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13- TONS (NOCHE)
En el aike comenzó temprano una inusitada actividad, ya que el cacique Kooloue había anunciado la noche anterior que saldrían a cazar, junto a su colega Iéstak y su gente. Los boleadores eran cuatro y cada uno preparó para la ocasión tres “shome”, tres “iatchicoi” y dos “kalken”. Manko ocupó parte del día en pulir una bola de piedra, para igualar el peso, valiéndose de un hoyo en una roca donde agregó algo de arena y agua. La tarea consistió en hacer girar allí adentro la piedra, redondeada a golpes, hasta alisarla y lograr el peso justo. Para marcarle la cintura por donde se sujetará con “kach”, se introduce lentamente hasta la mitad en el agua, luego se marca la línea con un carbón y con suaves golpecitos de piedra se inicia el corte que culminará siendo pulido. Los tientos se soban previamente, después se retuercen individualmente, luego se unen y se los retuercen juntos, ligeramente humedecidos, utilizando a manera de huso una piedra redondeada, la que servirá de peso mientras se secan los tientos que tendrán el otro extremo fijado en una roca o rama, según el caso, o también a la misma bola que quedará definitiva. Luego de permanecer dos o tres días estaqueado, se culmina la tarea con un engrase y en caso de quedar algo duros los tientos, habrá que hacerlos circular con vuelta y media en un tronco. También se utiliza la mordaza 19 en estos casos. El “shome” consiste en dos bolas grandes unidas por un tiento. Es para cazar guanacos. El “iatchicoi” se compone de dos bolas más chicas, redondas, y una alargada a la que se conoce como manijera. Es para bolear avestruces. Se le tira al cogote y luego ella sola se encarga de enredarse las patas. El “kalken” es una bola atada a un tiento en cuyo extremo se le hace una presilla. Sirve para golpear, aunque algunas veces se arroja. En los tres casos se le colocan plumas para ser halladas con más facilidad luego de errar un tiro o cuando el animal huye y las pierde. Para construir las puntas de flechas (shotel) se sacan las astillas de sílex preferentemente, utilizando a manera de maza una piedra de forma ovoide, en la que se ha realizado un pequeño pocito sobre una cara lateral, la que servirá de yunque. Sobre el pocito se apoya la esquirla sosteniéndola con el pulgar, mientras con la otra mano se pulsa un hueso que al presionar el sílex le hace saltar esquirlas. La presión se efectúa de arriba hacia abajo en el pocito del yunque. Según me enseñó Marguazo, el hueso debe ser de la segunda costilla del lado izquierdo del puma, preferentemente. Mediante este sistema se le pondrá forma y filo a toda herramienta. Los astiles tendrán largo y espesor de acorde a la punta y al propósito de uso. Tanto a los arcos como a los astiles se les da una mano de grasa caliente. Las ataduras y la cuerda del arco se hacen de tendones del lomo del guanaco, retorcidos cuidadosamente. El arco se lleva en la mano y las flechas en una especie de bolsita llamada “shotooi”, que se cuelga a la espalda sujeta con una especie de cinto tejido o de cuero. También algunos cazadores portan lazos, que pueden ser trenzados o retorcidos, generalmente de cuero de cogote de guanaco por ser más resistente. El largo puede ser de ocho a diez brazas 20, bien sobados y engrasados, para que no los dañe la humedad. Todos los hombres llevaban en un brazalete el “paijen”, cuchillo de sílex enmangado con madera adherida mediante una mezcla de resina de molle con cenizas de bosta de guanaco, a lo que denominan “telopau”. Cada uno revisó cuidadosamente su indumentaria, especialmente el calzado y todo lo que sería de utilidad al día siguiente. Saldrían temprano, en cuanto alumbre el sol, para llegar al valle de los manantiales donde a esa