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Los Conventos

IV. LOS CONVENTOS 19

Tuvieron, grande importancia los conventos. Los de las tres Órdenes tenían en la capital admirables templos, de naves ojivales, con portada Renacimiento. Gran dolor es que se haya arruinado el de San Francisco, cuyos formidables muros duplicaban su altura con la de la eminencia donde se asienta. Y lástima, también, que todos los claustros se hayan arruinado. El de los dominicos, el Imperial Convento de Predicadores, era “suntuoso y muy grande, de cuarenta moradores ordinarios”, según noticias que habían llegado hasta el primer cronista oficial de Indias, Juan López de Velasco, hacia 1571; el de San Francisco tenía entonces “hasta treinta frailes”; los de monjas, Santa Catalina de Sena, de dominicas, con su templo de la Regina Angelorum, y Santa Clara, de franciscanas, tenía “ciento ochenta monjas, poco más o menos”, según el Oidor Echagoyan, hacia 1568. En el de dominicas estuvo profesa Doña Leonor de Ovando, nuestra poetisa del siglo XVI. Después hubo monjas junto a la Ermita del Carmen, no sé de qué orden.

Echagoyan dice que los conventos eran “de gran honestidad y religión”. Oviedo, años antes, piensa que en ellos hay “personas de tan religión e gran exemplo, que bastarían a reformar a todos los otros monesterios de otros muchos reynos, porque son sanctas personas y de gran dotrina” (Historia, libro III, cap. XI).

La Orden de la Merced cuenta, entre sus primeros representantes en Santo Domingo, de 1514 a 1518, a Fray Bartolomé de Olmedo 20 , que sería después héroe de la conquista espiritual de Méjico. “El P. Bartolomé —dice el mejicano Fray Cristóbal de Aldana— se dedicó desde luego (en Santo Domingo) al consuelo de los indios y a su instrucción; defendíalos de las vejaciones de los españoles, asistíalos en sus enfermedades y los socorría en sus miserias. Ins-truía a los niños para ganar a los padres; movía y convencía a los cristianos para que edificasen a los idólatras...”

A principios del siglo XVII, de 1616 a 1618, intervino en la reforma del Convento de la Merced (y fue allí definidor) no menor maestro que Tirso de Molina, el Presentado Fray Gabriel Téllez, en compañía del vicario Fray Juan Gómez, catedrático del colegio mercedario de Alcalá de Henares, Fray Diego de Soria, Fray Hernando de Canales, Fray Juan López y Fray Juan Gutiérrez. Tirso declara que al partir ellos —sólo Canales y Soria se quedaron— dejaron organizada la enseñanza de su convento con catedráticos nacidos en la isla, que desde entonces producía grandes talentos, aunque atacados de negligencia: “el clima influye ingenios capacísimos, puesto que perezosos” (poco antes, en 1611, decía el arzobispo Rodríguez Xuárez en carta al rey: “esta tierra influye flojedad y aplicarse la gente poco al estudio”; naturalmente, no eran el clima ni la tierra, sino la despoblación y la pobreza, las causas del desamor al esfuerzo intelectual)21 .

Glorioso entre nuestros conventos fue el Imperial de la Orden de Santo Domingo 22 . No sólo porque sirvió de asiento a la Universidad de Santo Tomás de Aquino. Sobre su pórtico se yerguen gigantescas las apostólicas figuras de Fray Pedro de Córdoba, Fray Antonio de Montesinos y Fray Bernardo de Santo Domingo, iniciadores de la formidable cruzada que en América emprende el espíritu de caridad para debelar la rapaz violencia de la voluntad de poder, una de las grandes controversias del mundo moderno, cuya esencia es la libertad del hombre. A ellos se une pronto Fray Domingo de Mendoza 23 , docto varón, de estirpe ilustre, que en España había concebido el plan de establecer la Orden en el Nuevo Mundo. Es en aquel convento donde años después (hacia 1522) se hace fraile el que recoge la herencia de Fray Pedro y Fray Antonio 24 , el impetuoso e indomable Quijote de la fraternidad humana, Bartolomé de las Casas.

