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El Libro de las Tierras Vírgenes (Continuación) Dos
años después de la gran lucha contra los perros rojizos y
de la muerte de Akela, Preguntóle
a Mowgli acerca de ello, y el muchacho se rió y dijo: -Cuando
yerro un golpe, me incomodo. Cuando tengo que estar dos días
sin comer, me -Tu
boca puede tener hambre -respondió Bagheera-, pero tus ojos
no lo demuestran. Cazando,
comiendo o nadando, siempre permanecen igual. como una
piedra en tiempo Mowgli
la miró con aire perezoso al través de sus largas pestañas,
y, como siempre, la Estaban
ambos tendidos cerca de la cumbre de una colina que dominaba
al Waingunga, Al
elevarse el sol se convirtió en burbujeantes mares de color
rojo dorado, se deshizo Logró
despabilar a Bagheera, porque olfateó el aire matinal con
un profundo, cavernoso -El
año va a cambiar -dijo-. La selva adelanta. Se acerca la época
del nuevo lenguaje. Esta
hojilla lo sabe. ¡Muy bien! -La
hierba está seca -contestó Mowgli, arrancando un puñado-.
Hasta los ojos de Bagheera,
¿te parece bien que toda una pantera negra esté echada en
esa posición y dé -"¿Aowh?"
-dijo Bagheera. Parecía estar pensando en otras cosas. -Digo
que si te parece bien que la pantera negra abra así la boca
para dar ronquidos y -Sí;
es verdad. Te oigo, hombre-cachorro. Dio
media vuelta rápidamente y se sentó, y el polvo le cubría
los raídos y negros ijares -Ciertamente
somos los amos de la selva, ¿Quién es tan fuerte como
Mowgli? ¿Quién La
voz parecía arrastrar un tanto las palabras, y esto hizo
que Mowgli se volviera para -Dije
que sin duda alguna somos los amos de la selva -repitió
Bagheera-. ¿Hice mal? No Mowgli
se sentó y apoyó sus codos en las rodillas, y miró al
través del valle, a la luz del -Dije
que el tiempo del nuevo lenguaje está cerca -gruñó la
pantera, azotándose con la -Ya
lo oí -respondió Mowgli-. Bagheera, ¿por qué te tiembla
todo el cuerpo? El sol -Ése
es Ferao, el picamaderos de color escarlata -dijo Bagheera-.
Él no ha olvidado Y
empezó a ronronear y a berrear, escuchándose una y otra
vez, insatisfecha. -Ninguna
pieza de caza a la vista -observó Mowgli. -Hermariito,
¿estás completamente sordo? Esto no es un grito de caza,
sino mi canción, -Se
me había olvidado. Pero sabré cuando ya esté aquí la época
del lenguaje nuevo, Mowgli
pronunció estas palabras de muy mal humor. -Pero,
hermanito -empezó Bagheera-, la verdad es que no siempre... -¡Lo
haréis! -replicó Mowgli con violento gesto de cólera-.
Ustedes huirán, y yo, que Envié
a un mensajero... te envié a ti. Te mandé que hablaras con
Hathi y que le dijeras -Tan
sólo llegó dos noches después -respondió Bagheera, agachándose,
un tanto -No
vino la noche que yo le dije. No; andaba trompeteando y
corriendo y dando -Es
que era la época del lenguaje nuevo -respondió la pantera,
muy humilde siempre-. Tal
vez, hermanito, no empleaste entonces para llamarlo alguna
palabra mágica. ¡Escucha
ahora a Ferao y diviértete! El
mal humor de Mowgli pareció haberse disipado ya. Se acostó
boca arriba, con la -No
lo sé... ni me importa averiguarlo -dijo, soñoliento.
Durmamos, Bagheera. ¡Siento Se
echó la pantera, suspirando, porque podía oír a Ferao
ensayando una y otra vez su En
las selvas indias, las estaciones pasan de la una a la otra
casi sin que se note Existe
un día en que las cosas parecen fatigadas, y hasta los
mismos olores, al elevarse Hasta
aquel año, Mowgli había siempre disfrutado con el cambio
de las estaciones. Generalmente,
él era el primero que veía el primer "ojo de
primavera" escondido entre Escogía
para sus correrías, como todos los suyos, la primavera, e
iba de un lugar a otro Pero
en esta ocasión, como Mowgli le había dicho a Bagheera, su
pecho había Pero
cuando llegó aquella mañana, y Mor, el pavo real,
resplandeciendo en sus Dio
Mor el grito que señalaba los nuevos olores; los demás pájaros
lo repitieron, y por Miró
atentamente en torno suyo, pero no vio otra cosa que a los
burlones Bandar-log -¡Los
olores han cambiado! -gritaba Mor-. ¡Buena suerte,
hermanito! ¿Por qué no -¡Hermanito,
buena suerte! -silbó Chil, el milano, y con él su compañera,
que Leve
lluvia de primavera (la llaman allí "lluvia del
elefante") pasó al través de la selva -He
comido buenos alimentos -díjose a sí mismo y he bebido
buena agua. No arde mi Los
llamó entonces, pero ninguno de los cuatro contestó.
