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V El tarmangani Durante el tiempo que Stimbol se ausentó del campamento, Blake se había ocupado de repartir la comida y el equipo en dos partes iguales, que dispuso de forma que, más tarde, Stimbol pudiera inspeccionarlas y .dar su aprobación; no obstante, pospuso el reparto de porteadores y askari para cuando volviera Stimbol. Cuando los cazadores regresaron al campamento, lo hallaron escribiendo en su diario. De un solo vistazo supo que Stimbol estaba de mal humor, cosa no muy extraña viniendo del veterano y que, por tanto, no era motivo de preocupación para Blake, aunque sí le empujaba a sentirse más aliviado al pensar que al día siguiente se libraría por fin de su malicioso acompañante. Sin embargo, Blake se sintió más preocupado al constatar el hosco comportamiento de los askari que habían acompañado a Stimbol, muestra, para el joven, de que su compañero había aprovechado la menor excusa para intimidarlos, maltratarlos o insultarlos, lo cual no hacía sino aumentar la dificultad de dividir el safari. Desde el preciso instante en que decidió separarse definitivamente de Stimbol, Blake consideró que uno de los mayores obstáculos a los que habría de enfrentarse para salirse con la suya sería el de encontrar hombres suficientes, dispuestos a someterse a las particulares ideas de Stimbol acerca de la disciplina, así como a transportar su equipaje y provisiones, y protegerse a ellos mismos y a él. Al llegar Stimbol y ver las dos montañas de equipaje, frunció aún más el ceño. -Al parecer lo has preparado todo -comentó al detenerse a la altura de Blake. -Sí, quería que vieras que todo estaba en orden antes de guardarlo. -Prefiero no perder el tiempo con estas cosas -replicó el otro-. Estoy seguro de que no me engañarías. -Gracias -respondió Blake. -¿Y qué me dices de los porteadores? -No va a ser fácil. No los has tratado precisamente bien, y no encontraremos muchos que estén dispuestos a regresar contigo. -En eso te equivocas, Blake. Tu problema es que no sabes nada de los nativos. Eres demasiado suave con ellos. No sienten el menor respeto por ti, y no gustan de nadie a quien no puedan respetar. Saben que alguien dispuesto a golpearlos es su amo, y saben que un amo cuidará de ellos. No estarían dispuestos a afrontar una larga caminata contigo. Tú te has encargado del equipo, pero los hombres corren de mi cuenta, que para eso tengo más mano con ellos. Yo me encargaré de que el reparto sea justo y que dispongas de un buen grupo de nativos. Les meteré de tal forma el miedo en el cuerpo, que no se atreverán a sentir nada que no sea lealtad hacia ti. -¿Y cómo piensas repartir a los hombres? -preguntó Blake. -Vamos a ver, en primer lugar me gustaría que te quedaras con los hombres que estén dispuestos a acompañarte, aunque te aseguro que serán pocos, de modo que lo mejor será que los reunamos a todos, les expliquemos que vamos a separarnos y pidamos a quienes quieran regresar en tu safari que den un paso al frente, para que después podamos escoger a unos cuantos hombres útiles de entre los demás, los suficientes para asegurarnos de que dispongas de la mitad. ¿Qué te parece? Es justo, ¿no? -Es bastante justo -admitió Blake. Quería con toda el alma que aquel plan resultara tan sencillo como parecía, a juzgar por las palabras de Stimbol, pero como no estaba muy convencido de ello se apresuró a sugerir una alternativa, a la que probablemente tuvieran que recurrir-. En caso de que cualquiera de nosotros encuentre dificultades a la hora de conseguir el número necesario de hombres dijo-, creo que podremos convencerlos si ofrecemos una prima que pagaremos cuando lleguemos sanos y salvos a la estación terminal. Si soy yo el que se queda sin hombres, estoy dispuesto a hacerlo. -No me parece mala idea si de veras temes quedarte sin hombres cuando yo me vaya -dijo Stimbol-. También será un