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El Fin de la Colonia

X. EL FIN DE LA COLONIA

Mientras los emigrados y sus hijos florecían en tierras hermanas, se mantenía en Santo Domingo una desesperada lucha para salvar la tradición y la cultura hispánica. El aciago período que se inicia con el Tratado de Basilea en 1795; termina en 1808 con la reincorporación a España; pero, trastornada la metrópoli con la invasión napoleónica, apenas puede conceder atención a la colonia infeliz. El nuevo régimen recibió de los dominicanos el nombre popular de la España Boba.

La Universidad de Santo Tomás, cerrada durante los trastornos de comienzos del siglo XIX, se reorganiza en 1815 y dura ocho años. El primer arzobispo de la Sede Primada que fue nativo de Santo Domingo (las normas políticas de España habían cambiado), Pedro Valera y Jiménez 155 se había anticipado, estableciendo en su palacio cátedras de filosofía y de literatura; se dice que favoreció la restauración de la Universidad, a pesar del carácter laico que la institución tuvo ahora; reorganizó el Seminario Conciliar, de nueva vida efímera, como la Universidad.

La imprenta, después de la Constitución de Cádiz, funcionaba libremente y hasta con exceso, según la voz de la época. Pero los ánimos no estaban para obras literarias: el libro más importante que llegó a imprimirse allí fue probablemente el Tratado de Lógica (1814) de Andrés López de Medrano 156, natural de Santiago de los Caballeros.

Hombres principales de la época, que participaban en la vida intelectual: el arzobispo Valera, su colaborador el Dr. Tomás de Portes e Infante 157 , que sería luego el segundo arzobispo dominicano de la Sede Primada; Juan Sánchez Ramírez 158 , jefe del movimiento de reincorporación en 1808; Francisco Javier Caro, comisario regio, en 1810, representante de Santo Domingo en la Junta de Sevilla; en las Cortes, luego y, finalmente, ministro del Supremo Consejo de Indias y albacea testamentario de Fernando VII; José Joaquín Del Monte Maldonado 159 , fiscal de la Hacienda Pública; los sacerdotes José Gabriel Aybar 160 , deán de la Catedral, Elías Rodríguez 161 , Manuel González Regalado 162 y Bernardo Correa Cidrón 163 ; el Dr. José María Morillas,164 el Doctor José Núñez de Cáceres 165 , cuya inquieta personalidad sirvió de centro a las nuevas aspiraciones del país.

En 1821 salen los primeros periódicos: el Telégrafo Constitucional de Santo Domingo, en cuyo titulo se mezclan ilusiones de progreso e ideales de derecho; lo dirige el Doctor Antonio María Pineda, canario, catedrático de medicina en la Universidad; dura pocos meses. Núñez de Cáceres publicó antes El Duende, uno de esos periódicos satíricos, típicos de la era constitucional española en América. Quizá el primero de todos fue La Miscelánea 166 167 168 .

155 El arzobispo Valera nació en Santo Domingo en 1757; estudió en la Universidad de Santo Tomás; después de ser cura en la Catedral, emigró a La Habana durante la dominación francesa de Santo Domingo; regresó al país durante el gobierno de “la España boba” y se le designó arzobispo (consta que estaba electo desde 1812, por lo menos); cuando los haitianos invadieron a Santo Domingo en 1822, fue molestado por ellos, y al fin se trasladó a La Habana (1830), donde murio el 19 de marzo de 1833, en la epidemia de cólera (la epidemia que, al extenderse a Méjico, hizo víctima también a Jacobo de Vilaurrutia).

Consultar: José Gabriel García, biografía de Valera en Rasgos biográficos de dominicanos célebres, Santo Domingo, 1875; Utrera, Universidades. 399, 440, 443, 521 y 566; Nouel, Historia eclesiástica de la Arquidiócesis de Santo Domingo, tomo II, Tejera, Literatura dominicana, 24-33; Fray Remigio Cernadas, Oración fúnebre, La Habana, 1833; Manuel González Regalado. Elogio fúnebre (y. mfra, nota 8). 156 Andrés López de Medrano ¿seria pariente de los Del Monte y Medrano? Eran todos de Santiago de los Caballeros, como él. Fue rector de la Universidad de Santo Tomás en 1821. Su Tratado de Lógica se ha perdido.

Pero en Puerto Rico, adonde pasó a residir, se conservan sus Apodícticos de regocijo y sus Proloquios o Congratulación a los puertorriqueños, en elogio del futuro Conde de Torrepando. el Soneto en honor del obispo peruano Gutiérrez de Cos (1830) y una canción, con coro, en honor del gobernador Latorre (1831). Se conserva su Manifiesto sobre las elecciones de junio de 1820, impreso en Santo Domingo en ocho folios.