Estaban demasiado lejos para -Sí
-se dijo Mowgli, aunque sabiendo en lo hondo de su pecho que
no tenía razón-; que Una
pareja de lobos de la manada descendían corriendo por uno
de los senderos, (Conviene
recordar que la ley de la selva prohíbe pelear donde pueda
verlo el resto de la Mowgli
saltó hacia adelante, y con cada mano asió de un pescuezo,
esperando poder Ambos
saltaron hacia adelante y lo apartaron derribándolo, y sin
una palabra, se Casi
antes de caer ya estaba Mowgli en pie; desnudo estaba su
cuchillo y enseñaba los -Ciertamente
comí algo venenoso -dijo, al cabo, suspirando-. Desde
que interrumpí el Consejo con la flor roja. . desde que maté
a Shere Khan... ni Prosiguió
la lucha hasta que huyó uno de los lobos y Mowgli quedó
solo en aquella Cazó
temprano aquella noche y sólo comió un poco, a fin de
encontrarse dispuesto para Todas
las plantas parecían hacer crecido, desde por la mañana,
lo que debieran crecer en Cuando
se cansaba de caminar por el suelo, levantaba sus brazos asiéndose
al estilo de Así
corrió, unas veces gritando, otras cantando, sintiéndose
el más feliz de cuantos seres Aquí
también, cualquier hombre educado por hombres se hubiera
hundido hasta la En
esta ocasión, Mowgli sintió miedo. -¡También
aquí! -dijo casi en voz alta-. ¡Me ha seguido! Y miró por
encima de su -No
hay nadie. Continuaron
los ruidos nocturnos del pantano, pero no le dirigieron la
palabra ni una -Ciertamente
he comido algún veneno -dijo con atemorizada voz-. Habré
tragado sin Cantan,
aúllan, luchan los unos con los otros, corren en cuadrillas
a la luz de la Luna, Sintió
tal compasión por él mismo, que casi se echó a llorar. -Y
después -continuó- me encontrarán tendido sobre esa agua
negra. ¡No! Regresaré a Una
lágrima, grande y tibia, cayó sobre sus rodillas, y, a
pesar de lo desdichado que se -Como
lo que hizo Chil el milano con Akela -repitió.- la noche
aquella en que salvé de Quedóse
quieto por unos momentos, pensando en las últimas palabras
del Lobo -Bueno:
Akela me dijo muchas tonterías antes de morir, porque
cuando morimos Por
la excitación que sentía recordando la lucha en las
orillas del Waingunga, dijo las -¡Un
hombre! -¡Uh!
-dijo Mysa, el búfalo salvaje (Mowgli lo oía moverse en su
charco)-, eso no es un -¡Uh!
-dijo también la hembra agachando de nuevo la cabeza para
pacer-. Creí que era -Te digo que no. ¡Oh, Mowgli! ¿Hay algún peligro? -mugió Mysa. -¡Oh,
Mowgli! ¿Hay algún peligro? -repitió el muchacho, burlándose-.
Eso es en lo -¡Cómo
grita! -exclamó la hembra. -Así
gritan -respondió Mysa despreciativamente- los que, cuando
ya arrancaron la -Por
mucho menos que eso -gruñó Mowgli para sus adentros-, por
menos que eso, en la Alargó
la mano para romper uno de éstos, pero la retiró dando un
suspiro. Mysa siguió -No
moriré aquí -dijo Mowgli enojado-. Me vería Mysa, que es
le la misma sangre de No
pudo resistir la tentación de deslizarse al través de los
juncos hasta llegar a Mysa y -Ahora
anda y di que el lobo pelón de la manada de Seeonee te trató
como a un búfalo -¿Lobo,
tú? -dijo, bufando, el búfalo, y pateando en el barro-.