Le dio el hábito, según la tradición, Fray Tomás de Berlanga 25 , provincial entonces, después obispo de Panamá. Con Las Casas estuvo allí su famoso acompañante Fray Pedro de Angulo 26 , el gran evangelizador, fundador de conventos en Guatemala y Nicaragua, finalmente obispo de la Verapaz: antes que fraile había sido conquistador en Méjico.

De allí salen, durante gran trecho del siglo XVI, los fundadores de nuevos conventos dominicos en América: “desta casa se han poblado las islas, y Nueva España, y el Perú”, decían los frailes de la Española en 1544. Partieron de allí, entre otros, Fray Domingo de Betanzos 27 y Fray Tomás Ortiz 28 para fundar el convento dominico de Méjico (1526); Fray Tomás de la Torre 29 , fundador del convento en Chiapas; Fray Tomás de San Martín 30 , evangelizador del Perú, donde fue el primer provincial y fundó los conventos de Huamanga y Chucuito. Allí se estrena como predicador, novicio aún, aquel singular maestro de la prosa, Fray Alonso de Cabrera 31 . Allí reside, viviendo como modesto fraile, el ilustre arzobispo Dávila Padilla. Y allí se educaron nativos estudiosos, y hasta escritores, como Fray Alonso de Espinosa y Fray Diego Martínez 32 .

19 . Sobre la cultura religiosa, consúltese la Historia eclesiástica de la Arquidiócesis de Santo Domingo, de Carlos Nouel, y las valiosas notas que sobre este libro publicó, en el semanario El Progreso,, de Santo Domingo, en 1915, nuestro gran investigador admirable escritor D. Américo Lugo.

Hay breves referencias a los conventos en la Historia eclesiastica de nuestros tiempos, de Fray Alonso Fernández.

Los datos de Juan López de Velasco, en su Geografía y descripción universal de las Indias, proceden quizás de la Relación del Oidor Echagoyan (Colección de documentos... del Archivo de Indias, 1, 34-35). López de Velasco atribuye a los conventos de monjas “cerca de ochenta religiosas”: probable error por las “ciento ochenta” de Echagoyan. Gil González Dávila, Teatro eclesiástico de la primitiva iglesia de las Indias Occidentales, dos vols. , Madrid, 1649-1655, dice (1, 263) que el Convento de Santa Clara se fundó en tiempos del arzobispo Fuenmayor (1533-1554) con doce religiosas venidas de España y el templo se construyó con la dote de las primeras diez y seis profesas nacidas en la isla.

El Convento franciscano de monjas de la Concepción, en Caracas, lo fundaron en 1637 dos monjas naturales de Santo Domingo: Sor Isabel Tiedra y Carvajal y Sor Aldonza Maldonado, “religiosas de velo negro”, procedentes del Convento de Santa Clara. Permanecieron en Caracas siete años. Consultar: Arístides Rojas, Estudios históricos, III, Caracas, 1927, págs. 300 ss.

En 1663, el arzobispo Cueba Maldonado atribuye al Convento Dominico “treinta y seis religiosos” (Utrera, Universidades, 159).

La Orden de la Merced llegó a tener cuatro conventos en la isla (comenzó en 1511: v. Las Casas, Historia de las Indias, libro II, cap. 34); la franciscana, tres (en Santo Domingo, en La Vega y en la Verapaz); la dominica, otros tantos: en Santo Domingo, Puerto Plata y tal vez La Vega. 20 Sobre Fray Bartolomé de Olmedo (m. 1524), consúltese: Mariano Cuevas Historia de la Iglesia en Mexico, tomo 1, Tlalpan, 1921, págs. 115-116; Fray Pedro Nolasco Pérez, Religiosos de la Merced que pasaron a América, en dos vols..., Sevilla, 1923 (y. 1, 21-30; habla también, extensamente, del provincial de la Isla Española Fray Francisco de Boba-dilla, págs. 31-51); Fray Cristóbal de Aldana, Crónica de la Merced, de México, impresa en Méjico, s.a., en el siglo XVIII, después de 1780; reimpresa en 1929, facsimilarmente, por la Sociedad de Bibliófilos Mejicanos. Bernal Diaz del Castillo habla frecuentemente de él como acompañante de Cortés en la expedición de la conquista.

