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VII.
SEGLARES
Entre los hombres de acción que estuvieron en
Santo Domingo durante la media centuria que siguió al Descubrimiento, no pocos tomaban la
pluma, siquiera fuese para redactar informaciones sobre cosas y casos de América: así,
el tesorero Miguel de Pasamonte 65 , el oidor Lucas Vázquez de Ayllón 66 , el honesto juez Alonso de Zuazo 67
, el gobernador Rodrigo de Figueroa
68 , el secretario
Diego Caballero de la Rosa 69 ,
mariscal después 70 ,
71
el explorador y geógrafo Martín Fernández de Enciso 72
, y, superior a todos por la
magnitud de su obra escrita, Gonzalo
Fernández de Oviedo 73 ,
cuya Historia General y natural
de las Indias constituye, con los dos grandes libros de Las Casas, la fuente
principal para el conocimiento de los primeros treinta años de España en América. Tenía Oviedo
grande afición a las letras, y escribió muchos versos y hasta una novela de caballería. No eran
grandes sus dones de escritor ni su cultura literaria: es mucho menos cuidadoso que Las Casas
en la forma; Las Casas, además, es a ratos elocuente en la indignación, pintoresco y hasta
humorista en sus descripciones de tipos y caracteres. En la obra histórica y descriptiva de
Oviedo se amontonan hechos y datos de toda especie, cuyo interés supo descubrir. No describe
la fauna y la flora del Nuevo Mundo mejor que .Las Casas, pero le tocó la
fortuna de ser leído antes y de “fundar la historia natural de América”,
según frase de Menéndez y Pelayo. Y en la parte
histórica de su obra, ingenuidad misma con que acumula sucesos y casos hace de sus páginas
vivaces cuadros de la vida cotidiana de conquistadores y colonizadores.
Entre los oidores de la Real Audiencia figuraron
escritores(74) además
de los obispos Fuenleal y Fuenmayor, que la presidieron, y de
Zuazo, Vázquez de Ayllón y Fray Tomás de San Martín, debe recordarse, en el siglo XVI, al
Licenciado Juan de Echagoyan 75 ,
76
, al Doctor Alonso de Zorita 77 , al Doctor Eugenio de Salazar de Alarcón 78
y al Doctor Pedro Sanz Morquecho
79
, 80 ; en el siglo XVII, a Juan Francisco de Montemayor
y Cuenca 81
,Jerónimo
Chacón Abarca 82 , Diego Antonio de Oviedo y Baños 83
, Femando Araujo y Ribera; en
el siglo
XVIII, el insigne mejicano Francisco Javier Gamboa 84
.
De Echagoyan conocemos la extensa y útil Relación de la Isla Española,
dirigida a Felipe
II en 1568; Sanz Morquecho, Montemayor, Chacón,
Oviedo Baños y Gamboa escribieron
extensamente sobre cuestiones jurídicas;
Montemayor, además, sobre temas de religión. Zorita es
historiador estimable, que tuvo mirada curiosa para
la vida y las costumbres de los indígenas en
Méjico e hizo el primer catálogo de escritores
—hasta treinta y seis— sobre cosas de América.
Salazar es buen poeta y prosista ingenioso, figura
menor pero muy interesante en la literatura
española de su tiempo. Escribió un
Canto en loor de la muy leal,
noble y lustrosa gente de la
ciudad de Santo Domingo
(“De España a la Española...”) y muchos
versos referentes a personas
y sucesos de la isla, como el caso del astrólogo
dominicano Castaño, que “quiso pasar a la Isla de
Cuba en un navío cargado de mercaderías suyas, y
en el viaje encontró un corsario francés que le
tomó a él y al navío y a lo que llevaba”. Su
viaje desde España y su llegada a Santo Domingo los
describe en ingeniosa carta al Licenciado Miranda
de Ron (1573).
En funciones públicas, o como particulares,
residentes o de paso, hallamos todavía en el
siglo XVI muchos aficionados a las letras. El más
conocido de todos es Lázaro Bejarano
85 ,
.andaluz
de Sevilla, donde perteneció al círculo de poetas en que figuró
Gutierre de Cetina. En
América fue señor de las Islas de Curazao, Aruba
y Bonaire: el señorío lo había heredado su
mujer, Doña Beatriz, hija del benemérito aragonés
Juan de Ampíes, sucesivamente veedor, factor
(1511) y regidor en Santo Domingo, fundador de Coro
en Venezuela, a quien se dieron en
encomienda aquellas “Islas de los Gigantes”;
pero, “de tantas soledades descontento”, volvió a
residir en Santo Domingo, delegando las funciones
de gobierno de sus ínsulas. En 1558 se le
acusó de herejía, en complicidad con el escritor
mercedario Fray Diego Ramírez; la sentencia fue
benigna: se le hizo abjurar de tres proposiciones
erróneas y se le condenó a no leer otro libro que
la Biblia, regla que de seguro no cumplió. Era, en
realidad, erasmista: “dijo que San Pablo no se
entendió hasta que vino Erasmo y escribió”;
“que la Sagrada Escriptura debe de andar en
romance para que todos la lean y entiendan, ansi
inorantes como sabios, el pastor y la vejecita”;
“que para entender la Sagrada Escriptura no se
curen de ver doctores ni seguir expositores, sino
que lean el texto, que Dios les alumbrará la
verdad”; condenaba “la teología escolástica,
haciendo burla della y de sus doctores”;
censuraba los malos sermones y las prácticas
supersticiosas.
Tuvo mucha fama en América: de él hablan con
elogio Oviedo, los Oidores Echagoyan y
Zorita, Juan de Castellanos, el médico Méndez
Nieto; pero sus escritos en prosa se han perdido
y de sus poesías se conoce muy poco: unas cuantas
de asunto religioso escritas para certámenes
de Sevilla y versos satíricos escritos en Santo
Domingo, —tres epigramas y dos quintillas del
Purgatorio de amor, sátira sobre el carácter y las costumbres de los
principales personajes de la
ciudad. De los informes de sus contemporáneos se
infiere que fue hombre de bien y gobernante
justo para sus indios, buen escritor en prosa y
poeta ingenioso. En su
Diálogo
apologético contra
Juan Ginés de Sepúlveda apoyaría, de seguro, las
tesis del P. Las Casas: ¡grande hazaña en
quien fue señor de indios!
Amigo y admirador de Bejarano fue el Licenciado
Juan Méndez Nieto 86 , que ejerció
de
médico durante unos ocho años en Santo Domingo:
escribió dos libros sobre asuntos de su
profesión; uno de ellos,
Discursos
medicinales, escrito en prosa
desenfadada, lleva digresiones
de toda especie, con noticias curiosas, y hasta
malos versos del autor. No debían de ser peores los
del alguacil mayor Luis de Angulo (c. 1530-1560), a
quien Méndez Nieto describe como hombre
perverso y perverso versificador, que compuso un
elogio de las damas de la ciudad, en octavas
reales, imitando el
Canto
de Orfeo inserto en la Diana de Jorge de Montemayor.
Juan de Castellanos cita, entre los españoles de
Santo Domingo aficionados a escribir
versos, a Villasirga y al “desdichado Don Lorenzo
Laso”87, junto al “doto Bejarano”.
Nada
sabemos de ellos.
Como meros visitantes estuvieron en la isla el
milanés Girolamo Benzoni 88 ,
cuya Historia
del
Mondo Nuovo gozó de boga europea, y “el
caballero desbaratado” Alonso Henríquez de
Guzmán 89 ,
cuya autobiografía sabe a novela picaresca en su primera parte,
pero en su narración
de sucesos del Perú pertenece a la más genuina
historia de la conquista 90 ,
91.
En el siglo XVII figuran el jurisconsulto toledano
Juan Vela 92 , en cuya Política real y
sagrada
se advierte influencia de la Política de Dios, de Quevedo, y el médico sevillano
Fernando Díez de Leiva
93 , autor de unos Anti-axiomas
morales, médicos, filosóficos y políticos,
donde impugna sesenta refranes y apotegmas, como
“haz bien y no cates a quién”, “Motus est
causa caloris”, “Buena orina y buen color, dos
higas para el doctor”, “Nescit regnare qui nescit
dissimulare”. Anticipa la actitud de Feijoo. El
libro comenta los temas en prosa y en verso.
