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8 -Estoy tan cansada... -se quejó la prima Ernestine Bugle, dejándose caer en su silla, frente a la mesa de Álamos Ventosos, donde estaba servida la cena-. A veces no quiero sentarme por temor a no poder volver a levantarme nunca más. La prima Ernestine, prima tercera del difunto capitán MacComber (pero, como decía la tía Kate, demasiado cercana), había venido de visita desde Lowvale esa tarde. No puede decirse que ninguna de las viudas le haya dado una calurosa bienvenida, a pesar de los sagrados lazos de sangre. La prima Ernestine no era una persona alegre; era uno de esos seres desafortunados que se preocupan constantemente no sólo por sus asuntos sino por los de los demás, y no se dan descanso ni se lo dan a los demás. Bastaba con verla, declaró Rebecca Dew, para sentir que la vida era un valle de lágrimas. La prima Ernestine no era bella, por cierto, y resultaba dudoso que hubiera podido serlo en su juventud. Tenía una carita seca, fruncida, y descoloridos ojos celestes; varios lunares mal ubicados y una voz quejumbrosa. Llevaba un viejo vestido negro y un decrépito cuello estilo Hudson que no quería quitarse ni para cenar, por temor a las corrientes de aire. Rebecca Dew podría haberse sentado a la mesa con ellas de haberlo deseado, puesto que las viudas no consideraban a la prima Ernestina como "visita". Pero Rebecca siempre decía que no podía "saborear sus vituallas" en compañía de esa vieja amargada. Prefería comer en la cocina. Pero eso no le impedía meterse en la conversación mientras servía la mesa. -Debe de ser la primavera que se le está metiendo en los huesos -comentó, sin compasión alguna. -Ay, espero que no sea más que eso, señorita Dew. Pero temo ser como la pobre señora de Oliver Gage. Comió hongos el verano pasado, pero debe de haber habido algún ejemplar extraño entre ellos, pues nunca volvió a sentirse como antes. -Pero no puedes haber estado comiendo hongos en época tan temprana -objetó la tía Chatty. -No, pero por desgracia, he comido otra cosa. No trates de alegrarme, Charlotte. Tienes buenas intenciones, pero no sirve de nada. He pasado por demasiadas cosas. ¿Estás segura de que no hay una araña en esa jarra de crema, Kate? Creo haber visto una cuando me serviste. -Jamás hay arañas en nuestras jarras -declaró Rebecca Dew en tono ominoso, y cerró con estrépito la puerta de la cocina. -Tal vez haya sido sólo una sombra -se corrigió la prima Ernestine sumisamente-. Mis ojos no son lo que eran. Temo que pronto quedaré ciega. Eso me recuerda... pasé a ver a Martha MacKay esta tarde y se sentía afiebrada y estaba toda cubierta de una especie de sarpullido. "Me parece que tienes sarampión", le dije. "Es probable que quedes prácticamente ciega. Toda tu familia tiene mala vista." Me pareció que debía estar preparada. Su madre tampoco está bien. El médico dice que es indigestión, pero yo temo que sea un bulto. "Y si vas a operarte con cloroformo, temo que no saldrás de la operación. Recuerda que eres una Hillis, y los Hillis siempre tuvieron corazones débiles. Tu padre murió de un ataque cardíaco, sabes." -¡Sí, a los ochenta y siete años! -resopló Rebecca Dew, mientras se llevaba un plato. -Y tres veintenas más diez es el límite que pone la Biblia -comentó la tía Chatty alegremente. La prima Ernestine se sirvió una tercera cucharada de azúcar y revolvió el té sombríamente. -Así dijo el rey David, Charlotte, pero me temo que no era un buen hombre en algunos aspectos. Anne captó la mirada de la tía Chatty y rió antes de poder contenerse. La prima Ernestine la miró con