|
|
|
|
|
|
|
|
|
15 Anne fue a Bonnyview la noche del viernes, antes de la boda. Los Nelson daban una cena para algunos amigos e invitados que llegaban por barco. La amplia casa, residencia veraniega del doctor Nelson, estaba construida entre pinos sobre una larga punta, con la bahía a ambos lados, y hacia atrás, una extensión de médanos dorados que conocía todo lo que había por conocer sobre vientos. A Anne le gustó no bien la vio. Una antigua casa de piedra siempre tiene aspecto sosegado y digno. No teme los embates de la lluvia ni del viento ni del paso del tiempo. Y en esa tarde de junio, bullía de vida y emoción, con las risas de muchachas, los saludos de amigos, carruajes que entraban y salían, niños que corrían. A cada momento llegaban regalos; todos estaban atrapados en la vertiginosa alegría de una boda. Los dos gatos negros del doctor Nelson, que ostentaban los nombres de Barnabas y Saul, estaban sentados sobre la baranda de la galería y contemplaban todo como dos imperturbables esfinges peludas. Sally se apartó de un grupo y llevó a Anne arriba. -Te hemos guardado la habitación que da al norte. Tendrás que compartirla con otras tres chicas, desde luego. Esto es un caos. Papá está haciendo levantar una carpa para los chicos, entre los pinos, y más tarde pondremos catres en la galería cerrada de atrás. Y podremos poner a la mayoría de los niños en el granero, desde luego. Ay, Anne, estoy tan entusiasmada. Casarse es realmente de lo más divertido. Mi vestido llegó hoy de Montreal. Es un sueño... de seda color crema, con encaje y bordados de perlas. Y hemos recibido regalos preciosos. Ésta es tu cama. Las otras son para Mamie Gray, Dot Fraser y Sis Palmer. Mamá quería poner aquí a Amy Stewart, pero no se lo permití. Amy te odia porque ella quería ser dama de honor. ¿Pero cómo iba a poner a una joven tan gorda y desaliñada, no te parece? Además, el color verde Nilo la hace parecer enferma. Ay, Anne, vino la tía Sabueso. Llegó hace unos minutos y estamos aterrados. Hubo que invitarla, por supuesto, pero creímos que no llegaría hasta mañana. -¿Quién es la tía Sabueso? -La tía de papá, la señora de James Kennedy. En realidad, es la tía Grace, pero Tommy la apodó tía Sabueso porque siempre mete las narices en todo y averigua cosas que no queremos que sepa. No hay forma de escaparle. Hasta se levanta temprano por la mañana para no perderse nada, y de noche, es la última en acostarse. Pero eso no es lo peor. Si hay algo inadecuado para decir, con toda certeza lo dirá y no aprende que hay preguntas que no se deben hacer. Papá llama a sus discursos las "delicias de la tía Sabueso". Estoy segura de que arruinará la cena. Uy, aquí viene. Se abrió la puerta y entró la tía Sabueso... una mujercita regordeta, castaña, de ojos saltones, que se movía en una atmósfera de naftalina y mostraba una expresión de preocupación crónica. De no ser por la expresión, se parecía bastante a un sabueso. -Así que usted es la señorita Shirley, de la que tanto he oído hablar. No se parece nada a una señorita Shirley que conocí. Ella tenía unos ojos magníficos. Bien, Sally, así que por fin te casas. Pobre Nora, es la única que queda. Bueno, tu madre tiene suerte de sacarse de encima a cinco de ustedes. Hace ocho años le dije: "Jane, ¿crees que alguna vez vas a lograr casar a todas esas chicas?" Bueno, los hombres no traen otra cosa que problemas, a mi entender, y de todas las cosas inseguras, el matrimonio es la menos segura, ¿pero qué otra cosa hay para una mujer en este mundo? Es lo que acabo de decirle a la pobre Nora. "Presta atención, Nora", le dije, "no es nada divertido quedarse solterona. ¿En qué está pensando ese Jim Wilcox?", le dije. -Ay, tía Grace, Jim y Nora se pelearon en enero, y desde entonces él no ha vuelto por aquí. -Yo creo que se debe decir lo que se piensa. Las cosas hay que decirlas. Me enteré de esa pelea. Por eso le pregunté por él. "Corresponde que sepas", le dije, "que sale a pasear con Eleanor Pringle." Se sonrojó, furiosa, y salió corriendo. ¿Qué hace Vera Johnson aquí? No es de la familia. -Vera siempre fue muy amiga mía, tía Grace. Va a tocar la marcha