factor añadido que garantizará tu seguridad; pero, en cuanto a mis hombres, será mejor que respeten el acuerdo original, o empezarán a proliferar en la región un montón de porteadores contusionados. ¿Qué te parece si los reunimos a todos y descubrimos a qué debemos enfrentarnos? -Miró a su alrededor hasta encontrar con la mirada al cabecilla-. ¡Eh! ¡Tú! -llamó-. Ven aquí, y que sea rápido. El negro se acercó a los hombres blancos. -¿Me ha llamado, bwana? -preguntó. -Reúne a todos los hombres del campamento -ordenó Stimbol-. Quiero que se presenten aquí mismo dentro de cinco minutos para hablar con ellos. Que no falte nadie. -Sí, bwana. Cuando el cabecilla se retiró, Stimbol se volvió hacia Blake. -¿Has visto hoy a algún extraño en el campamento? -preguntó. -No, ¿por qué? -Encontré a un salvaje cuando estaba cazando -respondió Stimbol-. Me ordenó salir de la jungla. ¿Qué te parece? -preguntó al tiempo que se echaba a reír. -¿Un salvaje? -Sí, supongo que era algún chiflado. El askari parecía conocerle. -¿De quién se trata? -Se hace llamar Tarzán. Blake enarcó ambas cejas. -¡Ajá! -exclamó-. ¿Has visto a Tarzán de los Monos, y te ha ordenado salir de la jungla? -¿Has oído hablar de él? -Así es, y si me ordenara salir de su jungla, obedecería. -Tú obedecerías, pero no Wilbur Stimbol. -¿Por qué te lo ordenó? -preguntó Blake. -Se limitó a decir que saliera de la jungla, eso es todo. No me permitió disparar a un gorila al que iba siguiendo. Ese tipo salvó al gorila del ataque de una pitón, mató a la pitón, me ordenó salir de la jungla, dijo que más tarde nos visitaría en el campamento y se largó caminando con el gorila como si fueran amigos de toda la vida. Nunca he visto nada parecido, pero no me importa nada quién o qué se crea ese tipo. Yo sé quién y qué soy, y un simple mentecato jamás me obligará a salir de este país con el rabo entre las piernas hasta que esté preparado y dispuesto a irme. -¿Consideras a Tarzán de los Monos un mentecato? -Cualquiera que recorra esta jungla semidesnudo y desarmado me parecería un mentecato. -Ya verás como no lo es, Stimbol; y, a menos que quieras meterte en más líos de los habidos y por haber, será mejor que obedezcas a Tarzán de los Monos. -¿Qué sabes de él? ¿Te lo has encontrado alguna vez? -No -respondió Blake-. Pero nuestros hombres me han hablado mucho de él. Forma parte de la jungla, tanto como la vegetación que habita en ella o los leones. Muy pocos, o quizá ninguno, de nuestros hombres lo han visto, pero ostenta el mismo poder en su imaginación y en sus supersticiones que cualquiera de los demonios en que creen, e incluso yo diría que temen más enojarle a él que a los demonios. Estaremos vendidos si se enteran de que Tarzán la ha tomado con nosotros. -Yo sólo digo que si ese hombre mono sabe lo que le conviene, mejor será que no se entrometa en los asuntos de Wilbur Stimbol. -Quiere visitarnos, ¿verdad? -preguntó Blake-. En fin, tengo muchas ganas de conocerlo. No he oído hablar de otra cosa desde que llegamos a este país. -Es curioso que yo no haya oído hablar de él -reflexionó Stimbol. -Nunca hablas con los hombres -apuntó Blake. -¡Cáspita! Cualquiera diría que no he hecho otra cosa -gruñó Stimbol. -Me refiero a conversar con ellos. -Yo no me relaciono con porteadores -se burló. Blake hizo una mueca. -Ya llegan los hombres -dijo Stimbol antes de volverse a los porteadores y askari que esperaban a oír sus palabras. Antes de hablar, se aclaró la garganta-. El señor Blake y yo vamos a separarnos -anunció-. Lo hemos dividido todo. Yo tengo intención de seguir cazando un poco más hacia el oeste, dar un rodeo hacia el sur y volver a la costa por una nueva ruta. No sé cuáles son los planes del señor Blake, pero se llevará a la mitad de porteadores, y también a la mitad de askari; quiero deciros ahora mismo que no vamos a llegar a ningún acuerdo acerca de este particular. La mitad de vosotros