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El Libro de las Tierras Vírgenes (Continuación) -Siento
la cabeza como un árbol lleno de abejas que zumban
-respondió por encima de los
que hablaban una voz malhumorada, y Mowgli -pues era él-,
indignado, se deslizó por
el tronco de un árbol, y añadió al llegar al suelo: -¡Si
acudo a tu llamado es por Bagheera y no por ti, Baloo, viejo
gordinflón! -Me
da lo mismo -respondió éste, aunque le tocó en lo vivo y
le apenó la respuesta-. ¡Ea!
Dile a Bagheera las Palabras Mágicas de la Selva que te
enseñé hoy. -¿Las
Palabras Mágicas... para qué pueblo? -interrogó Mowgli,
muy complacido por la ocasión
que se le ofrecía de exhibir sus conocimientos-. En la
selva hay muchos lenguajes.
Yo los sé todos. -Algo
de ellos sabes, pero no mucho. ¿Oyes, Bagheera? Los discípulos
nunca son agradecidos
con quien les enseña. Jamás ha venido a darle las gracias
a Baloo por sus enseñanzas
un solo lobato. ¡Vaya! Di, pues, las palabras para el
pueblo cazador... ¡gran sabio! "Tú
y yo somos de la misma sangre” -recitó Mowgli, y le dio a
sus palabras el acento especial
del oso que usan todos los que cazan allí. -Bueno.
Ahora las que sirven para los pájaros. Las
repitió Mowgli y terminó la frase con el silbido que
singulariza al milano. -Ahora
las que son para el pueblo de las serpientes -dijo Bagheera. La
contestación fue un silbido indescriptible; después,
Mowgli hizo celebración de su propia
habilidad una pirueta salvaje, batió palmas en celebración
de su propia habilidad y
de un salto subió al lomo de Bagheera, se sentó de medio
lado y taloneó sobre la reluciente
piel, en tanto le hacía a Baloo las muecas más horribles. -¡Ea!
¡Ea! ¡Bien mereciste el cardenal! -dijo con ternura el oso
pardo-. Algún día me lo agradecerás.
Miró luego a Bagheera para decirle cómo había pedido a
Hathi, el Elefante Salvaje,
que sabe todas esas cosas, que le dijera las Palabras Mágicas,
y cómo Hathi llevó
a Mowgli a una laguna para obtener de una serpiente de agua
la palabra que sirve para
todas las serpientes, porque Baloo no podía pronunciarla; y
en fin, cómo Mowgli podía
ya considerarse a salvo de todas las contingencias que
pudieran presentársele en la
selva, porque no le causarían daño alguno ni las
serpientes, ni los pájaros ni las fieras. -Ya
no hay motivo para temer a nadie -dedujo de lo expuesto
Baloo, dándose suaves golpecitos
con aire de orgullo, en el enorme y peludo Vientre. "Excepto
a los de su propia tribu" -dijo Bagheera para si. Luego
añadió, en voz alta, dirigiéndose a Mowgli: ¡un poco de
cuidado con mis costillas,
hermanito! ¿A qué viene tanto bailoteo? Mowgli
había estado intentando hacerse oír tirándole de la piel
de las espaldillas a Bagheera
y dándole fuertes talonazos. Cuando
los dos le prestaron atención, grito a voz en cuello: -De
manera que yo tendré una tribu toda mía y la dirigiré por
entre las ramas durante todo
el día. -¿Qué
clase de nueva locura es ésa? ¿Estás ya haciendo
castillos en el aire? -dijo Bagbeera. -Sí,
y le tiraré ramas y porquería al viejo Baloo -prosiguió
Mowgli-. Me lo han prometido...
¡Ah! -¡Woof!.. La
gruesa pata de Baloo arrojó a Mowgli del sitio en que
descansaba sobre el lomo de Bagheera,
hasta el suelo, y desde allí, donde quedó tendido frente a
las patas delanteras de
la pantera, pudo ver que el oso se había enfadado. -¡Mowgli!
