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IV La operación “conquista del desierto”: consecuencias para los rancülche (abril-agosto de 1879) Durante el curso del mes de abril de 1879 parte desde diversos puntos de la frontera la gran expedición. El coronel Eduardo Racedo comunica la partida de la 3ª. División bajo su mando, cuya misión será limpiar el territorio de los rancülche: Abril 10 - A las 11 a.m. todas las fuerzas de estas fronteras(...) pusiéronse en marcha con rumbo al sud(...) Las fuerzas de Villa Mercedes debían también partir el mismo día. (R 11) Días después, las vanguardias toman contacto con los fugitivos más rezagados: Abril 28 - Por la noche los indios me incendiaron el campo, pero luego no más conseguí apagarlo; volvieron nuevamente a repetir la operación y yo volví también a hacerlo apagar. Parte a Racedo del comandante Meana (R 38) Por su parte, los más adelantados empiezan a toparse con las tropas de la 4ª. División que, como anticipé, han bajado a cerrar el paso en las costas del río Neuquén: Mayo 5 – (...) se encontró(...) las tolderías del cacique Payeirán, cacique ranquelino emigrado de la Pampa, y recién establecido junto con varias familias chilenas a corta distancia de aquí. Del asalto resultó muerto el cacique Payeirán y 14 indios de lanza, 12 de éstos y 72 de chusma, prisioneros, y algunos chilenos, quedando en nuestro poder 100 vacas, 18 caballos y 500 ovejas. Napoleón Uriburu (O 361) Mayo 6 – (...) Guarquiñer [Guaiquinguer] y Patriañú [Panguichrür], caciques ranquelinos sucesores de Mariano y Epumer Rosas,(...) se encuentran emigrados en(...) costas del Agrio, con los restos reducidos de su tribu. Diario de Uriburu (O 363) Mayo 8 – (...) Los indios [de Payeirán] prisioneros de la noche del 4 no saben nada de Baigorrita(...) Mandáronse por la mañana un número de mulas aparejadas de los cuerpos, debidamente escoltadas y con orden de recoger de los toldos de Payeirán, maíz y cebada para forraje, regresando a la noche con bastante grano(...) Napoleón Uriburu (O 366) Mientras tanto, la persecución de los rancülche desde el noreste, con Baigorrita convertido en la presa más preciada por ser el jefe de mayor jerarquía todavía libre, se intensifica: Mayo 10 - (...) resultado de mi comisión(...): Indios prisioneros, inclusive los de lanza y chusma, treinta y cuatro, entre éstos hay cuatro cautivos. Se han tomado también 66 animales yeguarizos. Parte a Racedo del comandante Meana (R 40) Mayo 12 - ...(en Aincó) la partida del flanco derecho, encontró unos tres toldos recién abandonados(...) Tomóse sólo a un cristiano como de 23 años, que dice ser cautivo, y 5 caballos más(...) El cautivo tomado da los datos siguientes: Que en la luna anterior se vino del Chadi-Leuvú en compañía de un indio; que en aquel punto se encuentra Baigorrita y la mayor parte de los restos de las tribus de Namuncurá, Epumer, etc.; que muchos emigran a las tolderías de los Muluches. Que Baigorrita desea volverse a sus antiguas tolderías para la luna del actual, pensando que las invasiones de los cristianos no se repetirán este invierno. Comandante Enrique Godoy (O 448) Mayo 13 – La partida(...) del capitán Valdés(...) habiendo avanzado un toldo(...), tomando prisioneros a 23 de chusma, 2 de lanza, rescatando a 2 cautivas y muerto a uno de los indios(...) 10 caballos y una mula. Diario del comandante Godoy (O 448)
Mayo 13 – [Mañana saldrán fuerzas] a las órdenes del teniente coronel don Rudecindo Roca, con el objeto de ver si conseguía aprehender a Baigorrita y su tribu(...) en dirección al Chadi-Leuvú. Diario de Racedo (R 41) Y, siempre, la otra pesadilla: la viruela negra... Mayo 17 – (...) En la División no se desarrollaba aún la viruela, que tan alarmados nos tenía después de los primeros casos que ocurrieron. A todos los indios prisioneros se les hizo inocular la vacuna, a fin de evitar la propagación de la funesta enfermedad(...) En la noche anterior, aprovechando la oscuridad, se introdujo de a pie al campamento un indio; se llevó tres caballos de propiedad del mayor López, que estaban atados a soga delante de su carpa(...) Diario de Racedo (R 44) Como veremos después, parece que la inoculación masiva no sirvió de mucho. Y los perseguidos actuaban con temeridad pasmosa. Pero sigamos: Mayo 18 - (...) llegó el chasque que manda el mayor Pereyra(...) dando cuenta del resultado de su expedición que es el siguiente: 24 indios de lanza y 28 de chusma prisioneros, 4 indios muertos(...) rescatados 2 cautivos y tomados 30 caballos, 3 mulas, 5 vacas y 70 ovejas(...) Los indios tomados confirman(...) que Baigorrita está en el Chadí-Leuvú, que muchos indios emigran a los Moluches, y que los caballos que ellos habían tomado en Villa Mercedes y Trenque-Lauquen les fueron robados por una comisión de Baigorrita al retirarse éste del Chadí-Leuvú. Comandante Godoy (O 450) Por el frente, allá sobre el río Neuquén, el cerrojo de Uriburu continúa cazando a los que se adelantan: Mayo 19 - (...) pasando el Agrio(...) se avistaban indios en la margen izquierda del río. Al ser reconocidos, el jefe de las fuerzas dio orden al mayor Illescas, de atacarlos, y pasando éste el río nuevamente, les hizo 6 muertos en la persecución, dos de lanza heridos, que cayeron en nuestro poder, 7 indios de lanza prisioneros y 54 de chusma, tomándoles 44 animales caballares, 45 vacunos, 180 ovejas y algunas monturas. Los indios eran mandados por Painé, que cayó prisionero y venían emigrados de la Pampa, perteneciendo a la tribu de Baigorrita, que viene más atrás, en completa fuga, y al que se espera darle caza. Napoleón Uriburu (O 378) Mientras, por detrás, las tropas despachadas por Racedo el día trece al mando del Tecnl. Rudecindo Roca en busca de Baigorrita se empecinan en pos de la presa: Mayo 19 - (...)se hizo hacer alto, para interrogar a un indio que en ese momento se había hallado oculto en las pajas, a un lado del camino y por quien vine a saber que el cacique Baigorrita, con el resto de las tribus ranquelinas que aún existen y lo reconocen como soberano, había vadeado este río y el Atuel, días antes de nuestra partida de Leuvú-Carreta, y que algunas familias que se le habían rezagado, andaban todavía errantes en las inmediaciones de este paso, donde me encuentro acampado, en vista de lo cual, desprendí varias partidas ligeras con el objeto de tomar los dispersos y reconocer este curso de agua y el Atuel, y la posición que ocupaba Baigorrita y sus indios. Tcnl. Rudecindo Roca (R 94) Mayo 23 - A las siete P.M. fue aprehendido por nuestras comisiones un indio hermano del capitanejo Mariqueo, de los auxiliares que me acompañan. Este indio declaró que el cacique Baigorrita debía estar a esa fecha en la laguna de Cochi-Có, junto con su hermano Lucho. Cochi-Có dista de este punto por lo menos 16 leguas. Considerando de la más alta importancia un aviso de tal naturaleza, me determiné a seguir adelante, con resolución de vencer cuantos obstáculos hallara en el camino, a fin de procurar el aniquilamiento total del último de los caciques ranquelinos, por un golpe de mano, que este salvaje estaría muy distante de imaginarse. Rudecindo Roca (R 96) Para ilustrar el efecto devastador de esta cacería a destajo, sintetizo datos de partes y diarios acumulados durante un brevísimo período: sólo 11 días corridos, con la aclaración de que la lista no es exhaustiva. 