Españoles eran, probablemente, el contador real
Diego Núñez de Peralta 94 ,
que hacia 1642
escribió un Epítome
de los ochenta libros de la “Historia de las Indias” de Antonio
de Herrera,
y Gabriel Navarro de Campos 95
, 96 autor
de un Discurso sobre la
fortificación y
defensa de la
ciudad de Santo Domingo,
dirigido al enérgico gobernador Bernardino de
Meneses Bracamonte,
Conde de Peñalba, “el Conde” por excelencia
para los dominicanos, jefe de la lucha contra la
escuadra inglesa que Cromwell envió contra Santo
Domingo, bajo el mando de Penn y Venables,
en 1655
97 , 98 ,
99
.
En el siglo XVIII hay menos
nombres: el médico catalán Francisco Pujol 100 , autor de una
Disertación sobre el uso de
los cordiales y una Respuesta
a un amigo y avisos para todos,
dedicadas al conocido escritor limeño Eusebio
Llano de Zapata, y de la Carta
a la Universidad
de Santo Tomás, donde recibió el título de
doctor, sobre la enseñanza de la medicina; el
venezolano Juan Ignacio Rendón
101
, poeta latino y orador
forense; el ilustre jurisconsulto y
economista cubano Francisco de Arango y Parreño 102
; el historiador cubano
Ignacio de
Urrutia 103 ; los poetas cubanos Manuel Justo de Rubalcava,
Manuel María Pérez y Ramírez y
Manuel de Zequeira
104 y Arango, quien casó con dama dominicana
descendiente de Oviedo.

65
El aragonés Miguel de Pasamonte: tesorero de la
Isla Española desde 1508 hasta su muerte en 1526; personaje de
mucha
significación en la política local. “Persona veneranda, de
grande cordura, prudencia, experiencia y
autoridad”,
lo llama el P. Las casas. "Hombre de auctoridad y experiencia
en negocios, docto e gentil latino, honesto
e
apartado de vicios”, dice Oviedo. Uno y otro cuentan que observaba
castidad de ermitaño.
El
Sr. Trelles, en sus apuntes de bibliografía dominicana, apéndice
de su Ensayo de bibliografía cubana, le
atribuye
Relaciones de la Isla Española,
en
manuscrito: no sé dc dónde toma el dato. En el tomo I de la Colección
de documentos.., del Archivo de Indias
hay
muchos que firma Pasamonte en unión de otros funcionarios y dos
cartas
personales
suyas, págs. 289-290 y 414-415: la segunda, muy interesante, revela
sus aficiones; es de 1520 (por error
se
ha impreso 1529), y en ella le habla a Lope de Conchillos, el
secretario del Consejo Real, paisano y valedor suyo,
de
la guerra de las comunidades: “Las revueltas de ahí me quitan las
ganas de ir: ya soy viejo para el arnés. Vuestra
Merced
consérvese con mucha prudencia e lea la crónica del rey Don Juan
de Castilla que nuevamente se ha
imprimido
(1517), que hay en ella muchas cosas que podrán servir en estos
tiempos. La crónica que yo al presente
leo
es la Biblia e Lactancio Firmiano” y, además, tomo XXXI,
412-414, 432-435, 440-442. 446-448, 513-518, 529-
532;
tomo XXXII. 96-100, 118-119. 122-123, 153-163, 219-221, 231-235,
340-342; tomo XXXIV, 232-234 (carta),
235-236,
267-278. 319-321 (carta) y 321-329; XXXV, 244-247 (carta); XXXVI,
402-404, y XL, 288 (se le
menciona
como difunto en 1527) y 398 (se refiere a él su sobrino Esteban de
Pasamonte, que le sucedió en el cargo
de
tesorero).
Consultar:
Las Casas, Historia, libro
II, caps. 42, 51 y 53; libro III, caps. 5, 19, 36, 37, 39, 46, 84,
93 y 157;
Oviedo,
Historia, libro
III, caps. 10 y 12; libro IV, caps. 1 y 8; libro X, cap. 11; Félix
de Latassa, Biblioteca nueva
de escritores aragoneses,
1802,
refundido con la Antigua por
Miguel Gómez Uriol, en tres vols. , Zaragoza, 1884-
1886.
66
El Licenciado Lucas Vásquez
de Ayllón, toledano, llegó a la Española en tiempos de Ovando,
hacia 1503; volvió
y
fue oidor muchos años, desde la fundación de la Audiencia en 1511;
pasó a Cuba y a Méjico (1520) para dirimir
los
conflictos entre Velázquez y Cortés; murió en una expedición a
la Florida en 1526. Escribió cartas y memoriales:
uno,
de 1521, se dice que está en la Colección Muñoz, tomo LXXVI,
folios 253 ss.; a propósito del P. Álvaro de
Castro
quedó mencionada una carta que ambos escribieron en 1522 6 1523.
Con él se relacionan documentos de la
Colección... del Archivo de Indias, I,
413, 416-417, 427 (y. también págs. 259 y 360); XI, 439-442; XII,
251 253;
XIII,
332-348; XIV, 503-516; XXIV, 235-236, 321-328 y 557-567; XXXV,
241-244 (carta de 8 de enero de 1520) y
547-562
(información sobre la Florida, 1526); XXXVI, 428-430; además, V,
534 ss.
Consultar:
Las Casas,
Historia, libro
II, caps. 40, y 53; libro III, caps. 19 y 157; Oviedo, Historia, libro
IV, caps.
2,4,
5 y 8; libro XVI, cap. 15; libro XVII, cap. 26; libro XXXVII, caps.
1 y 3; libro L; Bernal Díaz del Castillo,
Conquista de la Nueva España. caps.
109, 112 y 113; Castellanos, Elegías,
47 y 72.
67
El
Licenciado Alonso de Suazo (1466-1539), natural de Segovia (según
informan Las Casas y Henríquez de
Guzmán;
no de Olmedo, como dice Calcagno), graduado en Salamanca (donde dice
que estudió veinte años); murió
siendo
oidor en Santo Domingo, adonde había llegado en 1517 para colaborar
con los frailes jerónimos en la resolución
de
los problemas políticos de las Indias. En Cuba, adonde fue como
juez de residencia de Diego Velázquez
(1521-1
522), escribió una Carta a Fray Luis de Figueroa, el jefe de los
jerónimos, o Memoria sobre la condición
de
los indios en Santo Domingo y Cuba,
que
el gran investigador mejicano Joaquín García Icazbalceta publicó
en su
Colección de documentos para la historia de México,
I,
Méjico, 1858. García Icazbalceta menciona también una
Memoria
sobre las crueldades de los conquistadores en Santo Domingo: tal vez
sea la carta a Chiévres que en
seguida
se indica. En la
Colección de documentos...
del Archivo de Indias. I, 292-298 y 304-332, hay dos
importantes
cartas suyas, fechadas en Santo Domingo el 22 de enero de 1518, una
a Carlos V y otra a Chiévres
(Monsiuer de Xevres, escribe
él); en el tomo XXXIV, otra a Carlos V,
de
interés geográfico, con igual fecha. En todo
el
tomo I se le menciona con frecuencia; en la pág. 557 se expresa que
murió en marzo de 1539, siendo oidor. Con él se
relacionan documentos del tomo Xl, 327-342 y 343-363 (informa, como
oidor, con el Licenciado Espinosa, sobre
la
despoblación de la Española, 1528 y, en la Segunda Serie, del tomo
I, especialmente págs. 107, 110, 111, 114,
116,
167 y 186 (donde se documenta su viaje a Yucatán en 1524), y del
tomo VI, 14. En la Colección de
documentos inéditos para la historia de España,
II,
Madrid, 1843, págs. 347-375, se halla también la carta a
Chiévres
de 1518; en las págs. 375-379, biografía de Zuazo, escrita por
Martín Fernández de Navarrete. Da otra
biografía
Francisco Calcagno en su
Diccionario
biográfico cubano, Nueva York, 1878 (-84).
Oviedo, Historia, libro
1,
cap. 10, cuenta el naufragio de Zuazo en el viaje de Cuba a Méjico;
lo menciona además en diversos lugares de su
obra
(libro IV, capa. 2, 3, 4, 5, 7 y 8; libro XVII, capa. 3 y 20). Juan
de Castellanos también, en sus
Elegías,
págs.
47-48
y 73-78. Las Casas, de paso, en su
Historia,
libro III, cap. 87.
