Selecciona acá para volver al inicio

25 - Elal y Teluj

25- ELAL Y TELUJ

Yalo y Mafulco, dos cazadores, preparaban sus enseres de cuero, consistentes en lazos y tientos para las boleadoras.

Para lazos, cortaron el cuero de guanaco comenzando por el cogote, siguiendo por el costillar hasta la cola para pasar al otro lado y terminar la vuelta donde comenzaron, continuando en forma circular. Con el resto, desde los ijares a la panza inclusive, hicieron tientos para boleadoras.

La gente de campo, indios o no, son sus propios artesanos, fabricando cada uno lo que necesita, aprendiendo desde niños a ser ingeniosos y a valerse por sí mismos.

Los dos paisanos habían cavado un pocito junto al manantial donde dejaron las pieles en remojo varios días para que larguen el pelo, después las dejaron secar, no del todo, a la sombra, hasta que estuvieron maleables y comenzaron el sobado, utilizando, al principio, una mordaza de madera de calafate, con lo que lograron un graneado especial. Después, sobre una piedra, procedieron a golpear con un palo grueso la larga tira de cuero, siempre sobre el doblez, desplazándolo en cada golpe.

Terminaron el trabajo del sobado apoyando el cuero sobre la rodilla y haciendo un movimiento de amase. Después vendría la presilla con un botón de cuatro tientos y una argolla de cuero sin sobar en el otro extremo. Al fin, el retorcido y un engrase. Los lazos quedaron tensados entre mata y mata durante dos o tres días.

Los chicos siguieron atentamente los trabajos realizados por los dos cazadores, tratando de no perder detalles y preguntando los por qué y para qué de cada cosa. Los mayores se complacían en explicar secretos de su artesanía, sabiendo que con ello aseguraban el futuro.

Al caer la tarde, el kau de la abuela Tama recibió las alegres voces de los niños.

-          ¡Ua ingue Tama! ¿Konke nue?

-          ¡Shaionk! ¡Uái, uái!-, respondió la abuela y se sentó al lado de su fueguito apenas encendido, para empezar la narración:

-          Elal había cumplido la prueba de rescatar el brazalete. Su madrina, convertida en mosca, se escondía junto a su oreja para indicarle lo que debía hacer y avisarle los peligros. Fueron ante la presencia de Keengenken, quien le dijo: Conversaremos acerca de la boda, siéntate. ¡No te sientes!, le dijo la madrina, bajo el asiento hay un pozo sin fondo por donde caen los que se sientan. Elal no se sentó. ¡Eres muy astuto!, reconoció el Sol. Vamos a dar un paseo. Caminaremos hacia donde estaban las mujeres jóvenes y elegantes, una linda y otra fea; allí, el Sol le dijo: Nos has ganado, no hemos podido contigo, y señalando a las dos mujeres, acotó: Una de ellas es Teluj, ¡elige!

-          ¿Qué hizo, eligió a la más linda?-, consultó Keóken.

-          ¡Ninguna de las dos! La madrina le había previsto que era una trampa, de manera que miró atentamente todo y dando un fuerte soplido volteó la mampara de cueros de un toldo que había allí y dejó al descubierto a una mujer de aspecto horrible.

-          ¿Era una bruja?-, se apresuró a preguntar Átele.

-          No, no era una bruja… ¡Era Teluj!... Keengenkon, su madre, la había disfrazado para que no fuera reconocida, pero la madrina de Elal le susurró al oído: Es ella, está disfrazada para que no la reconozcas. Y continuó el siguiente diálogo:

-          ¡Esta es Teluj!-dijo Elal-. ¡Con ella me casaré!

-          ¡No, no!-decía el Sol-. ¡No te cases con ella! ¡Mira cómo está de fea!

Pero Elal no cedió, entonces la Luna dijo:

-          ¡Cásate con ella, total está horrible!

Elal dio tres soplidos y la hija del Sol y la Luna volvió a su estado natural, resultando la mujer más hermosa jamás vista.

-          ¿Pudieron casarse?-, se interesó Losha.

La Luna dijo por lo bajo: Dejemos que se casen, total la noche de bodas él morirá, como murieron todos los que la pretendieron. La mosca-madrina le habló al héroe diciéndole: ¡Escápate con ella esta noche! ¡Ni el Sol ni la Luna te la darán jamás!

-          ¿Huyeron juntos, entonces?-, preguntó Átele.

-          Esa misma noche escaparon y Teluj nunca más se dejó ver, ya que en cuanto el Sol sale, ella se esconde, temiendo la ira de su padre.

La anciana se despidió:

-          ¡Ketouans tálenke!

-          ¡Mas itáinko koone Tama!-, respondieron los niños.

Prólogo | Introducción | 1- Creación del Mundo | 2 - Creación del Sol | 3 - Creación de la Isla | 4 - Los Gigantes | 5 - La Reunión de la Laguna | 6 - Olje (Zorrino) | 7 - Kius (chorlo) | 8 - Kápenke | 9 - Kiken (Chingolito) | 10- Teuepen (Pecho colorado) | 11- Oóiu (Avestruz) | 12 - Keengenkon | 13 - Tons (noche) | 14 - Keóken | 15 - Terke | 16 - Goln, el puma | 17 - El Chalten | 18 - Shintaukel | 19 - Uekne | 20 - Takaurr | 21 - Uendeunk | 22 - Viaje al sol | 23 - Las pruebas | 24 - Otras pruebas | 25 - Elal y Teluj | 26 - Elal triunfa | 27 - El regreso de Elal | 28 - La muerte de Takaurr | 29 - Fin de Elal | Vocabulario | Frases | Bibliografía | Personajes mitológicos | Obras del autor

Toponimia indígena de Santa Cruz | Cuentan los Chonkes | Raíz Folklórica de la Patagonia | Kai Ajnun | Vida y Leyendas Tehuelches


 


 Los textos acá colocados son en su gran mayoría de dominio público y/o sus autores han autorizado su colocación. Algunos fragmentos de obras comerciales pueden estar presentes con fines educativos. El respeto al derecho de autor es una parte central de la actividad literaria. Si alguien considera que se vulneran sus derechos o que se hace uso inadecuado de algún contenido o material, favor contáctarnos para retirarlo de inmediato.
Actualmente hay 671 usuarios conectados en BibliotecasVirtuales.com
 
Ciudades Virtuales Latinas - CIVILA.com y Educar.org (cc) 1996 - 2011
Contenidos distribuidos bajo una
Licencia de Creative Commons.
Licensia de Creative Commons