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El Libro de las Tierras Vírgenes (Continuación) -IWoof!
-gruñó Baloo al encontrarse de nuevo bajo los árboles-.
Nunca más buscaré a -Sabe
más que nosotros -dijo Bagheera temblando-. Si me quedo allí
un rato más, -Antes
de que salga de nuevo la luna, muchos serán los que vayan a
parar a ella -afirmó -Pero,
¿cuál era el significado de todo aquello? -preguntó
Mowgli, porque ignoraba el -Mowgli
-le dijo Bagheera de muy mal humor-: si su nariz estaba
hinchada, fue por tu -No
importa -respondió Baloo-; recobramos al hombrecito. -Es
verdad, pero nos costó nuestro tiempo, el cual hubiéramos
podido emplear mucho -Es
verdad, es verdad -respondió con tristeza Mowgli-. Soy un
hombrecito muy malo, y -¡Je!
¿Cómo dice la ley de la selva, Baloo? Éste
no deseaba acumular más desdichas sobre Mowgli, pero
tampoco podía hacer burla -No
libra del castigo el arrepentimiento. Pero recuerda,
Bagheera que todavía es muy -Lo
recuerdo, pero, puesto que cometió una falta, hay que
pegarle. ¿Tienes algo que -Nada.
Hice mal. Baloo y tú están heridos. Es justo. Entonces
Bagheera le dio media docena de golpes; juzgándolos con
criterio de pantera, -Ahora
dijo Bagheera-, siéntate en mi lomo, hermanito, y volvamos
a casa. Cosa
muy hermosa en la ley de la selva y que puede notarse fácilmente
es que el castigo Se
tendió Mowgli en el lomo de Bagheera, apoyó en él la
cabeza y tan profundamente Canción
de los Bandar-log al ponerse en camino Previstos
están, por la ley de la selva (la más antigua del mundo)
la máxima parte de los -Una
vez que hayas vivido los años que yo he vivido, hermanito,
te darás cuenta de que Mowgli
no paró mientes en esta conversación, porque cuando un
muchacho pasa la vida Esto
empezó cuando escasearon de manera alarmante las lluvias de
invierno, y cuando -¿Qué
tiene eso que ver conmigo? -No
mucho, al presente -respondió Ikki, e hizo sonar sus púas
muy tenso y violento-. Pero
ya veremos mas tarde. ¿Sigues todavía bañándote en la
laguna que hay en la roca, -No.
El agua es tan tonta que se va evaporando, y no quiero
romperme la cabeza -dijo -Tú
te lo pierdes. Si te la rompieras un poco, acaso por la
rotura te entraría algo de Ikki
echó a correr agachando la cabeza para que Mowgli no le
tirara de las cerdas del El
oso, en tono grave, murmuró entre dientes: -Si
estuviera solo, cambiaría de cazadero, antes que los demás
empezaran a Pero
aquella primavera no floreció el árbol de mohwa al que
tanto cariño tenía Baloo. Por
culpa del calor murieron antes de nacer los verdosos,
lechosos capullos, parecidos a Los
pájaros y los monos emigraron desde el comienzo del año
hacia el norte, porque Nunca
había sabido Mowgli en verdad lo que era el hambre, pero
ahora tuvo que Siguió
adelante el calor y secó toda humedad, y al fin el cauce
del río Waingunga fue el Y
cuando Hathi, el elefante salvaje, cuya vida puede alcanzar
cien años o más, vio que De
acuerdo con la ley de la selva, desde el momento en que ha
sido proclamada la Mas
ahora había terminado todo aquel juego que podía ser
mortal: acercábase Durante
todo el día el ciervo y el jabalí se habían movido de un
lado a otro buscando Las
serpientes abandonaron la selva y bajaron al río con la
esperanza de encontrar allí Tiempo
hacía que las tortugas de río habían sido exterminadas
por la habilísima Cada
noche se dirigía a ese lugar en busca de fresco y compañía.