nupcial. -¿Ah, sí? Bueno, lo único que espero es que no se equivoque y toque la marcha fúnebre, como hizo la señora de Tom Scott en la boda de Dora Best. Qué mal presagio. No sé dónde van a poner a dormir a toda la gente que hay aquí. Algunos tendremos que dormir colgados de la cuerda de la ropa, supongo. -Buscaremos lugar para todos, tía Grace. -Bueno, espero que no cambies de idea a último momento, Sally, como hizo Helen Summers. Se arma tanto alboroto. Tu papá está muy entusiasmado. Nunca me gustó buscar problemas, pero lo único que espero es que no le vaya a dar un ataque. Lo he visto suceder. -Papá está muy bien, tía Grace. Sólo un poco emocionado. -Ah, eres demasiado joven, Sally, para saber todo lo que puede suceder. Tu mamá me contó que la ceremonia será mañana al mediodía. La moda en cuanto a bodas está cambiando, como todo lo demás, y para mejor. Cuando me casé yo, fue de tarde. Ah, cielos, ya no es como antes. ¿Qué le pasa a Mercy Daniels? Me la encontré en la escalera y vi que se le ha puesto la tez barrosa. -"La misericordia no se fuerza" -rió Sally, mientras se ponía el vestido para la cena. -No cites la Biblia con tanta frivolidad -replicó la tía Sabueso-. Debe disculparla, señorita Shirley. Sencillamente no está acostumbrada a casarse. Bueno, espero que el novio no tenga una expresión espantada, como suele suceder. Supongo que se sienten aterrados, pero no tienen por qué mostrarlo tan claramente. Y espero que no se olvide los anillos, como Upton Hardy. Flora y él tuvieron que casarse con una argolla de las cortinas. Bueno, iré a echar otro vistazo a los regalos. Tienes muchas cosas lindas, Sally. Espero que no te sea muy difícil mantener lustradas todas las cucharas. Esa noche, la cena en la amplia galería cerrada fue muy alegre. Había faroles chinos colgados por todas partes; la suave luz colorida que arrojaban se posaba sobre los bonitos vestidos, el pelo brillante y las frentes lisas de las muchachas. Barnabas y Saul, sentados sobre los anchos brazos del sillón del doctor, parecían estatuas de ébano; él los alimentaba con migajas. -Casi peor que Parker Pringle -afirmó la tía Sabueso-. Él hace sentar al perro a la mesa, con silla y servilleta propias. Bueno, tarde o temprano, se hará justicia. Había una nutrida concurrencia, pues estaban todas las chicas Nelson con sus maridos, además de los testigos y las damas de honor; hubo mucha algarabía, a pesar de las "delicias" de la tía Sabueso... o quizás a causa de ellas. Nadie la tomaba demasiado en serio. Era evidente que la juventud la consideraba una broma. Cuando al serle presentado Gordon Hill dijo: "Vaya, vaya, no eres lo que imaginaba. Creí que Sally elegiría a un hombre alto y apuesto", se oyeron risas ahogadas por todo el porche. Gordon Hill, que era más bien bajo y solamente "de aspecto agradable", según sus mejores amigos, supo que harían bromas al respecto hasta el final de sus días. Después, la tía Sabueso dijo a Dot Fraser: "Cielos, cada vez que te veo tienes un vestido nuevo. Espero que el presupuesto de tu padre resista todavía algunos años". Dot pudo haber hervido de furia, pero algunas de las otras chicas encontraron graciosas las palabras de la anciana. Y cuando la tía Sabueso murmuró en tono sombrío: "Sólo espero que todos reciban las cucharitas de recuerdo. En el casamiento de Gertie Paúl faltaron cinco. Nunca aparecieron", la señora Nelson, que había pedido prestadas tres docenas, adoptó una expresión angustiada, igual que sus cuñadas, a las que se las había pedido. Pero el doctor Nelson lanzó una carcajada. -Haremos que todos den vuelta sus bolsillos antes de irse, tía Grace. -Sí, ríe si quieres, Samuel, pero no es ninguna broma que pase una cosa así en la familia. Alguien debe de tener esas cucharitas. Siempre que voy a algún lado me fijo si no las veo. Las reconocería en cualquier parte, a pesar de que han pasado veintiocho años. La pobre Nora era un bebé en aquel entonces. ¿Recuerdas, Jane, que la tenías con un vestidito blanco? ¡Veintiocho años! Ah, Nora, cómo pasa el tiempo. Aunque con esta luz, no demuestras tu edad. Nora no participó de la risotada general. Parecía a punto de