-le dijo Baloo-. ¡Tú has hablado con los Bander-log (el
pueblo de los monos)!. Mowgli
miró a Bagheera para ver si también la pantera se había
incomodado, y observó que
los ojos de ésta tenían una expresión tan dura como si
fueran dos piedras de jade. -Tú
has estado con el pueblo de los Monos.., con los monos
grises. . . con el pueblo sin ley...
con los que comen cuanto se les presenta. ¡Qué vergüenza! -Cuando
Baloo me golpeó en la cabeza, me marché -dijo Mowgli, que
seguía aún tendido
de espaldas; entonces los monos grises bajaron de los árboles
y se acercaron a mí,
compadeciéndome Sólo ellos me hicieron caso. Al
decir esto, su voz se alteró un poco. -¡La
piedad del pueblo de los monos!... -rezongó Baloo-. ¡La
inmovilidad del torrente que
desciende del monte! . . ¡El fresco de un sol de verano!. .
. ¿Y qué sucedió después, hombrecito? -Después...
después... Me dieron nueces y cosas muy buenas para comer,
y... me condujeron
en brazos a la parte más alta de los árboles... diciéndome
que yo era su hermano,
que éramos de la misma sangre, aunque yo carecía de cola,
y que llegaría a ser su
jefe. -No
tienen jefe -dijo Bagheera-. Mienten. Siempre han mentido. -Conmigo
se mostraron muy afables y me suplicaron que regresara a
visitarlos. ¿Por qué nunca
me llevaron ustedes a donde está el pueblo de los monos?
Caminan en dos pies como
yo. No me pegan, no tienen las patas duras... Juegan todo el
día. ¡Permítanme subir
a donde están ellos! ¡Baloo, malo! ¡Déjame subir!
Jugaremos de nuevo. -Atiende,
hombrecito -observó el oso, y su voz retumbó como trueno
en noche calurosa-. Te
instruí sobre la ley de la selva para que te sirva con
todos los pueblos que existen en la
selva. . . excepto el de los monos, que vive en los árboles.
Los monos no tienen ley. Son
los repudiados por todo el mundo. No tienen lenguaje propio,
sino que echan mano de
palabras robadas que oyen por casualidad cuando atisban y
escuchan, y están al acecho
en lo alto de los árboles. Su camino no es el de nosotros.
No tienen jefes. Carecen
de memoria. Alardean, charlan y pretenden ser un gran pueblo
ocupado en asuntos
importantísimos; pero si cae una nuez desde el árbol,
revientan de risa y basta para
que todo lo olviden. No nos tratamos con ellos nosotros los
de la selva. No bebemos
donde los monos beben; no vamos a donde los monos van; no
cazamos donde ellos
cazan; no morimos donde ellos mueren. ¿Acaso me oíste
antes hablar de los Bandar-log? -No
-dijo Mowgli en voz muy baja, pues se había hecho silencio
absoluto en el bosque cuando
enmudeció Baloo. -El
pueblo de la selva los tiene desterrados tanto de su boca
como de su pensamiento. Son
numerosísimos, perversos, sórdidos, procaces, y desean
llamar nuestra atención. si es
que puede decirse de ellos que tengan algún deseo fijo.
Pero nosotros no les hacemos el
menor caso, ni siquiera cuando arrojan sobre nuestra cabeza
nueces e inmundicias. No
había terminado de hablar, cuando cayó de las copas de los
árboles una lluvia de nueces
y ramas, en tanto que se escuchaban toses, aullidos y rumor
de saltos entre el ramaje. -Al
pueblo de la selva le está prohibido todo trato con el
pueblo de los monos -dijo Baloo-.
Acuérdate. -¡Prohibido!
-repitió Bagheera-. Pero me parece que Baloo debió haberte
prevenido antes
contra ellos. -¿Yo?...
¿Yo?... ¿Cómo podía adivinar que se le ocurriría jugar
con gentuza de ese jaez? Una
nueva lluvia cayó sobre ellos, y ambos echaron a correr
hacia otro lugar llevándose consigo
a Mowgli. Era
muy cierto cuanto había dicho Baloo acerca de los monos. Éstos
vivían en las copas de
los árboles, y como las fieras rara vez miran hacia lo
alto, casi no se ofrecía ocasión de
que se cruzaran por el mismo camino. Pero siempre que veían
un lobo enfermo, un tigre
herido o un oso, se divertían en atormentarlo; arrojaban
palos y nueces a cualquier fiera,
sólo a guisa de diversión y por el gusto de hacerse notar.
