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VI.
RELIGIOSOS Fuera de los prelados, y de
los religiosos residentes en conventos, hubo en Santo Domingo gran número
de hombres de iglesia aficionados a escribir. Uno de los tres frailes jerónimos a quienes el
Cardenal Jiménez de Cisneros encomendó en 1516 el gobierno de las
Indias, FRAY ALONSO DE SANTO DOMINGO 49 ,
el compañero de Fray Luis de Figueroa o de Sevilla y de Fray
Bernardino de Manzanedo o de Coria, habla tomado “a su cargo hazer
alguna memoria de los frayles de su casa” en España, según
noticia del grande escritor Fray José de Sigüenza, quien hizo uso
de sus datos. En
aquellos tiempos de inquietud estuvo en la isla (1512) el P. Carlos
de Aragón 50
, acaso pariente de reyes,
doctor en teología por la Universidad de París, predicador
ruidoso, que atraía grandes auditorios. Sus aficiones a la novedad,
sus arrogancias antiescolásticas, como aquella de “Perdone Santo
Tomás, que no supo lo que dijo”, lo hicieron caer en manos de la
Inquisición de España, donde se le condenó a reclusión perpetua 51
. Después hay que anotar la visita de Micael de
Carvajal 52
, el buen poeta de la Tragedia Josefina y del auto de Las
cortes de la muerte; cuyo
final compuso Luis Hurtado de Toledo; Cristóbal de Molina 53
, el probable autor de la dramática
Conquista y población del Perú;
Fray Martín Ignacio de Loyola 54, franciscano, que en su Itinerario,
leído en toda Europa a fines
del siglo XVI, describe brevemente la isla (las cosas
en que se detiene son el cazabe, los tiburones y la historia del
cacique Hatuey)55
; Bernabé Cobo 56
, cuya Historia del Nuevo Mundo contiene valiosas descripciones de multitud de
animales, plantas y minerales; el P. José de Acosta 57 , el mejor de los naturalistas españoles que en el
siglo XVI describieron la fauna y la flora del Nuevo Mundo, y Juan
de Castellanos 58
. No sabemos cuándo estuvo en
Santo Domingo el incansable .autor de las Elegías
de varones ilustres de Indias, el más
largo poema de nuestro idioma y uno de los menos poéticos, pero de
los más animados como narración; a la historia de la isla dedica
las cinco primeras elegías de la primera Parte del poema, y se ve
que conocía bien la ciudad capi-tal, porque la describe con rasgos
de impresión personal (Elegía v. canto 1): Hiciéronse las casas con
estremos En el siglo XVII hace larga
visita a Santo Domingo el gran poeta hispano-mejicano Bernardo de
Valbuena”, de quien juzga Menéndez y Pelayo que “hasta por las
cualidades más características de su estilo es en rigor el primer
poeta genuinamente americano, el primero en quien se siente la
exuberante y desatada fecundidad genial de aquella pródiga
naturaleza”. Quintana dice que su poesía, “semejante al Nuevo
Mundo, donde el autor vivía, es un país inmenso y dilatado, tan
feraz como inculto, donde las espinas se hallan confundidas con las
flores, los tesoros con la escasez, los páramos y pantanos con los
montes y selvas más sublimes y frondosas”. Estas identificaciones
de Valbuena con el paisaje y la vida de América resultan curiosas,
si se piensa que el poeta se educó en la altiplanicie mejicana,
donde la altura atenúa y suaviza el esplendor torrencial del trópico,
y en ciudad muy pulida, como siempre lo ha sido Méjico, cuyo tono
de discreción y mesura se reflejaba en el teatro de Ruiz de Alarcón.