Consultar: Utrera, Universidades, 522 y 539; Juan Augusto Perea y Salvador Perea, Horacio en Puerto Rico, en la revista Indice, de San Juan de Puerto Rico, noviembre de 1930, II, pág. 317. 157 . El arzobispo Portes nació en Santiago de los Caballeros el 11 de diciembre de 1777, según Apolinar Tejera (pero, según el P. Utrera, en 1783); era pariente del Obispo Moreil de Santa Cruz y lejanamente, según parece, de los Heredia; estudió en la Universidad de Santo Domingo, en la de Caracas y en la de La Habana, donde recibió el grado de doctor; regresó a Santo Domingo bajo “la España boba” y fue racionero de la Catedral. Después de creada la República Dominicana (1844) fue electo arzobispo (1848). Murió el 7 de abril de 1858. Restableció, siendo arzobispo, el Seminario Conciliar.

Consultar: Utrera, Universidades, 526 y 540; Nouel, Historia eclesiástica de la Arquidiócesis de Santo Domingo, tomo II; Tejera, Literatura dominicana, 85. 158 Juan Sánchez Ramírez escribió el Diario de su campana de la reincorporación a España, 1808-1809: lo incluye Del Monte y Tejada en su Historia de Santo Domingo.

Consultar: José Gabriel García, biografía en Rasgos biográficos de dominicanos célebres.

159 El Licenciado José Joaquín Del Monte Maldonado nació en Santo Domingo en 1772; su padre, Antonio Del Monte y Heredia, era pariente cercano de los Heredia. Fue abogado; fiscal de la Real Hacienda bajo “la España boba”. En 1820, aplicando los nuevos principias constitucionales de España, cerró los conventos; los edificios, vacíos durante la ocupación haitiana (1822-1844), se arruinaron.

Consultar: Utrera, Universidades, 497, 520, 545, 547.

 160 El Dr. José Gabriel de Aybar fue deán de la Catedral muchos años, vicario general de la isla y rector de la Universidad en 1816-1817; murió en 1827. 161 El Dr. Elías Rodríguez, —cuyo segundo apellido, según el P. Utrera, era Ortiz, y no Valverde, como lo da José Gabriel García—, estudió en la Universidad de Santo Tomás durante su último periodo y se graduó de maestro en artes; no sé dónde se doctoró. Desde 1848, auxiliar del arzobispo Portes y rector del Seminario Conciliar: obispo auxiliar de Santo Domingo en 1856 y titular de Flaviópolis in partibus infidelium; murió en noviembre de 1856.

Consultar: Nouel, Historia eclesiástica de la Arquidiócesis de Santo !)o mingo. Utrera, Universidades, 526, 556. 162 El Dr. Manuel González Regalado y Muñoz (1793-1867) fue catedrático de latín en la Universidad de Santo Tomás. Durante cerca de cincuenta años (desde 1820) fue cura de Puerto Plata. Allí pronunció en 1833 la Oración fúnebre en honor dcl arzobispo Valera, que se imprimió en Santo Domingo en 1846.

Consultar: Tejera, Literatura dominicana, 24; Utrera, Universidades, 545, 547 y 555. 163 El Presbítero Dr. Bernardo Correa y Cidrón nació en la villa de San Carlos de Tenerife, hoy barrio de la ciudad de Santo Domingo, en 1756. Estudió en las dos Universidades, y en la de Santo Tomás recibió sus grados; fue su último rector en 1822-1823. Antes la había regido en 1819-1820. A fines del siglo XVIII había sido vicerrector del efímero Colegio de San Fernando. Como en 1807 había ocupado cargos bajo la administración francesa, en 1809 se trasladó a Francia y de allí pasó a España, donde el gobierno napoleónico lo nombró canónigo de Málaga; los españoles, después, lo encarcelaron y destituyeron. Regresó a Santo Domingo, y en 1820 aspiró a ser diputado a Cortes: su competidor, el Dr. Manuel Márquez Joyel, maestrescuela de la Catedral, publicó un folleto en que le dirigía fuertes censuras, y él contestó con Otro: Vindicación de la ciudadanía y apología de la conducta política del Doctor Don Bernardo Correa y Cidrón, Santo Domingo, 1820. Durante la ocupación haitiana se trasladó a Cuba y allí murió. Tuvo fama como orador. Muy adicto al arzobispo Valera, escribió una Apología de su conducta (en folleto, Santo Domingo, 1821).

