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El Libro de las Tierras Vírgenes (Continuación) Mowgli
no podía entender una sola palabra de todo esto; por otra
parte, la leche caliente Rióse
Messua y puso ante él la comida de la tarde. No eran sino
unas bastas tortas, El
olor del rocío en los marjales le abrió el apetito y le
excitó los nervios. Deseaba La
puerta de la choza estaba cerrada, pero Mowgli escuchó un
ruido que conocía bien, y -¡Quédate
allí y espera! Cuando llamé, no quisiste venir -dijo
Mowgli en el lenguaje de -No...
no traigas contigo.., a tus servidores -dijo Messua-. Yo...
nosotros.., siempre -Viene
en son de paz -respondíó Mowgli levantándose-. Recuerda
aquella noche en el Pero,
cuando Mowgli puso la mano sobre la puerta, en la pobre
mujer pudieron más que -¡Vuelve!
-murmuró-. Seas o no mi hijo, regresa, porque te quiero. ..
Mira, él también El
pequeño lloraba porque veía que el hombre del cuchillo
brillante se iba. -Regresa
otra vez -repitió Messua-. Ni de día ni de noche estará
esta puerta cerrada para Mowgli
sentía como si todos los nervios de la garganta se le
tensaran, y su voz parecía -Ciertamente
volveré. Y ahora -añadió dirigiéndose al lobo y apartándole
la cabeza que -¿Tanto
tiempo? No fue sino ayer por la noche. Yo... nosotros. . estábamos
cantando en -Cierto,
cierto. -Y
tan pronto como terminamos de cantar las canciones -prosiguió
seriamente el -Si
ustedes hubieran venido cuando los llamé, esto nunca
hubiera sucedido -respondió -¿Y qué va a suceder ahora? -preguntó el Hermano Gris. Mowgli
iba a contestar, cuando una muchacha vestida de blanco empezó
a descender -Y
ahora no sé... -dijo, suspirando a su vez-. ¿Por qué no
vinieron ustedes cuando los -Te
seguimos... te seguimos siempre -murmuró el Hermano Gris,
lamiendo los talones -¿Y
me seguirías hasta la manada de los hombres? -dijo en voz
muy baja Mowgli. -¿No
te seguí aquella noche en que nuestra manada te expulsó?
¿Quién te despertó -Sí;
pero, ¿lo harías de nuevo? -¿No
te seguí acaso esta noche? -Sí;
pero una, y otra vez, y quizás otra más, Hermano Gris. Permaneció
éste en silencio. Cuando habló otra vez, fue para decir
como hablando -La
Negra dijo la verdad. -¿Qué
dijo? -Que el hombre, por último, vuelve siempre al hombre. Raksha, nuestra madre, dijo. -También
lo dijo Akela aquella noche de los perros rojizos -murmuró
Mowgli. -Lo
mismo dice Kaa, que sabe más que todos nosotros. -¿Y
qué dices tú, Hermano Gris? -Te
expulsaron una vez, llenándote de insultos. Te hirieron en
la boca con una piedra. Enviaron
a Buldeo para que te asesinara. Te hubieran arrojado sobre
la flor roja. Tú -Te
pregunto qué es lo que tú opinas. Hablaban
mientras seguían corriendo. El Hermano Gris galopó todavía
un rato más sin -Hombre-cachorro...
Amo de la selva... Hijo de Raksha... hermano mío: aunque
sea algo -Ésa
es una buena ocurrencia. Entre ver una pieza y matarla, no
debe pasar mucho rato. Adelántate
y congrégalos a todos al Consejo de la Peña, y entonces
les diré lo que siento -¿Acaso
tú nunca te has olvidado de nada? -ladró el Hermano Gris
en tanto que corría al En
cualquiera otra estación la noticia hubiera atraído a
todos los habitantes de la selva, Gris,
gritando: -¡El
amo de la selva se vuelve con los hombres! ¡Venid al
Consejo de la Peña! Y el pueblo todo, feliz, pletórico de vida, se limitaba a responder: -Regresará
acá de nuevo con los calores del verano. Las lluvias lo
traerán de nuevo al -¡Pero
es que el amo de la selva se vuelve con los hombres! -repetía
el Hermano Gris. -¡Eee-Yoawa!...