De todos modos, Valbuena 59
representa en la literatura
española una manera nueva e independiente de barroquismo, la porción de América en el momento
central de la espléndida poesía barroca, cuando florecían Góngora
y Carrillo Sotomayor, de Córdoba, Rioja en Sevilla, Pedro Espinosa
y su grupo de las Flores de poetas ilustres en Antequera y Granada, Ledesma y Quevedo en
Castilla. Su barroquismo no es complicación de conceptos, como en
los castellanos, ni complicación de imágenes, como en los
andaluces, de Córdoba y Sevilla, sino profusión de adorno, con
estructura clara del concepto y la imagen, como en los altares
barrocos de las iglesias de Méjico: aquí sí existe curiosa
coincidencia. Su imaginación inventa poco y se contenta con manejar
los materiales que le da el estilo poético español de su tiempo,
con sus tradiciones latinas e italianas; pero cuando inventa no es
inferior a ninguna: los “hombros de cristal y hielo” del mar,
“las olas y avenidas de las cosas”, el alazán “hecho de fuego
en la color y el brío”, el doncel “de alegres ojos y de vista
brava”; o la estupenda descripción de la salida del sol sobre el
mar: “Tiembla la luz sobre el cristal sombrío”; o la del cisne
que corre y se aleja sobre el agua y “al suave son de su cantar se
pierde”60
,
61 A fines del siglo XVII, reside en Santo Domingo el
predicador y poeta mejicano Diego González 62 : en el siglo XVIII, el docto teólogo franciscano
Fray Agustín de Quevedo Villegas 63 , pariente de Quevedo el grande, y los elocuentes
predicadores cubanos Francisco Javier Conde y Oquendo 64
, que gozó de fama en España
y Méjico, y José Policarpo Sanmé(17), cuyo sermón de la
nube, en nuestra Catedral, se comentó
largamente.
47
Fray Ignacio de Padilla y Estrada nació en Méjico, 1696, y murió
en Yucatán, 1761; su padre había nacido en Santo Domingo: su
abuelo, el célebre oidor Juan de Padilla Guardiola. Gran impulsor
de la instrucción. 48
Portillo y Torres (1728-1803) estuvo en Santo Domingo de 1789-1798;
se le trasladó a Bogotá como arzobispo. Se conoce de él la Oración
fúnebre.., en las honras... procuradas y presenciadas por el Exmo.
Señor Teniente General D. Gabriel de Aristizábal, comandante de la
Real Escuadra, surta en la próxima Bahía de Ocoa, y nombrado por
SM. para evacuar en ella la recién cedida Isla Española y
transportar sus pueblos y habitantes a la Isla de Cuba, que se
celebraron el día 21 de diciembre de 1795, por el Almirante D.
Cristóbal Colón, con motivo de la traslación de sus restos (proximidad
de Ocoa), parecería que fue en Santo Domingo. Se ha reimpreso en el
Boletín
de la Academia de la Historia, Madrid,
XIV, 399 ss. 49
Sobre Fray Alonso de Santo Domingo, consultar: Fray José de Sigüenza
(c. 1544-1606), Historia
de la Orden de San Jerónimo, dos
vols. , Madrid, 1907-1909 (Nueva
Biblioteca de Autores Españoles, VIII
y XII), Parte II(es la Segunda Parte de la Historia,
pero
la tercera de la obra completa, que comienza con la Vida
de San Jerónimo), libro
1, caps. 25 y 26, donde habla de los frailes jerónimos en Santo
Domingo, y libro II, cap. 3, donde da breve biografía particular de
Fray Alonso, cuyo cargo en España era el de prior del convento de