hora se acercan a beber los animales. Era necesario cazar ese día, ya que había una luna llena, por lo tanto los malos espíritus no tendrían fuerzas, según lo manifestado por el “shoikn”, de acuerdo a las viejas tradiciones. Hombres, mujeres y niños, se reunieron frente al toldo del cacique Kooloue, donde escucharon en silencio las instrucciones con respecto a lo que se haría el día siguiente. Después las mujeres entonaron cantos propiciatorios tendientes a desear buena suerte y alejar a los malos espíritus. Por la mañana cantarían nuevamente como despedida y buenos augurios mientras se fueran alejando. Al desconcentrarse el grupo, los niños acompañaron a la abuela Tama, pidiéndole que les cuente el porqué de los malos espíritus en la oscuridad. Una vez ubicados alrededor del fuego en el toldo de la anciana, ésta comenzó diciendo: - Al unirse la Luna y el Sol tras el horizonte, Tons invadía la tierra hasta el regreso de los amantes, pero sólo aparecía el sol. - ¿Y la luna?-, preguntaron varios niños al mismo tiempo. - Ella cambió su ritmo para siempre y Tons, ante la presencia del sol, se alejaba de la tierra para encontrarse con el Tiempo, que era su consorte y con él engendró los tres malos espíritus. - ¿Son los mismos que conocemos nosotros?-, interrumpió Keóken. - Sí, son los mismos: Kélenken, Maip y Axshem, que andan por Aoni Güent, diseminando males de todas clases-, acotó la abuela Tama. - ¿Maip es mellizo de Kálenken?-, preguntó Pol, que algo sabía por haberlo oído a sus padres. - Claro, eran mellizos. Maip representa al viento helado y acompaña a su hermano apagando los fogones, entumeciendo los miembros de los seres, matando a los inocentes pajaritos sin guarida y helando los tiernos brotes de las plantas-, explicó la anciana. - ¿Axshem cómo es, abuela?-, consultó Tankelou. - Axshem se caracteriza por anunciar su presencia con un fuerte olor feo. - ¿Por qué tiene olor feo Axshem?-, se interesó Tako. - Porque vive en un manantial de olor a podrido, cerca de Oren aike; del manantial brotan burbujas…-, respondió la anciana. - ¿Tú lo conoces, abuela Tama? ¿Viste las burbujas? -, se animó a preguntar Güenta. - ¡Sí, lo vi muchas veces! Los paisanos le tiraban flechas-, recordó la anciana. - ¡Yo no me acercaría!-, respondieron varios niños, mientras se apretujaban. - Sale solamente en noches muy oscuras-, comentó la abuela viendo la impresión que causaba su relato en los pequeños-. Hoy es noche de luna llena, no andan los malos espíritus. Pueden salir a disfrutar la noche. - ¡Nosotros no tenemos miedo!-, argumentó Tankelou, dándose coraje. - ¿Y Kélenken…? ¿Cómo es, abuela?-, consultó Losha. - ¡Muy feo! Tiene cara y forma de “Karro”, es todo negro, además las manos y patas terminan en tres dedos con gruesas y afiladas uñas. También tiene cola larga con dos puntas. - ¿Y es muy grande?-, consultó el pequeño Pol. - ¡Cuatro veces la altura del cacique Kooloue!-, afirmó la anciana, levantando el brazo. - ¿Y es muy cruel?-, preguntó Güenta. - Disfruta del dolor de los seres. Aparece en los partos difíciles para beber las lágrimas de las madres y embrujar a los recién nacidos. También aparece en los casos de fiebre y delirio, se presenta agitando las alas y riendo-, terminó explicando la anciana narradora. Los niños se pusieron de acuerdo para no salir en las noches sin luna.Luego se despidieron de la abuela Tama: - ¡Mas itáinko koone Tama! - ¡Mas itáinko tálenke!
19 Mordaza: Herramienta manual de madera para sobar tiras de cuero. Consiste en una madera de unos treinta centímetros de largo con un corte longitudinal en dos tercios del largo, por el que se introduce el cuero. 20 Brazas: El largo de un lazo contado por la abertura de los brazos del dueño.
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