20/5 La chusma tomada entre chicos y chinas grandes fueron 22. (Alvarez) (R 58) Prisioneros 5 indígenas (chusma) y un indio muerto. (Fernández) (R 72) 21/5 Prisioneros 24 de lanza y 95 de chusma. (Godoy) (O 453) 22/5 Muertos tres indios y 7 de chusma prisioneros. (Godoy) (O 456) Tomó 3 prisioneros y mató al otro. (Godoy) (O 457) Resultado: 8 indígenas (chusma) prisioneros y un indio muerto. (Fernández) (R 76) 23/5 Prisioneros 6 indios de lanza y 15 de chusma, dos muertos. (Godoy) (O 457) 25/5 Prisioneros 4 indios de lanza, 6 de chusma y 1 cautivo. (Godoy) (O 458) Se incorporó el capitán Linconao con diez indios que había alcanzado. (Alzogaray) (R 65) 27/5 Prisioneros el capitanejo Pablu y 17 personas más. (Godoy) (O 461) Tomado cinco indios prisioneros. (Alzogaray) (R 66) 28/5 Prisioneros 3 capitanejos, 22 indios de lanza, 102 de chusma y 29 cautivos rescatados. (R. Roca) (R 99) 1 indio muerto, 9 de lanza, 26 chinas, 25 de chusma y 14 mamones prisioneros. (Fernández) (R 82) 30/5 Prisioneros 25. (Godoy) (O 461) 31/5 Prisioneros 1 capitanejo y 27 personas. (Godoy) (O 461) Un prisionero de lanza y 8 de chusma. (I. Torres) (O 430) Y como colofón, este comentario: Mayo 22- Los prisioneros se encuentran en el último estado de pobreza, completamente desnudos y sin más alimento que raíces y cueros viejos, que recogían de los toldos abandonados. Teófilo Fernández (R 76) Rudecindo Roca se obsesiona por alcanzar a Baigorrita, sin duda con dificultades, aunque tal vez algo magnificadas por el interesado. El 25 de mayo(...) entramos a los pantanos. En un principio se probó pasarlos a caballo, pero no fue posible; los animales con sus jinetes caían, perdiéndose en el agua y el barro, y muchos de ellos para no salir más. Por consiguiente, hubo necesidad de pasarlos a pie, con el caballo tirando de la brida, el barro hasta las rodillas y el agua que en unas partes daba hasta los muslos y en otras hasta la cintura. Los grandes derrames del Atuel habían formado cañadones que abrazaban leguas de extensión. El día que nosotros los pasábamos, el invierno se hacía sentir con todo su rigor. A las 9 a. m. entramos al agua, y a las 5 p. m., no obstante haber caminado todo el día sin detenernos ni siquiera para comer, no habíamos hecho sino 3 leguas. ¡Tales eran los obstáculos que la naturaleza nos oponía y que nosotros teníamos que dominar! A las 5 ½ acampamos en una isleta. No había un solo individuo que no estuviese mojado de pies a cabeza y la leña era tan escasa, que no bastaba ni siquiera para calentarse. La noche puede decirse que se pasó en vela. Rudecindo Roca (R 97) Mayo 27 - Se tomó un indio que dormía a un lado del camino con su caballo atado, y declaró ser chasque del capitanejo Cumilan [Cumelau], que el día antes había pasado el Salado por el paso del Meuco con sus familias y haciendas, llamado por Baigorrita; y agregó que dicho cacique debía estar en Cochi-Có, según la promesa hecha por él a Cumilan, de esperarlo en ese punto. Rudecindo Roca (R 98)
CUMELAU Llamado por los blancos Cumelao, Cumilao, Cumilan, etc., parece que su nombre era Cumelau, de cume: bueno, y lauen: medicina, remedio. No cuento con mucha información sobre este hombre. Era suegro de Baigorrita, y por la época que estamos viendo era el segundo de Namuncurá, vale decir que era un jefe principal chadiche y estaba emparentado con los rancülche. Como veremos algunas páginas más adelante, lo capturan con su gente y la mayor parte de la de Marillán. Mayo 28 - ...(Logré) sorprender al alba las tolderías de Cochi-Có, donde en vez de apresar a Baigorrita y Lucho, como se creyó, se encontró a los capitanejos Fortuna y Colunao, que fueron hechos prisioneros con sus familias y agregados. ...llegamos a tiempo a Ranquél-Có, donde se encontraba acampado Baigorrita(...) cuanto para tomarles algunas familias cuyo número, con los que ya habíamos tomado, alcanza a 3 capitanejos, 22 indios de lanza, 102 de chusma y 29 cautivos rescatados; más 50 caballos y algunas pocas vacas y ovejas. Rudecindo Roca (R 99) Mayo 29 - (...) un cautivo que había vivido algunos años en compañía de Baigorrita, señalándonos un gran humo que hacía algunas horas se había levantado al S., nos dijo: he ahí el aviso que da Baigorria a sus indios dispersos de encontrarse ya él, al otro lado del Colorado. (Según) María Carriére, de nacionalidad francesa, que era una de las más allegadas a Baigorrita, y a quien servía de secretaria, dicho cacique se había retirado a Ranquel-Có a invernar sus caballos, y con firmes propósitos de remontar en el mes de julio próximo el Atuel y el Salado, para pasarlos más al norte de este punto y lanzar a la vez dos invasiones, una sobre San Luis, mandada por su hermano Lucho, y la otra sobre Mendoza, por él en persona(...) (A Cumilao) la comisión le tomó el rastro y siguió la pista, pero sin resultado, pues el indio le llevaba 12 o 15 leguas de distancia, por haber marchado sin cesar. Rudecindo Roca (R 101) Verdaderamente, esta vez Baigorrita, con los restos de su gente, ha logrado escapar por muy poco, tal vez con la condescendencia de su cuñado y actual enemigo Cayupán, como sugiere este comentario del capellán de la División de Racedo, Pío Ventivoglio: (...) al entrar la gente en lo que han dado en llamar travesía, se desertó un indio de Cayupan y se fue a noticiar a Baigorrita el malon de los cristianos(...) [en] la vanguardia que le dio alcance(...) iba Cayupan, quien al parecer lo ha echado á perder todo; se ha dicho que Cayupan estuvo parlamentando con Baigorrita: la verdad es que el esforzado coronel se quedó prudentemente tras las ultimas filas. Quien habló y de bastante cerca con Baigorrita fue Maniqueo [Millaqueo]. La contestacion que este obtuvo del Cacique en resumen fue esta "dile al Comandante Roca que se muy bien que estoy rodeado por todas partes, con todo no me rindo. Tenga el Comandante paciencia hasta que se hayan incorporado los Peguenches que vienen y voy a encontrar y nos veremos las caras”. [Posdata:] Rectificacion: la entrevista de que hablo en esta carta tuvo lugar entre Maniqueo [Millaqueo] y Lucho y no entre aquel y Baigorrita. Fr. Pio Bentivoglio. [Carta del 20/6/79 al P. M. Donati] (T 270 y 271) MARIE CARRIERE DE OMER Esta mujer fue capturada por un malón de los rancülche sobre el sur de Santa Fe que el 9 de noviembre de 1877 atacó la Colonia Iriondo, establecida poco antes y poblada mayoritariamente por franceses. Le Courrier de la Plata, periódico de la comunidad, informa: El colono francés Isidoro Omer fue muerto a golpes de bolas, su esposa y dos niños, el uno de tres años y el otro lactante, fueron llevados por los salvajes (LCP 15/11/877), y da cuenta de otras víctimas. La mujer de Omer era Marie Carriere, rubia, de 30 años, y a sus hijos Isidoro y Carlos, quienes en realidad tenían ocho y un año y medio respectivamente, se los quitaron. El mayor fue rescatado durante las ‘operaciones de limpieza’ en diciembre de 1878, y del menor, a quien según Isidorito lo mató un caballo, parece que no tuvo más noticias. Marie fue figura destacada del harén de Baigorrita, para quien cumplió tareas de ‘escribiente’. Rescatada por la tropa de Rudecindo Roca en Cochicó, el médico de campaña Benjamín Dupont relata en el periódico citado: Entre los prisioneros contamos 21 cautivos, entre los cuales figura una de nuestras compatriotas, Marie Carriere, mujer de Omer, que los salvajes capturaron hace 18 meses en la colonia Iriondo (...) Los harapos deshilados que cubrían a esta desdichada mujer estaban cosidos entre ellos con un pequeño piolín; dejaban ver un cuerpo adelgazado y anémico (...) La Sra. Carriere nos dio las más interesantes informaciones en lo que concierne a los indios entre los que estuvo prisionera. Actualmente los indios se alimentan con avestruces, armadillos y liebres. Pero como la caza no es siempre fructífera, comen cueros cortados en pequeños pedazos y hervidos, lo que por otra parte es la alimentación dada a los cautivos (LCP 16/7/879). El consulado francés proporcionó a Marie los medios para