San Juan de Ortega. 50 Sobre el P. Carlos de Aragón, consúltese Las Casas, Historia de las Indias, libro III, cap. 35. De Las Casas procede todo lo que dicen Herrera en sus Décadas, Nouel en su Historia Eclesiástica, Medina en su Primitiva Inquisición americana. He tocado el tema en mi artículo Erasmistas en el Nuevo Mundo, publicado en el diario La Nación, de Buenos Aires, 8 de diciembre de 1935. Allí se indica que el Fray Diego de Victoria perseguidor del P. Aragón, a quien Las casas menciona como hermano del gran teólogo y jurista Fray Francisco de Victoria, es Fray Pedro, el enemigo de los erasmistas. No es probable que el P. Aragón fuese erasmista: la fecha de 1512 resulta demasiado temprana para el erasmismo español; Las Casas no explica en qué consistían sus rasgos de heterodoxia: sólo dice que tenían reverencia por su maestro “el Doctor Ioannes Maioris”, el filósofo escocés John Mair (1469-1 547), a quien probablemente oyó en París, y que afirmaba, “en ciertas materias, no ser pecado mortal lo que lo era”. 51 El Sr. Trelles menciona como autor de “Relaciones históricas de América” al bachiller Álvaro de Castro, deán de la iglesia de la Concepción de La Vega, después vicario e inquisidor para la isla. Sólo conozco de él la Relación o carta, dirigida al Emperador, conjuntamente con el oidor Lucas Vázquez de Ayllón, de 1522 ó 1523 (colección de documentos.., del Archivo de Indias, XXXIV, 111 ss.). 52
Micael o Miguel de Carvajal estaba en Santo Domingo en 1534: para
entonces ya había escrito o estaría escribiendo la Tragedia
Josefina, que
se imprimió en 1535, una de las grandes obras del teatro español Antenor
a Lope de Vega. Era —salvo que la identificación falle— natural
de Plasencia, donde debió de nacer hacia 1490; su tío Hernando de
Carvajal le confiere, en Santo Domingo, en documento de 14 de
octubre de 1534, el patronazgo de la capellanía que había
instituido en 1528, para la iglesia de San Martín, en Plasencia.
Miguel no tomó posesión hasta 1544: v. Narciso Alonso Cortés, Miguel
de Carvajal, en
la Hispanic
Review, de
la Universidad de Pensilvania, Filadelfia, 1933, I, 141-148.
Hernando de Carvajal es el hidalgo plasentino que fue en Santo
Domingo teniente del gobernador designado por Diego Colón; su hijo,
nacido allí, a quien se le llamaba Don
Fernando, fue
catedrático de la Universidad de Gorjón: y.
Utrera,
Universidades,
82,
94, 514 y 527. 53
A Cristóbal de Molina (1494-c. 1578) se le llama el
de Santiago o el almagrista para
distinguirlo de su contemporáneo el del Cuzco. La obra que le
atribuye José Toribio Medina, Conquista
y población del Perú, se
publicó en Santiago de Chile, 1873, con introducción de Diego
Barros Arana, como parte de la Colección
de documentos inéditos relativos a la historia de América, anexa
al periódico Sud
América. 54
El Itinerario
del Padre Custodio, Fray Martín Ignacio, o Itinerario del Nuevo
Mundo, en
la forma actual en que lo poseemos fue redactado en parte por el célebre
agustino Fray Juan González de Mendoza (1545-1618), que en sus
muchas andanzas debió de tocar también en Santo Domingo. “Mi
intención —dice el P. Mendoza— es decir por vía de itinerario
lo que el dicho Padre Custodio, Fray Martín Ignacio me comunicó de
palabra y escrito había visto y entendido en la vuelta que dio al
mundo, y otras (cosas) que yo mesmo en algunas partes del he
experimentado". Fray
Martín Ignacio es uno de los “religiosos descalzos de la Orden de
Sant Francisco que lo anduvieron todo (el Nuevo Mundo) el año de
1584”. El Itinerario
constituye,
con portada especial, el libro III de la Segunda Parte de la Historia
de las cosas más notables, ritos y costumbres del gran reino de la
China, que
el P. González de Mendoza formó con materiales propios y ajenos y
