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Capítulo XXII

CAPÍTULO 22

1

Volviendo a casa de una visita tardía, una noche de enero, Emily decidió tomar el camino vecinal que bordeaba el Tansy Patch. Había sido un invierno casi sin nieve y el suelo bajo sus pies se sentía desnudo y duro. Parecía la única criatura viviente en medio de la noche y caminaba despacio, saboreando el delicado embrujo fantasmal y extraño de los prados sin flores y los bosques silenciosos y de la luna, que se abría paso súbitamente por entre las nubes negras, sobre el llano de abetos puntiagudos. Intentaba, con mayor o menor éxito, no pensar en la carta que había recibido ese día de Ilse, una de esas cartas alegres e incoherentes de Ilse en la que sólo un hecho resaltaba. Se había fijado la fecha de la boda: el quince de junio.

"Quiero que para la boda te hagas un vestido de gasa azul azucena sobre tafetas color marfil, querida. ¡Te quedaría hermoso con tus sedosos cabellos negros!

"Mi traje de novia va a ser de terciopelo color marfil y la vieja tía abuela Edith, la que vive en Escocia, me va a mandar su velo de tul recamado y la tía abuela Theresa, de la misma histórica tierra, me manda una cola de un encaje de plata oriental que el marido le trajo de Constantinopla. Lo cubriré con tul. ¿No voy a estar deslumbrante? Creo que las buenas viejecitas ni sabían de mi existencia hasta que papá les escribió de mis 'inminentes nupcias'. Papá está mucho más entusiasmado que yo con todo esto.

"Teddy y yo pasaremos la luna de miel en viejas posadas y lugares poco concurridos de Europa, lugares adonde a nadie se le ocurre ir, Vallambroso y nombres por el estilo. Ese verso de Milton siempre me ha intrigado: 'espeso como las hojas del otoño que cubren los arroyos en Vallambroso'. Cuando uno lo saca de su horrible contexto es una imagen deliciosa.

"Iré a casa en mayo para los últimos preparativos y Teddy irá el primero de junio a pasar un tiempo con su madre. ¿Cómo se lo tomó ella, Emily? ¿Tienes idea? A Teddy no puedo sonsacarle nada, de modo que supongo que ella no está contenta. Siempre me odió, lo sé. Pero, claro, parecía odiar a todo el mundo, a ti en especial. No seré muy afortunada con la suegra que me toca. Siempre tendré la desagradable sensación de que en secreto va a maldecirme. Pero Teddy compensa lo de ella. Es un encanto. Yo no tenía idea de que podía ser tan encantador y cada día lo quiero más. En serio. Cuando lo miro y me doy cuenta de lo buen mozo y encantador que es, no entiendo por qué no estoy perdidamente enamorada de él. Pero es mucho más cómodo no estarlo. Si lo estuviera, me moriría cada vez que peleamos. Nos peleamos todo el tiempo, tú me conoces. Siempre nos pelearemos. Estropeamos todos los momentos maravillosos con una pelea. Pero la vida no va a ser aburrida."

Emily se estremeció. Su propia vida, en esos precisos momentos, le parecía oscura y despojada. Ay, qué bueno sería todo cuando pasara la boda, esa boda donde ella debía haber sido la novia, sí, debía haberlo sido, pero sería la dama de honor, y que la gente terminara de hablar del tema. "¡Azul azucena sobre tafetas color marfil!" Tela de arpillera y cenizas, mejor.

II

-Emily. Emily Starr.

Emily casi pegó un salto. No había visto a la señora Kent en esa oscuridad hasta que estuvieron casi cara a cara en el caminito vecinal que llevaba a Tansy Patch. Estaba de pie, allí, con la cabeza descubierta, a pesar del frío de la noche, y le tendía una mano.

-Emily, quiero hablar contigo. Te vi pasar por aquí a la caída del sol y desde entonces he estado esperando que regresaras. Ven a casa.