Entonces aullaban, chillaban
luego canciones sin sentido, incitando al pueblo de la selva
a subir a los árboles
para pelear, o bien se enzarzaban en salvajes peleas entre
ellos mismos por cualquier
bagatela, y dejaban después sus muertos donde pudiera
verlos el pueblo de la selva.
Siempre estaban a punto de nombrar un jefe, de darse leyes y
usos propios, pero al
cabo nunca lo lograban porque de un día a otro se les
borraba todo de la memoria, y de
esta manera se contentaban con repetir constantemente estas
palabras: "Lo que piensan
ahora los Bandar-log, toda la selva lo pensará después",
y esta idea los consolaba.
Ninguna fiera podía llegar hasta las alturas donde moraban;
pero también es cierto
que ninguna se fijaba en ellos, y de ahí su alegría cuando
vieron que Mowgli iba a buscarlos
para tomar parte en sus juegos, y que esto irritaba
grandemente a Baloo. No
se propusieron pasar de allí, porque los Bandar-log nunca
se proponen nada; pero a uno
de ellos se le ocurrió una idea que le pareció excelente;
se la expuso a los demás, y los
persuadió de que convenía a la tribu tener consigo a una
persona tan útil como Mowgli,
ya que éste sabía trenzar ramas de modo que protegieran
contra el viento, y por esto,
si se apoderaban de él, podrían obligarlo a que les enseñara
ese arte. Por supuesto, Mowgli,
como hijo de leñador, heredó de su padre toda suerte de
instintivas habilidades y
solía construir chozas con las ramas caídas, sin pensar
siquiera en que sabía hacer tales
cosas. Pero al observarlo el pueblo de los monos desde lo
alto de los árboles, consideraba
aquel simple juego como un portento. Lo que es en esta ocasión,
decían entre
ellos, tendrían realmente un jefe y serían el pueblo más
sabio de toda la selva... tan sabio
que sería la admiración y envidia de todos. En
consecuencia, siguieron con el mayor
sigilo a Baloo, Bagheera y Mowgli al través de la selva,
hasta que llegó la hora de
la siesta. Entonces Mowgli, que en realidad sentía vergüenza
de sí mismo, se durmió entre
la pantera y el oso, después de resolver que no tendría más
tratos con el pueblo de los
monos. Tras
esto, lo único que pudo recordar fue que sintió el
contacto de unas manos en sus piernas
y brazos -manos duras, fuertes y chiquitas-; luego, el
choque de unas ramas en la
cara, y después, estar mirando hacia abajo al través del
movedizo ramaje, en tanto que Baloo
despertaba a toda la selva con sus ásperos gritos y
Bagheera saltaba tronco arriba del
árbol, mostrando todos sus dientes. Chillaron los
Bandar-log con aire de triunfo, y treparon,
jugueteando, a las ramas más altas, donde Bagheera no se
atrevió a seguirlos. Entre
tanto, gritaban: -¡Se
ha fijado en nosotros! ¡Bagheera se fijó en nosotros! ¡Nos
admira todo el pueblo de la
selva por nuestra habilidad y astucia! Empezó
entonces su huida, y una huida del pueblo de los monos al
través del país arbóreo
es una cosa realmente indescriptible. Tienen sus caminos
amplios y sus atajos, sus
subidas y bajadas, todo trazado a quince, veinte o treinta
metros por encima del suelo,
y viajan por allí inclusive de noche, si es necesario. Dos
de los monos más fuertes Columbraba
en ocasiones leguas y leguas de extensión en que todo no
era sino quieta y
verde
selva, de igual manera que un hombre encaramado en un mástil