que tuvo extraordinaria difusión —más de cuarenta ediciones—
en los siglos XVI y XVII, pero olvidada en nuestros días. Se
imprimió en Roma, 1585 (el Itinerario
ocupa
las págs. 341- 440); se reimprimió, siempre con el itinerario,
en
Valencia, 1585; en Madrid, 1586; en Barcelona, 1586; en Zaragoza,
1588; en Medina del Campo, 1595; en Amberes, 1596. Fue traducida al
italiano por Francesco Avanzo, Roma, 1586 (dos ediciones), Génova
1586 y 1587; Venecia, 1586, 1587, 1588, 1590 y 1608 ;extractada por
Giuseppe Rosario, en Bolonia, hacia 1589, con reimpresiones de
Florencia, 1589, y Ferrara, 1589 (dos ediciones) y 1600. Del
italiano al alemán, Francfort del Meno, 1589; Leipzig, 1597; Halle,
1598. Según Nicolás Antonio, hay otra versión alemana de
Francfort, 1585. Del alemán al latín, por Mark Henning, Francfort,
1589; Amberes, 1595; Francfort, 1589; Maguncia, 1600, reimpresa en
1665 y 1674. Otra traducción latina, de loachimus Brulius, directa
del español, Amberes, 1655. Del latín al francés, sin lugar,
1606; Ginebra, 1606; Lion, 1608; Ruan, 1618. Del español al inglés,
por R. Parke, Londres, 1588; reimpresa en dos vols. , por la Hakluyt
Society, Londres, 1853-54. 55
Hubo de visitar la isla en el siglo XVI Fray Pedro de Aguado, autor
de la Historia
de Venezuela (1581),
dos vols., Caracas, 1915, y de la Historia
de Santa Marta y Nuevo Reino de Granada, dos
vols. , con notas de Jerónimo Bécker, Madrid, 1916. 56
El P. Bernabé Cobo, jesuita, dice en el prólogo de su Historia
del Nuevo Mundo, escrito
en 1653: “y así, habiendo llegado yo a la Isla Española el... año
de 96 (1596) a los noventa y nueve años de la fundación de la...
ciudad de Santo Domingo (en realidad, a los cien años justos), bien
se verifica que entré en estas Indias en el primer siglo de su
población”. Al Perú llegó probablemente en 1600, “a los
sesenta y ocho años de su conquista”: es de suponer que la cuenta
como realizada en 1532. Su Historia
se
publicó en cuatro vols., Sevilla, 1890, 1895, bajo el cuidado del
eminente americanista Marcos Jiménez de la Espada. Escribió además
una Historia
Peruana, 1880;
el Sr. Levillier señala otra edición de Lima, 1882 (¿o es tirada
aparte de la publicación hecha en la revista?). 57
Visitó la isla, probablemente poco después de 1571, año en que
salió de España hacia América, el jesuita José de Acosta (1539-1
599), autor de la famosa Historia
natural y
moral
de las Indias, publicada
en latín en 1589 (De
natura Noui Orbis...) y
en español en 1590. Edición moderna: dos vols., Madrid, 1894. En
uno de sus escritos menores, la Historia,
de
Madrid, 1899, XXXV, 226-257), cuenta las andanzas de Bartolomé
Lorenzo, de 1562 a 1571, por Santo Domingo y otras partes de América. 58
La Pnmera Parte de las Elegías
de varones ilustres de Indias, de
Juan de Castellanos (1522-c. 1607), se imprimió en Madrid, 1589.
Las Partes I, II y III salieron juntas en Madrid, 1847 (Biblioteca
de Autores Españoles, IV).
La Parte IV se publicó, bajo el titulo de Historia
del Nuevo Reino de Granada, con
prólogo de Antonio Paz y Melia, en dos vols., Madrid, 1886-1887 (Colección
de Escritores Castellanos, XLIV
y XLIX). Posteriormente, D. Angel González Palencia ha publicado
(Madrid, 1921) el Discurso
del Capitán Francisco Drake, que
pertenecía a la Tercera Parte y había sido suprimido: describe la
expedición inglesa contra Santo Domingo y Cartagena. Hay nueva
edición de la obra completa: Obras,
con
prólogo del Dr. Caracciolo Parra, dos vols. , Caracas, 1932.