Según el historiador mejicano Veytia, hizo escribir en Méjico un catecismo para indígenas.

21 El mercedario Fray Hernando de Canales permaneció en la isla después de irse el P. Téllez; en 1625 aparece como definidor y en 1627, como provincial (Utrera, Universidades, 118, 129 y 131). El P. Soria estaba allí también en 1623; fue a España y regresó a la isla en 1634. Fray Pedro Nolasco Pérez, en la obra recién citada (II, 14), transcribe los datos que Fray Juan Gómez da al Consejo de Indias, en 23 de enero de 1616, sobre los frailes que salen con él para Santo Domingo: de Canales dice que era “lector e predicador; de edad de veinte y ocho años; flaco de rostro; la color quebrada”. De Tirso: “predicador y lector; de edad de treinta y tres años; frente elevada; barbinegro”. Esta edad confirma la fecha de 1583 que da la partida de bautismo encontrada por Doña Blanca de los Ríos de Lampérez y destruye la fecha conjetural de 1571. En la lista aparece otro nombre: Fray Hernando de Sandoval Tirso (c, 1583-1648) cuenta los trabajos de la misión reformadora del Convento Mercedario en su Historia de la Orden de la Merced, cuyo manuscrito inédito se conserva en Madrid, en la Academia de la Historia. Las páginas relativas a Santo Domingo las ha impreso allí D. Américo Lugo, en la revista Renacimiento, 1915, 1, núms. 4-5; parte de ella citan Marcelino Menéndez y Pelayo en su Historia de la poesía hispanoamericana, I, Madrid, 1911, págs. 299-301, y Emilio Cotarelo y Mori en la Introducción al tomo 1 de Comedias de Tirso, Madrid, 1906 (Nueva Biblioteca de Autores Españoles, IV), págs. l7-20. Consúltese el libro de Fray Cipriano de Utrera, Nuestra Señora de las Mercedes: Historia documentada de su santuario en la ciudad de Santo Domingo y de su culto; Santo Domingo, 1932.

En su libro misceláneo Deleitar aprovechando, Madrid, 1635, folios 183 y 187, Tirso da cuenta del certamen poético en honor de la Virgen de las Mercedes, muy concurrido por ingenios del país, en septiembre de 1616 (debe de ser 1616 y no 1615, como dice Tirso: Doña Blanca de los Ríos de Lampérez, Del siglo de oro, Madrid, 1910, pág. 28, ha demostrado que el poeta salía para Santo Domingo en 1616 y no en 1615): él mismo concurrió con ocho composiciones, una de las cuales fue premiada.

En su comedia La villana de Vallecas, estrenada en 1620, hay recuerdos de Santo Domingo. En el acto I, escena IV: Y si en postres asegundas,/ en conserva hay piña indiana,/ y en tres o cuatro pipotes/ mameyes, eipizapotes;/ y si de la castellana gustas,/ hay melocotón y perada; / y al fin saco un túbano de tabaco/ para echar la bendición./

Y en el acto II, escena IX:

¿Cómo se coge el cacao?/ Guarapo ¿qué es entre esclavos? /¿ Qué frutos dan los guayabos? ¿Qué es casabe, y qué jaojao?/.

Tirso habla también de cosas de América en sus “comedias famosas” Amazonas en las Indias y La lealtad contra la envidia, publicadas en 1635, en la Cuarta Parte de sus comedias; allí abundan las palabras indígenas, antillanas en su mayor parte: bejuco, cacique, caimán, canoa, chocolate, guayaba, iguana, jején, jicara, macana, maíz, naguas, nigua, papaya, petaca, tabaco, tambo, tiburón, tomate, yanacona, yuca.

