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Capítulo XII

CAPÍTULO 12

I

"4 de mayo de 19...”

"La una de la mañana no es hora de estar escribiendo un diario. La verdad es que no podía dormirme. No puedo dormir y me cansa quedarme en la cama, despierta, imaginándome cosas, cosas desagradables, así que encendí la vela y busqué mi viejo diario para "desahogarme escribiendo".

"No he escrito este diario desde la noche en la que quemé mi novela y me caí por la escalera, y me morí. Volver a la vida y encontrar que todo ha cambiado y que todo es nuevo. Todo desconocido y espantoso. Parece que hiciera un siglo. Cuando paso las hojas y leo esas palabras alegres y ligeras me pregunto si de verdad las escribí yo, Emily Byrd Starr.

"La noche es hermosa cuando uno es feliz, un consuelo cuando uno sufre, y terrible cuando uno se siente solo y desgraciado. Y hoy me he sentido terriblemente sola. La angustia se apoderó de mí. Creo que no puedo quedarme a medias con ninguna emoción y cuando la soledad se apodera de mí, toma posesión de mi cuerpo y de mi alma y me sofoca con su dolor blanco hasta que me quedo sin fuerzas ni coraje. Esta noche me siento sola... sola. El amor no vendrá, la amistad la he perdido y más que nada, estoy segura, tampoco puedo escribir. Lo he intentado varias veces y no puedo. El fuego creativo de antes parece haberse extinguido hasta volverse cenizas y no puedo volver a encenderlo. Toda la noche traté de escribir un cuento: una cosa de madera en el que se movían títeres de madera cuando yo movía los hilos. Al final, lo rompí en mil pedazos y sentí que había hecho una buena obra.

"Estas últimas semanas han sido muy amargas. Dean se fue, no sé adónde. No me ha escrito, y supongo que no me escribirá. No recibir cartas de Dean cuando está lejos me parece algo extraño y nada natural.

"Sin embargo, es muy lindo volver a ser libre.

"Ilse me escribe que viene a casa para julio y agosto. Y que Teddy también vendrá. Tal vez este último hecho explique mi noche en vela. Quisiera irme corriendo antes de que él llegue.

"Nunca le contesté la carta que me escribió después del hundimiento del Flavian. No pude. No puedo escribir de eso. Y si, cuando viene, habla del tema, no podré soportarlo. ¿Se dará cuenta de que es porque lo amo que pude hacer a un lado las limitaciones de tiempo y espacio para salvarlo? Me muero de vergüenza de solo pensarlo. Y de pensar lo que le dije a la señora Kent. Sin embargo, no sé por qué, nunca me arrepentí de haberlo dicho. Sentí un extraño alivio por esa honestidad tan profunda. No temo que ella llegue a decirle nada a Teddy. Jamás va a permitir que él se entere de lo que yo siento, si puede impedirlo.

"Pero me gustaría saber cómo voy a hacer para pasar el verano.

"A veces odio la vida. Otras veces la amo fervientemente, con una angustiosa conciencia de lo hermosa que es, o podría ser si...

"Antes de irse, Dean tapió las ventanas de la Casa Desilusionada. Nunca voy a ningún lugar desde donde pueda verla. Pero, a pesar de eso, la veo. Esperando en la colina, esperando, muda, ciega. Nunca saqué mis cosas, lo cual la tía Elizabeth considera una clara demostración de locura. Y no creo que Dean haya sacado las suyas, tampoco. No se tocó nada. La Mona Lisa sigue burlona en la semioscuridad y Elizabeth Bas desdeña con tolerancia a las idiotas temperamentales, mientras que la Dama Giovanna lo comprende todo. ¡Mi querida casita! Y jamás será un hogar. Me siento como me sentí aquella noche, hace años, cuando seguí el arco iris... y lo perdí. "Habrá otros arco iris", dije entonces. Pero, ¿será cierto?

II

 "15 de mayo de 19...

"Hoy ha sido un lírico día de primavera y ha ocurrido un milagro. Fue al amanecer, cuando estaba acodada a la ventana, escuchando un vientito susurrante y juguetón que soplaba desde el bosque de John el Altivo. De pronto, me vino el destello, otra vez, después de tantos meses de ausencia, mi antiguo e inexpresable atisbo a la eternidad. Y en seguida supe que puedo volver a escribir. Corrí al escritorio y tomé la pluma. Todas las horas de la madrugada las pasé escribiendo y, cuando oí que el primo Jimmy bajaba, arrojé la pluma e incliné la cabeza sobre el escritorio con un profundo agradecimiento de poder volver a trabajar.

"Obtiene permiso para trabajar
Es lo mejor que en este mundo tendrás.
Pues Dios al maldecimos nos da mayores dones
Que los hombres con sus bendiciones".

"Así escribió Elizabeth Barret Browning, y bien lo dijo. Es difícil entender por qué a trabajar se le llama maldición, hasta que uno recuerda lo amargo que es un trabajo forzado o no deseado. Pero el trabajo para el que somos aptos, ese que sentimos que hemos venido al mundo para hacer, qué bendición es y cuánta dicha encierra. Hoy lo sentí mientras la antigua fiebre me quemaba la punta de los dedos y mi pluma volvía a ser mi amiga.