Emily habría preferido negarse. Sin embargo, se volvió y subió en silencio el camino empinado y cubierto de raíces, mientras que la señora Kent iba ligera adelante, como una hojita muerta impulsada por el viento. Atravesaron el viejo jardín escabroso, donde no nacía otra cosa que hierba lombriguera, y entraron en la casita, tan desordenada como siempre. La gente decía que Teddy Kent podría arreglarle un poco la casa a su madre si estaba haciendo tanto dinero como se decía. Pero Emily sabía que la señora Kent no se lo permitiría, no querría que se cambiara nada.

Miró a su alrededor con curiosidad. Hacía muchos años que no venía, desde los lejanos días en los que ella, Ilse y Teddy habían sido niños. Parecía que nada había cambiado. Como antaño, la casa parecía con miedo de las risas. Daba la sensación de que alguien siempre rezaba en ella. Tenía una atmósfera de plegaria. Y el viejo sauce del oeste seguía golpeando contra la ventana con fantasmagóricos dedos. Sobre la repisa del hogar había una fotografía reciente de Teddy, una buena. Parecía a punto de hablar, de decir algo triunfante, exultante.

"Emily, encontré el oro del arco iris. La fama...y el amor."

Emily le dio la espalda y se sentó. La señora Kent se sentó enfrente. Era una figura descolorida y arrugada, con esa larga cicatriz que le atravesaba con su palidez la boca de rictus amargo y la cara arrugada, esa cara que tuvo que haber sido muy bonita en un tiempo. Miraba a Emily intensa e interrogativamente pero, según Emily vio en seguida, el antiguo odio abrasador le había desaparecido de los ojos, ojos cansados que en un tiempo debieron de ser jóvenes, ávidos e iluminados por la risa. Se inclinó hacia adelante y le tocó el brazo a Emily con sus delgados dedos, parecidos a garras.

-Sabes que Teddy va a casarse con Ilse Burnley -dijo.

-Sí.

-¿Qué sientes?

Emily se agitó, impaciente.

-¿Qué interesan mis sentimientos, señora Kent? Teddy ama a Ilse. Ella es hermosa, brillante, cálida. Estoy segura de que van a ser muy felices.

-¿Tú aún lo amas?

Emily se preguntó por qué no sentía resentimiento. Pero la señora Kent no habría de ser juzgada con parámetros comunes. Y he aquí una buena oportunidad para salvar su prestigio con una mentirita, unas pocas palabras llenas de indiferencia. "Ya no, señora Kent. Ay, sé que en un tiempo pensé que lo amaba, pero, lamentablemente, imaginar ese tipo de cosas es mi debilidad. He descubierto que no me interesa en lo más mínimo."

¿Por qué no podía decirlo? Bien, no podía, eso era todo. Nunca podría, con ninguna palabra, negar su amor por Teddy. Era tanto una parte de sí misma, que tenía un derecho divino a la verdad. ¿Y no había, también, un alivio secreto en sentir que había al menos una persona con la que podía ser ella misma, ante quien no debía simular ni ocultar nada?

-No creo que tenga derecho a hacerme esa pregunta, señora Kent. Pero... sí.

La señora Kent rió en silencio.

-Yo antes te odiaba. Ya no te odio. Ahora somos una, tú y yo. Las dos lo amamos. Y él se ha olvidado de nosotras, no le importamos nada, se ha ido con ella.

-A usted la quiere, señora Kent. Siempre la quiso. Supongo que entenderá que hay más de un tipo de amor. Y espero que no odie a Ilse, porque Teddy la ama.

-No, no la odio. Es más hermosa que tú, pero no tiene ningún misterio. Jamás lo poseerá por completo como tú lo habrías poseído. Es muy diferente. Pero quiero saber algo, ¿eres desdichada por esto?

-No. Sólo por breves momentos, a veces. En general estoy demasiado abocada a mi trabajo como para ponerme a pensar mórbidamente en lo que no puede pertenecerme.

La señora Kent la escuchó con avidez.

-Sí, sí, exacto. Lo pensé. Los Murray son tan sensatos. Algún día... algún día... te alegrarás de que las cosas hayan sido así, te alegrarás de que Teddy no te haya querido. ¿No te parece?

-Tal vez.

-Ah, estoy segura. Es muchísimo mejor para ti. Ah, no sabes el sufrimiento, la miseria de la que te salvas. Es una locura amar demasiado. Dios es celoso. Si te casaras con Teddy, él te destrozaría el corazón, siempre lo hacen. Es mejor... con el tiempo te darás cuenta de que es mejor.

