáin);Jacobo, el 23 de mayo de 1757. La madre se llamaba María
Antonia López de Osorio. Como el padre se trasladó al fin a Méjico
con el cargo de oidor <despues fue regente de la provincial de
Guadalajara y gobernador de la provincia) allí recibieron educación
los hijos. Antonio se recibió de abogado
en Méjico; pasó a España, donde incorporó su titulo de
licenciado en los Reales Colegios y redactó con su hermano Jacobo
<el redactor principal) El Correo de Madrid (o de los Ciegos),
1786- 1790, “obra periódica en que se publican rasgos de vada
literatura, noticias, y los escritos de toda especie que se dirigen
al editor”: uno de los curiosos periódicos misceláneos de la época;
salía miércoles y sábados, y alcanzó a siete tomos con más de
tres mil páginas a dos columnas. Perteneció, con su hermano
Jacobo, a sociedades de cultura de las que pululaban en el siglo
XVIII y fueron miembros de la Real Academia de, Derecho Público de
Santa Bárbara y socios fundadores (1785) de la Academia de
Literatos Españoles, de Madrid, a que pertenecieron el helenista
Antonio Ranz Romanillos, traductor de Isócrates y de Plutarco, y el
dominicano Sánchez Valverde. De 1787 a 1809 fue oidor en Charcas;
incidentalmente gobernador de Puno; en 1809, regente de la Audiencia
de Guadalajara, en Méjico, como su padre. Volvió a España y allí
murió siendo consejero de Indias. Bajo el seudónimo de Francisco
de Osorio publicó una Disertación historico-canónica sobre las
esenciones de los regulares de la jurisdicción ordinaria episcopal,
Madrid, 1787. Jacobo, después de comenzar
estudios en Méjico, inclinándose ala carrera eclesiástica, a los
quince años de edad pasó a España con Lorenzana, que había sido
arzobispo de Méjico. Estudió en las Universidades de Valladolid,
Salamanca y Toledo; la toledana le dio los grados de maestro en
artes y doctor en leyes: como se ve, no persistió en la vocación
sacerdotal, y hasta se casó dos veces. Empezaba a tener éxito como
abogado, pero aceptó el corregimiento de Alcalá; después de
servirlo cinco años, se le nombró oidor en Guatemala, 1792, donde
dirigió la Gaceta, reformándola para hacerla órgano de cultura, y
fundó y presidió la Sociedad Económica. Pasó de Guatemala a Méjico
en 1804 como alcalde e crimen en la Audiencia. En 1805 fundó con
Bustamante (1774-1850) el Diario de México, donde da muestra de
sus ideas sobre reforma ortográfica: suprime, por ejemplo, la b y
escribe qe en vez de que; pero no siguió largo tiempo al frente del
periódico: le sucedió el laborioso y bien intencionado Juan
Wenceslao Barquera (1779-1840) hasta 1810. El Diario duró hasta
1817. Villaurrutia intervino en las juntas políticas de 1808 en que
se discutía cuál debía ser la actitud de Méjico ante la situación
creada en España por la invasión napoleónica y la abdicación de
los reyes: como consecuencia, y a pesar de su honradez, fue víctima
de intrigas, y en vez del puesto de oidor en Méjico, que
solicitaba, se le nombró en 1810 oidor en Sevilla. No quiso aceptar
el traslado, considerándolo injusto: pero al fin salió para España
en 1814 y fue oidor en Barcelona. Consumada la independencia
mejicana, regresó a Méjico y fue regente de la Audiencia. La
Constitución de 1824 transformó la Audiencia en Suprema Corte de
Justicia; Villaurrutia no pudo pertenecer a ella, porque se le
atribuía la nacionalidad española: se ignoraba que en 1821 Santo
Domingo se había separado de España. Después de ocupar cargos
diversos, se le eligió por fin miembro de la Suprema Corte y la
presidió en 1831. Murió en 1833, durante la epidemia de cólera. Escribió, segun Beristáin,
los Estatutos para una Academia teórico-práctica de jurisprudencia
en la ciudad de Valladolid, en 1780 <no se imprimieron); según
Alamán, un Manual de ayudar a bien morir, impreso en ortografía
reformada; publicó Pensamientos escogidos de las máximas filosóficas
del emperador Marco Aurelio, sacadas del espíritu de los monarcas
filósofos..., bajo el seudónimo de Jaime Villa López, Madrid,
1786; La escuela de la felicidad, narraciones, según parece,
“traducción libre del francés, aumentada con reflexiones y
ejemplos”, y dividida en “cuatro lecciones”, bajo el anagrama
de Diego Rulavit y Laur, Madrid, 1786, 42 más 141 págs.; Memorias
