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El
Libro de las Tierras Vírgenes
(Continuación)
Muy
grande, vastísimo era el círculo que trazaban; no querían
acercarse demasiado al Por
último reunió Mowgli al azorado rebaño en torno suyo en
lo alto del barranco, sobre Desde
allí, y mirando por encima de los árboles, se veía abajo
la extensión del llano. Pero
Mowgli se fijó entonces en los lados del barranco, y
comprobó con satisfacción -¡Déjalos
resollar, Akela! -dijo Mowgli levantando un brazo-. No han
hallado todavía el Y
haciendo bocina con las manos, gritó hacia el barranco (que
casi equivalía a gritar en Después
de unos momentos respondió el vago y soñoliento gruñido
de un tigre, harto ya -¿Quién
me llama? -dijo Shere Khan. A su voz, un magnífico pavo
real levantó el vuelo -¡Hablo
yo, Mowgli! ¡Ladrón de reses, hora es ya de que vengas
conmigo al Consejo de Durante
un momento, el rebaño permaneció quieto al borde de la
pendiente. Pero Akela, -¡Ah!
-gritó Mowgli, que cabalgaba sobre él-. Ya te enteraste,
¿eh? El
alud de negros cuernos, hocicos espumajosos y ojos de mirada
fija cruzó veloz por la Todos
sabían ya el trabajo que les esperaba: un tigre ni siquiera
puede pensar en resistir Al
escuchar Shere Khan el atronador ruido de las pezuñas, se
levantó y echó a andar Cruzó
el rebaño chapoteando por la laguna que él acababa de
abandonar, mugiendo y Mowgli
oyó que otro mugido contestaba desde el extremo inferior
del barranco, y vio Ambos
rebaños fueron arrastrados hacia la llanura por la
embestida, dando cornadas, -¡Rápido,
Akela! ¡Divídelos! ¡Sepáralos, o se pelearán los unos
con los otros! ¡Llévatelos,
Akela! ¡Hai, Rama! ¡Hai! ¡Hai! ¡Hai!, hijos míos. ¡Despacio,
ahora, Corriendo
de un lado para otro, Akela y el Hermano Gris mordían las
patas a los No
hacía falta que pisotearan más a Shere Khan. El tigre había
muerto y los milanos -¡Hermanos!
Murió como un perro -exclamó Mowgli. Echó
mano de un cuchillo que llevaba siempre pendiente del cuello
y metido en una -No
se hubiera batido cara a cara -prosiguió-. Buen efecto
causará su piel colocada Nunca
se hubiera enfrentado ni en sueños un muchacho criado entre
los hombres con la Sintió
de pronto que en su hombro se apoyaba una mano, y, al
levantar los ojos, vio a -¿Qué
significa esa locura? -exclamó, incomodado, Buldeo-. ¿Crees
que tú solo podrás ¡Bueno,
bueno! Dejaste escapar el rebaño, pero, en fin, podemos
pasar eso por alto. Hasta
probablemente te daré una de las rupias como premio, después
que yo lleve la piel Se
tocó la ropa, buscando un pedernal y un pedazo de acero, y
se inclinó para quemarle -¡Je!
-masculló Mowgli mientras arrancaba la piel de una de las
patas del tigre-. De ¡Ea,
aparta ese fuego, viejo! -¿Así
le hablas al jefe de los cazadores de la aldea? Cuanto
hiciste, se lo debes a la -¡Por
el toro que me rescató! -exclamó Mowgli, que entonces
luchaba por llegar hasta el ¡Akela, ven acá! Líbrame de este hombre que me molesta. Buldeo
continuaba aún inclinado sobre la cabeza de Shere Khan;
pero de pronto se vio -Sí
-dijo el muchacho entre dientes-; tienes toda la razón,
Buldeo. Nunca me darías ni Si
se ha de hablar con entera imparcialidad, convendrá
reconocer que, si Buldeo hubiera -¡Maharaja!
