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Vicente Huidobro Era el tiempo en que se abrieron mis párpados sin alas Y empecé a cantar sobre las lejanías desatadas Saliendo de sus nidos Atruenan el aire las banderas LOS HOMBRES ENTRE LA YERBA BUSCABAN LAS FRONTERAS Sobre el campo banal el mundo muere De las cabezas prematuras Brotan las alas ardientes Y en la trinchera ecuatorial trizada a trechos Bajo la sombra de aeroplanos vivos Los soldados cantaban en las tardes duras Las ciudades de Europa Se apagan una a una Caminando al destierro El último rey portaba al cuello Una cadena de lámparas extintas Las estrellas que caían Eran luciérnagas del musgo Y los afiches ahorcados pendían a lo largo de los muros
Una sombra rodó sobre la falda de los montes Donde el viejo organista hace cantar las selvas
El viento mece los horizontes Colgados de las jarcias y las velas
Sobre el arcoiris Un pájaro cantaba Abridme la montaña
Por todas partes en el suelo he visto alas de golondrinas Y el cristo que alzó el vuelo Dejó olvidada la corona de espinas
Sentados sobre el paralelo Miremos nuestro tiempo
SIGLO ENCADENADO EN UN ANGULO DEL MUNDO
En los espejos corrientes Pasan las barcas bajo los puentes Y los ángeles-correo Reposan en el humo de los dreadnought
Entre la hierba silba la locomotora en celo Que atravesó el invierno
Las dos cuerdas de su rastro Tras ella quedan cantando Como una guitarra indócil
Su ojo desnudo Cigarro del horizonte Danza entre los árboles Ella es el diógenes con la pipa encendida Buscando entre los meses y los días
Sobre el sendero equinoccial Empecé a caminar
Cada estrella Es un obús que estalla
Las plumas de mi garganta Se entibiaron al sol que perdió un ala
El divino aeroplano Traía un ramo de olivo entre las manos
Sin embargo Los ocasos heridos se desangran Y en el puerto los días que se alejan Llevaban una cruz en el sitio del ancla
Cantando nos sentamos en las playas
Los más bravos capitanes El capitán Cook En un iceberg iban a los polos Caza aurora boreales Para dejar su pipa en labios En el polo sur Esquimales
Otros clavan frescas lanzas en el Congo
El corazón del Africa soleado Se abre como los higos picoteados
Y los negros de divina raza esclavos en Europa
Limpiando de su rostro la nieve que los mancha Enseñan una música de mar y de montaña Hombres de alas cortas Han recorrido todo Y un noble explorador de la Noruega Como botín de guerra Trajo de Europa entre raros animales Y árboles exóticos Los cuatro puntos cardinales
Yo he embarcado también Dejando mi arrecife vine a veros
Las gaviotas volaban en torno a mi sombrero Y heme aquí de pie en otras bahías
Bajo el boscaje afónico Pasan lentamente las ciudades cautivas Cosidas una a una por hilos telefónicos
Y las palabras y los gestos Vuelan en torno del telégrafo Quemando las alas cual dioses inexpertos
Los aeroplanos fatigados iban a posarse sobre los para-rayos
Biplanos encinta pariendo al vuelo entre la niebla
Son los pájaros amados Que en nuestras jaulas han cantado
Es el pájaro que duerme entre las ramas Sin cubrir la cabeza bajo el ala
En las noches los aviones volaban junto al faro El faro que agoniza al fondo de los años
Alguien amargado Las pupilas vacías
Lanzando al mar sus tristes días Toma el barco
Partir Y de allá lejos Mirar las ventanas encendidas Y las sombras que cruzan los espejos
Como una bandada de golondrinas jóvenes Los emigrantes cantaban sobre las olas invertidas
MAR
MAR DE HUMAREDAS VERDES Yo quería ese mar para mi sed de antaño Lleno de flotantes cabelleras
Sobre esas olas fuéronse mis ansias verdaderas
Bajo las aguas gaseosas Un serafín náufrago teje coronas de algas La luna nueva con las garcias rotas Ancló en Marsella esta mañana
Y los más viejos marineros En el fondo del humo de sus pipas Habían encontrado perlas vivas
El capitán del submarino Olvidó en el fondo su destino
Al volver a la tierra Vio que otro llevaba su estrella
Desterrados fiebrosos del planeta viejo Muerto al alzar el vuelo Por los cañones antiaéreos
Un emigrante ciego Traía cuatro leones amaestrados Y otro llevaba al hospital del puerto Un ruiseñor desafinado