22 . He trazado sintéticamente la historia del Convento de Dominicos en mi artículo Casa de apóstoles, publicado en el diario La Nación, de Buenos Aires, 18 de noviembre de 1934, y reproducido en la revista Repertorio Americano, de San José de Costa Rica, 16 de marzo de 1935.

Sobre los primeros dominicos, v. Las Casas, Historia de las Indias, libro II, cap. 54, y libro III, caps. 3-12, 14, 15, 17-19, 33-35, 38, 54, 72,81-87, 94-95, 99, 134, 156, 158 y 160, y Fray Agustín Dávila Padilla, Historia de la fundación y discurso de la Provincia de Santiago, de México, de la Orden de Predicadores..., Madrid, 1599.

Fray Antonio de Remesal, en su Historia general de las Indias Occidentales y particular de la gobernación de Chiapa y Guatemala, Madrid, 1619 (la impresión, terminada en 1620; al comenzar el libro primero, el autor la llama Historia de la provincia de San Vicente de Chiapa y Guatemala, de la Orden de nuestro glorioso padre Santo Domingo; ha sido reimpresa en dos vols.., en Guatemala, 1932), libro I, cap. 5-8 y 17, libros II, III, IV, todos, y gran parte de los libros V y X, trata de los fundadores del Convento en Santo Domingo, y después, de Fray Domingo de Mendoza, Fray Domingo de Betanzos, Fray Bartolomé de Las Casas —muy extensamente—, Fray Tomás de Torre, —mucho—, Fray Pedro de Angulo, Fray Tomás Ortiz y Fray Tomás de Berlanga, pero especialmente de la acción que ejercieron en Guatemala y Méjico.

A ellos se refiere también extensamente el desconocido dominico que escribió la Isagoge histórica apologética de las Indias Occidentales y especial de la provincia de San Vicente de Chiapa y Guatemala, de la Orden de Predicadores, escrita en Guatemala, por los años de 1710-1711 publicada en Madrid, 1892, y reimpresa en Guatemala, 1935: se inspira en Remesal para muchas cosas; habla largamente de Fray Pedro de Córdoba y Fray Domingo de Betanzos. Puede consultarse, además, Julián Fuente, Los heraldos de la civilización centroamericana, Reseña histórica de la Provincia Dominicana de San Vicente de Chiapa y Guatemala, Vergara, 1929.

En la Colección de documentos.., del Archivo de Indias, VII, 397-430, hay una carta a Monsieur de Chiévres, el consejero flamenco de Carlos V, fechada en Santo Domingo, 1561, con la firma de Fray Tomás Ansanus, provincial, Fray Pedro de Córdoba; (¿vice?) provincial, Fray Tomás de Berlanga; supenor, Fray Antonio de Montesinos; Fray Domingo de Betanzos, Fray Tomás Ortiz, y otros ocho frailes.