viajar con su hijo hasta la ‘Sastrería de París’ que su cuñado tenía en Tucumán. Hay referencias a que tiempo después, con lo recaudado en una colecta por sus compatriotas, pudo volver a Francia (L). Retomemos, pues, el hilo cronológico documental. Durante los días siguientes, mientras el comandante Roca concede un descanso a su tropa y caballada, que han traspasado hace mucho el límite de su resistencia, las columnas volantes de todas las divisiones, que patrullan incesantemente el territorio, casi no hallan enemigos, y sus itinerarios se empiezan a entrecruzar, tejiendo una red sobre la pampa. Apenas si el 4 de junio una partida de la 5ª División captura una familia de 11 personas (O 462). Pero mientras tanto llegan desde la frontera, tan lejana allá en la retaguardia, noticias que parecen demostrar que la pampa no ha quedado tan ‘limpia’ como parecía... Villa Mercedes, junio 5 de 1879 Al señor Ministro de Guerra La partida que al mando del teniente Rosales, mandé a capturar al capitanejo Blanco, ha cumplido su cometido, trayéndolo prisionero con veinticinco indios de chusma. Estos son de los más bravos de la pampa, fueron tomados cerca del Cuero(...) Creo que es la última partida que quedaba de los ranqueles(...) Leopoldo Nelson (O 494) El próximo reporte de prisioneros se produce días después, aunque el lacerante comentario que lo acompaña lo hace olvidar enseguida: Junio 8 – (...) El capitán don Máximo Albornoz regresó con(...) 6 indios de lanza, 39 chinas grandes, 72 muchachos chicos de ambos sexos y 10 muchachos de pecho de ambos sexos(...) Las heladas continuaban con más y más fuerza(...) Los prisioneros, en completo estado de desnudez y yo presenciando sus sufrimientos(...) Inspiraban verdadera compasión los más pequeños que, agrupados alrededor de los fogones, huyendo del frío, se quemaban las carnes, ostentando en seguida grandes y profundas llagas que la falta de abrigo, las hacía de muy difícil curación. Diario de Racedo (R 88) Después, las redadas continúan: Junio 11 – (...) avisado por los flanqueadores, que del otro lado del río había gente y hacienda(...) me aproximé y distinguí toldos de los que huían despavoridos indios con familias; les hice hacer unos tiros a fin de que dejasen el arreo que intentaban llevar, haciendo echarse al río 1 oficial y 12 de tropa(...) regresando con los siguiente: treinta de chusma, incluso una cautiva presentada, diez y siete grandes y trece chicos, once vacas con siete terneros, treinta y cuatro ovejas y once caballos(...) pertenecían al cacique Huichal(...) Máximo Bedoya (O 299) Junio 11 – (...) un pequeña partida de indios(...) fueron atacados(...) dando muerte a [tres] de los indios enemigos(...) rescataron una cautiva, tomaron 12 caballos e hicieron prisionero a otro indio(...) Dos de los indios muertos eran los bravos capitanejos Agneer y Querenal, reputados por los salvajes de la pampa, los tigres de ella(...) Desde que las fuerzas de la Nación principiaron a aterrorizar a los salvajes con sus triunfos brillantes y numerosos, Agneer y Querenal se situaron allí [en Choiquemagüida] para impedir el paso de sus colegas que, despavoridos, huían a buscar un asilo seguro en las márgenes del Neuquén o en las fronteras de Chile, mercado de sus pillajes. Agneer y Querenal alegaban a sus colegas que no debían huir a Chile, y sí morir en la Pampa argentina que les pertenecía; y más de una vez, los fugitivos que se negaron a sus pretensiones encontraron en las márgenes del Colorado y en el filo de sus cuchillos o la moharra de las lanzas de Agneer y Querenal, la muerte y la tumba. Agneer y Querenal han muerto con una lanza en la mano y un puñal en la otra, defendiendo con el fuego de una pasión salvaje el Desierto, que creían dominar eternamente(...) Florencio Monteagudo (O 308) ANÜNGUER Y NGUERENALN Aunque estos dos, tal vez por su gran belicosidad y rebeldía, eran caciques de bajo rango y tribus reducidas, dieron mucho que hablar por las razones que apunta arriba Monteagudo. Varios informes militares los mencionan en términos parecidos, aunque con nombres tan deformados que cuesta advertir de quienes se trata. Así, el primero se ha escrito Agneer, Anenéh, Aucheque, Anegerar, Anegquer, Anher, Hanheguer, Auener, Anener... y el segundo Querenal, Gurenal, Ourenal, etc. Parece que se llamaban Anünguer (Zorro Sentado) y Nguerenaln (Zorro Batallador), y la amistad que los unía impresiona como una de las que pocas veces se dan. Transcribo un comentario de La Patria, de Dolores (debido, otra vez, al celo y espíritu de colaboración de don Carlos Moncaut): El cacique Auener – Nuestros lectores recordarán un episodio que publicó La Prensa [noticia que no he hallado], de la última campaña del Comandante Freyre. En las “Sierras del Cerdo” (Shañó Mahuida [Sañuemagüida: Sierra del Pecarí]) cuatro cabos del 2º rejimiento de caballería de línea fueron sorprendidos y batidos en detalle por un indio ranquel, que con ira feroz, les gritaba: -Yo soy Anener, yo soy Anener. Dos de los cabos, apellidados Vega y Brandan murieron y otro quedó herido, tocando al cuarto, el negro Rosas, la última parte de la jornada. Él asestó á Anener tal sablazo en el cráneo, que el indio saltó en pelo y huyó hacia la tierra ranquelina. Tres días después, anunciaban unos indios tomados, que Anener había pasado por sus toldos con parte de los sesos a la vista. Y bien! Anener está prisionero hoy día. Es un indio gigantezco y de los mas valientes que han militado bajo las banderolas de Mariano Rosas, Epumer y Baigorrita (LPD 14/7/879). Como se ve, no era real la creencia de Monteagudo, repetida luego por sus superiores, de que había matado a Anünguer. Muy de tarde en tarde, alguien da cuenta de que entre los fugitivos todavía hay quien se atreve, tal vez por desesperación, a intentar estratagemas para obtener caballos: Junio 13 – (...) A las 9 ½ de la noche(...) se oyeron varios tiros. Me puse en observación y escuché el ruido que hacían varios caballos marchando a gran galope(...) mandé averiguar la causa(...) varios indios habían lanzado al punto donde estaba la caballada del Regimiento 4 de Caballería, una yegua que en la cola llevaba una vejiga inflada y con pequeñas piedras adentro(...) El ruido infernal que producía este aparato, asustó a las caballadas que dispararon en todas direcciones(...) aprovechándose del barullo y confusión, arrebataron ciento y tantos caballos. Diario de Racedo (R 90) Baigorrita, después de escapar de la atropellada de Rudecindo Roca en Cochicó y Rancülcó, envía adelante a su suegro Neculqueu con las majadas de la tribu a cruzar el Colorado y refugiarse en Aucamagüida, y así éste cae en el radio de acción del choiquero Saturnino Torres, jefe de una de las partidas exploradoras de la 4ª. División de Uriburu. Junio 15 - Ayer he sorprendido y capturado un grupo de indios pampas que, capitaneados por Niculqueo, se dirigían al sud, por el camino de Hacha, fraccionados en varios grupos pequeños. Sorprendidos los primeros en su mismo campamento se rindieron a la primera intimación que les hice, y enterado por éstos de que más atrás venían grupos mal montados, me ocupé durante todo el día en darles caza, lo que conseguí sin mucha dificultad por lo mal montados que venían, habiendo caído en nuestro poder veintisiete indios de lanza con ochenta de chusma, y habiéndose escapado solamente cinco indios que habían salido a recorrer el campo, los cuales creo seguro tomarlos hoy, si es que de suyo no se presentan, pues están en nuestro poder las familias de todos ellos. También se les ha tomado cuarenta y tantos caballos en muy mal estado, únicos en que cabalgaba toda esta chusma, y como trescientas ovejas. Saturnino Torres (O 431) Al