68
El
Licenciado Rodrigo de Figueroa, zamorano, gobernador de Santo
Domingo en 1519-1521, escribió una Descripción de la Isla Española, según
Trelles: no sé si está publicada. En la Colección
de documentos.., del
Archivo de Indias,
I,
417-421 y 421-422, hay cartas suyas a Carlos V, fechadas en Santo
Domingo el 6 de julio y el
13
de noviembre de 1520; en las págs. 379-385, una Información (1520)
sobre las clases de indios (caribes y
guatiaos,
o sea guerreros y pacíficos) que poblaban las islas y tierra firme
de América: se reimprime en el tomo XI,
321-327.
69
Diego Caballero de la Rosa,
sevillano, firma en 1533, como “escribano de Su Majestad y de la
Real Audiencia”, la
Relación testimoniada del
asiento hecho con Francisco de Barrionuevo para apaciguar la rebelión
del cacique
Enriquillo:
va en la
Colección de documentos..,
del Archivo de Indias, 1, 481-505; en 20 de diciembre
de 1537
dirige
una carta al Emperador sobre el proyecto de vigilar los mares de las
Antillas con “tres carabelas bien
emplomadas
y artilladas”. Otros documentos relacionados con él: tomo XXII,
79-93 y 128-130; XXXVI 376 (por
error
dice “Diego Caballo”); XL, 435-438 (carta) y 157 (carta sobre
Fray Tomás de Berlanda, 1537). Fue también
contador
(1529) y tesorero. Las Casas lo menciona como secretario de la
Audiencia en 1521
(Historia, libro
III, cap.
157);
Henríquez de Guzmán (v. infra) lo halla en el cargo en 1534.
Oviedo
(Historia, libro
IV, cap. 8) lo menciona
como
dueño de ingenios de azúcar, secretario, contador, regidor de la
ciudad capital y, por fin, mariscal de la isla
(1547).
70
Gil González Dávila —uno
de los muchos de su nombre que hubo en los siglos XVI y XVII— era
contador real
en
Santo Domingo (nombrado en 1511). Es el que salió luego al Mar del
Sur y exploró la América Central; murió en
1526. Colección de documentos...
del Archivo de Indias, XII, 362.; XVI, 5-36;
XXXII, 267-272. Hay tres relaciones
suyas,
escritas hacia 1518, en la
Colección,
I,
332-347; probablemente es suyo también el Memorial
de las págs.
290-291.
En el tomo XXXV, 247-256, hay una carta suya, desde Santo Domingo,
12 de julio de 1520, otra, escrita
en
Santo Domingo el 6 de marzo de 1524, incluye Manuel María de
Peralta en su obra
Costa Rica, Nicaragua y
Panamá en el siglo XVI.
Madrid-París,
1883, págs. 3-26. Se refieren especialmente a él Hernán Cortés,
en su quinta
carta
y Pascual de Andagoya, el explorador alavés (que también estuvo en
Santo Domingo y allí se casó en 1534),
en
su
Relación de los sucesos de
Pedrarias Dávila (Colección de viajes y descubrimientos,
de Navarrete III ).
Consultar:
Las Casas,
Historia, libro
III, cap. 154; Oviedo, Historia,
libro
29, caps. 14 y 21.
71
El
Adelantado Pedro de Heredia (m. 1554), madrileño, escribió una Relación de sus primeros hechos de arma en
la provincia de Cartagena de Indias,
que
figura en las Relaciones históricas de América,
Madrid,
1916, págs. 1-8.
Le
sigue (págs. 9-15) una
Relación
de sus campañas en Cartagena de Indias, de
mano ajena y desconocida. V.
además,
Colección de documentos..,
del Archivo de Indias, XXII, 325-332.y XXIII. 55-74.
Sobre
Heredia: Juan de Castellanos,
Elegías,
Parte III, Historia
de Cartagena, cantos I a IX; Oviedo, Historia, libro
XXVI,
caps. 5-14; Fray Pedro de Aguado.
Historia
de Santa Maria y Nuevo Reino de Granada e Historia de
Venezuela.
72
El
Bachiller Fernández de Enciso, vecino de Sevilla, se hallaba en
1508 en Santo Domingo ejerciendo de
abogado;
de sus ganancias dio recursos a Alonso de Hojeda para su expedición
a la América del Sur, fue tras él en
1509
y lo perdió todo, en parte por la deslealtad de Vasco Núñez de
Balboa, que se embarcó escondido en su nave.
Insistió
en sus proyectos de conquista y colonización, con poco éxito.
Tuvo, en Santo Domingo funciones
gubernativas,
según la Información de los servicios
del Adelantado Rodrigo de Bastidas, hecha
en Santo Domingo
en
julio de 1521, e incluida en la
Colección
de documentos... del Archivo de Indias, II:
en la lista de preguntas se
habla
(pág. 371) de “los gobernadores que en esta isla han gobernado,
así los religiosos de la Orden de San Jerónimo,
como
el Licenciado Enciso, como el Licenciado Rodrigo de Figueroa”; en
la declaración de Diego Caballero “el
mozo”
(pág. 381) se habla de que “los religiosos de San Jerónimo
vinieron a gobernar esta isla, el Licenciado Enciso,
e el Licenciado Figueroa. que al presente la gobierna”. Según
Oviedo
(Historia, libro
XXVII, cap. 4), fue
teniente
de gobernador. En 1519 publicó en Sevilla su importante
Suma de
geografía que trata de todas las partidas
e provincias del mundo en especial de las Indias,
reimpresa
en 1530 y 1546: uno de los primeros intentos de
organizar
científicamente los datos sobre el Nuevo Mundo. Las referencias a
Santo Domingo son sucintas: sólo
habla
de su situación geográfica, de sus plantas y de sus indios. José
Toribio Medina extractó de la
Suma la
Descripción
de las Indias
y la
publicó en Santiago de Chile, 1897.
Sobre
Enciso: Las Casas, Historia, libro
II, caps. 52, 60 y 62-64, y libro III. caps. 24, 39, 42-46, 52, 58.
59 y 63;
Oviedo,
Historia, libro
XXVII, cap. 4, y libro XXIX, cap. 7; Martín Fernández de
Navarrete, Disertación sobre la
historia de la náutica y ciencias matemáticas,
Madrid,
1846, págs. 141 ss.; Medina, El
descubrimiento del Océano
Pacifico,
dos
vols., Santiago de Chile, 1913-1914, y Biblioteca
hispanoamericana, 1,80-84, 118 y 201-218, donde
reproduce
la
Descripción de las Indias y
un breve papel sobre las encomiendas de indios, escrito en 1528
(sobre
igual
asunto hay un memorial suyo, sin fecha, en
la
Colección de documentos.., del Archivo de Indias, I,
441-450);
Carlos
Pereyra,
Historia de la América española,
1,
235-250.
73
Gonzalo
Fernández de Oviedo (1478-1557) pasó gran parte de su vida en
Santo Domingo, adonde llegó por
primera
vez en 1515 (hizo seis viajes al Nuevo Mundo: 1514- 20-26-32-36-49),
y allí murió siendo regidor perpetuo
de
la capital y alcaide de la fortaleza (desde 1533, año en que adoptó
como residencia definitiva la ciudad primada):
por
error se decía que había muerto en Valladolid. Dejó larga
descendencia en el país. Antes de venir a América
había
sido hombre de corte y de campañas militares en Europa; en América,
fue, entre otras cosas, veedor de las
fundiciones
de oro en el Darién (1514-1530) y gobernador de Cartagena
(1526-1530). Sus obras son: el Sumario de
la natural y general historia de las Indias,
Toledo,
1526, reproducido en los Historiadores
primitivos de Indias, de
Andrés
González de Barcia, Madrid, 1749, y en el tomo XXII de la
Biblioteca de Autores Españoles, 1858,
y
traducido
al latín, al italiano, Venecia, 1534, y del italiano al francés,
París, 1545, al inglés, por Richard Eden,
Londres,
1555, y extracto en Purchas; la
Historia
general y natural de las indias, en
tres partes y cincuenta Libros,
que
comenzó a publicarse en Sevilla, 1535 (veinte libros —los diez y
nueve de la primera Parte y el último de la
obra—,
reimpreso en Salamanca. con adiciones, 1547), se continuó en
Valladolid, 1557 (libro XX, perteneciente a la
segunda
Parte) y apareció íntegra, por fin, en cuatro grandes volúmenes,
con prólogo y notas de José Amador de los
Ríos,
Madrid, 1851-1855 (hay traducciones parciales, hechas en el siglo
XVI, una al italiano; de Ramusio, y una al
francés);
la novela caballeresca
Don
Claribalte, Valencia. 1519; el tratado Reglas
de vida espiritual y secreta
teología,
traducido
del italiano, Sevilla, 1548; el Catálogo
real de Castilla, o historia de la monarquía
española manuscrito
en el Escorial; las Batallas y quincuagenas, diálogos
en prosa sobre hechos del reinado de los Reyes
Católicos,
escritos en Santo Domingo hacia 1550 e inéditos todavía; las
Quincuagenas de los generosos e ilustres e
no menos famosos reyes, príncipes, duques,
marqueses e condes e caballeros e personas notables de España.
