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La
cabra y el cabrero
Llamaba
un cabrero a sus cabras para llevarlas al establo.
Una
de ellas, al pasar por un rico pasto se detuvo, y el
cabrero le lanzó una piedra, pero con tan mala
suerte que le rompió un cuerno. Entonces el cabrero
le suplicó a la cabra que no se lo contara al patrón,
a lo que la cabra respondió:
--
¡ Quisiera yo quedarme callada, mas no podría! !
Bien claro está a la vista mi cuerno roto.
La
cabra y el asno
Una
cabra y un asno comían al mismo tiempo en el
establo.
La
cabra empezó a envidiar al asno porque creía que
él estaba mejor alimentado, y le dijo:
--
Entre la noria y la carga, tu vida sí que es un
tormento inacabable. Finge un ataque y déjate caer
en un foso para que te den unas vacaciones.
Tomó
el asno el consejo, y dejándose caer se lastimó
todo el cuerpo. Viéndolo el amo, llamó al
veterinario y le pidió un remedio para el pobre.
Prescribió el curandero que necesitaba una infusión
con el pulmón de una cabra, pues era muy efectivo
para devolver el vigor. Para ello entonces
degollaron a la cabra y así curar al asno.
Las
cabras monteses y el cabrero.
Llevó
un cabrero a pastar a sus cabras y de pronto vio que
las acompañaban unas cabras monteses. Llegada la
noche, llevó a todas a su gruta.
A
la mañana siguiente estalló una fuerte tormenta y
no pudiendo llevarlas a los pastos, las cuidó
dentro. Pero mientras a sus propias cabras sólo les
daba un puñado de forraje, a las monteses les servía
mucho más, con el propósito de quedarse con ellas.
Terminó al fin el mal tiempo y salieron todas al
campo, pero las cabras monteses escaparon a la montaña.
Las acusó el pastor de ingratas, por abandonarle
después de haberlas atendido tan bien; mas ellas le
respondieron:
--
Mayor razón para desconfiar de ti, porque si a
nosotras recién llegadas, nos has tratado mejor que
a tus viejas y leales esclavas, significa esto que
si luego vinieran otras cabras, nos despreciarías a
nosotras por ellas.
La
viña y la cabra
Una
viña se encontraba exuberante en los días de la
cosecha con hojas y uvas. Una cabra que pasaba por
ahí mordisqueó sus zarcillos y tiernas hojas. La
viña le reclamó:
-¿Por
qué me maltratas sin causa y comes mis hojas? ¿No
ves que hay zacate suficiente? Pero no tendré que
esperar demasiado por mi venganza, pues si sigues
comiendo mis hojas y me maltratas hasta la raíz, yo
proveeré el vino que echarán sobre ti cuando seas
la víctima del sacrificio.
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