abarca millas Hubo
momentos en que temió éste que lo dejaran caer, lo que
hizo que empezara a
ponerse
de mal humor; pero, demasiado sagaz para rebelarse
abiertamente, se limitó a -¡Sigue
mi pista! -gritó éste-. ¡Avisa a Baloo, de la manada de
Seeonee, y a Bagheera, -¿En
nombre de quién, hermano? -preguntó Rann que nunca había
visto a Mowgli, pero -En
nombre de Mowgli, la Rana. ¡El hombrecito me llaman! ¡Sigue
mi pista!... Las
últimas palabras hubo de proferirlas cuando de nuevo lo
balanceaban en el aire,
pero
Rann movió la cabeza, asintiendo, y se elevó hasta que su
tamaño se tornó no -No
se alejarán mucho, no -profirió con risa ahogada-. Nunca
llevan a término feliz lo
que
empiezan a hacer. Los Bandar-log pican siempre aquí y allá
en cosas nuevas. Pero Al
decir esto, se meció en el aire, abiertas las alas y
recogidas las patas bajo el cuerpo, y Entre
tanto, Baloo y Bagheera se sentían locos de furor y de
pena. Bagheera se subió a -¿Por
qué no le avisaste al hombrecito? -le decía rugiendo al
pobre Baloo, que sostenía -¡De
prisa! ¡De prisa! Todavía. . . podría ser que lo alcanzáramos
-respondió Baloo -¡Al
paso que vamos!... No alcanzarías ni a una vaca herida.
Maestro de la ley... azota ¡Arrula!...
¡Woo!... Quizás lo hicieron ya, cansados de llevarlo. ¿Quién
puede fiarse de Y
Baloo se cogió la cabeza con las patas y se arrastró
gimoteando. -Al
menos hace un momento me dijo a mí todas las palabras
correctamente -replicó ¿Qué
pensaría de mí la selva toda, si yo, la pantera negra, me
hiciera una bola como -¿Qué
me importa lo que la selva piense? A esta hora, quizás él
ha muerto ya. -Si
no lo dejaron caer por juego, o si no lo mataron por pereza,
no creo que debamos Al
decir esto, Bagheera se lamió una de sus patas delanteras
con aire preocupado. -¡Tonto
de mí! ¡Oh! ¡Cuán gordo y moreno, cuán tonto
desenterrador de raíces soy! -exclamó -¿Y
qué puede hacer? No es de nuestra tribu, puesto que no
tiene patas... Además, la -Es
muy vieja y muy astuta. Ante todas las cosas, hay que pensar
en que siempre está -No
bien se come una, duerme un mes entero. Muy bien pudiera
suceder que estuviese -En
tal caso, vieja cazadora, tú y yo juntos la haríamos
mostrarse razonable. -Al decir La
hallaron tendida al sol en el tibio reborde de una roca,
admirando, deleitada, su -Está
en ayunas -dijo Baloo con un gruñido de satisfacción en
cuanto vio la hermosa Kaa
no era serpiente venenosa -y la verdad despreciaba por
cobardes a las de tal clase-; -¡Buena
caza! -gritó Baloo sentándose sobre sus cuartos traseros. Kaa
era bastante sorda como todas las serpientes de su especie y
no oyó bien al Por
lo que pudiera suceder, se enrolló en forma de espiral y
mantuve baja la cabeza. -¡Buena
caza para todos! -respondió-. ¡Ah! ¿Eres tú Baloo? ¿Y
qué haces por aquí? ¡Buena
caza, Bagheera! Uno de nosotros necesita comer, cuando
menos. ¿Saben si hay -Vamos
de caza -dijo Baloo negligentemente, porque esto lo sabía
él bien- con Kaa no -Permítanme
que vaya con ustedes -suplicó Kaa-. Nada significa para
Bagheera y Baloo -Es
probable que tu enorme peso signifique algo en este asunto
-dijo Baloo. -Pues
sí; no me falta longitud... no me falta... -respondió Kaa
con un dejo de orgullo-. -"Lombriz
de tierra, amarilla y sin patas" -murmuró entre
dientes Bagheera como si -¡Ssss!