informar sobre el hecho, el jefe de la División añade lo que averiguó sobre el ataque de Rudecindo Roca a Baigorrita: Campamento de El Mangrullo, junio 29 de 1879 (...) El capitanejo Neculqueo, que los mandaba, dice que encontrándose en Cochicó, con Baigorrita, marchando todos a lo de Purrán, fueron atacados por fuerzas en las que venía Cayupán -3ª División- y que siguieron en fuga a las costas del Colorado, habiendo dejado la mayor parte de sus lanzas y chusma, como los ganados, en poder de las fuerzas que lo asaltaron. Separándose Baigorrita del Neculqueo, para correrse aquel al Colorado abajo, este siguió su camino hasta caer en nuestras fuerzas. Napoleón Uriburu (O 415) He mencionado a los por entonces famosos choiqueros y a uno de sus jefes, el también famoso sargento mayor Saturnino Torres. Ambos merecen una referencia. CHOIQUEROSTal el nombre fronterizo adjudicado en el sur de Mendoza a los temerarios y no demasiado escrupulosos cazadores que, despreciando la seguridad de los fortines, se arriesgaban por la dilatada tierra de nadie extendida a lo largo de la falda andina al sur de San Rafael hasta los dominios de los picunche, en la cuenca del Neuquén. La abundancia de choiques, guanacos y venados en ese vasto territorio fue siempre un imán tanto para los boleadores indígenas cuanto para los blancos con habilidad y agallas suficientes. Con el tiempo, bolear al sur de la frontera terminó por convertirse en un oficio, peligroso pero permanente, para aventureros, desocupados y fugitivos, sin otro rasgo común que una audacia sin límites y un espíritu libertario. Estos fueron los llamados choiqueros, tan duros y peligrosos como el territorio que frecuentaban. Cuando se organiza en Mendoza la 4ª División del Ejército que funcionará como el cerrojo de la gran redada urdida por el general Julio Argentino Roca para "terminar con el problema del indio", se abrió una instancia de reclutamiento voluntario para dotarla de partidas livianas compuestas por hombres eficientes, conocedores del terreno y fogueados en el trato con los indios. Casi todos los seleccionados entre los que respondieron a la convocatoria pertenecían a esta clase de boleadores andariegos. Sus servicios, dadas sus características personales, resultaron invalorables. Fueron incorporados como 1º y 2º Batallones de Choiqueros, al mando, respectivamente, de los sargentos mayores Adrián Illescas y Saturnino Torres, quienes tuvieron a su cargo personalmente la labor de selección. La 4a. División, a las órdenes del teniente coronel Napoleón Uriburu, después de peinar el territorio hasta el río Neuquén, ocupó su margen izquierda y procedió a establecer puestos de vigilancia en todos los pasos practicables. A principios de julio de 1879, los choiqueros, instalados en los campamentos El Mangrullo y Los Médanos, patrullaban sin descanso una amplia faja del desértico territorio extendido entre los ríos Neuquén y Colorado, por donde debían llegar los fugitivos ranqueles, ya devastados bajo la acción de las avanzadas de las divisiones 2ª y 3ª. Así, ellos fueron los encargados de detectar, contactar y combatir a la tribu de Baigorrita cuando arribó a esa zona. (De mi novela inédita Baigorrita, réquiem para un etnocidio). SATURNINO TORRES Hombre temerario, sobrio “en costumbres y palabras”, el llamado Comandante Torres, que realizó la campaña del desierto con el grado de sargento mayor y alcanzó después el de teniente coronel, fue un hombre legendario. Gran jinete y baqueano, primera lanza del sur mendocino, afecto a los duelos singulares en los combates, su valor y rectitud le ganaron de los indios el apodo de ‘Toro’, a pocos enemigos concedido. Su parquedad, en cambio, le valió entre sus conocidos el mote de ‘el Mudo’. Nacido en 1847 o 1849 según los biógrafos y muerto en 1897, ha quedado de él un rico anecdotario que ha inspirado, incluso, alguna obra literaria. Como dice la referencia al cuerpo de Choiqueros, fue el jefe del 2º batallón; precisamente, el que interceptó y mató a Baigorrita. Rudecindo Roca se ha reintegrado a su División con los prisioneros y cautivos tomados a Baigorrita, pero ha dejado en el Chadileuvú una cincuentena de soldados al mando del teniente Toro. Racedo, obstinado, despacha enseguida una nueva tropa para que recoja aquella fuerza y siga a Baigorrita sin pérdida de tiempo. Junio 20 - La actividad e inteligencia desplegada siempre por el sargento mayor D. Juan A. Alvarez me resolvieron a enviarlo en comisión al Chadi-Leuvú para que terminara la tarea comenzada con tan buen éxito por el teniente coronel D. Rudecindo Roca, persiguiendo a Baigorrita y los restos de su tribu. En el curso de esta narración se verá que mis esperanzas no eran infundadas, pues si Alvarez no trajo a Baigorrita diole un susto mayúsculo, que el último cacique ranquelino recordará mientras viva. Diario de Racedo (R 117) Sobre el resultado de la tarea de ‘limpieza’, veamos el siguiente parte: Traru-Lauquen, junio 23 de 1879. Señor don Enrique B. Moreno. (...) Hoy cruzan el Desierto en todas direcciones partidas de cuatro a seis hombres, sin que nadie les estorbe el paso; así pues, puede asegurarse que ya no hay indios, y los únicos que aun existen son grupos insignificantes a pie, harapientos y muertos de hambre, que sucumbirán o vendrán a presentarse, como único recurso. Nicolás Levalle (O 497) Mientras tanto, el frío alcanza su intensidad máxima, según partes oficiales procedentes de muy distintos lugares. Junio 24 - La única novedad es el frío extraordinario que hace: hasta las 7 a. m. marcaba el termómetro 12 y medio grados centígrados bajo cero. La helada es espesa. Napoleón Uriburu (O 392) Junio 24 – La noche de ayer ha sido la más fría que se ha experimentado en toda la campaña. El llanto de los indios pequeños que había en el depósito de prisioneros era desolador. La completa desnudez en que se hallaban les hacía sentir con toda su horrible intensidad el rigor de la estación. Todos los jefes y oficiales de la División nos habíamos quedado con la ropa estrictamente indispensable, dándoles el restante para aliviar sus miserias, pero aun estas exiguas provisiones no podían bastar para cubrir sus necesidades y aquellos desgraciados estaban completamente ateridos. Diario de Racedo (R 121) Junio 25 – La noche fue crudísima, pues en toda la campaña ni los hielos de mayo(...) fueron tan terribles como el de esta noche. Sócrates Anaya (R 146) La trampa se va cerrando irremisiblemente sobre la gente de Baigorrita y otros jefes, tanto rancülche como salineros. Mientras el mayor Alvarez cruza el Río Salado (Chadileuvu), incorpora la tropa al mando de Toro que allí dejara Rudecindo Roca y sigue el itinerario ya cursado por éste hacia Cochicó (R 161), las partidas volantes de la 4ª. División detectan y alcanzan la tribu de Luciano, un jefe de Namuncurá. Junio 26 –(...) no tuvieron tiempo de formar los indios y fueron deshechos, quedando 9 de lanza muertos en el campo, 6 de lanza prisioneros y 53 de chusma, logrando sólo escapar los indios mejor montados, que según declaraciones, no pasan de ocho, y quedando también en nuestro poder 65 caballos, 20 monturas y algunas armas. De la chusma no se escapó nadie; los caballos tomados eran el total de animales que tenían. Adrián Illescas (O 432) Y abunda el jefe de la División, al informar sobre el mismo hecho: El 26 de junio(...) el mayor Illescas(...) dio alcance a unos indios(...) Los indios en su desesperada derrota se lanzaron de un peñasco a pico, en donde quedaron completamente hechos pedazos cuatro y varios caballos(...) Napoleón Uriburu (O 417) También caen en la red Marillán y Cumelao, quienes habían juntado sus tribus en marcha al suroeste: MARILLAN