Publicó además su Discurso. - en la solemne función del juramento de la Constitución de la monarquía española, prestado por la Nacional y Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino, Santo Domingo, 1820.

La Vindicación se reimprimió en la Revista Científica, de Santo Domingo, 1884.

Consultar: José Gabriel García, biografía en Rasgos biográficos de Dominicanos célebres; Del Monte y Tejada, Historia de Santo Domingo; Nouel, Historia eclesiástica de la Arquidiócesis de Santo Domingo, tomo II; Tejera, Literatura dominicana, 27-31 (menciona cartas de Correa que poseen los Sres. García Lluberes en Santo Domingo); Utrera, Universidades, 497, 498, 545 y 547. 164 El Dr. José María Morillas o Morilla nació en Santo Domingo en 1803; estudió en la Universidad ( v. Utrera, Universidades, 553); muy joven se trasladó a Cuba, y en La Habana se hizo abogado y fue catedrático de la Universidad.

Dejó unas Noticias sobre últimos años que pasó en Santo Domingo: las inserta Del Monte en su Historia de Santo Domingo. En La Habana publicó en 1847, Breve tratado de Derecbo Administrativo español, general del reino y especial de la Isla de Cuba; se reimprimió corregido en 1865. volvió a Santo Domingo en 1861, con motivo de la reanexión a España y tradujo y adaptó el Código Civil francés, que regía en Santo Domingo sin haberse vertido al español. 165 Está reconstituyéndose ahora la discutida figura de José Núñez de Cáceres, autor de la primera independencia de Santo Domingo: el fracaso de este intento ¿se debió a la precipitación con que se realizó, sin elementos para defenderse de la segura amenaza de la República de Haití, o la indiferencia de la Gran Colombia, y aun más directamente de Bolívar, después de haber estimulado el movimiento inicial? Eso es lo que sostiene Núñez de Cáceres ( v. Su carta a Carlos Soublette en agosto de 1822); eso, el motivo de su ira contra Bolívar.

Núñez de Cáceres había nacido en Santo Domino el 14 de marzo de 1772: sus padres, Francisco Núñez de Cáceres y María Albor. Caso con Juana de Mata Madrigal Cordero, dominicana; de este matrimonio nacieron tres hijos: Pedro (1800), “catedrático en artes” de la Universidad de Santo Tomás (1822); José (nacido en el Camagüey, 1802), senador en Méjico (1834), y Jerónimo. El padre había hecho sus estudios en la Universidad dominicana y se graduó de doctor en leyes. Trasladada la Audiencia de Santo Domingo al Camagüey, él se trasladó allí: según Manuel de la Cruz (Literatura cubana, Madrid, 1924, págs. 156-157), fue regente de la Audiencia y ejerció “honda influencia” en la educación del escritor y revolucionario cubano Gaspar Betancourt Cisneros, El Lugareño (1803-1866). Regresó a Santo Domingo, después de la reincorporación a España.

Ocupó altos puestos: auditor de guerra, asesor general, teniente de gobernador, oidor honorario (v. las Memorias de José Cruz Limardo, a quien se hace referencia luego). Primer rector de la Universidad restaurada, 1815-1816. En 1821 proclama la independencia de Santo Domingo. Después de la invasión haitiana (1822), emigra a Venezuela.

 (1823), donde intervino en política y fue al fin expulsado (¿1828?): se señaló como liberal en doctrina política y “libre pensador” en filosofía. Pasó a Méjico: vivió en Tamaulipas, donde su actuación pública mereció que el Congreso local lo declarara en 1833 benemérito del Estado y que a su muerte, en 1846, se grabara su nombre en letras de oro en el recinto legislativo y pronunciara allí su elogio el Dr. Luis Simón de Portes, dominicano (probablemente el que aparece como estudiante universitario en Santo Domingo en 1817, según y novelista ( v. Felipe Tejera, Perfiles venezolanos, y José E. Machado, El día histórico, Caracas, 1929). el P. Utrera, Universidades, 551: había nacido en Santiago de los Caballeros en 1795.