prosa
y
versos escritos en Santo Domingo en 1555-1556, publicados en parte
(tomo 1, Madrid, 1880);
Respuesta a la
Epístola moral
que
le dirigió el Almirante Fadrique Henríquez (1524), manuscrito; Relación de
la prisión de
Francisco
I (1525), manuscrito;
Libro de la cámara del príncipe
Don Juan (1546-1548), Madrid, e. 1900; Tratado
general de todas las armas,
e.
1552, manuscrito incompleto; Libro
de linajes y armas, e. 1552, manuscrito. Estas
obras
fueron redactadas, en gran parte, en América. Hay cartas de Oviedo,
firmadas en Santo Domingo, en la Colección
de documentos.., del Archivo de Indias, 1,
39-49 y 505-543;XLII, 152 (de 1539).
Sobre
Oviedo: además de la Vida que
escribió Amador de los Ríos para su edición de la Historia, el
articulo de
Alfred
Morel-Fatio en la
Revue Historique, de
París, XXI, 179-190; y Marcelino Menéndez y Pelayo, Historia de la
poesía hispano-americana,
1,
291-294. Sobre sus ediciones: Medina, Biblioteca
hispano-americana, 1, 85, 109,
147-149,
225-226, 231 y 288-290; Rómulo D. Carbia,
La
Crónica oficial de las Indias Occidentales, La
Plata, 1934:
v.
págs. 76-78 y 93-94; Cesáreo Fernández Duro,
La
mujer española en Indias, Madrid, 1892, págs.
37-40.
74
El Licenciado Juan de Vadillo fue oidor, y de Santo
Domingo se le envió a Nueva Granada, en 1536, a tomar
residencia
al Adelantado Heredia (v. Juan de Castellanos,
Elegías, Parte
III, Historia de Cartagena, cantos
V, VI y
VII;
Oviedo,
Historia, libro
XXVII, caps. 9-12). Antes, en 1531-1532, había tomado residencia al
gobernador de
Cuba,
Gonzalo de Guzmán. (v. Max Henríquez Ureña,
Noticias
histórica sobre Santiago de Cuba, Santiago,
1930,
capítulos XII-X, e Irene
A. Wright, The
early history of Cuba, Nueva
York, 1916). D. Lucas de Torre, en sus Notas
para la biografía de Gutierre de Cetina
(en
el Boletín de la Academia Española,
1924,
XI, 397), dice que no se
atreve
a identificar al juez de América con el poeta sevillano de igual
nombre, amigo de Cetina. La identificación, en
efecto,
resulta imposible, porque el oidor no hacía versos, que sepamos, ni
era de Sevilla, sino castellano, de
Arévalo,
en la provincia de Ávila, según dato de Henríquez de Guzmán,
quien lo vio en Santo Domingo en 1534.
Con
quien tampoco debe confundírsele —como a veces ha sucedido— es
con su contemporáneo Pedro de Vadillo,
que
estuvo —como él— en Santo Domingo y en Nueva Granada.
75
La Relación del
Licenciado Echagoyan, vizcaíno, llamado a veces Echagoya o Chagoya,
está en la Colección de
documentos.., del Archivo de Indias,
1,
9-3 5. Fue escrita en España, en 1568. Méndez Nieto, en
los años
1559
a 1567, lo pinta ya como anciano. En 1564 (¿o 1567?) tomó
residencia el gobernador de Santo Domingo Diego
de
Ortegón: y. Américo Lugo,
Curso
oral de historia colonial de Santo Domingo, en
la revista Hélices, de
Santiago
de
los Caballeros, 1934-1935.
76
Hay
documentos del Licenciado Cristóbal de Ovalle (1584) y de Lope de
Vega Portocarrero (1594), que fueron
presidentes
de la Audiencia: el Sr. Trelles los menciona en su biografía; pero
no tienen interés para la historia
literaria,
ni siquiera para la historia de la cultura.
77
Alonso
de zorita, a quien se solía llamar Zurita, nació en 1512 y murió
después de 1585. Oidor en Santo Domingo
de
1547 a 1553, en enero de 1550 pasó a Nueva Granada como juez de
residencia del navarro Miguel Díaz de
Armendáriz
y regresó a la Española en agosto de 1552; oidor luego en
Guatemala, de 1553 a 1556, y en Méjico de
1556
a 1564: allí se incorporó a la Universidad como doctor en leyes
(1556). Salió de Méjico en 1566 y se
estableció
en Granada. Escribió Parecer sobre la enseñanza
espiritual de los indios (1584); Discursos sobre la vida
humana (1585);Suma de los tributos;
estas
tres obras no se conservan; Breve
y sumaria relación de los señores, y
manera y diferencias que había de ellos en la
Nueva España y en otras provincias, sus comarcas, y de sus leyes,
usos y costumbres,
escrita
entre 1561 y 1573, que se publicó en 1864, Colección
de documentos.., del Archivo de
Indias,
1, 1-126, y en
1867 —mejor edición— en el tomo III de la Colección
de documentos para la historia de
México,
de García
Icazbalceta, con breve biografía. Henri Temaux-Compans la había
traducido al francés,
Incompletamente,
en la colección
Voyages, reía tions et
memoires pour servir á l’histoire de la découverte de
l’Amérique,
tomo
XI, París, 1840. Como ampliación de la Breve
y sumaria relación escribió zorita la Relación o
Historia de la Nueva España,
terminada
en 1585, cuyo primer tomo público Manuel Serrano y Sanz, con
extenso
prólogo
y apéndice de siete cartas (cuatro de ellas referentes a Santo
Domingo), dos Pareceres y una información de
servicios.
Madrid, 1909. García Icabalceta. en las págs. 333-342 del tomo II
de su
Colección de documentos,
Méjico,
1866, publicó un Memorial de
Zorita, y en el tomo III de Nueva
colección de documentos.., para la historia
de México,
Méjico,
1891, el Catálogo de los autores que
han escrito historias de Indias o tratado algo de ellas, que
luego
reprodujo Serrano y Sanz en las págs. 8-28 del tomo 1 de la
Historia de la Nueva España.
Datos
nuevos sobre Zorita: en mi articulo Escritores
españoles en la Universidad de México, en
la Revista de
Filología Española,
de
Madrid, 1935, XXII, 64-65.
Datos
nuevos sobre Zorita: en mi articulo
Escritores
españoles en la Universidad de México, en
la Revista de
Filología Española,
de
Madrid, 1935, XXII, 64-65.
78
Eugenio
de Salazar de Alarcón, madrileño, nacido hacia 1530, muerto en
octubre de 1602, fue gobernador de las
Islas
Canarias (1567-1573), oidor en Santo Domingo (1573-1 580), fiscal de
la Audiencia en Guatemala (1580), fiscal
y luego oidor en Méjico, donde estuvo de 1581 a 1598: allí se
incorporó como doctor en leyes en la
Universidad
(1591) y fue rector (1592-1593); en Madrid, miembro del Consejo de
Indias desde el 27 de septiembre
de
1600 hasta su muerte.
