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El Libro de las Tierras Vírgenes (Continuación) Mowgli
apoyó en sus rodillas la cabeza llena de horrorosas heridas
y puso sus brazos en -Ha
pasado ya mucho tiempo desde aquellos días en que vivía
Shere Khan y en que un -¡No!
¡No! ¡Yo soy un lobo! ¡Yo soy de la misma raza que el
Pueblo Libre! -dijo Mowgli
llorando. ¡Yo no tengo la culpa de ser un hombre! -Eres
un hombre, hermanito, lobato a quien he vigilado. Eres un
hombre; de la -No
iré nunca. Cazaré solo en la selva. Ya lo he dicho. -Tras
el verano vienen las lluvias, y después de las lluvias, la
primavera. Vete, antes de -¿Quién
me obligará? -Mowgli
mismo obligará a Mowgli. Vuelve con tu gente. Vuelve con
los hombres. -Pues
me iré cuando Mowgli sea quien obligue a Mowgli a marcharse
-respondió el -Nada
más tengo que decirte, dijo Akela. Hermanito, ¿podrías
levantarme y ponerme en Muy
cuidadosa y suavemente, Mowgli apartó los cuerpos
amontonados y puso en pie a "¡Buena
caza!" Entonces se arrancó Akela de los brazos de
Mowgli por un instante, y, Se
sentó Mowgli con la cabeza entre las rodillas, sin atender
a cosa alguna, en tanto que -¡Buena
suerte! -dijo Fao, como si Akela estuviese todavía vivo, y
luego, hablando a los Pero
de toda la manada de doscientos luchadores dholes, que
pregonaban ser amos de La
Canción de Chil Mis
compañeros eran; frente a mí corrían por la noche, El
"Ankus" del
Rey Cuatro
cosas hay que nunca están contentas, Kaa,
la enorme serpiente pitón de la Peña había mudado su piel
quizás por ducentésima Aquella
tarde Mowgli estaba sentado en el círculo que formaban los
grandes repliegues -Es
perfecta hasta las escamas de los ojos -dijo Mowgli entre
dientes, jugando con la -Sí,
pero yo no tengo pies -respondió Kaa-; y como es esta la
costumbre de toda mi -Entonces,
voy y me lavo, Cabeza Chata; pero es cierto: en los grandes
calores he -Pues
yo me lavo y además me quito la piel. ¿Qué te parece mi
abrigo nuevo? Mowgli
pasó su mano sobre la labor diagonal de taracea de aquel
inmenso dorso. -La
tortuga tiene la espalda más dura, pero es de colores menos
alegres -dijo -Necesita
agua. Una nueva piel nunca adquiere su verdadero color antes
del primer -Yo
te llevaré -dijo Mowgli; se agachó, riendo, para levantar
por el centro el enorme Balanceábanse
también, cabeza con cabeza, cada uno esperando un momento
para -¡Toma!
¡Toma! ¡Toma! -decía Kaa, dirigiendo fintas con su
cabeza, que ni siquiera la Terminaba
siempre del mismo modo el juego: Con un golpe en línea
recta, de la cabeza -¡Buena
caza! -gruñó por último Kaa; y Mowgli, como siempre, cayó
disparado a cinco Hundióse
el muchacho en el agua, al estilo de la selva, sin ruido, y
la cruzó buceando; Quedáronse
quietos, embebidos voluptuosamente en la agradable impresión
del agua -¡Qué
bien estamos así! -dijo finalmente Mowgli, soñoliento-. En
la manada de los Una
cobra se deslizó rápidamente por encima de una roca, bebió,
dio el grito de "¡buena -¡Ssss!