Toda la selva sabe que tú Lanzaba
el animal espumarajos de rabia, porque Mysa es quizás el
que peor genio tiene -¿Qué
manada de hombres hay aquí, cerca de los pantanos, Mysa? No
conozco esta -Dirígete
hacia el Norte, pues -bramó furioso el búfalo, porque el
pinchazo había sido en -A
las manadas de los hombres no les gustan los cuentos de la
selva, y no creo, Mysa, Saltó
sobre la tierra movediza al borde del pantano, sabiendo bien
que Mysa no lo -No
he perdido aún toda mi fuerza -dijo-. Quizás el veneno no
me ha llegado aún hasta Miróla
por el hueco que quedaba entre sus manos casi cerradas. -¡Por
el toro que me rescató! ¡Es la flor roja... la flor roja
junto a la que me senté yo El
marjal terminaba en una ancha llanura en la cual parpadeaba
una luz. Hacía ya -Daré
una ojeada -dijo- como aquella vez en tiempos pasados, y veré
si la manada Olvidando
que ya no se hallaba en la selva donde podía hacer lo que
quería, corrió -¡Oh!
-dijo Mowgli sentándose sin producir ningún ruido, y después
de lanzar un aullido Se
limpió la boca con la mano, pues se acordó que en ella lo
había golpeado una piedra, La
puerta de la choza, al abrirse, dejó ver a una mujer que
miró hacia la oscuridad de -Duerme.
No es sino un chacal que despertó a los perros. Pronto
amanecerá. Mowgli,
que se ocultaba en la hierba, empezó a temblar como atacado
de fiebre. Conoció
muy bien aquella voz, pero para estar seguro gritó
suavemente, -¡Messua!
¡Messua! -¿Quién
llama? -dijo la mujer con un leve temblor en la voz. -¿Me
olvidaste ya? -dijo Mowgli. Mientras hablaba, sentía seca
la garganta. -Si
en verdad eres tú, ¿cuál es el nombre que te di? ¡Dime! Había
entrecerrado la puerta y una de sus manos apretaba su pecho. -¡Nathoo!
¡Nathoo! -respondió Mowgli, porque, como vosotros recordaréis,
éste fue el -Ven,
hijo mío -gritó ella, y Mowgli se adelantó hacia la luz,
miró cara a cara a Messua, -¡Hijo
mío! -balbuceó; y luego, arrojándose a sus pies, continuó
diciendo-: -Pero
ya no es mi hijo, sino un pequeño dios de los bosques. ¡Ay!.. De
pie como estaba, a la roja luz de la lámpara de aceite,
fuerte y hermoso, con el largo -¿Quieres
comer o beber algo? -murmuró Messua-. Todo esto es tuyo. Te
debemos la -Soy
Nathoo -respondió Mowgli-. Estoy muy lejos de mis propios
lugares. Vi esta luz, y -Después
de que venimos a Khanhiwara -dijo Messua tímidamente-, los
ingleses nos -Sí.
No lo he olvidado. -Pero
cuando la ley inglesa tuvo ya todo preparado, fuimos a la
aldea de aquella mala -También
me acuerdo de eso -dijo Mowgli con un leve aleteo de las
ventanas de la -Por
tanto, mi hombre trabajó en los campos de otros, y por último
(porque en verdad -¿Dónde
está... el hombre que escarbaba la tierra cuando tenía
miedo... aquella noche? -Murió..,
hace un año. -¿Y
ése? -prosiguió Mowgli señalando al chiquillo. -Mi
hijo, que nació hace dos lluvias. Si tú eres un dios, haz
que la selva lo proteja, que Levantó
en brazos al niño, el cual, olvidándose de su pasado
rniedo, empezó a jugar con -Y
si tú eres Nathoo, el que el tigre se llevó -prosiguió
Messua, ahogando un sollozo-, -¡Hai-mai!
¿Qué sé yo de eso que se llama bendición? Yo no soy un
dios, ni tampoco su Se
estremeció al colocar al chiquillo en el suelo. -Claro
está -dijo Messua, muy atareada con sus vasijas-. Esto
sucede por andar Mowgli
sonrió ante la idea de que algo de la selva pudiera
causarle daño. -Encenderé
el fuego, y beberás leche caliente. Quítate la corona de
jazmines; su olor es Se
sentó Mowgli, murmurando y ocultando el rostro entre las
manos. Toda suerte de -Hijo
-dijo por último, y sus ojos brillaban de orgullo-, ¿no te
ha dicho nadie que eres -¿Eh?
-respondió Mowgli, porque por supuesto nunca había oído
antes cosa semejante. Rióse
Messua suavemente, felizmente. Le bastaba la expresión que
veía en el rostro del -¿Soy,
pues, la primera? Está bien, aunque sea raro que una madre
le diga estas cosas Mowgli
volvió la cabeza, y trató de mirarse por encima de su
fuerte hombro, y Messua -No;
tú no debes reírte de tu hermano -dijo Messua tomándolo
en brazos y acercándolo
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