¿Me llamaron eso alguna vez? -preguntó Kaa. -Algo
parecido nos gritaron a nosotros durante el último cuarto
de luna pasado, pero no Ahora
bien: raras veces da muestras de cólera una serpiente,
sobre todo una serpiente -Los
Bandar-log huyeron de su acostumbrado terreno -dijo
calmosamente-. Oí sus gritos -Precisamente..
. precisamente nosotros vamos siguiendo su pista. -respondió
Baloo. Pero
las palabras se le atoraron en el gaznate porque, si la
memoria no lo engañaba, -Sin
duda debe ser muy importante lo que obliga a dos cazadores
como ustedes, jefes y -A
decir verdad -empezó Baloo-, yo no soy sino el anciano
maestro de la ley, a las veces -Es
Bagheera -dijo la pantera negra, cerrando las quijadas con
un golpe seco, porque no -Algo
le oí a Ikki (cuyas púas son motivo de presunción para él),
acerca de una especie -Pero.
en el caso presente dijo la verdad. El hombrecito es tal,
como jamás hubo otro -¡Ts!
¡Ts! -respondió ésta, y sacudió la cabeza-; también yo
supe lo que es querer. ¡Podría
narrarles cosas que...! -Que
exigirían una noche clara y un estómago lleno para
apreciarlas debidamente -dijo -A
nadie más que a mí, y no les falta razón -respondió Kaa-.
Charlatanes, locos y -Lombriz...
lombriz.., lombriz de tierra -respondió Bagheera-; y otras
cosas más que -Habrá
que enseñarles a expresarse con más respeto de su maestro.
¡Aaa-sss! Deberemos
refrescarles un tanto la memoria. Pero, díganme, ¿a dónde
se llevaron al -Sólo
la selva puede saberlo. Me parece que hacia el lado donde se
oculta el sol. Creíamos
que tú lo sabrías, Kaa. -¿Yo?
¿Y cómo? Acostumbro apoderarme de ellos cuando se me ponen
a la mano, pero -¡Eh!
¡eh! ¡eh! ¡Arriba! ¡Arriba! ¡Mira hacia arriba, Baloo,
de la manada de lobos de Baloo
miró hacia arriba para ver de dónde salía la voz que lo
llamaba, y vio a Rann, el -¿Qué
sucede? -interrogó Baloo. -Vi
a Mowgli entre los Bander-log. él mismo me encargó que te
lo dijera. Estuve al Lo
mismo optarán por quedarse allí una noche que diez, o que
un rato. Encargué a los ¡Buena
suerte para todos! -¡Buena
suerte, que llenes el buche y duermas bien, Rann! -gritó
Bagheera-. No te -Lo
que hice no es nada.., no es nada. El muchacho recordó y
dijo las palabras mágicas, -¡Vamos!
Veo que no perdió la lengua -dijo Baloo con una sonrisa de
satisfacción y -¡Bien
que se las metiste en la cabeza! -respondió Bagheera-. Pero
estoy orgullosa de él. Ahora,
vamos a las moradas frías. Todo
el pueblo de la selva sabe dónde está aquel lugar, pero
ninguno de ellos va nunca -Media
noche nos tomará hacer la jornada.., yendo a toda velocidad
-dijo Bagheera, y -Iré
tan rápidamente como pueda -respondió ansiosamente. -No
nos atrevemos a esperarte. Síguenos, Baloo; Kaa y yo no
podemos ir a paso tardo. -Con
pies o sin pies, puedo correr tanto como tú con los cuatro
que tienes dijo Kaa Baloo
se esforzó en acelerar el paso, pero al cabo tuvo que
sentarse echando los bofes. Y
así, lo dejaron para que fuera más despacio, en tanto que
Bagheera se adelantaba con Kaa
no dijo palabra, pero, por más que corriera Bagheera, la
enorme serpiente pitón de -¡
Por la cerradura que me dio la libertad, afirmo que eres
andadora! -exclamó Bagheera -Es
que tengo hambre -respondió Kaa-. Además, me llamaron rana
con manchas... -Lombriz..,
lombriz de tierra... y amarilla de añadidura. -Lo
mismo da. Sigamos adelante. Y
parecía como si Kaa se derramara por encima de la tierra,
buscando con ojo certero el
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