Castellanos dice que estuvo en Santo Domingo, por lo menos al hablar
de Ampíes (Elegías,
183). 59
Valbuena (c. 1562-1627), que escribía su nombre Balbuena,
nació
en Valdepeñas; se educó en Méjico, donde fue llevado en la
infancia (probablemente desde los tres años de edad: aun se ha creído
que naciera allí; de todos modos, su padre había estado en Méjico
antes de nacer él y estaba de nuevo en España en 1564); ya adulto,
estuvo en Europa, durante poco tiempo; pasó sus últimos veinte años,
o poco menos, en las Antillas: en 1608 se le nombró abad
de Jamaica, “en cuyas soledades estuvo como encantado”, y en
agosto de 1619, obispo de Puerto Rico. Apolinar Tejera, Literatura
dominicana, 45-52,
habla de su presencia en el Concilio Provincial celebrado en Santo
Domingo en 1622-1623. El Concilio se abrió el 21 de septiembre de
1622; consta que en 23 de octubre Valbuena bautizó a una hija del
alcaide Juan de la Parra; en 4 de febrero de 1623 firmó con el
arzobispo de Santo Domingo Fray Pedro de Oviedo, el obispo de
Venezuela y los representantes del obispo de Cuba y del abad de
Jamaica, los documentos relativos a la terminación del Concilio,
cuyo texto tradujo del español al latín. Pero, además, el
profesor John Van Horne, en Documentos
del Archivo de Indias referentes a Bernardo de Valbuena, Madrid,
1930, da noticia de que Valbuena había llegado de Cuba a Santo
Domingo, quizás sin ir todavía a Puerto Rico, a fines de 1621 o en
enero de 1622. No sabemos si entre el mes de enero de 1622 y el mes
de septiembre, en que comenzó el Concilio, Valbuena estuvo en
Puerto Rico. Según Alcedo, no tomó posesión de su obispado hasta
fines de 1623. Las
obras de Valbuena, a pesar de su calidad excepcional, tienen pocas
ediciones. El poemita descriptivo en ocho cantos La
grandeza mexicana, con
obras breves en prosa y verso, —una de ellas el Compendio
apologético en alabanza de la poesía—, se
publicó en Méjico, 1604; la Sociedad de Bibliófilos Mejicanos ha
reproducido facsimilarmente la edición príncipe en Méjico, 1927.
La novela pastoril Siglo
de Oro en las selvas de Erífile se
publicó en Madrid, 1607 (no 1608); el vasto poema caballeresco El
Bernardo o Victoria de Roncesvalles, en
Madrid, 1624. La Academia Española reimprimió Siglo
de oro... , en
1821, con La
grandeza mexicana; el
pocmita, sólo se reimprimió también en Nueva York, 1828, Madrid,
1829 (nueva portada en 1837), y Méjico. El
Bernardo se
reimprímió en tres vols. , Madrid, 1807, y en la Biblioteca
de Autores Españoles, XVII,
Madrid, 1851, colección de Poemas
épicos: hay,
además, tirada aparte como edición suelta. Estudian
a Valbuena: Quintana, en el prólogo y notas de su colección de Poesías
selectas castellanas, Madrid
1807, refundida en 1830-1833 y reimpresa después con el título de Tesoro
del Parnaso español, y
en el discurso preliminar de La
musa épica, Madrid,
1830; Manuel Fernández Juncos, Don
Bernardo de Valbuena, San
Juan de Puerto Rico, 1884; M. Menéndez y Pelayo, Historia
de la poesía hispano-americana, I,
págs. 51-62 y 331-333, y Estudios
sobre el teatro de Lope de Vega, III,
156-162 y VI, 299-301; José Toribio Medina, Escritores
hispanoamericanos celebrados por Lope de Vega en el “Laurel de
Apolo”, Santiago
de Chile, 1924 (v.
págs.
49- 80); John Van Horne, “El
Bernardo” of Bernardo de Valbuena, Urbana,
1927 (Universidad de Illinois), y El
nacimiento de Bernardo de Valbuena, en
la Revista
de Filología Española, de
Madrid, 1933, XX, 160-168. Entre
las obras que Valbuena perdió, según noticias, en el asalto de los
holandeses a Puerto Rico en 1625, había una Descripción, en verso,
de aquella isla (si no es error de Alcedo, pensando en La
granndeza mexicana). Las
referencias al Nuevo Mundo abundan en El
Bernardo, generalmente
en forma de profecías: v. en el tomo XVII de la Biblioteca
de Autores Españoles, las
págs. 143, 154, 315, 331-332, 336-337, 339-340, 344. Valbuena se
menciona a sí mismo, no sólo en la pág. 156, a propósito del
nombre Bernardo,
sino
también en la 332, dice del volcán mejicano de Jala que “ahora
con su roja luz visible de clara antorcha sirve a lo que escribo”,
y en la pág. 340, canto XIX, donde dice que “el sacro pastoral báculo
espera” al autor en Jamaica,
rimando
con rica
y multiplica (de
igual modo acentúa Juan de Castellanos, Elegías,
pág.