echar rayos por los ojos. A pesar del vestido amarillo y las perlas en el pelo oscuro, a Anne la hacía pensar en una mariposa nocturna. En contraste directo con Sally, que era rubia y pálida, Nora Nelson tenía un estupendo pelo negro, ojos oscuros, cejas negras y aterciopeladas mejillas rosadas; la nariz era un poco aguileña. Nora nunca había sido considerada bonita, pero Anne sentía una curiosa atracción hacia ella, a pesar de su expresión torva y furibunda. Intuía que, como amiga, preferiria a Nora antes que a la risueña Sally. Después de la cena, hubo baile; de las ventanas bajas de la antigua casa de piedra brotaron risas y música. A las diez, Nora había desaparecido. Anne estaba algo cansada del ruido y la algarabía. Salió por el vestíbulo a una puerta posterior que daba a la bahía y bajó por una escalera de peldaños rocosos hasta la costa, atravesando un bosquecillo de pinos. ¡Qué hermoso era el fresco aire salado después del calor de la tarde! ¡Cuán exquisitos los dibujos trazados por la luna sobre la bahía! ¡Qué magia tenía la embarcación que había zarpado al anochecer y ahora se acercaba al puerto! Era una noche en la que resultaba posible toparse con un baile de sirenas. Nora estaba sentada a la sombra de una roca, junto al agua, con expresión más tormentosa que nunca. -¿Puedo sentarme contigo unos minutos? -preguntó Anne-. Estoy un poco cansada de bailar y no quiero perderme esta noche maravillosa. Cómo les envidio esta bahía que tienen como jardín. -¿Cómo te sentirías en un momento así, si no tuvieras novio? -preguntó Nora de pronto, con aspereza-. ¿Ni posibilidades de tenerlo? -Creo que es culpa tuya, si no lo tienes -respondió Anne, y se sentó a su lado. Nora se descubrió contándole sus problemas a Anne. Había algo en ella que hacía que la gente le confiará sus problemas. -Lo dices por cortesía, desde luego. No es necesario. Sabes tan bien como yo que no soy una chica de la que se enamorarían los hombres... soy "la feúcha de las Nelson". La verdad es que no es mi culpa que no tenga a nadie. No soportaba estar más tiempo allí adentro. Sentí necesidad de venir aquí y permitirme sentirme desdichada. Estoy cansada de sonreír y mostrarme agradable con todos y fingir que no me importa cuando me hacen bromas por ser soltera. Ya no voy a fingir más. Me importa, y mucho... muchísimo. Soy la única que queda. Cinco de mis hermanas están casadas, o lo estarán para mañana. Has oído a la tía Sabueso echarme en cara mi edad cuando cenábamos. Y la oí decirle a mamá antes de la cena que yo "había envejecido" bastante desde el verano pasado. Claro que envejecí. Tengo veintiocho años. Dentro de doce años, tendré cuarenta. ¿Cómo soportaré la vida a los cuarenta, Anne, si no tengo raíces propias a esa altura? -Yo no me preocuparía por las tonterías de una anciana. -Ah, ¿no? Pues no tienes una nariz como la mía, dentro de diez años, parecerá un pico de ave, como el de papá. Y supongo que tampoco te importaría haber esperado años a que un hombre se te declarara... y no lo hiciera nunca. -Ay, sí, eso sí me importaría. -Bueno, ésa es precisamente mi situación. Sí, si que has oído hablar de Jim Wilcox. Es una historia tan antigua. Ha estado detrás de mí durante años, pero nunca dijo nada de casarnos. -¿Lo quieres? -Claro que lo quiero. Siempre fingí que no lo amaba, pero como te dije, estoy harta de fingir. Y desde enero que no se me acerca. Nos peleamos... bueno, hemos tenido cientos de peleas. Antes siempre volvía... pero esta vez no volvió. Ya no quiere volver. Mira, aquélla es su casa, del otro lado de la bahía, brillando bajo la Luna. Debe de estar allí... y yo aquí... con todo el puerto entre nosotros. Así será, siempre. Es... ¡es terrible! Y no hay nada que pueda hacer. -Si lo mandaras llamar, ¿no vendría? -¡Mandarlo llamar! ¿Crees que haría eso? Antes preferiría morir. Si quiere venir, no hay nada que se lo impida. Si no quiere, yo no quiero que venga. Sí... ¡sí, quiero! Lo amo... y quiero casarme con él. Quiero tener un hogar propio y ser la "señora" de alguien y cerrarle la boca a la tía Sabueso. ¡Ojalá pudiera ser Barnabas o Saul por unos momentos nada más que para