Tap...tap...tap golpeaba el viejo sauce.

-¿Tenemos que seguir hablando de esto, señora Kent?

-¿Recuerdas aquella noche cuando los encontré a Teddy y a ti en el cementerio? -preguntó la señora Kent, al parecer sorda a la pregunta de Emily.

-Sí. -Emily se descubrió recordando todo muy vívidamente: aquella noche extraña y maravillosa cuando Teddy la salvó del loco Morrison y le dijo cosas tan dulces e inolvidables.

-¡Ay, cómo te odié aquella noche! -exclamó la señora Kent-. Pero no tendría que haberte dicho esas cosas. Toda la vida he dicho cosas que no debía. Una vez dije algo terrible, algo muy terrible. El eco de lo que dije no dejará de resonarme jamás en los oídos. ¿Recuerdas lo que tú me dijiste a mí? Por eso permití que Teddy se apartara de mí. Fue por lo que tú dijiste. Y si él no se hubiera ido, no lo habrías perdido. ¿Lamentas haber hablado de aquella manera?

-No. Si cualquier cosa que haya dicho ayudó a allanarle el camino, me alegro... me alegro.

-¿Lo harías otra vez?

-Lo haría.

-¿Y no odias a Ilse? Tiene lo que tú querías. Tienes que odiarla.

-No la odio. Quiero a Ilse tanto como siempre. No me ha quitado nada que hubiera sido mío alguna vez.

-No lo entiendo... no lo entiendo -susurró casi la señora Kent-. Mi amor no es así. Quizá sea por eso que siempre me ha hecho tan desgraciada. No, ya no te odio. Pero cómo te odié. Sabía que Teddy te quería más que a mí. ¿Ustedes no hablaban de mí, no me criticaban?

-Nunca.

-Yo creía que sí. Todo el mundo siempre lo ha hecho, siempre.

De pronto, la señora Kent pegó con fuerza una mano con la otra.

-¿Por qué no me dijiste que ya no lo amabas? ¿Por qué no me lo dijiste, aunque fuera mentira? Eso era lo que yo quería oír. Podría haberte creído. Los Murray no mienten nunca.

-Ah, ¿qué importa? -exclamó la atormentada Emily-. Ahora mi amor no significa nada para él. Él le pertenece a Ilse. Ya no tiene por qué sentir celos de mí, señora Kent.

-No estoy celosa, no estoy celosa, no es eso. -La señora Kent la miró de una manera muy rara. -Ay, si me animara, pero no... no, es demasiado tarde. Ahora no serviría de nada. Creo que no sé lo que estoy diciendo. Sólo que... Emily, ¿vendrás a verme a veces? Esto es muy solo, muy solo, mucho peor ahora que él le pertenece a Ilse. El miércoles pasado... no, el jueves, salió una foto de él. Hay tan pocas cosas que animen los días aquí. La puse ahí, pero es peor. En esa foto está pensando en ella, ¿no se le nota en los ojos que está pensando en la mujer que ama? Ahora no le importo nada. No le importo nada a nadie.

-Si vengo a verla no debe hablar de él, de ninguno de los dos -dijo Emily, compasiva.

-No hablaré. No, no hablaré. Aunque eso no evitará que pensemos, ¿no? Tú te sentarás ahí, hablaremos del tiempo y pensaremos en él. ¡Qué divertido! Pero, cuando por fin lo hayas olvidado, cuando de verdad ya no te importe, me lo dirás, ¿verdad?

Emily asintió y se puso de pie para irse. No podía soportar más.

-Si puedo ayudarla en algo, señora Kent.

-Quiero descansar... descansar dijo la señora Kent, riendo como una loca-. ¿Puedes conseguirme eso? ¿No sabes que soy un fantasma, Emily? Morí hace años. Camino en las tinieblas.

Cuando la puerta se cerraba a sus espaldas, Emily oyó que la señora Kent se echaba a llorar desconsoladamente. Con un suspiro de alivio se volvió a los frescos espacios abiertos del viento y de la noche, las sombras y la luna helada. Ah, aquí se podía respirar.

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