En el tomo XI de la Colección, págs. 211-215, está el Parecer, sin fecha, pero anterior a 1516, que firman Fray Pedro de Córdoba, Fray Tomás de Berlanga, Fray Domingo de Betanzos, entre otros; pág. 243, unas Representaciones de 1516. En el tomo XXXV, 199-240, carta de 4 de diciembre de 1519, al Emperador, firmada por trece frailes, entre ellos Thomás Ansante (sic), provincial; Fray Pedro de Córdoba, vicerrector; Montesinos, Ortiz y Berlanga. 23 Las Casas (Historia, lib. II, cap. 54, donde cuenta los comienzos de la Orden) dice que el talaverano Fray Domingo de Mendoza “fue muy gran letrado; casi sabía de coro las partes de Sancto Tomás, las cuales puso todas en verso, para tenerlas y traerlas más manuales; y por sus letras, y más por su religiosa y aprobada y ejemplar vida, tenía en España grande autoridad...” Era hermano del Cardenal Fray García de Loaisa. “Para su sancto propósito, halló a la mano un religioso llamado Fray Pedro de Córdoba, hombre lleno de virtudes, y a quien Dios Nuestro Señor dotó y arreó de muchos dones y gracias corporales y espirituales. Era natural de Córdoba, de gente noble y cristiana nacido, alto de cuerpo y de hermosa presencia; era de muy excelente juicio, prudente y muy discreto naturalmente, y de gran reposo. Entró en la Orden de Santo Domingo bien mozo, estando estudiando en Salamanca... aprovechó mucho en las artes y filosofía y en la teología, y fuera sumo letrado, si por las penitencias grandes que hacía no cobrara grande y continuo dolor de cabeza, por el cual le fue forzado templarse mucho en el estudio... y lo que se moderó en el estudio acrecentólo en el rigor de austeridad y penitencia... Fue también.., devoto y excelente predicador...” Fray Pedro había nacido en 1482; murió en Santo Domingo en abril o mayo de 1521 (creo más aceptable esta fecha de Las Casas que la de López, 30 de junio de 1525). Escribió un manual de Doctrina cristiana para instrucción de los indios por manera de historia, que se imprimió en Méjico “por mandato y a costa” del gran arzobispo Fray Juan de Zumárraga, en 1544 (José Toribio Medina, La imprenta en México, v. 1, 13-14).

Según Beristáin, Biblioteca hispano-americana septentrional, tres vols. , Méjico, 1816-1821, “escribió muchos Sermones, Memoriales al Rey e Instrucciones, que por falta de imprenta no llegaron a nosotros, pero se hallan en los archivos de Sevilla y Simancas". De sus memoriales y cartas los hay publicados en la Colección de documentos.

 del Archivo de Indias, XI, 211-215 y 216-224.

Sobre él, además de Las Casas, Dávila Padilla y Remesal, y. Fray Juan López, Cuarta parte de la Historia general de Santo Domingo y de la Orden de Predicadores, Valladolid, 1615 (cuarta parte, págs. 163-174); José Toribio Medina, La primitiva Inquisición americana (1493-1569), dos vols, Santiago de Chile, 1914 (y. I, 76-78 y 89-98) : fue el primer inquisidor general de las Indias, en unión de Fray Alonso Manso, obispo de Puerto Rico (1519). 24 Fray Antón de Montesinos, “muy religioso y buen predicador”, es, como se sabe, el que pronunció los famosos sermones contra la explotación de los indios, en diciembre de 1510, con los cuales se inició la cruzada que él y Fray Pedro de Córdoba llevaron hasta España, donde lograron que se dictasen las primeras reglamentaciones contra los abusos de la encomienda.

