Selecciona acá para volver al inicio

VI - Muerte de Baigorrita

VI

Muerte de Baigorrita (18 de julio de 1879)

   Curiosamente, después de tantos desvelos por cazar a Baigorrita, las referencias a su muerte llegadas desde el campo de batalla se reducen a poco más de lo que he transcripto. Hay un informe del coronel Villegas del 17 de agosto, es decir, un mes después:

A. S.E. el Señor Ministro de la Guerra

Oficial – Según comunicaciones recibidas del Coronel [sic] Uriburu, una de las partidas desprendidas en persecucion de los dispersos de 13 del pasado, dio alcance á una [partida] de indios que huia, matando cinco, y tomando veinte y cinco de lanza y treinta y siete de chusma, con veinte y seis animales caballares, siendo en esta ocasión herido Baigorrita en el combate y murió el dia 17 [sic] de resultas de las heridas recibidas.

Otra partida dió muerte á dos indios y tomó treinta prisioneros mas [¿la gente de Lucho?].

La tribu de Baigorrita, ha sido desde el 13 al 20 del pasado, completamente deshecha, pues toda ella se encuentra en poder de la division del Neuquen; entre los últimos prisioneros tomados, se encuentran tres de importancia que son: “Buchá José” cristiano lenguarás y hombre de accion, que ejercia gran influencia sobre Baigorrita; “Ramon Capulnan” [?] yerno de dicho cacique, y “Huilepan” suegro del mismo.

Una partida de treinta indios marchó hacia la pampa, que presumo será la que batió el 29 del mismo, el capitan Alba al Norte-Oeste de “Buchá-Mahuida”(...)

Conrado E. Villegas. Comandante General de la línea Militar de Rio Negro y Neuquen. Choele Choel. Agosto 17 de 1879. (LPD 30/8/79)

 

Y Eduardo Racedo, quien con tanto ahínco lo hiciera perseguir, se entera recién diez días  después del deceso por un informe desde retaguardia:

Se continuó la marcha sin novedad hasta el 27 [de agosto], que se recibió en Aillancó un chasque de Villa de Mercedes, conduciendo correspondencia oficial lo que motivó la siguiente

ORDEN GENERAL

Para conocimiento de la División, se transcribe la nota recibida del señor comandante en jefe de la frontera sud del interior, cuyo tenor es como sigue: “Villa de Mercedes, agosto 21 de 1879. Al señor comandante en jefe de la 3ª División Expedicionaria, coronel don Eduardo Racedo. En la fecha recibo telegrama del señor Ministro de la Guerra, general D. Julio A. Roca, en el cual me comunica que el cacique Baigorrita, no queriéndose rendir, ha sido muerto por las fuerzas del coronel Uriburu, noticia que pongo en conocimiento de V. S. y a la División de su mando, por la desaparición de la raza ranquelina, y el feliz acontecimiento de la muerte del último cacique, como lo era Baigorrita. Dios guarde a V. S. (Firmado:) L. Nelson.” (R 240)

Intrigado por una parquedad tan notable si la comparamos con el triunfalismo generalmente exhibido, busqué mayores detalles sobre las circunstancias en que se produjo esa muerte. En las versiones que recogí, con la invalorable guía de Hux (H2 147), hay de todo: desde testimonios que muestran un evidente espíritu fabulador -generalmente exacerbado, además, por el afán sensacionalista de quienes los publican, inclinados a presentar el hecho según su concepto de una muerte con grandeza-, hasta alguno más creíble que los contradice.

Así, por ejemplo, Juan Gutiérrez Gallardo, en la “Noticia histórica” introductoria a su poema de homenaje “Baigorrita” (ambos plagados de errores históricos gravísimos, imperdonables) dice que

(...) después de un combate terrible [entre la gente de Baigorrita y los choiqueros del mayor Torres] en que por ambos bandos se hizo derroche de bravura en singulares combates hombre a hombre, fue herido el propio Baigorrita. Los lanceros de su escolta lo alzan y huyen con su querido jefe. Cae prisionera la familia del cacique, y el Mayor Torres destacó al sargento Avila en persecución del fugitivo, quien le da alcance a la madrugada siguiente, informando en el parte: “que tuvo que ultimarlo porque era imposible andar esperando” [destacado por Gutiérrez Gallardo; no hallé publicado ese parte].