acompañaréis al señor Blake, os guste o no. Hizo una pausa y esperó a que los hombres reflexionaran el significado de sus palabras. -Como siempre -prosiguió-, me interesa satisfacer a todo el mundo, de modo que voy a dar a todo aquel que quiera acompañar al señor Blake la oportunidad de hacerlo. ¡Escuchad! Los bultos de ahí corresponden al señor Blake, mientras que los de este lado son los míos. ¡Quiénes deseen acompañar al señor Blake, que se acerquen a su equipaje! Los hombres dudaron por espacio de unos segundos, y entonces algunos de ellos se acercaron en silencio a los fardos de Blake. Los demás hombres no tardaron en seguirlos cuando comprendieron cuál era el significado de las palabras de Stimbol, hasta que todos los hombres se distribuyeron alrededor del equipaje de Blake. Stimbol, que reía y agitaba la cabeza, se volvió hacia Blake. -¡Cáspita! -exclamó-. ¿Habías visto alguna vez semejante pandilla de idiotas? ¡Nadie podía haberse explicado con tanta simpleza como yo, y míralos! ¡Ninguno parece haberme entendido! -¿Estás seguro, Stimbol? -preguntó Blake. El interpelado tardó en percibir la insinuación que había en aquella pregunta. Al hacerlo, frunció el ceño. -No seas idiota -espetó-. Seguro que no me han entendido. -Se volvió hacia los hombres enfadado, y les gritó-: ¡Estúpidos negros idiotas! ¿Acaso no entendéis nada? -preguntó-. No os he ordenado a todos que acompañéis al señor Blake, sólo quienes quieran ir. Ahora el resto de vosotros, los que quieran acompañarme a mí, volved aquí junto a mis cosas, ¡y rápido! Nadie movió un solo dedo para acercarse a las mochilas de Stimbol, que no tardó en sonrojarse como un tomate. -¡Esto es un motín! -exclamó-. Sea quien sea el que haya organizado todo esto, que sepa que va a sufrir de lo lindo. ¡Tú, ven aquí! -Se acercó a uno de los cabecillas, a quien preguntó-: ¿Quién diablos ha engañado a tu gente? ¿Ha sido el señor Blake el que te ha ordenado hacerlo? -No seas estúpido, Stimbol -protestó Blake-. Nadie ha tratado de convencer a los hombres de nada, y aquí no hay motín que valga. Este plan era tuyo, y los hombres se han limitado a hacer lo que tú has ordenado. De no ser por tu insufrible egocentrismo, habrías supuesto cuál sería el desenlace de lo que planeabas hacer. Estos negros son seres humanos; en ciertos aspectos son seres humanos dotados de una increíble sensibilidad, y en otros, en cambio, son como niños. Si los golpeas, los maldices, los insultas, te temerán y te odiarán. Tú les has hecho todas esas cosas, por tanto te temen y te odian. En este momento no haces más que recoger los frutos de todo lo que has cosechado. Quiera Dios que aprendas la lección. Sólo hay una forma de conseguirte algunos hombres, pero tendrás que ofrecerles un buen pellizco. ¿Estás dispuesto a hacerlo? A Stimbol, a quien por fin le flaqueaba la confianza en sí mismo, le cambió la cara al darse cuenta de que Blake tenía razón. Durante un momento se limitó a mirar a su alrededor como un niño asustado. Los negros, cuyos rostros delataban su malhumor, se irguieron como bestias heridas contemplándole fijamente. En ninguno de aquellos ojos, oscuros como la noche, encontró el menor atisbo de simpatía. Finalmente se volvió hacia Blake. -Mira a ver si puedes convencerlos -se limitó a decir. Blake se dirigió a los hombres: -Es necesario que la mitad de vosotros acompañéis al señor Stimbol de regreso a la costa -dijo-. Pagará el doble de la paga a quienes le acompañen, siempre y cuando le sirváis con lealtad. Habladlo entre vosotros y que vuestro cabecilla nos informe del resultado. Eso es todo; podéis iros. Los dos hombres blancos pasaron el resto de la tarde en el interior de sus respectivas tiendas. Los negros se reunieron en grupos y susurraron. Blake y Stimbol no volvieron a verse hasta que, después de cenar, ambos salieron de las tiendas, pipa en mano, para escuchar las palabras de los