"Permiso para trabajar", se diría que no es difícil de conseguir. Pero a veces la angustia y el sufrimiento nos niegan ese permiso. Y entonces nos damos cuenta de lo que hemos perdido y sabemos que es mejor ser maldecidos por Dios que olvidados por Él. Si Él hubiera castigado a Adán y Eva mandándolos al ocio, sí que se hubieran sentido abandonados y malditos. Ni todos los sueños del Edén, "de donde fluyen los cuatro grandes ríos", serían tan dulces como los que yo sueño esta noche, porque la fuerza del trabajo ha regresado a mí.

"Ay, Dios, mientras viva, dame "permiso para trabajar". Así ruego. Permiso y coraje.

III

"25 de mayo de 19...

"Querido sol: qué potente medicina eres. Todo el día me regodeé en la belleza del maravilloso mundo, blanco como una novia. Y esta noche lavé mi alma y la liberé del polvo, en un baño de aire de crepúsculo primaveral. Elegí el viejo camino de la colina que cruza la Montaña Deliciosa, por su soledad, y deambulé, llena de felicidad, deteniéndome a cada rato a pensar con atención en algún pensamiento o alguna fantasía que me llegaba como un espíritu alado. Luego vagabundeé por los campos hasta mucho después de oscurecer, estudiando las estrellas con mi largavista. Cuando volví me sentía como si hubiera estado a millones de kilómetros de distancia en el éter azul y como si hubiera olvidado todos mis lugares conocidos por unos momentos y me fueran extraños.

"Pero hubo una estrella que no miré. Vega de la Lira.

IV

"30 de mayo de 19...

"Esta noche, justo cuando estaba en mitad de un cuento, la tía Elizabeth me dijo que me necesitaba para desmalezar el cantero de cebollas. De modo que tuve que dejar la pluma y salir al huerto. Pero se, puede desmalezar un cantero de cebollas y pensar cosas maravillosas al mismo tiempo, gloria al cielo. Es una bendición que no siempre tengamos que poner el alma en lo que hacen nuestras manos, loados sean los dioses, pues, de lo contrario, ¿a quién le quedaría alma? Así que desmalecé el cantero de cebollas mientras, con la imaginación, paseaba por la Vía Láctea.

V

"10 de junio de 19...

"El primo Jimmy y yo nos sentimos como asesinos anoche. Y lo fuimos. ¡Y asesinos de criaturas, para más datos!

"Esta primavera hay brotes de arces. Parece que este año creció cada semilla que cayó de los árboles adultos. En todo el parque, el jardín y el huerto viejo aparecieron por cientos diminutos arcecitos. Claro que hay que arrancarlos. No se los puede dejar crecer. Así que ayer los arrancamos todos y nos sentimos muy mezquinos y culpables. Esas cositas tan preciosas. Tienen derecho a crecer, derecho a seguir creciendo y convertirse en magníficos árboles majestuosos. ¿Quiénes somos nosotros para negarles ese destino? Sorprendí al primo Jimmy con los ojos llenos de lágrimas ante esa necesidad brutal.

"A veces pienso", susurró, "que está mal impedir que crezca algo. Yo nunca crecí. En la cabeza, digo".

"Y anoche tuve un sueño horrible en el que me perseguían miles de fantasmas de arces pequeñitos indignados. Me rodeaban, me hacían tropezar, me azotaban con sus ramas, me ahogaban con sus hojas. Y desperté sin poder respirar y medio muerta de miedo, pero con una espléndida idea para un cuento: La venganza del árbol.

VI

"15 de junio 19...

"Esta tarde recogí frutillas en la orilla del lago de Blair Water, entre los pastos de dulce aroma que sacudía el viento. Me encanta recoger frutillas. Es una tarea que tiene algo de juventud eterna. Los dioses han de haber recogido frutillas en el alto Olimpo sin herir su dignidad. Una reina, o un poeta, pueden agacharse para hacerlo; para un mendigo es un privilegio.

"Y esta noche he estado sentada aquí, en mi querida habitación, con mis queridos libros y mis queridos cuadros y mi querida ventanita con sus paneles torcidos, soñando en el crepúsculo suave y aromático del verano, cuando los petirrojos se llaman en el bosque de John el Altivo y los álamos hablan, espectralmente, de cosas antiguas y olvidadas.

"Después de todo, el mundo no es tan malo, y las personas que lo habitan tampoco son tan malas. Hasta Emily Byrd Starr es pasable de a ratos. No es completamente la perversidad falsa, voluble, desagradecida que ella cree ser a altas horas de la noche, ni tampoco la doncella olvidada y sin amigos que imagina ser en sus noches en vela, como tampoco la fracasada que amargamente supone que es cuando le rechazan tres manuscritos sucesivamente. Y tampoco la cobarde que se siente cuando piensa que en julio Frederick Kent viene a Blair Water.

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