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26 - Elal triunfa

26- ELAL TRIUNFA

El grupo de niños caminaba cerca de la desembocadura del arroyo, observando los pequeños pececitos que, como veloces nubes, se desplazaban bajo el agua y de pronto quedaban inmóviles.

Continuaron caminando hacia arriba, mientras descubrían el milenario misterio del ciclo ecológico en todas sus expresiones. Se detuvieron en unos rápidos, donde se asombraron de la velocidad del Pato de los Torrentes y su habilidad para nadar bajo el agua.

Allí el bosque estaba constituido por lengas y coihues muy altos y gruesos, cosa que les asombraba; además, en la sombra escasa de vegetación se destacaban los hongos 26 grandes y redondos, apenas adheridos al suelo, sin columna.

Ótilkel partió uno para ver el interior y luego lo mostró a sus compañeritos. Parecía una masa blanca muy liviana.

Güenta recordó que cuando esos hongos están secos, por fuera los contiene una fina cáscara marrón y por dentro se convierten en polvo del mismo color. Ese polvo es utilizado por el “shoikn” para curar quemaduras, dando un excelente resultado.

-          Al regreso recogeré uno para llevarle al “shoikn” por haber salvado a Peuche-manifestó Tankelou, siendo aprobado por el grupo.

Luego continuaron subiendo por la orilla del arroyo, hasta que comenzaron a oír un ruido continuo que acrecentaba en la medida que se acercaban. A poco de andar descubrieron su origen: una cascada con una fosa a manera de pileta, donde nadaban unos macacitos zambullidores y en cuyas aguas transparentes se veían algunas truchas y puyenes.

Atrás de la cascada, contra la barranca, crecían, adheridos a las rocas, los “bálsamos de las cascadas” (Alpinia), con sus flores rojas en forma de campanitas pequeñas y sus lustrosas hojas grandes acorazonadas; además de las estrellitas del agua y los musgos asomando por las fisuras de las piedras. Rodeando la cascada, una variedad de hierbas y matas se disputaban el espacio. Allí, las condiciones de fertilidad se multiplicaban, haciendo superior el tamaño de las flores y la vivacidad de sus colores, lo que atraía a mariposas e insectos para alegría de los pajaritos.

Los chicos treparon la barranca para mirar desde allí el paisaje. A lo lejos, en la orilla del lago, los toldos semejaban diminutos medios hongos.

-          ¿Volvemos?-, propuso Pol, que no tenía ganas de continuar ascendiendo.

La propuesta fue aceptada y comenzó el descenso, durante el cual prometieron volver a ese hermoso lugar.

La abuela Tama los recibió con la alegría de siempre, conociendo el interés demostrado por los pequeños.

-          ¡Ua ingue koone Tama!-, saludaron los chicos.

-          ¡Ua ingue tálenke!-, repuso ella.

Luego, comenzó el relato:

-          Keengenkon estaba segura que Elal moriría sin consumar el matrimonio con su hija Teluj y decía: Ella regresará mañana en cuanto descubra que él murió.

-          ¿Por qué estaba segura que moriría?-, preguntó Keóken.

-          ¡Porque la Luna había pactado con un espíritu maligno la muerte de los pretendientes de su hija y las dos veces anteriores había tenido éxito!-, explicó la abuela. 

-          ¿No pudieron matarlo, verdad abuela?-, consultó Pol.

-          No Pol, nada pudo hacer el mal espíritu. Elal era superior a todo, además estaba amparado por su madrina que lo prevenía de los peligros.

-          ¿Qué decía la Luna al ver pasar los días?-, inquirió Losha.

-          La Luna se lamentaba diciendo: ¡Este hombre nos ha vencido! ¿Qué podré hacer? ¡Nada! ¡No lo he podido vencer! ¡Y allí anda…vivo y feliz…! Teluj estaba embarazada y eso le hacía lamentar aún más a la Luna que no se resignaba.

-          ¿Se amigaron al fin?-, consultó Ótilkel, anhelando un final feliz.

-          Elal, viendo la contrariedad de su suegra y no pudiendo convencerla ni amigarse, comenzó a caminar hacia el mar. Teluj, que lo amaba, lo siguió. Él caminó sobre el agua para ir a una isla donde estaba el cisne y, no deseando llevarla, la convirtió en “Jono-pete” (leopardo marino-Higruga leptonyx), quedando para siempre en el mar.

-          ¡Se quedó para siempre en el mar!-, exclamó Losha.

-          Así dicen que fue-confirmó la abuela-. Cuando la Luna llena alumbra el agua, Teluj siente la presencia de su madre y juega alegremente, produciendo las mareas.

Los niños quedaron consternados por el extraño final de Teluj, pero decidieron regresar al día siguiente, interesados en la historia de Elal.

-          ¡Mas itáinko koone Tama!-, se despidieron los pequeños.

-          ¡Mas itáinko tálenke!

26 Hongos: Lycoperdon sp. 

Prólogo | Introducción | 1- Creación del Mundo | 2 - Creación del Sol | 3 - Creación de la Isla | 4 - Los Gigantes | 5 - La Reunión de la Laguna | 6 - Olje (Zorrino) | 7 - Kius (chorlo) | 8 - Kápenke | 9 - Kiken (Chingolito) | 10- Teuepen (Pecho colorado) | 11- Oóiu (Avestruz) | 12 - Keengenkon | 13 - Tons (noche) | 14 - Keóken | 15 - Terke | 16 - Goln, el puma | 17 - El Chalten | 18 - Shintaukel | 19 - Uekne | 20 - Takaurr | 21 - Uendeunk | 22 - Viaje al sol | 23 - Las pruebas | 24 - Otras pruebas | 25 - Elal y Teluj | 26 - Elal triunfa | 27 - El regreso de Elal | 28 - La muerte de Takaurr | 29 - Fin de Elal | Vocabulario | Frases | Bibliografía | Personajes mitológicos | Obras del autor

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