desaprobación. "Había oído que usted era una chica de lo más risueña. Bien, espero que le dure, pero temo que no será así. Temo que descubrirá demasiado pronto que la vida es un asunto melancólico. Bueno, yo también fui joven una vez. -¿De veras? -preguntó Rebecca Dew en tono sarcástico. Traía una fuente de bollos. -Me parece que siempre debe de haberle temido a la juventud. La juventud requiere valor, se lo aseguro, señorita Bugle. -Rebecca Dew tiene una forma tan curiosa de decir las cosas -se quejó la prima Ernestine-. No es que me moleste, desde luego. Y está muy bien reír mientras se puede hacerlo, señorita Shirley, pero temo que está tentando a la providencia mostrándose tan alegre. Se parece mucho a la tía de la esposa de nuestro último presbítero... estaba siempre riendo y murió de un ataque paralítico. El tercero es fatal. Mucho me temo que nuestro nuevo presbítero en Lowvale tenga inclinaciones frívolas. En cuanto lo vi, le dije a Louisy: "Temo que un hombre con piernas como ésas sea adicto al baile". Supongo que habrá renunciado a hacerlo desde que se convirtió en ministro, pero lamentablemente, la tendencia volverá a aparecer en su familia. Su esposa es muy joven y dicen que está escandalosamente enamorada de él. No puedo reconciliarme con la idea de que alguien se case con un ministro por amor. Me temo que es terriblemente irreverente. Sus homilías son bastante buenas, pero por lo que dijo sobre Elías el domingo pasado, temo que sea demasiado liberal en sus interpretaciones de la Biblia. -Vi en los periódicos que Peter Ellis y Fanny Bugle se casaron la semana pasada -comentó la tía Chatty. -Ah, sí. Temo que será un caso de matrimonio rápido y arrepentimiento lento. Se conocieron hace solamente tres años. Temo que Peter descubrirá que aunque la mona se vista de seda, mona queda. Lamentablemente, Fanny es muy perezosa. Plancha las servilletas solamente del lado del derecho. No se parece en nada a la santa de su madre. Ésa sí que era una mujer hecha y derecha. Cuando estaba de luto, usaba camisones negros. Decía que se sentía tan mal de noche como de día. Estuve en casa de Andy Bugle, ayudándolos con la cocina, y cuando bajé, la mañana de la boda... allí estaba Fanny, comiendo un huevo para el desayuno... ¡e iba a casarse ese mismo día! Supongo que no me creerán... yo no lo creería, si no lo hubiera visto con mis propios ojos. Mi difunta hermana, pobrecilla, no comió nada durante tres días, antes de su boda. Y después que su marido murió, temimos que no volviera a probar bocado. Hay veces en que siento que ya no puedo comprender a los Bugle. En otros tiempos, una sabía que estaba con sus parientes, pero ya no es así. -¿Es cierto que Jean Young se volverá a casar? - preguntó la tía Kate. -Me temo que sí. Fred Young ha sido dado por muerto, desde luego, pero temo muchísimo que aparezca en cualquier momento. Nunca se pudo confiar en ese hombre. Ella se casará con Ira Roberts. Me temo que él se casa solamente para hacerla feliz. Su tío Philip, en una oportunidad, quiso casarse conmigo, pero le dije: "Bugle nací y Bugle moriré. El matrimonio es un salto al vacío", le dije, "y no me obligarán a darlo". Ha habido un sinfín de bodas en Lowvale este invierno. Temo que habrá funerales todo el verano, para compensar. Annie Edwards y Chris Hunter se casaron el mes pasado. Temo que dentro de unos años, no se querrán como se quieren ahora. Ella quedó embobada con sus modales galantes. Su tío Hiram era loco... se creyó un perro durante años. -Si lo que hacía era ladrar, nadie tendría que haberle mezquinado su diversión -dijo Rebecca