decirle unos cuantos insultos! Si me vuelve a llamar "la pobre Nora", le arrojaré una olla. Pero bueno, al fin y al cabo, dice solamente lo que todos piensan. Mamá ya ha perdido las esperanzas de que me case, así que me deja tranquila, pero el resto me tortura. Odio a Sally... sé que soy una arpía... pero la odio. Tendrá un buen marido y una casa preciosa. No es justo que ella tenga todo, y yo, nada. No es mejor ni más inteligente ni tanto más bonita que yo... sólo tiene más suerte. Supongo que me crees horrorosa... aunque en realidad no me importa lo que pienses. -Creo que estás muy, muy cansada luego de tantas semanas de preparativos y tensión. Las cosas que siempre fueron difíciles, de pronto se han vuelto imposibles de tolerar. -Me comprendes... sí, me comprendes. Siempre pensé que lo harías. He tenido deseos de hacerme amiga tuya, Anne Shirley. Me gusta tu risa. Siempre deseé poder reír así. No soy tan sombría como parezco... son las cejas. De veras pienso que son lo que ahuyenta a los hombres. Nunca tuve una verdadera amiga. Pero por cierto, siempre tuve a Jim. Hemos sido... amigos... desde niños. Yo solía poner un farol en la ventanita del desván cuando quería que viniera por algún motivo, y él venía navegando de inmediato. Íbamos juntos a todas partes. Ningún otro chico tuvo posibilidades de acercarse a mí... aunque no creo que ninguno haya querido hacerlo, tampoco. Y ahora todo ha terminado. Se cansó de mí y se alegró de encontrar la excusa de la pelea para quedar libre. ¡Ay, cómo voy a odiarte mañana porque te he contado estas cosas! -¿Por qué? -Siempre se odia a las personas que nos arrancan los secretos, supongo -respondió Nora, tristemente-. Pero hay algo en las bodas que te remueve todo... y no me importa. Nada me importa. Ay, Anne Shirley, ¡me siento tan triste! Préstame tu hombro para llorar un buen rato. Mañana tendré que sonreír y mostrarme feliz todo el día. Sally cree que no quise ser su dama de honor por superstición -trae mala suerte ser dama de honor tres veces, sabes-, pero no fue por eso. No hubiera soportado estar a su lado y escucharla decir: "Sí, quiero", sabiendo que yo nunca podría decírselo a Jim. Me hubiera puesto a aullar como un lobo. Quiero vestirme de novia y tener un ajuar, ropa blanca con monogramas y hermosos regalos. Hasta el platito de manteca de plata de la tía Sabueso. Siempre regala lo mismo a todas las novias... una mantequera espantosa con tapa parecida a la cúpula de San Pedro. Podríamos haberla puesto sobre la mesa del desayuno nada más para que Jim se riera. Ay, Anne, creo que me estoy volviendo loca. El baile había terminado cuando las chicas volvieron a la casa, tomadas de la mano. Los invitados se repartían en las diferentes habitaciones. Tommy Nelson se estaba llevando a los gatos al granero. La tía Sabueso seguía sentada en el sofá, pensando en todas las cosas horrorosas que esperaba no sucedieran al día siguiente. -Espero que nadie se levante y dé un motivo por el cual no deberían casarse. Eso sucedió en el casamiento de Tillie Hatfield. -Gordon no va a tener tanta buena suerte -dijo el testigo del novio. La tía Sabueso le dirigió una mirada pétrea. -Jovencito, el matrimonio no es una broma. -Claro que no -replicó él, sin amilanarse-. Hola, Nora, ¿cuándo vamos a tener la oportunidad de bailar en tu boda? Nora no respondió con palabras. Se acercó al muchacho y lo abofeteó, primero de un lado de la cara, luego del otro. Después, subió sin mirar atrás. -Esa chica -declaró la tía Sabueso- está al borde de una crisis nerviosa.
|
|
|
||||||||
|
|
|
| Los textos acá colocados son en su gran
mayoría de dominio público y/o sus autores han autorizado su colocación.
Algunos fragmentos de obras comerciales pueden estar presentes con fines
educativos. El respeto al derecho de autor es una parte central de la
actividad literaria. Si alguien considera que se vulneran sus derechos o que
se hace uso inadecuado de algún contenido o material, favor contáctarnos
para retirarlo de inmediato. Actualmente hay 259 usuarios conectados en BibliotecasVirtuales.com |
|
Contenidos distribuidos bajo una Licencia de Creative Commons. |
|