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Muchos de los lectores, cuando pequeños, seguramente han leído las historias de Mowgli, y el "Libro de la Selva" EL
LIBRO DE LAS TIERRAS VÍRGENES Joseph
Rudyard Kipling 1865-1936 Prólogo
del Autor Numerosas
son las consultas a especialistas generosos que exige una
obra como la presente,
y el autor faltaría, a todas luces, al deber que le impone
el modo como aquéllas han
sido contestadas, si dejara aquí de hacer constar su
gratitud para que tenga la mayor publicidad
posible. Debo
dar gracias, en primer término, al sabio y distinguido
Bahadur Shah, elefante destinado
a la conducción de bagajes, que lleva el número 174 en el
libro de registro oficial
de la India, el cual, junto con su amable hermana Pudmini,
suministró con la mayor
galantería la historia de "Toomai el de los
elefantes" y buena parte de la información
contenida en "Los servidores de Su Majestad". Las
aventuras de Mowgli fueron
recogidas, en varias épocas y lugares, de multitud de
fuentes, sobre las cuales desean
los interesados que se guarde el más estricto incógnito.
Sin embargo, a tanta distancia,
el autor se considera en libertad para dar las gracias,
también, a un caballero indio
de los de vieja cepa, a un apreciable habitante de las más
altas lomas de Jakko, por su
persuasiva aunque algo mordaz crítica de los rasgos típicos
de su raza: los presbipitecos
(Género de mamíferos cuadrúmanos cuya especie típica
vive en Sumatra. N.
del T.), Sahi, sabio diligentísimo y hábil, miembro de una
disuelta manada que vagaba
por las tierras de Seeonee, y un artista conocidísimo en la
mayor parte de las ferias
locales de la India meridional donde atrae a toda la
juventud y a cuanto hay de bello
y culto en muchas aldeas, bailando, puesto el bozal, con su
amo, han contribuido también
a este libro con valiosísimos datos acerca de diversas
gentes, maneras y costumbres.
De éstos se ha usado abundantemente en las narraciones
tituladas: "¡Al tigre!
¡Al tigre!", "La caza de Kaa" y "Los
hermanos de Mowgli". Deber
de gratitud es igualmente para el autor el confesar que el
cuento "'Rikki-tikki-tavi" es,
en sus líneas generales, el mismo que le relató uno de los
principales erpetólogos
de la India septentrional, atrevido e independiente
investigador que, resuelto "no
a vivir, sino a saber", sacrificó su vida al estudio
incesante de la Thanatofidia oriental. Una feliz casualidad
permitió al autor, viajando a bordo del Emperatriz de la India,
ser útil a uno de sus compañeros de viaje. Quienes leyeren el cuento "La foca blanca" podrán juzgar por sí mismos si no es éste un espléndido pago a sus pobres servicios.
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