Este jefe rancülche, de quien se dice que era suegro de Baigorrita, se había retirado con su gente a los áridos terrenos al sur de Urre Lauquén (Vurrelauquen: Laguna Amarga) tiempo antes de la campaña del desierto. Allí brindaba hospitalidad y apoyo a Anünguer y Nguerenaln en su cruzada contra los fugitivos de su pueblo. Se retiró ante el avance de las tropas y se unió a Cumelau (de los tres jefes nombrados se trata más arriba), también suegro de Baigorrita, y siguieron juntos la retirada hasta ser alcanzados al sur del Colorado. Cumelau cae prisionero, y Marillán (Marillanca: diez cuentas de collar) escapa con varios de sus hombres. Después, no he podido reencontrar su rastro: tanto puede haber resultado muerto como prisionero, o tal vez fue uno de los escasísimos afortunados que lograron sobrevir en algún refugio andino inalcanzable. Junio 27 – (...) después de haber marchado en dirección de Auca-Mahuida casi todo el día, supe por prisioneros hechos por el mayor Illescas, que un pequeño grupo de seis indios, con algunos animales de arreo, debían caer Neuquén abajo procedentes de la Pampa(...) Marché toda la noche en su busca y a la diana del 28 di con ellos en el valle del río, pero no en número de seis como se me había informado, porque después de cargarlos sobre sus fogones, de día ya, se replegaron y formaron en las barrancas del río, en número de 90 de lanza, todos bien armados(...) Así pude tomar ciento y tantas mujeres y criaturas, con una caballada, vacas y ovejas. Entre los prisioneros hechos en la primera carga había quedado un viejo, y con éste mandé decir al cacique Marillán que mandaba a los indios, y que con ellos formado me esperaba a una cuadra de distancia, que entregase las armas, bajo formal garantía de sus vidas. Contestó a esta intimación, que dudaba de mi palabra, y que más antes quería pelear, a lo que le repliqué que descendiera al bajo, pero sin hacerles un tiro aun, pues me suponía quisiera entrar por tratados. Un grito unánime de guerra fue su segunda contestación, y sin repararme mucho de la chusma prisionera y animales tomados, esperé, pie a tierra, haciendo fuego nutrido, la carga que rápidamente me traían a pie y a caballo, dirigida por el expresado Marillán. Sin embargo de ser ésta muy violenta y excelentes los caballos en que venían montados, antes de llegar hasta chocar cayeron como 16 indios, pero los restantes nos rodearon por todas partes, trabándose un combate reñido a arma blanca. Muchos indios arrojaban al suelo sus lanzas y luchaban brazo a brazo por arrancar a nuestros soldados las carabinas o fusiles, otros sacaban cuchillos y así duró un rato la pelea hasta desalojarlos y ponerlos en fuga, dejando ellos 14 muertos en el sitio, 5 prisioneros de lanza y 106 de chusma, con más 80 caballos, 33 cabezas vacunas y 30 ovejas, teniendo por nuestra parte que lamentar la baja de tres soldados heridos de lanza y cuchillo. Los indios llevaban muchos heridos, pues dejaron en el camino un reguero de sangre. Isaac Torres (O 433) El teniente coronel Aguilar, enviado en auxilio de Torres, llega cuando ya éste “había conseguido derrotar a los indios”, descansa durante la noche y prepara 20 hombres para seguirlos. Junio 29 - Una vez de día me puse en marcha y a una legua de camino les saqué rastro, descubriendo a los indios en seguida, y persiguiéndolos hasta las 4 de la tarde que di alcance a éstos, tomándoles diez indios de lanza y sesenta de chusma, a más 102 animales de oreja entera. Entre los prisioneros he tomado al segundo de Namuncurá, el cacique Cumilao(...) Algunos pocos se me han escapado, van rumbeando siempre al norte, hacia el río Grande o Colorado [es decir que volvían sobre sus pasos]. Justo Aguilar (O 435) Y al día siguiente, todavía: Junio 30 - Ayer, 29, a la mañana, perseguimos a los indios nuevamente, el comandante Aguilar, con la fracción de fuerza que tenía vacante, y yo con los trece hombres, los cuales todavía tomaron 5 indios de lanza prisioneros y 12 de chusma con 58 caballos y mulas. Isaac Torres (O 434) Al informar sobre estos combates, Uriburu agrega: (...) Se encuentran en la chusma, una de las mujeres de Namuncurá y dos hijas, una con su marido, también prisionero. (...) Marillán con pocos indios y bien montado tomó la dirección del Colorado. Otra partida de indios siguió siempre río abajo: creerán poder pasar en las juntas del Limay. (O 419) (...) Cumilao dice que él y Marillán debían reunirse con Baigorrita antes de llegar al Colorado en Puelin; pero que marchando a ese punto les alcanzó un indio que ahora está prisionero también, y le dijo que a Baigorrita lo habían derrotado en Conlon y Cochicó [se refiere al ataque de Rudecindo Roca]; que entonces resolvieron venirse a lo de Purrán. Los indios vienen con mucha viruela; los pocos a quienes no les ha dado antes la tienen ahora y les sigue a todos; es una verdadera epidemia entre ellos. Voy a mandarle una remesa de esa gente al cacique Purrán. Napoleón Uriburu (O 420) A juzgar por la última frase, la guerra bacteriológica no es un invento de este siglo... PURRAN Con Saihueque y Namuncurá, Purrán (vale por ocho) fue uno de los últimos grandes jefes mapuche de este lado de los Andes. Félix San Martín ha escrito: Cuando las fuerzas nacionales se establecieron en Chodmalal, las tribus picumches (picum: norte; che: gente) obedecían al famoso Purran. Veintidós caciques menores le respondían, contándose entre los más poderosos Udalman, que tenía sus tolderías en las inmediaciones de Mal Barco, y Huaiquillan, segundo y yerno de Purran, con sus toldos en Ranquilon. El prestigioso caudillo picumche, en aquellos momentos, podía poner en línea hasta mil lanzas, disponiendo de numerosa y escogida caballada (SM 62). Capturado en forma inicua por el mayor Ruybal, de la 4ª División (PE, 32-44), estuvo ocho años prisionero, hasta que un mayor de la expedición al desierto lo sacó de Martín García y lo llevó a Chosmalal para que le indicara el paradero de la mina de oro que se decía explotaba. Se fugó de allí, y no se sabe exactamente cómo terminó su vida. El mayor Alvarez se empecina sobre las huellas de Baigorrita: Junio 27 – (...) [cerca de Cochi-Có] me vino aviso de la partida avanzada que llevaba, que cuatro indios que se hallaban apostados en la cima de un médano, nos habían descubierto y se habían puesto en fuga sin pérdida de tiempo. Fueron perseguidos más de dos leguas, mas la superioridad de las cabalgaduras de los indios hicieron ver a sus perseguidores la inutilidad de sus esfuerzos(...) (...) sentidos por los salvajes, apresuré la marcha todo lo posible, observando siempre para ello el rastro de los caballos de los indios que nos descubrieron. (...) Llegada la noche(...) el agua caía a torrentes, pero sin embargo continuaba a trote tendido, halagado por la esperanza de llegar a la guarida de los indios al amanecer del siguiente día. (...) La lluvia continuaba cada vez más abundante, la oscuridad era absoulta casi, no nos distinguíamos los unos de los otros y un viento terrible y fuertísimo soplaba(...) De los pozos de La Liebre se dividen dos caminos(...) era forzoso descubrir los rastros de los indios que venía siguiendo(...) El viento tan fuerte y la lluvia tan abundante, no permitían ni debajo de los ponchos encender los fósforos con los que pretendía buscar en los caminos los rastros que debían guiarme, lo que me resolvió de mal grado a esperar la claridad del día para ello. Hace falta aclarar que Alvarez cree, erróneamente, que Baigorrita ha estado estacionado aquí desde que Rudecindo Roca le dio el golpe en Cochicó y Rancülcó el 29 de mayo. Pero el jefe rancülche, después de ese ataque y de enviar a Neculqueu por el camino más corto a