-silbó Kaa como si de pronto se acordara de algo-. Así
pues, ¿la selva te -No
todo -respondió Mowgli, riendo-; para ello sería preciso
que a cada cambio de luna Además,
nunca me sentí con el estómago vacío sin desear haber
matado una cabra; y -¿No tienes ninguno otro deseo? -preguntó la enorme serpiente. -¿Qué
más puedo desear? ¡Tengo a la selva, y en ella se me
considera! ¿Hay acaso algo -Pero,
la cobra dijo... -empezó Kaa. -¿Cuál
cobra? La que pasó por aquí no dijo nada. Estaba cazando. -Fue
otra. -¿Tratas
mucho a los del pueblo venenoso? Yo les dejo libre el
camino. Llevan a la Se
revolvió Kaa despaciosamente en el agua, como un barco de
vapor batido de través -Hace
tres o cuatro lunas -dijo- que cacé en las moradas frías,
lugar que no has olvidado. Lo
que yo cazaba se escapó chillando más allá de las
cisternas, hacia aquella casa, uno -Pero
la gente de las moradas frías no vive en madrigueras. Mowgli
sabía que Kaa hablaba de los monos. -Lo
que yo cazaba no vivía allí; fue allí para conservar la
vida -respondió Kaa, -¿Bajo
tierra? -Así
es. Me encontré allí, por último con una Capucha Blanca
(una cobra blanca) que -¿Caza
nueva? ¿Era algo bueno para cazar? -y al decir esto, Mowgli
se volvió hacia ella -No
eran piezas de caza, y me hubieran roto todos los dientes.
Pero Capucha Blanca me -Veremos
todo eso -dijo Mowgil-. Recuerdo ahora que hubo un tiempo en
que fui -¡Calma!
¡Calma! Fue la prisa lo que mató a la serpiente amarilla
que se comió al sol. Hablamos
ambas bajo tierra, y hablé de ti, diciendo que eras un
hombre. Dijo entonces "-Hace
mucho que no he visto a un hombre. Que venga y que vea todas
estas cosas, por -Eso
ha de ser algún género nuevo de caza. Y sin embargo, el
pueblo venenoso no nos -No
es ninguna pieza de caza. Es... es... no puedo decir qué
es. -Iremos
allá. Nunca he visto una capucha blanca y también deseo
ver las otras cosas. ¿Las
mató ella? -Son
cosas muertas. Dice que es la guardiana de todas. -¡Ah...!
Como el lobo que vigila la carne que se ha llevado a su
cubil. Vamos. Nadó
Mowgli hacia la orilla y se revolcó en la hierba para
secarse, y ambos partieron Tú
y yo somos de la misma sangre"-, y siguió adelante
sobre sus manos y rodillas. Así se
arrastraron durante largo espacio por un pasadizo inclinado
que formaba -Un
cubil muy seguro -dijo Mowgli enderezándose-; pero
demasiado lejos para visitarlo -¿No
soy yo nada? -dijo una voz en medio de la caverna, y Mowgil
vio algo blanco que -¡Buena
suerte! -dijo Mowgli que no abandonaba nunca ni sus buenos
modales ni su -¿Qué
noticias hay de la ciudad? -preguntó la blanca cobra sin
responder al saludo-. ¿Qué
me cuentas de la inmensa ciudad amurallada. . . la ciudad de
los cien elefantes, -Sobre
nuestras cabezas sólo hay selva -respondió Mowgli-. De los
elefantes, sólo -Te
lo dije -explicó Kaa con suavidad a la cobra- te expliqué,
hace cuatro lunas, que tu -La
ciudad.., la gran ciudad del bosque cuyas puertas están
guardadas por las torres del Salomdhi,
hijo de Chandrabija, hijo de Viyeja, hijo de Yegasuri, la
edificó en la época -Esto
es como un rastro perdido -dijo Mowgli, volviéndose a Kaa-.
No entiendo su -Ni
yo. Es muy vieja. Padre de las cobras, aquí no hay más que
selva y así fue desde el -Entonces,
¿quién es éste -dijo la cobra blanca- que está sentado,
sin miedo, delante de -Mowgli
me llaman -fue la respuesta-. Pertenezco a la selva. Los
lobos son mi gente, y -Soy
el guardián del tesoro del rey. Kurrum Raja puso la piedra
que está allá arriba, en -¡Huy!