Don Lino Garrido, puestero de los campos coyhuequinos, dice que le refirieron otros soldados que acompañaban a Avila, que al ver a las tropas de caballería, los lanceros abandonaron al cacique y ellos lo encontraron muy mal herido, difariando[sic]; que el sargento Avila lo vendó y él se arrancó las vendas.

Maldiciendo a los cristianos, pedía por favor que le facilitaran un cuchillo para ultimarse. Luego se desvaneció, y entonces lo ataron a un caballo manso, dirigiéndose con él hacia el cantón donde estaba el Mayor. De pronto sintieron un doloroso ronquido: Baigorrita se había sacado nuevamente las vendas y desatándose –cuenta don Lino- se tiró del caballo.

Al caer pegó contra una piedra y quedó desvanecido, se le dió agua, pero al rato empezó a agonizar. El sargento ordenó que se le ultimara para que no sufriera tanto. (GG 163 y164)

Félix San Martín, por su parte, lo relata así:

Tenemos la versión directa de uno de los actores en la tragedia final de los ranqueles, el “choiquero” Diego Castillo, mendocino, muerto hace pocos años a una avanzada edad en las inmediaciones de nuestra residencia. Sorprendido por la partida del sargento Avila en la madrugada siguiente al día del encuentro, Baigorrita no quiso montar su caballo de batalla que uno de sus capitanejos le alcanzara enfrenado. Quitóse el poncho pampa que vestía y esperó a pie firme, con su larga lanza en la mano y su puñal en la izquierda, la carga que la partida de “choiqueros” le llevó. Perdidas sus tierras, su familia prisionera, muertos o dispersos sus lanceros, el último soberano ranquelino debió sentir lo irreparable de la tragedia de su destino y del de su raza. Y grande aunque bárbaro, supo ser digno de su rango en aquel momento supremo de su vida: hizo pie en el propio deslinde de aquella Pampa en que sus mayores, y él a su vez, reinaron, cayendo con las armas en la mano. Si Baigorrita hubiera muerto en una carga al frente de sus hordas, allá en los campos natales, su fin no tuviera la grandeza trágica con que se nos presenta. Murió en la fuga, en el confín de la llanura que debió amar con toda su alma bárbara, después de la destrucción total de su poderío.

Baigorrita, gravemente herido de bala y arma blanca, se negó a que le condujeran al cantón de “Paso de Indios”. Lo cargaron en un caballo manso, y él se arrojó a tierra y desgarró el vendaje de sus heridas. Resuelto a no sobrevivir a su derrota, pedía a gritos un arma para ultimarse. Fueron inútiles los esfuerzos del sargento Avila para convencerlo que se dejara llevar al campamento, donde se le curaría. Y hubo que matarlo, pues no eran momentos ni sitios aquellos para que una partida suelta “anduviera esperando”. (SM 73)

Evidentemente, aunque ambos autores mencionan diferentes testigos, las fuentes de ambos son las mismas, si es que uno no abrevó en el otro. Lo propio sucede con la cita siguiente:

Fue el 15 de julio de 1879, que [el mayor Saturnino Torres] con sólo 100 hombres lo acometió [a Baigorrita], batiéndolo y tomándole la familia, muchos indios de lanza, chusma y el ganado que arreaban. Baigorrita, montado en su soberbio corcel blanco, huyó, seguido por algunos secuaces; destacó en su persecución el mayor Torres, al arrojado sargento Avila, el cual, dándole alcance al día siguiente, lo batió y tomó prisionero. Herido y vendado, fue puesto sobre el lomo de su cabalgadura, pero de allí arrojóse y pidió lanza el muy porfiado, muriendo a manos del bravo Avila. Así terminó este señor de la pampa, con la visión de su caída en el supremo instante. (TI 128)

En cambio, el testimonio que sigue, redactado sin el interés por impresionar a un interlocutor ávido, dentro de un documento de carácter burocrático, parece más digno de crédito. Es importante señalar un detalle ya marcado por Uriburu con fecha 17 de julio y que aquí se reitera: nadie, en la 4ª División, conocía a Baigorrita, lo cual también aporta dudas a las citas anteriores, que no mencionan dicho detalle.

Creo que las siguientes declaraciones del capitán José Zabala alcanzan y sobran para cerrar esta recopilación como corresponde y ameritan omitir cualquier agregado.