Núñez de Cáceres fue escritor activísimo. Su Oda A los vencedores de Palo Hincado (la batalla principal de la reincorporación), escrita en 1809, fue publicada en folleto, Santo Domingo, 1820 ( hay ejemplar en el Museo Nacional de Santo Domingo). Redactó El Duende, en 1821, donde publicó fábulas como El relámpago; en Caracas, El Cometa, 1824 (al cual se opuso El Astrónomo, redactado por el Dr. Cristóbal Mendoza, antiguo alumno de la Universidad de Santo Tomás), El Constitucional Caraqueño (1824-1825) y El Cometa Extraordinario (consta que aparecía en 1827). Se conservan manuscritas sus Memorias sobre Venezuela y Caracas: y. Manuel Segundo Sánchez, Bibliografía venezolanista, 250-251.

Nieto suyo fue José Maria Núñez de Cáceres, fecundo poeta venezolano, autor de los cien sonetos a Petrona (Los nuevos Petrarca y Laura, Caracas, 1874; además, Miscelánea poética, Caracas, 1882 ), orador, historiador Consultar: José Gabriel García, Compendio de la historía de Santo Domingo, tercera edición, en tres yola., Santo Domingo, 1893-1900 (v. el tomo II).

En la revista Clío, órgano de la Academia Dominicana de la Historia, desde su primer año (1933) vienen publicándose trabajos y documentos relativos a Núñez de Cace-res: interesan especialmente (1933, I, 101-103) su carta a Carlos Soublette, vicepresidente de la Gran Colombia, fecha en Santo Domingo el 6 de agosto de 1822 (se había publicado en la revista Cultura Venezolana, de Caracas, 1922, núm. 42, págs. 87-93); el artículo del Dr. D. Federico Henríquez y Carvajal sobre el acta de nacimiento de 1772, rechazando la del homónimo de 1768 (1934, II, 75-76); los documentos encontrados en Méjico por D. Rafael Matos Díaz (1934, II, 131-132 y 180-181).

En la revista Analectas, de Santo Domingo, 1934, hay también materiales relativos a Núñez de Cáceres: trabajos de D. Emilio Rodríguez Demorizi, extractos de obras de los venezolanos Andrés Level de Goda y Juan Vicente González, el gran prosador católico. D. Eduardo Matos Díaz publica la fábula El camello y el dromedario (1 de junio de 1934).

Finalmente: Emilio Rodríguez Demorizi, La familia Núñez de Cáceres, Apuntes genealógicos, en el diario La Opinión, de Santo Domingo, 23 de julio de 1934. 166 El gobernador de Santo Domingo, durante los años de 1812 a 1816, fue el militar habanero Carlos de Urrutia y Matos (1750-1825): v. en las notas finales de este trabajo, la indicación del diálogo satírico sobre su gobierno. Antes había sido gobernador intendente de Veracruz y escribió, en colaboración con el granadino Fabián Fonseca (m. 1813) y con auxilio de Joaquín Maniau Torquemada y José Ignacio Sierra, la Historia general de la Real Hacienda de México, publicada en seis vols., Méjico, 1845. Después se le nombró capitán general y presidente de la Audiencia de Guatemala, donde lo encontró la declaración de independencia (septiembre de 1821) y estuvo preso; logró al fin volver a La Habana, donde pasó sus últimos días.

167 Sobre los primeros periódicos, consultar: Manuel A. Amiama, El periodismo en la Republica Dominicana, Santo Domingo, 1933, págs. 11-15 (sobre El Telégrafo Constitucional) y Leonidas García Lluberes, Los primeros impresos y el primer periódico de Santo Domingo, en el Listín Diario, de Santo Domingo, 28 de agosto de 1933: cita el artículo de Castulo —Nicolás Ureña de Mendoza— sobre la Historia de “El Duende “, publicado en el periódico El Progreso, de Santo Domingo, julio de 1853. 168 En los fragmentos que D. Emilio Rodríguez Demorizi publicó en Analectas, de Santo Domingo, 24 de marzo de 1934, de las Memorias del venezolano José Cruz Limardo, escritas en Venezuela en 1841, hay referencias a diversos personajes dominicanos durante la época de 1815 a 1822, que él pasó en Santo Domingo: Núñez de Cáceres; Andrés López de Medrano, el Dr. Aybar, el Dr. Correa, el P. Tomás de Portes, José María Rojas, Luis Simón de Portes, Manuel de Monteverde, Antonio María Pineda, el Dr. José María Caminero, cubano (1782-1852), que casó con una prima del poeta Heredia y fue ministro de gobierno en la República Dominicana, y el P. Pablo Amézquita, que había residido en Valencia de Venezuela de 1810 a 1815: después fue cura del Santo Cerro, cerca de La Vega, y escribió una memoria sobre la cruz plantada allí por Colón (v. Tejera, Literatura dominicana, 58-59).

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