¿Acaso por eso es menos dulce el tiempo del lenguaje nuevo?
-le Y
así, cuando Mowgli, sintiendo el corazón oprimido, subió
por entre las rocas que tan -¿Termina,
pues, aquí tu rastro, hombrecito? -dijo Kaa, mientras
Mowgli se arrojaba al -¿Por
qué no me mataron los perros rojizos? -gimió el muchacho-.
Mi fuerza me ha -¿Qué
necesidad hay de hablar? -dijo Baloo lentamente, volviendo
su cabeza hacia -Cuando
nos encontramos en las moradas frías, hombrecito. ya lo sabía
yo -dijo Kaa, Los
cuatro se miraron uno al otro y luego a Mowgli, perplejos
pero prontos a obedecer. -¿La
selva, pues, no me expulsa? -balbuceó Mowgli. El
Hermano Gris y los otros tres gruñeron furiosos y empezaron
a decir: -Mientras
nosotros estemos vivos, nadie se atreverá. Pero
Baleo los hizo callar de inmediato. -Yo
te enseñaré la ley. A mí me toca hablar -dijo-, y, aunque
no pueda ver ya ni las -También
la selva media es tuya -dijo Kaa-. Hablo a nombre de gente
de importancia. -¡Hai-mai!
¡Hermanos míos! -exclamó Mowgli levantando los brazos y
sollozando. No -iVaya,
levanta los ojos, hermanito! -dijo Baloo-. Nada hay aquí de
qué avergonzarse. Cuando
hemos comido la miel, abandonamos la colmena vacia. -Una
vez desechada la piel, no podemos vestírnosla de nuevo
-observó Kaa-. Ésa es la -Escucha,
tú, a quien quiero sobre todas las cosas -prosiguió Baloo.
No hay ni una -Por
Bagheera y el toro que me rescató... dijo Mowgli-. No
quisiera... Sus
palabras fueron interrumpidas por un rugido y por el ruido
de algo que caía en los -Por
esa razón -dijo estirando una de sus patas que chorreaba
sangre-, no vine antes. La Lamió
el pie de Mowgli. -¡Acuérdate
de que Bagheera te quería! -gritó luego, y desapareció. Ya
al pie de la colina, gritó de nuevo con más fuerza: -¡Buena
suerte en el nuevo rastro que sigues, dueño de la selva! ¡Acuérdate:
Bagheera te -Ya
lo has oído -dijo Baloo. Eso es todo. Vete ahora. Pero
antes, acércate a mí. ¡Ven, -Es
duro mudar de piel -observó Kaa en tanto que Mowgli
sollozaba largo rato, con su -Las
estrellas se apagan -dijo el Hermano Gris, olfateando el
viento del alba-. ¿Dónde Y
ésta es la última de las narraciones relativas a Mowgli. La
Canción Final Baloo Kaa El
miedo nace del mal humor; Bagheera En
una jaula empezó mi vida: Los
tres En
el rastro que siguieres Quíquern Cual
la nieve que pronto se derrite, -Abrió
los ojos. ¡Mira! -Mételo
de nuevo en la piel. Será un perro muy fuerte! Cuando
cumpla cuatro meses le -¿Para
quién será? -dijo Amoraq. Miró
Kadlu en redondo la choza de nieve cubierta de pieles, y
luego miró a Kotuko, -Para
mí -respondió Kotuko, con una mueca-. Algún día lo
necesitaré. Kadlu
sonrió a su vez y sus ojos parecían enterrados en las
gruesas mejillas, y asintió
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