Fray Bernardo de Santo Domingo era, según Las Casas, “poco o nada experto en las cosas del mundo, pero entendido en las espirituales, muy letrado y devoto y gran religioso”. Redactó en latín el Parecer que los dominicos dieron en 1517 a los gobernadores jerónimos sobre la libertad de los indios: y. Las Casas, Historia, libro III, cap. 94. 25 Fray Tomás de Berlanga (m. 1551), después de ser provincial de su Orden en Santo Domingo, lo fue en Méjico (1532), y fue el primer obispo de Panamá (1533-1537). Escribió, según Beristáin, Epistola ad Generalem Patrum Praedicatorum Capitulum de erigenda Provincia Sanctae Crucis en Insulis Maris Oceani (la Provincia de la Santa Cruz es la de los dominicos en la Española); además la larga Pesquisa, en Lima, sobre la conducta de Pizarro, Riquelme y Navarro en la conquista (1535), publicada en la Colección de documentos.., del Archivo de Indias, X, 237-333, y la carta al Emperador, de 3 de febrero de 1536, sobre las disputas entre Pizarro y Almagro, publicada por D. Roberto Levillier en Gobernantes del Perú: Cartas y papeles, II, 37-50. Según Oviedo (Historia, Parte 1, libro VIII, cap. 1); fue él quien introdujo el banano en América, en 1516, trayéndolo de la Gran Canaria. Sobre su ida a Méjico en 1532, y. carta del obispo Ramírez de Fuenleal, Colección de documentos.., del Archivo de Indias, XIII, 210. 26 Fray Pedro de Santa María o de Angulo, burgalés (m. 1561), escribió en lengua zapoteca, en Méjico, ocho tratados para la enseñanza de los indios: De la creación del mundo, De la caída de Adán, Del destierro de los primeros padres, Del decreto de la redención, Vida, milagros y pasión de Jesucristo, De la resurrección y ascensión del Salvador. Del juicio final. De la gloria y el infierno. 27 . Fray Domingo de Betanzos, leonés, estuvo en Santo Domingo de 1514 a 1526; predicaba en lengua indígena a los indios; vivió después en Méjico, donde fue el primer provincial dominico, y en Guatemala, donde fundó el Convento de su Orden; murió en España en 1549. Escribió unas Adiciones a la Doctrina cristiana de Fray Pedro de Córdoba. 28 Fray Tomás Ortiz, extremeño, de Calzadilla, después de vivir en Santo Domingo estuvo en Méjico (1526); en Nueva Granada fue obispo de Santa Marta y murió en 1538. Escribió entre 1525 y 1527 una Relación curiosa de la vida, leyes, costumbres y ritos que los indios observan en su política, religión y guerra; debe de refenrse a los indí-genas de Santo Domingo, en parte al menos. Juan de Castellanos (Elegías de varones ilustres de Indias, tomo IV de la Biblioteca de Autores Españoles, pág. 267) lo llama “docto varón y bien intencionado” (y., además, págs. 278 y 280).

Consultar: Medina, La primitiva Inquisición americana, 1, 193, 106-107 y 113-120.

Consúltese: Cartas de Indias, Madrid, 1877, págs. 724-725;Colección de documentos... del Archivo de Indias, V. 450-465 y XII, 531-538 (carta que firma con Zumárraga en Méjico, 1545); Medina, La primitiva Inquisición americana, I, 113 y 118-120. No conozco todavía el libro de D. Alberto María Carreño, Fray Domingo de Betanzos, fundador en la Nueva España de la venerable Orden Dominicana; Méjico, 1934.

29 Fray Tomás de Torre (m. 1567) escribió una Historia de los principios de la Provincia de Chiapa y Guatemala, del Orden de Santo Domingo, cuyo manuscrito utilizó Remesal en su conocida obra (v. su prólogo). De Torre dice Beristáin que en Santo Domingo, “por haber predicado un día contra el maltrato que daban algunos a los indios, quisieron matarlo los resentidos”.

Consúltese: Cartas de Indias, 848-849. 30 Fray Tomás de San Martín (1482-1 554) trabajó en favor de los indios en Santo Domingo, donde, según Mendiburu, llegó a oidor de la Real Audiencia; pasó al Perú, donde actuó durante gran parte de la conquista y todas las guerras civiles. Fue allí el primer provincial de su Orden y el primer obispo de Charcas (1551). Escribió Parecer.., sobre si son bien ganados los bienes adquiridos por los conquistadores, pobladores y encomenderos de Indias (en la Colección de documentos... del Archivo de Indias, VII, 348-362, donde por error se le llama “Fray Matías”; le sigue una réplica del P. Las Casas); Relación de los sacrificios de los peruanos a sus dioses en tiempos de siembra y cosecha y al enprender obras públicas, y Catecismo para indios.

