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Los
pescadores y el atún. Salieron a pescar al mar unos pescadores y luego de largo rato sin coger nada, se sentaron en su barca, entregándose a la desesperación. De
pronto, un atún perseguido y que huía
ruidosamente, saltó y cayó por error a su barca;
lo tomaron entonces los pescadores y lo vendieron
en la plaza de la ciudad.
El
cazador y el pescador. Regresaba
un cazador con sus perros y su producto, cuando
topó con un pescador que también regresaba de su
pesca, ambos con sus cestas llenas. Deseó
el cazador tener los peces, y el dueño de los
peces, las carnes. Pronto convinieron en
intercambiarse las cestas. Los dos quedaron tan
complacidos de su trato que durante mucho tiempo
lo siguieron haciendo día a día. Finalmente
un vecino les aconsejó: -Si
siguen así, llegará el momento en que por tan
frecuente intercambio, arruinarán el placer de
ello, y cada uno deseará quedarse solamente con
lo que obtuvo.
Los
pescadores y las piedras. Tiraban
unos pescadores de una red y como la sentían
muy cargada, bailaban y gritaban de contento,
creyendo que habían hecho una buena pesca.
Arrastrada la red a la playa, en lugar de
peces sólo encontraron piedras y otros objetos,
con lo que fue muy grande su contrariedad, no
tanto por la rabia de su chasco, como por haber
esperado otra cosa. Uno
de los pescadores, el más viejo, dijo a sus compañeros: -Basta
de afligirse, muchachos, puesto que según parece
la alegría tiene por hermana la tristeza; después
de habernos alegrado tanto antes de tiempo, era
natural que tropezásemos con alguna
contrariedad.
El
pescador flautista. Un
pescador que también tocaba hábilmente la
flauta, cogió juntas sus flautas y sus redes para
ir al mar; y sentado en una roca saliente, púsose
a tocar la flauta, esperando que los peces, atraídos
por sus dulces sones, saltarían del agua para ir
hacia él. Mas, cansado al cabo de su esfuerzo en
vano, dejó la flauta a su lado, lanzó la red al
agua y cogió buen número de peces. Viéndoles
brincar en la orilla después de sacarlos de la
red, exclamó el pescador flautista: -¡Malditos
animales: cuando tocaba la flauta no teníais
ganas de bailar, y ahora que no lo hago parece que
os dan cuerda!
El
pescador y el pececillo. Un
pescador, después de lanzar al mar su red, sólo
cogió -
Cuando sea mayor, podrás pescarme de nuevo, y
entonces seré para ti de más provecho -, terminó
el pececillo. -¡Hombre-replicó
el pescador-, bien tonto sería soltando la presa
que tengo en la mano para contar con la presa
futura, por grande que sea!-
Un
pescador al tirar de la red sacó a tierra los
peces grandes, pero los pequeños se le escaparon
al mar escurriéndose entre las mallas.
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