¡Gran rey! -dijo por último con voz ronca y en tono de voz
tan bajo que -¿Qué?
-respondió Mowgli sin volver la cabeza y sonriendo un poco,
satisfecho. -Soy
un anciano, e ignoraba que fueses algo más que un zagal. ¿Permitirás
que me -Vete,
vete en paz. Pero no te metas con mi caza en otra ocasión.
¡Suéltalo, Akela! Buldeo
se dirigió cojeando hacia la aldea, tan aprisa como pudo.
Miraba hacia atrás, por Entre
tanto Mowgli prosiguio su trabajo, pero ya estaba encima la
noche cuando entre él -Ahora
-observó- conviene esconder eso y hacer que los búfalos
vuelvan a casa. Akela, Una
vez reagrupado el rebaño a la luz dudosa del crepúsculo,
se dirigieron hacia la A
las puertas del lugar parecía haberse reunido para
esperarlo la mitad de la población. -Quizás
esto se debe a que he matado a Shere Khan -pensó Mowgli.
Pero he aquí que -¡Hechicero!
¡Hijo de una loba! ¡Diablo de la selva! ¡Lárgate! ¡Lárgate
de aquí en el Con
gran estampido hizo fuego el mosquete... y lanzó un mugido
de dolor uno de los -¡Otro
maleficio! -gritaron los aldeanos-. ¡El muchacho desvió la
bala! ¡El búfalo herido -Pero,
¿qué significa esto? -dijo Mowgli aturdido, viendo cómo
arreciaba la lluvia de -Esos
hermanos tuyos se parecen mucho a los de la manada -dijo
Akela, sentándose -¡Lobo!
¡Lobato! ¡Vete de aquí! -chilló el sacerdote agitando
una rama pequeña de la -¡Vaya!
¿Otra vez? La anterior fue porque era un hombre. Ahora,
porque soy un lobo. ¡Vámonos,
Akela! Una
mujer, Messua, corrió hacia el rebaño y gritó: -¡Hijo
mío! ¡Hijo mío! Dicen que eres un hechicero, y que si
quieres puedes -¡Atrás,
Messual ¡Atrás, o te apedreamos! -gritó entonces la
multitud. Mowgli
se sonrió forzada y brevemente porque una piedra acababa de
pegarle en la -¡Retrocede,
Messua! -dijo-. Todo eso no es sino uno de esos cuentos imbéciles
que Los
búfalos no querían otra cosa sino volver a la aldea. Por
tanto, apenas si tuvieron -¡Cuéntenlos!
-gritó, desdeñoso, Mowgli-. A lo mejor les robé uno. Cuéntenlos,
porque Volviendo
la espalda, echó a andar con el Lobo Solitario, y entonces,
como se le -Nunca
más dormiré dentro de una trampa, Akela. Recojamos ahora
la piel de Shere Cuando
la luna se elevó sobre la llanura, dando a todas las cosas
como un tinte algo Ya
la luna iba hacia su ocaso cuando Mowgli y los dos lobos se
aproximaban a la colina -Me
arrojaron de la manada de los hombres, madre. Pero cumplí
mi palabra: traigo la Caminando
con gran dificultad, salió mamá Loba de la caverna; tras
de ella iban sus -Se
lo dije aquel día, renacuajo mío: se lo dije aquel día
cuando metió cabeza y hombros -¡Muy
bien, hermanito! -se oyó que decía una voz, en la
espesura-. ¡Cuánto te Y
apareció Bagheera. Venía correndo y tocó los desnudos
pies de Mowghi. Juntos
ascendieron a la Peña del Consejo. Sobre la roca plana
donde solía instalarse Akela se echó sobre ella y lanzó el antiguo grito del consejo: -¡Miren,
lobos, miren bien! -su exclamación fue exactamente lo que
dijo cuando Desde
el tiempo en que fue destituido Akela, la manada no había
tenido jefe, y cazaba y Todos
los que quedaban vinieron al consejo, aunque algunos
estuvieran cojos por culpa Fue
entonces cuando Mowgli empezó a entonar una canción sin
rimas que se le vino a -¡Miren
bien, lobos, miren bien! -exclamó Mowghi cuando terminó-.