cruzar el Colorado con las ovejas, había marchado con su gente a cruzar el río mucho más abajo, con intención de atraer a los perseguidores. Pero ya en territorio de lo que hoy es la Provincia de Río Negro advirtió la imposibilidad de seguir, por cuanto la columna del comandante en jefe de la expedición, Julio A. Roca, había ocupado el Río Negro hasta la confluencia del Neuquén y el Limay. Repasó entonces el Colorado y lo remontó por donde había venido para intentar alcanzar los Andes pasando cerca del cerro Payén. Es decir que Alvarez lo halla en esta zona de Lacha o del Hacha (nombre de la sierra y del paso del Colorado utilizado por Neculqueu) por pura casualidad. El diario de Alvarez continúa: El 29, con la primera luz del día, busqué nuevamente los rastros que tanto deseaba descubrir la noche anterior, y la dirección que ellos seguían me convencieron que el cacique ranquelino se había trasladado de Ranquel-Có a Lacha. (...) al pie de las sierras de Lacha(...) hice prisioneros un indio de lanza y dos chicos, dejando otro indio y una china por estar enfermos de viruela. Estos individuos no tenían caballo ninguno y por consiguiente no habían podido dispararse, a pesar del aviso que la noche anterior habían recibido por uno de los indios que me descubrieron (camino de Cochicó) y que mejor montado se adelantó a los demás. Por ellos tuve conocimiento que antes de media noche el cacique Baigorrita con los restos de su tribu, se había puesto en fuga sin saber los prisioneros el rumbo que llevaba(...) Continué a gran galope y di orden a la tropa de no hacer un solo disparo sobre ellos, a fin de que no se dispersaran y en la creencia de que estaban dispuestos a pelear, visto que sacándose los ponchos y formados parecían esperar el ataque. (...) Cuando me puse a una cuadra de ellos no me cupo duda ya que los indios iban por fin a defender con sus armas los derechos que consideraban tener, pero ¿cuál era la razón de la calma de que ellos estaban haciendo alarde?Los salvajes, conocedores del terreno que pisábamos lo sabían, pero yo lo ignoraba por completo como era natural. El arroyo Lacha, cuyo cauce lo forman grandes barrancas, a pesar de ser angosto y de contener muy poca cantidad de agua en su lecho, impedía la llegada nuestra a donde ellos se hallaban y por consiguiente, no abrigaban el más remoto temor de que pudiéramos pasarlo en la dirección que llevábamos. Al encontrar tal inconveniente, busqué la manera de vadearlo y empecé a desfilar por una pequeña senda que terminando a dos cuadras más o menos, caía a una especie de zanjón que daba paso a la margen opuesta del arroyo. Durante ese tiempo los indios se dispersaron y nos hicieron algunos disparon con una carabina que uno de ellos tenía. El número de indios que estuvieron formados era de 26, de los cuales sólo 10 o 12 tendrían lanza, los demás estaban desarmados. (...) comprendí entonces la estrategia de ellos, que consistía en distanciarnos del punto en donde habían estado acampados, para que llegando la noche, la oscuridad no me permitiera descubrir el rumbo que la tribu había tomado el día anterior. Con los prisioneros me hice conducir allí, donde dividí la fuerza en cuatro partidas, separándonos entonces a buscar la mayor de las rastrilladas, pues la fuga la habían hecho en el mayor desorden. Las sierras de Lacha son muy pedregosas, y por más que trabajamos buscando los rastros de las familias, no lo conseguíamos, pero en estas circunstancias tomamos una china y se nos presentaron un cautivo y una cautiva, que habían logrado evadirse de los indios. Por ellos supe recién que el cacique ranquelino había tomado con su tribu el camino del río Colorado. (...) los inconvenientes con que tropecé, me hicieron perder todo ese día, y el sol se había ocultado ya cuando obtuve estas noticias. Los deseos que tenía de continuar la persecución, eran vehementes, pero varios y muy fundados fueron los motivos que me detuvieron. El cacique Baigorrita con la chusma que lo seguía, me aventajaba ya en diez a veinte horas de marcha; luego, mi caballada llevaba 30 horas de caminar forzada y consecutivamente, y sin haber comido ni bebido en todo ese tiempo, y por último, el cautivo presentado, que era el único que conocía el camino a dicho río, me aseguraba que no distaba menos de 14 a 16 leguas, siendo todo el trayecto hasta llegar allí, montuoso y pedregoso en extremo. (...) Mi marcha al río Colorado, en mi concepto, no tenía más objeto ya que cerciorarme de una manera positiva, de que el cacique ranquelino con los restos de su tribu, lo había vadeado y continuaba su precipitada fuga por el camino que conduce a la morada de los Pehuenches, como me aseguraba el cautivo presentado, pues a ser esto verdad, los salvajes no regresarían más a los campos que abandonaban, dejando así de ser una amenaza eterna para nuestras riquezas pastoriles. (...) El día 1º de julio, antes de amanecer, me encontraba ya a la margen izquierda de este hermoso río, habiendo recorrido un trayecto de 7 1/2 leguas desde Lacha. (...) El ancho del río en este punto es de 80 metros más o menos, su lecho es pedregoso, su corriente violentísima(...) (...) cuatro indios que habían estado ocultos detrás de una pequeña lomada en la costa opuesta del río, se aparecieron de improviso, galoparon hacia el oeste e hicieron fuego en el campo, produciendo una gran quemazón. Inmediatamente mandé desvestir 25 tiradores, los hice montar en pelo los mejores caballos, y al mando del capitán don Máximo Albornoz, que se desnudó también, les ordené continuar la persecución. El frío era horrible, sin embargo el capitán, descalzo y en ropas menores, lo mismo que los soldados que lo acompañaban, llenos de placer y con un semblante que manifestaba la mayor satisfacción, pasaron a nado el río y continuaron la marcha(...) Lleno de impaciencia esperaba en mi campamento el regreso del capitán Albornoz, quien a las 4 p.m. se me presentó amoratado de frío, tanto él como la tropa. Los habían perseguido 5 ó 6 leguas, por el camino que conduce a la morada de los Pehuenches(...), mas la cantidad inmensa de piedra que hay en todo él, le había imposibilitado casi por completo la caballada que montaba(...) El cacique ranquelino con los pequeños restos de su tribu, a juzgar por los rastros que dejaban de sus marchas, no habían demorado ni un instante en continuarla desde que la emprendieron, pues no se encontraba un solo fogón, ni vestigios tampoco de que hubiesen carneado durante su viaje, lo que indicaba de una manera clara la precipitación que llevaban. Yo hubiese deseado aprehender al cacique Baigorrita y ofrecérselo a V.S. como un trofeo de mi campaña, pero todas las esperanzas para lograrlo escollaron con la fatalidad del destino. La desgracia de ser sentido a tan larga distancia del punto a donde se hallaban los salvajes, cosa que no pude evitarla y que no la produjo ninguna mala disposición en mis marchas, sino que fue puramente un efecto lógico y consiguiente a la precaución o vigilancia que ellos tenían establecida a causa del golpe anterior que habían sufrido, fue también la causa única que hizo fracasar mis proyectos; sin embargo, puedo asegurar a V.S. que esta tribu no volverá a molestarnos, por cuanto a la fecha se hallará, a no dudarlo, del otro lado del río Negro, si es que no han caído en poder de las fuerzas de la 4ª. División(...) Juan A. Alvarez (R 162) Este es el “susto mayúsculo” a que se refería el coronel Racedo en su diario con fecha 20 de junio. Estos sucesos exhiben mejor que ninguno el talento táctico de Baigorrita, cuya sagacidad y astucia le permiten burlar por enésima vez a sus perseguidores. Obligado a cruzar una vez más el Colorado, el jefe dispersa en