Dew, que había traído confitura de peras y torta. -Nunca oí que ladrara -objetó la prima Ernestine-. Sólo mordía huesos y los enterraba cuando nadie lo miraba. Su esposa se ponía muy mal. -¿Dónde está la señora Lily Hunter este invierno? -preguntó la tía Chatty. -Lo ha estado pasando con su hijo, en San Francisco, y temo que haya otro terremoto antes que pueda salir de allí. De todos modos, seguro que intentará traer mercadería de contrabando y tendrá problemas en la frontera. Cuando se viaja, si no es una cosa es la otra. Pero la gente se enloquece por viajar. Mi primo Jim Bugle pasó el invierno en Florida. Me temo que se está volviendo rico y frívolo. Le dije antes de que partiera, le dije... recuerdo que fue la noche antes de que muriera el perro de los Coleman... ¿o no? Sí, fue entonces. "El orgullo va delante de la destrucción, y un espíritu altanero, delante de una caída", le dije. Su hija enseña en la escuela del Camino Bugle y no puede decidir a cuál pretendiente aceptar. "Hay una cosa que te puedo asegurar, Mary Annetta", le dije, "y es que nunca conseguirás al que más quieres. De modo que te conviene aceptar al que te quiera, si tienes la seguridad de que te quiere." Espero que elija mejor que Jessie Chipman. Me temo que se casará con Oscar Green porque es gordo. "¿Eso es lo que elegiste?", le pregunté. Su hermano murió de tuberculosis. "Y no te cases en mayo", le advertí, "pues es un mes que trae mucha mala suerte." -¡Qué alentadora! -exclamó Rebecca Dew. Había traído un plato de pastelillos. La prima Ernestine pasó por alto el comentario de Rebecca Dew, y se sirvió una segunda porción de peras. -¿Pueden decirme si una calceolaria es una flor o una enfermedad? -preguntó. -Una flor -dijo la tía Chatty. La prima Ernestine pareció decepcionada. -Bueno, sea lo que fuere, la viuda de Sandy Bugle la tiene. La oí contándole a su hermana, el domingo pasado en misa, que por fin tenía una calceolaria. Tus geranios están muy pelados, Charlotte. Temo que no los fertilizas lo suficiente. La señora de Sandy ha dejado el luto a sólo cuatro años de la muerte del pobre Sandy. Hoy en día se olvida enseguida a los muertos. Mi hermana llevó luto por su esposo durante veinticuatro años. -¿Sabía que tiene abierta la parte superior de la falda? -preguntó Rebecca Dew, mientras dejaba una tarta de coco delante de la tía Kate. -No tengo tiempo de estar mirándome en el espejo todo el tiempo -replicó la prima Ernestine en tono ácido-. ¿Y qué pasa si la tengo abierta? Llevo puestas tres enaguas, para que sepan. Me dicen que hoy en día las chicas usan solamente una. Me temo que el mundo se está poniendo terriblemente audaz y frívolo. Me pregunto si alguna vez piensan en el día del juicio. -¿Cree que el día del juicio nos preguntarán cuántas enaguas tenemos puestas? -preguntó Rebecca Dew, y escapó a la cocina antes de que nadie pudiera adoptar una expresión de horror. Hasta la tía Chatty pensaba que Rebecca Dew se había sobrepasado. -Supongo que habrán visto en el periódico que la semana pasada murió el viejo Alex Crowdy -suspiró la prima Ernestine-. Su esposa murió hace dos años, literalmente llevada a la tumba por sus amarguras, pobrecilla. Dicen que él se ha sentido muy solo desde la muerte de ella, pero me temo que eso es demasiado bello para ser cierto. Y temo que los problemas no han terminado para él, aun a pesar de que está muerto. Al parecer, no quiso redactar un testamento y temo que habrá terribles disputas por la herencia. Dicen que Annabel Crowdy se va a casar con un aprendiz de todo y oficial de nada. El primer marido de su madre también lo