para la historia de la virtud, traducción de la novela
richardaoniana de Frances Sheridan (1724-1766) Memoirs of Miss
Sidney Bidulph (1761-1767): la traducción de Villaurrutia no es
directa del ingiés; procede de la versión francesa (el Abate Prévost
puso en francés la primera parte de la novela; la versión de la
segunda parte aunque figura entre sus obras, no pudo hacerla él
porque había muerto —1763— cuando se publicó el original inglés:
1767). Villaurrutia sólo tradujo la primera parte: ocupa cuatro
pequeños volúmenes, Alcalá, 1792. Reciente-mente, Aldous Huxley
ha pedido a la olvidada novela de Frances Sheridan el asunto de una
obra teatral, The discovery. Consultar: Además de Beristáin,
Juan Sempere y Guarinos, Ensayo de una biblioteca española de los
mejores escritores del reinado de Carlos III, en seis vols., Madrid,
1785-1789 (y. tomo IV, pág. 195); Lucas Alamán, Historia de México,
en cinco vols., Méjico, 1849-1852 y. especialmente I, 50-5 1 y 90);
Francisco Pimentel, Novelistas y oradores mexicanos, en sus Obras
completas, tomo V, Méjico, 1904; Diccionario universal de historia
y de geografía, apéndice III, Méjico, 1856 (el artículo
Villaurrutia se reprodujo en la revista Ateneo, de Santo Domingo,
1911); Medina, Biblioteca hispano-americana, y, 154, 222-223, 232,
244, 249, 315-316 y 416; Antología del Centenario, de Urbina, Henríquez
Ureña y Rangel, Méjico, 1910, págs. XXI, LVI-LXXI, 227, 1011-1013
y 105 1- 1052; mis Apuntaciones sobre la novela en América, en la
revista Humanidades, de la Universidad de La Plata, 1927, XV,
140-146 (hay tirada aparte en folleto). 133 Luis
José Peguero escribió en 1762-1763 una Historia de la conquista de
la Isla... de Santo Domingo, que se conserva en dos volúmenes
manuscritos en la Biblioteca Nacional de Madrid (mss. 1479 y 1837).
Dejó también un “Cuaderno de notas, apuntes y versos”,
manuscrito que acaba de descubrir D. Emilio Rodríguez Demorizi, y
un romance “a los valientes dominicanos”, que figura en su
Historia; al final de ella puso unos Discursos concisos morales
dedicados a sus hijos. Consta que en 1762 residía en un hato de San
Francisco y el Rosario en el valle de Baní. El Lic. Rodríguez
Demorizi ha encontrado además unos versos de N .N. en elogio de
Peguero: supone que N.N. sea el lector dominico Nicolás Núñez (y.
Utrera, Universidades, 512 y 513). Consúltese: Emilio Rodríguez, El primer escritor de Baní, en la revista Baboruco, de Santo Domingo, noviembre de 1935. 134 Dominicano debía de ser el Presbítero José Agustín de Castro Palomino, autor del Elogio fúnebre del Obispo Mordí: después de haber sido cura en Cuba, fue secretario de cámara y de gobierno en la Audiencia de Santo Domingo (su firma aparece de 1775 a 1780). Según Trelles, escribió en 1783 una Breve descripción de la Isla de Santo Domingo, en veinte y cinco hojas. 135
El P. Juan Vázquez, cura de
Santiago de los Caballeros, que murió quemado vivo en 1804 en el
coro de su iglesia, cuando las tropas de los invasores
haitianos degollaron a los habitantes, escribía versos, y de él se
recuerda una quintilla escrita poco antes de su muerte, cuando se decía que
barcos ingleses rondaban las aguas de la isla: Ayer
español nací, 136
El Sr. Trelles cita en su bibliografía al Dr. Agustín Madrigal Cordero,
cura de la catedral, de quien sólo se sabe que haya escrito las anotaciones
de su Diario de misas: el manuscrito cataba en poder de Apolinar Tejera, en
1922 (v. Literatura dominicana, 86). Era rector de la Universidad de Santo
Tomas cuando se cerró, hacia 1801, a la entrada de las tropas francesas.
Había nacido en 1753. 137
Gran fama tuvo como jurisconsulto el Dr. Vicente Antonio Faura (1750-1797);
muy celebrado su informe de 1790 contra la extradición de los fugitivos políticos
franceses Ogé y Chavannes. Vicerrector de la Universidad de Santo Domingo,
oidor honorario de la Audiencia de Caracas, se le había nombrado alcalde
del crimen para la Audiencia de Méjico cuando murió. Consultar: José Gabriel García, Rasgos biográficos de dominicanos célebres, Santo Domingo, 1875; Utrera, Universidades, 451, 457, 521 y 537; Luis Emilio Alemar, en Fecha históricas dominicanas, publicadas en el Listín Diario, de Santo Domingo, 1926 a 1929.
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