Su
Silva de poesía se
conserva manuscrita en más de quinientas hojas en la Academia de la
Historia, en Madrid. De
ella
insertó largos extractos Bartolomé José Gallardo en su
Ensayo de una biblioteca española de libros raros
y
curiosos,
tomo
IV, Madrid, 1889, columnas 326-395. Las Cartas
han tenido mejor fortuna: las publicó Pascual de
Gayangos
en Madrid, 1866 (Sociedad de Bibliófilos Españoles); cuatro de
ellas incluyó Eugenio de Ochoa en el
tomo
II del
Epistolario español, Madrid,
1870 (Biblioteca de Autores Españoles,
LXII);
otras que se hallaban
inéditas
las publicó Antonio Paz y Melia en el tomo 1 de
Sales españolas, Madrid,
1902. Gallardo publicó también
(Ensayo, IV,
cols. 395-397) el poema alegórico Navegación
del alma. Hay otros versos en El autor y los
interlocutores de los Diálogos de la montería,
de
Juan Pérez de Guzmán, Madrid, 1890 (págs. 78-85). No sé qué
contendrá
el manuscrito que se conserva en Viena, porque no he podido
consultar el trabajo de Adolfo Mussafia
Uber eme spaniscbe Handscbrift der Wiener Hofbi
bliothek, publicado
en los Sitzungsberichte der
Kaiserlichen’Akademie der Wissenschaften,
de
Viena, 1867, LVI, 8 3-124: como Salazar pasó cerca de treinta años
en
América, bien puede contener referencias al Nuevo Mundo. Otro
trabajo escribió, según León Pinelo, cuyo
paradero
se ignora: Puntos de derecho, o de los
negocios incidentes de las Audiencias de Indias.
Consultar:
José Antonio Alvarez y Baena, Hijos
de Madrid..., 1, 403411; B.J. Gallardo, Vida y poesías de
Eugenio de Salazar,
en Obras escogidas, edición
de Pedro Sainz y Rodríguez, dos vols., Madrid, 1928 (V. tomo II);
M.
Menéndez y Pelayo,
Historia de la poesía
hispano-americana, 1, 28-3 3 (en Méjico), 177
(en Guatemala) y 295-297
(en Santo Domingo); Medina, Biblioteca
hispano-americana, VI, 547.
79
Pedro
Sanz de Morquecho publicó Tracta tus de bonorum divisione amplissimus omnibus iuris studiosis
maxime
utilis & necesarius, in quo ea, quae quotidie
in praxi Uersantur circa divisionem bonorum societatis
conuentionalis
& coniugalis, & meliorationum, & hereditatum, & aliarum rerum ad id
pertinendum, digeruntur....
Madrid,
1601.
Probablemente
es nueva edición de esta obra la
Practica
quotidiana... de divisione bonorum, imprenta
en Francfort,
1607.
Vicente Espinel escribió en elogio de la obra un epigrama que
comienza
Ingenium sollers, animi prudentia, virtus,
Auctorisque labor te peperere, Liber.
Materiam dedit Ingenium, Prudentia normam,
lustitiam virtus, eactera cunecta labor...
Beristáin
cree que Pedro Sanz de Morquecho sea el Pedro Núñez Morquecho que
encuentra como oidor en Méjico
en
1604; pero debe de haber padecido error: el oidor de Méjico se
llamaba Diego (y no Pedro) Núñez de
Morquecho,
según la
Crónica de la Real y
Pontificia Universidad de México, de Cristóbal
Bernardo de la Plaza y
Jaén
(siglo XVII), publicada en Méjico, 1931.
80
En
1554 era oidor de la Audiencia “el muy magnífico señor Juan
Hurtado de Mendoza”: aparece como testigo en
la
institución de vinculo y mayorazgo del regidor. Francisco Dávila,
en 23 de agosto (dato que debo a Emiliano
Tejera).
¿Sería éste, como supone el investigador dominicano, uno e os
escritores de igual nombre que figuran en el
siglo
XVI en España? Uno era madrileño, y publicó en Alcalá de Henares
los poemas
Buen placer trobado en trece
discantes de cuarta rima castellana,
1550,
y El tragitriunfo; a
él le dirigió Eugenio de Salazar, desde Toledo, en
1560,
la célebre Carta humorística sobre los catarriberas, que estuvo
atribuida, en el siglo XVIII, a Diego Hurtado de
Mendoza;
otro era granadino, y publicó el poema
El
caballero cristiano, en Antequera.
1577.
81
El jurista y teólogo aragonés
Juan Francisco de Cuenca, o Montemayor de Cuenca, o Montemayor Córdoba
de
Cuenca
(1620-1685), fue oidor en 1650, presidente de la Audiencia y
gobernador de la isla en 1653; echó a los
franceses
de la isla de la Tortuga; en 1657, oidor en Méjico. En 1676 se le
autoriza a ordenarse sacerdote. Antes de
trasladarse
a América publicó cuatro obras latinas en Zaragoza; en la ciudad
de Méjico publicó cinco o seis obras
más,
en latín o en español, de 1658 a 1678. Dos más: en Lión y en
Amberes, Dos de ellas se refieren a Santo
Domingo:
Excubationes semicentum
decisionibus Regiae Chancellariae Sancti Dominici lnsulae, uulgo
Hispaniolae,
Méjico,
1667 (incluye una Defensa de la jurisdicción
real en la causa criminal de un clérigo sedicioso);
Discurso histórico político jurídico del derecho
y repartimiento de fresas y despojos aprehendidos en justa
guerra,
con cartas geográficas,
Méjico, 1658, reimpresa, con adición de máximas militares,
Amberes, 1683.
Escribió,
además, un Parecer sobre
la fortificación de la ciudad de Santo Domingo: consúltese Emilio
Tejera Bonetti,
en la revista Clio, de
Santo Domingo, 1933, I, 159. Habla de él (1691), donde cuenta la
defensa de los
dominicanos
contra ataques extranjeros.
Consultar:
Félix de Latassa,
Biblioteca de escritores
aragoneses; Beristáin,
Biblioteca hispano-americana
septentrional;
Medina,
Biblioteca hispano-americana, II,
262, 452453 y 460461; III, 37, 292-293, 308 y 361-362;
IV,
53 y 185; Lugo,
Curso oral de historia
colonial de Santo Domingo (lo llama “hombre de estado
superior”, por
su
informe contra el desmantelamiento de la Tortuga que proyectó y
realizó el Conde de Peñalva).
82
Jerónimo
Chacón Abarca y Tierra fue oidor y alcalde del crimen en la
Audiencia de Santo Domingo y fiscal en la
de
Guatemala. Publicó
Decisiones de la Real
Audiencia y Chancillería de Santo Domingo, isla, vulgo Española,
del
Nuevo Orbe Primada, en defensa de la jurisdicción
y autoridad real,
Salamanca, 1676. En Guatemala
publicó, 1683
otro
trabajo jurídico
(Alegación por el Real
Fisco).
Consultar:
Medina, Biblioteca hispano-americana, II,
233-234.
83
Diego
Antonio de Oviedo y Baños, bogotano, hizo estudios en la
Universidad de Lima; asesoró a su tío Diego de
Baños
y Sotomayor, obispo en Venezuela, en las
Constituciones
Sinodales de Caracas; después de ser
oidor en
Santo
Domingo, septiembre de 1698 a mayo de 1700, lo fue en Guatemala,
1702, y en Méjico; miembro, por fin, del
Consejo
de Indias en España. Escribió
Notas
a los cuatro tomos de la Nueva Recopilación de Leyes de Indias, con
datos
sobre la jurisprudencia de los tribunales: según Berístáin, el
manuscrito era muy consultado en su tiempo.
Tuvo
dos hermanos escritores: José, el historiador de la conquista de
Venezuela, y Juan Antonio (1670-1757),
piadoso
jesuita que vivió en Méjico, donde fue contada su
Vida (1760) por el P.
Francisco Javier Lazcano.
Consultar:
Medina,
Biblioteca hispano-americana, VI,
336, y VII, 69; José Maria Vergara y Vergara,
Historia de la literatura en Nueva Granada, edición
con notas de Antonio Gómez Restrepo y Gustavo Otero
Muñoz,
en dos voís, Bogotá, 1931;v. I, 304-307.
-
Su contemporáneo el Licenciado Fernando Araujo y Ribera, oidor
decano de la Audiencia, escribió en 1700
unas Noticias de la Isla Española.
El
manuscrito se conserva en Madrid, en el Centro de Estudios Históricos.
84
Francisco Javier Gamboa (1717-1794), jurisconsulto
eminente y buen geólogo de afición, pertenece a la pléyade
de
sabios mejicanos del siglo XVIII, autodidactos en parte, que dieron
útiles contribuciones a la ciencia de su
tiempo:
los caracteriza el amor al estudio de la naturaleza, aunque no pocos
tenían como profesión la eclesiástica o
la
jurídica, y la mayor parte cultivaban, además, aficiones
literarias (Alzate Velázquez de Cárdenas y León, León
Gama, Bartolache, Mociño: y.