Apenas hubiera hecho -Estos
tiempos son malos, pero ya pasarán, si no nos morimos antes
-dijo la pantera una -Algo
metí en él, pero no me vale. ¿No crees, Bagheera, que las
lluvias se olvidaron de -¡De
ningún modo! Todavía veremos florecer el mohwa y a los
cervatos engordar con la -No
es tiempo ahora de cargar pesos. Todavía puedo tenerme en
pie sin que me ayuden. Pero
es verdad que ni tú ni yo nos parecemos, por lo gordos, a
los bueyes bien cebados. Se
miró Bagheera los lados, que eran como harapos cubiertos de
polvo, y murmuró: -Maté
anoche un buey que estaba uncido al yugo. Me quedaban tan
pocas fuerzas, que Se
rió Mowgli y dijo: -Sí;
muy buen par de cazadores formamos ahora tú y yo. Yo soy
muy audaz para comer Ambos
se alejaron por la crujiente maleza, se dirigieron a la
orilla del río junto a la -El
agua no puede ya durar mucho -observó Baloo uniéndose a
ellos-. Miren acá: al otro En
el llano que se extendía en la orilla opuesta, la hierba,
erguida, se había muerto y En
la curva que formaba el agua perezosa alrededor de la Peña
de la Paz, río arriba, -En
verdad que el peso de una sola ley nos gobierna ahora -dijo
Bagheera al vadear la -¡Buena
suerte sería la del que pudiera cazar aquí, a no ser por
eso que se llama la ley! Estas
últimas palabras no pasaron inadvertidas al oído finísimo
de los ciervos, y un -iLa
Tregua! ¡Acuérdate de la Tregua! -exclamaron. -¡Que
haya orden! ¡Que haya orden! -dijo con voz gutural Hathi,
el elefante-. Permanece
la Tregua, Bagheera. No es hora de hablar de caza. -¡Si
lo sabré yo! -respondió Bagheera, mirando río arriba-. No
devoro más que -También
nosotros quisiéramos que así lo hicieras; eso nos gustaría
mucho -replicó, -¡Bien
dicho, cornamenta en capullo! -bisbisó Bagheera-. Se te
tendrá esto en cuenta Y
sus ojos se clavaron en el cervato, a través de las
sombras, para tener la seguridad de La
conversación se generalizó poco a poco dondequiera en los
sitios destinados a beber. Oíase
al quisquilloso jabalí pedir con sordos ronquidos que le
cedieran mayor espacio; a -También
se mueren los hombres junto a sus arados -dijo un sambhur
joven-. Encontré a -El
río ha bajado más desde ayer en la noche -afirmó Baloo-.
Hathi, ¿viste nunca una -Ya
pasará, ya pasará -respondió Hathi, y lanzó agua al aire
para que le cayera sobre el -Por
aquí hay alguien que no resistirá mucho tiempo -observó
Baloo. Y al decir esto, -¿Quién?
¿Yo? -exclamó indignado Mowgli, sentándose en el agua-.
Yo no tengo pelo Tan
sólo de pensar en esto, tembló Hathi, y Baloo dijo con
aire severo: -Hombrecito,
no está nada bien que le digas eso a un maestro de la ley.
