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Capítulo VI

6

Esta tarde dirigí mi rumbo al cementerio -le escribió Anne a Gilbert después de volver a casa-. Me encanta la expresión "dirigir el rumbo" y la pongo cada vez que encuentro ocasión. Suena extraño decir que disfruté de mi paseo en el cementerio, pero es así. Las anécdotas de la señorita Courtaloe eran tan graciosas... La comedia y la tragedia se entremezclan en la vida, Gilbert. Lo único que me persigue todavía es la historia de esos dos que vivieron juntos cincuenta años, odiándose. No puedo creer que haya sido así. Alguien ha dicho que "el odio es solamente el amor que no encontró el camino". Estoy segura de que debajo del odio, en realidad se amaban -como te amaba yo todos esos años en los que creí odiarte- y que la muerte se los habrá demostrado. Yo me alegro de haberlo descubierto en vida. Y he descubierto que hay Pringle honestos... aunque están muertos.

Anoche bajé a tomar agua y encontré a la tía Kate en la despensa, poniéndose suero de leche en la cara. Me pidió que no se lo contara a Chatty... la creería tan tonta. Le prometí que no diría nada.

Elizabeth sigue viniendo a buscar la leche, aunque la "mujer" ya se repuso de la bronquitis. Me extraña que se lo permitan, sobre todo considerando que la anciana señora Campbell es una Pringle. El sábado pasado, Elizabeth -creo que era Betty esa tarde- entró corriendo y cantando después de haberme dejado y oí con claridad que la "mujer" le decía, en la puerta:

-Estamos demasiado cerca del domingo para que cantes esa canción.

¡Estoy segura de que "esa mujer" le impediría cantar la cualquier día, si pudiera!

Elizabeth llevaba puesto un vestido nuevo esa noche, color carmesí (la visten bien, eso sí), y comentó con melancolía:

-Me pareció que estaba bastante bonita cuando me lo puse, señorita Shirley, y deseé que mi padre pudiera verme. Desde luego, me verá en Mañana, pero a veces parece que falta tanto para que llegue... Ojalá pudiéramos apurar un poco el tiempo, señorita Shirley.

Ahora, Gilbert querido, tengo que ir a resolver unos ejercicios de geometría. Estos ejercicios han reemplazado lo que Rebecca llama mis "esfuerzos literarios". El espectro que me persigue ahora es el miedo de que aparezca en clase un ejercicio que no sepa resolver. Y qué dirían los Pringle entonces... ¡qué dirían!

Mientras tanto, si me amas a mí y a la especie gatuna, ruega por un pobre gato maltratado y triste. Un ratón pasó por encima del pie de Rebecca Dew en la despensa, el otro día, y desde entonces, ella echa humo.

-Lo único que hace "ese gato" es comer, dormir y dejar que los ratones invadan todo. Ésta sí que es la gota que colma el vaso.

De manera que lo corre de un lado a otro, lo echa de su almohadón preferido y -lo sé, porque la he visto- lo ayuda con un puntapié a salir por la puerta.

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