Antología
del Centenario, obra de Luis G. Urbina, Pedro
Henríquez y Nicolás
Rangel,
Méjico, 1910, págs. 661-665). Gamboa fue nombrado regente de la
Audiencia de Santo Domingo en 1783 y
allí
redactó el famoso
Código Carolino o Código de
legislación para el gobierno moral, político y económico de los
negros de las Indias
(sobre
él pueden consultarse la Historia de la esclavitud de
la raza africana en el Nuevo
Mundo,
de José Antonio
Saco, II, págs. 10 as. y Los negros esclavos, del
Dr. Fernando Ortiz, La Habana, 1916,
págs.
355-364 y 449456).
En
la Biblioteca Nacional de Madrid se conservan (núm. 3502) unos Apuntes para la biografía de D. Francisco
Xavier Gamboa,
del
ilustre jurista mejicano Mariano Otero.
85
Hay
poesías de Lázaro Bejarano en el manuscrito sevillano que se
conserva en la Biblioteca Provincial de Toledo, con
versos de Cetina y de sus amigos Juan de Vadillo, homónimo del
oidor de Santo Domingo, y Juan de Iranza. En
el
soneto que dedica a Bejarano, Iranza le habla de “nuestra
Sevilla”. Bejarano concurrió a certámenes hispalenses
para
festividades religiosas: figura en la
Justa
literaria en alabanza del bienaven turado San Juan apóstol y
evangelista,
impreso
de Sevilla, 1531; en las Justas literarias hechas en
loor del bienaventurado San Pedro,
príncipe de los apóstoles y de la bienaventurada
Santa María Magdalena,
en 1532 y 1533, impreso de
Sevilla,
1533;
en las
Justas literarias en loor del
glorioso apóstol San Pablo y de la bienaventurada Santa Catalina, en
1533
y
1534, impreso de Sevilla, 1534 (y. Gallardo,
Ensayo,
IV, núms. 1153, 1155 y 1156, y Lucas de Torre, Algunas
notas para la biografía de Gutierre de Cetina, en
el Boletín de la Academia Española,
1924, XI, 401).
Las
composiciones
dedicadas a San Pablo y a la Magdalena se incluyeron además en el
Cancionero general, de
Sevilla,
1535;
se han reproducido en los apéndices al
Cancionero
general de Hernando del Castillo en la
edición de la
Sociedad
de Bibliófilos Españoles, Madrid, 1882, Bejarano, como se ve,
estaba en Sevilla todavía en 1534; debió de trasladarse
poco después a Santo Domingo; hacia 1540, según Juan de
Castellanos, estaba en Curazao como
gobernador,
con su mujer
(Elegías, 184);
en 1541 estaba de regreso en Santo Domingo y allí permaneció
muchos
años;
sabemos que en 1565 estaba en Curazao; pero en Santo Domingo lo
encontramos en 1558 y 1559, cuando el
Cabildo
eclesiástico lo procesa por herejía (y. Medina,
La primitiva Inquisición americana, I,
219-222, y II, 42-50, donde
se reproduce la parte sustancial del Proceso): entre 1559 y 1567 lo
trató allí Méndez Nieto; Echagoyan lo
menciona
en su
Relación de
1568 como gobernador de Curazao, pero residiendo en Santo Domingo; López
de
Velasco,
en su
Geografía..., de las Indias, escrita
entre l571 y 1574, lo menciona todavía como vivo (pág. 146).
Sobre
el suegro de Bejarano, y el trabajo del escritor venezolano Arístides
Rojas,
El regidor Juan Martínez de Amp
íes,
en sus Obras escogidas, París.
1907, págs. 636-649. Por error se le llama Ampúes o Ampiés. Hay
una
interesante
carta suya, de hacia 1521, en la
Colección
de documentos... del Archivo de Indias, 1,
431436, y otra, de 7
de
septiembre de 1528, en el tomo XXXVII, 401403 (y. además tomo XXII,
184-201, y XXXII, 148-1 50 y
408413).
La
esposa de Bejarano se llamaba Beatriz, según Méndez Nieto; María,
según Castellanos; Ana, según dato que
aparece
en el trabajo de Monseñor Nicolás E. Navarro sobre Rodrigo de Bastidas, primer obispo de Venezuela,
Caracas,
1931, folleto reproducido en la revista Clio,
de Santo Domingo, 1935, págs. 3642 (donde se
menciona el
ingenio
de azúcar que heredó; lo menciona también Arístides Rojas).
Una
de las acusaciones que se le hicieron a Bejarano en el proceso de
herejía fue “que estuvo tres años en la isla de
Curazao,
de donde es gobernador, que no oyó misa, ni se confesó él ni su
mujer ni gente”. Sin embargo, Juan de
Castellanos
(Elegías, 184),
elogiando el buen gobierno de Curazao, dice que a los indios, por Juan
de Ampiés,
después
por Bejarano, se les daban cristianos documentos
y
cada cual con celo de cristiano deseaba poner buenos cimientos; mas
no siempre tenían a la mano
quien
les administrara sacramentos;
mas
éste si faltaba se suplía
con
algún lego que los instruía.
Méndez
Nieto, en sus Discursos medicinales (y. infra), da muchas noticias
de Bejarano y cita sus versos satíricos. El
oidor
Zorita, en el Catalogo de los autores que han escrito historias de
Indias, cita el Diálogo apologético contra Juan
Ginés
de Sepulveda, redactado en “muy elegante estilo”: en él había
noticias sobre los indígenas de Cubagua. Juan
de
Castellanos habla de él en sus Elegías, IV del canto 1 de la
Primera Parte, y extensamente en la Introducción de la
Parte
Segunda. Oviedo lo recuerda en su Historia, libro VI, cap. 19.
He
trazado la figura de Bejarano en mi artículo Erasmistas en el Nuevo
Mundo, citado en nota sobre el P. Carlos de
Aragón.
86
Juan Méndez Nieto, que tal vez fuera extremeño,
nació en 1531 y murió después de 1616. Estudió en Salamanca,
donde
se graduó de licenciado en medicina; ejerció su profesión en Arévalo,
en Toledo y Sevilla; pasó ocho años en
Santo
Domingo, de 1559 a 1567, y de allí se trasladó a Cartagena de
Indias, donde vivió unos cincuenta. Escribió
dos
libros: De la facultad de los alimentos y medicamentos indianos, con
un tratado de las enfermedades patricias
del
reino de Tierra Firme; Discursos medicinales, terminados en 1611.
Los Discursos han comenzado a publicarse
en
el Boletín de la Academia de le Historia, de Madrid, 1935; ya había
dado extractos relativos a Santo Domingo
Marcos
Jiménez de la Espada en carta que Menéndez Pelayo insertó en su
Historia de la poesía hispano-americana,
1,
314-327: allí se habla extensamente de Bejarano y del alguacil Luis
de Angulo. Otro fragmento, relativo a
España,
publicó Jiménez de la Espada en la Revista Contemporánea, de
Madrid, 1880, I, 15 3-177.
Consúltese:
Manuel Serrano y Sanz, en Autobiografías y memorias, Madrid, 1905,
Introducción, pags. XCII-XCIV.
87
No
se qué relación haya entre “el desdichado Don Lorenzo
Laso", a quien menciona Juan de Castellanos como
poeta,
hacia 1570 (Elegías, 45), y el alférez Lorenzo Laso de la Vega y
Cerda, que en 1608 escribe en Cuba un
soneto
en elogio del Espejo de paciencia, poema del canario Silvestre de
Balboa (m. 1620). 88 La
Vida o Libro de le vida y costumbres de Don Alonso Henríquez de
Guzmán, caballero noble desbaratado, se
comenzó
a publicar en Santiago de
Chile en 1873. Está completa en el tomo LXXXV de la Colección de
documentos
inéditos
para le historia de España, Madrid, 1886. Sir Clements R. Markham
la compendió en una versión inglesa,
Tbe life and acts of Don
Alonso Enríquez de Guzmán, 1862 (Hakluyt Society). Henríquez
de Guzmán estuvo en
Santo
Domingo en 1534-1535 y de allí salió para el Perú. En la edición
madrileña de la Vida sólo hay cinco páginas
dedicadas
a Santo Domingo, y tres de ellas las ocupa una provisión de la
Audiencia, fechada el 12 de diciembre de
1534
y firmada por los oidores: “El Doctor Rodrigo Infante (la edición
madrileña ha reducido firma a "Reyufe,
Doctor”),
el Licenciado Zuazo y el Licenciado de Vadillo. Henríquez de Guzmán
nos habla del presidente de la
Audiencia,
Licenciado Puenmayor, futuro arzobispo (la edición madrileña dice
erróneamente “Formayor”), los
oidores
(“el uno, el Licenciado Zuazo, es de Segovia, y el otro, el Dr.