numerosos grupos a los sobrevivientes, para que cada cual marche hacia el Neuquén e intente cruzarlo. Sobre las condiciones que enmarcan la rápida y penosa fuga ilustran los siguientes apuntes: Junio 30 - El frío es excesivo, el termómetro marca 6º bajo cero, a las 9 de la mañana. Coronel Racedo (O 498) Julio 1º - La inclemencia del tiempo al comenzar el mes actual nos hace presumir los sufrimientos que nos aguardan. Me preocupa la suerte de nuestros desgraciados prisioneros que, casi desnudos, tendrán que soportar los rigores de la estación, sin más recursos para aminorar sus terribles efectos que el calor de los fogones. No escasea la leña, felizmente. Vemos brillar en todo el campamento grandes fogatas, a cuyo derredor nos agrupamos todos, sin distinción, pues es casi imposible mantenerse fuera del círculo de calor que ellas producen(...) Continúa el viento cada vez más fuerte y frío. Diario de Racedo (R 124) Aunque no era esa la única preocupación del coronel; como una fiera herida de muerte, los últimos pampas aún daban zarpazos: Julio 2 – Como si los sufrimientos ocasionados por la intemperie no fueran bastante, esta noche nos fueron arrebatados por los indios que merodeaban alrededor del campamento cerca de 300 animales, entre mulas y caballos, pertenecientes al regimiento 4 y a los indios amigos. Víctimas de su descuido, murieron a manos de los asaltantes tres indios del capitanejo Pancho, escapando otro con 17 lanzazos(...) Diario de Racedo (R 124) Mientras, el teniente coronel Uriburu cumple su amenaza de mandar apestados a los pehuenche para difundir entre ellos el contagio: Julio 2 – (...) Despachóse al cacique Painé, su mujer y sus hijos, y diez enfermos de viruela, poniéndolos en libertad, para que al mismo tiempo conduzcan una nota que se dirige a Guaiquillán, segundo de Purrán(...) Napoleón Uriburu (O 395)
Al escapar de la persecución del mayor Alvarez, Baigorrita logra cortar el contacto con los perseguidores, y pasarán diez días hasta que, atravesando el espacio entre el Colorado y el Neuquén, se produzca el inevitable contacto con las celosas patrullas de la Cuarta División. Aprovecho ese paréntesis para documentar dos aspectos sobre el destino de los prisioneros: primero, cómo se disponía de ellos, y segundo, la mortandad causada por la viruela. Para ilustrar esto, será conveniente intentarlo mediante sintéticos raccontos. Con relación al primer punto, es sabido que muchos de estos prisioneros fueron destinados a la zafra en Tucumán, donde las condiciones climáticas y laborales, la pésima alimentación y el maltrato prácticamente los exterminaron. En la bibliografía general se mencionan trabajos sobre el tema. Aquí recopilo algunas referencias de Racedo al reparto de niños, que se consideraba justificado en el momento por las atroces condiciones de su cautiverio en los campos de concentración de campaña. Mayo 15: Por pedido que me hizo el comandante Meana, ordené le fueran entregadas dos chinitas pequeñas de las que tomó prisioneras (R 42). Junio 15: El comandante Roca me pidió un indiecito de los que él trajo y estaban en el depósito para su servicio, que me apresuré a hacerlo entregar. Bien merecido lo tenía (R 118). Junio 28: Al mayor Leyría le hice entregar un chinito que me pidió para su servicio (R 123). Julio 4: Los oficiales del Batallón 3 de Línea, me pidieron algunos indios pequeños de los prisioneros, para dedicarlos a su servicio; se los mandé entregar (R 149). Julio 5: Mandé entregar cinco indios pequeños, a varios jefes y oficiales de la División que los solicitaron (R 150). Julio 11 y 12: [manda empadronar a los prisioneros] incluyendo los que habían sido colocados en poder de numerosos jefes y oficiales de la División (R 153). En cuanto al tema de la viruela, que aniquilaba a los indígenas, incluso a los “amigos” enrolados en el ejército, y causaba también alguna baja entre los soldados blancos, prometí más arriba ocuparme de él. Dado que sólo en la Memoria de Racedo se expresa alguna preocupación por este problema y que justamente la Tercera División bajo su mando fue la responsable de casi todos los rancülche prisioneros, limitaré mis citas a este material. Como me interesa mostrar la aparente contradicción entre las medidas de prevención, detalladas en el diario del jefe y los informes de los médicos, y el altísimo índice de mortalidad registrado, la recopilación de citas será necesariamente extensa. Dicha contradicción deja la fuerte impresión de que la vacunación resultaba no sólo ineficaz, sino tal vez contraproducente. ¿Podrá haber sucedido que la inoculación preventiva, eficaz en los blancos, causara la enfermedad en organismos tan inmunodeficientes a la misma? La primera referencia en la Memoria aparece muy temprano. El 9 de mayo de 1979, la división establece el primer contacto con los pobladores del lugar: la vanguardia captura en Poitagüé, asentamiento ya abandonado por la gente de Baigorrita, veintisiete indios, entre los de lanza y chusma(...) uno de los prisioneros estaba enfermo de viruela. Con esta noticia puse cuidado, pues temí que este horrible flagelo se desarrollara en la División (R 36). Días después, subraya su preocupación: Mayo 17: En la División no se desarrollaba aún la viruela, que tan alarmados nos tenía después de los primeros casos que ocurrieron. A todos los indios prisioneros se les hizo inocular la vacuna a fin de evitar la propagación de tan funesta enfermedad, que podría muy bien diezmar las fuerzas (R 44). Y poco después: Mayo 22: Los temores que de tiempo atrás abrigábamos respecto al desarrollo de la viruela, estaban ya realizados. Varios casos de este horrible flagelo tuvieron lugar en la fecha. Mandé trabajar sin pérdida de tiempo un ramadón de grandes dimensiones y retirado 15 cuadras del campamento; lo destiné para lazareto, al cual debían trasladarse todos los atacados de viruela(...) Hasta ese momento la enfermedad sólo se cebaba en los desgraciados indios, que encontraba mejor preparados por su falta de higiene; pero esto no alejaba nuestros temores, ni podía librarnos de la compasión que nos causaban aquellos infelices (R 49). Mayo 24: El desarrollo de la viruela seguía tomando diariamente mayores proporciones. Dos soldados del Batallón 10 de Línea y seis de los indios prisioneros pasaron este día al lazareto, atacados de esta horrible enfermedad (R 51). Mayo 25: En el lazareto murió una china atacada por la viruela (R 55). Mayo 27: Un recluta murió víctima de la viruela (R 61). Mayo 28: La viruela hizo dos víctimas más entre los indios prisioneros (R 61). Mayo 29: Este día no hubo caso nuevo de viruela (R 68). Junio 4: La viruela parecía que declinaba gradualmente. Los enfermos del lazareto presentaban síntomas de verdadera mejoría y no se notaban nuevos casos (R 85). Junio 7: En el lazareto murió un indio de la viruela y algunos de los demás que están allí enfermos, se empeoraron sin causa aparente (R 86). Junio 8: No hubo caso de viruela, los enfermos del lazareto volvieron nuevamente a mejorarse (R 87). Junio 9: Dos indios murieron de la viruela (R 89). Junio 12: Tres chinas del depósito de prisioneros, pasaron de baja al lazareto (R 90). Junio 18: Pasó hoy al lazareto un indio enfermo de viruela (R 117). Junio 20: Dos chinas se enfermaron de viruela(...) Falleció un indio en el lazareto (R 117). Junio 21: Recrudece la viruela. Doce de entre los indios prisioneros pasaron hoy al lazareto, atacados de esta enfermedad (R 118). Junio 22: Dos soldados del Regimiento 4 pasaron al lazareto, atacados de viruela (R 120) Junio 25: El estado sanitario de la División es cada día más alarmante. Fallecieron hoy un soldado(...) un indio de lanza y dos pequeños(...) de la viruela (R 122). Junio 26: Pasaron al lazareto dos indios atacados de viruela (R 122). Junio 27: Falleció un indio y se enfermaron dos más de la viruela(...) Se administró la vacuna a treinta indios pequeños, a pesar de su resistencia, pues tanto ellos como los de mayor edad suponían que aquello era gualicho y se negaban tenazmente (R 122). Seguramente creían que trataban de apestarlos... ¿Y si ese fuera el efecto? Junio 28: Falleció una china (R 123). Junio 29: Un indio curado y murió una china (R 123). Junio 30: Murieron hoy un indio, una china y dos chicos de viruela (R 124). Julio 1º: Murió en el lazareto una india (R 124). Julio 2: Fallecieron en el lazareto tres indígenas (R 124). Julio 3: Fallecierron hoy dos indios y un soldado de viruela (R 149). Julio 4: Murieron hoy dos indios (R 149). Julio 5: Una china y dos indios enfermos de viruela. De lo mismo murieron dos indígenas (R 149). Julio 6: 3 defunciones, en los indios prisioneros (R 150). Julio 9: Falleció un indio de lanza (R 152). Julio 10: Atacados de viruela un soldado, dos chinas y un indio (R 152). Julio 11 y 12: La viruela continúa haciendo estragos. En estos días ha recibido el lazareto siete atacados; han fallecido en él cuatro (R 153). Julio 13: Fallecieron hoy en el lazareto tres prisioneros, y pasaron enfermos al mismo un indio y un soldado de mi escolta (R 153). Julio 14: Continúa la viruela (R 168). Julio 15: La viruela continúa con fuerza en el campamento (R 169). Julio 16, 17 y 18: Han ocurrido ocho defunciones en el lazareto, produciéndose seis nuevos casos (R 169). Julio 19: La viruela hizo hoy tres víctimas, un soldaldo y 2 prisioneros (R 170). Julio 20 al 29: Los casos ocurridos fueron 39, ascendiendo las defunciones a 27 (4 soldados y 23 prisioneros) (R 182). Julio 30 y 31: La salud en el campamento, empeora cada día(...) 8 defunciones (incluso dos soldados) víctimas también de la viruela (R 192). Agosto 1º al 5: Seriamente preocupado con(...) la epidemia reinante, encargué al doctor Dupont estudiara las causas que pudieran producirla(...) me entregó el siguiente informe: “El 28 de mayo, al tomar prisioneros los indios y chusma pertenecientes al cacique Baigorrita, encontramos varios enfermos de viruela, uno en el período de disecación, otros en el de erupción. El señor teniente coronel D. Rudecindo Roca adoptó la medida de llevarlos a retaguardia y distantes de la columna, a fin de evitar que se desarrollase más la epidemia entre los prisioneros, así como entre las fuerzas nacionales. Pero, como varios estaban en el período de incubación, 27 más se enfermaron de viruela, dando así un total de 34 virulentos. “A fin de evitar la mortandad, y obedeciendo a la práctica que aconseja inocular el virus de la viruela para transformar la viruela confluente en viruela discreta, o para producir la varioloide, inoculé a un cierto número de prisioneros el virus virulento. Tuvieron, en efecto, la varioloide o una viruela muy benigna. “El 18 de junio, al llegar al campamento, el estado de los enfermos de viruela era el siguiente: 6 habían muerto, 13 habían sanado y 15 fueron entregados al lazareto. “Viendo que la viruela se desarrollaba epidémicamente(...) solicité al doctor Orlandini una costra vacunífera, con que vacuné inmediatamente a varios niños sanos y robustos. Con las pústulas de vacuna óptima que conseguí, vacuné de brazo a brazo a todos los prisioneros(...) la vacunación, siendo el único y real profiláctico de la epidemia de viruela, me permite abrigar la confianza que pronto cesará esta mortífera enfermedad de hacer estragos en los prisioneros”. De la lectura del informe se desprendía que para combatir los efectos mortíferos de la viruela no existía sino un medio: la remisión de los prisioneros que quedaban, a los centros poblados(...) En estos cinco días habían ocurrido 16 defunciones (14 indígenas) (R 192, 196, 197, 206, 207). Despacha, pues, a todos los sanos, pero los enfermos quedan en el lazareto y siguen alimentando la luctuosa nómina. Agosto 6 al 12: Las defunciones ocurridas en estos días ascienden a 7 (4 indios), habiendo otros tantos enfermos (R 208). Agosto 13 al 16: Ocho muertos y catorce enfermos tuvimos desde el día 13 hasta hoy, cuatro de los primeros y nueve de los segundos son soldados (R 217). Preocupado por el gran déficit sanitario, Racedo pide un nuevo informe a los médicos de la división, quienes insisten en la necesidad de revacunar, tomar medidas higiénicas y, eventualmente, mudar el campamento. Transcribo algunas consideraciones del doctor Orlandini sobre la viruela porque, aunque plagadas de prejuicio, me parecen interesantes: Pitre-Lauquen, agosto 16 de 1879. (...) En todo el tiempo que duró el viaje del fuerte Sarmiento a Pitre Lauquen la salud general fue buena, y bajo estos auspicios nos augurábamos todos óptimos resultados, cuando inopinadamente se manifestó la viruela, llenando los ánimos de miedo y consternación. Desde el mes de abril los indios del desierto estaban con esta epidemia, y no exagero en nada diciendo que la temían más que una invasión de cristianos. Maxvon-Neuwied dice: “Los españoles y portugueses, con el objeto de exterminar las razas salvajes indígenas de la América Meridional hicieron llegar a ellos ropas de virolentos, y esta tremenda enfermedad, antes desconocida entre los salvajes, empezó haciendo innumerables víctimas”. Por ningún otro escrito he visto confirmado lo que dice Maxvon Neuwied, pero de cualquier modo que hayan adquirido esta epidemia el hecho cierto es que la conocen desde el tiempo más remoto y que cada dos o tres años y algunas veces cada otoño, la viruela ha desolado con su presencia los toldos y destruido familias enteras. Los indios tienen a esta enfermedad un miedo espantoso; a los primeros casos se alborota una tribu, la madre abandona a sus hijos y éstos a sus padres en casos de enfermedad; el miedo puede en todos ellos más que el amor filial; se le abandona al enfermo de una manera miserable, dejándolo solamente entregado a la Providencia, limitando los cuidados sólo a una vasija con agua, algo con qué taparse y el abrigo que pudiera prestarle algún monte en caso de existir o si no el desierto mismo le sirve de habitación. Les he preguntado con insistencia a ellos mismos cuántos sanaban de esta enfermedad, y todos me han contestado que ninguno. Y, en efecto, habiendo tenido al oportunidad de ver varias veces más de mil quinientos indios prisioneros, en ninguno de ellos he observado los vestigios que esta enfermedad deja para toda la vida. Incluye un cuadro según el cual enfermaron de viruela 22 soldados blancos, de los cuales murieron 8 y sanaron 14, y 102 prisioneros indígenas, de los cuales murieron 77 y se salvaron 25. Luego detalla: Apenas en el campamento se desarrolló la viruela, tuve cuidado de pedir pus vaccínico y conseguido me puse con actividad a vacunar. Pero era tal la fuerza y energía de la epidemia, que en muchos casos observé que, a pesar de ésta y contemporáneamente a ésta, se desarrollaba la viruela y las dos enfermedades seguían cada una su curso, sin que la una modificase en nada a la otra; esto ha sido averiguado muchas veces en las grandes epidemias(...) Practiqué la vacunación en más de 150 indios de toda edad, otros tantos vacunó el cirujano de la 1ª Brigada, y a pesar de esto, en los indios amigos y prisioneros, había casos de viruela y hasta en la tropa. L. Orlandini (R 223, 224 y 225) Agosto 17 al 23: Las defunciones ocurridas en estos días alcanzaron a 18 y a 11 los atacados por la viruela (R 228). El 25 de agosto, concluida su misión, la 3ª División emprende el regreso, y su jefe deja de informar sobre este tema.
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