Consúltese: Bernard Moses, Spanish colonial literature in South America, Nueva York, 1922, págs. 67-69; Manuel de Mendiburu, Diccionario histórico-biográfico del Perú, en ocho vols. , Lima 1874-1890 (hay nueva edición reciente); Cartas de Indias, 521-522, 537, 556 y 841-842; Gobernantes del Perú: Papeles y cartas, publicados por Levillier, 1, 95, 121, 165, 177, 188 y 221. 31 Fray Alonso de Cabrera, cordobés (c. 1549-1606), según el P. Miguel Mir “en la Isla de Santo Domingo dio muestras de su celo, empezando el oficio de la predicación”: era novicio todavía. Fue uno de los más originales oradores sagrados, con elocuencia persuasiva a la que mezclaba pinturas novelescas de la vida común; su prosa es de arquitectura clara, de párrafos breves y fáciles en aquel siglo en que abundaba la prosa encadenada.

Publicó: Sermón que predicó en las honras que hizo la villa de Madrid a S.M. el rey Felipe II..., Madrid, 1598, reimpreso en Barcelona, 1606 (se tradujo al italiano, Roma, 1598); Consideraciones sobre los Evangelios de la Cuaresma..., dos vols. , Córdoba, 1601, reimpresas en Barcelona, 1602 y 1606; Consideraciones en los Evangelios de los domingos de adviento y festividades que en este tiempo caen..., dos vols. , Córdoba, 1608, reimpresas en Barcelona, 1609. Todas estas obras están reunidas bajo el título común de Sermones, en el tomo III de la Nueva Biblioteca de Autores Españoles, con prólogo del P. Mir, Madrid, 1906. Hay nueva edición, bajo el título de Obras, con introducción del P. Alonso Getino, Madrid, 1921. No sabemos si entre esos sermones hay parte de lo que predicó en Santo Domingo. Escribió, además, Consideraciones sobre los Evangelios de la circuncisión y de la purificación, Barcelona, 1609; y Tratado de los escrúpulos y sus remedios, Valencia, 1599; reimpreso en Barcelona, 1606; traducido al italiano, 1612, y al francés, 1622.

Consultar: Iacobus Quétif y Iacobus Echard, Scriptores Ordinis Praedicatorum recensiti, dos vols. , París, 1719-1721.

Fray Juan de Manzanillo o Martínez de Manzanillo salió del Convento Dominico, donde había sido catedrático y prior, para el cargo de obispo de Venezuela (1584). Murió entre 1592 y 1594 (y. Arístides Rojas, Estudios históricos, 1, Caracas, 1926, págs. 130-131).

En el siglo XVIII, ejerció de maestro en el Convento de Santo Domingo el habanero Fray José Fonseca, autor de los primeros apuntes históricos sobre los escritores de Cuba, cuyo manuscrito disfrutó el bibliógrafo mejicano Eguiara (consúltese a Beristáin). 32 No cabe aquí reseñar la vasta bibliografía de Fray Bartolomé de Las Casas (1474-1566). Recordaré sus folletos polémicos de 1552 y 1553: el más ruidosos de todos, que se tradujo a siete idiomas en el siglo XVI, la Brevísima relación de la destrucción de Las Indias, escrita en 1542 (puerilmente sc ha intentado disculpar de este opúsculo a Las Casas, atribuyéndolo a Fray Bartolomé de la Peña, como si el Protector de los Indios necesitara excusas por la interpretación que a sus extraordinarias exageraciones polémicas dieron los enemigos de España), y los que se nombran con las primeras palabras de sus extensas portadas: Lo que se sigue en un pedazo de una carta y relación que escribió cierto hombre..., Entre los remedios..., Aquí se contiene una disputa o controversia (con Juan Ginés de Sepúlveda)..., Aquí se contienen unos avisos y reglas para los confesores..., Este es un tratado..., Aquí se contienen treinta proposiciones muy jurídicas..., Principia quedam ex quibus procedendum est..., todos impresos en 1522;

Tratado comprobatorio del imperio soberano y principado universal que los Reyes de Castilla tienen sobre las Indias, 1553. El Instituto de Investigaciones Históricas, de la Universidad de Buenos Aires, ha reimpreso facsimilarmente estos folletos en 1924..

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