Infante, es de Sevilla y el otro, el Licenciado
Vadillo,
de Arévalo”) y el secretario, Diego Caballero, que como sevillano
lo hospe dó en su casa y lo agasajó. En la
provisión
se nombra a Henríquez de Guzmán capitán general de Santa Marta:
debía salir en compañía del Dr.
Infante,
juez de residencia; pero en eso Regaron noticias de que la corona
había designado gobernador y capitán
general
de Santa María a Pedro Fernández de Lugo, y se desvanecieron las
esperanzas del caballero sevillano. La
escasa
descripción que hace de Santo Domingo puede completarse con una página
(236) que dedica a Puerto Rico,
donde
estuvo once días. De la ciudad de Santo Domingo dice que tiene
“muchas casas y muy buenas, de cal y canto
y
ladrillo; muy buenas salidas”.
Consultar:
Manuel Serrano y Sanz, Introducción de
Autobiografías
y memorias, Madrid, 1906, págs.
LXXV-LXXXVIII;
Medina,
Diccionario biográfico
colonial de Chile
(donde
no estuvo Henríquez de Guzmán), Santiago de
Chile,
1906; Clemente Palma,
Don Alonso Henríquez de Guzmán
y el primer poema sobre la conquista de América,
Lima,
1935 (reseña de A. R. Rodríguez Moñino en la revista Tierra Firme, de
Madrid, 1936, I, 164-166).
89
El
milanés Girolamo Benzoni (1518-1570) vino a América en 1541-1542;
estuvo en Santo Domingo alrededor de
once
meses (1544-1 545); recorrió parte dc la América del Sur (Nueva
Granada, el Ecuador, el Perú) y la América
Central
desde Panamá hasta Guatemala, padeciendo persecuciones de indios,
rigores de autoridades españolas, hambres
y
naufragio; regresó a Europa en 1556. Su Historia
del Mondo Nuovo apareció en Venecia, 1565, y
se
reimprimió
allí en 1572; se tradujo al latín, Ginebra, 1578; al francés, al
alemán, al holandés y al inglés.
Consultar:
Medina, Biblioteca hispano-americana. I,
417-423, con biografía, 438, 472 y 598; Bernard Moses,
Spanish
colonial literature mn South America.
90
El
Sr. Trelles, en sus apuntes de bibliografía dominicana, anota
escritos, que no pertenecen a la literatura, de
Alonso
de Hojeda (m. 1550), hijo del conquistador conquense, nacido en
Palos de Moguer (aunque se había
supuesto
que naciera en Santo Domingo, donde residió), que acompañó a Cortés
en la conquista de Méjico y dejó
memorias
y comentarios que Cervantes de Salazar aprovechó para su
Crónica de la Nueva España y
Herrera para
sus
Décadas (¿directamente o a través de Cervantes de Salazar?); de
Sancho de Arciniega, militar que en 1567
escribió
una
Relación de los sucesos de
Santo Domingo; de Jerónimo de Torres,
escribano de la villa de la Yaguana,
que
en 1577 redacta un memorial; del gran explorador Pedro Menéndez de
Avilés, que en 29 de diciembre de 1566
escribe
al rey sobre la fortificación de las ciudades de Santo Domingo y
Puerto Rico; de Diego Sánchez de
Sotomayor,
vecino de Santo Domingo, que en 1578 envía al rey una relación en
que se trata principalmente de la
Tierra
Firme (la menciona el P. Ricardo Cappa en sus
Estudios
críticos acerca de la dominación española en
América);
de
Juan Melgarejo y Ponce de León, que hacia 1600 escribió sobre el Permanente problema de las
fortificaciones
(el
Memorial está
en la Biblioteca Nacional de Madrid); de Martín González, que según
León Pinelo
escribió
una
Relación de las cosas dignas
de remedio en la Isla de Santo Domingo, para consuelo de los pobres;
de
Baltazar López de Castro. escribano de la Audiencia, empeñado en repoblar de
indios la isla, plausible empeño que
no
se logró: publicó en 1598 un
Memorial
sobre el asunto, y en 1603, 1604, 1605, 1606 y 1607
nuevos memoriales
(Medina,
Biblioteca hispano-americana, 1
y II; de los otros hay noticias en Antonio León Pinelo, Epítome de la
biblioteca oriental y occidental náutica y geográfica.
Madrid,
1629, reimpreso con adiciones de Andrés González de
Barcia,
en tres vols., Madrid, 1737-1738, y Nicolás Antonio,
Bibliotheca Hispana Nova, Roma,
1672). En el
catálogo
de Maggs Brothers,
Biblioteca Americana, Parte
VI, Londres, 1927, hallo otro impreso de Baltasar López
de
Castro, de Madrid, hacia 1600: contiene los contratos de la corona
con Rodrigo de Bastidas, residente en Santo
Domingo,
1524, Pánfilo de Narváez, 1526. Gonzalo Jiménez de Quesada y
Diego Fernández de Serpa, sobre
descubrimientos
y colonizaciones.
Herrera
(en sus Décadas II, libro III, cap. 7, y libro X, cap. 5; III,
libro I, cap. 16) da noticia de Francisco de Lizaur,
que
vivía y escribía en Santo Domingo a principios del siglo XVI. Es
el Lizaur de que hablan extensamente los
Padres
Jerónimos en su carta al Cardenal Jiménez de Cisneros, fechada en
Santo Domingo el 22 de junio de 1517
(Colección de documentos... del Archivo de Indias,
1,
285-286): se decía que había sido secretario del Comendador
Ovando
cuando gobernó las Indias desde Santo Domingo (1502-1509) y en 1516
regresó a Santo Domingo desde
Puerto
Rico, donde había sido contador (nombrado en 1511; y.
Colección de documentos..., XXXII,
140-147); en
Santo
Domingo se le creyó espía
(esculqua,
dicen
los Padres) y se dijo que “tenía hecho un libro de avisos para
llevar
a Flandes", a los consejeros del rey Carlos; si eso era todo lo
que escribía, no hay por qué considerarlo
escritor.
Después (1520-1521) vivió en Panamá y fue procurador de la ciudad
ante la corona.
91
El
Licenciado Alonso de Acevedo era en Santo Domingo catedrático de la
Universidad de Gorjón en 1592
(Utrera, Universidades, 514
y 527; otro dato: “casado con Doña Inés de Torres”). ¿Será
este el Doctor Alonso de
Acevedo
que en 1615 publica el florido poema
De
la creación del mundo, inspirado en La sepmaine del
Sieur du Bartas,
quizás a través de la versión italiana de Ferrante Guisone. Muy
poco se sabe del poeta: nacido en La Vera
de
Plasencia hacia 1550; sacerdote; según parece, canónigo de la
Catedral de Valencia; en 1615 estaba en Roma,
donde
firma la dedicatoria de su poema; en 1614, Cervantes lo presenta en
el
Viaje del Parnaso hablando
italiano.
No
hay objeción en que el catedrático de Santo Domingo fuese casado
en 1592: pudo enviudar y hacerse sacerdote,
como
tantos en la época. En el poema hay dos menciones de América: una,
en el Día tercero (río
extraño del Perú),
otra,
en el
Día séptimo (breve
descripción del Nuevo Mundo, con mención de Méjico, el Perú,
Chile y el Río de la
Plata).
92
El Licenciado Juan Vela debió
de nacer hacia 1630 y murió en 1675, cuando se terminaba la impresión
de su
Política real y sagrada, según
informa en la Introducción su amigo el carmelita Fray Juan Gómez
de Barrientos. En
la
portada de su obra, Veía se dice “natural de la Imperial Ciudad
de Toledo, abogado que fue en la Real
Chancillería
de la Isla Española y asesor del juzgado de los oficiales reales,
teniente general, auditor de guerra y
visitador
de las Reales Cajas y de bienes de difuntos y de las encomiendas de
indios en la provincia de Venezuela y
ahora
presentado por Su Majestad a una ración de la Iglesia Catedral de
la ciudad de Valladolid en la provincia de
Mechoacán”.