-pensó Mowghi-. Ya he tenido que habérmelas con un bracman
en la manada de -Cinco
veces desde que llegué aquí levantaron la piedra, pero
siempre para poner aquí Pero
ya hace mucho, muchísimo desde que levantaron la piedra por
última vez y creo -La
ciudad no existe ya. Mira hacia arriba. Verás allí las raíces
de los grandes árboles -Dos
o tres veces los hombres se abrieron paso hasta este lugar
-respondió salvajemente -Se
embrolló de nuevo la pista -dijo fríamente Mowghi-. ¿Acaso
algún chacal penetró -¡Por
los dioses del Sol y de la Luna, el muchacho está loco de
remate -silbó la cobra-. Antes
que tus ojos se cierren para siempre, te haré un favor:
Mira, contempla lo que no -En
la selva no suele irles bien a quienes le hablan a Mowgli de
favores -dijo el Miró
con los ojos entrecerrados en torno de la caverna, y luego
levantó del suelo un -¡Oh!
-exclamó-. Esto es como aquello con que juegan en la manada
de los hombres; Dejó
caer las monedas de oro, y siguió adelante. El suelo de la
caverna estaba cubierto Encima,
dentro y surgiendo de aquella masa, como restos de naufragio
que se levantan Veíanse
palanquines y literas para transportar reinas, de bordes y
correas plateados y La
cobra blanca tenía razón: no había dinero suficiente para
empezar a pagar el valor de Pero
Mowgli, naturalmente, no entendió el significado de todo
aquello. Le interesaron La
cobra blanca lo había estado siguiendo muy de cerca. -¿No
vale esto la pena de morir con tal de contemplarlo? -dijo-.
¿No te he hecho un gran -No
comprendo -dijo Mowgli-. Estas cosas son duras y frías y de
ninguna manera son La
cobra blanca se estremeció con malvado júbilo. -Ciertamente
te lo daré -respondió. Te daré todo lo que está aquí...
hasta el momento de -Pero
si me voy ahora. Este lugar es oscuro y frío, y quiero
llevarme a la selva esto que -¡Mira
lo que está a tus pies! ¿Qué hay allí? Mowgli
recogió algo blanco y liso. -Es
el cráneo de un hombre -dijo tranquilamente-. Y aquí hay
dos mas. -Vinieron
para llevarse el tesoro, hace muchos años. Yo les hablé en
la oscuridad y se -¿Pero
para qué quiero yo eso que llaman tesoro? Si me quieres dar
el ankus, ya habré -¡Aquí
no hay palabra mágica que valga, y ésa es la mía! Kaa
se lanzó hacia adelante con los ojos arrojando llamas. -¿Quién me pidió que trajera aquí al hombre? -dijo silbando. -Yo,
ciertamente -balbució la vieja cobra-. Hacía mucho tiempo
que no había visto a un -Pero
no se habló de matar. ¿Cómo podré regresar a la selva y
decir que lo conduje -Yo
no hablo de matar sino hasta que llega la hora. Y en cuanto
a irte o quedarte, allí -¡Vaya,
gusano blanco de las tinieblas, te he dicho que ya no existe
ni rey ni ciudad! ¡La -Pero
aun existe el tesoro. Ahora bien podemos hacer esto: espera
un poco, Kaa de las Mowgli,
calmosamente, puso su mano sobre la cabeza de Kaa. -Hasta
ahora, esa cosa blanca no ha tratado sino con hombres que
forman parte de la Se
había mantenido Mowgli de pie, sosteniendo el ankus con la
punta hacia abajo. Arrojólo
lejos de sí rápidamente, y fue aquél a caer atravesado
exactamente detrás de la -¡Mátala!
-dijo Kaa, al mismo tiempo que Mowgli echaba mano de su
cuchillo. -No
-respondió éste al sacarlo-. Nunca mataré de nuevo,
excepto por alimento. Pero, Cogió
a la serpiente enemiga por detrás de la capucha, le abrió
por fuerza la boca con la -Thuu
(está seco) [Literalmente: tocón podrido] -dijo Mowgli. Y
haciendo señas a Kaa -El
tesoro del rey necesita un nuevo guardián -afirmó
gravemente-. Thuu, has hecho -¡Qué
vergüenza! ¡Mátame! -silbó la cobra blanca. -Ya
se habló demasiado de matar. Ahora, nos vamos. Me llevo
esta cosa de punta de -Cuida,
entonces, de que al cabo esa cosa no te mate a ti. ¡Es la
muerte! ¡Acuérdate, es Se
arrastró Mowghi de nuevo por el agujero hasta el pasadizo,
y lo último que vio fue
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