(...) En el mes de Junio, salimos con objeto de hacer un reconocimiento al Cerro de Aucamahuida, que en lengua de indio quiere decir Cerro de la Yegua, encontrando después de 4 días de camino una tribu pampeana que pertenecía al cacique Baigorrita, tomándoles unos 200 entre chusma e indios de lanza, reuniéndonos a las 8 de la noche las diferentes comisiones, en circunstancias que yo me encontraba con el Teniente 1º Don Adolfo Drury, 20 soldados y con igual número de prisioneros y 1 toro cargado con prendas de plata la que fue repartida entre el personal de esa comisión. Como era tarde y teníamos varios animales cansados y nos era imposible llegar esa noche a reunirnos con el Mayor Torres, preguntó el Teniente Drury: “¿Quién se anima a ir de chasque al campamento?” contestando varios: “Yo, mi Teniente”. El Teniente Drury me designó a mí. Caminaba 200 ó 500 metros y me paraba a escuchar; el caballo y yo no respirábamos por un momento; así llegué como 2 horas después a cumplir mi misión, siendo despachado enseguida con una orden para el Teniente Drury que en vez de dirigirse al campamento, debía dirigirse al paso de Guitrin. Noche esta que la recuerdo porque pasé sin dormir, con mucho frío y mucho miedo, algo mal comido y con 18 años de edad. 3 o 4 días después de llegar a Guitrin dejó el Mayor Torres al Capitán del 12 de Infantería, que creo también era Gómez, con la compañía de su mando, y él, con la caballería y vaqueanos marchó al paso de Hacha, punto obligado que venían a pasar todas las indiadas de la Pampa que iban en retirada hacia la cordillera. Como estuviera muy mal el pasto, el Mayor Torres tomó el camino de la Pampa Central. A 3 leguas del paso hay unas lagunas o ramblones donde se reunen las aguas cuando llueve; ahí llegamos muy entrada la noche; al día siguiente un chasque que debía dar cuenta al Jefe de la División, del cambio de fuerzas y los puntos tomados, encontró a 10 cuadras de nuestro campamento una indiada. Al ver al chasque unos montaron a caballo para perseguirlo, y otros ensillaron y siguieron a marcha forzada, a la costa del río Neuquén. Nosotros ensillamos con rapidez y los perseguimos dando alcance a la chusma como a las 10 a.m. Nos dijeron que el cacique iba adelante con su escolta, seguimos algunos, dando alcance a estos como a las 11 a.m. Dejaron los caballos y siguieron a pie subiendo las montañas. Un sargento Eusebio Amarante, y un soldado Pedro Farías, tiraron al mismo tiempo que yo, al que iba más lejos; cayó éste y rodó algunos metros por la pendiente. Un oficial Eliseo Avila de Guardia Nacional salió al encuentro de los que huían y creyendo que se ocultaba le tiró al mismo indio, pegándole en un brazo; cuando nosotros llegamos a donde estaba el herido, tenía el muslo izquierdo y el brazo derecho completamente destrozados, por lo que el Oficial Avila nos ordena que lo matáramos, así lo hicimos. Cuando reunimos los 18 indios de la escolta del cacique, el Mayor Torres preguntó cual de ellos era el cacique, contestando que era el que estaba muerto. Así terminó el famoso Baigorrita, terror de la Pampa Central. (EE)

FIN

I - Introducción | II - Antecedentes | III - La Batida | IV - La Conquista | V - El Final | VI - Muerte de Baigorrita | Bibliografía

El ocaso de los Ranqueles


 


 Los textos acá colocados son en su gran mayoría de dominio público y/o sus autores han autorizado su colocación. Algunos fragmentos de obras comerciales pueden estar presentes con fines educativos. El respeto al derecho de autor es una parte central de la actividad literaria. Si alguien considera que se vulneran sus derechos o que se hace uso inadecuado de algún contenido o material, favor contáctarnos para retirarlo de inmediato.
Actualmente hay 180 usuarios conectados en BibliotecasVirtuales.com
 
Ciudades Virtuales Latinas - CIVILA.com y Educar.org (cc) 1996 - 2011
Contenidos distribuidos bajo una
Licencia de Creative Commons.
Licensia de Creative Commons