![]() |
![]() |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
EL
DÍA NEGADO
Después
de trasponer la puerta, dio unos pasos por el comedor, en
una especie de reconocimiento, de afanoso intento por
familiarizarse otra vez con todas esas cosas que durante
dieciocho años habían formado parte del afecto, los sueños,
los juegos, pero que ahora, de improviso, asumían el carácter
de algo raro, casi desconocido. -Está
guardada en tu dormitorio -su madre tuvo la virtud de
presentir el motivo de la indecisión o búsqueda-. Nadie la
tocó mientras estuviste ausente. Hizo un leve gesto a modo de agradecimiento. Imaginó el
celo y la dedicación de sus padres para mantener limpio,
inmaculado, lejos de manos extrañas, el instrumento que le
habían regalado no sólo como premio por las excelentes
notas obtenidas en los estudios, sino también con el propósito
de estimularlo para perseverar en la vocación elegida desde
muy chico. Tiene condiciones de sobra. Llegará a ser un
gran concertista. Palabras reiteradas que constituían un
modo de halago y empuje para alimentar sin pausa el recóndito
anhelo de convertirse en una figura relevante. Ser el centro
de la atención. Ocupar la primera plana de diarios y
revistas, aparecer por televisión, presentarse en las salas
más importantes del mundo. Despertar envidia, admiración,
celos. Por eso, durante meses y años, desdeñando la compañía
de familiares y amigos, sin permitirse recreos que
significaran distracción o pérdida de tiempo, se concentró
sólo en un aprendizaje férreo, obstinado, con la pretensión
de alcanzar un estado de seguridad y plenitud para el día
en que, desde un escenario, le tocara demostrar su
capacidad. No llegó ese día, sin embargo. No. Fue otra cosa lo que
estuve obligado a realizar. Sin buscarla ni quererla.
Bruscamente hecho trizas los sueños y el cúmulo de
proyectos y la libertad que deseaba conservar como uno de
los bienes más preciados. Entonces debí empuñar otro
instrumento. Menos agradable. Creado para provocar la
muerte. La llegada de la citación escueta, imperativa, no
le dio la menor posibilidad de protesta. Debía cumplir lo
ordenado. Mansamente. Y al presentarse en el Regimiento de
Infantería número nueve, tuvo la revelación de la guerra
inminente y escuchó las encendidas arengas sobre la soberanía
y el honor y la necesidad de luchar en defensa del
territorio nacional. Creyó quedar apresado en una maraña
asfixiante. Sin tener el recurso de un gesto negativo.
Obedecer. Lo único. Dejando que los otros impusieran las
reglas. Y casi antes de comprenderlo, se encontró en un
lugar inhóspito, obligado a cavar trincheras y empuñar un
fusil y disparar los morteros, asediado por el frío
implacable y la cercana presencia de la muerte en los
proyectiles arrojados en cada ataque de los aviones. Sintiéndose
atrozmente aislado. Sin defensa. Golpeado por todo aquello
que le habían arrebatado: el afecto de sus padres y amigos,
los estudios, el deseo de cumplir la vocación elegida. Y
por eso, cada segundo que estaba allí, entre el fragor de
la lucha y la queja de los heridos y las órdenes secas y
categóricas, le resultó irremediablemente perdido para el
logro de la meta anhelada. Sí. Tal vez lo mejor sea
abandonar para siempre la idea de dar un concierto, de
revelar algún día quién soy. Y la impotencia, el miedo,
la progresiva desesperanza crecieron no sólo por las
noches, cuando el sueño quedaba relegado por la invasión
de escenas, hechos, rostros, que habían formado parte de su
íntimo y pequeño mundo, ya tan despiadadamente lejano,
sino mucho más después de la explosión. Cuando todo
pareció quedar petrificado, destruido, sin ningún sentido para él. - Vamos.
Allí está. Tomala. Estremecido
por la súbita voz, tardó unos segundos en tener noción de
que estaba de nuevo en la casa, alejado del estruendo y el
horror de las contiendas, frente a su madre. Mecánicamente
observó el sitio que le indicaba. Sí. Como si me hubiera
estado esperando. Pero no efectuó ningún movimiento en
respuesta a la invitación de ella, casi temeroso de aferrar
el querido instrumento como había deseado hacerlo tantas
veces en las islas en vez del fusil o la metralleta y, sobre
todo después, aislado en la gélida pieza de un hospital,
mientras duraba la lenta recuperación. Lo único que podía
otorgarle sentido a la vida o, al menos, devolverle una
cuota de fervor y esperanza. Pero al observar el abultado
vendaje que cubría sus manos, comprobaba que los luminosos
proyectos habían quedado sepultados en aquella tierra
lejana. No. Ya nada será igual. Ahora deberé acostumbrarme
a vivir de otra forma. A pesar de la actitud jubilosa de los
médicos, las enfermeras, los amigos y, especialmente, de su
madre, empeñados en librarlo de cualquier vestigio de temor
y zozobra sobre el resultado de las incontables operaciones
para quitar las esquirlas de la granada. Como si hubiera ido
a las islas de vacaciones. Sin correr ningún peligro. Y
ahora estoy herido por unas simples espinas. Rechazando el
afanoso intento de los otros por presentarle una realidad grávida
de alentadoras promesas, olvidados de que sólo él debía
sufrirla en carne propia, sin subterfugio ni ayuda. Por fin,
en un acto esforzado, cruzó el umbral. Lentamente fue hasta
la cómoda sobre la cual se encontraba la guitarra. Quedó
observándola, incrédulo todavía de tenerla al alcance de
las manos después de tantos meses. Y ese hecho lo sacudió.
Implacable. Al comprobar que sus dedos cortados, convertidos
en muñones, jamás le permitirían tocar las cuerdas. Y
violentamente, mientras estallaba el grito histérico de su
madre, comenzó a golpearla contra la pared.
|
|
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
|
| Los textos acá colocados son en su gran mayoría de dominio público y/o sus autores han autorizado su colocación. Algunos fragmentos de obras comerciales pueden estar presentes con fines educativos. El respeto al derecho de autor es una parte central de la actividad literaria. Si alguien considera que se vulneran sus derechos o que se hace uso inadecuado de algún contenido o material, favor contáctarnos para retirarlo de inmediato. | ||
| Ciudades Virtuales Latinas - CIVILA.com y Educar.org (c) 1996 - 2006 | ||