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15 - Terke

15- TERKE (LAS ESTRELLAS)

Tal vez por no haber habido convivencia e integración entre colonos y nativos en la Patagonia chonke, se han registrado muy pocos antecedentes de la vida y la cultura autóctona. En cambio, en el norte del país, la prolongada convivencia ha fusionado las culturas enriqueciendo el folclore.

A través de lo rescatado por viajeros y cronistas podemos imaginar un desarrollo espiritual superior a lo conocido.

Sabemos que ellos habían nominado todas las cosas, los accidentes geográficos, los astros, etc. ¡Pero…qué poco hemos registrado! Conocemos sólo el nombre de escasas estrellas en su lengua.

Habían transcurrido varios días desde la partida del cacique Iéskat y su gente, una partida emotiva ya que durante la permanencia se acrecentaron los vínculos de amistad y entre los jóvenes surgieron algunas promesas de concretarse con un futuro encuentro. Por su parte, los niños de ambos grupos disfrutaron plenamente de juegos y paseos; además, de las narraciones de la abuela.

Ahora estaban acampados sobre una alta meseta, pero reparados por una loma, junto a un manantial rodeado de altas matas de molles y calafates; una especie de oasis, donde habitaban distintas especies de pajaritos y menudeaban las cuevitas de los escurridizos tucu-tucu 22, a los que se les profesaba especial consideración por ser descendientes del salvador de Elal. Los niños los miraban con curiosidad, incluyéndolos en sus juegos.

Desde este aike, mirando hacia el oeste, se destacaba nítida la figura del Chanten, la montaña sagrada de los chonkes.

Durante la noche anterior, las estrellas tuvieron una nitidez especial, cosa que no pasó inadvertida para los niños, especialmente para Tako, quien comentó el hecho con sus amiguitos y, de común acuerdo, decidieron preguntarle a la abuela Tama, para que les contara algo de las estrellas. Al anochecer corrieron al kau de la anciana, que los recibió con una sonrisa buena y un:

-          Ua ingue tálenke.

Ellos respondieron:

-          Ua ingue koone Tama.

Se acomodaron los chicos a su alrededor y Ótilkel dijo:

-          ¿Nos puedes contar algo de las estrellas, abuela?

-          Teluj es el lucero de la tarde, aparece en cuanto  se esconde el sol…-, comenzó diciendo la anciana, cuando Keóken consultó:

-          ¿Cómo nació Teluj?

-          Teluj, cuyo nombre femenino es Karró, era hija del sol y de la luna. Elal  se enamoró de Teluj y le pidió a su madrina que se convirtiera en cisne para ir al cielo a pedírsela al sol…

-          ¿Podía convertirse en cisne la madrina? ¿Cómo hacía?-, se apresuraron a preguntar los niños.

-          La madrina era “shoikn”, podía convertirse en lo que quisiera- aseveró la anciana-. El viaje fue largo. Volaron hacia el este, hacia donde nace el sol, y al anochecer Elal arrojó una flecha al mar, la que al pegar en el agua salpicó formando varias islas donde descansaron  [¿Malvinas?]. Después continuaron viaje teniendo que soportar muchas dificultades, hasta que llegaron al sol, el que,  al enterarse del propósito de Elal, le dio una cantidad de pruebas con la promesa de que si vencía le daría la posibilidad de casarse con su hija Teluj.

-          ¿Pudo vencer Elal?-, preguntó inquieta Losha.

-          Todo fue difícil, pero venció, y desde entonces vive en el cielo aguardando la llegada de los paisanos que le presente Uendeunk, el espíritu bueno [una especie de Ángel Guardián] encargado de llevarlos ante Elal, con quien conversan antes de convertirse en estrellas para poblar el cielo infinito, desde donde miran y tratan de ayudar a los que están en Aoni Güent, mientras los esperan.

-          ¿Salen a cazar los paisanos en el cielo?-, consultó Pol.

-          Esa mancha blanca, como una nube larga y grande que se ve en las noches despejadas, son las plumas que vuelan cuando los paisanos andan cazando en el cielo-, explicó la abuela.

-          ¿Y Choiols?-, preguntó Ótilkel, que aunque lo sabía quería escucharlo de labios de abuela para que lo supieran sus compañeritos.

-          Ese es el rastro del “oóiu” que se trepó por “gijer”-, repuso la narradora.

-          ¿Y Chéljelen, cómo se formó?-, inquirió Átele.

-          Ese es “el iatchicoi” que Korkoronke le erró a Kakn!-, aseguró la abuela.

-          ¿Aquellas que parece que se mueven y saltan? ¿Cómo se llaman?-, se interesó Tankelou, mirando hacia arriba y señalando el cielo hacia Siete Cabritas.

-          Esas se llaman “Kchechene” (Pajaritos). Son los pajaritos que mueren, por eso nunca los encontramos muertos en Aoni Güent. Ellos saben cuando van a morir y entonces vuelan al cielo.

Así como el chonke calla ante la muerte del ser querido, también observa con profundo respeto y en silencio a las estrellas, que son, seguramente, la representación de sus muertos.

Los niños, conformes con la enseñanza impartida por la abuela, se despidieron diciendo casi a coro:

-          ¡Mas itáinko koone Tama! ¡Nákel koone!

-          ¡Mas itáinko tálenke!-, respondió la anciana mirando alejarse a los pequeños, que señalaban el cielo ubicando las estrellas.

22- Tucu-tucu: Ctenomys Cericeus.

Prólogo | Introducción | 1- Creación del Mundo | 2 - Creación del Sol | 3 - Creación de la Isla | 4 - Los Gigantes | 5 - La Reunión de la Laguna | 6 - Olje (Zorrino) | 7 - Kius (chorlo) | 8 - Kápenke | 9 - Kiken (Chingolito) | 10- Teuepen (Pecho colorado) | 11- Oóiu (Avestruz) | 12 - Keengenkon | 13 - Tons (noche) | 14 - Keóken | 15 - Terke | 16 - Goln, el puma | 17 - El Chalten | 18 - Shintaukel | 19 - Uekne | 20 - Takaurr | 21 - Uendeunk | 22 - Viaje al sol | 23 - Las pruebas | 24 - Otras pruebas | 25 - Elal y Teluj | 26 - Elal triunfa | 27 - El regreso de Elal | 28 - La muerte de Takaurr | 29 - Fin de Elal | Vocabulario | Frases | Bibliografía | Personajes mitológicos | Obras del autor

Toponimia indígena de Santa Cruz | Cuentan los Chonkes | Raíz Folklórica de la Patagonia | Kai Ajnun | Vida y Leyendas Tehuelches


 


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