Aquel piloto niño que olvidó su pipa humeante junto al volcán extinto Encontró en la ciudad los hombres de rodillas Y vio alumbrar las vírgenes encinta
Allá lejos Allá lejos Vienen pensativos los buscadores de oro Pasan cantando entre las hojas Sobre sus hombros Traen la California
Al fondo del crepúsculo Venían los mendigos semi-mudos
Un rezador murmullo Inclinaba los árboles
Sobre los mares Huyó el Estío
QUÉ DE COSAS HE VISTO
Entre la niebla vegetal y espesa Los mendigos de las calles de Londres Pegados como anuncios Contra los fríos muros Recuerdo bien Recuerdo Aquella tarde en Primavera Una muchacha enferma Dejando sus dos alas a la puerta Entraba al sanatorio Aquella misma noche
bajo el cielo
oblongo Diez Zeppelines vinieron a París Y un cazador de jabalís Dejó sangrando siete Sobre el alba agreste
Entre la nube que rozaba el techo Un reloj verde Anuncia el año 1917 LLUEVE Bajo el agua Enterraban los muertos
Alguien que lloraba
Hacía
caer las hojas Signos hay en el cielo Dice el astrólogo barbudo Una manzana y una estrella Picotean los búhos Marte pasa a través de Sagitario SALE LA LUNA Un astro maltratado Se desliza Astrólogos de mitras puntiagudas De sus barbas caían copos de ceniza
Y heme aquí Entre las selvas afinadas Más sabiamente que las viejas arpas
En la casa que cuelga del vacío
Cansados de buscar los Reyes Magos se han dormido los ascensores descansan en cuclillas Y en todas las alcobas Cada vez que da la hora Salía del reloj un paje serio Como a decir El coche aguarda mi señora junto a la puerta viva El negro esclavo abre la boca prestamente Para el amo pianista Que hace cantar sus dientes
Esta tarde yo he visto Los últimos afiches fonográficos Era una confusión de gritos Y cantos tan diversos Como en los puertos extranjeros
Los hombres de mañana Vendrán a descifrar los jeroglíficos
Que dejamos ahora Escritos al revés Entre los hierros de la Torre Eiffel
Llegamos al final de la refriega Mi reloj perdió todas sus horas
Yo te recorro lentamente Siglo cortado en dos Y con un puente Sobre un río sangriento Camino de Occidente Una tarde al fondo de la vida Pasaba un horizonte de camellos En sus espaldas mudas Entre dos pirámides huesudas Los hombres del Egipto Lloran como los nuevos cocodrilos
Y los santos en tren buscando otras regiones Bajaban y subían en todas las estaciones
Mi alma hermana de los trenes Un tren puede rezarse como un rosario La cruz humeante perfumaba los llanos
Henos aquí viajando entre los santos El tren es un trozo de la ciudad que se aleja El anunciador de estaciones Ha gritado Primavera Al lado izquierdo 30 minutos Pasa el tren lleno de flores y de frutos El Niágara ha mojado mis cabellos Y una neblina nace en torno de ellos Los ríos Todos los ríos de las nacientes cabelleras Los ríos mal trenzados
Que los ardientes
veranos han besado Un paquebot perdido: costeaba Las islas de oro de la Vía Láctea La cordillera Andina Veloz como un convoy, Atraviesa la América Latina.
El Amor
El Amor
En pocos sitios lo he encontrado Y todos los ríos no explorados Bajo mis brazos han pasado Una mañana Pastores alpinistas Tocaban el violín sobre la Suiza
Y en la estrella vecina Aquel que no tenía manos Con las alas tocaba el piano Siglo embarcado en aeroplanos ebrios A DONDE IRÁS Caminando al destierro El último rey portaba al cuello Una cadena de Lámparas extintas
Y ayer vi muerta entre las rosas La amatista de Roma ALFA OMEGA DILUVIO ARCO-IRIS Cuántas veces la vida habrá recomendado Quién dirá todo lo que en un astro ha pasado Sigamos nuestra marcha Llevando la cabeza madura entre las manos
EL RUISEÑOR MECÁNICO HA CANTADO Aquella multitud de manos ásperas Lleva coronas funerarias Hacia los campos de batalla Alguien pasó perdido en su cigarro QUIÉN ES Una mano cortada Dejó sobre los mármoles La línea Ecuatorial recién brotada Siglo Sumérgete en el sol Cuando en la tarde
Aterrice
en un campo de aviación Hacía el solo aeroplano Que- cantará un día en el azul Se alzará de los altos
Una bandada de manos CRUZ DEL SUR SUPREMO SIGNO AVIÓN DE CRISTO El niño sonrosado de las alas desnudas Vendrá con el clarín entre dedos El clarín aún fresco que anuncia El Fin del Universo París, 1918.
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