Nunca me vio a -No
quise decir nada malo, Baloo, sino tan sólo que tú eres,
digámoslo así, como un Mowgli
se encontraba sentado con las piernas cruzadas, hablando,
como de costumbre, -Esto
va de mal en peor -dijo la pantera negra mientras el
muchacho se levantaba -¿Qué
hacen? -interrogó Mowgli a quien había cogido distraído
la advertencia y no la -Le
rompen a uno la cabeza -respondió suavemente Bagheera, y le
dio otro empujón y -No
está bien que bromees a costa de tu maestro -dijo el oso,
al mismo tiempo que -¡No
está bien! Pues, ¿qué es lo que quieres? Esa cosa desnuda
que siempre anda Quien
así habló, era Shere Khan, el tigre cojo, que descendía
hacia el agua. Se quedó -La
selva no es ahora sino un criadero de cachorros desnudos. ¡Mírame,
hombrecito! Miró
Mowgli. . . Mejor dicho, clavó los ojos tan insolentemente
cuanto pudo; al cabo de -¡Hombrecito
por aquí... hombrecito por allá!. .. -rugió sordamente,
en tanto que seguía -Muy
bien podría ocurrir eso -dijo Bagheera mirándolo fijamente
en los ojos-. Muy bien El
tigre cojo hundía la barba y la quijada en el agua, y
flotaban aceitosas y oscuras rayas -¡Un
hombre! -respondió fríamente Shere Khan-. Hace una hora
maté a un hombre. Y
siguió farfullando y rugiendo entre dientes. Sobresaltóse
toda la fila de animales, y se movieron presa de agitación,
y entre ellos -¡Un
hombre! ¡Un hombre! ¡Mató un hombre! Miraron
todos, entonces, a Hathi, el elefante salvaje; pero en aquel
momento, él parecía -¡Matar
a un hombre en esta estación!... ¿No tenías otra clase de
caza a mano? -dijo Bagheera,
saliendo del agua teñido de rojo y sacudiendo cada pata,
como un gato, al -Por
gusto lo hice, no por necesidad de carne. Se
escuchó de nuevo el murmullo de horror, y ahora sí, el
vigilante ojillo blanco de -¡Por
gusto! -repitió lentamente Shere Khan-. Y ahora vengo a
beber y limpiarme. ¿Alguien
se opone a ello? El
lomo de Bagheera empezo a curvarse como un bambú cuando
sopla fuerte viento. Pero
Hathi levantó la trompa y habló con calma. -¿Mataste
por gusto? -preguntó. Cuando Hathi pregunta algo, lo mejor
de todo es -Así
es. Tengo derecho a hacerlo, porque esta noche es mía. Tú
lo sabes, Hathi. Y Shere Khan hablaba casi cortesmente. -Lo
sé, lo sé -concedió Hathi. Y tras un breve silencio, añadió: -¿Bebiste
ya todo lo que necesitabas? -Sí,
por esta noche. -Pues
ahora, vete. El río es para beber, y no para ensuciarlo.
Nadie sino el Tigre Cojo Cual
si fuesen trompetas de plata resonaron las últimas
palabras, y sin ninguna Mowgli
murmuró al oído de Bagheera: -¿Qué
derecho es ése que alega Shere Khan? Siempre es cosa
vergonzosa matar a un Después
de esperar un minuto para darse ánimo, porque nadie se
atrevía a hablar a -¿Cuál
es ese derecho que alega Shere Khan, Hathi? Hallaron
eco sus palabras en ambas orillas. El pueblo de la selva es
curiosísimo, y -Es
una historia antigua -dijo Hathi-. Una historia más vieja
que la selva. Estén quietos, Hubo
uno o dos minutos de confusión, ya que los jabalíes y los
búfalos se empujaban -Estamos
esperando. Avanzó
Hathi y se metió casi hasta las rodillas en la laguna que
se formaba junto a la Su
aspecto era el que le correspondía, aunque estaba flaco y
arrugado y con los -Todos
ustedes saben, hijos míos -empezó- que al hombre es a
quien temen más que a todas
las cosas. Se
escuchó un rumor de aprobación. -Esto
va contigo, hermanito -le dijo Bagheera a Mowgii. -¿Conmigo?
Yo pertenezco a la manada... Soy un cazador del pueblo libre
-respondió Mowgli-.
¿Qué hay entre los hombres y yo? -¿Saben
ustedes por qué le tienen miedo al hombre? -prosiguió
Hathi-. He aquí la razón: En
el principio de la selva -y nadie sabe cuándo fue esto-
todos los hijos de ella andábamos
juntos sin temor los unos de los otros. No había sequías
en aquellos tiempos; -Alegre
me siento de no haber nacido en aquellos tiempos -dijo
Bagheera-. ¿Para qué -Tha,
el primer elefante, era e! señor de la selva. Con su trompa
sacó a la selva de las -Pues
el cuento no perdió nada en tamaño al pasar de boca en
boca -bisbisó Bagheera, y -No
había en aquellos tiempos ni trigo, ni melones, ni
pimienta, ni cañas de azúcar;
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