¿Cumplí mi Los
lobos, aullando como perros, dijeron: -¡Si! Uno
de ellos, cubierto de cicatrices y desgarrones en la piel,
aulló: -¡Guíanos
de nuevo, Akela! Guíanos de nuevo, hombrecito; estamos
hartos de vivir sin -No;
eso puede ser una equivocación -murmuró Bagheera-. Por que
acaso, cuando de -Fui
arrojado de la manada de los hombres y de la manada de los
lobos -observó -Y
nosotros contigo -dijeron los cuatro lobatos. Por
tanto, a partir de aquel día Mowgli cazó con ellos en la
selva. Mas no siempre Pero
a partir de ese momento su historia es ya para personas
mayores. Canción
de Mowgli cuando bailó sobre la piel de Shere Khan en la Peña
del Consejo "Afirmó
Shere Khan que me aniquilaría. . . ¡Que me mataría! ¡Que
mataría a Mowgli a Comió
y bebió. ¡Bebe
mucho Shere Khan! Pues
te pregunto, ¿cuándo beberás de Estoy
solo en la pradera. ¡Vente conmigo, Hermano Gris! Lobo
Solitario, ¡ven! ¡Aquí Espanta
a los grandes búfalos machos, a los toros de piel azul y
ojos llameantes de ¿Su
Señoría duerme aun, Shere Khan? ¡Es preciso despertar! ¡Ea!
¡Despierte! ¡Aquí ¡El
rey de ellos, Rama, hirió el suelo con uno de sus pies! Me
dirijo a las aguas del Porque
él no es como Ikki, el que puede agujerear la tierra, ni
como Mao, el pavo real, ¡Vosotros,
bambúes que crujís todos a la vez, decidme a dónde fue a
esconderse Shere ¡0w!
¡Helo ahí! ¡Ahoo! Helo ahí: bajo las patas de Rama yace
el tigre cojo. ¡Arriba, ¡Silencio!
Está dormido. Grande es su fuerza; no lo despertemos. Los
milanos bajaron a ¡Alala!
A mi piel nada la cubre; no tengo ropas. Desnudo me verán
los milanos. Shere
Khan: préstame tu piel. Préstame tu piel pintada para
poder asistir al Consejo de Por
el toro que me rescató hice una promesa.., una promesa
pequeñísima. Pero ahora me Armado
de cuchillo (del cuchillo que usan los hombres), armado del
cuchillo de Aguas
del Waingunga, de esto sed testigos: Shere Khan me entrega
su piel por el amor Colérica
se halla la manada de los hombres. Me apedrean todos y
hablan como niños. Hermanos
míos, corran junto conmigo velozmente por entre las
tinieblas de la noche, de ¡Oigan,
aguas del Waingunga! La manada de los hombres me arrojó de
su seno. No les Y
tú también de tu seno me arrojaste, manada de los lobos.
Se cerró la selva para mí, y Del
mismo modo que Mang vuela entre las fieras y los pájaros,
así vuelo yo entre la Mi
corazón está triste mientras bailo sobre la piel de Shere
Khan. Desgarrada y lacerada Como
luchan entre sí dos serpientes en la primavera, así
luchan en mi corazón ambos De
mis ojos corre el llanto, y, no obstante, río mientras él
va corriendo. ¿Por qué? Dos
Mowglis hay en mí; sin embargo, bajo mis pies está la piel
de Shere Khan. Toda
la selva sabe que maté a Shere Khan. ¡Miren!... ¡Miren
bien, lobos! ¡Ahae!
Mi corazón se siente oprimido por todas las cosas que no
alcanzo a La
Selva Invasora
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