cabecillas. Al cabo de media hora Blake envió a su sirviente a buscarlos y, cuando se presentó ante el joven, le preguntó: -Y bien, ¿han decidido los hombres quién acompañará al señor Stimbol? -Nadie acompañará al viejo bwana -contestó el portavoz-. Todos acompañarán al joven bwana. -Pero el señor Stimbol pagará bien -insistió Blake-, y la mitad de vosotros debe acompañarlo. El negro negó con la cabeza.No podría ofrecernos lo suficiente -dijo-. Ningún muchacho le acompañará. -Aceptasteis acompañarnos en este viaje, ida y vuelta -dijo Blake-. Debéis cumplir con lo acordado. -Aceptamos acompañaros a ambos y volver con ambos. Nadie habló de volver por separado. Cumpliremos con lo acordado y el viejo bwana podrá volver junto al joven bwana -dijo el cabecilla en un tono de voz que parecía zanjar la cuestión. Blake meditó un instante antes de responder: -Podéis iros -dijo-. Por la mañana volveré a entrevistarme con vosotros. No hacía ni un instante que los negros se habían retirado, cuando la figura de un hombre surgió de pronto de la oscuridad, iluminada por la luz del fuego. -¿Quién dia...? ¡Oh! ¡Eres tú! -exclamó Stimbol-. Aquí tienes al salvaje, Blake. El joven americano se volvió para observar de arriba abajo la broncínea figura del gigante, que seguía de pie junto al fuego. Observó sus rasgos claramente definidos, la sosegada dignidad, la majestuosidad de su porte, y sonrió para sus adentros al recordar la descripción que hizo Stimbol de aquel ser tan parecido a un dios, al que había tachado de mentecato. -De modo que tú eres Tarzán de los Monos -dijo. Tarzán inclinó la cabeza. -¿Y tú? -preguntó. -Soy Jim Blake, de Nueva York -respondió el americano. -Cazando, por supuesto. -Con una cámara. -Tu compañero utilizaba un rifle -apuntó Tarzán. -Yo no soy responsable de sus actos. No puedo controlarle -replicó Blake. -Nadie puede -intervino Stimbol. Tarzán miró durante un instante a Stimbol, pero ignoró lo que acababa de oír. -He oído por encima la conversación que habéis tenido con los cabecillas -dijo dirigiéndose a Blake-. Algunos de vuestros negros ya me han hablado de tu compañero, y dos veces hoy he podido formarme una opinión por mis propios medios, de modo que doy por sentado que os separáis porque no os entendéis. ¿Estoy en lo cierto? -Sí -reconoció Blake. -¿Y qué planes tienes cuando os hayáis separado? -Tengo intención de penetrar más hacia el oeste, y después dar un... - comenzó a decir Stimbol. -Estaba hablando con Blake -interrumpió Tarzán-; en lo que a ti concierne, ya he tomado una decisión. -¡Pero bueno, quién diablos te has cre...! -¡Silencio! -advirtió el hombre mono-. ¡Adelante, Blake! -No hemos tenido mucha suerte hasta ahora -obedeció Blake-; sobre todo porque nunca nos ponemos de acuerdo respecto a los métodos. A resultas de ello, apenas he podido hacer un solo reportaje decente de ningún animal salvaje. Tenía planeado ir al norte con la intención de fotografiar a los leones. Me disgusta la idea de volver con las manos vacías, después de todo el tiempo y el dinero que he dedicado a esta expedición, pero ahora que los hombres se han negado a acompañarnos por separado, no hay más remedio que volver a la costa por la ruta más corta. -Parece que vosotros dos habéis decidido ignorarme por completo - gruñó Stimbol-. He invertido en este viaje tanto dinero y tanto tiempo como Blake. Olvidáis que vine aquí a cazar, y es más, pienso hacerlo, y no tengo ninguna intención de volver a la costa porque me lo ordene una aparición, aunque sea la del mismísimo hombre mico. Tarzán volvió a ignorar a Stimbol. -Prepárate para emprender el camino una hora después de salir el sol - dijo a Blake-. No habrá ningún problema en dividir el safari. Yo me quedaré para ocuparme de ello, y os daré mis instrucciones ¡males. -Y al terminar se volvió y desapareció, tragado por la oscuridad.
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