42): ¿habrá pasado Valbuena de Méjico a Jamaica entre el canto
XVIII y el XIX, o la proximidad del volcán de Jala será fantasía?
El dice en su prólogo haber terminado el poema cerca de veinte años
antes de 1624, de modo que la referencia a Jamaica pudo agregarla en
los retoques. 60 En 1613 estuvo en Santo Domingo el historiador Fray Pedro Simón. Nacido en 1574, en La Parrilla, de Cuenca, llegó a Nueva Granada en 1604 y escribió Noticias historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales, cuya primera parte se publicó en Cuenca, 1626, y se reprodujo en Bogotá, 1882, completándose con cuatro nuevos tomos en Bogotá, 1891-1892; una parte se ha traducido al inglés, The expedition of Pedro de Ursúa and Lope de Aguirre, Hakluyt Society, Londres, 1861. Se le considera el mejor historiador para la Nueva Granada del siglo XVI. 61
A principios del siglo XVII, estuvo en Santo Domingo, como familiar
del arzobispo Oviedo, el P. Juan Bautista Maroto, Bernardo; predicó
y enseñó. 62 . Según D. Humberto Tejera, Cultores y forjadores de México, Méjico, 1929, el P. Diego González pasó como “Visitador General a la Provincia de Santo Domingo o Isla Española de entonces”. ¿Sería fraile dominico y visitador de su Orden? Había nacido antes de 1620 y murió en 1696. Se estrenó “como poeta durante el tiempo de sus estudios escolásticos y descolló como orador religioso... De Santo Domingo pasó a España y regresó a Méjico, donde publicó algunas obras eruditas y el Itinerario de su viaje”. ¿Se referirá a él el Memorial impreso en Madrid, s.a. (siglo XVII), sobre la remisión a España de Fray Diego González, provincial de los dominicos en Méjico, en 1658? 63
El Doctor Fray Agustín de Quevedo Villegas, probablemente
venezolano —en Venezuela estudió y fue lector y definidor de su
provincia franciscana—, pertenecía a la rama americana de la
familia del gran escritor español, a la cual perteneció en el
siglo XIX el poeta José Heriberto García de Quevedo. En Santo
Domingo no sabemos si viviría en el convento franciscano: fue
examinador sinodal del arzobispado. Escribió Opera
theologica super Lib. ¡ Sententiarum iuxta puriorem mentem Subtilis
Doctoris loannis Scoti, en
dos vols. , Sevilla, 1752-1753. 64
El Doctor Francisco Javier Conde y Oquendo (1733-1799), habanero,
además de sacerdote era abogado de las Audiencias de Santo Domingo
y Méjico; en 1775 se trasladó a España; después pasó a Méjico,
donde murió (en Puebla). Sus obras impresas son: el Sermón
u Oración genetliaca, en
La Habana, al nacimiento del Infante Claudio Clemente, Madrid, 1772;
Elogio
de Felipe V, premiado
por la Academia Española, Madrid, 1779 (hay tres ediciones); Oración
fúnebre en
unas exequias militares, Méjico, 1787; Oratio
in exequiis Serenissime Regis Caroli III, México,
1789; Disertación
histórica sobre la aparición de la imagen... de Guadalupe, dos
vols, Méjico, 1852- 1853. Escribía versos. Dejó manuscritos inéditos,
entre ellos uno que seria interesante descubrir: Disertación
histórica crítica sobre la oratoria española y americana.
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