Había estudiado en Salamanca y en Toledo, donde se bachilleró en cánones,
1651; pasante de abogado
en
Madrid; en 1655 se trasladó a Santo Domingo, en cuya Audiencia se
recibió de abogado; allí peleó contra los
ingleses,
el año de su llegada; en 1660, pasa a Venezuela; regresó a España
en 1670, y allí se hizo sacerdote. No
parece
que haya estado en Méjico, adonde lo destinaban cuando murió. Su
obra impresa se titula
Política real y
sagrada, discurrida por la vida de Jesucristo,
supremo rey de reyes,
Madrid, 1675;dejó inédita o
quizás inconclusa,
la
Política militar sobre los
libros sagrados de los Macabeos.
Consultar:
Beristáin, Biblioteca hispano-americana
septentrional; Medina, Biblioteca hispano-americana, III,
227-228.
93
El Licenciado Díez de Leiva
era sevillano, según el epigrama latino que le dedica el arcediano
de la Catedral
Primada
Baltasar Fernández de Castro. En Santo Domingo se casó en 1662 con
Doña María Mosquera Montiel,
cuyos
hermanos Luis y José Antonio de Santiago fueron sacerdotes. Murió
allí en 1708. Sus
Anti-axiomas se
publicaron
en Madrid, 1682; 14 hojas 136 págs.
Consultar:
Medina,
Biblioteca hispano-americana ííí,
297-298; Utrera, Universidades, 195, 219,
516 y 529 (por
error
lo hace Toledano).
94
A
Diego Núñez de Peralta se le menciona en el prólogo a las Décadas
de Herrera, edición de Madrid, 1726.
95
El Discurso del
capitán Gabriel Navarro de Campos Villavicencio, que después de
residir en Santo Domingo vivió
en
Caracas y fue allí regidor, existía en la biblioteca de Andrés
González de Barcia; es posible que se encuentre hoy
en
la Nacional de Madrid.
96
El
Licenciado Esteban de Prado, venezolano, abogado de la Audiencia de
Santo Domingo, publicó una Apología
por D. Gabriel Navarro de Campos en la persecución
que le hace el obispo de Caracas
(Tobar).
Consultar: Beristáin,
Biblioteca hispano-americana
septentrional; Medina, Biblioteca hispano-americana, VI,
170
y
VII, 40, 229, 241, 243: indica escritos, para asuntos judiciales, de
Esteban y de Gabriel de Prado (parecería que
ambos
defendieron a Navarro); Utrera,
Universidades,
517.
97
Andrés
Núñez de Torra, vecino de Santo Domingo en 1650, es autor de una Relación sumaria de la Isla Española
y ciudad de Santo Domingo,
cuyo
manuscrito se conserva en el Museo Británico (Papel es de Indias, núm.
13, 992),
según
el Sr. Trelles.
98
El nombre del escribano Francisco Facundo Carvajal
aparece al frente de la Relación de
la victoria de españoles y
dominicanos
contra ingleses en 1655, Se imprimió en Madrid y en Sevilla, 1655;
en Méjico, 1656. Hijo del
escribano
fue el presbítero bachiller Francisco Facundo Carvajal y Quiñones,
que nació en Santo Domingo en 1644
y
vivía aún en 1688: y. Utrera,
Universidades,
196 y 516.
99
Juan
Martínez de Quijano publicó en Madrid, hacia 1685, en folleto de
ocho hojas en folio, un Memorial en que se
representa el miserable esta do en que hoy está la
Isla de Santo Domingo de la Española; la razón por que está de
esta calidad, lo que ella es por sí ha sido, y
los medios que se podrán poner y han puesto para su conservación:
propone,
entre otras cosas, echar a los franceses de la porción occidental
del territorio.
100
Los trabajos del Doctor
Francisco Pujol se publicaron en Cádiz, donde residió el autor, a
mediados del siglo
XVIII.
La Disertación sobre los
cordiales y
la Respuesta a un amigo y avisos
para todos tienen fecha de 1658: la
edición
de la
Respuesta está
dedicada “al Illmo. Sr, Rector y Claustro de la Real y Pontificia
Universidad de la
ciudad
de Santo Domingo” por el P. Dr. Juan Andrés Chacón y Correa,
cura de Mendoza, entonces chilena, después
argentina.
Pujol era catalán, de Santa María de Olost, en el obispado de
Vich, y no valenciano, como dice Berístáin.
Fue
miembro de la Regia Sociedad de Ciencias, de Sevilla, y de la Real
Academia Médica de Nuestra Señora de la
Esperanza.
Consultar:
Beristáin, Biblioteca hispano-americana
septentrional; Medina, Biblioteca hispano-americana, IV,
523
y
VII, 360; Utrera,
Universidades, 519
y 534.
101
El
Doctor Juan Ignacio Rendón y Dorsuna nació en Cumaná, de
Venezuela, 1761, y murió en Cuba, 1836. En
Santo
Domingo, adonde llegó de diez y ocho años, se graduó de bachiller
en cánones y doctor en leyes y fue
catedrático,
en la Universidad de Santo Tomás, de prima de derecho civil y luego
de vísperas de cánones; fiscal del
arzobispado
en 1787-1789 y de la Universidad en 1790 y 1794. Emigró (1796) a
Cuba, donde alcanzó gran fama
como
abogado; fue oidor honorario de la Audiencia de Camagüey (1811) y
después asesor del gobierno de la isla,
entre
los muchos cargos que allí obtuvo. Enseñó derecho, con aplauso,
pero no en la Universidad de La Habana.
Consultar:
Calcagno, Diccionario biográfico
cubano; Utrera,
Universidades, 521
y 536 (le llama José Ignacio, pero
es
el Juan Ignacio a quien se nombra fiscal de la Universidad en 1794:
y. pág. 506).
102
Francisco de Arango y Parreño
(1765-1837), uno de los hombres eminentes que ha producido Cuba,
tuvo enorme
influencia
sobre el desarrollo económico de su isla con sus actividades públicas
y privadas. Escribió mucho,
principalmente
estudios sobre la agricultura, la industria y el comercio de Cuba;
en ocasiones sobre letras y filosofía.
Sus
Obras se publicaron en dos vols., La Habana, 1888. Estuvo en Santo
Domingo, en 1786 a defender sus intereses
ante
la Audiencia, y es fama que lo hizo de modo elocuente. En 1794 se le
nombró oidor honorario de Santo
Domingo,
pero no se sabe que haya vuelto.
Consultar:
Antonio Bachiller y Morales, Apuntes
para la historia de las letras y de la instrucción pública en la
Isla
de Cuba,
tres
vols., La Habana, 1859-1861 (y. I, 81, 104,
170-174;
II, 16; III, 8, 11-27, 93, 99, 102, 132, 137, y
177);Calcagno, Diccionario biográfico cubano; Anastasio
Carrillo
y Arango,
Elogio histórico...; La
Habana, 1862. 103 Ignacio
José de Urrutia y Montoya (1735-1795), nacido en La Habana, abogado
de las Audiencias de Méjico
(donde
se educó) y de Santo Domingo, escribió Teatro
histórico, jurídico y político-militar de la Isla Fernandina de
Cuba,
primera historia
cubana que se imprimió (La Habana, 1789; aumentada, La Habana,
1876), y el Compendio
de memorias para escribir la historia de la Isla
Fernandina de Cuba,
incompleto, La Habana, 1791.
Su padre, el
Doctor
Bernardo de Urrutia y Matos, que escribió apuntaciones históricas,
había sido nombrado oidor de Santo
Domingo,
pero murió antes de ocupar el cargo (1753).
Consultar:
Antonio Bachiller y Morales, Apuntes,
1, 182; II, 56, 61-64; III, 92 y 126; Mitjans, Historia de la
literatura cubana,
63-65
(edición de Madrid); Calcagno, Diccionario
biográfico cubano.
104
Manuel
de Zequeira y Arango (1760-1846), Manuel Maria Pérez y Ramírez (m.
1853) y Manuel Justo de
Rubacalva (1769-1805)
estuvieron en Santo Domingo como oficiales de la campaña de 1793.
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