era, así que quizá sea hereditario. Annabel ha tenido una vida dura, pero me temo que pasará de Guatemala a Guatepeor, aun si no resulta que él ya tiene otra esposa. -¿Qué es de la vida de Jane Goldwin? -quiso saber la tía Kate-. No ha venido al pueblo en muchísimo tiempo. -Ah, pobre Jane. Se está consumiendo misteriosamente. No saben qué es. Temo que resulte algo espantoso. ¿De qué se está riendo Rebecca Dew en la cocina, como una hiena? Me temo que terminarán ocupándose de ella. En la familia Dew hay muchos problemas mentales. -Me enteré de que Thyra Cooper tuvo un bebé - comentó la tía Chatty. -Ah, sí, pobrecita. Uno solo, por fortuna. Temía que fueran mellizos. Los Cooper tienen tantos antecedentes de mellizos... -Thyra y Ned son una pareja tan agradable -afirmó la tía Kate, decidida a rescatar algo del colapso del universo. Pero la prima Ernestine no estaba dispuesta a admitir que había algo bueno en Gilead, mucho menos en Lowvale. -Ah, pero tuvo suerte de atraparlo, finalmente. Hubo un tiempo en que temía que él no regresara del Oeste. Se lo advertí. "Estáte segura de que te decepcionará", le dije. "Siempre decepciona a todo el mundo. Todos esperaban que muriera antes de cumplir un año, pero como verás, sigue vivo." Cuando él compró la casa de los Holly, le volví a advertir: "Me temo que ese pozo está lleno de tifus", le dije. "El empleado de los Holly murió allí de tifus hace cinco años." No podrán culparme a mí si sucede algo. Joseph Holly tiene un problema en la espalda. Lo llama lumbago, pero me temo que es el comienzo de una meningitis espinal. -El anciano tío Joseph Holly es uno de los mejores hombres del mundo -dijo Rebecca Dew, trayendo la tetera llena, por segunda vez. -Sí, es bueno -declaró la prima Ernestine en tono lúgubre-. ¡Demasiado bueno! Me temo que sus hijos se echarán a perder. Sucede así con mucha frecuencia. Parecería como que hay que establecer un promedio. No, gracias, Kate, no beberé más té... Bueno, un pastelillo, quizá. No son pesados para el estómago, pero temo que he comido demasiado. "Debo ir partiendo, porque me temo que oscurecerá antes de que llegue a casa. No quiero mojarme los pies; le tengo mucho miedo a la neumonía. He tenido algo que me baja desde el brazo hasta las piernas todo el invierno. Noche tras noche me he quedado despierta a causa de eso. Ah, nadie sabe por lo que he pasado, pero no soy una de esas personas que se queja. Estaba decidida a venir a verlas, pues puede que la próxima primavera ya no me encuentre aquí. Pero ustedes dos están muy avejentadas, de modo que es posible que se vayan antes que yo. Bueno, es mejor irse cuando todavía queda alguien de la familia para sepultarnos. "¡Cielos, qué viento se ha levantado! Temo que si se convierte en temporal, se nos volará el techo del granero. Hemos tenido mucho viento esta primavera; me temo que el tiempo está cambiando. Gracias, señorita Shirley... -dijo a Anne, que la ayudaba a ponerse el abrigo-. Cuídese. Tiene aspecto muy descolorido. Me temo que los pelirrojos nunca tienen buena salud. -Mi salud está muy bien -sonrió Anne, y le entregó a la prima Ernestine un indescriptible sombrero con una deshilachada pluma de avestruz colgando de la parte de atrás-. Me duele un poco la garganta, esta noche, nada más, señorita Bugle. -¡Ah! -La prima Ernestine tuvo otro de sus oscuros presentimientos. -Tenga cuidado con el dolor de garganta. Los síntomas de difteria y amigdalitis son iguales hasta el tercer día. Pero hay un consuelo... si muere joven, se ahorrará un montón de sufrimientos.
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